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SI LUTERO FUESE MUJER HOY....

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El machismo sigue existiendo en la sociedad y en las iglesias. Dios ya lo predijo —que no lo prescribió— en Génesis 3:16. En este capítulo de la Biblia nos advirtió de lo que iba a ocurrir como consecuencia de nuestra separación de él: “Tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”. Creemos que en un mundo redimido por Cristo los cristianos tenemos que luchar para erradicar este pecado que no pertenece al mundo por orden de Dios, sino como consecuencia de la caída. 

La violencia de género es la punta del iceberg de un problema de fondo que podemos contemplar desde dos puntos de vista: 

1.- Interior: la separación entre el ser humano y Dios ha traído como consecuencia la crisis interna de cada persona consigo misma y con los demás. Esta ausencia de Dios en nosotros produce ira, odio y violencia. 

2.- Exterior: el machismo es el dominio del hombre sobre la mujer. Es una manera de ver el mundo, una ideología que considera a la mujer en una condición social e intelectual inferior por el simple hecho de ser mujer. 

Admite la desigualdad por causa del sexo como norma de conducta social, y crea una situación de tensión entre géneros que es el germen de la violencia física, sexual y psicológica. Como cristianos evangélicos creemos que el problema de la violencia sólo puede solucionarse llegando a su raíz, volviéndonos a nuestro Creador y reconciliándonos con Dios. Creemos que sólo la fe en Jesús puede dar paz con Dios, paz interior y paz con los de alrededor. 


Creemos que solo Jesús puede ofrecer una sanidad completa y profunda, restauración, sentido y esperanza tanto a hombres como a mujeres. Dios nos creó iguales a hombres y mujeres; ambos hemos sido hechos a imagen y semejanza suya, pero presentamos diferencias físicas y hormonales. 


Estas diferencias no constituyen, bajo ningún concepto, un subterfugio para la desigualdad, el prejuicio o el estereotipo en la sociedad. La Biblia condena la desigualdad y la violencia contra la mujer; explica con claridad y un posicionamiento revolucionario para el contexto en que fue escrito que Dios nos hizo iguales en dignidad, libertad, derechos y capacidad intelectual. Jesús es nuestro referente también en el trato que dio a las mujeres. 


El vino a restaurar las estructuras creacionales y  dignificó a la mujer y le devolvió el lugar que Dios le había dado desde el principio, y eso se percibe con claridad en el relato de los evangelios aun dentro del entorno social machista y patriarcal en que se movió. Se enfrentó a los políticos y religiosos de su época y dio la cara por las mujeres. En Jesús no hay censura y represión por ser mujer.   

Creemos que de forma especial en la iglesia, y de manera general en la sociedad, es preciso afirmar y llevar a la práctica lo siguiente: Como evangélicos no nos identificamos con el feminismo actual. No nos sentimos representados en este movimiento, pero sí con los movimientos feministas originales, promovidos por mujeres evangélicas, como lo fue la Declaración de Séneca Falls, en 1848. Una comprensión bíblica de la feminidad implica alejarse del error de colocar a la mujer que reclama sus derechos de igualdad en la condición de pretender actuar o parecer como hombres. 

El ideal bíblico y cristiano permite a las mujeres ser plenamente mujeres, con igualdad de capacidades intelectuales y con los mismos derechos e igualdad de oportunidades, en la sociedad y en la iglesia.  Desde el punto de vista bíblico tanto la soltería como el matrimonio son opciones igual de valiosas para la vida de la mujer, y nos posicionamos en contra de tendencias, tanto en la sociedad como en la iglesia, que abogan por la imposición o del matrimonio o de la soltería. 


Hombre y mujer son complementarios como matrimonio y como familias son un sustento de la sociedad (Génesis 2:28), pero son igualmente valiosos solteros si esa es su decisión personal.  Es en la iglesia donde el hombre y la mujer pueden desarrollarse plenamente como tales, a través de Jesús, y ser plenamente hombres y plenamente mujeres, trabajando en equipo en la tarea que se les ha encomendado a los dos por igual (Mateo 28:19). 


En el modelo de la iglesia primitiva la cabeza de todo el cuerpo, de ambos, es Cristo, y no hay desigualdad por jerarquía de género. Hombres y mujeres deben ejercer sus dones en la iglesia. Como cristianos evangélicos creemos que no hay que limitar ni disimular el llamamiento de las mujeres y hay que buscar, para el bien común, que puedan desempeñarlos en plenitud. 


Bíblicamente entendemos que la elección y la capacitación por parte de Dios no tiene nada que ver con el género de cada uno, y se tienen que evitar en la iglesia situaciones que obstaculicen ese llamamiento. 


Hay que trabajar para eliminar estereotipos dentro de las congregaciones (por ejemplo, que las mujeres se encarguen de la limpieza, la cocina, o la enseñanza de niños y los hombres de la predicación y la enseñanza para adultos). Un modelo bíblico proveería que los niños tuviesen referentes masculinos como maestros, y que hubiera mujeres sirviendo en la enseñanza y predicación de la palabra en todas sus expresiones. 


La educación es fundamental para promover el cambio, el respeto y valoración de la mujer en la sociedad y en la iglesia. Desde los púlpitos hay que enseñar que el cambio debe empezar en la familia, en la educación de los hijos en la igualdad y el respeto, y la valoración mutua de niños y niñas. 


Se tiene que fomentar y propiciar que haya más mujeres en puestos de responsabilidad e influencia, y que tuviesen las mismas oportunidades de acceso por méritos propios y no por discriminación positiva. Abogamos porque haya más mujeres que se animen a tener un perfil público y de liderazgo en su entorno social y eclesial, para que puedan ser tomadas como referente, se les invite como conferenciantes en los congresos, en la presidencia de entidades y órganos de gobierno. 


El esfuerzo del cambio no tiene que realizarse solamente desde las mujeres, sino que también los hombres deben tomar su posición y abrir las puertas, y dejar espacio en los cargos de autoridad y en la toma de decisiones que ellos ya ocupan. 


