CRECE SANAMENTE

El crecimiento del cristiano es como el crecimiento biótico, que depende de un ambiente compartido, en un tiempo determinado, para el crecimiento.  Toda semilla, dentro de sí, lo que tiene es crecimiento, y la biblia nos enseña que el crecimiento le corresponde a Dios.  Nosotros trabajamos con el ambiente que compartimos en común que afecta a ese crecimiento.  
Hay muchas enseñanzas en la parábola del sembrador y debemos entender que la semilla en esta parábola no es dinero, ni es una acción, sino que es la palabra de Dios.  Lo que hace que nuestras ofrendas se conviertan en semilla es la revelación de la palabra que está en el corazón.   Es importante que ofrendemos por revelación de la palabra.
En esta parábola que Jesús nos enseña, el problema no es del sembrador, el problema tampoco es de la semilla, sino que hay diferentes clases de terreno que dan diferentes resultados; entre ellos, el pedregal.  El pedregal es el que recibe la semilla, la palabra, con gozo y buen ánimo, pero no hay frutos porque no hay profundidad. 
La falta de profundidad hace que, ante situaciones difíciles, la semilla no dé frutos.  La profundidad es lo que determina el resultado de la semilla.  Debemos cuidar que la palabra de Dios cale profundo en nuestras vidas. 
Los pedregales son aquellos pensamientos que no permiten que haya profundidad en la revelación de la palabra.  La biblia también nos ensena que esos pedregales, esos  pensamientos, se levantan como fortaleza, en altivez y tratan de destruir la semilla, la palabra de Dios. 
Tenemos la solución en nuestras manos para derribar todo argumento, toda fortaleza, y es llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo.  En 2 Corintios 10, Pablo nos dice que “las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para destrucción de todo argumento y altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo. “ 
Estas armas espirituales se encuentran en la misma semilla, en la misma palabra de Dios.  No debemos andar como cristianos no cimentados, sino como aquellos que están bien plantados y levantarnos con las armas espirituales, sembradas en la misma semilla, para poder derribar y destruir toda fortaleza que vaya en contra de la palabra de Dios.    
El vocabulario que usa Pablo en esta revelación es de milicia.  Un militar es vigilante, disciplinado, no cuestiona, sino que es obediente porque sabe vivir bajo autoridad.  Para añadir profundidad, debemos ser disciplinados.  Porque el resultado que obtiene la palabra está determinado por la actitud y la profundidad que nosotros le pongamos a esta palabra y cómo combatimos contra esos pensamientos altivos.
Los pensamientos negativos siempre van a llegar, pero toma las armas espirituales y lleva cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo declarando y creyendo la palabra de Dios.  Cuando vengan circunstancias difíciles a tu vida, quita todo pensamiento negativo y protege esa semilla, cuida de esa palabra y levántate como un cristiano victorioso. 

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