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SALOME


La historia de la hija de Herodías, mencionada en el Evangelio de Marcos y el Evangelio de Mateo, nos recuerda algo profundo:


No todas las decisiones que tomamos nacen de nuestro corazón… algunas nacen de las voces que permitimos que nos dirijan.


Salomé era joven. Tenía belleza, tenía atención, tenía una oportunidad. Pero en el momento crucial, no pidió desde su propósito… pidió desde la influencia equivocada. Y una decisión guiada por resentimiento ajeno dejó una marca irreversible.


Mujer, no todas las oportunidades que brillan vienen de Dios.

No todas las puertas abiertas conducen a bendición.

No toda voz cercana tiene la sabiduría que necesitas.


La vida te va a poner “en el centro del salón”, donde todos te miran, donde tienes poder para pedir, decidir y actuar. Y en ese instante, lo más importante no será la emoción del momento… sino la dirección de tu corazón.


Que tus decisiones no nazcan del orgullo, ni de la presión, ni del deseo de agradar a otros.

Que nazcan de convicción, de paz y de propósito.


Porque una mujer que aprende a discernir las voces que escucha, se convierte en una mujer que protege su destino. 


El nombre Salomé no viene del texto bíblico, sino de la tradición histórica y cultural que intentó darle identidad a un personaje que en los evangelios aparece de forma anónima.



SABIDURIA QUE DETIENE LA DESTRUCCION

Abigail fue una mujer descrita como hermosa y prudente. Pero su mayor belleza no fue física… fue su sabiduría.


Estaba casada con Nabal, un hombre rico pero necio y arrogante. Cuando David aún no era rey y protegía los rebaños de Nabal, envió mensajeros pidiendo alimento en señal de gratitud.


Nabal respondió con desprecio.


David, herido y ofendido, decidió vengarse.


Y aquí es donde Abigail cambia la historia.


🔥 Una mujer que actuó con discernimiento


Sin que su esposo lo supiera, Abigail preparó alimentos y salió al encuentro de David.

No fue con orgullo.

No fue con arrogancia.

Fue con humildad y palabras sabias.


Se postró y habló con inteligencia, apelando al propósito de David y recordándole que no manchara su futuro por una reacción impulsiva.


Su intervención evitó una masacre.


💡 La enseñanza poderosa


✨ 1. La sabiduría puede detener una tragedia.

Una sola persona con discernimiento puede cambiar el rumbo de una historia.


✨ 2. No respondas desde la emoción, responde desde el propósito.

Abigail entendió que una decisión impulsiva puede arruinar un destino.


✨ 3. La humildad tiene poder.

Ella no tenía ejército… tenía carácter.


✨ 4. Dios honra a quienes actúan con prudencia.

Después de la muerte de Nabal, Abigail se convirtió en esposa de David.


No necesitas gritar para tener autoridad.

No necesitas fuerza para tener impacto.


🔥 La sabiduría vale más que mil espadas.


Abigail nos enseña que cuando otros reaccionan con ira,

tú puedes responder con discernimiento.


Y a veces, la persona que evita la guerra…

es la que Dios levanta para reinar.

EL ESPÍRITU DE SABIDURÍA

Se cree que Salomón escribió los primeros veintinueve capítulos de Proverbios y Eclesiastés, libros identificados por los eruditos como literatura de sabiduría bíblica. Proverbios consta de treinta y un capítulos, los dos últimos añadidos por una persona desconocida (tal vez hombres del rey Ezequías).

Proverbios enseña principios prácticos de sabiduría para la vida diaria. A lo largo del libro tres palabras son constantemente enfatizadas: el conocimiento es mencionado cuarenta y tres veces, el entendimiento es referido cincuenta y cinco veces, y la palabra sabiduría se pone de relieve cincuenta y cuatro veces. Estas tres palabras clave le abren a usted las puertas de la sabiduría de Salomón para el incremento espiritual, emocional, mental y financiero y de bendición en su vida. Seguir el patrón de tres pasos de Salomón moverá a una persona de media a superior al promedio. 

Salomón sabía que:

• El conocimiento es la acumulación de hechos.

• El entendimiento es la disposición de los hechos.

• La sabiduría es la aplicación de esos hechos.

Padres, educadores y maestros efectivamente imparten conocimiento mediante la lectura de libros, el ejemplo personal y la instrucción. El conocimiento también puede ser adquirido a través de experiencias de vida personales. El conocimiento sin entendimiento, empero, es como una computadora con un disco duro lleno de información a la que nunca se enciende. Podemos presumir de los gigabytes de información que posee, pero mientras no accedamos a la información y se la imprima desde el ordenador, será solo una colección de datos computarizados. Usted debe ir desde la información a la iluminación, o entendimiento. 

