LO QUE NO ES

En 1ra. Corintios 1:26-29, dice: Mira tu vocación, no tienes mucha sabiduría, no eres muy poderoso, ni tienes influencia política, sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios de este mundo. Y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.
Ante el llamado de Dios, siempre lo primero que viene a la mente es “¿Cómo lo voy a hacer?” y “Yo no puedo”.  Pero dice la biblia que Dios precisamente nos escoge con todas nuestras debilidades para que nadie se jacte.
En estos versos, hay una frase que se repite tres veces: Escogió Dios.  Tu poder viene de que alguien te escogió.   Tu seguridad no viene de quién tú eres, ni de tus habilidades, sino de quién te escogió.  No se trata de ti; se trata de Él.  Él te escogió y te llamó, por encima de otras personas.   Aunque haya personas más preparadas, él te escogió a ti.
La escritura continúa diciendo: Pero por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención, para que, como está escrito: «El que se gloría, gloríese en el Señor.»  No se trata de tu habilidad ni de tus talentos.  Dios te llama por tus debilidades, porque se trata de él en tu vida.
Por encima de lo que el mundo opine de ti, él te escogió a ti.  Él sabe tu pasado, de dónde vienes y todos los problemas y, con todo eso, te escogió para que la gloria sea toda de Él.  No se trata de ti, sino que se trata de que, en medio de tus debilidades, su poder se perfecciona en ti.  Se trata de que, en medio de tu debilidad, cuando dices no puedo más, él dice,ahora es porque no es con espada ni con ejército, sino con su Santo Espíritu.
Para que entres en el llamado de Dios para tu vida, es necesario entender que no se trata de tu potencial sino que se trata de lo que él va a hacer contigo y a través de ti.  Se trata de que, en medio de tus debilidades, el poder de Dios se perfecciona.  En medio de tu necedad, Dios va a mostrarse para avergonzar a los sabios de este mundo.
Deja la frustración ante el llamado de Dios para tu vida.  Hasta hoy.  Alcanza lo que Dios ha dicho, por encima de tu poco talento porque, al fin y al cabo, él se va a llevar la gloria.  Cuando los que te rodean vean, tendrán que decir: Solamente Dios puede hacer algo así.  No se trata de que te sientas bien contigo mismo, se trata de que entiendas lo que Cristo hizo por ti en la cruz del Calvario, cuando nadie daba un centavo por ti.
Muchos tendrán que reconocer lo que Dios ha hecho en tu vida.  No sigas más frustrado.  No pretendas que el mundo lo entienda.  No se trata de ti; se trata de que él.  En medio de tus debilidades, él se va a llevar toda la gloria.  Dios va a orquestar todo, de tal manera que tendrán que reconocer que ha sido él quien lo ha hecho.

BAJO AUTORIDAD

Lucas 7:8 Reina-Valera 1960 (RVR1960) 

Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.


Es interesante ver como cada persona hace sus propios mitos acerca de lo que es Dios y sin darse cuenta se pierden de la mejor parte de Dios, ya que prefieren vivir apegados a su propia fantasía que a la verdad. Hay personas que tienen miedo a conocer a Dios porque pareciera ser un "cambio de religión", siendo que no entienden de lo que trata, religión, viene del vocablo latín "religare", que significa reconciliarse con Dios, por tanto si su religión no le funciona y no está usted constantemente recibiendo los beneficios del Reino de los Cielos y escuchando la voz de Dios todo el tiempo, le urge un cambio de religión, es decir, tiene que encontrar otra manera de reconciliarse con Dios, pues la que tiene, no le funciona, pero el cambiar de religión, no tiene que ver con el ir a otra iglesia, la iglesia y la religión no tienen nada que ver la una con la otra. 

Existe otro grupo de personas que tienen miedo a aprender cosas nuevas acerca de Dios por miedo a traicionar a su familia y aquello que les "inculcaron", como si la tradición familiar pudiera salvarles y darles vida eterna o pudiera perdonar los pecados que solo Jesús a su único y particular modo puede hacer, que dista mucho de lo que a esas personas les "inculcaron". Esto me lleva a pensar a esa famosa frase de "te prefiero en la cárcel o en las drogas a que seas cristiano", y no termino de entender que es eso tan malo que tiene el acercarse a Dios que las familias tradicionales tanto repelen. Y por favor no piense que estoy hablando de hacerse cristiano, ni defendiendo a los cristianos, lo que le quiero compartir va mucho, pero mucho mas allá de eso, recuerde que estamos hablando acerca de gobernar para Dios en esta serie, sea paciente y vamos a llegar al punto en un momento. La cita de hoy habla de un Centurión Romano, traducido a términos actuales, algo así como un General del Ejercito, el cual estaba muy angustiado por su siervo judío que estaba muy enfermo y decidió acudir a Jesús para que le sanara, pero había un pequeño detalle, no llevó al siervo consigo, por tanto Jesús asumió que el Centurión pretendía que Jesús fuera con el para sanarle, pero la respuesta del Centurión es aquello de lo que le quiero hablar. Piense en esto, los Romanos no creían en Dios, ellos tenían entre otros dioses a Nimrod (dios del sol y originalmente nieto de Noe), y el Centurión no tuvo mas que escuchar a su siervo y ver las obras de ese Dios vivo (Yahvé) en el para poder creer no solo que era un Dios vivo, sino para empezar a hacer aquello que estaba escrito en su palabra y por tanto también creyó en Jesús quien habitaba la tierra en ese tiempo. El detalle no es creer en Dios, sino creerle a Dios, aún los budistas, los musulmanes y muchos otros creen en Dios, mas eso no los pone en bajo sus efectos, el beneficio se recibe cuando se le cree al Dios que todo lo puede. 

