VE AL PADRE

Cuando un hijo sale de la casa, hay desesperación y ansiedad en la vida de un padre, pero la actitud del padre del hijo pródigo fue una actitud muy interesante, ya que no salió a buscarlo.
Podemos ver que el padre le entrega muchas cosas al hijo, cuando este último sale de la casa, pero hubo un anillo, un vestido y un calzado que no le entregó.  Luego, comienza a engordar a un becerro, para cuando el hijo regresara.  No se engorda un becerro de un día para otro.  Esto nos muestra la fe que tenía el padre de que su hijo iba a regresar.  El padre debe haber ordenado a los siervos: Alimenten bien y cuiden bien a ese becerro, porque mi hijo va a regresar.
Muy probablemente has desperdiciado todo, pero en la casa del padre están guardados un anillo, un calzado y una vestimenta que solo él te puede poner.  Siempre ha habido expectativa del Padre de que regreses; ha estado alimentando al becerro para celebrar tu regreso. 
Puede que no estés perdido en el mundo, pero quizás hay tanta confusión en tu mente que hayas deseado comer algarrobas.  La biblia dice que el hijo pródigo deseaba comer de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba de comer.  El sistema del mundo es que, en tu necesidad, en lugar de levantarte, te aplasta.  Cuando el mundo te ve mal, te deja mal y te señala.  
El mundo nunca satisface los deseos de tu corazón. 
Nunca olvides que, en la casa del Padre, hay un vestido que te va a devolver el honor, la autoestima; una vestimenta que indica que has sido restaurado.  Hay un anillo guardado para ti, que significa tu posición de hijo con autoridad.  Hay unas sandalias que te pondrán, porque los siervos caminaban descalzos, pero un hijo tenía calzado.  Son las sandalias de la salvación que indican que no eres esclavo, sino hijo. 
Regresa a casa y entiende que el Padre te espera.  Hoy puede haber fiesta por tu regreso.  Ciertamente el padre no salió a buscarlo, porque no puede abandonar su posición, pero estaba esperándole, y hace una gran fiesta para que todos sepan que ha regresado y se gocen con él.
El hijo prodigo cayó en sí, y dijo: Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.   Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.  Y levantándose, vino a su padre.  Esto nos enseña que nadie te tiene que levantar y nadie te tiene que llevar al padre.  El tomó la decisión, se levanta y va al padre.  Toma acción, levántate y ve al Padre.

Vemos que, cuando llega al padre y se abrazan, solamente el hijo alcanza a decirle: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.   Ya no soy digno de ser llamado tu hijo.  Pero el padre lo interrumpe, y no permite que el hijo termine decir, que le hiciera como un jornalero.   Y es que Dios no nos va a recibir por menos de lo que ya somos.  No va a dejar que vivas por debajo de la posición que él siempre ha tenido para ti.

Deja de pensar y decir lo que no eres.  Hoy Dios te dice: No digas lo que no eres; no vivas por debajo de tu posición de hijo. 

No pierdas un momento más.  Eres hijo del Padre Celestial.  Vuelve a la casa.  Serás bienvenido.  El becerro está engordado para la gran fiesta.  Él te quiere vestir, ponerte calzado y anillo; te quiere vestir de honra y va a mostrarte ante todos que eres su hijo amado.

FE Y ORACION

Hebreos 11:6 Reina-Valera 1960 (RVR1960) 
Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. 

