EL CASO DEL CREADOR

Durante su época académica, Lee Stobel quedo convencido de que Dios estaba fuera de moda, lo cual era una creencia que influyó su subsiguiente carrera como periodista galardonado en el diario Chicago Tribune. 

La ciencia había logrado que la idea de una Creador fuera irrelevante; o por lo menos eso creía Strobel. Sin embargo, hoy día la ciencia apunta hacia una dirección distinta. 

En años recientes, un conjunto de investigaciones diversas e impactantes apoyan de manera creciente la conclusión de que el universo fue diseñado de forma inteligente. Al mismo tiempo, los representantes del darwinismo han titubeado a la luz de los hechos concretos y del razonamiento sólido. 

Únase a Strobel en un nuevo examen de las teorías que alguna vez le mantuvieron lejos de Dios. A través de este recuento atractivo y fácil de leer, se encontrará con los asombrosos descubrimientos en los campos de la cosmología, biología celular, investigación del ADN, astronomía, física y conciencia humana que nos presentan evidencias sorprendentes en El caso del Creador.

DISPARANDO CONTRA DIOS

Lo que hace que Disparando contra Dios sea una buena lectura es la forma ordenada en la que capítulo a capítulo Lennox te lleva por un magnífico desarrollo argumental: parte del punto inicial, el “conflicto” entre ciencia y religión, se detiene en la afirmación de que la religión causa daño y en la cuestión de la moralidad (tanto en las Escrituras como de forma más amplia en nuestro mundo), hasta llegar a la pretensión de la Biblia de narrar sucesos sobrenaturales. Por último, nos lleva a la principal afirmación sobrenatural de la fe cristiana: que Jesús de Nazaret literalmente resucitó de los muertos. A lo largo del libro, Lennox examina los argumentos de sus oponentes, señala sus puntos débiles, mostrando la incoherencia de su acercamiento. No sorprende que los capítulos 2 y 3 se titulen respectivamente “¿Es venenosa la religión?” y “¿Es venenoso el ateísmo?”.
Parte de lo que Lennox escribe se ha convertido en un plato típico cuando se habla de estos temas, pero no por ello es menos sabroso. En primer lugar, aborda la confusión sobre si las leyes de la naturaleza describen o controlan los sucesos. A Lennox no le asusta enfrentarse a los gigantes de estos campos de estudio. Respondiendo al argumento de Stephen Hawking en Brevísima historia del tiempode que el universo no necesita un creador, Lennox afirma junto a otros filósofos y físicos que las leyes físicas no explican, sino que describen: “Las leyes físicas… son una simple descripción (matemática) de lo que acontece habitualmente bajo ciertas condiciones dadas. La ley de la gravedad de Newton no crea la gravedad; ni siquiera la explica, algo de lo que el propio Newton era consciente” (p. 47).
Es decir, al insistir en que la existencia de la gravedad apunta a que el universo no necesita un creador, Hawking “ha sido claramente incapaz de responder a la pregunta central: ¿por qué hay algo en lugar de nada?” (p. 50).
En ese capítulo también es muy útil la clarificación que Lennox hace sobre el uso del término “fe”, al subrayar la falsa disyuntiva entre fe y conocimiento que ha creado problemas permanentes desde que el filósofo ilustrado Immanuel Kant la introdujera (pp. 62-63). Los nuevos ateos han tomado esta disyuntiva como paradigma para entender las afirmaciones religiosas, y Lennox muestra que lo hacen a pesar del sinfín de teístas que razonan de forma muy diferente. Empezamos a ver, una vez más, la ceguera deliberada de los nuevos ateos cuando se encuentran ante algo que no encaja con las ideas preconcebidas que tienen sobre sus oponentes.
Sin duda, la parte más contundente de todo el ejercicio que Lennox hace es la forma en la que aborda la cuestión de la moralidad. Lennox llega al corazón del dilema de los nuevos ateos: quieren describirnos como meros productos aleatorios de nuestro ADN (aunque seleccionados naturalmente), mientras que vez tras vez hacen fuertes declaraciones morales sobre el ser humano. Pero, ¿qué derecho les da esa fuerte visión materialista de hacer declaraciones morales?
Claramente, “estamos tratando con una forma extrema de reduccionismo materialista que no ve a los seres humanos como otra cosa que sus genes… Las generaciones de seres humanos son simplemente máquinas o vehículos para reproducir lo que Dawkins llama ‘genes egoístas’. Pero entonces, ¿en qué sentido es posible basar la moralidad en los genes humanos?” (p. 165).
“¿Cómo no van a ser los estándares de Dawkins, Hitchens o cualquier otro convenciones humanas limitadas, en última instancia productos carentes de sentido, un proceso evolutivo ciego y sin dirección? Así pues, lejos de dar una explicación adecuada de la moralidad, este ácido particular de los nuevos ateos la disuelve en medio de la incoherencia” (pp. 174-175).
Por tanto, los nuevos ateos “no han empezado a comprender las implicaciones de sus propias creencias ateas” y “no parecen haber tenido en cuenta el hecho de que su ateísmo les quita… todos los valores morales” (pp. 176-177).
Pero aún hay más. En la parte más desafiante del libro, Lennox se enfrenta de un modo extenso a los argumentos del filósofo David Hume. De este modo, Lennox muestra claramente la diferencia entre su propio acercamiento y el de aquellos a los que critica. Dawkins, de forma arrogante, desestima el argumento ontológico de Tomás de Aquino en unas cuantas páginas y a Anselmo no le dedica mucho más espacio. Por el contrario, durante dos capítulos Lennox dialoga en profundidad con Hume sobre los temas de la moralidad y lo sobrenatural, dedicándole todo el espacio que el desarrollo del argumento precisa.
Lennox hace lo que los nuevos ateos casi nunca hacen: se acerca con respeto y atención a los mejores argumentos de sus oponentes. Así, nos acerca a algunos de los axiomas cruciales de Hume, en particular al punto en el que estos se entrecruzan con las principales afirmaciones de la apologética cristiana:
“Uno puede estar de acuerdo con Hume en que la ‘experiencia uniforme’ muestra que la resurrección por medio de un mecanismo natural es extremadamente improbable, y tal vez deba descartarse. Pero los cristianos no dicen que Jesús resucitase de esa forma. Afirman algo totalmente diferente: que Dios lo levantó de los muertos” (p. 284).
Para aquellos que han leído a Dawkins, leer a Lennox resultará emocionante, ya que no solo encontrarán una refutación detallada de las afirmaciones de los nuevos ateos, sino una defensa igualmente pormenorizada de la fe cristiana en los mismos términos.