El entendimiento es la capacidad de colocar, en una disposición adecuada, información (o hechos) recibidos a través del estudio y la experiencia personal. Si recogemos información y hechos, pero no ponemos en práctica nuestro aprendizaje, nuestro conocimiento se vuelve como la fe sin acción y, como está escrito, la fe sin obras (acción) está muerta (Santiago 2:17). Un centenar de estudiantes pueden sentarse a escuchar al mismo profesor, adquiriendo conocimientos, pero no todo el mundo expresa entendimiento sobre cómo activar la información, haciéndola trabajar en situaciones de la vida. Por ejemplo, la mayoría de los fumadores tiene conocimiento de que fumar tabaco puede, con el tiempo, causarle cáncer. Esto está médicamente documentado. Sin embargo, algunos fumadores no creen que el cáncer por fumar los pueda llegar a afectar a ellos. Esto no es falta de conocimiento, ya que los hechos revelan el conocimiento, sino que es una falta de entendimiento.

Cristo encontró un déficit de entendimiento entre sus oyentes. Frecuentemente, los que oían sus parábolas no entendían su significado. Sus discípulos personales, después de un discurso parabólico, solicitaron a Cristo que les explicara o les diera entendimiento de los principales puntos ocultos dentro de la historia. En Mateo 13:13 Cristo dijo: “Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden”. La palabra griega para “entender” en este pasaje significa “poner algo junto y comprenderlo mentalmente”. Una persona puede oír una parábola (adquirir conocimiento), pero no siempre comprender el significado (entendimiento).

Una vez que hayamos recibido entendimiento y podido captar el significado de un tema o un problema y el propósito de nuestra información, entonces debemos aprender a aplicar esa información. Esto nos lleva a la tercera clave de Salomón: la necesidad de sabiduría. La verdadera sabiduría es la capacidad de aplicar estos hechos, ayudando a personas, acontecimientos y circunstancias para que operen correctamente en su orden natural y divino. Hay dos tipos de sabiduría: carnal (humana) y espiritual (1 Corintios 2:6). El Espíritu Santo es el dador y fuente de sabiduría espiritual, que puede proporcionar soluciones a los problemas prácticos y complicados.

SABIDURÍA VS LOCURA

"Los sabios heredarán honra, mas los necios llevarán ignominia". Proverbios 3 : 35

El texto de hoy dice literalmente: "Los sabios brillarán". La palabra hebrea es ti'parah, que significa recibir una corona brillante. La persona que recibe ti'parah, recibe una distinción especial que lo destaca de las personas comunes. Dios le promete eso a los sabios.
Sabio, en el sentido bíblico, no es la persona que tiene mucho conocimiento, sino el que sabe usar el conocimiento para administrar la vida. La Biblia está llena de consejos que abarcan todas las áreas. La persona que escucha estos consejos, es una persona sabia, que se destacará nítidamente entre la multitud.
Lo contrario de la sabiduría es la necedad. En el versículo de hoy, Salomón se refiere a la locura. Solo una persona sin equilibrio, ni amor por la vida, rechaza los consejos divinos. Con esa actitud, desdichadamente, "llevarán ignominia". El sinónimo de ignominia es "vergüenza".
El camino de la vergüenza es ilógico. Las personas desprecian los consejos de Dios creyendo que son anticuados y obsoletos; y pensando que descubrieron un camino mejor, siguen sus instintos e inclinaciones, racionalizan los conceptos divinos, humanizan los principios establecidos por Dios. Todo eso, en nombre de la felicidad y de la libertad. No obstante, el fin es ignominia y vergüenza.
¡Qué ironía! Querían brillar y son estrellas sin luz. Ansiaban aparecer y andan ocultos en el polvo de sus propios errores. Ambicionaban deslumbrar y envejecieron apagados por la vergüenza que su espíritu de independencia les trajo.
Otro contraste entre los locos y los sabios, es que éstos "heredarán" honra.
Mientras que aquellos "llevarán ignominia". Para heredar tú no necesitas hacer nada. La herencia es el fruto del amor. Los sabios no esperan nada y, sin embargo, reciben todo. Los locos luchan para conseguir todo y solo encuentran ignominia.
Aprende a ser sabio. Ese aprendizaje lleva tiempo. Es un proceso que lleva esfuerzo y, muchas veces, es lento y doloroso, pero vale la pena.
No salgas hoy para enfrentar los desafíos de la vida sin la certeza de que Jesús está en el control de tu vida. Porque "Los sabios heredarán honra, mas los necios llevarán ignominia".

