EL SÉPTIMO MANDAMIENTO Y LA FIDELIDAD CONYUGAL

Hay leyes y códigos de conducta que tienen como uno de sus objetivos fundamentales salvaguardar la fidelidad conyugal. Una de estas importantes reglas se llama Iyjud, o aislamiento.
Leemos en el libro de Shemuel II, capítulo 13, acerca de un joven llamado Amnón, hijo del rey David. Amnón estaba obsesionado con Tamar, también hija de David, pero de madre diferente. Amnón fingió estar enfermo, se encerró en su cuarto y le pidió a su padre David que le pidiera a Tamar prepararle algo para comer. Cuando Tamar llegó, Amnón hizo que todos los presentes salieran de su cuarto y pidió que Tamar le diera de comer de su mano. Cuando llegó Tamar, Amnón, por la fuerza, abusó de ella. Esto afectó al Rey David, quien se sintió en parte responsable por no haber evitado lo ocurrido. Junto con su Corte de Justicia (דוד המלך ובית דינו) establecieron, o según la mayoría de las opiniones, “extendieron” esta ley de Iyjud (גזרו על ייחוד פנויה, aclaremos que la Cortes de Justicia judías tienen el derecho de establecer nuevas regulaciones, como la Corte Suprema en los países el mundo moderno).
La ley de Iyjud (ייחוד , se pronuncia “ijud”) establece que un hombre judío no debe estar a solas en un cuarto cerrado con una mujer que no sea su esposa (o su madre, o su hija, etc).
Esta regla se enmarca dentro de la categoría de guedarim o siyaguim , es decir, “vallados o barreras de contención Halájicas” que evitan el riesgo de caer en una prohibición mayor.
Un vallado es lo que establece un guardabosque, cuando erige una cerca unos pasos antes de un precipicio, para que los que visitan el lugar no se acerquen demasiado, y por distracción o por lo atractivo del paisaje, se caigan.
Hay muchos ejemplos de este tipo de vallados en la sociedad moderna. A una persona que sufre de adicción al alcohol y se quiere rehabilitar se le aconseja no frecuentar bares, ni fiestas donde se bebe, ni salir con amigos que beben alcohol. Todos estas restricciones adicionales son “vallas” necesarias para que quien quiere recuperarse de su adicción se proteja de sí mismo, y de la tentación que puede llegar a ser irresistible. Es mucho más fácil resistirse a entrar a un bar, que resistirse a tomar alcohol, una vez que uno tiene una copa en la mano….
Los Jajamim consideraron que el instinto sexual es tan poderoso que uno no debería confiar sólo en su sentido común y su decencia (אין אפוטרופוס לעריות). Sino que deben existir normas adicionales, vallados, a fin de evitar enfrentar un escenario potencialmente inadecaudo. La regla del Iyjud tiene ese cometido: evitar un mal mayor. Y si bien la fidelidad es fundamentalmente un tema de valores y moralidad, si un hombre respetase al pie de la letra las leyes de Iyjud, la posibilidad de cometer adulterio, especialmente sin premeditación, disminuiría drásticamente. La ley de Iyjud establece que un hombre y una mujer deben evitar recluirse o permanecer solos en una habitación u oficina que esté trabada o cerrada con llave. La presencia de otras personas en ese recinto, o incluso el hecho que el lugar o la oficina donde están, sea accesible desde afuera, evita o disminuye significativamente la posibilidad de cualquier tipo de tentación, acoso o abuso sexual.
El concepto de Iyjud, es hoy, creo yo, más aceptado que nunca.
En los aeropuertos de EEUU si alguien que pasa por los controles de seguridad lleva algo inusual debajo de sus ropas, tendrá que ser escoltado a una oficina cerrada, donde se le ordenará sacarse la ropa. Pero todo ese tiempo, desde que entra hasta que sale, estará acompañado siempre no por uno, sino por “dos” oficiales de su mismo género. Así se evita que pueda suceder algo inadecuado. Es como que el concepto de Iyjud, lejos de haber pasado de moda, cada vez se entiende mejor y se aplica para evitar situaciones potencialmente indebidas.
Recuerdo que hace unos años participé en un congreso de rabinos organizado por la Orthodox Union (OU) y en una de las charlas, un prestigioso abogado nos recomendó a los rabinos presentes que siempre que atendamos a una persona dejemos la puerta de nuestra oficina entreabierta o por lo menos sin llave, como una forma de prevención general. Nos contó que en los Estados Unidos hay una enorme conciencia sobre este tema y que muchísimos profesionales judíos y no judíos, médicos, dentistas, psicólogos han establecido pautas similares, evitando aislarse con un paciente o un cliente a solas en un cuarto cerrado, para prevenir situaciones inapropiadas, casos o denuncias de abuso sexual.
Hace unos años atrás un rabino norteamericano tuvo una audiencia con el Papa anterior, Benedicto. Era en el tiempo en que la Iglesia de Boston había recibido cientos de denuncias de abuso sexual, pedofilia, etc. Este rabino le sugirió al Papa que la iglesia adoptase la ley judía de Iyjud, y la estableciera como política eclesiástica: que ningún cura o sacerdote se pueda reunir a solas con un alumno, niña o niño, en un recinto cerrado. Y que siguiendo esta simple regla se reducirían al mínimo los problemas que tanto daño habían causado a cientos o miles de menores.
No sé lo que pasó al final, y si el Papa siguió o no siguió este consejo, pero pude apreciar, una vez más, la infinita sabiduría de nuestra Torá y nuestros Sabios que hace miles de años establecieron leyes que recién hoy la humanidad llega a valorar, apreciar e imitar.