El orar es un tema que nos ocupa todo el tiempo, es algo que siempre nos cuestionamos si hacemos bien y que no nos gusta discutir con otros por miedo a descubrir que lo hacemos mal o que nuestra oración no tuviera efecto. Se dice que para orar hay que tener fe, y ahí es donde se pone buena la cosa, pues hay quienes entienden que el tener fe es creer, y cada quien cree en lo que quiere, en lo que le enseñaron o en lo que le dijeron, pero nadie tiene la certeza de que cree en lo correcto. 
El tener fe no significa que podamos pedir a Dios cualquier cosa y por el simple hecho de creerlo lo hará, de hecho, y siendo honestos, todo el tiempo no creemos y nos cuesta trabajo hacerlo, por eso es que oramos tantas veces y tan repetitivamente, se ha puesto a pensar en ello? A veces tenemos la idea de que cerrando los ojos y apretando el estómago lograremos creer y con ello agradar a Dios o cuando menos el torcerle la mano para que nos conceda aquello que anhelamos y que hemos decidido "creer", pero sabe, desafortunadamente no es así, creer tiene que ver con tener la certeza de algo, la pregunta siempre es "que es ese algo?". 
Para no darle muchas vueltas al asunto, lo único que podemos creer y en lo que podemos tener fe es en la palabra de Dios, aunque muchos crean que es un libro limitado y manipulado por los hombres, la Biblia no es otra cosa que la palabra que salió de la boca de Dios puesta en papel y está ahí para que creamos en ella, es dinámica, no importa la situación por la que pasemos, siempre habrá una parte de ella que nos traerá crecimiento, consuelo o ánimo para hacer lo correcto y vivir adecuadamente. 
Por tanto para tener fe, hay que conocer la palabra, ya que si no la conocemos, pasaremos nuestro tiempo de "oración" recitando buenas intenciones y engañándonos a nosotros mismos. Sé que esto puede contrariarle un poco, pues no es lo que le enseñaron, pero piense en todas las oraciones no contestadas que ha hecho con "mucha fe", es tiempo de que decida si quiere seguir orando a ver que le contesta Dios o si quiere empezar a hacer oraciones efectivas. Hebreos 11:1 nos enseña que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, y eso que esperamos y eso que no vemos, no es aquello que necesitamos o que anhelamos, sino es todo aquello que está escrito y esperamos que se cumpla en nosotros, de esa manera nuestra fe tiene un fundamento y una dirección, así hace mas sentido, no lo cree? 
 Adicional a eso, la palabra de Dios nos confirma por medio de la cita de hoy, que sin fe, es imposible agradar a Dios, ya que si no creemos en la palabra, andaremos distraídos en nuestras necesidades y nuestros anhelos y no en la voluntad de Dios, además nos dice que hay un galardón para aquel que creen en lo que Dios nos dice y no en lo que nosotros pensamos u opinamos. 
 Por tanto, lo mejor que podemos hacer para empezar a tener fe, es el tomar nuestra Biblia y el comenzar a creer y cuestionar en nuestro tiempo de oración cada cosa que leemos, hasta que estemos convencidos, no solo de que Dios nos escucha, sino de que Él se agrada de nosotros y es nuestro galardonador.

ALIENTO EN TIEMPOS DIFICILES

“Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré.”
(Salmo 91:2)
Todos alguna vez hemos pasado por alguna crisis, o varias, incluso es posible que hoy estemos en medio de ella, y si no ha ocurrido así aun ,sin duda que vendrá , más temprano que tarde. Entre las alternativas recomendables ante la crisis, tener en cuenta;
a) reconocer la crisis y enfrentarla sin temor; 
b) preguntarse ¿donde
volverse y buscar ayuda? ; 
c) convencido que inevitablemente no podrá eludir el escenario adverso, entrar en la crisis con la firme convicción que saldrá de ella, no siendo la misma persona como entró, sino que el dolor y la aflicción del momento de prueba, entregará su buen fruto a su tiempo y por ello es un motivo para salir fortalecido.
Cuando el cielo es de bronce sobre nosotros, cobra mucha importancia escoger bien donde buscar auxilio “Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo;”( Joel 2:32)
El autor del Salmo 91, en el verso 2, hace una triple invocación a Dios. Son tres “míos”; “ mi Dios”, “ castillo mío” “ esperanza mía” .
Revela intimidad, plena fe, aferrándose a la promesa que en Dios y solo Dios puede confiar. “ Diré yo;” no es solamente un pensamiento intelectual, ni siquiera un sobresalto en el viaje, sino una declaración fuerte y audible, un clamor alto, que confiesa fe y esperanza total en Dios. “vuestra fe y esperanza sean en Dios” ( 1 Pedro 1:21); “Mi esperanza está en ti.” (Salmo 39:7) ; Pues es esperanza al menesteroso..”; “es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.”(Hebreos 6:18).
La condición actual del mundo nos está llevando a una espiral de injusticia que hace estallar las pasiones humanas en un clamor rabiosoe irracional de querer echarlo todo abajo, y cambiarlo todo según sea la manera de pensar de cada uno. Es fácil confundirse con tanta presión y comunicación cruzada y unirse a las voces de murmuración y quejas, reclamando respuestas inmediatas a lo largo y ancho de la
tierra. Como hijos de Dios nuestro clamor deber ser hacia arriba “Él está sentado sobre el circulo de la tierra”( Isaías 40:20).
Por medio de la fe en la palabra y la oración voluntariosa, somos invitados a confiar en Dios, hasta tener una experiencia salvífica de “..Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,” (Colosenses 1:28). La crisis tiene solución, no será para siempre,” así como llega, así también pasará”, lo importante es no renunciar nunca al foco de nuestra fe.
Para describir nuestra relación con quienes nos rodean decimos naturalmente;”Mi padre”, “Mi madre”, “Mi esposa, esposo”, “Mi hijo, hija”, “Mi pastor”, “Mi perro, gato”, y así sucesivamente. Eso está bien, indica pertenencia de mucho valor para nosotros. ¿Porque no decir también nosotros esta vez; “ Mi Dios”, “Mi Señor “ ,” Mi rey” ,”Mi Salvador”, “Mi Padre que está en los cielos…”?
Por eso elevemos nuevamente nuestra voz junto al salmista : “..oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.” (Salmo 18:2).
Los “míos “y las “mías” de mi Dios son para mí y para ti, para los míos y para los tuyos, por la fe en Jesucristo , la Esperanza de los siglos.