PACTO DAVÍDICO

Resultado de imagen para PACTO DAVIDICOCuando hablamos del Pacto que Elohim hizo con David, nos referimos a uno de los más grandiosos pactos que haya presenciado el mundo entero, puesto que a través de David vendría el libertador de Sion, el Rey Ungido, el Mesías que trae libertad y redención no solo a Israel sino también a la humanidad entera, es hasta este Pacto que se vislumbra al Ungido especial de Elohim, la persona con un cargo especifico designado y especial. Por ende, el linaje que podemos observar hasta ahora es el de Set, hijo de Adán y Eva, después Noé, a través de su hijo Sem, después se ratifica el pacto con Abraham, Isaac y Jacob, y posteriormente escoge a David como Rey para que en su simiente nuca falte trono, en este caso Yeshua, hijo de David hereda el trono de manera sempiterno.
Aunque el Pacto Davídico en muchos círculos teológicos sea tomado como un pacto incondicional, nosotros diferimos también de ello, puesto que Yahweh nunca ha escogido a alguien impío para ser un pacto con él, aunque sabemos que el impío se puede arrepentir de sus malos caminos, lo que pide primero Elohim es un corazón contrito y humillado, el cual fue el caso de David, Di-s tuvo que tratar con él a fin de perfeccionarlo, además la Escritura afirma que el andaba conforme al corazón de Dios (1 Sam. 13:14, Hech. 13:22) y que guardo sus mandamientos (1 Rey. 14:8), es decir, que Elohim hizo un Nuevo Pacto con David pero no sin antes que David haya guardado el Pacto de sus Padres y que Dios haya probado su Fe.
Ahora, el pacto de David también era un pacto nacional y por consiguiente estaba íntimamente relacionado con el pacto anterior con Moisés. Tal como Salomón dejó claro, las promesas de Dios hacia David dependían de la fidelidad a la Torah de Moisés. Como leemos allí:

2 Crónicas 6:16 Ahora, pues, el Adon Elohim de Israel, cumple a tu siervo David, mi padre, lo que le has prometido, diciendo: Nunca faltará en mi presencia uno de los tuyos, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su camino andando en mi Torah.