EL SEXTO MANDAMIENTO Y LA DONACIÓN DE ÓRGANOS

Hay dos tipos de donación de órganos: Cuando los órganos se toman de 1. donantes vivos y cuando se extraen de 2. donantes cadavéricos.
DONANTES VIVOS
Esta categoría incluye, por ejemplo, la donación de riñón; médula ósea y la donación de sangre.
En el pasado, muchos rabinos, entre ellos el rabino Isaac Weiss y el Rabino Eliezer Yehuda Waldenberg z”l, expresaron ciertas reservas acerca del permiso para donar un riñón, por ejemplo, porque pensaban que aunque una persona puede tener una vida normal con un solo riñón, los riesgos para el donante durante y después de la cirugía, eran demasiado altos y podían poner en peligro su vida.
En nuestros días, sin embargo, los donantes son examinados cuidadosamente física y psicológicamente, y los riesgos quirúrgicos y post-quirúrgicos de complicaciones para el donante han disminuido drásticamente, gracias a los avances de la medicina moderna. En una de sus respuesta rabínicas, el Rab Obadia Yosef z “l evalúa las objeciones del rabino Weiss y el rabino Waldenberg, y afirma que, puesto que hoy en día los riesgos involucrados en la donación de riñón son tan bajos, se considera un gran Mitsvá donar un riñón, y este acto se enmarca dentro de la Mitsvá de salvar una vida, (piquaj nefesh). La donación de un riñón para salvar una vida, sugiere el Rab, podría también ser requerida por el mandamiento de la Torá “lo ta’amod al dam re’ekha”, “no te quedarás inmóvil mientras tu prójimo se desangra” (es decir, mientras se está muriendo) “.
DONANTES CADAVÉRICOS
La forma más común de donación de órganos y la que se debate entre los rabinos modernos, es la donación de órganos después de la muerte del donante. Esta es la donación de órganos que se alude en las licencias de conducir donde se autoriza o no extraer los órganos para ser trasplantados.
La donación cadavérica se relaciona en un punto crucial con el sexto mandamiento. Esto es: la definición de “muerte”. Me explico: Algunos órganos, como el corazón, por ejemplo, no pueden ser trasplantados después de que éste deja de funcionar. El corazón debe ser extraído del cuerpo del donante, mientras que todavía está latiendo. Hasta la década de los 1970s, esta operación era imposible debido a que la insuficiencia cardiopulmonar irreversible, era el único estándar para la determinación de la muerte. Pero, más adelante, los científicos desarrollaron respiradores o ventiladores médicos que mantienen la respiración, evitando que el corazón deje de latir . En una situación conocida como “la muerte irreversible de la corteza cerebral” el cerebro podría detener por completo sus actividades vitales, mientras que el paciente todavía sigue respirando con el respirador y su corazón sigue latiendo. La pregunta entonces es: este paciente se considera muerto porque su cerebro ya está muerto, o se sigue considerando vivo porque su corazón sigue funcionando?
Hay dos opiniones sobre este tema:
1. CORAZÓN. La opinión más estricta sostiene que mientras el corazón está latiendo y la persona está respirando, el paciente se considera vivo, incluso cuando la respiración es causada por un respirador, e incluso cuando la corteza cerebral está muerta. Y por lo tanto, extraer el corazón de este paciente sería considerado asesinato. La fuente bíblica para esta opinión es que cuando el hombre fue creado, Dios insufló en el cuerpo de Adán un hálito de vida (respiración o nishmat jayim), y esto indica que la vida está determinada por la respiración.
2.CEREBRO. La opinión más permisiva también sostiene que la respiración es la señal inequívoca de vida. Pero explica que con el fin de ser considerada como un signo de vida, la respiración tiene que ser autónoma. El Rabinato de Israel emitió un fallo hace unos años indicando que en su opinión la muerte cerebral se debe considerar muerte, incluso si el paciente está conectado a un respirador artificial, y su corazón aún está latiendo. Explicaron que, si bien nos parece a nosotros que el paciente todavía está respirando, una vez que se determina la muerte de la corteza cerebral, el centro de control de la respiración autónomo se desactiva de forma irreversible, y se ha perdido para siempre el control sobre la respiración. La vida está conectada a la respiración cuando la respiración es autónoma, es decir, cuando todavía existe la capacidad de respirar. Un paciente con muerte cerebral que respira se podría comparar a un cuerpo decapitado que, de alguna manera, conectado a un respirador artificial, sigue con su corazón activo. Ya que el corazón es un músculo autónomo y puede funcionar “mecánicamente” incluso cuando no es activado por la corteza cerebral . Pero, puesto que ya no existe la posibilidad de respiración autónoma el paciente se considera muerto y en determinadas condiciones, sus órganos podrían extraerse para el trasplante.
TARJETAS de DONACIÓN DE ÓRGANOS 
En Israel (ver https://www.adi.gov.il/en/ ) y en los EE.UU.
(https://www.hods.org/) hay dos instituciones importantes ADI y HODS que apoyan la donación halájica de órganos y le ofrecen al donante la opción de elegir entre los dos dictámenes rabínicos anteriormente mencionados. Sus sitios web tienen fuentes de información muy importantes y serias sobre este tema.