El Centurión no tuvo que cambiar de religión (probablemente le hubiera costado la vida si lo hacía), pero tuvo el interés de buscar a Dios por medio de su palabra y creerle a la palabra de Dios para que esta tuviera efecto en el, de modo que aprendió que Dios no nos hace independientes y él mas que nadie supo que NADIE puede tener una relación con Dios "a su manera", ya que Dios nos dio un modo y un orden para tener una relación con Él, para que los beneficios de ese modo y ese orden se manifestaran en su vida. Y fue cuando eso le quedó claro, que se dio cuenta que Jesús no necesitaba ir físicamente a sanar al siervo, sino solo tenía que hablar sanidad y esta iba a suceder, ya que tanto el Centurión como el siervo se entendían bajo la autoridad de Dios y esta tendría su efecto en ellos por ende. Hay muchas personas que oran, rezan o piden cosas que por lo general no saben si las recibirán, y sabe por qué es esto?, sencillo, porque oran, rezan y piden sin saberse bajo la autoridad de Dios, ya que piden cosas que les interesan a ellos, pero que por lo general no glorifican a Dios, no se dan cuenta que lo que piden por lo general ya está contenido en alguna promesa de la Biblia, la cual tiene una condición y que Dios estará más que gustoso en cumplir en cuanto nos entendamos bajo su autoridad. Por tanto el secreto no está en cambiar de religión como muchos lo entienden, sino en cambiar de religión como lo entiende Dios, en reconciliarnos con Él, ya que nuestro pecado nos enemista con Él y solo su palabra nos asegurará el no caer de nuevo constantemente como hacemos hoy. 

La Biblia nos promete poder, el cual estará contenido en nuestras bocas, seremos capaces de declarar y decretar cosas todo el tiempo, milagros, sanidades, finanzas, y qué se yo, pero siempre y cuando tengamos a Dios quien nos respalde agradándose de nosotros por vivir como Él lo dicta, tal como hizo el Centurión, quien entendió que la autoridad que salía de el, no tenía poder si no estaba el bajo la autoridad de Dios de quien sale el verdadero poder de la eternidad.

VIVE BAJO EL PODER DE DIOS

La razón por la cual mucha gente queda paralizada en la casa de Dios, y no completa el llamado de Dios en su vida, es que, ante un gran llamado, experimentan frustración porque lo que se hace más presente en su vida no es su potencial, sino sus debilidades.  Muchos dicen: Yo podría hacer tantas cosas, pero no han hecho nada.  Y es que los cristianos no debemos vivir bajo el potencial, sino bajo el llamado que Dios nos ha dado.
Vivir bajo el potencial es explotar tus habilidades naturales, espirituales y emocionales para alcanzar lo que crees que puedes alcanzar.  Vivir bajo el llamado de Dios hace que uses tus debilidades para su gloria.
La persona que se enfoca en potencial, se enfoca en lo que puede hacer para sentirse bien.  Y comienza a hacer un inventario de habilidades y debilidades en su vida, un inventario de lo que puede hacer y lo que no.  Pero lo grande es que Dios no nos llama basado en nuestro potencial.
Está bien que sepas cuáles son tus habilidades, debilidades y fortalezas.  Debes saber tus fortalezas, porque son las que te van ayudar a vivir el llamado de Dios en tu vida.  Pero no hagas de tus fortalezas tu llamado, porque entonces serían tus  fortalezas las que determinarían el destino de Dios para tu vida, y estas siempre son limitadas.  Estarías viviendo bajo tu potencial, y no bajo el poder de Dios.  Tu vocación, tu llamado, no se cumple por tu potencial, sino por lo que Dios puede hacer contigo, con esas partes que ti mismo que no crees que sirvan para algo.
En la biblia, vemos que siempre que Dios llamó a alguien para hacer algo grande, estas personas siempre presentaron a Dios sus debilidades.  Dios le dice a Abraham: Serás padre de multitudes; y este le contesta: ¿Cómo, si no tengo hijo?  Dios llama a Gedeón: Varón esforzado y valiente.  Y Gedeón le contesta: ¿Cómo yo, siendo el más pequeño de la tribu, de la familia?  María vas a quedar embarazada, y María contesta: ¿Cómo, si no conozco varón?
Hasta que no te atrevas a salir en fe y caminar en autoridad para vivir, no bajo tu potencial, sino bajo tu llamado, no alcanzarás el destino que Dios tiene para ti.  Hasta hoy, has vivido lo que has podido hacer, pero no has alcanzado todo lo que Dios puede hacer contigo, y no es lo mismo.  El gran reto es hacer lo que Dios ha dicho que hagas, aunque en tu mente creas que no puedes hacerlo.
Dios llama a Moisés y la primera pregunta que Moisés le dice es: ¿Quién soy yo?  Moisés quería que Dios lo definiera.  Dios le contesta: Ve; Yo estaré contigo.  Dios no le dijo a Moisés quién era.  Este ha sido el problema del hombre; que siempre quiere saber quién es.  Para cumplir el llamado de Dios, no es importante saber quién tú eres, sino saber que Dios va contigo.  Luego, Moisés le dice: Señor, no me van a creer, porque no tengo marca de que me has hablado.  Dios le contesta: ¿Qué tienes en tu mano?
La marca está en tus manos.
Lo que hay en tu mano, que también está en las manos de otra gente, no funciona con los demás como va a funcionar en tu mano.  La marca de que Dios está contigo y de que se te apareció son los resultados que Dios va a dar a través de tus manos.  Tienes que creerle a Dios que, con lo que hay en tu mano, él va a mostrarle al mundo que él te llamó y te escogió.
Continúa Moisés diciéndole a Dios: Es que no sé hablar.  Vemos cómo se magnificó la debilidad de Moisés.  Cada vez que Dios te llama, la presión está en tus debilidades.  Dios no te llama por tus habilidades, por tu potencial, ni por tus talentos.  Tienes que entender que Dios sabe quién tú eres, lo que puedes o no puedes hacer.  Y, por encima de lo que no puedes hacer, él te escogió.
Es importante entender que no se trata de tu potencial, sino el saber que Dios irá contigo.