2 Samuel 7:8 Ahora pues, así dirás a mi siervo, a David: Así dice Adonai Sebaot: Yo te tomé del redil, de seguir tras el rebaño, para que fueras caudillo sobre mi pueblo, sobre Israel,
9 y he estado contigo en todo cuanto has andado, y he cortado de tu presencia a todos tus enemigos, y te haré un gran nombre, como el nombre de los grandes de la tierra.
10 Asimismo he dispuesto un lugar para mi pueblo, para Israel; y lo he plantado para que habite en él, y no sea más removido, ni los hijos de iniquidad continúen oprimiéndolo como al principio,
11 como desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel, y te daré descanso de todos tus enemigos. Además, Elohim te hace saber que te edificará casa.
12 Cuando tus días sean cumplidos y duermas con tus padres, entonces levantaré a tu descendiente después de ti, el cual saldrá de tus entrañas, y afirmaré su reino.
13 Él edificará casa a mi Nombre y Yo afirmaré el trono de su reino para siempre.
14 Yo le seré por padre y él me será por hijo. Cuando haga mal lo corregiré con vara de hombres y con azotes de hijos de hombre.
15 Pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, a quien quité de delante de ti.
16 Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante ti, y tu trono será estable eternamente.
17 Conforme a todas estas palabras, y según toda esta visión, así habló Natán a David.
Estas promesas tienen sólo una condición: la desobediencia en la familia davídica traerá el castigo sobre ella, pero no la abrogación del pacto (Sal 89:20-37; Is 24:5; 54:3). El castigo vino; primero en la división del reino bajo Roboam y Jeroboam, y finalmente en los cautiverios de Asiria y de Babilonia (2 Rey. 17:24, 18 y 25:1-7).
Después del Reinado de David y Salomón, vino el hijo de este último; Roboam, debido a su pecado fue castigado por Elohim y le dio el reinado de solo 2 tribus en el Sur, en Jerusalén, quitándole 10 tribus en el Norte, en Samaria dándoselas a su vez a Jeroboam su siervo. Después de la división del Reino de Israel en dos casas, la de Judá, con 2 tribus y de Israel con 10 tribus – también conocida como Efraín- y después de que fue invadido, destruido, dispersado, llevado al cautiverio, Israel nunca más  se volvió a restaurar la monarquía, y peor aún, la Casa de Judá si volvió nuevamente a la Tierra, pero la Casa de Israel (Efraín) no, de hecho, la Casa de Israel se mezcló entre los Asirios y fue dispersada entre las naciones, tal como estaba profetizado, perdiendo totalmente su identidad. Nunca más, a la fecha, Israel ha vuelto a ser una sola y única nación con las 12 tribus ni tampoco ha vuelto a habitar en la Tierra, la profecía marca que esto acontecerá cuando el Mesías llegue (Am. 9:9-14, Hch. 15:14-17, Isa. 11:1-13, Jer. 23:1-8, Ez. 34, 37:21-28)
No obstante, sabemos que Elohim sigue siendo fiel en sus promesas, y aun cuando tanto Judá e Israel (Efraín) transgredieron el Pacto, Di-s promete establecer un Nuevo Pacto con ambas casas.
De la misma manera en el Pacto Davídico no existe tampoco ninguna señal, ni nada que se le parezca.

PACTO ABRAHÁMICO


Resultado de imagen para PACTO ABRAHAMICOEn este pacto veremos una revelación demasiado importante hasta el momento, puesto que se establecen una serie de promesas no solo para la descendencia de Abraham, hijo de Sem, sino también para la salvación y redención de la humanidad. 

A partir de Abraham comienzan los Pactos nacionales. Abraham se le conoce como un hombre de Fe (Rom. 4), pero su Fe correspondía con sus obras (Stgo. 2:21-24) y su obediencia a los mandamientos de Dios (Gen. 26:5), es decir, le creyó a Elohim sus promesas, pero obedeció a su voz al hacer lo que Él le demandaba.