EL QUINTO MANDAMIENTO: CÓMO TRATAR A NUESTROS PADRES MAYORES


כבד את אביך ואת אמך… למען יאריכון ימיך
“Honra a tu padre y a tu madre… para que/cuando tus días se alarguen sobre la tierra….
Mantener la dignidad de nuestros padres mientras se realiza la mitsvá de honrarlos, se aprende de un pasaje en el Talmud de Jerusalem,  que indica que “es posible alimentar a los padres de uno con exóticos manjares y aún así ser considerado un mal hijo;  y es posible forzar a uno de los padres a trabajar en la molienda y ser considerado un buen hijo”.
El Talmud ilustra estos casos con dos historias reales:
Primer caso, un hijo le daba de comer a su padre comida de lujo, aves exóticas (probablemente algún tipo de faisán).  Un día el padre le preguntó al hijo: ¿de dónde tienes el dinero para estos alimentos? Y el hijo respondió “Tranquilo, viejo. Un perro come en silencio lo que se le da, tu también debes comer tu comida sin hacer preguntas.” Este hijo, dice el Talmud:heredará el infierno.
El segundo caso se refiere a un hijo que trabajaba en la molienda de su padre. Un día, el rey convocó a los trabajadores de la molienda al palacio para ayudar con un trabajo muy difícil. El rey esperaba que cada familia mandara un trabajador.  El hijo decidió ofrecerse a trabajar para el rey y le dijo a su padre que tomará su lugar en la molienda de la familia, para que el padre no sea tratado de una manera poco digna ante el rey. Este hijo que envió a su padre a trabajar a la molienda, dicen los Sabios, “heredará el paraíso ‘.
Cuando un hijo o una hija está asistiendo o ayudando a sus padres ancianos, debe hacerlo con alegría y con un lenguaje corporal positivo. Si un hijo o una hija ayuda a sus padres, pero hace que sus padres sientan que son una carga, se genera un dolor emocional incalculable para los padres, especialmente cuando dependen exclusivamente de este hijo o hija. Los rabinos explicaron que cuando ayudamos a nuestros padres debemos hablar con ellos con dulzura, con buenas palabras y con el respeto que se le debe a una autoridad superior.
Cuando los padres mayores vienen a visitar a la casa de su hijos, deben ser recibidos con amor y honor. Y el hijo o hija deben enseñar a sus propios hijos a honrar y respetar a sus abuelos.
Para terminar, hemos citado en la cabecera de este artículo el versículo del 5to mandamiento que nos indica la obligación de honrar a nuestros padres. La Torá dice: “Honra a tu padre y a tu madre para que tus días en la tierra sean más largos …”, esta es la traducción convencional de este pasuq: por cuidar de nuestros padres mayores, tendremos el mérito de gozar de una vida más larga.
Hay una segunda lectura alternativa de este pasuq: En lugar de traducir lema’an ya-arijun yameja  como “para que tus días en la tierra sean más largos”, podemos traducirlo como “paracuando tus días en la tierra sean más largos”. Brevemente,  y en otras palabras: Si honras a tus padres, cuando tu seas mayor, merecerás ser honrado por tus hijos, de la misma forma que tu has honrado a tus padres. Esto es, por supuesto, una recompensa enorme. En mi experiencia como rabino, esta es una regla que casi no tiene excepciones: cuando envejecemos, seremos tratados por nuestros hijos de la misma manera que tratamos y honramos a nuestros propios padres. Nuestros hijos tal vez no siempre escuchan lo que decimos, pero sin duda ellos siempre ven lo que hacemos y repiten lo que hicimos.