SABIDURÍA Y DECISIONES

"El principio de la sabiduría es el temor de Jehová..." Proverbios 1:7
Dos mujeres llevaron un niño ante el rey. Ambas alegaban que el hijo era suyo. Salomón tenía que dar un veredicto. A simple vista, ambas tenían razón. Una decisión equivocada sería fatal. ¿Qué hizo Salomón? Mandó partir al niño al medio y darle la mitad a cada una. En ese instante, una de las mujeres dijo: "¡No! ¡Por favor! Prefiero que mi hijo viva, aunque tenga que renunciar a él". Inmediatamente el rey mandó que le entregaran el niño a aquella mujer. Solo la verdadera madre sería capaz de una actitud semejante.

¿Cómo pudo el rey tomar una decisión tan acertada? Salomón fue considerado el hombre más sabio del mundo. Su fama sobrepasaba los límites de su reino. Reyes y reinas de otras naciones iban a visitarlo para saber cuál era el secreto de su sabiduría. En el texto de hoy, Salomón presenta la clave de su éxito: "El principio de la sabiduría es el temor de Jehová". ¿Qué tipo de temor? ¿El temor enfermizo que hizo que Adán y Eva se escondieran de la presencia de Dios? ¡No! En la Biblia la expresión "temor de Jehová" significa "reconocer a Dios", "aceptarlo", "tenerlo en cuenta", "saber que Él está ahí", "reverenciarlo”.
La primera actitud de una persona sabia es reconocer sus límites de criatura ante el Creador. La palabra sabiduría aparece más de 300 veces en el Antiguo Testamento, y en todas ellas se encuentra la idea de reconocer a Dios como Ser supremo y aceptar los consejos divinos para tomar decisiones correctas.
¿Te diste cuenta que la vida depende de las decisiones? Desde que amanece hasta que anochece, es una decisión tras otra. Algunas son comunes y puedes darte el lujo incluso de equivocarte, como cuando decides sobre el color de la ropa que vas a usar, o sobre el medio de transporte que vas a tomar. Otras, son trascendentales. Si fallas, las consecuencias pueden ser terribles. ¡Cuán importante es en momentos como esos, saber escoger y decidir, sin dudar ni postergar la decisión!
¿Tienes que tomar decisiones transcendentales este año? ¿No sabes cómo?
Acude a Dios. Él es el principio de la sabiduría. Cuando contemplas la vida y las dificultades a través del prisma divino, todo tiene sentido, hasta las cosas aparentemente incomprensibles. Cuando observas la vida a través de los lentes del temor de Dios, los objetos sin forma se definen. La penumbra desaparece, la incertidumbre huye del corazón y eres capaz de decidir acertadamente, porque "el principio de la sabiduría es el temor de Jehová".

ALIMENTA TU ESPIRITU


En Lucas 4:4, Jesús dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.
Esta es la manera en que Cristo le responde al enemigo, quien vino a tentarle diciendo: Si eres el Hijo de Dios.  Cristo le contestó: Escrito está.  No hay ninguna situación difícil para la que no haya algo escrito en la palabra de Dios que te garantice la victoria sobre esa situación. 
Si estás enfermo: Escrito está: Por sus llagas somos sanos; si tienes un familiar que no ha venido a los caminos del Señor: Escrito está: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa.  Asegúrate de que tu espíritu esté bien alimentado de la palabra de Dios, porque no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.
Tu espíritu tiene que estar alimentado de lo que está escrito, de la palabra que sale de la boca de Dios.  Muchas veces, en los momentos más difíciles, nos sentimos sin las armas necesarias para combatir, porque no conocemos todo lo que está escrito para hallar esa salida.  Debemos siempre estar conectados a lo que está escrito en la palabra de Dios.
¿Quieres vencer cada tentación de tu vida, como lo hizo Jesús? Conéctate con lo que está escrito; lee libros que alimenten tu espíritu para que te ayuden en los momentos difíciles.    Habacuc 2:2 dice: Escribe la visión para que corras con ella. No tan solo leas, sino también escribe metas, sueños, ideas, anhelos.   Cuando aprendes a poner en papel cada visión que Dios te ha dado, Dios trae aceleración sobre tu vida. 
De algo Cristo estaba seguro: De que en su vida se iba a cumplir todo lo que estaba escrito en los rollos que estudiaba desde muy pequeño.  Tienes que conectarte con lo que está escrito.  Escrito está… que tú no dependes de la buena o mala economía, no dependes del gobierno, no dependes de lo que digan los médicos, sino que tú dependes de todo aquello que está escrito, de aquello que sale de la boca de Dios.
Cristo continúa contestando al enemigo, cuando seguía tratando de hacerle caer en tentación: Vete de mí Satanás, porque escrito está…  Todo lo que se presente delante de ti y quiera detenerte o desviarte de  lo que Dios ha dicho sobre tu vida, dile: Vete de mí, porque escrito está.   Nada puede detenerte, nada puede amedrentarte, nada puede pararse delante ti, mientras tú conozcas y declares lo que está escrito acerca de ti, lo que ha salido de la boca de Dios en relación a ti.
Dios ha dicho que tiene cuidado de ti, de tu familia, de tus finanzas, de tu salud y la victoria es tuya.  Créelo, recíbelo, declara lo que está escrito y lo que Dios ha dicho. No somos de los que retrocedemos, ni los que nos amedrentamos porque sabemos que escrito está y Dios ha dicho que la victoria es nuestra.  