VERDADERO AMOR

 „En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros.” I Juan 3:16a (RV)

La traducción de la versión de la Biblia Reina Valera de este versículo de la primera carta del apóstol Juan es especial en cuanto nos descubre una verdad acerca del amor que muchas veces ignoramos.

“En esto hemos conocido el amor…” apunta a nuestra incapacidad de discernir o conocer el verdadero amor sino es por iniciativa y revelación de Dios mismo. Y el conocimiento del amor como Dios lo conoce nos es manifestado a los hombres en un acto sublime y cargado de significación como ningún otro realizado antes o después en la historia de la humanidad: “en que él (Jesucristo) dio su vida por nosotros.”

El mismo Juan nos sigue diciendo más adelante: “El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo, para que, ofreciéndose en sacrificio, nuestros pecados quedaran perdonados.” I Juan 4:10 (DHH)

Una vez más vemos que el amor como Dios lo conoce no es producto del corazón de ningún hombre, sino que tiene su origen en el seno del propio Dios. Antes del amor de Dios, el ser humano no es capaz de generar ni albergar amor alguno. Juan lo deja bien claro: el amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que él nos amó a nosotros.

Esto evidencia una diferencia insalvable entre el amor que puede profesar el ser humano en contra posición con el amor de Dios. Ninguna expresión de cariño o afecto humano se compara con el entendimiento que Dios tiene de su amor, un amor no teórico sino total y plenamente expresado en la vida y obra del Señor Jesús. Casi que instintivamente nos asalta la pregunta: ¿Puede hacer el hombre ejercicio de algún tipo de amor fuera del amor con el que Dios nos ama?

El autor Jack Scott* es mucho más categórico en su afirmación, declara que el verdadero amor comienza con lo que Dios hizo por nosotros por medio de Jesucristo. Y sabiamente sostiene que el amor que no proviene de la comprensión de que Dios nos amó primero no es un amor según el entendimiento de Dios sino un amor fraudulento.

Fraudulento en menoscabo del hombre mismo, del que lo da y del que lo recibe, aunque pueda resultar duro de digerir es totalmente compatible con el concepto bíblico de amor y con el concepto bíblico de la naturaleza del corazón del hombre. (“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Jeremías 17:9)

Un amor que no proviene de un corazón en paz con Dios dista mucho del amor verdadero. El amor que se declara desinteresado pero tiene raíces netamente egoístas nunca puede ser un amor conforme a la justicia de Dios. Sólo aquel amor puesto en perspectiva de quienes éramos y de quienes hemos sido hechos gracias a la cruz de Cristo aspira con mayores chances a acercarse a la medida del amor de Dios.

Quien se sabe amado por Dios y corresponde a ese amor posee un amor que sabe mirar con misericordia, porque la ha experimentado en carne propia, un amor que se sabe inmerecido y que como tal no se retacea sino que se da con la misma generosidad con la que se lo ha recibido. Dispone de un amor bondadoso, sin lugar para el orgullo porque no es suyo sino dádiva de quien nos amó primero. Un amor sufrido, que todo lo soporta, que todo lo espera y que todo lo cree (I Corintios 13:7).