Es necesario impartir cursos, conferencias, seminarios sobre la identidad y los roles del hombre y la mujer, para ayudarnos a conocer las diferencias y aprender a manejarlas. Se tiene que  considerar  un tema para hombres y mujeres, juntos, y no hacerlo solo asuntos de mujeres. 


Toda mujer tiene derecho a ser feliz. Ninguna está obligada por Dios a soportar el maltrato. Hay que dar formación en cuanto a la violencia de género, informar, formar y concienciar; desde la pastoral se tiene que proteger a las víctimas y llegar hasta las últimas consecuencias en el acompañamiento. 

Se debe favorece el sacar a la luz estos casos si los hay dentro de las iglesias y tener una presencia activa en la sociedad para defender y acoger a la mujer maltratada, forme o no parte de la congregación. 

Estamos absolutamente en contra de los que niegan la existencia de la violencia de género, o que la igualan a la violencia de mujeres contra hombres. 

Creemos que esto es una falsedad producto de una mentalidad machista, porque la violencia contra la mujer se sustenta en una sola razón: ser mujer. Nos apoyamos en los datos y en los estudios realizados en los últimos diez años, que son abrumadores. 

3 MENTIRAS QUE TODA MUJER HA CREÍDO

Mujer, día a día te tropiezas con las mismas frases que destruyen tu autoestima, con las mismas mentiras con las cuales diariamente tienes que luchar y hacerle frente para poder salir adelante y derrumbar esas barreras invisibles que te impiden valorarte y crecer como persona, ¡deslígate de esas ataduras!

Siguiendo el camino del evangelio, estamos llamados a marcar la diferencia, a no seguir la corriente. Si piensas ir en contra del mundo, necesitas la fortaleza interior necesaria para cada batalla que se presente en tu mente, teniendo la victoria en Cristo.

En la sociedad actual, la mujer sigue siendo muy denigrada y maltratada, he aquí 3 de las mentiras más comunes, que terminan enfermando millones de mentes: 

1) Vales por tu físico: 

La más común de las mentiras hacia la mujer es hacerle pensar que es más un “objeto” que una persona, que su etiqueta esta en lo visual. Haciéndoles creer que dependen de su físico, de una figura estándar y estereotípica para ser aceptadas, cuando no se preguntan “¿ser aceptadas por quienes o que?” Dios no mira nuestro cuerpo ni nos demanda de un físico excelente, sabemos que “el ejercicio físico aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo” 1 Timoteo 4:8 Necesitamos de un espíritu fortalecido, de unas fuerzas indomables y de una dulzura que quebrante todo corazón endurecido, recuerda que el Señor te ama y te acepta como eres, como te ha creado “Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé” (Isaías 43:4) ¿Qué precio te estás poniendo a ti misma? Tu valor no estará nunca en tu figura, lo estará en tu espíritu, igualmente tu belleza “El corazón alegre hermosea el rostro; Mas por el dolor del corazón el espíritu se abate.” Proverbios 15:13 ¡Eres una obra perfecta! Dios te ha moldeado, cada una de tus líneas, de tus cabellos, de tus defectos y virtudes, son obras de Dios. ¡Eres una obra de arte!, no tienes porque anexarle o quitarle algo a tu cuerpo, francamente si tuviera una obra de arte, no me gustaría que le anexaran nada.

2) No tienes valor:

Otro de las mentiras y pensamientos comunes que está sumergido en la mente de muchas mujeres es el “no vales nada”. Debemos darle frente a ello, no puedes seguir siendo denigrada, es suficiente con que te mientan otros, como para que tu también te mientas a ti misma, no te hagas el mismo daño que otros te hacen. Valórate a ti misma, provienes de un vientre, de unos padres que te aman desmedidamente. Provienes de un sitio que tiene abiertas las posibilidades para ti, de un Dios que te ha dado la vida, que ha dado todo por ti. Vales tanto, te ha amado tanto que dio a su hijo unigénito ¡por ti!. La biblia habla sobre el valor de las mujeres; “Mujer virtuosa ¿quien la hallará? porque su estima sobrepasa largamente a las de las piedras preciosas.” Proverbios 31:30 ¡Imagina el valor que tiene una mujer para Dios! ¿Sabías tu…? las mujeres son más valiosas que esas piedras preciosas para Dios, TU para Dios eres mucho más que un diamante, mucho más que una esmeralda , muchísimo más valiosa que un brillante, porque TU eres única , no existe otra igual a ti. Pues lo que TU vales para Dios, supera el precio y la belleza de cualquier piedra o joya habida y por haber en esta tierra. Si, tu… Esta explicación no es mera coincidencia y más que unas palabras de aliento, es una realidad que te presento.

3) Eres inferior:

Muchas veces podrán engañarte como persona haciéndote creer que eres inferior, aun en las iglesias se presenta actualmente, los casos de que consideran “indignas” a las mujeres, cuando Cristo en vida nos enseño y tenemos por ejemplo a la mujer del flujo de sangre, que por su fe fue sanada y redimida, dejo de ser “impura”, “indigna” o hasta “maldita” por su condición. Debemos de entender que Dios constituyo al hombre y a la mujer como uno, “Varón y hembra los creo y los bendijo” Génesis 5:2


“y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Génesis 2:24. Eres uno con tu pareja, con tu ayuda idónea. Pero en la soltería buscad la santificación, la mujer fue establecida y bendita será por el fruto de su vientre, por la luz que transmita y la autoridad establecida en su hogar. Bien sabemos que el varón es la cabeza de su mujer, pero no por ello la mujer pierde la autoridad en su hogar. El tema de la autoridad es un tema de orden, no acerca de quién es mejor o más importante. El marido es la cabeza de la mujer en la familia y tiene la responsabilidad de guiarla a una relación cercana con el Señor. Ambos tienen responsabilidad en la familia y ambos deben rendir cuentas delante de Dios, es el hombre quien representa la familia pero a la hora del juicio, ambos serán responsables. Uno no es más que el otro, ¡no permitas que te denigren! Ten en claro la importancia que tienes como mujer y lo valiosa que eres, no has de sentirte menos cuando Dios te levanta constamente. ¡Cristo nos ha redimido!

No hay razones por las cuales te denigres, bendita seas por ser una mujer virtuosa.