Así mismo Él le prometió a Abraham y a su simiente.
Gen 12:1 Ahora bien, Elohim había dicho a Abram: Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.
2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.
3 Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré al que te maldiga, y en tu Simiente serán benditas todas las familias de la tierra.
En esta sección Di-s le formula 7 promesas dentro del Pacto:
1.- Una tierra prometida
2.- Una nación grande
3.- Engrandecer el nombre de Abram
4.- Ser de bendición para los demás.
5.- Bendecir a Abram tanto espiritualmente como materialmente.
6.- Bendecir a los que bendigan a Abram así como maldecir a aquellos que hagan lo mismo.
7.- Y que en su simiente serán benditas todas las familias de la tierra.
Esta última, es cumplida cuando aparece Yeshua como Mesías el cual bendecirá a todas las familias de la tierra (Gal 3:16), así dando reafirmación a la promesa de la simiente de la mujer y restauración al hombre caído en Gen. 3:15. De la misma manera, una vez que Abram obedece de ir al lugar donde Dios le ordenaba, Dios reafirma la promesa:
Gen 13:14 Y después que Lot se separara de su lado, Elohim dijo a Abram: Alza ahora tus ojos y mira del lugar donde estás hacia el norte y hacia el Neguev, y hacia el oriente y hacia el mar,
15 porque toda la tierra que tú ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre.
16 Haré a tu descendencia como el polvo de la tierra: si se puede contar el polvo de la tierra, tu descendencia podrá ser contada.
17 Levántate, recorre esta tierra a lo largo y a lo ancho, pues a ti te la daré.
Nuevamente Di-s le recuerda que su descendencia seria incontable como el polvo de la tierra así como todo el territorio que podía observar a su alrededor seria suyo. Así mismo Di-os vuelve a reafirmar que será Padre una nación, y aunque su esposa Saray era estéril y ambos de avanzada edad, Di-s afirma que el fiel en sus promesas y no miente en su palabra, y que lo que Él ha dicho será cumplido.
Gen 15:1 Después de estas cosas, fue la palabra de Elohim a Abram en visión, diciendo: No temas Abram, Yo mismo soy tu escudo y gran galardón.
2 Y respondió Abram: Adon, ¿qué me has de dar?, pues yo continúo sin descendencia, y el heredero de mi casa será ese damasceno Eliécer.
3 E insistió Abram: Mira, no me has dado descendiente, y de seguro es un criado de mi casa quien me va a heredar.
4 Pero, he aquí la palabra del Adon a él, diciendo: No te heredará éste, sino que te heredará uno que saldrá de tus entrañas.
5 Y lo sacó fuera, y le dijo: Contempla ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas. Y le dijo: Así será tu descendencia.
6 Y creyó a Elohim, y le fue contado por justicia.
7 Entonces le dijo: Yo soy Adon, que te saqué de Ur de los caldeos para darte en posesión esta tierra.
Posteriormente, Di-s ratifica el pacto con Abram, esta vez además de reafirmar sus promesas, que sería grande su descendencia y que de su esposa Saray saldría un hijo, así también establece una señal del pacto que es la circuncisión, dicha señal es tanto para Abram como para sus descendientes, de la misma manera a Abram se le cambia el nombre a Abraham, que significa “padre de multitudes”, así como a Saray, se le cambia de nombre a Sara que significa de la misma manera “madre de naciones”.
Gen 17:1 Era Abram de noventa y nueve años cuando YHVH se le apareció a Abram, y le dijo: Yo soy ’El-Shadday, anda delante de mí, y sé perfecto,
2 y estableceré mi pacto entre Yo y tú, y te multiplicaré en gran manera.
3 Entonces Abram se echó de bruces, y ’Elohim le habló diciendo:
4 En cuanto a mí, este es mi pacto contigo: Serás padre de una multitud de pueblos.
5 Y no se llamará más tu nombre Abram, sino tu nombre será Abraham, porque te he constituido padre de una multitud de pueblos.
6 Te haré fecundo en gran manera, haré naciones de ti, y de ti saldrán reyes.
7 Yo establezco mi pacto entre Yo y tú, y tu descendencia después de ti en sus generaciones como alianza eterna, para ser el Elohim tuyo y el de tu descendencia después de ti.
8 Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán, por posesión perpetua, y seré su Dios.
9 Dijo además ’Elohim a Abraham: Y tú guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti, en sus generaciones.