LAS CIRCUNSTANCIAS NO TE DEFINEN

En 2da. Corintios 4:7-18, Pablo nos aclara que los cristianos no estamos exentos de dificultades; pero, si creas la conciencia correcta en tu interior, de todas las situaciones, Dios te va a librar con éxito y alcanzarás el llamado de Dios en para tu vida.
Pablo dice que, para ser tenaz y no desmayar, no puedes permitir que las circunstancias definan tu condición.  Él decía: Estoy derribado, pero no destruido.  En otras palabras: Las circunstancias no definen quién yo soy, cómo yo estoy o dónde yo estoy.  Las circunstancias no definen tu vida, tu carácter, tu posición.  El hecho de que no tengas trabajo no quiere decir que eres pobre y no vas a tener éxito.  La definición de tu vida la determinas tú.
No se trata de que seamos irrealistas, sino de que veamos las cosas a través de la palabra de Dios.  Puede que estés derribado, pero no estás destruido.  Hay personas que dicen: Desde que pasó tal problema, ya no soy la misma persona.  Estas personas se convierten en víctimas de los problemas.  Basta ya.  Como Pablo, derribado, pero no destruido.  Para tener tenacidad, no puedes permitir que un problema defina tu condición.
Pablo minimiza el problema y maximiza la recompensa, cuando nos dice: Esta leve y momentánea tribulación, trae un eterno peso de gloria.  La persona que desmaya es aquella que ve un grande problema y poca recompensa.  El problema es que muchos maximizan el problema diciendo: Esto no es fácil, esto es muy duro, esto es muy fuerte y demasiado grande.  Los cristianos no vivimos por una recompensa presente, sino por una recompensa eterna.  Nuestra manera de saber que estamos ganando no es por un estado temporero, sino por el impacto que podemos lograr, que va más allá que un tiempo aquí en la tierra.  Eres tú quien determinas cómo ver las cosas.  Se trata de que digas: Saldré de este problema, porque Dios me dará la victoria.
Pablo realizó, a través de su vida, que los problemas y las crisis lo impulsaban y lo promovían al nuevo destino.  Te vas a dar cuenta que, cuando no hay problemas o resistencia en tu vida, es porque te estás quedando en el mismo sitio.  En todo lugar hay problemas normales de la vida, pero, pero son aquellos que se convierten en crisis los que te mueven a un nuevo nivel.  Son aquellos que han sido difíciles, pero cuando sales de ellos recibes promoción, aumento, te llevan a otro nivel.
Pablo nunca habla en singular en estos versos, sino en plural.  Dice: No desmayamos; estamos derribados, pero no estamos destruidos.  Si hay algo que da tenacidad al hombre, es conectarse y tener conexiones divinas.  El problema está en aquellos que se aíslan.  En las conexiones divinas, hay fortaleza.  Por esto nos congregamos y vamos a la iglesia.  Es ahí que escuchamos la palabra de Dios y, en medio de las dificultades, en vez de huir, nos conectamos con aquellos que dicen: Lo vamos a alcanzar; Dios tiene cosas más grandes; Dios nos va a dar la victoria.
Dios te da la tenacidad para completar su propósito en tu vida.  Párate firme, sigue hacia adelante.  Tus ojos no se cerrarán hasta que veas lo que Dios te ha prometido.

PELEA DEL LADO DE DIOS

Apocalipsis 17:14 Reina-Valera 1960 (RVR1960) 

Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles.

En cuantas ocasiones hemos escuchado a tantas personas asegurar que según Dios es el año de esto o de lo otro y siempre nos animamos al escuchar a todas estas personas hablar con tanto entusiasmo, más no nos queda del todo claro, o más bien en lo absoluto claro como es eso de tener un año de gobierno, de Reino o de lo que sea en el Señor y justo de eso le quiero platicar en los próximos días y a partir de hoy. 

Muchas personas viven bajo el moto de "déjaselo a Dios en sus manos", el detalle es que el desentenderse de las cosas y el dejárselo a Dios en sus manos son 2 cosas muy distintas, pues el mayor de los problemas que enfrentamos en este tipo de asuntos es que nos entendemos diferentes a Dios y también nos queremos entender ajenos a los asuntos, por tanto en muy pocas ocasiones funciona cuando tratamos de dejarle nuestras responsabilidades a Él, alegando mostrar confianza en un Dios a quien no conocemos. Todo es cuestión de identidad, si no nos entendemos tal como fuimos creados, difícilmente llegaremos a donde Dios tiene planeado y a donde nosotros esperamos que podamos llegar, y como es eso?, sencillo, siempre debemos de partir de aquello que Dios dijo antes de crearnos "hagamos al hombre a nuestra imagen y que refleje nuestra naturaleza" (Génesis 1:26), por tanto siempre tenemos que entender que somos semejantes a Dios y es nuestro papel reflejar su naturaleza, y es de esa naturaleza que reflejamos de la cual se tratan los escritos de los siguientes días. 

Hay muchas personas que van por la vida anhelando cosas y cuando no las reciben o las cosas no salen como las planearon, simplemente le echan la culpa a Dios y suelen decir "Dios por algo hace las cosas" y se atreven a poner su destino en las manos de un Dios místico y lujubre que tiene motivos ocultos que suponen que son "mejores" pero que rara vez llegan a entender y a descubrir, pero es una manera altamente "espiritual" de disfrazar su mediocridad y su falta de conocimiento de Dios. Qué motivos tendría Dios de hacernos con capacidades semejantes a las de Él para luego ocultarnos sus modos y sus intenciones, todo parecería que pretendiéramos que Dios se hiciera semejante a nosotros y no nosotros semejantes a Él, no lo cree? Dios es un Dios soberano, es un Dios siempre fiel, la Biblia lo describe como "victorioso" y habla incluso de que ha vencido la muerte y nosotros nos empeñamos en atribuirle a Él nuestros fracasos, no le parece que no hace sentido? La cita de hoy nos habla de que nuestras batallas no las peleamos nosotros, sino que las pelea Dios, pero también debemos de entender que sus representantes en la tierra somos nosotros, por tanto, en muchas de las ocasiones, seremos nosotros por medio de nuestra fe, la cual activa su poder (el de Dios) quienes seremos los actores de sus victorias y las veremos de cerca y entenderemos sus modos y sus motivos para entender no que nos favorece, sino su señorío y su majestad, sin olvidar el efecto mas destacado de su poder, su eternidad, es Él el autor de lo eterno y lo que nunca deja de ser, por tanto sus victorias son siempre absolutas. 

De tal modo que es nuestro trabajo el entendernos semejantes a Dios y con la capacidad de desatar su poder para poder entender que cada cosa que emprendamos tendrá siempre éxito y que ese será nuestro distintivo, ser victoriosos y exitosos como Él lo es y no que parezcamos individuos que mendigan su misericordia y que suponen su intervención y su mejor voluntad dependiendo de lo que les vaya sucediendo.

