¿QUÉ HAGO SI ESTOY CASADA Y SIENTO ATRACCIÓN POR OTRO HOMBRE?

Este es uno de esos temas de los que normalmente evitamos hablar, sin embargo, como nuestro corazón es engañoso, es un tema del que no solamente debemos hablar, sino también del que debemos prepararnos para cuando ocurra.
Nota que no dije si ocurre sino cuando ocurra. Nosotras somos pecadoras, y nuestros pensamientos son pecaminosos. Si combinamos esto con nuestros corazones engañosos y el hecho de que vivimos en un mundo caído, tendremos una receta segura para la derrota. A menos que el Espíritu Santo more en nosotras, y el amor que tengamos por Cristo sea mayor que el amor que tenemos por cualquier otro.
Desde Génesis 2:24 vemos como Dios nos dice que los casados se convierten en una sola carne. Luego Marcos 10:9 nos dice lo siguiente: “Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe”. Al casarnos, estamos haciendo un pacto, no solamente con nuestro esposo sino con Dios mismo. Efesios 5:31-32 nos muestra la asombrosa verdad de que ¡el propósito del matrimonio es que representemos el pacto irrompible de amor que Cristo hizo con su Iglesia! Debemos, entonces, hacer todo lo que esté en nuestras manos para guardar ese pacto, nuestro voto es “hasta que la muerte nos separe”. Lo que mantiene nuestro matrimonio puro no es el amor que tenemos por nuestros esposos, sino el pacto que hicimos con Dios.

Alertas a la tentación

No solamente vivimos en un mundo caído, somos pecadoras, y tenemos pensamientos malos y un corazón engañoso: también somos el blanco de Satanás.
Debemos recordar que las tentaciones vendrán, y Satanás siempre juega sucio. Él espera hasta que estemos cansadas, deprimidas, desanimadas, con situaciones no resueltas, o irritadas con nuestro esposo. Y es en ese preciso momento cuando se presenta la tentación. Por tanto, no podemos quedarnos desprevenidas: debemos vivir con la armadura de Dios todos las días, recordando que ninguna de las tentaciones que nos sobrevienen están más allá de lo que podemos soportar en la fidelidad de Dios (1 Co. 10:13). En el momento podemos sentirnos débiles, pero debemos recordar que “...mayor es Aquél que está en ustedes que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). 

¿Qué puedo hacer?