No creas en las mentiras que se te han ido implantando poco a poco por nuestro entorno, el enemigo va a decirnos lo mismo una y otra vez para derribarnos y desanimarnos, ¿en quien creerás? ¿qué voz piensas escuchar en tu vida? “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Jos. 1:9).

ALGUNOS HÁBITOS PARA MAMÁS

Un hábito es una costumbre, algo que hacemos sin pensar mucho en ello, algo para lo que hemos entrenado y que no nos cuesta trabajo llevar a cabo. Es algo intencional, que supone un esfuerzo mientras lo adquirimos, pero que nos aporta beneficios a largo plazo.

En nuestra vida como mamás, hay algunas cosas que podemos hace y que, si podemos convertir en hábitos, harán mucho más fáciles nuestros días. Si bien llegar a que estas cosas (o algunas de ellas según tu necesidad específica) se conviertan en algo habitual toma esfuerzo, trabajo y tiempo, una vez que las logremos, nos ayudarán enormemente.

1. Levántate antes que tus hijos.

Especialmente si son pequeños y muy especialmente si les gusta levantarse temprano.  Estas vacaciones han sido un desaaaaaatre para mí en cuanto a eso. Generalmente me acuesto sobre las 9 y me levanto sobre las 4:30-5. Pero últimamente paso despierta casi toda la noche y después, paso el día cansada y atrasada con todo. Mis hijos están llenos de energía y yo… no hay café que arregle cómo me siento yo.
Necesito volver a la rutina de acostarme temprano y levantarme temprano, eso me ayuda a que mi día vaya mejor porque me da tiempo a prepararme antes de que mi familia se despierte.
Haz de levantarte antes que los demás y de dormir bien un hábito y verás cómo tu día, automáticamente, mejora.

2. Ora y pasa tiempo con Dios

Otro desastre en este tiempo para mí…consecuencia directa del número 1. Cuando me levanto temprano y antes que el resto de la familia, tengo espacio para ese tiempo personal con Dios, para hacer mi devocional, para leer, para orar. Y, si no lo hago así, paso el día tratando de encontrar el momento…que, reconozco, a veces no llega.  
Sea cuando decidas tener tiempo personal con Dios, hazlo todos los días. No importa el momento, no importa la longitud, no importa el lugar. Lo que importa es que crees el hábito de pasar tiempo a solas con Dios todos los días. Piensa cuál es el momento del día que se ajusta mejor a tus necesidades y comprométete a reservar ese espacio para el Señor. Este será el hábito más importante de tu vida.


3. Planifica tu día y tu semana

Las planificaciones pueden ser tan detalladas o tan poco específicas como quieras. ¿Cómo funcionas mejor? ¿Con un horario exhaustivo que te marca hora a hora lo que necesitas hacer? ¿O con dos o tres ideas anotadas de cosas que debes lograr en el día? Sea como sea, acostúmbrate a hacer un plan para tu día o, mejor, para tu semana. Anota las cosas que sí o sí debes hacer y ponte de lleno a hacerlas. Anota ideas para tus menús, haz listas de compra, proyectos que necesites hacer en casa, reparaciones, reuniones, comidas especiales, celebraciones… ¡lo que esté en tu agenda!
Yo soy de las que funciona mejor con horarios detallados, pero, en estos días, me conformo con hacer una lista de cosas que tengo que hacer e ir tachando a medida que las hago. Y la sensación de tachar o poner una marquita al lado de lo que voy haciendo… ah, qué buena es.

4. Aprende a decir no.

Esta es una de las más difíciles para mí. Adoro los nuevos proyectos, las cosas interesantes, los retos… Me gusta hacer muchas cosas y hacerlas bien. Y eso demanda tiempo. Pero si algo he aprendido de la manera difícil, es que no lo puedo hacer todo. En estas vacaciones decidí no escribir en el blog, algo que me costó ¡y mucho! Pero decir que sí al blog implicaba decir que no a mi familia y estrechaba demasiado mi margen de maniobras. Así que, lo mejor, fue decir no.
¿Hay cosas en tu día a día –actividades, compromisos, proyectos…- que te roban demasiado tiempo y te hacen correr durante tu jornada? Entonces entrénate a decir que no e invierte tu tiempo de otra forma.


5. Encuentra tiempo para ti

Aunque sea por cinco minutos cada día, forma el hábito de hacer algo que disfrutes tú sola. Lee un libro, sal a caminar, pinta, borda, escucha música, haz manualidades… no sé cuáles son tus hobbies y aficiones. No las abandones, haz eso que tanto te gusta y te llena sin sentirte culpable por hacerlo sola… o por intentarlo, si tienes hijos pequeños ¡sabes a lo que me refiero!



6. Encuentra tiempo para tu vida en pareja.

Si tu día está tan lleno que no tienes tiempo para hablar con tu esposo o para pasar un tiempo a solas compartiendo con él… entonces algo va mal. La relación con tu esposo es la relación más importante después de tu relación con Dios. Haz el hábito de hacer cosas con tu esposo todos los días, de tener un tiempo especial de comunicación, de cariñitos, de compartir. Es necesario para el buen funcionamiento de tu familia.


7. Recuerda que no eres perfecta

Algo que también se me da mal J Oh esto debería venir de serie, pero no, es algo en lo que debemos trabajar. No somos súper woman, no somos perfectas, no lo tenemos todo bajo control.
Crea el hábito de pedir perdón y perdonar, de extender gracia a otros y a ti misma, de recordad que no, no eres perfecta y te equivocas. 

LAS 100 PRINCIPALES MUJERES DE LA BIBLIA

Si es cierto que las personas aprenden mejor por el ejemplo, aquí hay docenas de ejemplos de mujeres que cambiaron el mundo, ya fuese para bien o para mal. 

Estas breves biografías de las 100 principales mujeres de la Biblia, desde Abigaíl hasta Zilpá, están combinadas con pensamientos desafiantes, devocionales e inspiradores, para motivar.


Conoce a las grandes mujeres de la Biblia. A algunas, podrías abrazarlas, a otras, las admirarías y probablemente huirías gritando de unas cuantas.
Las mujeres de la Biblia son un grupo variado, desde la santa María hasta la poderosa Débora y la diabólica Jezabel. 

