MISIONERA EN JORDANIA ES UN ANGEL EN EL DESIERTO


Conocida como la “Madre Teresa de los beduinos”, aunque no le gusta esa descripción, Aileen Coleman, una misionera australiana de 77 años ha pasado 50 de ellos, sirviéndoles a los pobres en el Medio Oriente.

“Si, no he sufrido nada. Una vida maravillosa. No me arrepiento”, dijo Coleman.

Esta misionera dirige un hospital misionero en el desierto de Jordania proveyendo atención médica a los beduinos, una tribu nómada de árabes que se están asentando cada vez más en un solo lugar.

“Tengo grandes amigos entre los árabes. Creo que algunos de mis mejores amigos en el mundo son musulmanes que nos han cuidado y en tiempos de conmoción política nos han alimentado trayéndonos comida, y por eso son una gente grandiosa”, comentó Aileen.

Aileen salió por primera vez al Medio Oriente cuando solo tenía 25 años. Eran los años cincuentas, época donde era raro que una mujer sola asumiera los retos del trabajo misionero, y más dirigiéndose a una sociedad donde la mujer jugaba un rol muy distinto.

Aileen mencionó que las mujeres son consideradas como ciudadanos de segunda clase y sin autoridad dentro de la familia, “Por ejemplo, yo aprendí a nunca presentar mi mano para saludar. Yo espero hasta que el hombre extiende la suya y luego correspondo.”

Pero este no fue el único reto cultural al que tubo que enfrentarse.

“Ayudamos a la esposa de uno de los sheiks a quedar embarazada y en agradecimiento ella hizo una fiesta para nosotros. Le sacó un ojo a una oveja y todos se detuvieron porque estaban muy impresionados de que ella me hubiera dado el ojo. Le pregunté a otro de los misioneros que debía hacer con eso. Ella dijo cómetelo. Entonces con gran dificultad y oración, me lo tragué todo.”

Aileen trabajó por 10 años en un hospital misionero en Belén, donde conoció a su mejor amiga la Dra. Eleanor Salto y con quien pronto decidió unir fuerzas, “sentimos que Dios quería que nos moviéramos al otro lado del río Jordán para vivir entre los beduinos. Para estar cerca de ellos y darles cuidados médicos y simplemente aprender su cultura y ser parte de sus vidas”.

Así que salieron juntas hacia Jordania sin un destino específico en mente y ningún lugar donde quedarse, y en donde los primeros años no fueron fáciles – dormían en el piso, con ratas por todos lados, inviernos amargos, y tormentas de arena destrozaban la tierra seca siete meses al año.

Su perseverancia les dio el apodo de “ratas del desierto”, como a los soldados australianos que lucharon en el Norte de África.

Esos humildes inicios lanzaron el Sanatorio Annoor para Enfermedades del Pecho, un hospital misionero de 60 camas que da cuidados médicos prácticamente gratuitos, “Nosotros cobramos por un mes de hospitalización con cuidados completos diez dólares canadienses si los tienen. Y muchas veces son tan pobres que es gratis. Tratamos de hacerles pagar un poco porque les ayuda sentir que han pagado algo en relación con el costo de sus cuidados”, explicó Coleman.

El personal del hospital comparte libremente sobre su fe en Jesús, algo prohibido en Jordania, al tratarse de un país musulmán; sin embargo, al ser dueños de la propiedad en la que se encuentran, las autoridades no lo consideran evangelismo sino adoración dentro de los límites de su propiedad.

Aileen trabaja en la actualidad sin la Dra. Salto, quien murió en un incendio en 1997.

Pero no esta sola, junto a ella están los trabajadores beduinos que ha entrenado, 20 misioneros sirven ahora en el hospital. Aileen menciona que nunca se casó, pero que de haberlo hecho no hubiera logrado todo lo que ha hecho.

“Yo disfruto ser soltera y creo que ha sido un gran don de Dios. No soy feminista, no estoy contra el matrimonio, pero para mi ha sido una opción de Dios buena, perfecta y aceptable. Y no me arrepiento de ser soltera”.

Y aunque nunca tuvo sus propios hijos, recibió y cuidó a nueve beduinos huérfanos.

El trabajo de Aileen ha sido plasmado en un libro, y ha recibido reconocimiento tanto del rey como la reina de Jordania, así como de la Reina Isabel – premios que mantiene guardados en una caja, “creo que como sirviente de Jesucristo, él me está honrando – no es que necesite ser honrada por Él, pero su aprobación a lo que hago es mucho más importante para mi”.