EL CUARTO MANDAMIENTO: LOS DOS ASPECTOS DEL SHABBAT

זכר ליציאת מצרים La noción de “descanso” o “reposo” asociada con Shabbat puede llegar a ser un poco confusa. La gran mayoría de las traducciones de la Biblia presentan al Shabbat como un “día de descanso” que el Todopoderoso concede a la humanidad. Pero, ¿es el Shabbat un día de descanso semanal que nuestro Todopoderoso CEO nos concedió para que su empleados trabajen de manera más eficiente y más productiva durante la semana siguiente? Esta podría ser la idea de Shabbat una sociedad de esclavos (o una sociedad extremadamente materialista) donde la razón de la existencia humano es el trabajo, y el objetivo del descanso es mejorar la productividad.
Como ya hemos explicado, el Cuarto Mandamiento, la observancia del Shabbat, nos indica “abstenernos” de nuestro trabajo. Pero esa falta de actividad no está destinada al descanso físico sino a expresar, a través de nuestra inactividad, la convicción de que nuestros medios de vida provienen, en última instancia, de HaShem (ver  aquí). Desde este punto de vista, Shabbat nos recuerda Yetsiat Mitsrayim, la salida de Egipto. Una vez fuera de Egipto, como lo aprendimos del maná, dejamos de estar bajo la jurisdicción del Faraón e ingresamos bajo las alas de la Supervisión Divina. Shabbat NO es el medio (=descansar) para llegar a un fin (=trabajar mejor). Todo lo contrario: Shabbat es la finalidad de la semana. Trabajamos duro durante toda la semana para celebrar y disfrutar al máximo el día de Shabbat. Ese es el significado de la bendición del séptimo día en Génesis 2:3: HaShem “bendijo el séptimo día y lo santificó” es decir, lo estableció como el día más importante de la semana.
זכר למעשה בראשית En el contexto de Bereshit,  por otro lado, Shabbat expresa una noción diferente, la culminación de la creación. La idea principal que transmite Shabbat en Bereshit es que en el séptimo día Dios finalizó (vayikhal) Su trabajo creativo y detuvo (vayishbot) “para siempre” el proceso Creación.
RaDaQ explica muy claramente que el Shabbat marca el final del proceso de Creación. ונגמרו כולם ביום הששי ומכאן ואילך אין כל חדש … שלא ברא אחר יום הששי דבר “Y a partir de este momento [después del Sexto Día] no hubo nuevas creaciones… porque [Dios] no creó nada  nuevo después del Sexto Día “(Génesis 2: 1-2)”.
Vamos a explorar el significado más profundo de las palabras de RaDaQ.
¿Por qué los cristianos celebran la Creación el día domingo, los musulmanes el viernes y nosotros los judíos en Shabbat? A primera vista, pareciera que tiene más sentido conmemorar la creación en el primer día de la semana, que celebra el inicio de la Creación. O bien el Sexto Día, el último día de la creación. La Tora, sin embargo, indica que debemos celebrar el acto de creación en el séptimo día, cuando Dios “terminó” Su Creación. ¿El día que no hubo Creación para celebrar la Creación? ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia entre el proceso Divino de la Creación y la naturaleza? Si la materia y la vida hubieran sido producidas por la naturaleza, la naturaleza NO podría dejar de seguir creando. La naturaleza no puede parar su curso “natural”. Debería haber continuado la creación de átomos y células, materia y seres vivos. A pesar de lo que digan algunos científicos seculares, cuando un evento ocurre sólo una vez, no se lo puede considerar  un evento de “natural”. Es más bien un evento “sobrenatural”. En este sentido, según lo explicado por los rabinos del Talmud, la observancia del Shabbat es nuestro testimonio de que Dios, y NO la naturaleza, creó el universo. Que nada surgió de forma espontánea o natural.
La conclusión del proceso creativo, es decir, el Shabbat, es lo que hace que la Creación haya sido un fenómeno único e irrepetible, algo que sólo ocurrió una vez, durante un período particular y singular llamado “Los Seis Días de la Creación”.  Shabbat, “zejer lema’asé bereshit”, celebra el acto de Creación. Nuestro testimonio de que Dios, y NO la naturaleza, trajo a nuestro mundo a su existencia.