La mayoría de ellas ocupan menos tinta que sus homólogos masculinos, pero sus historias de antaño de amor y pérdida, de errores y misericordia, de temor y fe siguen siendo verdaderas en nuestra cultura del siglo XXI.

Famosas, no tan famosas, o infames, la vida de cada mujer ofrece una lección para ti en la actualidad. Acepta las verdades que descubras en “Las 100 Principales Mujeres de la Biblia”; y llega a ser más y más, cada dia, la mujer que Dios quiere que seas.

DOS DIMENSIONES DE LA IDENTIDAD

La identidad que hemos recibido del Señor tiene dos dimensiones: una que es interior e invisible, lo que somos; la otra que es exterior y visible, lo que hacemos. Tanto lo que somos como lo que hacemos debe estar en armonía, complementarse y también evidenciarse en nuestras vidas. No podemos esconder lo que somos ni avergonzarnos de lo que hacemos. Cuando escondemos lo que somos o nos avergonzamos de lo que hacemos, algo está mal dentro de nosotros. No tenemos bien afirmada nuestra identidad.
La Biblia dice en Efesios 5:2 cómo debemos vivir en acorde con lo que Dios ha establecido como nuestra identidad; que andemos en amor, en el fruto del Espíritu que “es en toda bondad, justicia y verdad” (v. 9). El fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre.
Vivir en el Espíritu es vivir en sintonía con nuestra verdadera identidad, la que Dios diseñó originalmente para nosotros y que está vigente hoy por la obra de Jesucristo.
Sugerencias para mantenerte viviendo en el Espíritu:
1. Ten una vida de devoción. Entra en intimidad con Dios. Allí donde nadie te ve y donde eres tú sin máscaras.
2. Afianza la paz interior. Busca la paz y síguela.
3. Reorganízate en forma más armónica por dentro y por fuera. En tu alma y en tu cuerpo.
4. Renuncia al materialismo: que el materialismo no sea tu dios.
5. Utiliza un lenguaje de bendición, como que ya eres una mujer bendecida.
6. No entres en luchas con cosas que ya están vencidas.
7. Vive sin miedo.

SE DESPIERTA LA LEONA

En Se despierta la leona, la autora y oradora Lisa Bevere ofrece la vida y la imagen de la leona como el modelo feroz y tierno de las mujeres. 

Al revelar las características sorprendentes de esta asombrosa criatura, Lisa desafía a las mujeres a descubrir fresca pasión, destrezas y propósito. 

También enseña lo que significa ser: una impresionante representación de fortaleza, proteger ferozmente a los jóvenes, prestar la voz a los que callan, vivir en la luz y cazar en la oscuridad, y elevar un clamor colectivo que lo cambia todo.

LA AVENTURA DE LA CASTIDAD

¿Insatisfecha? ¿Quieres una mejor vida?

Finalmente, un libro para mujeres solteras que, insatisfechas con vivir un estilo de vida mundano, quieren dar a sus vidas una dirección nueva y devota. 

La autora Dawn Eden, una periodista de rock, judía de nacimiento que se convirtió en la reina mordaz del blog cristiano, usando sus propias experiencias en la selva de solteros de la ciudad de Nueva York, muestra a las mujeres cómo ellas también pueden pasar de la inseguridad a la pureza, de la tristeza al nuevo nacimiento. Ella les dice a las mujeres que se las saben todas cómo encontrar su camino a casa.

La aventura de la castidad no es un libro para doncellas delicadas con vestidos blancos de encaje que están esperando pacientemente a su apuesto príncipe. 

Esto es para mujeres reales que necesitan mensajes fuertes, motivacionales y profundamente morales para contrarrestar los que reciben de un mundo superficial obsesionado con el sexo.

MUJERES SOLTERAS

Resultado de imagen para mujeres solterasA medida que el porcentaje de mujeres solteras aumenta en el mundo, también aumenta el número de ellas que dicen: “Señor, tú dijiste que concederías los deseos de mi corazón. ¿Por qué sigo soltera?”.

En nuestra sociedad actual la soltería es como una nube invisible que denota un fracaso. Es como una especie de plaga. Pareciera que un manto de negatividad cubriera a aquellos que no mantienen una relación. Incluso en la Iglesia se recalca tanto el fortalecimiento de los matrimonios y las familias lo cual sin duda es muy necesario, que muchos solteros quedan con la percepción de que hasta que no se casen y tengan su propio hogar no estarán completos. Están como en un limbo, caminando con signos de interrogación sobre sus cabezas.

Como mujer soltera escribo esto con la propiedad de la experiencia. Le digo al Señor: Aunque esté casada o soltera, “te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien” (Salmos 139:14). Sin embargo, entiendo perfectamente cómo se sienten muchas mujeres solteras cuando la gente les pregunta: “¿Y estás casada?”, o “¿Y cuándo te casas?”. En su defensa, me gustaría mencionar algunas razones del aumento actual del número de solteros.

Primero, muchas personas tienen expectativas poco realistas sobre las relaciones. En nuestra rápida sociedad actual, las mujeres son bombardeadas constantemente con imágenes de perfección en la televisión, las películas y las revistas; e incluso por Facebook, Twitter e Instagram. Debido a esto, para poder atraer a un “hombre adecuado”, y que esté disponible, las mujeres son presionadas a ser las más hermosas y activas. Algunas recurren a cirugías plásticas para obtener la figura perfecta, como si estuvieran en alguna clase de competencia para alcanzar el cuerpo perfecto.

Pero un cuerpo perfecto no les conseguirá un hombre perfecto, ni hará que tengan un matrimonio feliz. Dios nos ha dado a todos lo que necesitamos para cumplir su voluntad para nuestras vidas. Eso significa que la persona que Él tiene para usted la encontrará atractiva sin necesidad de recurrir a artificios adicionales. Además, no hay matrimonio que no pase por momentos difíciles. Por eso es que la Biblia nos pide que nos deleitemos en el Señor, y no en nuestro cónyuge. Él es el único que puede satisfacer realmente los deseos de nuestro corazón.