Ya sea que te encuentres o no en una situación donde estés sintiendo atracción por otro hombre que no es tu esposo, quiero compartir contigo algunos puntos que debes tener en cuenta:
¡Mantén encendido tu radar!
El instinto femenino está bien desarrollado. Presta mucha atención a si llegaras a percibir cualquier inclinación de otro que no es tu esposo hacia ti.
Hace muchos años escuché al predicador Steve Brown decir algo muy sabio: “Cuando reconoces que eres capaz de un pecado, no tienes que vivirlo en tu vida”. Esto es una forma coloquial para traducir 1 Corintios 10:12 “Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga”. Siempre es más fácil evitar una caída antes de que las emociones estén envueltas. Las emociones están dirigidas por las hormonas, y como endocrinóloga les puedo decir que son sustancias poderosas que dirigen nuestros sentimientos, y para empeorar las cosas las emociones producidas al principio de una relación son mucho más fuertes cuando se comparan con la relación que ya está bien establecida.
Entonces, el peligro está en que el corazón engañoso te hace sentir que esta nueva relación es mucho mejor que la que ya tienes. Aunque esto sea lo que sientes debes recordar que no es la realidad. ¡No lo creas!
Cuida tus pensamientos
2 Corintios 10:5 nos enseña lo que debemos hacer con estos pensamientos pecaminosos, “destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo”. Nuestra meta en la vida no es sentirnos bien, sino glorificar a Cristo, quien nos compró con su sangre y nos hizo su posesión preciada. Ahora bien, si por alguna razón, ya sientes una atracción, no alimentes esos pensamientos pecaminosos: somételos a la obediencia de Cristo.
¡Huye!
1 Corintios 6:19 lo dice bien claro, “Huyan de la fornicación”. No comiences a justificar lo que estás haciendo: no comiences a dialogar con la persona, ni contigo misma. El Señor que nos creó reconoce nuestras debilidades, y por esto Él eligió la palabra huir. En la Biblia vemos como José corrió tan rápido para apartarse de la esposa de Potifar que dejó su ropa en sus manos. Y no solamente se apartó de ella, sino que “había huido afuera” (Génesis 39:13). Si estás disfrutando los elogios de una persona que no es tu esposo, si te encuentras anhelando verlo, si estás cambiando tu forma de vestir o tu maquillaje para que él te vea, si te encuentras pensando mucho en él cuando no están juntos, si estás buscando formas de encontrarte con él, si estás comparando sus fortalezas con las debilidades de tu esposo, ¡ten cuidado! ¡Huye! Admite que estás en peligro y distánciate (Mateo 18:8-9).
Corre al Señor
Si reconoces que estás en medio de una situación como esta, no huyas al vacío: corre al Señor en busca de su perdón y protección. “El nombre del SEÑOR es torre fuerte, a ella corre el justo y está a salvo” (Proverbios 18:10). Santiago 4:2 nos recuerda “No tienen, porque no piden”, entonces pide protección sobre tu matrimonio y por tu fidelidad en el mismo.
Rinde cuentas
Como la carne es débil y nuestras emociones fuertes, busca a alguien confiable a quien le puedes rendir cuentas. El evangelio nos da la libertad de humillarnos delante de los demás puesto que todos nos reconocemos como pecadores en necesidad de un Salvador. Humíllate con esa persona, admitiendo lo que sientes, y dale el permiso de preguntarte sobre tus acciones y sentimientos. Esta persona puede orar contigo, y unidas irán al trono de la gracia. Por supuesto, asegúrate que sea una persona madura en la fe, no alguien que vaya a menospreciar la tentación o aun apoyar tu pecado.
Pon límites
Una vez más, recuerda que somos débiles. Si sientes una atracción por alguien que no es tu esposo, debes poner límites radicales. Nunca te quedes sola con él. Evita la comunicación por teléfono, email, WhatsApp etc. Nunca le menciones la atracción que sientes hacia él, ni los problemas que tienes con tu esposo. Mientras más te acerques, más difícil será alejarte.
Invierte en tu matrimonio
Todos los matrimonios tienen sus tiempos buenos y tiempos difíciles. Maneja esta situación que estás atravesando con sabiduría. Muchas veces la razón por la que te sientes atraída a esta persona es, porque lo que él te está ofreciendo está faltando en tu matrimonio. En vez de acercarte a él para llenar la necesidad que tienes, aun si la falta es real, usa este conocimiento obtenido para identificar en qué áreas puedes mejorar tu matrimonio. Esto debe ser un llamado de atención para ti.
Pídele al Señor que aumente tu deseo por tu esposo. No justifiques tus sentimientos, y tampoco pienses que lo que está pasando viene como un regalo de Dios. Dios nunca es autor de pecado (Santiago 1:13), y la voz de Dios nunca contradecirá su palabra.
Recuerda lo que sentías cuando tu esposo y tú eran novios. ¿Cuáles eran las cosas que tú admirabas? ¿Cuáles fueron las habilidades o fortalezas que te llevaron a enamorarte de él? Si tienes dificultades con esto, busca ayuda. Hay formas en las que puedes comunicarle a tu esposo lo que estás sintiendo sin que él se sienta amenazado.
Quizás es necesario que salgas con tu esposo a unas vacaciones a solas. Quizás necesitan planear salidas juntos regularmente, como ir a comer o ir al cine y tener buenas conversaciones. Sean intencionales en planear estos tiempos. Si no sientes que estás dominando tus emociones, busca consejo de un profesional cristiano.
Recuerda a Cristo
Más importante que cualquier cosa es que seas intencional en mejorar tu relación con Cristo. La mejor arma que tenemos contra un ataque espiritual es el arma espiritual. ¡Ponte la armadura de Dios! (Efesios 6:11). No batalles en tus fuerzas, sino en las fuerzas de Aquel que tiene el poder. Judas 1:24 nos recuerda, “Y a aquel que es poderoso para guardarlos sin caída y para presentarlos sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría”. La muerte de cristo en la cruz derrotó el poder del pecado sobre nuestras vidas. Recuerda las verdades del evangelio. Recuerda que eres amada por Dios en Jesús. Recuerda que la obra de Cristo ha hecho posible que no tengas que vivir esclava al pecado, y que ese mismo Señor es poderoso para guardarte. Confía en Él, aférrate a la cruz, huye de la tentación.