DONES DEL ESPIRITU


Hay quienes sostienen que los dones del Espíritu Santo únicamente fueron de la era de los apóstoles, sin embargo, hoy por hoy y tal vez más que antes, podemos advertir que el despertar del mover de Dios en las comunidades está en aumento.
Empero, cuál es el mayor problema al que nos enfrentamos como cristianos, y es precisamente a la ignorancia. Cuántos de nosotros somos creyentes de muchos años y no conocemos al menos el don que hemos recibido. Ignoramos que somos instrumentos en manos de Dios y que él nos ha capacitado para llevar a cabo sus propósitos. La ignorancia acerca de los dones espirituales es una desventaja a la que no podemos seguir dando la espalda.
Existen promesas de Dios de manifestar los dones del Espíritu Santo en este tiempo, el postrero en todas las edades. Es el último gran avivamiento, debemos orar y ayunar para que esta gran bendición se manifieste en todas las Iglesias. Joel 2:15-29

LA VERDADERA FELICIDAD


Juan 13:1-17 La felicidad en la vida cristiana no depende de las circunstancias sino de una decisión.

Para los que no creen en Cristo, la felicidad depende de las buenas circunstancias. La sonrisa puede variar según están las cosas o como se lleva con su suegra o su cuñada, si tiene problemas en el trabajo o en el hogar. Pero si esa persona está pasando por una situación difícil probablemente sienta que la felic

idad está muy lejana. Sin embargo, según la Biblia, el secreto de la felicidad no depende de lo que me ocurre en la vida sino de una decisión; que por demás acertada, produce felicidad.

Esa decisión es aceptar a Jesús en el corazón. Es vivir con Él, nuestra vida; es entender que no dependemos de lo que la vida nos depare sino que tenemos el gozo de Cristo en nuestro corazón, pase lo que pase. Por supuesto que vamos a tener luchas y batallas porque son parte de este mundo, pero siempre debemos tener en cuenta que eso es momentáneo. La Escritura dice en el Salmo 30:5b: “Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría”.



Esto quiere decir que hay un tiempo para llorar, para lamentarse, pero también hay un tiempo para tomar la victoria.
Veamos algunas razones de decepción de la gente que los aleja de la felicidad:
En primer lugar es porque siempre están esperando un cambio que no llega, eso roba la alegría. Hay gente que dice: "Seré feliz cuando las cosas cambien", pero lamentablemente, eso se puede demorar mucho.

También hay gente que dice: "Si yo hubiese tenido una mejor familia, una mejor educación, mejores posibilidades en la vida, si yo viviera en una casa nueva, si tuviera auto, si viajara... sería feliz". Pero la realidad es que a pesar de no tener todas estas cosas, uno puede ser feliz en el lugar y en la posición en la que se encuentra ahora mismo, teniendo a Jesús en el corazón.

Otros se encuentran tristes porque se sienten culpables. Muchos no

pueden creer que Dios los haya perdonado. La Biblia es muy clara al respecto cuando nos habla del incomparable amor de Dios que nos recibe tal cual somos.Otra razón de descontentamiento es el vivir comparándose con los demás. Esa comparación produce amargura por lo que no tengo en lugar de agradecimiento y disfrute por aquello que tengo. Tenemos que ser agradecidos por todo lo que Dios hizo y hace por nosotros cada día. Debemos recordar las victorias que hemos vivido.También produce descontento el corazón duro; la Palabra de Dios nos habla en el libro a los Hebreos sobre el pueblo de Israel a quienes se les había endurecido el corazón. Un cardiólogo decía que hay una enfermedad que provoca que el corazón comience a endurecerse, esta se llama "corazón de piedra" y puede llegar a causar la muerte. Y así como pasa con nuestro corazón físico, también sucede con
el corazón espiritual. La falta de perdón, los celos, la envidia, el afán, la ansiedad y esas cosas de la vida, van endureciendo nuestro corazón hasta hacerse casi de piedra.

Pero Jesús nos dice que hay una fórmula para la felicidad, en San Juan 13:17 dice: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados (otra traducción dice "felices") seréis si las hiciereis”.

Hoy vamos a remarcar tres principios para aprender a vivir en el verdadero gozo, el contentamiento espiritual:

Nº1- La verdadera alegría es el resultado de una vida de servicio.