EL TERCER MANDAMIENTO NO ME MALREPRESENTARÁS

 “No invocarás el nombre de HaShem tu Dios en vano; porque no será perdonado por HaShem aquel que lleve/invoque Su nombre en vano.”

Previamente presentamos 2 explicaciones del tercer mandamiento. En síntesis se podría decir que las dos explicaciones difieren en cuanto a la traducción (o el alcance) de la palabra hebrea “TISA”. Primero exploramos lo que se aprende del Tercer Mandamiento cuando entendemos LO TISA como no “invocar” el nombre de HaShem en vano, en el contexto de un juramento, promesa, berajá, etc..

En segundo lugar, explicamos LO TISA como “No llevarás el nombre de Dios en vano” y la responsabilidad que esta misión exige (ver aquí).

Siguiendo con este mismo tema, hoy, conversando con mi mama que vive en Buenos Aires, escuché algunas noticias de lo que está ocurriendo en estos días en la Argentina, donde muchos casos de corrupción se están finalmente desenmascarando.

Cuando un ejecutivo de una compañía defrauda económicamente a su empresa, usando fondos de la compañía para beneficio personal, está engañando a su empresa, a sus socios, clientes y empleadores.    Pero cuando un líder religioso usa fondos públicos inapropiadamente, o es partícipe de algún fraude económico,  no solo está engañado a sus “empleadores”, sino que por sobre todo está perjudicando muchísimo a la religión que representa. En Argentina, se comenta que ayudaron a un ladrón de guantes blancos a entrar a un convento en la mitad de la noche y esconder allí dinero mal habido. Si esto se comprueba, entonces en primer lugar, tendríamos un ejemplo muy real, aunque no sea dentro del marco judío, de como a veces se puede trivialidad, utilizar en vano o para fines materiales el “prestigio de una institución religiosa” que supuestamente funciona en nombre de Dios.

Esto , por supuesto, puede pasar en todas las religiones y el efecto de frustración y desencanto que estos escándalos causan en los feligreses es devastador. Ya que afectará el prestigio de la religión , y/o aquellos que la representan, quienes supuestamente deben dar el ejemplo de honestidad e integridad moral.

Si algo parecido ocurriera en el pueblo judío se llamaría JILUL HASHEM ,la profanación “del nombre de HaShem”. ¿Y por qué se denomina así?

Los judíos “llevamos” el nombre de HaShem, y por lo tanto , somos responsables de no defraudar ni trivializar Su nombre.

Imaginemos que yo trabajo para Federal Express. Llevo el uniforme , la insignia y la gorra que me identifica como Federal Express. Trabajar para esta compañía implica también que yo represento a esta compañía. Si trato bien a los clientes, los clientes no van a decir que Fulano de tal los trató bien, más bien van a decir que el servicio al cliente de Federal Express es excelente. El crédito va para la compañía, no para el individuo. Lo mismo pasaría si yo trato mal a los clientes: la compañía es la que va a sufrir un gran daño en su reputación y en su nombre…..