EL HOMBRE MODERNO Y SU MUNDO DE FANTASÍA

Cada época trae retos particulares para el cristianismo. Entre estos tenemos el hecho de que vivir por fe significa que ponemos las cuestiones fundamentales de nuestra vida y existencia en manos de alguien a quien no podemos ver. En un mundo lleno de experiencias sensoriales, la fe en Dios es un desafío. Pero esto no es nada nuevo, por supuesto. En el primer siglo, el apóstol Pedro le recordaba a su iglesia que a Jesucristo,
“a quien sin haber visto, ustedes Lo aman, y a quien ahora no ven, pero creen en Él, y se regocijan grandemente con gozo inefable y lleno de gloria, obteniendo, com1 Pedro 1:8-9).
o resultado de su fe, la salvación de sus almas” (
No es que la ausencia de algo visible haga que el cristianismo sea insostenible, ni eso hace que sea diferente de la mayoría de las experiencias en la actualidad. En lugar de tener nuestro gozo fundamentado sobre una base empírica, obtenemos nuestro regocijo mediante la comunión con el Dios invisible, a través del portal de la fe.
En los últimos años me he dado cuenta de un aspecto, presente más en los hombres, donde se ve obstaculizada la fe. Estoy hablando de nuestra fijación cultural con la fantasía. Muchos hombres de hoy están envueltos en un mundo de fantasía, y por tanto, les resulta cada vez más difícil vivir por fe en el Dios que es invisible.
En cada uno de los ejemplos que siguen a continuación, vemos hombres entregándose a lo que pueden ver, pero que no es real. Sin embargo, en el cristianismo nos entregamos a algo que no podemos ver, pero en realidad es real. (En los siguientes ejemplos, quiero dejar claro que creo que la primera situación es claramente pecaminosa, mientras las otras no son propiamente pecado).

Pornografía

Durante los últimos 24 años el uso de la pornografía se ha disparado. Algunos catalogan esta situación como una epidemia. Los jóvenes están siendo criados con la pornografía, y su adicción continúa a lo largo de sus años en la universidad, y también durante sus treintas y cuarentas. Como pastor, no pasa ni una semana sin que me toque escuchar acerca de la lucha de alguien en este área de su vida.
Pensemos por un momento en lo que está sucediendo aquí. La pornografía es un intento de disfrutar de las bendiciones de las relaciones sexuales fuera de la relación del matrimonio. Sin embargo, esta no es toda la historia. Existe también el hecho de que el medio para el consumo no es real, sino que es un conjunto de imágenes. Todo es una fantasía: las mujeres, las experiencias, y cualesquiera sean los placeres que se obtienen de ella. Es toda una fantasía. Muchos hombres están tan envueltos en esta fantasía sexual que no es de extrañar que se desvíen en el ejercicio de una fe que es real pero invisible.

