AMAR A TU ENEMIGO

¿NUESTRO MAESTRO REALMENTE DIJO QUE DEBÍAMOS AMAR CON CARIÑO Y AFECTO A TODOS, INCLUIDOS NUESTROS ENEMIGOS, VIOLADORES Y OPRESORES?

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Realmente Jesús nunca dijo que debemos amar a todos. Es la religión cristianista (la del Cristianismo) la que dice que Jesús ordenó a sus seguidores a amar con afecto a todo mundo, incluso a aquellos que te violentan y abusan de ti. Pero eso es falso. Eso no fue lo que dijo originalmente el Maestro en su idioma vernáculo, el arameo.


Lo que él dijo fue וְאָהַבְתָּ לְרֵעֲךָ כָּמוֹךָ (Ve’ahavtá lere‘ajá kamója), "Y amarás a tu prójimo [reaj] como a ti mismo”. La máxima aparece originalmente en Levítico 19:18 (“No te vengarás ni guardarás rencor… sino amarás a tu prójimo como a ti mismo.”) En el Nuevo Testamento, Jesús cita este mandamiento como el segundo más grande (Mateo 22:39; Marcos 12:31).


Pero la palabra רֵעַךָ (re‘ajá) no significa "cualquier persona", sino tu "réaj", es decir, “tu prójimo, tu compañero o compañeros de viaje, tu comunidad, tu círculo de confianza". Fue la Reina-Valera la que extrapoló este significado haciéndolo incluir a todo el mundo.


El mensaje original del Maestro era un llamado a la integridad comunitaria, pero fue torcido para exigirnos un imposible sometimiento emocional hacia los que nos violentan. Ese cambió rompió las fronteras humanas y le dio a la religión el control, incluso para violentarnos. Así, se te dice que si resistes la corrupción y la opresión, no tienes amor.


Sin embargo, nuestro maestro Yeshúa nunca enseñó que debes amar a tu opresor, dándole afecto y cediendo a su sometimiento. Lo que enseñó fue a ENFRENTAR AL OPRESOR CON AMOR, que no es lo mismo. Nos invitó a disciplinar nuestro corazón, de modo que el odio y el deseo de venganza destructiva no nos gobierne. De lo que habló fue de fortaleza frente a la opresión y la violencia, no de debilidad; de sabiduría, no de sumisión. El Maestro, en su idioma original enseñó respeto por tu círculo, por tu comunidad; compasión, pero sin rendir tu verdad. Fue la Reina-Valera la que cambió la idea original por sometimiento al poder. Pero el mensaje de nuestro Yeshúa nunca fue así de simplón e ingenuo. Su mensaje fue: "Sean justos y bondadosos, pero inquebrantables en su carácter".