¿QUE VAS A PEDIR?

En las escrituras podemos verdaderamente entender lo que significa la persecución, lo que es ser perseguido por causa del evangelio. A Pedro, por ejemplo, lo apresaron por predicar el evangelio y hacer milagros, en el nombre de Jesús. Quizás puedes recordar haberte sentido incómodo en alguna ocasión al hacer una oración por los alimentos delante de gente que no entiende lo que haces y por qué lo haces y que piensan que es locura lo que estás haciendo. 
Pero, en la palabra, es donde verdaderamente vemos lo que es ser perseguido por causa de nuestra fe. Por la posición, el nivel de fe en el que se encontraba aquella gente de la iglesia primitiva, los apóstoles, seguramente, pudieron haber orado por cualquier cosa, y les hubiera sido concedida por Dios. En 2 Reyes, Elías es transportado al cielo, y Eliseo recibe el manto de Elías. 
Eliseo llevó aquel manto a las aguas y se dividieron y él cruzó en seco. Lo segundo que hizo fue sanar el agua; y lo tercero que hizo fue maldecir a unos jóvenes que le molestaban llamándole “calvo”, y un grupo de osos se comió a aquellos jóvenes. La solución a muchos problemas de algunos cristianos es pedirle a Dios que saque a cierta gente de delante de ellos. Y, si Pedro y los discípulos hubiesen pedido que Dios removiera aquella adversidad de delante de ellos, Dios lo hubiera hecho. 
Sin embargo, lo que ellos pidieron fue que se les concediera hablar la palabra de Dios con todo denuedo. Pudiendo haber pedido cualquier cosa, pero los discípulos pidieron denuedo. Muchos de nosotros tenemos una gran lista de cosas para pedirle a Dios, si él nos dijera: Pídeme lo que tú quieras. Pero, los grandes hombres y mujeres de Dios, pidieron las cosas que no están en nuestras prioridades. Pidieron valor para predicar el evangelio. 
Pidieron la valentía mantenerse firme. Una cosa es pedir que el problema sea quitado de delante de ti; otra, pedir que tú puedas resistir el problema hasta vencer. No te canses tú del problema. Deja que sea el problema el que se canse de ti. Pídele a Dios atreverte a enfrentar lo que tengas que enfrentar, para alcanzar aquello que sabes en tu corazón que has sido llamado a alcanzar.

EL PERDON

Mateo 6:12 Reina-Valera 1960 (RVR1960) Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 