Deportes de fantasía

Los avances tecnológicos han hecho que los deportes de fantasía sean cada vez más accesibles. Para aquellos que no están familiarizados con este término, los deportes de fantasía son un tipo de juego en línea donde los participantes arman equipos virtuales de jugadores reales de algún deporte profesional. Sus equipos compiten entre sí, de acuerdo al desempeño estadístico de sus respectivos jugadores en sus plantillas. Cada participante administra su equipo como si él fuera el propietario o gerente general. En estas ligas, los participantes realizarán un seguimiento de las estadísticas durante el año, y premiarán un ganador al final.
Obviamente la práctica de deportes de fantasía no es un pecado en sí mismo, y ese no es mi enfoque al respecto. Sin embargo, forma parte de la obsesión generalizada de nuestra cultura con un mundo de fantasía. Y es esto lo que conduce de vuelta hacia mi punto principal: esta fijación en lo visible pero irreal, que hace más difícil el ejercicio de una fe en lo invisible pero real.

Videojuegos

Al igual que con los deportes de fantasía, los videojuegos no son malos por sí mismos. Sin embargo, son una distracción de la realidad. Casi el 50 por ciento de los estadounidenses juega al menos 3 horas de videojuegos por semana. Es interesante que la edad promedio del jugador es alrededor de 35 años de edad.
Entiendo que para muchos, los juegos son divertidos; y son una especie de pasatiempo. También sé que para muchos otros el pasatiempo se torna un poco obsesivo y dominante. Mucha gente, especialmente los hombres, se ven envueltos en la práctica de jugar videojuegos durante horas y horas cada día. He aconsejado a muchos hombres que pasaban sus mejores horas del día intentando conquistar mundos de fantasía, mientras que sus familias reales y sus almas reales estaban siendo desatendidas.

Viviendo en un mundo de fantasía

Cuando consideras estas tres situaciones en conjunto, resalta un tema en común: vivir en un mundo de fantasía. Pastores y líderes de iglesia intentan animar a los hombres a servir en la iglesia local, a estudiar la Palabra de Dios, a evangelizar a sus vecinos, y a dar un paso hacia adelante y liderar en la iglesia. Sin embargo, muchas veces, al acercarnos al núcleo de sus vidas, nos encontramos a estos hombres siendo reacios y con un cristianismo estancado, pero creciendo y floreciendo en ese mundo de fantasía.
¿Nos resulta extraño entender por qué hay una disminución en la expresión de la masculinidad bíblica dentro de la iglesia?
Es una gran tristeza ver cómo muchos hombres están demasiado ocupados conquistando territorios falsos, mirando a mujeres falsas, y ganando campeonatos falsos, como para seguir el camino del negarnos a nosotros mismos, llevar la cruz de Cristo, y servir a otros.
Los pastores deben ser diligentes, tratando de predicar y enseñar la Palabra de Dios a personas que viven en este mundo, pero con sus mentes y corazones en un lugar ficticio. Ellos deben trabajar con ahínco para presentar a Cristo y su incomparable gloria. La Biblia que condena también da convicción y nos transforma. Pasamos de menospreciar la gloria de Dios a difundirla y publicarla. Y Cristo pasa de ser un héroe de ficción a ser nuestro Salvador vivo.
Tal vez usted es uno de los que se sumergen en un mundo de fantasía. Si estas cosas están desplazando o impidiendo su fe, es el momento de evaluar y hacer algunos ajustes. Tal vez tengas ciertas complacencias pecaminosas (o como en el caso de la pornografía, prácticas pecaminosas) que te impiden crecer en Cristo. Tu primer paso debe ser la oración, la confesión y el arrepentimiento. Luego, avanzar en la rendición de cuentas a otros, y el servicio en la iglesia local. Te puedo asegurar que el ver la obra del evangelio real en la vida de la gente real, traerá a tu alma un gozo duradero que no puede ser medido. Cristo es demasiado precioso como para estar en segundo lugar . Si creemos en esto, entonces debemos vivir de acuerdo con esto.

¿POR QUÉ CREÓ DIOS A SATANÁS?