BUSCANDO SABIDURIA

La Biblia dice que aquellos que están en Cristo tienen la mente de Cristo (1 Co. 2:16). En Él tenemos la capacidad de crecer en sabiduría si estamos dispuestas a pagar el precio para obtenerla. Uno de mis pasajes predilectos acerca de la sabiduría está en Proverbios, un libro sapiencial. Cuando lo leas, tal vez quieras tomar un lápiz o un bolígrafo y marcar los verbos que señalan lo que implica la búsqueda de la sabiduría. Así veremos lo que cuesta obtener sabiduría. “Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis manda­mientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la pruden­cia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia” (Pr. 2:1-6). Escudriña las Escrituras La sabiduría de Jesús acerca de la cual hablamos proviene de conocer su Palabra, la Biblia. 
Como afirmó el salmista en el Antiguo Testamento al exclamar: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo” (Sal. 119:97-98). Los eruditos judíos de la época de Jesús consagraban sus vidas al estudio de las Escrituras. No lo hacían para aprender acerca de Jesús como Mesías, sino para adquirir un conocimiento superior y entender las “tildes” de la ley (Jn. 5:39). Al tener el conocimiento como su meta, fallaron en comprender la verda­dera importancia de leer y estudiar la Biblia. Como les dijo Jesús: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Jn. 5:39). Jesús reprendía a estos eruditos porque eran inca­paces de percibir el propósito de las Escrituras, las cuales revelan a la Persona, la obra y el carácter del Hijo de Dios. Las Escrituras revelan a Cristo. Y, cuando tú y yo leemos la Biblia, somos transformadas en la imagen de Jesús. Como las Escrituras mismas declaran: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Ti. 3:16-17). Hay poder transformador en la Palabra de Dios que nos capa­cita y transforma nuestra conducta en la semejanza de Cristo.
Examina tu corazón Llegar a conocer a Jesús leyendo la Biblia te dará el conocimiento que necesitas para tomar decisiones sabias, mejores decisiones, y para hablar la verdad con sabiduría. El Señor tiene un plan para tu vida, un gran plan. Y a medida que escudriñas las Escri­turas, te perfeccionas y te preparas para ese gran plan. Te impregnas del corazón de Jesús y de las cualidades que poseía, según te conformas a su imagen por medio de su Palabra. Y haces las obras de Cristo, el cual anduvo por doquier haciendo bie­nes (Hch. 10:38). En resumen, cuanto más crezcas en tu conocimiento de Cristo, más se revelará Él a ti, y más podrás reflejarlo en tu vida.

EL ORO DE LOS TONTOS


La fiebre del oro en California, en 1848, dio origen a un grupo de buscadores de ese precioso metal, que pensaron que se habían vuelto ricos de la noche a la mañana, hasta que se enteraron de que existía una piedra brillante que luego se conoció como el oro de los tontos. Muchos vieron que sus sueños se desvanecían en el brillo metálico y el tono ámbar cobrizo de un mineral casi sin valor llamado pirita de hierro.

Esa desilusión encuentra paralelismos en la vida de tod

os nosotros. Tarde o temprano, aprendemos que «no es oro todo lo que brilla». Lo que parece una buena compra no es necesariamente una transacción ventajosa. Aquellos en quienes depositamos nuestras esperanzas nos rompen el corazón.

