¿SABÍAS QUE EL BESO DE JUDAS FUE MUCHO MÁS QUE UNA SEÑAL? EL ESCÁNDALO DEL PROTOCOLO QUE REVELA LA PEOR FORMA DE TRAICIÓN....
En nuestra cultura occidental, un beso en la mejilla puede ser un saludo común. Pero en la Judea del siglo I, el beso entre un discípulo y su Rabí era un acto cargado de una solemnidad casi sagrada.
Cuando Judas se acerca a Yeshúa en la oscuridad del Getsemaní y le da un beso, no solo está identificando a un hombre para los soldados. Está cometiendo una blasfemia cultural y espiritual que dejó a todos los presentes en shock.
EL NESHIKÁ: EL SELLO DE LA SUMISIÓN
En el mundo hebreo, el beso del discípulo (Talmíd) a su Maestro no era un gesto de afecto casual. Se llamaba:
נְשִׁיקָה – Neshiká
Este beso se daba usualmente en la mano o en el pie, y en ocasiones especiales, en la mejilla. Era el símbolo público de:
Reconocimiento de autoridad: Al besarlo, el discípulo decía: "Tú eres mi señor y yo soy tu siervo".
Transferencia de honor: El discípulo absorbía la sabiduría del maestro y le devolvía honor ante los demás.
Judas no eligió señalar a Yeshúa con el dedo, ni gritar su nombre. Eligió el lenguaje de la máxima lealtad para ejecutar el acto de la máxima deslealtad.
EL VERBO DEL EXCESO: "KATAPHILEO"
El texto original griego de los Evangelios guarda un detalle escalofriante. Cuando el texto dice que Judas "le besó", no usa la palabra común para besar (phileo). Usa el término:
Καταφιλέω – Kataphiléo
El prefijo kata- indica intensidad o repetición. No fue un roce rápido. Judas besó a Yeshúa efusivamente, con una demostración exagerada de afecto. Fue un teatro de devoción. Mientras sus labios decían "¡Salve, Maestro!", su corazón estaba contando las treinta monedas de plata.
Judas usó el protocolo sagrado del Reino para servir a los intereses del sistema que odiaba al Rey.
LA RESPUESTA DE YESHÚA: EL DOLOR DEL AMIGO
La respuesta de Yeshúa es una de las más tristes de toda la Escritura: "Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?" (Lucas 22:48).
En hebreo, la palabra para amigo es רֵעַ – Réa, que implica un compañero con el que se comparte el camino y el pan. Yeshúa no lo llamó "traidor" en ese momento; le recordó el vínculo que Judas estaba profanando. El escándalo no fue la entrega, sino el instrumento de la entrega.
UN MENSAJE PARA NUESTRA INTEGRIDAD
El "Escándalo del Beso" nos advierte sobre un peligro constante en nuestra propia espiritualidad:
La piedad como disfraz: Podemos usar las palabras correctas ("Señor, Señor"), las canciones correctas y los rituales más sagrados de la iglesia, mientras en privado estamos entregando los principios del Maestro por nuestra propia conveniencia.
El beso del ego: A veces "besamos" a Yeshúa para que otros nos vean como espirituales, pero en realidad lo estamos usando para nuestros propios fines, para nuestra reputación o para nuestra seguridad económica.
La traición del protocolo: La religión externa es experta en el Kataphiléo (besos exagerados), pero Dios busca el Emet (la verdad) en lo íntimo.
Es más fácil besar al Maestro que obedecerlo.
Judas nos enseña que se puede estar a centímetros de la Verdad, sintiendo el calor de Su piel y el sonido de Su voz, y estar a kilómetros de distancia en el alma. No permitas que tu fe sea un protocolo vacío. Que tus labios nunca digan lo que tu vida no está dispuesta a sostener. Porque, al final, el Mesías no busca besos de teatro; busca corazones que, aunque fallen, nunca usen la máscara de la lealtad para ocultar un puñal.


