ESPIRITUALIDAD MENTIROSA

Vivir de cara a Dios, pero de espaldas a las problemáticas del hombre sin pensar en el mundo sufriente, es vivir una espiritualidad mentirosa.
La verdad es que muchos que se llaman cristianos pueden estar, desgraciadamente, viviendo una espiritualidad falsa. Suena fuerte, pero cuando se quiere vivir una espiritualidad mirando sólo a Dios y con una falta de compromiso con el prójimo en medio de un mundo de dolor en donde hay tantos problemas, tantas injusticias, tanta opresión, tanta pobreza y tanta marginación, es seguro que no estamos viviendo la auténtica espiritualidad cristiana. Será otra espiritualidad, otra mística, otra forma de estar alumbrado por no sé qué tipo de luz, pero no es la espiritualidad que deben tener los seguidores del Maestro. 

La auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana debe tener como referencia lo que nos enseñó Jesús: El amor a Dios y el amor al prójimo debe estar en relación de semejanza. Lo demás serán misticismos, intentos de autopurificarse o de autojustificarse, porque la auténtica espiritualidad que deben vivir los creyentes tiene, necesariamente, dos polos que han de estar equilibrados, en el fiel de la balanza: La semejanza que hay entre el amor a Dios y el amor al prójimo. Yo soy un cristiano que da mucha importancia al culto a Dios, incluso a la práctica del ritual. Me gusta direccionarme hacia lo alto en adoración al Creador. Sin embargo, Dios rechaza nuestro culto y adoración si olvidamos que el amor al prójimo está en relación de semejanza con el amor a Dios.  

En la espiritualidad cristiana no se puede olvidar al hombre, auténtico lugar sagrado. No podemos alabar mientras damos la espalda al grito de los pobres, de los oprimidos, los torturados o maltratados, los excluidos y despojados del mundo, los apaleados y robados.   Caminaremos a nuestro culto en medio de una mentira si, de forma prioritaria, no nos paramos ante el prójimo y no somos movidos a misericordia. No se puede buscar el amor de Dios cuando pasamos de largo ante el prójimo que nos necesita. El que dice que ama a Dios y pasa de largo del hermano en necesidad, es mentiroso. 

Nos ponemos un manto religioso que no nos cubre nuestras vergüenzas, porque es el manto de la mentira. Yo creo que en el mundo hay personas que, conociendo el cristianismo y sus implicaciones de amor al prójimo, cuando ven a personas que se manifiestan o confiesan como cristianos sin dar esos frutos de projimidad y sin pararse ante los gritos de los empobrecidos de la historia, piensan que esa manera de intentar vivir la espiritualidad cristiana es una mentira. 

¿Hay culpables de que, algunas personas sencillas, vivan una espiritualidad de mentira sólo enfocada al ritual y al culto dando la espalda al hombre que sufre? Yo, lógicamente, no quiero buscar culpables, pero quizás nuestra exposición de la doctrina cristiana, nuestra teología y la enseñanza bíblica en general, a veces carece de estar equilibrada haciendo que el fiel de la balanza entre el amor a Dios y el amor al prójimo estén en total desequilibrio. 

Vivir de cara a Dios, pero de espaldas a las problemáticas del hombre sin pensar en el mundo sufriente, es vivir una espiritualidad mentirosa. Un cristiano que conoce y quiere practicar los valores del reino que nos enseñó Jesús a través de sus enseñanzas y de sus ejemplos de vida y prioridades, no puede pasar de largo ante el hombre sufriente, no puede dar prioridad al ritual frente a la práctica de la misericordia. Estaría cayendo en la vivencia de una espiritualidad mentirosa. No se puede vivir la espiritualidad cristiana mutilando el Evangelio. ¡Cuidado! Podemos estar cayendo en la tragedia de ir construyendo una espiritualidad mentirosa. También, no poner en relación de semejanza el amor a Dios y el amor al prójimo, es estar practicando un amor mentiroso. 

No se puede basar nuestra espiritualidad cristiana en un sentimiento de amor a Dios que, si no somos responsables y solidarios para con el prójimo, es también la vivencia de una mentira. 

¿Qué tipo de espiritualidad estamos trabajando y viviendo? Yo creo que la iglesia, para colaborar en el hecho de que los creyentes vivan una espiritualidad verdadera, no debe enseñar solamente una espiritualidad consoladora y que intente tener gozosos a sus miembros sólo con la esperanza de la vida eterna. La iglesia tiene que enseñar y construir trabajando y hablando de lo imprescindible que es el compromiso cristiano con el mundo sufriente, con el prójimo en necesidad que, muchas veces, se nos muestra como colectivo. 

Los robados, apaleados y tirados al lado del camino, deben estar en el centro de nuestra espiritualidad en semejanza con el mismísimo amor a Dios. Hay que trabajar en la iglesia no solamente el tener una especie de estado de felicidad, sino el saber que debemos estar “a disposición de”, sirviendo en el mundo, trabajando hasta llegar cansados a la presencia del Señor por haber estado siendo sus pies y sus manos en medio de un mundo de dolor. 

El cristiano no debe estar nunca como un ser callado, quieto y paralizado ante el mundo. Éste, necesita su compromiso. Lo otro, sería vivir una espiritualidad de mentira.

POR 13 RAZONES: BULLYNG, SUICIDIO Y REFLEXIONES


Resultado de imagen para 13 reasons whyUn microcosmos, el de un centro de secundaria norteamericano, donde las vidas se enredan y la búsqueda del sentido de pertenencia, del amor y de una explicación para la existencia dejan algunas almas heridas por el camino. Un microcosmos en el que cualquier referencia a Dios ha sido obviada y en el que la moral predominante se ofrece sin referencias y por tanto resulta más vulnerable y es retada continuamente. De hecho, bajo una apariencia de comunidad feliz la vida se muestra como una batalla carente de sentido en la que hay una élite de triunfadores, una masa de adocenados aduladores y un reducto de lúcidos extraviados. Adscrita a este último grupo, Hannah Baker no ha podido soportar la amargura de los abusos sufridos, la generada por sus propios errores y la angustia vital de una edad difícil. Antes de quitarse la vida, grabó 13 cintas donde pone rostro y nombre propio a las 13 Razones que la llevaron a tomar tan drástica decisión. El destinatario de la cinta número 11, Clay Jensen, su mejor amigo es quien mejor parado sale en este relatorio de miserias y se convierte en el hilo conductor de cada capítulo.   Paramount Pictures produjo esta serie en asociación con Netflix, tomando como base un bestseller homónimo de Jay Asher (2007). 