Segundo, ha habido un férreo ataque espiritual sobre los hombres y la hombría. No podemos ignorar la dolorosa realidad de que muchos hombres en edad de casarse no están disponibles por algún motivo. Una cantidad desproporcionada de hombres afroamericanos e hispanos están siendo encarcelados, y un creciente número de hombres están escogiendo estilos de vida alternativos. Algunos hombres son abiertamente homosexuales, mientras que otros son bisexuales y mantienen sus relaciones con el mismo sexo y su confusión sobre su identidad sexual en secreto. Al hacerlo, exponen a sus esposas al descalabro emocional y a enfermedades de transmisión sexual.

Pero no me malinterprete: Yo tengo el mayor respeto, amor y consideración por los hombres. Los hombres han sido hechos a la imagen de Dios. Hay hombres de Dios seguros, bien parecidos y fuertes que desean casarse. Yo simplemente estoy siendo honesta sobre las dificultades que enfrentan muchas mujeres solteras al tener que elegir en un redil cada vez más carente de candidatos que sean temerosos de Dios.

Esto nos lleva a otro grupo que llamaremos los “conquistadores”. Estos hombres están en una categoría especial. Ellos están al tanto del déficit de hombres elegibles, y por lo tanto, se consideran una clase de producto. Estos hombres suelen cortejar a diferentes mujeres simultáneamente, sin la mayor preocupación del dolor que puedan causar. Utilizan libremente a las mujeres para su ganancia personal, dejando que estas les compren de todo, desde teléfonos celulares hasta automóviles de lujo.

Han perfeccionado sistemáticamente el arte de la seducción, diciendo exactamente las palabras que las chicas quieren oír. Los conquistadores saben cómo mantener a las mujeres jóvenes esperanzándolas con aquello que ellas más desean: un compromiso. A menudo los conquistadores hacen esperar a las mujeres durante años, usando la esperanza como anzuelo. Les dan la suficiente esperanza como para mantenerlas bajo su control. El problema es que esperanzan a múltiples mujeres simultáneamente, a menudo en diferentes lugares e incluso ciudades.

Para un conquistador el compromiso representa la posible pérdida de varias fuentes de ingreso provenientes de otras mujeres. No desea comprometerse con una mujer porque eso requiere finalizar con otras relaciones lo que por ende le quitaría sus beneficios.

Estos conquistadores operan bajo lo que yo llamo un espíritu de casanova. El objetivo de este espíritu es seducir a mujeres solteras cautivándolas con palabras que ellas anhelan escuchar. El idealismo y el romanticismo pueden nublar el buen juicio de las mujeres solteras. La imagen del vestido de bodas blanco y del que será su nuevo hogar es una constante en la mente de muchas mujeres. El deseo de tener una familia e hijos y la presión del reloj biológico hace que muchas terminen con el hombre equivocado y tolerando comportamientos inaceptables. Es verdaderamente triste ver mujeres soportando maltratos y malgastando un tiempo valioso esperando una propuesta que jamás llegará.

“De tin marín de do pingüé” es el nuevo dilema que se ha presentado debido a la gran cantidad de mujeres atractivas y disponibles. Casanova se siente como un niño en una dulcería, ando vueltas buscando pero incapaz de escoger y de comprometerse. Este espíritu no es solo indeciso, sino retorcido, ya que ata a varias mujeres a la vez, inocentes todas de que él está viendo a otras mujeres simultáneamente.

A mí me sorprende ver la manera en que este espíritu de casanova obra. Se alimenta de la creencia de que una mujer está incompleta si no está casada. Las Escrituras nos dicen que en Él somos completos, estemos casados o no (Colosenses 2:10). Muchas mujeres solteras son hoy profesionales e independientes económicamente. Son talentosas e inteligentes, y aun así sienten que les falta algo. Doy gracias a Dios porque hay cristianas talentosas e inteligentes que tienen respeto propio y altos valores morales. Como lo dice Proverbios 31:25: “Se reviste de fuerza y dignidad, y afronta segura el porvenir” (NVI). Esos son precisamente los atributos que el enemigo quiere robarles a las mujeres solteras. El plan del enemigo es dar la impresión de que el hecho de ser una mujer cristiana salva, pero soltera, es una terrible desventaja. No crea en esa mentira. Personalmente puedo decir que es un gozo extraordinario servir a Dios y alcanzar a la humanidad como soltera. La Biblia dice que ser solteros tiene sus beneficios. Como lo afirma el apóstol Pablo, la mujer soltera se puede ocupar de las cosas del Señor (ver 1 Corintios 7:34). Es verdad que hay un grupo de solteras que encuentran genuina satisfacción en el trabajo del ministerio, pero independientemente de que estemos casadas o solteras, debemos sentirnos conformes (Filipenses 4:11). Las que desean casarse y se preguntan cuándo Dios les dará un esposo, deben saber lo siguiente: Dios las ama, y Él tiene a un hombre de Dios para ustedes que no jugará con sus emociones, y que las honrará, amará y respetará. Estén tranquilas.

Isaías era un verdadero profeta de Dios, y parecía como si hubiera vivido en nuestros días. Profetizó: “Echarán mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; solamente permítenos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio” (Isaías 4:1). Debido al desequilibrio entre la cantidad de solteras cristianas para la cantidad de solteros cristianos, pareciera haber un creciente espíritu de desilusión que produce desesperación, especialmente entre las mujeres que sienten que cuentan con un tiempo limitado para comenzar una familia.

La Biblia dice: “Así son los que van de casa en casa cautivando a mujeres débiles cargadas de pecados, que se dejan llevar de toda clase de pasiones” (2 Timoteo 3:6, nvi). Tal vez usted se pregunta: “¿Qué es una mujer débil?”. En el original griego se usa la expresión “mujercillas”, que denota mujeres que tienen poco respeto de sí mismas. También se define como “mujeres de voluntad vulnerable”. Y una mujer de voluntad vulnerable, según la Biblia, es una mujer ingenua. Ingenua significa simplemente que puede ser engañada o seducida fácilmente. Las mujeres ingenuas tienen la tendencia a creer todo lo que los hombres les dicen sin cuestionarlo. A las mujeres ingenuas se les dificulta resistirse a las palabras cautivadoras de los hombres lujuriosos. Muchas caen presas del espíritu de lujuria por su incapacidad de resistirse.