Amamos porque Dios nos amó primero ¡o no amamos en absoluto!

Y la Palabra de Dios lo confirma sin vacilaciones: “Nosotros amamos, porque él nos amó primero.” I Juan 4:19

Para poder amar verdaderamente debes sentirte primero amado por Dios. Si aún no has experimentado el amor de Dios en tu vida, escríbenos, queremos ayudarte a descubrir ese amor para ti.

SE PERDIO LA BRUJULA

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. ¡Qué frase más contundente, desafiante y casi inexplicable! Es así especialmente cuando nos miramos en el espejo y nos preguntamos, ¿qué pasó? Definitivamente la imagen de Dios está bastante distorsionada en los que hoy le representamos. 

Sabemos que todo empezó en el jardín del Edén donde el pecado hizo su incursión abruptamente y se radicó para siempre en el corazón de los hombres. 

Las generaciones posteriores a Adán fueron desfigurando aún más la sustancia divina de esa imagen eterna que el Señor compartió con el hombre. No podemos definir con exactitud cómo era el hombre antes del fracaso del pecado, pero creo que Dios le entregó muchos de los atributos que reflejan el carácter y las virtudes del Creador. Al analizar el libro de los comienzos, primordialmente nos llama la atención que Dios realizó una labor única con el hombre. Ningún otro ser en la tierra tuvo tanta intervención celestial como el hombre. Dios formó al varón con sus propias manos y sopló de su aliento para darle existencia y luego, formó a la mujer que proviene del material ya confeccionado llamado varón. 

Otro punto muy destacable es que Dios sopló de su aliento sobre el hombre, no sobre la mujer, ni ninguna otra creación existente. Este trabajo de Dios en Adán demuestra claramente el sentido y propósito del liderazgo que Dios le entregó al varón. El hombre tiene sobre sí la responsabilidad y el privilegio de ejercer ese liderato en la tierra. Ese liderato comienza en el hogar con la esposa y los hijos. Eva cayó en pecado por tomar el lugar que le correspondía a Adán, que era el de tomar las decisiones direccionales en el matrimonio. Esas decisiones no tienen nada que ver con el diario vivir en lo cual la mujer tiene una capacidad más que sobrada para desenvolverse. 

La dirección que Eva tomó en el jardín, determinaría el curso de su familia en el área más importante de todas: el destino espiritual. Podemos asumir que Eva no sintió la necesidad de consultar esta decisión tan importante con Adán. La razón fue quizás porque perdió la confianza en su marido, o no pensó que este podría estar acertado en su decisión para determinar el futuro que ella quería tomar; o simplemente no supo cómo resistir la tentación al estar sola. Antes de mandar a las “Evas” a la silla eléctrica, los “Adanes” deben preguntarse: por qué esta mujer tan virtuosa tomó el lugar que no le correspondía y provocó semejante desastre. La historia revela fielmente que han existido en todas las épocas mujeres de gran capacidad directriz, pero nada como las Escrituras para ayudarnos a entender que en el matrimonio, cuando el hombre abandona su posición de vanguardia, la mujer se siente obligada a tomar la delantera para llenar el vacío que este deja. Creo que el problema más grande de Adán fue el perder liderato en el Edén y eso se reflejó en la actitud que posteriormente asumió Eva. 

Diariamente surgen oportunidades para que el varón se convierta en ese individuo tan importante el cual es ser un verdadero líder para su familia. Aunque el hombre comparta el timón, ¡no debe jamás abandonar la brújula! De esta manera no dará ocasión al enemigo y, entonces, la mujer y los hijos estarán bajo un manto de protección. Cabe aquí la aclaración (antes que alguien esté pensando que se está manejando un concepto “machista”) que no se está disminuyendo la importancia de la mujer frente a Dios o la sociedad. Tampoco se está intentando minimizar su potencial ni sus virtudes, sino que la meta es establecer la diferencia de roles y recargar sobre el hombre la responsabilidad de conducción y de tomar decisiones. Recuerden que Eva cometió el error cuando estaba sola. (Esto difiere para las mujeres que están solas por causa de abandono o divorcio. Para aquellas que la vida las ha dejado solas, les animo a buscar un buen consejero o pastor que les pueda ayudar en este tema tan sensible.) Por supuesto, la esposa debe estar involucrada en las decisiones de la familia con su intuición, sus opiniones y comentarios. El varón, líder del hogar, no anula a su compañera sino que sabe incluirla y valerse de todos los recursos que Dios le ha dado, incluyendo su perspectiva de mujer. 