Es interesante entender como en ocasiones el lenguaje nos puede hacer creer ciertas cosas que no están escritas, pero que aparentan si estarlo, nuestra mente es rápida para deducir y asumimos que estamos leyendo ciertas cosas y tomamos decisiones basados en lo que entendemos. 
La cita de hoy es una de esas frases que le menciono, he observado con gran interés como muchas personas cambian la expresión de su rostro haciéndose entender que han pecado y que necesitan perdón y mentalmente hacen un compromiso dentro de si de estar dispuestas a perdonar si su pecado es perdonado también, y aunque esto es válido, le aseguro que no es la intención de la cita, esto va mucho más allá. 
En el Reino de los Cielos nada es estático, por el contrario, todo es dinámico, el perdonar es parte de esa dinámica, es decir, el perdonar no es solo una intención, sino es el principio de la acción y la acción no se refiere a solo ir a perdonar a otros, sino a que ese perdón tenga efectos tangibles. Tenemos que comenzar por el hecho de que vivimos en un mundo espiritual, el cual tiene efectos espirituales, cada vez que pecamos, comprometemos nuestra vida, ya que la Biblia nos promete que el precio del pecado es la muerte, por tanto estamos en constante peligro, y cada vez que somos perdonados, el efecto de la muerte misma es quitado de nosotros, y así sucede cuando alguien actúa contra nosotros, es decir, cada vez que alguien nos ofende o hace algo que nos afecta, ponemos sobre esa persona una carga la cual podemos quitar y perdonar de la misma manera que lo hace Dios con nosotros al quitar nuestros pecados. 
Cada vez que perdonamos a alguien estamos intercediendo por ese alguien para que su vida sea perdonada, al no tener nosotros nada contra esa persona, Dios tampoco lo tiene de modo que al perdonar a alguien, realmente estamos invocando la gracia de Dios para esa persona. Muchas personas toman el perdonar como un pasar por alto la ofensa de alguien, pero esa, es una acción pasiva, la acción comienza al interceder por esa persona y asegurar que no solo nosotros, sino que Dios mismo, perdone esa ofensa. 
 El segundo paso es olvidar, muchas personas suelen decir "yo perdono, pero no olvido", la Biblia nos enseña que Dios no solo perdona nuestro pecado cuando lo llevamos delante de Él, sino que lo olvida y envía el recuerdo de nuestro pecado a un lugar fuera de su vista de modo que no lo recuerde y no lo use contra nosotros, y nosotros al ser imitadores de Dios como nos lo indica, tenemos esa misma capacidad, la capacidad de olvidar y actuar para con esa persona como si nunca nos hubiera ofendido. 
Perdonar a una persona es liberarla de todo yugo, de todo mal pensamiento, de toda carga, es ir además de eso tener la mejor de las actitudes para con ella, es decir, no es solo perdonarla y luego no verla para no sentir algo malo, es perdonarla y restaurar nuestra relación con ella al grado que se note nuestra buena voluntad. 
Es ahí donde citas como Juan 15:13 cobran vida, la cita nos dice que no hay mayor amor que dar la vida por un amigo, cuando perdonamos a alguien estamos dispuestos a hacer de ese alguien un amigo y morir a nuestro derecho de estar y sentirnos ofendidos y a ese sentimiento de exigir venganza, el morir a nuestra voluntad y anteponder la Dios, el dar perdón a alguien es el morir nosotros mismos para dar vida a una relación en una dimensión superior a lo que hemos vivido y poder expresar esa similitud a Jesús de la que tanto habla la Biblia. 
Al orar conforme al Padre nuestro, declaramos de continuo el estar dispuestos a perdonar, creo que tenemos que hacer un alto y pensar si verdaderamente estamos dispuestos a dar la vida por cada persona que nos ofende, no lo cree?