Gen 17:15 Dijo también ’Elohim a Abraham: A tu mujer Saray no la llamarás Saray, sino que su nombre será Sara,
16 y la bendeciré y también te daré un hijo por medio de ella. Sí, la bendeciré y haré de ella naciones, y reyes de pueblos procederán de ella.
Hasta este momento, lo que a Abraham le interesaba era el tener un heredero, un hijo, no obstante debido a su desesperación tanto de Abraham como de Sara, decidieron tener un hijo pero a través de Agar su sierva, pero Di-s estableció de manera muy clara que la promesa solo vendría a través de su esposa Sara y no de otra mujer más. Abraham tuvo un primogénito, Ismael, y aunque a él no le correspondía la promesa, Di-s en su infinita bondad y misericordia y debido a que no era su culpa sino la desobediencia de su padre Abraham, Di-s lo bendijo y le dio una porción de heredad. No obstante, el pacto seria continuado a través de Isaac, y después Di-s trataría con Jacob, cuyo nombre seria cambiado a Israel, del cual saldrían las 12 tribus y se crearía una nación, la nación de Israel.
Gen 17:19 Pero dijo ’Elohim: De cierto Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y tú llamarás su nombre Isaac, y estableceré mi pacto con él por pacto perpetuo para su descendencia después de él.
20 En cuanto a Ismael, te he oído: He aquí lo bendeciré, lo haré fecundo y lo multiplicaré en gran manera, engendrará doce príncipes y haré de él una gran nación.
21 Pero mi pacto lo confirmaré con Isaac, que te parirá Sara, por este tiempo, el año próximo.
Hasta este momento el linaje escogido va tomando forma, a fin de que llegara el segundo Adán que redimiría al mundo entero, Di-os escoge a Set, hijo de Adán y Eva, luego a Noé, luego a Sem, después a Abraham, luego a Isaac y después a Jacob (Israel), y después escogería alguno de sus 12 hijos, como tribus para así reducir la persona escogida y ungida por El Eterno. No, obstante, aún no sería cumplida la promesa de la gran nación que saldría de Abraham, Di-s había profetizado que sus descendientes serian esclavizados y oprimidos en una tierra extranjera por 400 años, esto le sucedió al Pueblo de Israel en Egipto (Gen. 13:15).
En tiempos de Abraham la única manera de poder acceder a las promesas era a través de este Pacto, si uno quería formar parte de la familia de Elohim era a través de la circuncisión y que guardaran los mandamientos de Elohim.

PACTO DE LA TIERRA

Davids-kingdom_with_captions_specifiying_vassal_kingdoms-derivative-workElohim también fue muy específico al declarar que si Israel se apartara del Pacto, El los esparciría entre las naciones (Deut. 28) y los castigaría pero nunca se olvidaría de ellos. Lo cual nos lleva a otro Pacto, que es el Pacto de la Tierra.
Este Pacto es una reconfirmación de lo antes dicho en el Sinaí, pero ya era una nueva generación la que habitaba en la tierra de Canaán, este Pacto tiene elementos condicionales para cualquier generación en particular. La promesa dada a Abraham en Gen. 12:7, y reafirmada luego a través de las Escrituras, sería que la simiente de Abraham poseería la tierra.
Gen. 12:7 Y apareció Elohim a Abram, y le dijo: A tu simiente daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Elohim, quien le había aparecido.
Jacob y sus descendientes vivieron en Egipto 400 años antes del Éxodo. Después ellos volvieron y poseyeron, por lo menos, una porción de la tierra. Además, nuevamente les recuerda que si desobedecen, serian esparcidos a todos los confines de la tierra
Deuteronomio 29:1 Estas son las palabras del pacto que Elohim mandó a Moisés que celebrara con los hijos de Israel en la tierra de Moab, además del pacto que estableció con ellos en Horeb.
29:9 Guardad, pues, las palabras de este pacto y ponedlas por obra, para que os haga prosperar en todo lo que hagáis.
10 Hoy todos vosotros estáis ante la presencia de Adonai vuestro Elohim: vuestros jefes, vuestras tribus, vuestros ancianos, vuestros oficiales, todos los hombres de Israel,
11 vuestros pequeños, vuestras mujeres, y el extranjero que está dentro de tus campamentos, desde el leñador hasta el que saca tu agua,
12 para que entres en el pacto con Adonai tu Elohim, y en su juramento que YHVH tu Dios hace hoy contigo,
13 para confirmarte hoy como pueblo suyo, y que Él sea tu Dios, tal como te ha hablado y como juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.
14 No con vosotros solos hago este pacto y este juramento;
15 ciertamente es con los que están hoy aquí con nosotros en presencia de YHVH nuestro Dios y también con los que no están hoy aquí con nosotros.
Lo que es asombroso es que Elohim hace este Pacto no solo para esa generación, sino con todos aquellos que no estaban presentes en ese momento, es decir para nosotros también que nos hagamos parte de Israel. Es importante recalcar que en este Pacto no hay ninguna señal mencionada. Ni tampoco parece indicar algo semejante.