Destaca la banda sonora, con música y letras que parecen creadas para el relato, ampliando la poderosa vertiente emocional de las historias. En ellas vemos a Hannah pintada como una víctima no exenta de culpa, rehén de la autocompasión y del orgullo, de la opinión ajena, de la falta de comunicación con unos padres absorbidos por el cometido de sacar adelante un pequeño negocio amenazado por la competencia con una gran superficie. La estructura narrativa de la serie, como la de tantas en esta época dorada de las producciones para internet, es impecable y sus elementos de intriga están sabiamente escanciados en los episodios. En ocasiones se muestran flashes de escenas que corresponden a una línea argumental aún no desarrollada y constantemente se juega con el presente y el pasado, llevando a los personajes principales de uno a otro de una forma suave y pertinente, al servicio de una historia que se construye como un mecano. 

Igual que en “Crónica de una muerte anunciada” de García Márquez, el suceso clave se muestra al inicio y después se trata de ir desvelando otros sucesos relevantes que lo desencadenaron, así como de ofrecer una radiografía de los personajes principales, el grupo de compañeros y compañeras que frecuentaba Hannah Baker o que había tenido algún contacto sustancial con ella. Y no solamente de ellos, sino también de sus progenitores.   

Los padres de los muchachos son personajes siempre secundarios, con distinto grado de implicación en las vidas de sus hijos y por tanto, distinta influencia en ellas. Constituyen un verdadero mundo paralelo, breve pero muy sintomáticamente reflejado en la serie. Así, los padres del depravado Bryce no aparecen en ningún instante, siempre ocupados o disfrutando de vacaciones. Hay un par de progenitores del tipo sargento, los de Jessica, Zach, Alex (tres de los caracteres más débiles de los mostrados) y otros más empáticos (los del propio Clay, tal vez el más asertivo) mientras que la madre del muchacho en peor situación socio-ambiental (Justin) es aún digna de mayor lástima que él. 13 Razones trata del bullying pero también del fracaso de un colectivo en el cuidado de sus miembros. Esto incluso se verbaliza en uno de los capítulos finales con un “maybe next time” (“tal vez la próxima vez”). 

Es también un alegato contra la tiranía de las redes sociales, una voz de alerta acerca de la vulnerabilidad de los adolescente que se dejan atrapar en ellas, y un toque de atención para quienes deberían estar al tanto de su absorbente mecanismo de dominación. En las propias palabras de Hannah: “Facebook, Twitter e Instagram nos han convertido en una sociedad de acosadores.”   Ella misma escogió grabar sus confesiones en cintas de cassette, forzando a los destinatarios de las mismas a proveerse de reproductores antiguos. Esos que no permiten interacción y que te fuerzan a escuchar con mayor atención que hoy en día. Clay Jensen y el abanico de emociones que experimenta al oír las cintas, la ambigüedad de sus sentimientos cuando sabe que una de las ellas está dedicada a él, nos va conduciendo de un episodio a otro. Pero son las reflexiones de Hannah, su voz en off en cada grabación, lo que se encarga de alimentar el deseo del espectador de averiguar qué ha pasado. Mientras lo vamos haciendo, desfilan ante nuestros ojos todo un apreciable ramillete de temas: una lectura en clave alienante del trabajo adulto, la experimentación sexual, el sufrimiento y las tendencias suicidas en adolescentes sensibles, el brutal acoso que se puede experimentar en esas edades, la mezquindad que exhiben las autoridades educativas para evitarse problemas, los abusos sexuales en los institutos de secundaria. 

Uno de los mayores aciertos de la serie es que no apuesta por mostrar ningún tipo de conducta como ejemplarizante. Conscientes de que la mejor manera de lanzar un discurso pedagógico consiste en ocultarlo, se muestra como obvio que la respuesta a los comportamientos expuestos está en tomar la dirección contraria. “La serie que te enseña a tratar bien a las personas” o “todos deberían ver esta historia para darse cuenta cuánto daño le pueden hacer al otro con solo una palabra” son algunos de los comentarios más repetidos en las redes sociales y en otros medios. Por encima de todo, y si tuviésemos que elevar el tono e intentar una exégesis de mayor calado, podríamos decir que la serie es una historia sobre el arrepentimiento, la culpabilidad y el duelo. Algunos analistas han apuntado que 13 Razones es como una versión agnóstica del Yo pecador o Confiteor católico, una oración que reflexiona sobre lo que hemos hecho y los fallos que hemos tenido. En todo caso, en pocas ocasiones se puede acceder a una ficción audiovisual que rompa la distancia emocional entre el espectador y lo que está viendo en pantalla como esta hace. La indudable química entre los actores que encarnan a Hannah y a Clay es uno de sus puntos fuertes. 

Esa abismal atracción entre dos personas que se niegan a verbalizar sus sentimientos ante el otro y que tanto juego ha dado en el cine, aquí se matiza con el candor adolescente y el conocimiento previo de la tragedia subsiguiente. Como se ha apuntado antes, las escenas correspondientes al presente y las del pasado se mezclan con acierto y elegancia: en un pasillo del instituto vemos a Clay pensando en Hannah y cuando alza la mirada la ve aparecer camino de un aula y la historia continúa entonces en el tiempo en que aún estaba viva. Por supuesto, al principio de la cinta los guionistas se encargan de un modo poco sutil pero efectivo de que distingamos en cada momento si lo que le está pasando a Clay forma parte del presente o del pasado. El deseo de Hannah por ser aceptada y amada por los demás y por experimentar el amor romántico se pinta con una ternura y una fuerza tal que la intensidad de su decepción hace creíble su decisión. Sin olvidar las burlas y afrentas sufridas y el verse relegada al pelotón de los frikis y parias del instituto. Hannah es extrovertida, independiente y tiene unos padres que la adoran. Pero hay algo sobre lo que la serie de Netflix no ha querido pasar de puntillas: también es mujer. Las situaciones a las que se enfrenta Hannah desde el primer episodio funcionan, en su contra, por acumulación. Hay traiciones, comentarios sacados de quicio y grandes y pequeños dramas que la conducen poco a poco a una espiral de depresión. Y dos elementos que se repiten a lo largo de la serie y funcionan como una especie de soga que constriñe a la protagonista: la soledad y el acoso sexual.   