EL CARTEL DE CRISTO

Saltillo, Coahuila. Esa tarde en que había ido a testificar a un centro de rehabilitación para adictos de Sinaloa, uno de los 40 internos que estaban allí, todos malandros, gente de la peor ralea, puro loco, se levantó y le dijo:
"¡ Ey!, tú no eres de acá…", "no, yo soy del norte, de Saltillo, Coahuila", respondió el ministro, "¡ey!, ¡tú eres de los zetas!", lo encaró el hombre, "no, pérame, yo soy de un cártel mejor", contestó Pacheco, "¿cuál?, ¿cuál?", lo interrogó el tipo bufando y el pastor replicó, sin miedo y con su sonrisa fácil, "soy del cártel de Cristo, y pertenezco al rey de reyes, al que hizo el universo".
En la sala flotó un silencio de tumba y los adictos escucharon sorprendidos el testimonio de aquel predicador.

Semanas después Pacheco regresó a Sinaloa, con 20 de sus hombres, para llevar la Palabra de Dios en las calles y los barrios bajos de allá.
Su campaña duró 25 días, pero no estuvo solo, un comando de narcos, con camionetas, cuernos de chivo y escopetas a la vista, lo vigiló desde lejos todo el tiempo.


No lo tocaron, lo respetaron. Carlos Alberto Pacheco Coronado, el director de la Casa de Rescate "Cristo Vive" de México, no tuvo miedo.
"Noooo, lo que pasa es que Jesús me llamó a hacer este trabajo. He vivido con los peores hombres de todo Coahuila, Muevo León, Tamaulipas y sus alrededores", declara. Su risa es siempre como un reto, como un desafío… que desarma.
Sólo así se puede explicar que en esta casa, en forma de triángulo, plantada sobre la calle de Salazar, en las entrañas de la colonia Landín de Saltillo, un ex - sicario del Cártel del Golfo pueda dormir al lado de otro ex – malandro del cártel de los zetas, y sentarse a comer con un ex militar adicto y un pastor cristiano.
"Tenemos a muchachos que eran de los diferentes cárteles delictivos, hoy los miras en la calle con una hielerita de burritos, hablando de Jesús, uno del Golfo, con uno de los zetas, hablando de Jesús, un militar, con uno de la Línea, de la Familia Michoacana, hablando de Jesús, transformados, perdonados, limpios por el poder de Jesucristo.
"La gente dice, ¿por qué está usando a estos muchachos, para qué los tiene en su casa?, nomás los está manipulado, les está controlando la mente ¿Qué hace con el dinero de los burritos?, de seguro ese pastor Carlos Pacheco ha de vivir en una residencia de una colonia rica, en Los Pinos, no, aquí vivo con ellos", dice Pacheco.


El Pastor Pacheco volvió a Sinaloa por tercera vez, ya no a predicar en las calles tomadas por camionetas de narcotraficantes con cuernos de chivo y escopetas apuntándole desde las ventanillas, sino para abrir allá una casa de rescate.
"Ahorita tenemos a 20 Chapos, puro loco, ya transformados", se ufana.
Estamos en una salita junto al auditorio, donde los servidores de la casa de rescate, acostumbran recibir a los invitados, cantantes de música cristiana o mensajeros de la palabra, que vienen para compartir sus historias de vida y milagros, con los casi 600 niños, hombres y mujeres, en recuperación que duermen, comen, se bañan, visten, viven aquí.
600 adictos que consumen 17 mil 800 platillos de comida gratis, por semana; cuatro toneladas de frijol, cada 40 días; 350 kilos de tortillas diariamente; cuatro cajas de huevo, cada vez que comen huevo, cinco costales de azúcar por semana, con los que endulzan el café y las aguas; y cinco toneladas de fruta y verdura cada mes.
"La gente se sorprende, se asombra, ¿que no fue el mismo señor Jesús, quien nos puso el ejemplo, que con cinco panes y dos peces, dio de comer a cinco mil personas?, ¿por qué nos debe de asombrar que el mismo Jesús lo haga hoy. Esos milagros nada más los puede hacer el Dios que ama a estas almas perdidas", comenta Pacheco.


El director de la casa de rescate señala ahora un muro forrado de fotografías sepia, que resumen, como en una película, los momentos y los personajes cruciales que han dado origen y vida a esta organización, fundada en 1999.
Este muchacho que ves aquí, dice, era un esquizofrénico, que vivía en las calles drogándose, un vagabundo que llegó a la casa de rescate todo lleno de liendres y piojos, hediendo a muerte.
Ese otro vendía drogas afuera de las fábricas; éste andaba con la pandilla de "Los Nacis" de Lamadrid; éste era distribuidor de drogas en los barrios; éste comía desperdicios en el mercado de abastos y dormía en arroyos; éste se inyectaba cocaína: aquel era el peligroso de su barrio, lo conocían porque era malo, malo…

A éste le decían "El Sapo", en el Valle de las Flores, 67 veces estuvo encerrado en la cárcel Municipal por robo, por amenazas, por pandillero, por vicioso."El último comandante de la policía le dijo 'si te vuelvo a agarrar robando o drogándote, greñudo, te voy a sumir en un tambo de tiner, pa que te mueras, porque ya no sabemos qué hacer contigo'", platica Carlos Pacheco.
A este otro su papá vino y lo aventó a la puerta de la casa, como un costal de papas, "a ver qué saben hacer ustedes por éste, – dijo -, para mí ya está muerto".


El muchacho había estado encerrado en el penal de Saltillo por asaltante y violento, era malo el muchacho.
Éste que está en aquella foto, empezó a fumar mariguana a los 10 años, a los 12 se inyectaba cocaína, estaba en la secundaria y ya era adicto a la cocaína Sus familiares y amigos, que eran adictos a la heroína intravenosa, lo empezaron a inducir.

Llegó a la casa de rescate a los 17 años, con los brazos lacerados por tanta jeringa.

Ese otro era un "Mara Salvatrucha" que se dedicaba a traficar droga con su esposa.

Hoy, dice Carlos Pacheco, todos estos hombres son los líderes de las más de 16 casas de rescate para adictos a las drogas y al alcohol, "Cristo Vive", que se han abierto en distintos municipios y ciudades de la República Mexicana y Centroamérica.