PACTO MOSAICO

Resultado de imagen para PACTO MOSAICOCuando nos referimos al Pacto Mosaico, hay que entender que nos referimos no a un Pacto que Di-s haya hecho con Moisés, sino con el Pueblo de Israel, Moisés trabajo como mediador, así como el Mesias Yeshua sería el mediador de otro Pacto. Después de que el Pueblo de Israel fue esclavizado en Egipto por 400 años, tal como se había profetizado, Di-s usa a Moisés, un descendiente de Levi, hijo de Jacob, para liberar al Pueblo a través de proezas y milagros. El Pacto Mosaico es una enmienda que establece Elohim con Israel, para reafirmar las promesas dadas a Abraham.
Cuando vemos el pacto que Di-s hizo con Moisés, rápidamente notamos que se estructuró de una manera muy similar a los tratados Imperiales de Vasallaje del cercano Oriente en la antigüedad. En el mundo antiguo, grandes reyes como los Faraones de Egipto, los reyes poderosos de los Hititas o los Emperadores Asirios extendían sus reinos conquistando o anexando naciones y ciudades-estado más débiles. Por supuesto, no todas las relaciones internacionales se manejaban exactamente de la misma manera, pero muchas de ellas fueron formalizadas y se manejaron a través de lo que ahora nosotros llamamos Tratados Imperiales de Vasallaje. Los rasgos formales de estos tratados antiguos siguieron un modelo triple predecible. Primero, los tratados fueron introducidos por un enfoque en la benevolencia real, el favor que el emperador había mostrado a sus vasallos. Ellos empezaron con un preámbulo en el que el rey se identificó él mismo como glorioso, un rey digno de alabanza. Y en ciertas fases en la historia, el preámbulo fue seguido por un prólogo histórico en el que el rey describió muchas cosas buenas que él había hecho para las personas. La segunda se enfocó en el requisito de lealtad vasalla; expusieron los tipos de obediencia requeridos de los vasallos del emperador. Se desplegaron listas de reglas y normas para explicar cómo se esperaba que los vasallos vivieran bajo el dominio del imperio. La tercera llamó la atención a las consecuencias de lealtad y deslealtad de los vasallos. Se les prometieron grandes bendiciones o premios a los siervos fieles, pero a los siervos infieles se les amenazó con maldiciones o diversos castigos de parte de sus emperadores.
Ahora, también aparecen otros elementos en estos tratados. Por ejemplo, se constituyó la provisión para mantener seguro el documento del tratado y se pedía la ayuda de testigos divinos para vigilar que ambas partes de los tratados los cumplieran.
De la misma manera en Éxodo capítulo 19 versículos 4 al 6 Dios comenzó su pacto a través de Moisés con Israel de esta manera como en los tratados Imperiales de Vasallaje tenían tres cuestiones principales: la presentación de la benevolencia real, el requisito de lealtad vasalla, y las consecuencias de lealtad y deslealtad.

Éxodo 19:4-6 Vosotros visteis lo que hice con los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si dais oído a mi voz y guardáis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa.


El Pacto que Elohim establece con Israel es un pacto condicional como todos los otros, dependía de que los Israelitas obedecieran las condiciones que Dios había establecido (los mandamientos) para que pudieran ser prosperados tanto espiritualmente como materialmente.
En Éxodo, y ampliado en muchas otras porciones de las Escrituras, Di-s le dio a Moisés la Torah que era para gobernar su relación con el pueblo de Israel. Los aproximadamente seiscientos mandamientos específicos están clasificados en tres divisiones principales:
  1. Los 10 mandamientos, conteniendo la voluntad expresada de Dios. Éxodo 20:1-26
  2. b) Los juicios, relacionados a la vida social y cívica de Israel. Éxodo 21

De la misma manera, dicho Pacto fue ratificado por parte del Pueblo, ellos se comprometieron a cumplir su parte, así también el Pacto fue ratificado con sangre, algo que veremos más adelante con el pacto que hizo Yeshua. Así mismo la señal del Pacto entre Dios e Israel es el día de reposo. (Ex. 31:13).