Su infierno personal comienza cuando el capitán del equipo de baloncesto, y por tanto rey del mambo, publica una foto “robada” donde se intuye su ropa interior. Una foto que deriva en encuentros sexuales inventados y un juicio moral por parte de todos los que la rodean. Pero Hannah no explota por eso, lo hace dos capítulos más tarde por algo que parece una nimiedad. “Va a pensar que soy una drama queen, pero esto que hiciste desencadenó el efecto mariposa”. De un día para otro, su mejor amiga deja de hablarle y su presencia despierta cuchicheos en cada pasillo: ha sido nombrada mejor culo del instituto. “¿Cómo puede molestarte? Si es un cumplido”, le repiten todos. Lo que sus queridos compañeros no sospechan es que ese piropo no solicitado “inauguró la temporada de barra libre de Hannah Baker”. 

Los chicos de su clase se aplicaron el derecho de tocar su trasero, de hacer gestos obscenos a sus espaldas y de trepar por su balcón para sacar fotos mientras se cambiaba de ropa. No se olvida en el guión, como hemos dicho arriba, de apuntar también hacia los familiares. Y hacia los profesores. Sus roles son señalados directamente a lo largo de toda la trama. 

Los primeros no están suficientemente formados para tratar con el caballo al galope que es la mente de un adolescente y los segundos pecan con frecuencia de sobreprotectores e intolerantes. Todas las amenazas que acechan en esta edad están presente: alcoholismo, drogas blandas, acoso escolar, presión de grupo. Pero se nos olvida citar a otros importantes personajes en el la historia: Eros y Tanatos, la eterna pareja que se va de baile con los adolescentes a las fiestas a donde van estos. Esta es la cuestión que más polémica ha generado de todas las abordadas, 13 Razones pone a la vista de todos una realidad de la que se huye con demasiada frecuencia: la preocupante tasa de suicidios entre adolescentes.   

Según el INI, el suicidio es la tercera causa de muerte en España entre jóvenes de 15 a 29 años. Y la primera en el mundo si hablamos de mujeres entre 15-19 años, atendiendo al Fondo de Población de la ONU. 

Y convendría también repasar los datos que se tienen sobre acoso en estas edades: dos de cada diez alumnos en el mundo sufren acoso y violencia escolar según la UNESCO, que advierte de que el hostigamiento verbal es el más típico, pero que también ha aumentado el ejercido a través de internet y las redes sociales. Sus estudios calculan que cada año hay 246 millones de niños y adolescentes sometidos a una forma u otra de violencia en el entorno escolar. 13 Razones está generando todo tipo de reacciones en todo tipo de medios: ha echado sal en una herida. 

Uno de sus aciertos ha sido no dirigir su mirada hacia la angustia adolescente desde un ángulo donde la burla y la broma gruesa se entremezclan, ni envolverlo todo en un halo romántico sino en “escuchar” y obligarte a escuchar. Por elevación, encierra también un análisis descarnado de una sociedad que se esfuerza por impostar los signos externos de una excepcionalidad moral de la que carece.

CRISTIANOS Y HOMOFOBIA


Resultado de imagen para ARCOIRISOponerse al activismo gay no es homofobia, sino ejercer nuestro derecho constitucional a no estar de acuerdo con su ideario.


Los cristianos no podemos ser homófobos, pues la homofobia es contraria al espíritu del evangelio. El término “homofobia” en su sentido estricto, implica “miedo, odio, desprecio, o violencia contra las personas de condición u orientación homosexual”. Bajo este punto de vista, la homofobia es tan negativa como la xenofobia o la propia misantropía, y lleva a ignorar derechos humanos fundamentales como la libertad, la dignidad y el respeto. Derechos que el colectivo LGTBI posee como cualquier otra persona, no por el hecho de ser homosexuales, ni que se desprenda de su condición homosexual, sino que derivan de su condición de seres humanos hechos a imagen y semejanza de Dios. 

La iglesia cristiana asume esto y se opone abiertamente a la homofobia y la condena, lamentando igualmente que aquellos que también la condenan, nos acusen de homófobos, por desgracia participando ellos mismos de la misma actitud intransigente. Sin embargo, el hecho de que no se deba odiar o maltratar al colectivo homosexual, no presupone que uno deba compartir como moralmente aceptable su conducta. 

Oponerse al activismo gay no es homofobia, es simple y llanamente ejercer nuestro derecho constitucional y de relaciones humanas básicas, a no estar de acuerdo con su ideario y práctica de vida homosexual. La opinión de cualquier persona en el ámbito de la moral individual o social, religiosa o filosófica, debe ser respetada como parte fundamental del derecho a la libertad de expresión. Y en este ámbito la inmensa mayoría de las confesiones cristianas no estamos de acuerdo con el estilo de vida homosexual ni con su equiparación legal en el mismo status que el del matrimonio heterosexual. 

Por tanto los cristianos no imponemos nuestro criterio ni mucho menos pretendemos que aquellos que no lo compartan, sufran nuestro rechazo. Pero si bien no lo imponemos, sí lo defendemos y por ello exigimos con humildad pero con firmeza, que se respete nuestro posicionamiento a pensar diferente.

NUEVAS FUERZAS

¿Alguna vez has tenido días en los que necesitas desesperadamente llenarte con la Palabra de Dios pero tu mente está tan cansada que no tiene fuerzas para sumergirte en nada nuevo ni profundo?

Yo sí.

En esos días recurro a versículos conocidos, pasajes familiares que conozco prácticamente de memoria y que me dan la fortaleza necesaria para seguir adelante.

Este es uno de estos. Es mi pasaje para hoy.


¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.
El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen;
pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Isaías 40:28-31

Las preguntas retóricas con las que comienza el pasaje me hacen pensar en Dios diciéndome “ok, ¿es que no te has enterado aún?”.

Y no, parece como que no me termino de enterar de lo que Dios hace por mí.

Él no desfallece.
Él no se fatiga.

Y, más aún…

Él da esfuerzo al cansado.
Él multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Él da nuevas fuerzas al que espera a Jehová.


¡Ah Señor cómo lo necesito hoy! Gracias por renovar mis fuerzas una vez más.


Dios es eterno. Él no se cansa ni se fatiga. Y, lo más importante…

…Él no se cansa de mí.

No se cansa de mis quejas, ni de mis lloros, ni de mis súplicas. No se cansa de escuchar mis oraciones, de atender mi larga lista de peticiones y no se cansa de responder. No se cansa de mis inconsistencias, ni de mi falta de fe.

Nosotras, ciertamente, sí nos cansamos. La rutina diaria, las decepciones, los dolores del corazón, las luchas, las pérdidas, las peleas… nos fatigan.

Pero Dios renueva nuestras fuerzas.

Dios hace que podamos abrir nuestras alas y volar hacia el cielo infinito, sobreponiéndonos a todo lo que nos derrota y nos afana cada día.

Si estás cansada hoy, si estás en medio de la batalla, si estás harta de pelear con las mismas frustraciones una y otra vez te animo a que leas este pasaje hasta que entre en lo más profundo de tu corazón.

Espero que el Señor renueve tus fuerzas hoy.

BASTATE SU GRACIA

 
"Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua"
Éxodo 4:10

 
Dios había decidido que usaría a Moisés en una misión trascendental: liberar al pueblo judío de la opresión egipcia. ¡Tremenda responsabilidad! Sin embargo, a lo largo del relato que se encuentra en la biblia, podemos reconocer que Moisés fue un hombre como nosotros, con sus virtudes, dones y talentos, pero también con defectos, debilidades y temores. Cuando Dios le dice a Moisés que vaya a liberar a su pueblo, lo primero que dice Moisés es: nadie va a creer que Dios me envía. Muchas veces dudamos del amor, la gracia y la misericordia de Dios.

Muchas veces dudamos de nuestro llamado.

Lo que Moisés le dice a Dios, en el pasaje que inicia esta reflexión, sonaría de la siguiente forma en nuestras propias palabras: “Dios, me parece que incendiaste la zarza equivocada, la persona que tu buscas está lejos de acá, quizás en la montaña siguiente, yo soy Moisés, yo no sé hablar, aún con todo lo que me dices que puedes hacer conmigo, yo sigo siendo torpe en mis palabras”. Y Dios, ante esas palabras, contesta de forma contundente:

"¿Quién dio boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar" Éxodo 4:11

Con esas palabras tan fuertes Dios le da a entender a Moisés, y a nosotros, que su sabiduría excede por completo todo lo que nosotros podamos imaginar y comprender. Que él sabe lo que está haciendo. Que no debemos dudar de su plan perfecto.

Muchas veces cuando Dios se presenta en nuestras vidas y nos guía a hacer algo para lo cual nos sentimos incapaces, respondemos como hizo Moisés, le decimos a Dios que se equivocó. Pero recordemos que Dios nunca se equivoca en sus decisiones ¡Él es perfecto! ¿Acaso no sabe Dios nuestras debilidades? Aquél que nos creó, aquél quien nos escogió desde antes de la fundación del mundo ¿no sabe que tenemos muchísimas áreas en nuestras vidas que debemos mejorar? ¿No sabe lo incapaces que somos? Pero aún así su gracia y misericordia nos alcanza una y otra vez. Así que nunca dudemos del llamado de Dios sino más bien tengamos una actitud de agradecimiento y pidámosle que nos llene de virtud para realizar la obra que nos ha encomendado.

Si Dios te llamó con un propósito es porque sabe que puedes cumplirlo.