Jesús lo enseñó en este pasaje, San Juan 13:3-4. (Ver)
Aquí vemos el primer secreto para tener una vida de felicidad, y es aprender a tener una vida de servicio. El lavado de los pies era un trabajo de los esclavos. Cada persona que llegaba a una casa, si tenía cierto nivel social, era recibida en la entrada por un esclavo (cuyo rango era el más bajo, era tratado casi como un perro) quien lavaba la suciedad propia del caminar con sandalias en calles de tierra. Estos esclavos eran despreciados, y su labor era la más baja
. Sin embargo Jesús eligió tomar este lugar para enseñarles una lección espiritual a sus discípulos.

¿Por qué Jesús tomó el lugar de siervo y esclavo?

La Biblia nos habla acerca de Jesús quien pudo comprender el gozo que genera el servicio; al servir a Dios y a los demás con fidelidad.
Filipenses 2:5-8 (ver) nos habla que siendo Él el Hijo de Dios no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse sino que se despojó a sí mismo tomando forma de hombre, y estando en la condición de hombre se humilló hasta la posición de siervo y de esclavo. Esto quiere decir que Jesús voluntariamente tomó la posición de siervo. Él es el ejemplo de servicio y de entrega quien renuncio así a sus derechos a pesar de ser el rey de gloria. A tal punto que el mismo Pedro le dijo (parafraseado): "No me puedes tocar, no puedes ocupar ese lugar tan desagradable, no te puedes degradar tanto. Tú eres el maestro" y Jesus le dijo: "Lo que estoy haciendo ahora es una lección espiritual que por el momento no la entiendes pero ya la entenderás después. Lo que estoy haciendo es mostrarte la verdadera fórmula de tu felicidad; la cual no radica en que te sirvan sino en servir a otros. Tu alegría es ser de bendición
a los demás. Tu alegría no es estar preocupándote por defender tus derechos sino al revés. Jesús les dio esta enseñanza después de haber escuchado seguramente las conversaciones de sus discípulos quienes estaban preocupados por ocupar los mejores lugares de autoridad en el reino de los cielos. Nuestra naturaleza humana quiere acaparar la atención de los demás, quiere que todos se vuelquen hacia mí. Uno, en la carne, busca estar primero, y eso muchas veces nos dificulta el disfrutar el servir a los demás.

Este pasaje nos deja una gran enseñanza cuando dice: “Debéis lavar los pies los unos a los otros”. ¿Esto me dice que debo lavar los pies de mis hermanos para ser más espiritual?, definitivamente no. Aquí habla de que lavar los pies es una actitud del corazón y no de las manos, está diciendo que debo ser humilde y honrar a mis hermanos. Esto es lo que nos va a dar felicidad.

¿Cómo puedo implementar la ayuda a nuestros hermanos?
Primero, ayudarlos en oración teniendo una sincera preocupación. En Gálatas 6:2 (ver) dice que debemos llevar las cargas los unos a los otros, debemos interesarnos en lo que le está pasando a quienes tengo a mi lado. Jesús estaba diciendo a sus discípulos: "Ustedes tienen un corazón egoísta y están continuamente pensando y discutiendo acerca de quién merece más que el otro. Pero yo les enseño que el secreto de la felicidad está en servir, en honrar y en levantar al otro".
Otra manera de bendecir al hermano es perdonando sus ofensas. En Efesios 4:32 dice: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.

Nº2-El secreto de la felicidad radica en la sumisión a la voluntad de Dios.

El que se sujeta a la voluntad de Dios, es fiel y por lo tanto, es bendecido. Juan 13:6-8 (ver). Aquí hace referencia a Jesús queriendo lavar los pies de Simón Pedro, quien se sorprende y se niega a recibir el lavado de pies pero también habla de la afirmación que hizo el Señor al decirle que era la única manera de tener comunión.

Cuando uno recibe a Cristo como su salvador personal toda la vida se santifica, pero ese diario andar muchas veces nos trae alguna situación que ensucia nuestros pies. Jesus enseña que la persona feliz es aquella que lava sus pies cada día, que deja en el altar de Dios todas sus cargas y pecados y se arrepiente. Cada uno de nosotros ya hemos sido perdonados, nuestra vida y nuestro ser han sido lavados pero el caminar en este mundo tan sucio hace necesario que vuelva al Señor cada día para ser lavado de mis errores. Aquí hay otra verdad que trae felicidad: aprender a confesar nuestros pecados a Dios. No olvidemos que permanentemente nos equivocamos. Es más, la Biblia nos habla en 1 Juan 1:9 que Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

Jesús quería enseñarles que no necesitaban ser lavados íntegros porque ya se habían convertido. Él indicaba que era necesario lavar solo los pies, lo cual se traduciría en confesar la bronca de cada día, los errores, las situaciones que generaron dolor en mi vida. Es por eso que Cristo le dijo a Pedro que debía lavar sus pies porque de lo contrario no iba a poder tener comunión con él.