La tarea del enemigo es tomar a las mujeres solteras de Dios y hacer que sucumban a la presión de involucrarse emocional (y físicamente) con alguien que no es del agrado de Dios para ellas. Fíjense en el proceso: El enemigo produce desánimo por el estado de soltería de la mujer. Producto de la lástima por su condición, esta comienza a salir con alguien que no ama a Dios o que no está comprometido en seguir su Palabra. Ella piensa que Dios no complacerá los deseos de su corazón, así que le entrega su corazón a alguien que no es el que Dios quiere para ella. Incluso puede caer en pecado sexual, el cual no solo es un pecado contra Dios, sino contra su propio cuerpo.

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El enemigo es astuto, y usará cualquier argucia para sacarnos del carril. No se desanime. Si usted ha caído en la trampa de las malas relaciones en el pasado, tal vez con un casanova, no deje que la rabia se apodere de su corazón. Recuerde que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman y que son llamados de acuerdo con su propósito (Romanos 8:28). Todas las experiencias que vivimos tienen un propósito. No se trata de usted. Dios permite que usted pase por ciertas pruebas a fin de que pueda ayudar a otros que están pasando por la misma situación. Asimile las lecciones que aprendió durante los períodos difíciles de su vida. 

Si usted cayó en la trampa del enemigo y se involucró con el hombre equivocado, arrepiéntase, perdone a quien le haya hecho daño, y perdónese usted misma. Luego siga adelante. La Biblia dice que Dios tiene buenos planes para nosotros (Jeremías 29:11). Estas palabras son para usted, aunque haya cometido errores.

10 MENTIRAS QUE LA IGLESIA LES DICE A LAS MUJERES

El Evangelio nunca fue escrito con el propósito de restringir a la mujer en la búsqueda de Dios o en prevenirla a que cumpliera su destino divino. En este poderoso libro usted aprenderá cómo los estigmas culturales, el orgullo masculino y la malinterpretación de la Biblia han paralizado a las mujeres que tienen un llamado de parte de Dios


DIOS CAMBIA SU RUTA POR TI

En la Biblia, hay una mujer que fue expuesta. Se estaba escondiendo porque había hecho algunas cosas incorrectas; había tenido cinco maridos y tenía un sexto.
Podemos asumir que, tal vez, esta chica no era muy querida en su ciudad, en Samaria. Podemos asumir que era difícil estar en medio de las otras mujeres; alguna de ellas habrá dicho alguno que otro chisme de ella. Cuando iba a las horas indicadas para recoger el agua, seguramente las demás la miraban mal. El conducirse en medio de la gente tiene que haber sido muy difícil para ella.
Jesús, de camino a Galilea, cambio su ruta. En lugar de ir por el camino más recorrido, por el camino más corto, decidió ir por otro camino y detenerse en Samaria en la hora donde nadie iría a recoger agua al pozo, solo aquella mujer a la que estaba escondiéndosele todo el mundo. Él quería exponerla porque él había depositado un brillo en ella, una luz que no estaba para ser escondida.
Lo grande es que, cuando él llego hasta allí aquella mujer se sorprendió y habló. En aquella cita divina, primero, el pecado de esta mujer fue limpio en su totalidad y, segundo,  lo que dio paso a la limpieza de su pecado fue que ella tenía el conocimiento que había un Mesías; ella sabía que había uno que vendría a hacer la diferencia en su vida. Ella no estaba allí como una causa perdida; salía a buscar agua porque ella sabía que un día su vida iba a ser diferente, sabía que un día las cosas iban a cambiar. Le habían anunciado que vendría uno que haría que todo fuera completamente diferente.
Para ella poder brillar y no estar escondida, Cristo tuvo que hacer un trabajo de limpieza en el corazón de esta mujer. Ella no se mezclaba con la gente, porque su vergüenza no le permitía estar en el medio de la gente. La limpieza que Cristo hizo removió de ella toda la vergüenza que podía sentir hasta ese día, día en que se encontró con Jesús.
Cuando estuvo delante de la presencia del Señor, aquella vergüenza fue quitada al instante y el carisma que la había llevado a cometer tantos errores, que la había llevado a ser, probablemente, una de las mujeres más odiadas de su pueblo, fue el mismo carisma que la llevó a predicar el evangelio a todo el que se cruzó en su camino; hasta el punto que pudo alcanzar una ciudad completa para nuestro Señor.
Mujer, si hay algo que te avergüenza, algo que te detiene, alguna decisión de tu pasado, algún error público o privado que atormenta tu vida, Jesús mismo hará la obra. Él removerá toda mancha de tu mente, de tu pasado, toda vergüenza que albergas en tu corazón, todo lo que te detiene. Dios va a hacer de ti, una nueva mujer.

ORACION POR LA MUJER


Gracias, Dios Padre Bueno, 


por el amor que nos tienes;
porque nos has creado 


a tu imagen y semejanza
en la condición de varón y mujer;
para que, reconociéndonos diferentes,
busquemos complementarnos:
el varón como apoyo de la mujer
y la mujer como apoyo del varón.

Gracias, Padre Bueno, por la mujer 
y su misión en la comunidad humana.

Te pedimos por la mujer que es hija:
que sea acogida y amada 
por sus padres,
tratada con ternura y delicadeza.

Te pedimos por la mujer que es hermana:
que sea respetada y defendida por sus hermanos.

Te pedimos por la mujer que es esposa:
que sea reconocida, valorada y ayudada por su esposo,
compañero fiel en la vida conyugal;
que ella se respete y se dé a respetar,
para vivir ambos la comunión de corazones y anhelos
que se prolongan en la fecundidad de una nueva vida humana,
participando así en la máxima obra de la creación: el ser humano.

Te pedimos por la mujer que es madre:
que reconozca en la maternidad el florecimiento de su feminidad.
Creada para la relación,
sea sensible, tierna y abnegada en la educación de cada hijo;
con la dulzura y la fortaleza,
la serenidad y la valentía,
la fe y la esperanza
que van forjando la persona, el ciudadano, el hijo de Dios.