SU PROPÓSITO DÁ DIRECCIÓN

Tal vez no tenga una imagen específica de su destino final, pero sí tiene un don. Y cuando determine cuál es su don, eso ayudará a traer dirección a su vida. Una vez usted determine su dirección, podrá empezar a operar en él. Su propósito provee dirección hacia su destino, pero es importante comprender que su propósito no contiene los detalles de su destino.
José tenía un sueño proveniente de Dios, y este le dio visión y dirección. Sin embargo, él no sabía cómo sería la manifestación final de ese sueño. José también tenía un don proveniente de Dios, y ese don le dio propósito en su vida diaria. Pero él no conocía los detalles de cómo sería usado ese don en su destino.
Es bastante obvio que José tenía un don de administración. Mientras José fue esclavo en la casa de Potifar, él organizó la casa y llegó a ser el administrador de toda la casa (vea Génesis 39:3-5). Cuando José estuvo en la prisión, él organizó la prisión y llego a ser el administrador de la prisión (vea Génesis 39:21-23). No sabemos mucho acerca del pozo, pero yo creo que ¡ese fue el pozo más organizado del mundo!
José parecía comprender que él tenía un don de administración y fue fiel en usarlo a donde quiera que iba. Sin embargo, José no conocía los detalles de cómo ese don jugaría una parte importante en su destino. Mientras él servía como esclavo en la casa de Potifar y mientras él organizaba las cosas en la prisión, José no tenía idea de que, un día, él lo estaría haciendo para toda la nación de Egipto. Dios nunca le mostró a José los detalles específicos acerca del destino que Él tenía planeado.
Es importante comprender esta verdad si usted quiere pasar la prueba del propósito; debido a que su don apunta solamente en una dirección de su destino. Su propósito proveerá una dirección, pero no proveerá los detalles. Aquí es donde entra la fe. Se necesita fe para continuar en la dirección de su propósito; ¡especialmente cuando usted no conoce los detalles de lo que le espera al final de esa jornada!
¿Hay detalles para su destino?
Sí, los hay.
¿Puede conocer los detalles de su destino?
Sí, sí puede.
¿Cuándo puede conocer los detalles del destino que Dios tiene para usted?
¡Después de haberlos llevado a cabo!
Cuando finalmente entre en el destino que Dios ha tenido en mente todo el tiempo, comprenderá los detalles de Su plan para su vida; ¡pero no antes!
A medida que avanza hacia su destino, usted tendrá que seguir andando por fe. No conocerá los detalles. Todo lo que en realidad tendrá por seguro es que tiene un don y una dirección proveniente de Dios. Así que debe ser fiel a ese don. Tiene que ser fiel a la dirección que Dios le ha dado.
Después de que haya entrado en su destino, verá hacia atrás, tal como lo hizo José, (vea Génesis 45:5-8), y entenderá los detalles de su propósito. Usted dirá: “Ah, ahora entiendo por qué tuve que pasar por eso. Ahora sé por qué Dios me trajo aquí. Esta es la razón por la que Dios obró en mi vida de esa manera. Esta es la razón por la que las cosas sucedieron así. ¡Ahora entiendo el propósito de todo lo que pasó!”.
Cuando finalmente entre en su destino, usted verá el cuadro completo del propósito de Dios, pero no antes. No puede ver el cuadro antes de que suceda. Pero podrá ver la dirección. Esta es una promesa que tenemos de Dios.
La Biblia dice: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino” (Salmo 119:105). Note que no dice: “Tu Palabra es un reflector brillante que me permite ver a más de cinco kilómetros adelante”. No. Dice que la Palabra de Dios es una lámpara a sus pies. Eso significa que le muestra el siguiente paso. Le muestra solo lo suficiente para tomar el siguiente paso frente a usted. Y esa es toda la luz que necesita para seguir avanzando hacia su destino.
Tal vez no sepa qué hay al final del camino frente a usted. Pero si usted es fiel y continúa caminando en la dirección que Dios le ha dado, Él le guiará a Su propósito para su vida. Él le guiará al destino que ha planeado para usted.
Su propósito es una dirección hacia su destino, pero no son los detalles. Así que determine su dirección y empiece a avanzar hacia allí. Luego, confíe que Dios tiene el control. Permítale dirigir sus pasos hacia Su propósito. Esté tranquilo sabiendo que Él es bueno.
Permítame contarle algunas cosas acerca de un hombre que tenía un propósito y un don. Él fue fiel en desarrollar sus dones. Él iba en la dirección que sus dones lo llevaron; pero estoy seguro que él no tenía idea del destino específico hacia donde le guiaría ese propósito.
  • Alrededor de los 20 años de edad, fracasó dos veces en los negocios, perdió las elecciones a la asamblea legislativa y tuvo una crisis nerviosa; aún peor, la mujer que amaba profundamente murió antes de que pudieran casarse.
  • Alrededor de los 30 años de edad, perdió las elecciones al Congreso, luego fue electo como candidato al Congreso y perdió nuevamente.
  • Alrededor de los 40 años de edad, perdió las elecciones al Senado y al cargo de Vicepresidente.
  • Sin embargo, a los 51 años de edad, fue electo Presidente de los Estados Unidos. Su nombre era Abraham Lincoln.
Dios puso a Abraham Lincoln en el lugar correcto y en el momento correcto. Él llegó a ser uno de los presidentes más cruciales en la historia de nuestra nación, guiando nuestro país a través de una guerra civil que amenazaba con destruir a la nación. Lo más importante, él corrigió una de las más grandes injusticias en la que nuestro país se había involucrado jamás: la institución de la esclavitud. Así como Dios lo hizo con José, Él puso a Abraham Lincoln justo donde lo quería, en el momento exacto en la historia cuando Él lo necesitaba.
Abraham Lincoln enfrentó muchos obstáculos. Mientras él trataba con esos obstáculos, él no tenía idea de los detalles que Dios había planeado para él. Sin embargo, él desarrolló los dones que tenía y permitió que esos dones dieran dirección y propósito a su vida. Debido a que él se mantuvo enfocado en la dirección que Dios le había dado, él pudo estar donde necesitaba estar, en el momento en que necesitaba estar allí.
Su don y su propósito era ser un líder. Sin embargo, su propósito era cambiar el mundo.
Todos podemos aprender una lección del ejemplo de Abraham Lincoln. Determine cuál es su don y permita que ese don le dé dirección. Luego, fije su curso en ese dirección y, sencillamente, sea fiel. No se desvíe tratando de descifrar los detalles. Usted se mete en problemas cuando trata de dictarle los detalles a Dios.

LAS TRES COLUMNAS DEL MATRIMONIO

El Creador enseña a la humanidad que el pacto del matrimonio se fundamenta en tres áreas básicas, que son: el área espiritual, el área emocional y el área física, en ese estricto orden.
¿Por qué en ese orden? Porque si la pareja no desarrolla una unidad espiritual, creciendo juntos en esta área, la posibilidad de que puedan permanecer juntos se reduce considerablemente. La unidad espiritual es algo así como el acoplamiento de flexibilidad que une a las dos personas y que absorbe las diferencias entre ellos, permitiéndoles tener mayor tolerancia e interés el uno por el otro.
La Biblia dice en el Salmo 1:1-3:“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará”.
Confiar en Dios y poner en práctica las instrucciones que nos da en su Palabra nos dará la fortaleza espiritual para mantenernos firmes, aun en los momentos difíciles de la vida.
Nuestra conducta en el diario vivir es el resultado de nuestra relación con Dios, de la paz que tenemos, y de la sabiduría que alcanzamos al conocer su Palabra y hacerla parte de nuestra vida. Las debilidades humanas, como la ira, el enojo, la soberbia y el orgullo, son más fáciles de controlar cuando fortalecemos nuestra vida espiritual.
Cuando estamos fuertes en nuestra relación espiritual, se facilita considerablemente el manejo de la unidad emocional, justamente por la mayor tolerancia de ambos, además del interés mutuo de apoyarse y hacerse el bien el uno al otro.
Solamente con una alta dosis de alimento y unidad espiritual será posible tener la sabiduría para controlar las emociones de la mente y actuar con sabiduría e inteligencia.
La unidad emocional se obtiene asumiendo y manteniendo una actitud considerada con el otro; interesándose más en las cosas de su cónyuge que en las propias. Esto incluye la decisión de vencer las barreras del egoísmo y orgullo. Tiene que ver con compartir intereses, mejorar la comunicación y disponerse a entender más al otro, evitando toda clase de ofensas en la relación.
Finalmente, la unidad física o intimidad sexual viene a ser el premio de una buena unidad espiritual y emocional. Es el regalo exquisito de Dios para un matrimonio obediente a su Palabra. Estamos hablando de una relación íntima de alta calidad y no de la relación sexual superficial, que es la más común.
Cualquier falta de unidad en lo emocional y lo físico se puede superar, si se logra la unidad espiritual. ¡Así fuimos diseñados! Cuando una pareja tiene una buena unidad espiritual y emocional, logra disfrutar su intimidad al nivel más profundo, obteniendo un goce óptimo en su relación íntima, generándose a la vez una mayor unidad integral de la pareja.
Si un matrimonio no desarrolla primero la unidad espiritual, es muy difícil ponerse de acuerdo en el área emocional e íntima.
¡Un matrimonio que está basado en las dos últimas áreas está caminando sobre arena movediza!