Cuando uno camina con Jesús aprende una verdad: si tiene pecado, entonces la comunión con el Espíritu Santo se corta. El secreto para una vida de felicidad es aprender a confesar nuestros pecados.

Nº3- La felicidad es el resultado de la seguridad que provoca el saber que Dios está conmigo.

¿Qué es lo que me trae gozo? Según este pasaje, lo que me trae gozo es que yo pertenezco a Cristo. En el versículo 10 dice: “Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos (haciendo referencia a Judas)”. Con esto, estaba diciendo que el resultado de la salvación es que le pertenecemos al Señor. Y cuando uno le pertenece, está seguro de ser hijo de Dios.

Si quieres ser feliz, debes primero comprender quien eres en Dios. No eres esclavo ni estás en derrota. Si quieres tener gozo, tienes que estar seguro de que sus promesas son tuyas, que su poder es tuyo, que intercede por nosotros ante el Padre por cualquier necesidad o problema que podamos tener (Romanos 8:34). Esto trae gozo! el saber que las promesas de Dios se van a cumplir porque Él está contigo!! Eres un hijo o una hija de Dios totalmente transformado, justificado, regenerado, y salvo por la sangre de Jesucristo. Claro que vas a cometer pecados y seguramente tus pies se ensuciarán pero no dudes en acercarte al trono de gracia y aceptar el perdón para cada día!

Recuerda, la fórmula para tener la felicidad que tanto necesitamos, consta de tener un corazón de servicio, de estar sumiso frente a la Palabra de Dios y de disfrutar de la seguridad de saber quién eres en Él. Nada puede fallar! La bendición ya está en tu vida

EXHIBEN CARTA DE HITLER QUE CAMBIO LA HISTORIA


Diez meses después del final de la primera Guerra Mundial, un veterano alemán que había participado en la contienda escribió cuatro carillas en las que daba fundamentos para tratar "la cuestión judía" desde un punto de vista racional. Tenía 30 años y la firmó de puño y letra en tinta negra, con su letra redondeada: "Respetuosamente, Adolf Hitler".
La carta está fechada en 1919, décadas antes de la Shoá (el Holocausto). En ella, el entonces soldado alemán de 30 años nacido en Austria plasmó lo que parecen ser sus primeros comentarios sobre la aniquilación de los judíos.
"El peligro que representa el judaísmo para nuestro pueblo se expresa en la innegable aversión de grandes secciones de nuestro pueblo", escribió Hitler en alemán. "La causa de esta aversión surge principalmente del contacto personal y de la impresión personal que dejan los judíos como individuos, que casi siempre es desfavorable", asegura el genocida en el escrito.

Carta de Hitler/AP
En otro pasaje de la misiva, Hitler dice que un gobierno poderoso podría manejar la "amenaza judía" al negar sus derechos, pero que "su meta final debe ser la remoción inquebrantable de todos los judíos".
Aunque fue originalmente una respuesta a un colega en el comando militar, Adolf Geimlich, el documento es considerado relevante porque demuestra desde cuándo estaba creando sus ideas antisemitas.
Hallada casi 70 años después de haber sido escrita, ahora por primera vez se muestra al público en el Museo de la Tolerancia de la ciudad de Los Angeles, en Estados Unidos.
A fines de mayo de este año, el Centro Simon Wiesenthal, con sede en Los Angeles, compró el original por 150.000 dólares de un corredor de antigüedades en California. Antes, la carta había pertenecido a un corredor en Kansas que la adquirió del soldado estadounidense William F. Ziegler.

VIVIR EN FAMILIA



No se es familia sólo por los lazos sanguíneos. La familia es más que eso, es algo que se lleva en el corazón.
Madres, padres, hijos, hijas, hermanos y hermanas… todos debemos amarnos y sentirnos bien unos con otros.