El día de reposo, el shabat, ya era guardado por los israelitas antes del Pacto Mosaico, solo que Di-s lo uso para que fungiera como señal de Pacto entre Israel y El. Es decir, tiene función doble.

Éxodo 24:3 Y Moisés regresó y contó al pueblo todas las palabras de Elohim y todos los decretos. Y todo el pueblo respondió a una voz, y dijeron: Cumpliremos todas las palabras que Elohim ha hablado.

Éxodo 24:5 Y envió a los jóvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos e hicieron sacrificios de becerros: ofrendas de paz a Adonai.
6 Y Moisés tomó la mitad de la sangre y la puso en tazones, y la otra mitad de la sangre la derramó sobre el altar.
7 Luego tomó el rollo del pacto y lo proclamó a oídos del pueblo. Ellos dijeron: Cumpliremos y obedeceremos todo lo que Elohim habló.
8 Entonces Moisés tomó la sangre y la roció sobre el pueblo, diciendo: ¡He aquí la sangre del pacto que Elohim ha concertado con vosotros sobre todas estas palabras!

Dicho Pacto fue hecho al tercer mes (Shavuot) de la salida de los Israelitas de Egipto (Ex. 19) y fue en ese momento cuando Di-s entrega las Tablas de la Torah, los mandamientos y las ordenanzas que los Israelitas debían seguir para cumplir su parte del Pacto, no obstante, el Pueblo peco y comenzó a adorar a un becerro de oro y Elohim los castigo, en ese día murieron 3 mil Israelitas, no empero,  la tribu de Levi fue la que se apartó de dicho pecado (Ex. 32:26) y por eso Elohim escogió a la tribu de Levi para ser sacerdotes que ministraran el Tabernáculo.
En ningún momento Elohim quería escoger a una casta sacerdotal que fuera intermediaria en el Pueblo y El, fue hasta después de que el Pueblo peco al adorar al becerro de oro que se hizo esta separación. Elohim desde siempre quiso habitar en medio de Su Pueblo, y no solo esto, desde un principio Adonai quería que TODO el Pueblo fuera un Pueblo de Sacerdotes (Ex. 19:6) y que fuera Luz a las naciones (Isa. 49:6), y que todos fueron un Templo vivo del Ruaj Hakodesh, ni tampoco que se apartaran del camino de la obediencia y de la santidad. Hemos de notar que Elohim, cuando hizo el Pacto con Israel en el Sinaí, fue un contrato matrimonial (Ketuvah), Di-s quería que recibieran un don, el cual es el Ruaj HaKodesh (Espíritu Santo), en un principio les dio las Tablas de la Torah, los Mandamientos, pero nunca podrían obedecerlos si no tenían un Nuevo Nacimiento, una regeneración en sus vidas, no quisieron recibir ese don, al contrario quisieron ir en pos de la idolatría, por ende, quedo una Boda pendiente que después aclararemos.