JUSTICIA ANHELADA

La justicia de la que tienen hambre y sed los bienaventurados, es por la justicia del evangelio de Jesucristo. La palabra “justicia” significa “sin culpabilidad, inocente, puro, santo, de carácter recto, sin trampa y sin engaño”. De modo que los bienaventurados que tienen hambre y sed de justicia no desean engañar ni ser engañados, anhelan no hacer trampa, son gente que tienen hambre y sed de vivir una vida en paz, con una conciencia limpia. Este punto es muy importante, ya que en el momento en que nos desconectamos de nuestra conciencia, nos encontramos en peligro, porque la conciencia es el instrumento que Dios usa para guiarnos hacia el bien y apartarnos del mal. No obstante, Satanás puede nublar tu conciencia. ¿Cómo logra hacer esto? Él te ataca e invade tu mente, y tú alimentas la naturaleza de Satanás, es decir, le das paso a malos pensamientos y empiezas a hacer cosas erradas que según tu parecer están bien, perdiendo la brújula de la justicia del cielo.
Los bienaventurados que tienen hambre y sed de justicia buscan la pureza de Dios, la santidad del Señor, el carácter recto de Jesús; buscan vivir una vida sin abusos, sin injusticias, sin trampas ni engaños.
La justicia de Dios se establece en la tierra cuando la Palabra se encarna, cuando la podemos ver en cuerpo y carne, y entonces esa Palabra empieza a expresarse, a poner una opción nueva en nuestras mentes, la opción de la justicia del reino de los cielos, para que tú y yo decidamos. Dios nos hace libre para que podamos decidir, y la justicia del cielo es la opción que debemos escoger.
Por lo tanto, en eso consiste la justicia. La justicia consiste en que Jesús es la verdad y, a través de esa verdad que él nos presenta, tenemos una opción de salir de las tinieblas a la luz sin culpabilidad.
Sin la cobertura de Jesús, el juez, Satanás, siempre decidirá tu mal. Necesitamos a Cristo Jesús en nuestra vida. Resulta algo terrible, temible y desastroso pasar por este mundo sin haber recibido a Jesús en nuestro corazón.
La Palabra de Dios le promete una respuesta positiva a los que se apasionan por la justicia. En el momento en que te apasionas por la justicia, las Escrituras afirman que va a producirse una respuesta de parte de tu Dios: serás saciado.
Esto se manifiesta de diferentes maneras, una de las cuales tiene que ver con establecer la justicia, ya que si tienes hambre y sed de ella, de inmediato calificas para establecerla. En otras palabras, los que tienen hambre y sed de justicia son aquellos a los que Dios llama, a los que Dios prepara, a los que Dios unge y respalda para establecer su reino. Si no tenemos hambre y sed de justicia, no podemos instaurar el reino de los cielos ni contar con el respaldo de Dios.
Dios en primer lugar desea que establezcas la justicia, y en segundo lugar te la da como recompensa, ya que nuestro Dios se complace y encuentra gran placer en premiar a los justos.
Sabemos que el Espíritu Santo está presente en nuestra vida. Es decir, cuando confesamos a Cristo como nuestro Señor y Salvador, cuando nuestro corazón se decide por Jesús, de inmediato el Espíritu Santo nos hace templo suyo y nos sella con su presencia. Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él (Juan 14:23).
En el versículo anterior, no obstante, Jesús está hablando de otra dimensión de la presencia. Él dice: “El que me ama, mi palabra guardará, o sea, defenderá, establecerá y buscará mi justicia, entonces mi Padre lo amará y vendremos a él”. Ahora no es solo el Espíritu Santo el que mora en nuestra vida, sino también Jesús, de modo que habrá etapas en tu vida en que la presencia de Jesús será evidente. Cuando los amigos de Daniel estaban en el horno, las Escrituras afirman que el rey y sus hombres vieron a una cuarta persona  caminando con ellos dentro del horno, alguien “semejante a hijo de los dioses” (Daniel 3:25).
De seguro vas a experimentar resistencia, vas a sufrir persecución, pero hay uno que va a permanecer contigo a cada paso del camino, porque Jesús ciertamente va a venir a ti. “Vendremos a él, y haremos morada con él”, dicen las Escrituras. Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, la plenitud de la Trinidad se hará presente en tu vida. Cuando en tu corazón decides establecer la justicia, el cielo entero se vuelca a tu favor. La plenitud del cielo se hace presente en tu vida. ¿Dónde están aquellos que establecen la justicia del Dios vivo? Espero que estén aquí. Cuando Dios empiece a levantarte, acuérdate de esto: No participes de la mesa del rey, sino guarda la Palabra del Dios vivo. Si lo haces, el mismo Cristo ha prometido estar contigo.
Una presencia tangente de la unción de Jesús sigue a aquellos que viven, defienden y se mantiene firmes en su Palabra, contando con la autoridad y el respaldo de Dios Padre. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo forman una sola deidad, los tres son Dios, pero es posible distinguir la manifestación de cada uno de ellos. Cuando el Dios Padre se manifiesta, todo el mundo se desploma al piso y permanece tirado por la autoridad que su presencia proyecta. Se trata de una autoridad, un dominio y un poder tales, que ni siquiera un mosquito puede seguir volando, no hay demonio que pueda moverse, no hay criatura que permanezca en pie. Solo es posible permanecer postrado con el rostro en tierra y clamar: “Santo, santo, santo. Ten misericordia de mí”.