Para vivir en familia hay que sentirse familia, y eso parte del corazón y del amor.
El mundo se constituye constantemente en un espacio de descomposición social que muy a menudo amenaza con una de las cosas más importantes en nuestras vidas: la familia. Y con ello no hablamos únicamente de ese concepto tradicional y yaestructurado de “familia”: madre, padre, hijos y hermanos. ¿Acaso si falta el padre o la madre ya no existe la familia? ¿Acaso si no somos hermanos de sangre no podemos ser hermanos del alma? ¿Acaso si nuestro hijo no creció en nuestro vientre ya no es nuestro hijo?
La familia no la hace la sangre sino el corazón: en algún momento hemos sentido a quien no comparte nuestro grupo sanguíneo como parte fundamental de nuestra existencia, por ende, es parte de nuestra familia, ¿cómo más podría decírsele? No debemos det
enernos en las construcciones esquemáticas que las personas poco generosas de espíritu han creado. La familia trasciende las barreras de una simple cadena de ADN y llega a llenarnos el corazón con su compañía y su alegría. No importa si somos hermanos o no, no importa si somos tíos o no, no importa si somos madres o no, lo verdaderamente importante es que lo sentimos, y ningún papel ni lazo preestablecido podrá borrar la intensidad de un sentimiento sincero. La familia no es sólo una y tampoco nos llega hecha: nosotros la podemos crear, aumentar, minimizar, nutrir, concertar…
Pero, ¿qué significa vivir en familia? ¿Tenemos una familia? ¿Sabemos vivir en familia?
Vivir en familia implica mucho más que compartir un espacio físico, implica comprendernos, apoyarnos, cuidarnos, tolerarnos, respetarnos, amarnos… Una autora hindú afirma que solemos
discutir con frecuencia con quienes tenemos mayor confianza, hecho que nos lleva a convertirnos en “luz de la calle, oscuridad de la casa”, pero lo cierto es que debemos empezar por valorar lo que se nos hace más cercano para luego poder apreciar con mayor claridad lo de afuera, no lo contrario.
Nosotras no somos monedas: cara para quienes nos conocen a fondo y sello para quienes apenas se acercan a nosotras. Debemos empezar a replantear nuestras prioridades y reconocernos como mujeres con cualidades y defectos sin que cambiemos de pensamientos según la ocasión y el público objeto.
Vivir en familia va más allá del protocolo, puesto que hablamos de unión, solidaridad y amor puro que no se excusa en la confianza para entregar lo “peorcito” de nosotras,
sino de un amor que desde la confianza encuentra su plenitud y abundancia. Habrán momentos en los que no querremos ver a los demás “ni en
pintura”, pero a pesar de las vicisitudes, siempre habrán razones por las cuales ser leales, respetuosas, justas, sonrientes y libres de prejuicios.
La familia es la cadena de ADN de nuestro corazón, es el resguardo de nuestras almas, así como podemos hacerla crecer sin límites también le podemos restarle importancia, pero lo que siempre debemos recordar es que a pesar de que en algunas ocasiones no veamos los brazos de nuestra familia, ella siempre estará allí para regalarnos calor en los momentos de frío y desolación.

¿POR QUE ALABAR?


Deberíamos alabar al Señor porque Dios ama la alabanza y busca adoradores (Jn. 4:23). La alabanza es importante para Él; cada vez que lo alabas, estás cumpliendo uno de los deseos más profundos de su corazón.

Deberíamos alabar al Señor, porque la alabanza es nuestra primera y eterna función en el cielo. En Apocalipsis 4—5, Dios da al apóstol Juan una visión del trono en el cielo. En aquella visión, Juan ve más de cien millones de ángeles (5:11) que están totalmente dedicados, día y noche, a adorar a Aquel que está sentado en el trono y al Cordero que está a su dies­tra (4:6-8; 5:12). Los santos y los ciudadanos del cielo que han ido antes que nosotros están también allí alabando y adorando al Señor. En cierto sentido, cuando alabamos al Señor aquí en la tierra, estamos haciendo un “ensayo gene­ral” de lo que haremos en el cielo por la eternidad. ¿Estás “practicando” a fin de prepararte para el concierto de ala­banza eterna en el cielo?

Deberíamos alabar al Señor, porque Él ha mandado que le adoremos. ¿Sabías que el mandamiento que más se repite en toda la Palabra de Dios es el mandamiento de “alabar al Señor”? (Sospecho que podría ser el mandamiento más olvidado también).

Deberíamos alabar al Señor, porque Él se merece nuestra alabanza y adoración. Solo Él es digno “de recibir la gloria y la honra y el poder” (Ap. 4:11). Él es Dios sobre todos los dio­ses, es Rey sobre todos los reyes, es Señor sobre todos los señores. No hay nadie como Él en el cielo o en la tierra. Él es digno de toda nuestra alabanza.