PACTO NOÉDICO

Noah-Preaching-e1487169126712le.jpgDesde Adán hasta Noé, la humanidad vivió bajo el Pacto Adámico, no obstante, y a pesar de que en la tierra se había llenado hasta el hartazgo de pecado y de corrupción, Di-s hallo gracia en Noé (Gen. 6:8) y por ello fue elegido para este Nuevo Pacto que consiste en una reafirmación del Pacto Adámico pero con un serie de enmiendas. 
Entendamos que aunque no se diga abiertamente que no hay una Torah entre la generación de Adán y Noé, si se implica que debido a la maldad, es decir, debido al pecado, la transgresión de la Ley de Di-s (1 Juan 3:4) es que el Todopoderoso decidió eliminar a la humanidad que no se quería arrepentir y volver su mirada hacia el creador. En ese entonces, según el libro de Yashar, se indica que Noé predico por 120 años a esa generación, y pasando este tiempo cayo un diluvio que arraso con toda la humanidad.
Este pacto, aun cuando muchos teólogos afirmen que fue un pacto incondicional, diferimos de ello, puesto que Di-s afirma a Noé que para establecer dicho Pacto con él tiene que primero hacerse de un arca y entrar en ella él y su familia, es decir, obedecer primero, de este modo cuando Di-s viera su obediencia, haría una promesa a Noé, su familia y sus descendientes, es decir la humanidad misma. Nótese que Di-s afirma antes de establecer el Pacto en el capítulo 9 de Génesis, dice primero en
Génesis 6:18 Pero estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca, tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo.
Y posteriormente especifica que animales deben entrar en el arca, aves, bestias y reptiles, animales limpios e inmundos, Noé ya sabía de animales limpios e inmundos antes de que apareciera el mandamiento escrito en Levítico 11.
Una vez que cesan la lluvia y el agua, y después de que toda humanidad ha sido destruida, Di-s renueva el pacto, y decreta lo siguiente:
Génesis 9:1 Y bendijo ’Elohim a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra.
2 Y el temor y pavor de vosotros sea sobre todo animal de la tierra y sobre toda ave de los cielos, y en todo lo que se mueve sobre el suelo y en todos los peces del mar. En vuestra mano son entregados.
Todo lo que se mueve y vive os servirá de alimento. Lo mismo que la hierba verde, os lo he dado todo.
Sólo que no comeréis carne con su vida que es su sangre,
5 pues ciertamente demandaré vuestra sangre así como vuestras vidas, la demandaré de mano de todo ser vivo, y de mano del hombre, de mano de cualquier hermano suyo, demandaré la vida del hombre.
6 El que derrame sangre de hombre, por los hombres su sangre será derramada, porque a imagen de ’Elohim hizo ’El al hombre.
7 Y vosotros, sed fructíferos y aumentad en número, reproducíos en la tierra, y multiplicaos en ella.
8 Y habló ’Elohim a Noé, y a sus hijos que estaban con él, diciendo:
He aquí, Yo mismo establezco mi pacto con vosotros y con vuestra descendencia después de vosotros,
10 y con todo ser vivo que está con vosotros: con el ave, con el ganado y con todo animal terrestre que está con vosotros, todos los que salieron del arca, todos los animales de la tierra.
11 Estableceré, pues, mi pacto con vosotros: No será aniquilada ya más ninguna carne por las aguas del diluvio, ni habrá ya diluvio para destruir la tierra.
12 Y dijo ’Elohim: Esta es la señal del pacto que os doy entre Yo y vosotros, y entre todo ser viviente que está con vosotros, por generaciones perpetuas:
13 He puesto mi arco en la nube, y será por señal del pacto entre Yo y la tierra.
14 Pues sucederá que cuando Yo cubra con nube la tierra, entonces aparecerá el arco en la nube,
15 y me acordaré de mi pacto entre Yo y vosotros y entre todo ser viviente de toda carne, y no habrá más aguas de diluvio para destruir a todo ser vivo.
16 Estará, pues, el arco en la nube, y lo miraré para recordar el pacto eterno entre ’Elohim y entre todo ser viviente de toda carne que está sobre la tierra.
17 Luego dijo ’Elohim a Noé: Esta es la señal del pacto que he establecido entre Yo y toda carne que hay sobre la tierra.
En este pacto, Di-s reafirma el gobierno humano sobre todo ser viviente y el ser fructífero y multiplicarse, es decir la procreación tal como en el pacto adámico; de hecho la palabra hebrea “estableceré” de Génesis 6:18 realmente significa “confirmar algo previamente establecido”, por lo cual se entiende que ya había un Pacto anterior, y este nuevo pacto sería más bien una continuación del anterior. Se decreta también en este Pacto que no se puede comer la sangre de ningún animal, también se establece una venganza por parte de Di-s a todo aquel que tome justicia por su propia mano, todo aquel que derrame sangre inocente su sangre también será derramada, como vemos es un pacto condicional, y el hecho de no cumplir con esta parte Di-s determina la vida del ser humano. Se decreta también que Elohim no volverá a destruir a la humanidad con otro diluvio, sino al contrario, establece como señal de dicho pacto el Arco en el cielo, el cual aparece siempre que llueve. Además, es importante señalar la declaración profética que hace Noé sobre su hijo Sem, el cual tendrá una estrecha relación con el Todopoderoso, y dicho de otro modo, el linaje que Di-s escoge para la venida del Mesías se va acortando, primero Adán y Eva, luego Set, después Noé, y hasta ahora Sem.