Al inquirir sobre la relación de Dios con el mal, específicamente con Satanás, debemos cuidarnos de pensar en Dios como el origen del mal. Dios no obligó a Satanás a pecar, ni es responsable del pecado de Satanás. La Escritura nos muestra a Satanás como una creación de Dios, hecha con gran belleza, esplendor, perfección y sabiduría, y delegada con poder y autoridad (Ez. 28:12-14). A la vez, Isaías 14:13 y Ezequiel 28:15 nos revelan el orgullo y la soberbia que llenaron el corazón de este ser creado, de tal modo que anheló ser semejante al altísimo y poner su trono al lado o por encima al de Dios.
Las preguntas que se mantienen entonces serían, ¿sabía Dios que este ser angelical se revelaría? Si sí lo sabia, ¿para qué lo creo? Si no lo sabía, ¿la rebelión de los ángeles tomo a Dios por sorpresa? Estas preguntas mal enfocadas nos darán una imagen distorsionada de Dios. Pero una visión correcta de Dios nos mostrará el camino que debemos seguir. Nuestras preguntas no deben llevarnos a sacar conclusiones sobre Dios: es nuestro conocimiento del Dios de la Biblia el que debe llevarnos a encontrar las respuestas a nuestras dudas.

Un Dios sabio
La Biblia nos habla de un Dios eterno que conoce el final de las cosas desde el principio. La Escritura nos revela a un Dios soberano que todo lo que quiere, lo hará (Salmo 135:6). Un Dios omnisciente, soberano, santo y todopoderoso, el cual hace todas las cosas para su gloria. Los cielos cuentan su gloria, nosotros fuimos creados para su gloria, fuimos redimidos para que se desplegara su gloriosa justicia, sabiduría, amor, poder, misericordia, redención y gracia.
Entonces: ¿sabía Dios que Satanás se revelaría? Sí. ¿Sabía Dios que el hombre pecaría? Sí. Entonces, ¿para qué lo creó? Para mostrar su gloria en su justicia y poder con los ángeles, a los cuales Pedro dice que “no perdonó” (2 P. 2:4), como también para mostrar su Gloria, su inmenso amor, y su gracia soberana con los hombres que también pecaron pero que Él decidió salvar.
Jamás nada ha tomado a Dios por sorpresa. Ni la rebelión de los ángeles ni la caída del hombre. Es así como el Cordero fue inmolado desde antes de la fundación del mundo (cp. Ap. 13:18).
El papel de Satanás
La Escritura nos muestra un plan eterno, lo que algunos llaman “El Pacto Eterno” o el “Pacto de Redención”, el cual fue acordado en la eternidad entre el Padre y el Hijo en relación a los elegidos.
“De este modo, la infinita sabiduría de Dios puede ser dada a conocer ahora por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que llevó a cabo en Cristo Jesús nuestro Señor”, Efesios 3:10-11
“El nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no según nuestras obras, sino según Su propósito y según la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad”, 2 Timoteo 1:9.
El Dios que adoramos tenía un plan redentor para reunir en Cristo todas las cosas (cp. Ef. 1:3-12) para alabanza de su gloriosa gracia, para mostrar su soberanía al elegirnos, para desplegar con algunos –incluyendo los ángeles caídos–, su poder y su justicia, y para mostrar en un grupo elegido su inmensa misericordia.