Te pedimos por las mujeres buenas y generosas
que han entregado su vida para realizar la nuestra.

Te pedimos por las mujeres que se sienten solas,
por las que no encuentran sentido a su vida;
por las marginadas y usadas como objeto de placer y de consumo;
por las que han sido maltratadas y asesinadas.

Te pedimos, Padre Bueno, por todos nosotros, varones o mujeres;
que nos sepamos comprender, valorar y ayudar mutuamente,
para que en la relación, amable y positiva,
colaboremos juntos al servicio de la familia y de la vida.

Amén.

PATRIARCA O ESPOSO?

Resultado de imagen para hombre protectorHoy día millones de hombres cristianos creen que su espiritualidad se mide por el nivel de control que puedan ejercer sobres sus esposas y basan sus creencias en una interpretación equivocada de las Escrituras. Piensan que son verdaderos “hombres de Dios” porque nunca escuchan el consejo de sus esposas y no permiten que las opiniones de estas “atenten”  contra la masculinidad que Dios les dio. ¿De dónde sacan la idea de que este estilo autoritario de liderato se parece aun remotamente al estilo de Cristo?

La perspectiva patriarcal y rígida de la familia cristiana dice que los hombres han sido colocados por Dios en el rol de jefe y proveedor a tiempo completo. El papel de esposo, según el modelo conservador, es dirigir y proteger a su esposa, mientras  que el de ella  es confiar en él y someterse a su autoridad en todo momento sin cuestionar.

Esta perspectiva se ha derivado de la mala interpretación de las palabras de Pablo en Efesios 5:23-28:  “Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama”.

No podemos entender el significado completo de este pasaje bíblico sin leerlo a la luz de su contexto cultural. Tenemos que recordar que en el momento que Pablo pronunció estas palabras (probablemente en el 60 d. C.), las mujeres no tenían ningún derecho en la sociedad y se consideraban propiedad de sus padres o esposos.  Los hombres pensaban que las mujeres eran ignorantes (y muchas de ellas realmente lo eran debido a que los  hombres no les permitían educarse).

Durante el primer siglo los efesios estaban sumergidos en las culturas griegas y romanas. Los griegos veían a las mujeres con desdén y los romanos enseñaban que las esposas debían mantenerse en su lugar como inferiores. Plutarco, el filósofo romano, creía que la mujer “debía hablar o a su esposo o a través de su esposo”. Una vez en un discurso, el famoso Catón le advirtió a los líderes romanos: “Tan pronto como [las mujeres] comiencen a ser sus iguales, se convertirán en sus superiores”.     

En el tiempo del Nuevo Testamento, la idea del hombre de “gobernar la familia” era mantener a su esposa encerrada en la casa para hacer las labores agotadoras, atender la granja familiar, proveer gratificación sexual y tener tantos hijos como él quisiera  para tener suficientes obreros para recoger las cosechas. Si moría en el parto, buscaba otra esposa. Si no lo satisfacía en la cama, buscaba una mujer más joven fuera de la casa que complaciera sus necesidades sexuales.

Sin embargo, cuando Pablo trajo el mensaje cristiano a los efesios vino con un modelo de familia radicalmente nuevo que iba a la misma médula de lo que estaba mal con el mundo: “Maridos, amad a vuestras mujeres...”. ¡Quizás no nos damos cuenta de lo revolucionarias que fueron estas palabras en el primer siglo!

Fue aún más revolucionario cuando Pablo le dijo a los hombres efesios que amaran a sus esposas “como a sus mismos cuerpos” (v. 28). Esto significaba que el hombre y la mujer eran iguales. Significaba que los hombres cristianos tendrían que romper su mentalidad pagana del Oriente Medio y dejar de mirar a sus esposas como si fueran animales inferiores sin cerebro. Las sencillas palabras de Pablo hicieron añicos la raíz del prejuicio por sexo.

Y cuando Pablo le dijo a los hombres que amaran a sus esposas “como Cristo amó a la iglesia”, implicó algo aún más revolucionario: las mujeres eran tan merecedoras de la gracia de Dios como los hombres. Encontramos en estos tiernos versículos el fundamento para la idea cristiana de la igualdad de los sexos.

En este pasaje Pablo estaba declarando que el hombre no estaba más “sobre” la mujer. Los esposos no podían dominar más a sus esposas o tratarlas como esclavas. Ahora que Jesucristo había venido, la maldición del  dominio sobre la mujer que comenzó en el jardín del Edén se había roto. ¡Se le devolvió a la mujer un lugar de respeto y dignidad! Esto fue una buena noticia para las mujeres de Éfeso y es una buena noticia para las mujeres de hoy.    

Pero si esto es cierto, ¿por qué Pablo todavía dice que el hombre debe servir como “cabeza” de su esposa? ¿Acaso eso no le da el derecho a dominarla? Eso depende de si queremos el modelo de liderazgo cristiano o el secular.

El esposo sí funciona como un líder. Pero el Evangelio de Jesucristo —quien fue el máximo ejemplo de un compasivo “líder servidor”—no permite que el esposo imponga su liderazgo de una manera autoritaria ni que el hombre vea su rol de “cabeza” como una jerarquía dada por Dios que lo coloca sobre su esposa para dominarla o negarle sus derechos.

En otras palabras, el ser la cabeza del matrimonio  en el sentido bíblico verdadero puede verse solo si el esposo: (1) reconoce que su esposa es su igual, (2) la ama sacrificadamente, (3) le da poder a su esposa al permitirle compartir su autoridad.

¿No es esto lo que Jesús hizo por la Iglesia? Él accedió a dejar las glorias del cielo y tomar forma de hombre. Se dio voluntariamente para morir en la cruz y luego le concedió a sus seguidores su autoridad divina, haciéndolos coherederos de su Reino. Este es el modelo que deben seguir los esposos cristianos. Primero deben humillarse y reconocer que sus esposas están en el mismo lugar que ellos. Luego deben concederle a sus esposas la misma autoridad de ellos para que de esa manera puedan gobernar juntos. Esto es ser “cabeza” a la manera de Cristo.