Necesitamos sabiduría, en muchos sentidos, para diferenciar entre un tesoro real y una réplica sin valor.

Hace mucho tiempo, un antiguo rey descubrió que adquirir sabiduría verdadera vale más que cualquier otra cosa que busquemos. Salomón escribió: «Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia; porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella» (Proverbios 3:13-15).

Pero Salomón también advierte a los potenciales cazadores de

tesoros que una fiebre de sabiduría puede dejarnos con algo peor que el oro de los tontos. En su colección de proverbios agrega: «¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él» (26:12).

Dicho de otra manera: «¿Conoces personas que creen que se las saben todas? Si no se despabilan, nunca llegarán a ser tan sabios como aquel que descubre lo tonto que fue».

Un escritor del Nuevo Testamento retoma el entusiasmo de Salomón por la sabiduría y su advertencia contundente. El autor, que se identifica como «Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo», coincide con Salomón al afirmar que la sabiduría proviene del Señor (Santiago 1:1, 5). Nos alienta a pedirla de todo corazón (1:5-6). Pero, después, también nos advierte de que tengamos cuidado con las réplicas sin valor (3:13-18).

Para asegurarse de que entendemos cómo probar y reconocer un te

soro que vale más que el oro, escribe: «Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía» (3:17).

En medio de conflictos, problemas y tentaciones reales que invaden nuestra vida, no podemos darnos el lujo de olvidar estas características distintivas. La sabiduría que vale más que cualquier otra cosa que pudiéramos desear es:

1. Pura. En la medida en que nuestra sabiduría proceda de Dios, no estará contaminada con las toxinas de la envidia y la ambición egoístas (Santiago 3:14-16). Captar su significado profundo tampoco nos hará vacilar sobre si deseamos la ayuda de Dios en los problemas y conflictos de nuestras vidas (1:5-7).

2. Pacífica. No consiste en el deseo de paz a cualquier precio. Como es una sabiduría arraigada en motivos puros, anhela transmitir a otros una armonía que brota del Padre. Al enfrentar conflictos que dividen a la familia de Cristo, Santiago procura una paz fundamenta

da en la verdad y el amor.

3. Amable. Para seguir describiendo una sabiduría que ama la paz, Santiago usa una palabra que implica mostrar cordialidad y paciencia hacia otros. Consiste en una fuerza bajo control que nos permite ser indulgentes con el prójimo. Es una indulgencia razonable, justa e imparcial que nos ayuda a mostrar nuestro amor y la buena voluntad de Cristo al enfrentar conflictos reales o potenciales.

4. Benigna. Teniendo en cuenta las condiciones y los calificativos anteriores, esto no implica rendirse al mal. Refleja la voluntad de dejar de lado nuestros derechos cuando hacerlo manifiesta la intensidad de nuestra preocupación por otros. Tal benignidad también nos da la oportunidad de demostrar con acciones que creemos que nuestro bienestar no se basa en ganar o en salirnos con la nuestra, sino en encomendarnos a D

ios.

5. Llena de misericordia y buenos frutos. La sabiduría proveniente del cielo discierne, pero no juzga. Tampoco hace suposiciones faltas de sensibilidad como que los que sufren merecen ese dolor más que aquellos que son bendecidos con buenas circunstancias. Las actitudes que añaden el problema de perjudicar a otros reflejan una «sabiduría de abajo». La sabiduría de arriba procura aliviar su miseria.

6. Sin incertidumbre. La sabiduría sin valor nos enseña a halagar y a consentir a quienes tienen algo que ofrecernos. Nos hace ignorar y deshonrar a aquellos cuyos problemas podrían costarnos tiempo, dinero o esfuerzo. La verdadera sabiduría ve a todos como personas por las que Cristo murió.

7. Sin hipocresía. Ser sabios en nuestra propia opinión nos incita a ocultar motivaciones que evidencian nuestra verdadera naturaleza. La sabiduría de Dios nos permite ser genuinos y transparentes para amar y respetar a otros.

Padre celestial, ayúdanos a entender cómo este conocimiento puede evitar que seamos sabios en nuestra propia opinión. Muéstranos cómo usar estas apreciaciones no solo para confiar en lo que dijiste, sino también para encomendarnos a todo lo que puedes saber y hacer por nosotros. Sobre todo, ayúdanos a ver cómo esa sabiduría nos acarrea los beneficios infinitos y eternos de conocer a tu Hijo, «en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Colosenses 2:3).