En Guadalajara, en Zacatecas, en Sinaloa, en Chihuahua, en Toluca, en Cuautitlán Izcalli, en Morelos, en Escobedo, Nuevo León, en Parras de la Fuente, en Arteaga, en Ramos Arizpe, en Acuña, en Matamoros (Coahuila), en Lerdo, en Monclova, en Guanajuato y una en San Salvador.
"Eran hombres malos, pero el gran amor de Dios los transformó, cambió sus corazones", dice Pacheco.


Desde entonces, dice este ministro de 47 años, "adicto transformado", y ex – cabecilla de la clica "Los Guajucos" del Ojo de Agua, la noticia de que en Saltillo, una pequeña ciudad del norte de México, miles y miles de adictas y de adictos, criminales y secuestradores, están cambiando, ha traspasado fronteras.
"Aquellos hombres que eran malos, que eran pandilleros, criminales, sicarios, secuestradores, vendedores de droga, Jesucristo lo ha transformado y hoy son hombres de bien".
El pastor muestra ahora otra fotografía sepia en la que se le ve comiendo a la mesa con sus hombres, los primeros ocho adictos que llegaron a la casa de rescate, situada, por aquellos años, en un departamento de la calle Albania 872, en la colonia Oceanía, un barrio de clase media.
La placa le hace recordar aquel pasaje bíblico del día en que los fariseos se le acercaron a Jesús para preguntarle por qué era que comía con borrachos, prostitutas, ladrones y malvivientes.
"Jesús dijo 'porque los sanos no necesitan médico, sino los enfermos', y yo fui uno de los enfermos que necesitó la sanidad de Jesús". Él, dice, que volvió del precipicio.
Él que había crecido en el barrio del Ojo de Agua, uno de los guetos más pobres y violentos del Saltillo de los años ochentas, bajo la influencia del alcohol y las drogas.


Pacheco se había habituado al ambiente pachanguero de su barrio en el despachaban cuatro cantinas y tres expendios de cerveza, más o menos en un tramo de dos cuadras.
"Aunque mi papá fue un hombre muy trabajador, aunque tenía mucha responsabilidad y obligación en mi casa, vivíamos en dos piezas de habitación, había muchas carencias, muchas necesidades y el hábito de la bebida de mi papá hacía que la mayor parte de su ingreso lo terminara de esa forma. Eso hizo difícil nuestra niñez, la mía y la de mis cuatro hermanos.
"Porque después del alcohol vienen los gritos, los insultos, las humillaciones, los golpes, el avergonzar a los hijos, el avergonzar a la esposa y eso causa en los muchachos estrés, resentimiento, ira, ofensa, deseos de venganza, coraje en el corazón, ymi hogar no fue la excepción".
La imagen de los chavos banda que bajaban a trabajar de boleros en la Plaza Félix U. Gómez, con los labios manchados de negro, por tanto drogarse con tinta fuerte, se le había quedado pegada en la memoria.
Se llamaban Los Guajucos y eran tantos, como 300, y tan violentos, que hacía falta la fuerza militar para controlarlos.
Pacheco que había padecido desde su niñez la falta de afecto y el alcoholismo de su padre obrero del Grupo Industrial Saltillo, encontró pronto una familia en las filas de Los Guajucos.
A los 13 años Pacheco se volvió el cabecilla de una banda de adolescentes en la Secundaria 1, especialista en golpear y atracar el lonche y el dinero del recreo a los demás estudiantes.


A la salida de la escuela era darse de golpes contra las bandas rivales de otras secundarias, en los terrenos de la estación del tren, hasta que uno de los dos grupos se rendía. En la punta iba siempre Carlos.
"Era muy aventado, estaba flaco, flaco, pero era muy aventado y me lanzaban adelante. Yo tenía la idea de que para ser un verdadero hombre, tenía que darme a los golpes, tomar mucho tequila para tener fuerzas y andar de noviero en todos lados", narra.
Hasta entonces Pacheco se había tomado solamente unos cuantos tragos de cerveza y dado apenas unas pitadas a los cigarros que sus amigos de la banda le ofrecían, "pa que te hagas hombre", en los guateques organizados en casa particulares, con música de acetatos y focos alrededor, forrados de papel celofán de colores, para dar la impresión de una discoteca.
"Ahí teníamos a uno con el switch, apagando y prendiendo los focos, para hacer acá… ambiente. Era una consolota de discos, de esos negros y salía a relucir lo que habíamos visto en el barrio, en la familia: las botellas.
"Yo recuerdo que algunos tíos me invitaban 'a ver muchacho, pa que se haga hombre, tómese un traguito porque los hombres toman cerveza y usté está muy flaco, pa que se embarnezca bien, porque es cebada…'. No pensé que eso me iba a llevar a 15 años de cerveza, de vino¨.


En la preparatoria Pacheco ya es el líder de una pandilla, con credencial del Ateneo Fuente, que se dedica a amenazar, golpear y vender protección a estudiantes, a cambio de dinero o acordeones para los exámenes.
Pacheco y sus amigos se han vuelto los más temidos de toda la escuela "y aguas, ái vienen aquellos, los cholitos, los malillos", dice la gente cada vez que los ve venir.
"Los compañeros de preparatoria nos tenían miedo porque éramos agresivos".
Los guateques, ya no son solamente de tomar buches de cerveza y tragar humo de cigarros, ahora hay botellas de whisky y tequila al por mayor
Pacheco no ha probado las drogas, piensa que no las necesita, pero en cambio su ansia por el alcohol y la nicotina crece cada vez más.
Andando los años Carlos Pacheco es uno de los caudillos principales de la pandilla Los Guajucos. Se ha dejado crecer el pelo y viste pantalones tumbados.
Su método para golpear gente es usar chacos, cadenas, manoplas. Se ha hecho diestro en los chacos de tanto ver en casa a su padre que entrena judo y artes marciales.
Pacheco está convertido en un golpeador a sueldo y se ha hecho de tanta fama en el bajo mundo que la gente viene a buscarlo para preguntarle "¿cuánto me cobras por ir con aquel que me pegó, porque les des dos, tres cachetadas y lo aplaques?".