Tomar lugar como varón, líder del hogar, significa también que se respeta el lugar que la esposa tiene y todas las capacidades con que Dios la dotó como mujer. Sin embargo, en este concepto de liderato, debemos recordar el mandato divino para el hombre: Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne (Génesis 2:24). 

Este versículo nos señala claramente la necesidad que tiene la mujer y es que su marido la cuide y proteja espiritual y emocionalmente en el núcleo familiar. Esto incluye ahuyentar la soledad, asumir la conducción del nuevo hogar donde el varón se constituye en líder y a esto se le suma la sensible y delicada tarea de decidir correctamente. Esto parece muy fácil decirlo, pero no es tan sencillo practicarlo. El poder decidir acertadamente es una escuela de aprendizaje que lleva tiempo y paciencia. ¡Créalo o no! unas de las maneras más rápidas de aprender es cometiendo errores. A nadie le gusta cometer errores principalmente porque nuestros seguidores pierden confianza en nuestra habilidad de liderar, pero la verdad es que es el maestro más efectivo. Se aprende de los errores únicamente si vemos claramente lo que nos hizo fracasar. 

Si admitimos nuestras faltas y nos humillamos, el fracaso se convierte en victoria e increíblemente aumenta la prontitud de nuestra aprobación ante Dios y la gente. Hay maneras de evitar el desacierto y creo que la más segura es cuando un varón sabe escuchar la voz de Dios. Para escuchar al Espíritu Santo hay que primero reconocer todas las voces que puede fabricar el alma. Esas voces pueden venir de las emociones, los conceptos de una voluntad no rendida a Dios y del medio ambiente educativo que nos enseña a tener “sentido común”.

¿EN QUIEN TE HAS CONVERTIDO?