VERDADES SOBRE EL INFIERNO

Respecto al infierno, C.S. Lewis escribió una vez: “No hay ninguna doctrina que con gusto eliminaría del cristianismo más que esta, si estuviera en mi poder”. En muchos sentidos, estoy de acuerdo con él. A nadie, incluyendo los cristianos, debería gustarle la idea del infierno. Aquellos de nosotros que creemos en el infierno no somos sádicos que disfrutamos de la idea de sufrimiento eterno. De hecho, la idea de que aquellas personas que conozco, que están fuera de #Cristo, pasen una eternidad en el infierno es desgarradora. De joven, cuando comencé a aprender sobre el infierno y sus implicaciones, casi pierdo mi fe. Así de perturbador fue.
El infierno es una realidad difícil, pero es algo que la Biblia enseña, y no podemos comprender plenamente a #Dios y su mundo a menos que lidiemos con ello. Estas siete verdades deben enmarcar nuestra discusión del infierno.
1. El infierno es lo que es porque Dios es quien Dios es. La gente habla con soltura acerca de “ver a Dios”, como si ver cara a cara a Dios fuera una experiencia cálida y difusa. Pero la #Biblia explica que la santidad y la #perfección de Dios son tan completas que si alguien fuera a verlo, moriría (Ex. 33:20). Aun el pecado más insignificante en su presencia conduce a la aniquilación inmediata. Cuando Isaías, el profeta de Dios, vio a Dios en su trono, se postró sobre su rostro, aterrorizado y seguro de que estaba a punto de morir (Is. 6:5).
La #doctrina del infierno ha caído en desgracia entre muchos. Pero está ahí por una razón. Dios nos habla acerca del infierno para demostrarnos la magnitud de su #santidad. El infierno es lo que es porque la santidad de Dios es lo que es. El infierno no es ni un solo grado más caliente de lo que nuestros pecados demandan que sea. El infierno debe dejarnos boquiabiertos ante la rectitud y justa santidad de Dios. Debe hacernos temblar ante Su grandeza y majestad.
Irónicamente, al minimizar el infierno, también se minimizan los medios que demuestran la justicia de Dios. Cuando una persona pasa por violación o abuso de menores, tiene que saber que hay un Dios reinando en tal santidad y belleza que no puede tolerar el mal.
2. #Jesús habló sobre el infierno más que cualquier otra persona en la #Escritura. Algunas personas tratan de evitar la idea del infierno diciendo: “Eso fue el Dios del Antiguo Testamento. Pero cuando Dios maduró en el Nuevo Testamento con Jesús –Jesús el manso y #humilde– lo de Él era el #amor y la #compasión”.
El problema con este punto de vista es que cuando comienzas a leer los #Evangelios, te encuentras con que Jesús fue la persona que más hablo del infierno. De hecho, si cuentas los versículos, Jesús habló más sobre el infierno que sobre el cielo. Uno de los escépticos más famosos de la historia, Bertrand Russell, dijo en su libro ¿Por qué no soy un Cristiano?, que la enseñanza de Jesús sobre el infierno es “el defecto profundo en el carácter de Cristo”. Si queremos evitar la idea del infierno, no podemos ignorar el problema enfocándonos en el “Jesús manso y humilde”.
3. El infierno nos muestra la medida del amor de Dios al salvarnos. ¿Por qué Jesús habló sobre el infierno más que otra persona en la Biblia? Porque Él quería hacernos ver lo que iba a sufrir en la cruz por nosotros. En la cruz, el castigo de Jesús era indescriptible: a este remanente de un hombre ensangrentado y desfigurado se le dio una cruz probablemente reciclada, probablemente cubierta de la sangre, heces y orina de los otros hombres que la habían usado previamente. Colgado allí en un inmenso dolor, asfixiado lentamente hasta la muerte.
La peor parte fue la separación del Padre que Jesús sintió, separación que era el mismo infierno. “Dios mío, Dios mío”, clamó: “¿Por qué me has abandonado?” (Mt. 27:46) Durante todo esto, Jesús estaba tomando el infierno de nuestros pecados en Su cuerpo.
Frecuentemente la gente siente que el infierno es una gran mancha en el amor de Dios. La Biblia lo presenta como todo lo contrario. El infierno magnifica el amor de Dios al mostrarnos cuan lejos fue Dios y todo lo que pasó para salvarnos.