Al rato Pacheco se va de parranda con sus amigos a Monterey, un día asaltan un Seven para seguir la borrachera, otro cobran cuotas a los vendedores ambulantes de papas, elotes, churros, porque tienen ganas de más vino, de más centros nocturnos.
"Ya me juntaba con hombres que tenían el pensamiento de asaltar negocios, bancos, personas. Estaba obsesionado por un millón de dólares y dispuesto a secuestrar a cualquier persona por un millón de dólares.
"Yo sé que muchos que van a leer esta historia se van a preguntar '¿qué tipo de hombre es éste que está ahí, qué tipo de vida les está impartiendo a los muchachos'", dice el pastor Pacheco.
A estas alturas el futuro ministro y director de la casa de rescate "Cristo Vive" de México, ha sido expulsado del Ateneo Fuente por mala conducta y luego del CBTIS 97, por forzar la ventana de la cooperativa y meterse a robar con sus amigos un par de cafeteras con las que pensaba comprar una botellas de tequila Charanda.
"Después me vino una depresión, ya no me satisfacían las cervezas, los vinos, los amigos, las parrandas, las carnitas asadas, los borreguitos a la griega, el cochinito al ataúd, ya ninguna parranda o fiestecita satisfacía mi corazón".
A pasar de su alcoholismo él quiere volver a la escuela, terminar la preparatoria y graduarse de arquitecto, como ha soñado desde niño.


Se inscribe entonces en el bachillerato abierto, donde conoce una muchacha que se llama Rossy.
Pacheco se ha enamorado de ella y a la vuelta de los días se ponen de novios. La quiere a la buena y, por primera vez, tiene el deseo de cambiar de vida, pero siente que la escuela no se hizo para él o que él no nació para la escuela y al rato está otra vez en la calle.
Ha transcurrido el tiempo, los años se han ido y cosas inesperadas han pasado: Carlos Pacheco es ahora el jefe de mantenimiento de una constructora importante.
Tiene a su mando 56 trabajadores y dos secretarias, maneja una camioneta del año de la empresa, ya no lleva el pelo largo ni viste tumbado, y gana como si fuera un profesionista.
Carlos se ha casado con su novia Rossy, que ahora es licenciada enadministración.
Le ha comprado una casa bonita y muebles, ahora tienen un carro para cada quien y van de vacaciones a Isla del Padre y Acapulco, dos veces por año.
Pero Carlos no ha podido dejar el alcohol ni el cigarro. Su rutina se basa en trabajar y embriagarse con cerveza y brandy casi todas las semanas.


Diario se chupa dos cajetillas de cigarros.
"No era un borracho que estaba tirado en las calles, que andaba vomitando alcohol, trabajaba porque aprendí de mi padre la responsabilidad del trabajo, pero sentía una depresión, me sentía en angustia, vacío, ya no me satisfacía la comodidad".
Pacheco quiere cambiar, pero una bruja de barrio, una de tantas que ha visitado, le ha dicho que no puede ni podrá, porque tiene las venas cruzadas, "no muchacho, tú no cambias, naciste en viernes 13".
"El mal de alma no lo puede quitar el hombre, sólo Jesucristo, el hijo de Dios", dice el pastor.
Se casa y conoce el infierno, hay discusiones y maltratos, su matrimonio está a una gota de desplomarse. Rossy, su esposa, con la que hasta ahora Carlos ha procreado una hija, Déborah, le grita su decepción: "me decepcionaste Carlos, yo esperaba algo mejor de ti, que fueras una persona diferente, un hombre nuevo, no un violento, un borracho".
"Mi hija chiquita me decía 'papi, ¿por qué eres un borracho?, ¿por qué no cambias papá?, ¿por qué no dejas la cerveza papá?', ella quería a su papá".


Carlos es el vecino de la calle Albania, en la colonia Oceanía, que anda borracho, echando maldiciones, echándoles la camioneta encima a las familias de la cuadra, pateando los barandales, amenazando de muerte. El tipo problema del barrio.
Pero está desesperado, tanto que ha llegado a pensar que ya no le queda otra salida que el suicidio, dispararse en la cabeza con una 38, dejarse matar en una riña callejera o despeñarse en un barranco con su camioneta.
Carlos se decide por la última, así Rossy y su hija, podrán cobrar el seguro de vida.
Una mañana en vez de ir a su trabajo toma por una carretera, luego por una beche de terracería, hasta que llega al sitio que ha escogido para lanzarse con su vehículo.
Carlos ha estacionado justo a la orilla de un precipicio, mete el acelerador hasta el fondo sin pensarla mucho y cuando está a unos centímetros del vacío se arrepiente y frena. La camioneta derrapa.


Carlos está llorando, le pide a Dios que lo ayude a salir de la angustia, del alcoholismo que tiene a su familia a una copa de la destrucción.
"Empecé a gritarle a Dios que si él existía me ayudara, que estaba cansado".
Alguien lo invita a una iglesia cristiana, pero él no quiere ir.
Días después los congregantes del templo "Nueva Creación", de Saltillo lo ven postrado en el altar, un predicador norteamericano lo ha ungido con las yemas de sus dedos en el pecho.
"Algo sobrenatural pasó, sentí que algo malo salió de mí y entró una paz y una libertad… Le abrí mi corazón a Jesús y en tres segundos me cambió, en tres segundos. Sentí el espíritu de Dios que entró dentro de mí. Cuando me levanté, porque caí al piso, me sentía limpio, perdonado, libre y empecé a abrazar a todo mundo.
"A la primera persona que abracé fue a mi esposa y le pedí perdón, 'perdóname Rossy, por todo el daño que te causé, por los insultos, por los maltratos, por las ofensas, por las veces que quebré tu corazón con mi mala actitud, mi mal comportamiento. Perdóname por mis borracheras' y mi esposa me abrazó.
"El mensaje de aquel pastor fue 'Jesús les dice a los que están cargados, cansados de la angustia de su vida, de andar en el vicio, de estar sufriendo, de su matrimonio destruido, de tener pensamientos de odio y rencor, vengan a mí y yo los haré descansar'", evoca Pacheco.
La gente podría creerlo o no, que la vida de Carlos Pacheco, un hombre sumido en el vicio del alcohol y al tabaco, dio un vuelco radical.
Pacheco había perdido de repente el deseo de beberse una copa más de vino y de fumarse siquiera un sólo cigarrillo.
Era el año 96, Pacheco había recuperado su familia, a su mujer, a su hija.
Meses más tarde a Pacheco le vino la inspiración, como una forma de agradecer y compartir el milagro, de hacer algo para rescatar a los hombres que se hallaban esclavizadas por el vicio del alcohol y las drogas, pero no sabía qué ni cómo.