Una de las cosas más feas de la vida cristiana es cuando ya no sentimos ni un mínimo dolor cuando le fallamos a Dios o cuando pecamos. Y es que llegar al límite de no sentir ni la menor sensación de que hiciste mal es una señal de que algo anda mal en tu vida. 
 A veces vamos por la vida caminando mal, sin percatarnos de que poco a poco vamos alejándonos de la comunión que Dios quiere tener con nosotros, pensamos en satisfacer todas nuestras necesidades, emocionales, sentimental, carnales, pero rara vez pensamos en la necesidad espiritual que tenemos y que también necesitamos suplir. Una persona que poco a poco va dejando de sentir dolor por sus fallas y las va viendo como algo normal o cotidiano de su vida, y peor aún, se va acostumbrado a vivir con ellas o a hacerlas parte de su vida diaria, es una persona que poco a poco va perdiendo esa comunión que debería tener con Dios. 
 Y es que no me van a dejar mentir que cuando le entregamos nuestra vida a Dios por primera vez comenzamos a sentir dolor por nuestras fallas y nuestros pecados. Antes cuando no vivíamos para Dios hacíamos cualquier cosa sin tener la mínima sensación de dolor, pecábamos deliberadamente y sentíamos que era normal, no veíamos nada malo en hacer lo que hacíamos, porque éramos parte de esa vida sin Dios. Pero cuando conocimos a Dios toda nuestra perspectiva de la vida cambio, ahora aquellas cosas malas que hacíamos ya no las hacemos, porque hemos comprendido que ofendemos a Dios, ahora vivimos no para satisfacer nuestras necesidades de pecado, sino para satisfacer a Dios, quien dio su vida por nosotros. 
 Es allí cuando comienza la nueva vida en Cristo, que va siendo guiada por su Espíritu Santo en nosotros, quien ahora nos redarguye cuando hacemos algo que va en contra de Dios, en ese momento sentimos un dolor una sensación de incomodidad por hacer aquello que bien sabíamos que no teníamos que hacer. A eso se le llama: Sensibilidad Espiritual. Algo que antes no teníamos, pero que desde el momento que le entregamos nuestra vida a Cristo, comenzamos a desarrollar. El problema es que con el transcurrir del tiempo, vamos descuidando poco a poco nuestra relación con Dios, vamos acostumbrándonos a una “cultura cristiana” y dejamos de lado cosas importantes que ayudan a nuestra relación personal con Dios, como leer la Biblia, orar diariamente, congregarnos y servirle al Señor. 
 De pronto al descuidar nuestra vida espiritual dejamos abiertas pequeñas puertecitas desde donde entran ciertas cosas que no son correctas, pero que aun así tendemos a practicarlas. Las primeras veces nos sentimos mal por lo que hicimos, sentimos dolor porque ahora ya no vivimos para practicar eso, sino que vivimos para Dios. Es allí donde nuestro corazón se siente dolido por haberle fallado a Dios y rápidamente vamos y pedimos perdón a Dios, quien nos perdona instantáneamente si con corazón sincero se lo pedimos. Pero el mayor problema no está allí, porque ¿Quién de nosotros no le ha fallado a Dios o no ha cometido errores?, el problema está en que cuando aquello se vuelve más recurrente, perdemos la sinceridad a la hora de pedir perdón a Dios por lo que hicimos, y solo lo hacemos por hacerlo. De pronto nos encontraremos practicando aquello sin sentir la mínima carga de que está mal, sin sentir el mínimo dolor de que estamos ofendiendo a Dios o fallándole. ¡Ese si es un problema! Cuando te encuentres en un momento de tu vida en donde bien sabes que estás fallando a Dios y no sientes el mínimo dolor de estarlo haciendo, entonces ¡Preocúpate!, porque eso no es normal en el sentido espiritual y cristiano. 
La Biblia nos habla claramente de esto: “No conocer a Dios es como vivir en la oscuridad, y antes ustedes vivían así, pues no lo conocían. Pero ahora ya lo conocen, y han pasado a la luz; vivan entonces como corresponde a quienes conocen a Dios, pues su Espíritu nos hace actuar con bondad, justicia y verdad. Traten de hacer lo que le agrada a Dios. No se hagan cómplices de los que no conocen a Dios; al contrario, háganles ver su error, pues sus hechos no aprovechan de nada. ¡La verdad es que da vergüenza hablar de lo que ellos hacen a escondidas! Cuando la luz brilla, todo queda al descubierto y puede verse cómo es en realidad. Por eso alguien ha escrito: «¡Despiértate, tú que duermes! Levántate de entre los muertos, y Cristo te alumbrará.» Tengan cuidado de cómo se comportan. Vivan como gente que piensa lo que hace, y no como tontos. 
Aprovechen cada oportunidad que tengan de hacer el bien, porque estamos viviendo tiempos muy malos. No sean tontos, sino traten de averiguar qué es lo que Dios quiere que hagan”. Efesios 5:8-17 (Traducción en lenguaje actual) A veces perdemos el sentido por el que ahora vivimos, a veces se nos olvida que no hemos sido llamados para revolcarnos en el lodo, sino para ser limpios y brillar, pero en muchas ocasiones nos acomodamos a realizar ciertas acciones que lejos de bendecirnos nos están causando problemas, acciones las cuales muchas veces no sentimos que estemos haciendo mal, pero que en realidad no son correctas de practicar por un hijo de Dios. ¿Es tú caso?, ¿Estás viviendo un momento en donde fallarle a Dios se ha convertido en algo normal y cotidiano en tu vida en donde ya no sientes ni la mínima culpa por hacerlo?, ¿Tú corazón poco a poco se ha convertido en un corazón de piedra?, ¿Aquel sentir que en un inicio tenias hacia a Dios poco a poco se fue diluyendo?, ¿Qué paso?, ¿En qué momento permitiste que esto pasara? ¿Qué paso con aquella persona que un día prometió ser fiel a Dios en todo?, ¿Qué paso con aquel sentir que tenias de agradar a Dios por toda tu vida?, ¿Qué paso con aquel hombre o mujer que lloraba amargamente cuando le fallaba a Dios y hacia todo lo posible para no volverlo a hacer?, ¿Qué paso contigo?, ¿En quién te has convertido? Es hora de comenzar de nuevo, es hora de rectificar lo que hasta este día estaba mal, es hora de sincerarnos con Dios y pedirle que nos ayude a ser hijos de Él más sensibles e íntegros, y si esto le pedimos con sinceridad de corazón, Dios ha prometido:
“Les daré integridad de corazón y pondré un espíritu nuevo dentro de ellos. Les quitaré su terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo, para que obedezcan mis decretos y ordenanzas. Entonces, verdaderamente serán mi pueblo y yo seré su Dios”. Ezequiel 11:19-20 (Nueva Traducción Viviente) 
 Ya no sigas viviendo esa vida de mentira, ya no sigas engañándote a ti mismo, ¿A dónde quieres llegar de esta manera?, tú sabes bien que necesitas volver a ser aquella persona que en un principio fuiste, y lo lindo de todo esto es que Dios está dispuesto siempre a restaurar tu vida por completo, deja que Dios trabaje en ti, solo rinde tu vida por completo a Él y veras la maravillosa obra que Dios es capaz de hacer. No importa en quien te habías convertido hasta el día de hoy, porque hoy puedes decidir convertirte en ese hijo de Dios que le de muchas alegrías con tu forma de vivir y servirle. ¡Hoy es un día para comenzar de nuevo y rectificar nuestros errores!