HUMILDAD

El mal entendimiento de un concepto es algo que puede sonar sencillo, pero en realidad puede hacernos pasar por un mal momento o un engaño que dure toda nuestra vida. 
El concepto de la humildad es uno de esos conceptos mal entendidos por muchas personas, ya que normalmente, lejos de pensar en uno mismo como humilde o el pretender serlo, la humildad es mas bien impuesta como un yugo a ciertas personas en juicio de una actitud o de su manera de desenvolverse. 
Interesante es el pensar que normalmente no es importante si la persona es humilde o no, sino que es importante el que se comporte como nosotros esperamos que lo haga y eso a su vez es una actitud soberbia y poco humilde. 
El ser humilde no tiene nada que ver con el ser pobre ni mucho menos con el pasar por inadvertido, no, una persona puede vivir en la abundancia y ser el centro de atención de muchos y ser humilde a la vez, ya que la humildad tiene que ver con el hecho de reconocer que nada de lo que somos y nada de lo que tenemos depende de nosotros, sino que depende de Dios, una vez que aprendemos a vivir así, nada de lo que anhelemos nos tiene que ser negado pues es precisamente como Dios piensa y como Dios espera que vivamos. Otro de los conceptos que nos cuesta mucho trabajo entender es el concepto del sacrificio, todos relacionamos el sacrificio con dolor, con insatisfacción y con incomodidad, pero un sacrificio, antes que algo desagradable es un acto de amor, y no veo en que parte el amor tenga que ser desagradable, o si? Piénselo de esta manera, Dios planeó la cruz aun antes de crear al hombre, es decir siempre estuvo dispuesto a dar su propia vida por nosotros y lo pudo haber evitado si le fuera desagradable, pero como siempre lo entendió como una muestra de amor, lo hizo con gusto y mejor aún, nos dio la oportunidad de imitarle y hacer como Él hizo. 
Si combinamos estos 2 conceptos, la humildad y el sacrifico y los vemos como Dios los ve, encontraremos una sola cosa, el perdón que lejos de ser algo que nos cueste trabajo o que nos signifique algo desagradable y que "tenemos" que hacer, nos vendrá como algo natural, pues antes que otra cosa entenderemos que nosotros mismos necesitamos del perdón de Dios de manera diaria y además de esto entendemos que al recibir perdón es puesta en nosotros la capacidad de perdonar también a otros. Obviamente esto suena muy lindo y en teoría todo es fácil, pero que tal a la hora de ponerlo en práctica?, como se hace?, la verdad y siendo honestos, es igual de fácil si lo entendemos de la misma manera como lo hace Dios, pensando en el sacrificio como un acto de amor y se lo voy a explicar. En la mayoría de las ocasiones que alguien nos ofende, ya sabemos que lo va a hacer, pues conocemos a la persona, por ende, antes de que lo haga estamos jugando con la escena en nuestras mentes, lo repasamos una y otra vez e incluso planeamos diferentes escenarios y diferentes maneras de reaccionar, siendo todas negativas y de enojo, pero que pasaría si en vez de hacerlo de esta manera, lo hiciéramos de la manera contraria, sabiendo que corremos el riesgo de ser ofendido y sabiendo que habremos de pasar un mal rato, por qué no pensar en perdonar desde antes de que suceda y tratar de entender los motivos de nuestro interlocutor de modo que cuando suceda el famoso hecho, reaccionemos de una manera ecuánime y amorosa. Aun si no nos esperáramos la ofensa de ese alguien, la reacción podría ser la misma si en vez de acudir a nuestro enojo, hacemos un sacrificio y observamos las motivaciones de quien nos ofende y tratamos lejos de solo aguantar, ayudarle a resolver la raíz de su actitud y evitamos que siga haciendo de tal manera. 
Jesús dijo a sus discípulos, si alguno me ama, tome su cruz y sígame, y repito aquel que piense en la cruz como algo doloroso o algo desagradable, esta por completo equivocado, Dios pensó en la cruz como una muestra de amor y así debemos de hacerlo nosotros al perdonar, perdonar es un privilegio y una muestra de que Dios habita en nosotros y podemos compartirlo con otros, tomar nuestra cruz es una oportunidad de ser humildes y sacrificarnos (demostrar amor), tal como Jesús lo fue y lo hizo, no lo cree?

CUANDO TU MUNDO SE ESTREMECE

Cuando los discípulos comenzaron a orar, luego de haber sido liberados tras pasar una noche encarcelados por predicar el evangelio, aquel lugar fue lleno del Espíritu Santo, de manera tal que el lugar tembló.
Cuando algo se estremece, la mayoría de nosotros quiere salir corriendo. Si se está moviendo el piso debajo de nosotros, si se nos está derrumbando la casa encima con tantas situaciones, queremos salir corriendo. Pero, cuando en la palabra de Dios hay un temblor, es porque la manifestación de Dios está a punto de suceder.
Cuando hay estremecimiento en tu vida, es porque Dios va a hacer algo grande.
Cuando tu mundo se estremece es porque ha comenzado la manifestación de la bendición de Dios sobre tu vida. No asocies el estremecimiento con problemas. No asocies el estremecimiento con que algo malo vaya a suceder. El estremecimiento lo que tiene que traer es confianza de saber que Dios está en el asunto, porque lo único que puede mover tu vida es el poder de Dios obrando a favor tuyo.
Cuando el mundo se está moviendo alrededor de nosotros, cuando el piso se está moviendo debajo de nosotros, no es porque nos vayamos a caer o que nuestro mundo se vaya a derrumbar o que nuestra vida se acaba, sino porque Dios ha comenzado a moverse a favor nuestro.
Cuando leemos Hageo, nos damos cuenta que el temblor no es señal de temor, sino que es señal de que la casa está llena de su gloria. Pensamos que el temblor derrumba, pero el temblor no derrumba sino que acomoda, pone las cosas en su lugar, nos enseña que nuestra vida está llena de la gloria de Dios.
Tienes que aprender a orar con la seguridad de que tú estás esperando que se estremezcan las cosas en tu mundo porque, cuando se estremece tu mundo, es porque Dios está haciendo algo. Y, mientras te mantengas orando para que Dios saque los problemas de delante de ti, no serás aprobado, no habrás pasado las experiencias que tienes que pasar para llegar al nivel al que Dios te quiere llevar.
Dentro de ti tiene que construirse la resistencia suficiente para pasar a un nuevo nivel.
La biblia no dice que ores para que el diablo se vaya, sino que dice: Resistid al diablo y huirá de vosotros. Mientras estés orando para que se vayan los problemas, el problema se irá, y delante de ti estará el próximo, porque no has construido la resistencia suficiente para pasar al próximo nivel. Pero, cuando dentro de ti se crea la resistencia suficiente, el enemigo huye de ti.
Hay situaciones que nunca más vas a tener que pasar porque ya tú las pasaste una vez, y las resististe, y ya el enemigo sabe que, en esa área, no te puede tocar.
Tú decides si sigues llevando una vida de oraciones de “Señor, saca” “Señor, quita” “Señor, elimina” “Señor, remueve” o si desarrollas dentro de ti el denuedo que te ayude a resistir en tu matrimonio, que te ayude a resistir en ese negocio, que te ayude a enseñar bien a tus hijos, a levantar bien tu ministerio, a poner tus pies en el lugar correcto, con la palabra correcta, con la confianza de que, cuando se estremece tu mundo no es porque cosas malas estén pasando, sino porque Dios está obrando a tu favor.