CÓMO REACTIVAR EL FUEGO DE LA ORACIÓN

Aquí hay algunos detalles que aprendí acerca de reencender mi vida de oración:
 Acción de gracias: Casi siempre, cuando siento que el fuego se ha apagado y mi pasión ha menguado, se debe a que he dejado de ser agradecida, he dejado de agradecerle a Dios por todas las bendiciones que disfruto.
Cuando nos enfocamos demasiado en lo que no tenemos y en lo que Dios no está dándonos en este momento, perdemos de vista el hecho de que Dios siempre es maravillosamente bueno, está a nuestro favor en una manera hermosa y nunca nos abandonará. Comience hoy a agradecerle por todo aquello que se perdería mañana si despertara y no estuviera ahí.
“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”.—1 Tesalonicenses 5:18
 Arrepentimiento: Otro apagafuegos es el pecado y las actitudes egoístas. La Escritura dice que su bondad nos lleva al arrepentimiento. Cuando dedica tiempo agradeciéndole a Dios, la convicción regresa a su alma. Dé el siguiente paso y atrévase a decir: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmos 139:23-24). La confesión es una limpieza, algo hermoso. Dios se acerca especialmente al corazón humilde y arrepentido.
“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”.—Santiago 5:16
 Comprender: A menudo, cuando sentimos que nuestra llama titila y no arde fuertemente, se debe a que nos hemos acercado a Dios solamente por lo que Él puede hacer por nosotros, y no por quien es Él. ¡Una manera segura de avivar nuestra llama espiritual es buscarlo por todo lo que Él vale! Continúe llevándole sus peticiones, pero luego siéntese a sus pies y busque conocer su corazón. Él es quien por su boca hizo los cielos, el Señor de señores, el Rey de reyes, y el Dios de los ejércitos angelicales. Él es alto y exaltado, no obstante está íntimamente presente. Él la ama. Conózcalo más y tendrá una mejor comprensión de cómo está obrando en sus circunstancias actuales. Conocerlo mejor es amarlo más, y conocerlo es ser llena de la plenitud de Él (Efesios 3:14-19).
“El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia”.—Proverbios 9:10
Afirmarse: Cuando no sentimos la presencia de Dios y no sentimos que sus promesas sean exactamente verdaderas, es hora de afirmarse en la Palabra de Dios, porque es verdadera. Cuando me siento más decaída que animada, me levanto, camino por mi casa y proclamo las promesas de Dios escritas para mi vida: “¡No moriré sino que viviré y declararé las obras del Señor!” (porque batallo con problemas de salud). “¡La gracia de Dios abunda en mi vida para que yo pueda abundar en toda buena obra!” (porque constantemente me siento abrumada).
Cuando me afirmo en las promesas de Dios y mis oídos escuchan a mi boca decir lo que es verdadero, en el tiempo debido, mi corazón cree de nuevo que su Palabra es verdad. Yo la desafío: camine por ahí, zapatee si tiene que hacerlo, y proclame las promesas de Dios. ¡Tome su posición dondequiera que esté!
“Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas”.—Salmo 138:2
Rendirse: Otra cosa que he observado es que la rendición y la pasión espiritual están cercanamente vinculadas. Cuando me encuentro asiéndome de mi propio entendimiento o cuando confío más en mis temores que en la fidelidad de Dios, es como arrojar una manta mojada sobre mi llama espiritual. ¿Cuál es mi respuesta? Me arrodillo, abro las manos y le rindo todo al Señor otra vez.
Le entrego mis preocupaciones, mis “Y si. . . ”, y los deseos más profundos de mi corazón. Yo solamente estoy lidiando con información parcial y Él sabe lo que es mejor para mí (y para usted). Intente arrodillarse de verdad, abrir las manos y soltar las cosas a las que ha estado aferrándose hasta ahora. Dígale al Señor: “Padre, ¿cómo puedo obedecerte en esto? ¿Y qué quieres ser para mí aquí? ¿Mi liberador? ¿Defensor? ¿Torre fuerte? Me rindo a ti. Muéstrame tu grandeza en este lugar”.
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.—Isaías 41:10
Confianza: Aquí estamos, de vuelta en la confianza. Cuando pierdo la perspectiva de la vida, es porque en algún momento de la línea dejé de confiar en Dios. Aquí hay algunas cosas importantes para recordar:
• Él tiene un plan para su vida que es el mejor escenario de todos.
• Él es fiel y verdadero, y se ha puesto a su disposición.
• Él es bueno, y bondadoso, y verdadero; usted puede confiar en que Él la llevará segura a casa.
Usted puede confiar en Él. Si su pasión mengua, es hora de volver a involucrar su corazón, renovar su mente, humillarse en su presencia y luego levantarse, sabiendo que usted es suya y Él es suyo. Usted es verdaderamente bendecida.
“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”.—Proverbios 3:5-6