De una manera similar,  los Yehudim representamos a HaShem: “trabajamos” (o quizás somos Sus socios) en Su compañía. Hasta nos vestimos con un uniforme que nos identifican con HaShem: Kippa, Tseniut y por sobre todo , Talit y Tefilin. Estos últimos, representan en realidad el nombre de HaShem como dice el pasuq כי שם ה’ נקרא עליך  que el mundo es testigo que Nombre Divino está en cada Yehudí.

El tercer Mandamiento no se refiere sólo al caso en el que nuestras palabras pueden trivializar o profanar el Nombre de HaShem. Son principalmente nuestras acciones las que afectan para un lado o para el otro el prestigio y la reputación del Nombre de HaShem que todo judío lleva consigo.

EL SEGUNDO MANDAMIENTO: NO SERÁS SUPERSTICIOSO

Estamos analizando el segundo mandamiento, “No tendrás otros dioses delante de Mí”. La Torá nos advierte que no debemos creer en otros dioses o poderes –objetos o fuerzas sobrenaturales– que supuestamente son independientes de HaShem.  
Si bien la mayoría del mundo moderno ha superado la idolatría clásica, es decir, la adoración a dioses de piedra o madera, todavía sobreviven ciertos hábitos íntimamente conectados con las prácticas idólatras. Me refiero a las supersticiones.
¿A qué nos referimos con supersticiones?  A la creencia o la fe en el poder de algo que NO es HaShem, una perfecta ilustración de lo prohibido en el segundo mandamiento.
Ejemplos: la creencia en el poder, bueno o malo, de ciertos objetos. Digamos un espejo roto, un anillo o un libro con poderes, una cinta roja, agua bendecida por un “santo”, etc.
La humanidad, especialmente los sectores menos educados de la población, siempre se sintieron tentados a creer en supersticiones, y atribuir ciertos poderes a objetos o fenómenos naturales. Como ya explicamos, es mucho más fácil servir a un objeto que no exige nada de nosotros, que servir a HaShem que nos demanda aprender, estudiar, y nos exige disciplina, integridad,  generosidad, etc. También está el efecto “control”. Puedo comprar una “cinta roja” y tener la sensación que al poseerla la controlo, y controlo su poder, como el anillo del “Lord of the Rings”….
De un total de 613 mandamientos, la Torá dedicó más de 50 a la negación de la idolatría, para enseñarle el pueblo judío a rechazar toda creencia y culto a poderes mágicos o supersticiosos, o como lo llama la Torá, Abodá Zará.
El segundo mandamiento nos enseña que no hay nadie ni nada que tenga un “poder” o un influencia sobrenatural en nuestras vidas, más que HaShem.
Es muy grave, pero debemos reconocer que lamentablemente, aún personas creyentes u observantes pueden caer en las supersticiones.  Pareciera ser que es compatible creer en Dios y ser supersticioso al mismo tiempo. Especialmente si los objetos de superstición son objetos rituales.
Este fenómeno no es nuevo. Veamos un ejemplo. Hay poco artículos religiosos más sagrado que  el Tefilin , las filacterias que los hombres judíos vestimos todos los días para rezar. El Tefilin tiene obviamente QUEDUSHÁ, “santidad”, lo cual significa que debe ser tratado con muchísimo cuidado. No se lo puede llevar a lugares inapropiados, etc.
Pero no hay que confundir “quedushá”, que como lo ejemplifica el caso del Tefilín, nos demanda cuidar de estos artículos, con la falsa creencia de que el Tefilin, como objeto ritual,  tiene superpoderes. Maimónides escribió sobre este tema. Imaginemos que un niño pequeño llora sin parar. Y ya tratamos todo para calmarlo. La pregunta que explora Maimónides es ¿podemos colocar en la cama de este niño un Tefilin, para que con el “poder de la santidad del Tefilin” ese bebé deje de llorar y pueda dormir? Lo mismo podríamos hacer con un Sefer Torá, un rollo de Torá, el único objeto que tiene una quedushá / santidad mayor a la del tefilin. ¡No existen objetos más sagrados! Por lo tanto, si la santidad de un objeto religioso proyecta algún poder sobrenatural que ese objeto posee, estos dos artículo deberían estar en lo más alto de la lista de efectividad.
Maimónides, que menciona explícitamente estos dos artículos, considera esta práctica como una forma de idolatría, y lo condena con palabras muy pero muy severas
MT, Abodá Zará 11:12: “… asimismo, si alguien coloca un Tefilin o un Sefer Torá en [la cama de] un niño pequeño para que se quede dormido, no solo que es culpable de [dos formas de idolatría:] encantamiento y hechicería, sino que también es culpable de herejía….”. 
Como vemos, no es un nuevo fenómeno que algunas personas un poco confundidas quieran “usar” artículos rituales  para prácticas supersticiosas.
El segundo mandamiento nos enseña que no existen otros “poderes” independientes de Dios.  No importa que tan sagrados sean esos objetos.
Lejos de apelar a objetos o amuletos, lo que debo hacer en caso de enfermedad o de cualquier otro problema, es en primer lugar realizar mi mayor esfuerzo por resolver el problema, y a la vez REZAR, pedirle directamente a HaShem que nos ayude. Sabiendo que en última instancia, todo está EXCLUSIVAMENTE bajo Su poder.