ENCRUCIJADA

¿Alguna vez usted ha atravesado por una situación traumática y Dios no le ha dicho nada? ¿Alguna vez ha necesitado de su seguridad y Él ha estado en silencio? Hay momentos en que Él no habla, aunque siempre escucha. 

Él escucha el lloro más silencioso de un corazón destrozado, escondido detrás de una mirada valiente y una determinación desafiante. Escucha un suspiro a las siete de la noche en un departamento, cuando la puerta se abre y llegan los comestibles, y el bebé cargado en brazos cansados. Él escucha el grito de unos pies dolorosos, de una espalda cansada y de una muchacha que no ha tenido tiempo para ella misma. Él escucha, Él escucha; pero algunas veces, no habla.

l reto es adorar a Dios en el silencio. No es suficiente tener amistad con Él cuando está hablando. El reto es seguir teniendo confianza mientras Él permanece en silencio. ¿Que hay en el silencio que causa tanta inquietud a nuestros espíritus? He conocido personas que hablan nerviosamente en un avión a otros que están virtualmente en silencio. Es como si el silencio fuera un gran insulto para toda la humanidad, por lo que los otros solo necesitan escucharlos hablar. He visto personas que no han dicho nada para romper el silencio, sino solo escuchar un gruñido o un suspiro. ¿Que hay en el silencio que intranquiliza el corazón? Cualquier cosa que sea, hay momentos cuando la madre o el padre soltero se pregunta: «Dios, ¿dónde estás en medio de este desafío? Si tú no resuelves esta crisis . . . sólo necesito escuchar que Dios me está prestando atención».

Se preguntan: «¿Me está castigando por mis pecados pasados?». Suspiran: «¿Está castigándome por un momento de pasión?». Hay preguntas que pasan por la mente de los que sienten que la vida ha sido cruel e injusta. Desesperados de luchar y consumidos por sobrevivir, aun el mejor de nosotros desea haber tenido más ayuda. Lo que hace que el lamentable estado de algunos padres solteros sea aún más devastador, es el remordimiento que acompaña la situación difícil que pudo haber sido evitada.
No, la mayoría no se arrepiente del niño. Ellos aman a su hijo. Muchos sienten que él es lo único que queda del amor. Independientemente de como haya sido concebido, “el todavía es mío. Mi error se ha convertido en un milagro”, dice el corazón de una madre que ya no tiene a nadie más a quien amar.

No, no es el hijo quien frecuentemente es rechazado. Es la circunstancia alrededor del niño la que presenta los retos. Es la situación difícil, la lamentable situación difícil que acompaña a los padres solteros, lo que desafía. Es un reto a la seguridad financiera. Un desafío para la viuda o el viudo. Es aún más que eso para el padre de un niño nacido fuera del matrimonio.