SOMETERSE NO SIGNIFICA OBEDECER CIEGAMENTE

Lamentablemente, en vez de comprender esta dinámica de trabajo en equipo, por lo general vemos la sumisión en términos de obediencia. Recientemente conversaba sobre esto con una amiga que frecuentemente predica en conferencias matrimoniales. Utilizando la definición de la sumisión que dice: “Obedezca a su esposo”, ella se dio cuenta de que, en sus cuatro décadas de matrimonio, se había sometido solo una vez. En aquella oportunidad, su esposo sintió el llamado de un ministerio en particular que requirió mudarse a otra ciudad. Ella no sintió ese llamado, pero sabía que era importante para él, así que decidió seguirlo. En el transcurso de los meses siguientes ella también sintió el llamado.
Pero cuando mi amiga y su esposo no logran ponerse de acuerdo en algo en su matrimonio, trabajan en ello hasta que lo logran. Y así han afrontado situaciones importantes: si ella debía o no renunciar a su trabajo de tiempo completo; quién de los dos se quedaría en casa; si debían buscar una oportunidad para ser pastores. El objetivo es estar de acuerdo, así que luchan juntos hasta que lo consiguen.
No comprendo por qué algunas mujeres se sienten orgullosas de decir: “Yo lo dejo tomar todas las decisiones, aun cuando creo que está cometiendo un error”. Si usted cree que su esposo se equivoca, usted tiene un problema en su relación. Un desacuerdo, por definición, significa que al menos uno de los dos, o ambos, no está escuchando a Dios. ¿No sería mejor y más acorde con las Escrituras luchar juntos por lo que quieren, orar fervientemente, juntos e individualmente, y buscar consejo hasta que ambos estén de acuerdo? Si usted siempre se está poniendo detrás de su esposo, sin luchar ni hablar sobre las cosas, entonces fácilmente podría estar evitando la unidad, no mejorándola.
“Pero espere —dirá usted—, ¿cómo puede la sumisión no estar relacionada con las decisiones y la obediencia, cuando Efesios 5:24 dice que las mujeres se deben someter a sus esposos ‘en todo’?”. Bueno, he aquí 1 Pedro 3:5-6 (NVI), que dice: “Así se adornaban en tiempos antiguos las santas mujeres que esperaban en Dios, cada una sumisa a su esposo. Tal es el caso de Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Ustedes son hijas de ella si hacen el bien y viven sin ningún temor”.
Sara obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Esto significa que debemos obedecer a nuestros esposos también, ¿no es así?
Recientemente, estuve conversando sobre lo que debemos hacer si nuestros esposos están tomando decisiones financieras equivocadas. Si él quiere mentir en una planilla de solicitud de un préstamo, y quiere que su esposa firme el documento junto con él, ¿qué debería hacer ella? Una comentarista respondió: “Ella debe obedecer a su esposo, aunque él esté equivocado. Si ella se niega a firmar, está desobedeciendo a Dios, e incurrirá en juicio por ello. Debe obedecer a su esposo como su señor”.
Espere un segundo. ¿Acaso las Escrituras dicen que debemos obedecer a nuestros esposos, aunque estén equivocados? La mayoría de las que comentan mis publicaciones parecen creer eso. Cuando les pregunté qué significaba para ellas la sumisión, la gran mayoría dio una definición relacionada con la obediencia: “Obedecer a nuestros esposos tal y como obedecemos a Dios, o a un superior militar”.
¿De verdad esto es que lo que Pedro quería decir? En Hechos 5, Lucas relata la historia de un hombre y su esposa, llamados Ananías y Safira. Ellos eran de los primeros discípulos, y deseaban ganar puntos con sus compañeros cristianos. Así que vendieron una propiedad y Ananías les dio una parte del dinero, no el precio total de la venta, a los apóstoles, diciéndoles que esa cantidad había sido lo que había recibido. Luego de que Pedro lo reprendiera por su engaño, Ananías cayó muerto.
Poco después, Safira llegó y Pedro le preguntó: “¿Vendieron ustedes el terreno por tal precio?”. Ella respondió que sí y entonces Pedro le dijo: “¿Por qué se pusieron de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? ¡Mira! Los que sepultaron a tu esposo acaban de regresar y ahora te llevarán a ti” (Hch. 5:9). Safira cayó muerta también.
Pedro le dijo a Safira que habría sido mejor para ella hacer lo que ella pensaba, que ponerse de acuerdo con su esposo para mentir. Recordemos: Pedro fue uno de los que nos exhortó como esposas a obedecer a nuestros esposos como Sara obedecía a Abraham y lo llamaba señor. Aun así, Pedro fue el mismo apóstol que dejó muy en claro que no deberíamos obedecer a nuestros esposos si nos están llevando hacia el pecado.
De hecho, ¡Pedro habría sido la última persona en decir que pusiéramos alguna vez a una autoridad humana en el lugar de Dios! Más adelante, en el mismo capítulo de Hechos, Pedro y los otros apóstoles fueron arrestados por el sumo sacerdote y todos sus partidarios (la secta de los saduceos) y puestos en prisión por predicar en el nombre de Jesús. Durante la noche, un ángel se apareció ante ellos y los liberó, y comenzaron a predicar nuevamente. Cuando los líderes judíos vieron esto, se quedaron perplejos, para decir lo menos. Así que mandaron a traer a Pedro y los apóstoles, y les exigieron claramente que mantuvieran sus bocas cerradas con respecto a Jesús. Luego, Lucas escribiría en Hechos 5:29: “‘¡Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres!’, respondieron Pedro y los demás apóstoles”. A ninguna otra autoridad humana se le pondrá jamás por encima de Dios, y eso incluye a su esposo.
Safira fue castigada por obedecer a su esposo, y en el Antiguo Testamento, Abigaíl fue elogiada y recompensada por desobedecer a su esposo. En 1 Samuel 25 podemos leer su historia. Ella estaba casada con un bueno para nada llamado Nabal. Cuando David, antes de ser rey, le pidió provisiones a Nabal como pago por la protección que él les había brindado a sus rebaños y a sus sirvientes, Nabal lo rechazó. Abigaíl sabía que esto significaría la muerte para ellos y para sus sirvientes, así que fue a donde David e intercedió. David la perdonó a ella y a sus sirvientes, aunque Dios pronto le dio muerte a Nabal. Y David elogió a Abigaíl y se casó con ella. Ella nunca se sometió y siguió a Nabal de forma ciega. Realmente estaba detrás de él e hizo lo que Pedro le dijo a Safira que debió haber hecho, y se preguntó: “¿Qué quiere Dios que yo haga en esta situación?”.
Dios no nos pide a las mujeres que obedezcamos ciegamente a nuestros esposos. Debemos “Practicar la justicia, amar la misericordia, y [humillarnos] ante [nuestro] Dios (Miqueas 6:8)”. Y esto aplica para el matrimonio también. Debemos caminar en humildad con Dios, no seguir a nuestro esposo y alejarnos de Él. Si seguir a nuestro esposo significa ir en contra de los mandamientos de Dios, debemos seguir a Dios en lugar de a nuestro esposo.