Hasta que un día, su suegro, el padre de Rossy, otro cristiano convertido, le trajo a regalar un libro ilustrado en la portada con la imagen de un borracho y abajo un título que decían "Clamor en Barrio".
Era el testimonio de Fredy García, un ex adicto, México – americano que tras su recuperación, "por obra y gracia de Dios¨, fundó una casa de rescate para adictos en San Antonio, Texas.
Al cabo de algún tiempo Carlos Pacheco, que había dejado su trabajo de jefe de mantenimiento en la constructora, su esposa Rossy, la pequeña Déborah y su hijos Sarita y Carlos Israel, que recién habían nacido, se hallaban en Estados Unidos entrenándose para abrir una casa de rescate en Saltillo.
"Los primeros meses yo cuidaba alrededor de 50 ó 60 adictos, entre latinos, centroamericanos, chicanos, norteamericanos, negros, italianos, españoles".
A su regreso en 1999 él y su familia estaban viviendo, en su domicilio de Albania 872, de la colonia Oceanía, con más de 10 adictos que habían recogido de los callejones, tapias y arroyos.
"Imprimí volantes, les puse el teléfono de mi casa y empecé a andar solo en las calles, en el Valle de las Flores, en el Ojo de Agua, en la Minita, en el Tanquecito, en las famosas gradas. Iba a hablarles de Jesús a los adictos, ahí donde se estaban inyectando cocaína, fumando mariguana.
"El primero que empezó a vender burritos fui yo. Mi esposa es muy buena cocinera y me los hacía. La razón y el propósito de los burritos es llevar el mensaje de prevención, de esperanza, de libertad, de sanidad, de salvación de Jesucristo.

"Yo me iba a venderlos con los vecinos 'mire aquí le traigo un burrito', '¿quién es usted?', me decían, 'soy un vecino que vive aquí a tres cuadras y estoy ayudando a personas con esta problemática de las drogas y el alcohol' y muchos con mucho entusiasmo me ayudaban.

"Otros 'no, no, no, ¡lárguense de aquí, bola de locos!, qué están haciendo con esos locos, esos no cambian, un adicto no cambia, tú está igual de loco que ellos, ¿qué fumaste?, a lo mejor te drogaste igual que ellos', no me entendían".
Adictos llegaron de todos lados a la casa de rescate, hasta que por la presión de los vecinos y la falta de espacio, Pacheco, su familia y los muchachos, se mudaron a una vivienda más grande en la colonia Magisterio, que el suegro de Pacheco le había traspasado, a cambio de la casa de Albania,

Al rato en casa de los Pacheco vivían ya más 81 alcohólicos y drogadictos en recuperación, salidos de las calles, rescatados del escuadrón de la muerte.
El poderoso cártel de Cristo iba engrosando sus filas y sentando sus reales en la plaza de Saltillo.

"Llegaban a la casa con la bolsa de resistol, con el tinher, con las marcas de que se habían querido suicidar, con el cuello morado, donde se estuvieron ahorcando. Llegaban heridos y lastimados. Otros con las venas llenas de pus, de bolas, donde se estaban inyectando cocaína con jeringas contaminadas. Yo los bañaba, los ayudaba a que se restauraran, se alimentaran, mi esposa les cocinaba y entre todos hacíamos los quehaceres de la casa. Era un trabajo de todos los días con ellos.

"Unos llegaban a la casa llorado y me decían 'pastor, déjeme quedar, tengo muchos años de drogadicto y los últimos meses viviendo en la calle'. Les decía 'es que no tengo una litera para ti muchacho, tengo el cupo lleno', decían 'áy me duermo en el suelo, estoy acostumbrado a dormir en la central de autobuses, en la estación del tren, en las tapias.. Nomás deme un cartón, una toalla, Ya oí que aquí están cambiando a los adictos, yo soy un adicto y quiero cambiar'.

Carlos Pacheco tiene los ojos aguados y la voz ahogada por el llanto,"Eso me quebraba el corazón porque me acordaba cómo había sufriendo yo. Me acordaba como andaba en la calle, buscando ayuda y nadie me daba, buscando quien me tirara la mano, pero en lugar de la mano me daban una crítica, un insulto, una ofensa".

El problema ahora era alimentar, medicar, vestir a los muchachos.
La venta de los burritos y las donaciones de comida por parte de algunos empresarios y comerciantes del mercado de abastos, apenas alcanzaba.
La tarjeta de crédito de Pacheco estaba sobregirada, su liquidación de la constructora y el dinero que había conseguido vendiendo los muebles de su casa, se habían acabado.



"Pero empezó Dios a abrirnos puertas con personas bondadosas, que venían con tortillas, con pan, con alimentos, con higiénicos.. Y así empezó Dios a soportar la casa, con milagros, como lo está haciendo hoy".
Esta vez las quejas de los vecinos de Magisterio, por la presencia de los adictos en la colonia, motivó que la municipalidad diera la orden desalojar la casa.
"Llegaban los muchachos con las bolsas de resistol y otro con un machete en la mano, pos quién no se iba a asustar, venía al adicto rayando el machete, sacando chispas, pero venía porque quería cambiar".
Luego vino un viacrucis, entre que la casa de rescate "Cristo Vive", encontraba un lugar mejor para mudarse.

Hasta el día en que Pacheco se instaló con sus hombres en un terreno en forma de triángulo, con árboles, pozo de agua y una vieja pileta, que un empresario de la ciudad les había regalado, tal y como se lo había revelado Jesús a Pacheco noches antes.

Ese día hicieron una fiesta, prepararon unos lonches de huevo con tomate, varias jarras de agua de sabor y cantaron alabanzas al Señor en señal de agradecimiento.

"¿Y la camionetas de 'Cristo Vive'?, le pregunto, "son donaciones que nos ha hecho la gente agradecida con Jesús,las autoridades. Nos regalaron una Expedition que confiscaron a alguien malo, me veía en la Expedition, que era de muy buen modelo, y la gente no paraba de hablar 'mira, para eso quiere los burritos'".

Ocho meses después los adictos, con sus talentos y habilidades, hasta entonces perdidos, levantaron la casa de rescate donde en los últimos 15 años han vivido, comido y dormido cerca de 18 mil adictos.