4. Las personas son eternas. C.S. Lewis señaló una vez que el infierno es una conclusión necesaria de la creencia cristiana que los seres humanos fueron creados para vivir eternamente. Así lo dijo:
El cristianismo afirma que cada ser humano como individuo va a vivir para siempre, y esto debe ser cierto o falso. Ahora bien, hay un buen número de cosas que no vale la pena preocuparse si solo voy a vivir 70 años, pero que deben preocuparme seriamente si voy a vivir para siempre. Tal vez mi mal carácter o mi envidia van empeorando, pero de forma tan gradual que el aumento en 70 años no va a ser muy notable. Pero podría ser absolutamente infernal en un millón de años: de hecho, si el cristianismo es cierto, el infierno es el término técnico preciso y correcto para lo que eso sería.
5. En un sentido, Dios no envía a nadie al infierno; nos enviamos nosotros mismos. El infierno es la culminación de decirle a Dios que nos “deje tranquilos”. Sigues diciéndole a Dios que te deje en paz, y, finalmente, Dios dice: “Está bien”. Es por eso que la Biblia lo describe como oscuridad: Dios es luz; su ausencia es la oscuridad. En la tierra experimentamos la luz y cosas como el amor, la amistad, y la belleza de la creación. Estos son todos remanentes de la luz de la presencia de Dios. Pero cuando le dices a Dios que no lo quieres como el Señor y centro de tu vida, con el tiempo consigues ese deseo, y con Dios se van todos Sus regalos.
Tenemos dos opciones: vivir con Dios o vivir sin Dios. Si dices: “Yo no quiero la autoridad de Dios. Yo prefiero vivir para mí mismo”, ese es el infierno. En El Gran Divorcio y El problema del Dolor, Lewis lo expresó así:
A largo plazo la respuesta a todos aquellos que se oponen a la doctrina del infierno es en sí mismo una pregunta: “¿Qué están pidiendo a Dios que haga?”. . . ¿Qué los deje solos? Por desgracia, me temo que eso es lo que hace. . . . Al final, solo hay dos tipos de personas: los que dicen a Dios “hágase tu voluntad” y aquellos a los que Dios les dice al final “hágase tu voluntad”.
6. En otro sentido, Dios envía a la gente al infierno, y todos sus caminos son verdad y justos. Podemos estar tentados a estallar en rabia contra Dios y corregirle. Pero, ¿cómo podemos encontrar una falta en Dios? Como dice Pablo en Romanos 9, ¿quiénes somos nosotros, como simples pedazos de barro, para cuestionar al alfarero divino?
No somos más misericordiosos que Dios. Isaías nos recuerda que todos aquellos que están actualmente “enojados contra Dios” llegarán ante Él en el último día y serán avergonzados, no reivindicados (Is. 45:24), porque entonces se darán cuenta de lo perfecto que son los caminos de Dios. Cada vez que Dios es comparado con un ser humano en la Escritura, Dios es el más piadoso de los dos.
Cuando miramos hacia atrás en nuestras vidas desde la eternidad, estaremos sorprendidos no por la severidad de Su justicia, sino por la magnanimidad de Su misericordia.
7. Para Dios no es suficiente sacarnos del infierno; él debe sacar el infierno de nosotros. Algunas personas ven como un problema el uso del infierno como una forma de obligar a la gente a someterse al cristianismo. Es como si Dios está diciendo, “¡Me sirves o sufrirás las consecuencias!”. Y eso parece manipulación. Puede que le sorprenda, pero Dios está de acuerdo.
Si las personas se convierten a Dios simplemente porque tienen miedo, o porque Dios ha hecho alguna gran señal milagrosa (véase Lucas 16:31), podrían someterse, pero no habrá un cambio en la actitud de corazón hacia Dios. Si aceptas a Jesús solo para “salir del infierno”, entonces odiarías estar en el cielo, porque solo los que aman y confían en Dios disfrutarán del cielo. Si no amas al Padre, entonces vivir en la casa del Padre es como una esclavitud. Sería como obligarte a casarte con alguien con quien no te quieres casar. La única manera de que disfrutes del cielo es cuando aprendas a amar y confiar en Dios.
Solo una experiencia del amor de Dios puede reorganizar la estructura fundamental de tu corazón para crear amor por y confianza en Dios. No es suficiente que Dios nos saque del infierno; Él debe sacar el infierno de nosotros.