Deberíamos alabar al Señor, porque hemos sido creados para agradarle, y la alabanza le agrada. ¿Te has preguntado alguna vez cuál es tu propósito aquí en esta tierra? Cuando alabas a Dios, estás cumpliendo el máximo propósito de haber sido creada.

Deberíamos alabar al Señor, porque nos lleva a su presencia y hace descender su gloria. El Salmo 22:3 nos dice que en reali­dad Dios habita entre las alabanzas de su pueblo. Como lo expresó un predicador: “La alabanza es el domicilio de Dios”. El salmista nos invita y nos dice: “Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza” (Sal. 100:4).

En la dedicación del templo de Salomón, un coro masivo, acompañado de ciento veinte que tocaban la trompeta, así como otros instrumentos musicales, “alababan a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre” (2 Cr. 5:13). En ese momento, “la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios” (v. 14).

¿Quieres ver la gloria de Dios? ¿Quieres estar cerca de Él? A través de la alabanza, podrías llegar hasta su trono y al lugar de su más íntima presencia.

Deberíamos alabar al Señor, porque la alabanza es una cura para la sequía espiritual. Dios nos ha creado de tal manera que tenemos sed de Él. Cuando pretendemos que las cosas y las personas de esta tierra sacien nuestra sed, nos secamos y nos decepcionamos. Pero cuando levantamos nuestros ojos a Él en alabanza, nuestro corazón se llena. Un día, cuando David se estaba escondiendo del rey Saúl en el desierto de Judá, y se sentía seco y necesitado, descubrió este poderoso secreto:

“Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas, para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario. Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida; en tu nombre alzaré mis manos. Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, y con labios de júbilo te alabará mi boca” (Sal. 63:1-5).

¿Estás espiritualmente seca y sedienta? Comienza a ala­bar al Señor, y Él te llenará de sí mismo hasta que tu sed se sacie y tu copa rebose.

Deberíamos alabar al Señor, porque la alabanza derrota a Satanás. Satanás odia la alabanza, porque odia a Dios y odia todo lo que exalte o agrade a Dios. Una de las estrategias de Satanás es hacer que nos centremos en nosotros mismos; en nuestras necesidades, nuestros problemas, nuestras cir­cunstancias, nuestros sentimientos. Cuando alzamos nues­tros ojos, aunque estén llenos de lágrimas, y decidimos ala­bar al Señor, el plan de Satanás es destruido, y Dios gana la victoria en nuestra vida.

Cuando Satanás tentó a Jesús para que cayera y le ado­rara, Él le respondió: “Al Señor tu Dios adorarás” (Mt. 4:10). Al momento que Jesús expresó su compromiso de adorar solo a Dios, “el diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían” (4:11).

¿Te ha estado atormentado Satanás con dudas y temo­res? ¿Sientes que eres atacada con la tentación a pecar? Trata de alabar al Señor, y verás cómo Satanás huye.

Finalmente, deberíamos alabar al Señor, porque la ala­banza nos hace libres de la esclavitud espiritual. Acuérdate de Jonás. Sentado en el vientre de un gran pez, comenzó a clamar al Señor, primero en humillación, después en adoración. Tan pronto como el profeta arrepentido dijo: “Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios” (Jon. 2:9), “mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra” (v. 10).

La alabanza precede a la liberación y nos prepara para ella. Acuérdate de Pablo y Silas. En medio de la noche, pre­sos en un calabozo romano de Filipos, dejaron de pen­sar en sus heridas y alzaron sus ojos con himnos de ala­banza. Dios se agradó tanto de ellos, que envió un pequeño acompañamiento celestial en forma de un terremoto que sacudió los cimientos de la prisión y provocó que las puertas se abrieran de par en par (Hch. 16:11-34).

¿Estás viviendo en alguna clase de prisión? Tal vez eres esclava de tu pasado, de recuerdos dolorosos, de fracasos pasados, de las expectativas de otros o de algunos hábitos que te esclavizan. Tu prisión podría ser la consecuencia de tu propia desobediencia, como en el caso de Jonás. O podría ser el resultado del agravio de otros, como en el caso de Pablo y Silas. Si has pecado, entonces, desde luego, el arre­pentimiento es el primer paso. Después, levanta tu corazón en la celda de tu prisión, alaba al Señor y observa cómo Dios comienza a abrir las puertas. Tus circunstancias podrían cambiar o no; pero tú cambiarás; tu corazón será liberado; Dios te hará libre.