SI JESUS TUVIERA "FACEBOOK"

En el Nuevo Testamento, vemos que el nivel más grande que puede tener un ser humano es ser hijo de Dios.  Ser hijos de Dios transforma nuestra manera de ver la vida, transforma nuestras expectativas.  En el mundo natural, no existe un padre perfecto, por más que tratemos, pues no existe nadie perfecto.  Y, lamentablemente, esta experiencia distorsiona, en algunas personas, una buena conciencia de la relación como hijos del Padre Celestial.
En Romanos 8:14-16, dice: Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!  El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
De esta escritura se desprende que no hay nada ni nadie que pueda darte testimonio de que eres hijo de Dios, sino el Espíritu Santo que está en ti.  El Espíritu Santo tiene tanta autoridad y cabida en tu vida que solo Él puede hacerlo.  Estos versos también nos enseñan que no tienes que vivir bajo el espíritu que pretende mantenerte esclavizado. 
En su palabra, Dios no te invita a que seas renovado en tu mente, sino en el espíritu de tu mente.  Tu mente procesa pensamientos de influencias externas e internas.  Puedes controlar influencias externas de amistades, de películas, de conversaciones; y puedes controlar la influencia interna de falsas expectativas, de malas experiencias, de condenación.
Cuando logras liberar tu mente de todo aquello que produce esos pensamientos de esclavitud, y acoges el espíritu de adopción que te ha sido dado, que clama ¡Abba Padre!, entonces tu vida es renovada porque puedes tener la verdadera relación, del perfecto amor que Dios quiere tener contigo. 
Los fariseos y los escribas encontraban dos problemas con relación a Jesús. El primero, que Jesús declaraba ser hijo de Dios. Pero esto no hacía dudar a Jesús, sino que, aun así, y siendo Judío, Jesús caminaba y trataba con aquellos que todo el mundo condenaba y criticaba.  Este era el segundo problema que tenían los fariseos y los escribas.  Tan así, que le llamaron “amigo de los pecadores”. 
Hoy día, vemos estos mismos problemas: Líderes y religiones que entienden que solamente a través de ellos puedes tener una relación con Dios.  Asistimos a la iglesia para crecer y entregar nuestros talentos a Dios, pero una relación va más allá.  
Si Jesús tuviera “FaceBook”, probablemente no tendría fotos con alguno de nosotros.  Lo más seguro, tendría fotos con algún vecino que tú no opinas bien de él y con algunos que sus conductas no son dignas.  Lo más seguro, muchos estuvieran escandalizados, como lo hacían los religiosos del Nuevo Testamento. 
Muchos cierran sus círculos de amistades, sus círculos de influencia, simplemente porque se sienten muy espirituales.  No fuimos llamados a juzgar al mundo, sino a encontrar los perdidos y rescatarlos.  Si tienes amistades y familiares que aun están en las drogas, en el alcohol, y viven una vida sin dirección, no los excluyas.  Al contrario, modélale y sé de influencia a su vida. 
Debemos influenciar al mundo y demostrarle que tenemos algo que ellos no tienen, que es nuestra relación como hijos del Padre Celestial.