AYUDA IDONEA

El verdadero ataque del enemigo en contra de la mujer nunca ha sido contra la vida de la mujer, sino contra su potencial. El enemigo sabe que si una mujer desarrolla su potencial, los hijos salen hacia adelante, el matrimonio está a salvo, la familia está guardada.

En Génesis 3, vemos que Dios dijo que pondría enemistad entre la serpiente y la mujer, y entre sus simientes. La mujer la heriría en la cabeza, y la serpiente en el calcañar.

De la mujer iba a salir Aquel que vencería al enemigo, Aquel que le aplastaría la cabeza. Por eso, el enemigo trató de detener el potencial de la mujer. Porque en una mujer está el potencial de dar a luz aquello que te hace libre, que te liberta, que trae bendición. No podemos tomar por poco lo que Dios ha depositado en nosotras.

Cuando vamos al Génesis, vemos que Dios le dio autoridad a Adán sobre toda la creación. Le dio autoridad sobre los animales; fue Adán quien les puso nombre a todos los animales que hay sobre la faz de la tierra. Dios le dio autoridad incluso sobre la tierra misma. Pero todo esto pasó antes de que la mujer fuera creada, porque Dios nunca le dio al hombre la autoridad sobre la mujer.

Si bien es cierto que Dios dijo también a la mujer que su marido se enseñorearía de ella, no es menos cierto que el señorío de hombre sobre la mujer es consecuencia de la maldición.

Cuando el hombre pecó, se desalineó su relación con Dios, y por ende todas sus relaciones. Se desalineó su relación con los animales, su relación con la tierra. Ahora cosecharía de la tierra cardos y espinos, con el sudor de su frente. Y el hombre se desalineó también en su relación con la mujer. El producto del pecado fue un desbalance.

Todo se salió del lugar donde debía estar, y una de las cosas que se salió de orden fue la posición de la mujer. Ahora, igual que Dios nunca le dio autoridad al hombre sobre la mujer, Dios nunca le dio autoridad a la mujer sobre el hombre. Dios le dijo que fuera ayuda idónea. La labor de una mujer es siempre contribuir. Y, cuando una mujer no está contribuyendo, no está siendo de bendición, de ayuda, sino que está siendo piedra de tropiezo, si hay alguna Dalila que lo que hace es sacar los ojos, es una mujer que está desalineada.

El propósito de Dios sobre la mujer es ser bendición, ayudar, contribuir.

En la creación, Dios vio que los cielos eran buenos, que la tierra era buena, que las lumbreras eran buenas, que los animales eran buenos, que las aves eran buenas, que los peces eran buenos, que la separación de las aguas eran buenas, que el día era bueno, que la noche era buena, que el hombre lo había hecho bueno, pero lo único que vio que no estaba bien era que el hombre estuviera solo, y puso algo que llenó ese vacío.

Adán tenía una relación perfecta con Dios y, aún así se sentía solo. Cuando Dios buscó ayuda idónea, no buscó ayuda idónea solo para Adán; Dios buscó ayuda idónea para sí mismo, porque fue con la mujer que él pudo resolver lo único que no le salió bien en la creación, que fue que el hombre estuviera solo.

Una mujer que entiende su propósito, no solamente es ayuda para su familia, es ayuda también para su Dios.

LA CULPA DE LA MUJER

La sociedad en la que vivimos siempre busca culpar a la mujer. Eso fue lo que sucedió en Génesis, cuando el hombre pecó; lo primero que hizo fue señalar con el dedo a la mujer. Sucede hoy en día con muchos de nuestros problemas sociales donde el hombre, en vez de tomar la responsabilidad que le corresponde diciendo: Yo hice mal; lo que hace es señalar al más frágil. Por esto, hay muchas mujeres que cargan con culpas que no le pertenecen. Es triste vivir en una sociedad que, buscando una solución para un problema inmediato, lo que hace es acusar y responsabilizar a su madre, a su esposa, a sus hijas.

La mujer no puede seguir cargando con las culpas sociales del mundo.
Juan 8:1 nos relata sobre una mujer adúltera que es juzgada por la sociedad, queriendo apedrearla, a pesar de no haber cometido el acto por sí sola. Esta es una estampa de lo que se vive en el día a día, aunque no vivamos en una sociedad donde se apedrea a la gente.

Imagino a aquella mujer frente al Maestro, bajando su cabeza, su rostro quizás llorando, no solo por la vergüenza, sino porque, en más de una ocasión, ella tuvo que haber visto una acusación similar.

¿Cuánto tiempo puede durar el cuerpo de una mujer siendo apedreado vilmente por una sociedad que no se daba cuenta que aquello era un acto de crueldad? Lo que nos relata la biblia no es muy diferente a lo que vemos hoy. Ponemos una responsabilidad sobre la mujer que no le corresponde.

Vemos familias completas sostenidas financieramente por una mujer, porque hay un hombre que abandono el hogar. Hijos educados 100% por una mujer, porque hay hombres que no se ocupan de sus hijos, porque no tienen la oportunidad, ni la sabiduría, porque no han tenido al Señor. Esa es la sociedad donde vivimos, donde hay grandes sentimientos de abandono, de abuso, de rechazo, de frustración natural y espiritual.

Muchas veces, las mujeres entregamos nuestros sueños para ver cumplidos los de nuestros esposos y los de nuestros hijos. Todos conocemos alguna mujer que trabajó hasta el cansancio para sacar adelante a sus hijos. Muchos somos producto de una mujer que se encargó 100% de nosotros.

En toda historia de éxito, siempre hay una mujer, una mamá, una hermana, una esposa, una abuelita, una hija. Todos nuestros éxitos están atados a nuestra relación con una mujer. De la misma manera que, lamentablemente, nuestras más grandes frustraciones están atadas a nuestras relaciones disfuncionales con los hombres.

Dios nos da la sabiduría para alinearnos, para volver al balance, para volver al lugar que nos corresponde con Él. Dios levanta hombres que entienden que tienen un trabajo que hacer con su familia. Se levantarán hombres que entienden que tienen un deber con su esposa, sus madres, sus hermanas y sus hijos.