"De entre os adictos empezaron a salir los albañiles, los pintores, los carpinteros y entre todos comenzamos a hacer este sueño del corazón de Dios, no era el sueño mío".

Por eso es que al pastor Pacheco no tiene miedo de ir a testificar a los barrios violentos de Sinaloa, donde se pasean los narcos con escopetas y cuernos de chivo.



"Una señora muy distinguida y muy respetada en la ciudad me dijo 'tienes que estar bien loco pata hacer lo que estás haciendo…', le dije 'tiene razón, mi esposa y yo estamos locos por Cristo y nuestro manicomio está en el cielo'", suelta Pacheco.

ESPERANZA

[Esperanza:] Una expectativa firme y segura de que Dios es real, está presente y obra para mi bien, aun cuando la vida parece estar fuera de mi control. 

La escritora norteamericana Jean Kerr llegó a captar la esencia de la esperanza al decir: “Esperanza es sentir que lo que sientes no es permanente”. La esperanza es tan esencial para la vida como el aliento". Podemos existir sin esperanza, pero no podemos estar realmente vivas a menos que estemos convencidas, en lo profundo de nuestro corazón, de que se avecina algo bueno. 

Del mismo modo, George Iles observó: “La esperanza es la fe que extiende su mano en la oscuridad”. La esperanza es poderosa y necesaria, pero puede ser muy escurridiza. Las falsas esperanzas destruyen nuestros sueños, y la falta total de esperanza da lugar a una constante apatía y un perpetuo aislamiento.

¿Qué podemos esperar? ¿Qué nos ha prometido Dios? En este artículo veremos la vida de Ana, una mujer que mantuvo su esperanza durante muchos años de desilusiones en los cuales no recibió lo que esperaba. Finalmente, nuestra suprema esperanza no está en las cosas que vemos, gustamos y sentimos. Nuestro anhelo más profundo es encontrar significado y paz en nuestra relación con Dios. 

Si no mirara con ojos de esperanza... no sabría nada del amor del Calvario. AMY CARMICHAEL 

No hay nada como un buen llanto, pero para Ana las lágrimas eran una realidad diaria. Durante años, esta mujer de Dios había estado orando por un hijo, pero sus brazos seguían vacíos. Cuando Dios no “cumple” de la manera que pensamos que debería, es fácil cansarse, amargarse, rendirse. Sin embargo, Ana decidió aferrarse tenazmente a la esperanza de que Dios era real, estaba presente y obraría para su bien. 

En la Palabra Lee 1 Samuel 1 y presta especial atención a los versículos 10-11: Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza. Muchas de nosotras vivimos tan extenuadas como madres que anhelamos tener algunos minutos de paz y quietud para alejarnos de todo el ruido y las demandas de nuestros hijos; ¡un baño caliente y relajado es como el cielo! Pero he hablado con mujeres que harían cualquier cosa para enfrentar esas demandas. Se sienten terriblemente vacías, porque no pueden tener hijos. Cada día, despiertan a la realidad del vacío de su corazón que simplemente ninguna otra cosa puede llenar. 

Ana se sentía exactamente así. En una historia que nos recuerda a otras que hemos leído, su esposo Elcana tenía dos esposas, y su otra esposa, Penina, tenía varios hijos e hijas. En su cultura, la incapacidad de concebir de la mujer no solo le causaba un daño psicológico, sino que era considerada una señal del desagrado de Dios. Elcana, su esposo, era un hombre bueno y sensible. Amaba a Ana con todo su corazón, y la honraba en todo lo que podía. Cuando vio que lloraba, porque estaba muy afligida, le preguntó: “¿Por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?”. (¡Ni más ni menos, un hombre!). Su intención era buena, pero Elcana simplemente no entendía la profundidad de su dolor y vergüenza. La otra mujer de la familia no igualaba el consuelo y comprensión del esposo de Ana. Los celos incitaban a Penina a burlarse de Ana, y estoy segura de que Penina aprovechaba cada oportunidad de hablar de sus hijos frente a ella. Ana pudo haber abandonado su sueño de tener un hijo, pero no lo hizo. 

En medio de su aflicción, a pesar del ridículo que soportaba en su propia casa cada día y ante la vergüenza que sentía cuando estaba en público, ella seguía pidiéndole a Dios que respondiera su oración. Y después de años de oración, ruegos y espera, Dios le dio un hijo; pero no cualquier hijo. El pequeño Samuel llegó a ser un profeta poderoso y ungió al primer rey de Israel. El nombre de Ana significa “gracia” o “favor”. Ciertamente, Dios recompensó la esperanza persistente de Ana con su favor. Hazlo realidad en tu vida A la mayoría de las mujeres les cuesta aferrarse a la esperanza. ¿Deberíamos acaso abandonar nuestra esperanza? Nadie puede respondernos esto. La novelista Pearl Buck comentó una vez: “La vida sin idealismo es en realidad una vida vacía. Debemos tener esperanza igual que debemos tener pan; comer pan sin esperanza aún así es morirse poco a poco de hambre”. La demora de Dios no es necesariamente un “no” definitivo. Se requiere de sabiduría para notar la diferencia entre su voz y nuestros anhelos personales. A veces, Dios quiere darnos una respuesta milagrosa. El proceso de demora y espera, purifica nuestras motivaciones, fortalece nuestra fe y nos prepara para aceptar la respuesta de Dios con gratitud. 

Una de mis citas favoritas sobre la esperanza es de Anne Lamott: La esperanza comienza en la oscuridad, la persona tenaz cree que si tan solo va y trata de hacer lo correcto, llegará el amanecer. Espera, observa y trabaja: no se rinde. Ir a Dios con un espíritu de expectativa nos da la libertad de vivir delante de Dios y de otros con profundo gozo, no con enojo, resentimiento o amargura... no importa cuál sea el resultado, no importa cuán largo sea el camino. Esta es una de las travesías más difíciles en el corazón de una mujer. Nuestro reto es aferrarnos tenazmente a la esperanza igual que Ana, pero al mismo tiempo reconocer que Dios a veces dice “no” en lugar de “sigue confiando y esperando”.

Señor, dame esperanza en áreas de mi vida donde he dejado de creer que las cosas podrían ser diferentes. Dame sabiduría para reconocer la diferencia entre la esperanza de mi corazón y tus planes para mí. Incluso cuando tú dices “no”, Dios, quiero confiar en ti.