De algún modo, las personas reaccionan diferente ante la madre y el niño si las circunstancias que rodean su situación difícil están un poco empañadas. No tienen la menor idea de que aún la plata empañada puede ser rejuvenecida y resplandecer con su brillo original.

¿POR QUE TANTO SUFRIR?

Desde tiempos muy antiguos los hombres se atormentan con preguntas acerca del sufrimiento. ¿De dónde procede y por qué hay que sufrir tanto dolor? 
¿Por qué unos lo pasan peor que otros? 

¿Dónde se halla la razón de que éste nazca con una tara, y aquél pase por la vida sano y fuerte? 

¿Por qué todo ese sufrimiento en las guerras, esa pobreza y esa hambre? En todas las épocas, estos interrogantes estuvieron a la orden del día y atormentaron al espíritu humano. 

Sencillamente, no es posible separarlos de la vida. Nadie puede pasarlos de largo, porque todo el mundo, en sí mismo o a su alrededor, tiene que ver o experimentar tanto dolor.

Preguntas tales como las mencionadas surgen como la cosa más natural y nos preocupan. Además, es preciso añadir que, frecuentemente, nos vemos impotentes porque no podemos echar una mano para cambiar las dificultades. Entonces se nos hace un nudo la garganta y se nos hace insoportable que no haya remedio contra ello. 


¿Qué hacer si, por ejemplo, un recién nacido da señales evidentes de ser un disminuido psíquico? Destrozados y mudos estuvieron los amigos de Job durante siete días junto a él, con los vestidos rasgados y la cabeza cubiertas de cenizas, hechos un espectáculo de miseria. Su compasión por el gran atormentado de Ur era tan grande y su problema les afectó tanto que durante aquel tiempo no pudieron pronunciar ni una palabra. Pero, ¿acaso no se interrogaron por qué su amigo debía sufrir tan desmedidamente?. 

 En cualquier caso, poco después comenzaron a discutir al respecto. ¿Cuál era la explicación de este inescrutable curso de los acontecimientos? ¿Era Dios el que gobernaba? ¿Tenía el Altísimo algo que ver con estas miserias?

El gobierno divino de todas las cosas nos sitúa con frecuencia ante preguntas difíciles. Abraham experimentó este problema. En un momento dado, tuvo dificultades con la actuación de su Dios. El nacimiento del hijo prometido por el SEÑOR se retrasaba y, con el paso de los años, él y su mujer perdieron la esperanza. El camino de Dios se les volvió un enigma y Abram suspiro: “SEÑOR Jehová, ¿qué me darás siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?” (cf. Gn. 15:2-3).

Interrogantes y problemas como éstos no les faltaron a los escritores de la Biblia. La Palabra de Dios no oculta la verdad de que el gobierno de Dios a veces nos pone ante lo incompresible. ¿No pregunta el autor del Salmo 42: “¿Por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado...?”

Más tarde, también los deportados a Babilonia se hallaron con los mismos problemas. No les pasaron desapercibidos a pesar de su propia ceguera; pero, sin embargo, no entendieron los propósitos de Dios con su pueblo; se preguntaron si algún día le iría bien a Israel, y llenos de dudas se lamentaron: “¿...Mi camino está escondido de Jehová y de mi Dios pasó mi juicio?” (Is. 40:27). En su opinión, el SEÑOR ya no se preocupaba más de su pueblo, y de esta forma se sintieron desasistidos y se atormentaron con la pregunta de cómo era aquello posible. ¡Todo un cúmulo de difíciles interrogantes!

¿DEBE UN CRISTIANO SER MASON?

¿Debe un cristiano ser masón? 

Para poder contestar, necesitamos descubrir lo siguiente:


¿De dónde provino la masonería?
¿Qué creen los masones?


¿En quién podemos confiar para obtener información?


¿Quién es Dios según estas autoridades en quienes muchos confían?


¿Es el Dios de la Biblia el mismo dios de la Masonería?

Al llegar al final de este libro, usted podrá responder estas preguntas personalmente.