EL PRIMER MANDAMIENTO, SEGÚN LOS JUDÍOS

Cuando el pueblo de Israel vio que Moshé tardaba en regresar del Monte Sinaí hicieron un ídolo, un becerro de oro. En la inauguración oficial de esa nueva “religión”, similar a la religión de los egipcios que adoraban animales,  declararon: “Ele ELOQUEJA Israel”, “Este es tu Dios, Israel”. 
Es interesante observar que, consciente o inconscientemente, utilizaron la misma expresión que HaShem utilizó en el primer mandamiento cuando dijo “Anojí HaShem, ELOQUEJA”, Yo HaShem, soy tu Dios”.
Evidentemente la intención NO era reemplazar a HaShem por un becerro de oro. El pueblo judío seguía creyendo en Dios. Pero no todos estaban conformes con que HaShem sea “ELOQUEJA”: un Dios al que uno “sirve” comportándose con integridad y con una conducta moral intachable…
El becerro de oro era un “ELOQUEJA” completamente diferente. Para “servirlo” el pueblo se emborrachó y se entregó a la lujuria y a la promiscuidad. Esa es la forma de adorar a los ídolos paganos.
Este detalle es revelador y muy relevante para comprender la naturaleza de nuestra Emuná o fe judía.    Más allá de lo obvio, la principal diferencia entre servir a HaShem y servir al becerro es que el becerro de oro NO habla, no se revela, no demanda nada, no se mete en lo hago o dejo de hacer. Mientras que HaShem exige que practiquemos la quedushá, que obedezcamos elevandonos y controlando nuestros impulsos, al becerro de oro se lo adora justamente obedeciendo a los más bajos instintos. El becerro de oro NO se entromete en mi vida privada.  No tiene demandas éticas ni espirituales.  Al igual que los dioses griegos o romanos, sólo me pide que de vez en cuando le ofrezca algún sacrificio, para satisfacer SUS apetitos…
Yo leí un poco sobre la vida de Albert Einstein, un gran científico y alguien que ayudó al Estado de Israel.  Siempre me interesó comprender su filosofía religiosa.   Lo que aprendí es que Einstein creía en Dios, pero a su manera. No creía en el Dios de Abraham Itsjaq y Yaaqob, un Dios “personal”, es decir, que nos indica qué debemos hacer con nuestras vidas.
El dios de Einstein y de muchos individuos progresistas o liberales, es el sabio creador del mundo, pero no se mete en lo que yo hago o dejo de hacer. Es como el dios de Aristóteles que creó el mundo y luego lo abandonó a su suerte. O el dios pasivo que Espinoza que es todo (o nada) a la vez, pero que no tiene una voluntad específica, o si la tiene no la manifiesta.  La paradoja es que millones de individuos creen en Dios, pero se relacionan con Él ח”ו como si se tratara del becerro de oro:  no piensan que necesariamente hay que obedecer Su voluntad.
El primer mandamiento, por el otro lado, deja muy en claro que HaShem no es sólo el Creador. Él es también quien define qué está bien y qué está mal.  La forma judía de relacionarnos con Dios pasa en primer lugar por la obediencia a Sus mandamientos. Por observar el código de conducta que Él estableció. Nuestra relación con HaShem, tal como la relación entre esposos o entre padres e hijos, consiste en una serie de derechos y obligaciones.