Conocemos a Judas por un solo acto.
Un beso. Treinta monedas.
Y con eso creemos que ya entendimos todo.
Pero no.
Judas no empez贸 traicionando.
Empez贸 siguiendo.
Camin贸 con Jes煤s.
Comi贸 con 脡l.
Escuch贸 sus par谩bolas de cerca.
Vio milagros que otros solo oyeron contar.
Judas no estaba lejos del Maestro.
Estaba demasiado cerca... y aun as铆, por dentro, estaba perdi茅ndose.
Porque el problema de Judas no fue que no creyera en Jes煤s.
El problema fue que Jes煤s no encaj贸 en lo que
Judas esperaba.
脡l quer铆a un Mes铆as que resolviera las cosas r谩pido.
Que corrigiera al sistema.
Que tomara poder.
Que hiciera justicia a su manera.
Y cuando Jes煤s eligi贸 el camino del silencio, del servicio, de la cruz...
algo se quebr贸 por dentro.
Aqu铆 est谩 lo inc贸modo.
Judas no vendi贸 a Jes煤s solo por dinero.
Vendi贸 la decepci贸n.
Vendi贸 la frustraci贸n.
Vendi贸 la distancia entre lo que so帽贸 y lo que Dios estaba haciendo.
Y eso nos incluye.
Somos Judas cuando seguimos a Dios, pero en el fondo queremos controlarlo.
Cuando oramos,
pero si Dios no responde como esperamos, empezamos a enfriarnos.
Cuando decimos "conf铆o", pero solo mientras 脡l haga lo que yo creo correcto.
Judas no se fue de golpe.
Se fue por dentro primero.
Se qued贸 sentado en la mesa... pero ya no estaba presente.
Segu铆a oyendo la voz de Jes煤s... pero ya no la entend铆a.
Y luego vino el beso.
El beso no fue solo traici贸n.
Fue contradicci贸n.
Fue acercarse por fuera mientras el coraz贸n ya estaba lejos.
Hay besos que parecen amor pero nacen del conflicto interno.
Y aqu铆 viene lo m谩s doloroso.
Cuando Judas se dio cuenta de lo que hab铆a hecho, no huy贸 de Dios...
Huy贸 de la gracia.
Sinti贸 culpa,
pero no se permiti贸 el perd贸n.
Reconoci贸 el error,
pero no crey贸 que todav铆a hab铆a lugar para 茅l.
Eso tambi茅n somos nosotros.
Cuando fallamos y pensamos:
"Esto ya no tiene arreglo."
"Dios perdona a otros... pero a m铆 no."
"Ya cruc茅 una l铆nea."
Judas no muri贸 porque Dios lo rechaz贸.
Muri贸 por creer que su error era m谩s grande que la misericordia.
Pedro neg贸.
Judas traicion贸.
La diferencia no fue el pecado.
Fue lo que hicieron despu茅s.
Uno llor贸 y volvi贸.
El otro llor贸... pero se aisl贸.
Y eso parte el alma.
Porque hay personas hoy que aman a Dios, pero viven castig谩ndose.
Siguen viniendo.
Siguen sirviendo.
Siguen sonriendo.
Pero por dentro cargan treinta monedas invisibles:
- culpas no perdonadas
- errores que no se sueltan
- decisiones que los persiguen
- un "si hubiera.." que no los deja vivir
No est谩n lejos de Jes煤s.
Est谩n atrapados en su verg眉enza.
Judas no es solo un traidor del pasado.
Es el retrato del creyente que no cree que a煤n puede ser amado.
Tal vez hoy no necesitamos se帽alarlo.
Tal vez necesitamos reconocernos en 茅l... y llorar.
Llorar porque todos hemos querido controlar a Dios alguna vez.
Porque todos nos hemos decepcionado cuando 脡l no actu贸 como esper谩bamos.
y luego dudado si todav铆a hab铆a gracia para nosotros.
Jes煤s lav贸 los pies de Judas sabiendo lo que iba a hacer.
Eso lo cambia todo.
Nunca dej贸 de amarlo.
Nunca le quit贸 el lugar en la mesa.
Nunca lo expuls贸.
El 煤ltimo gesto de Jes煤s hacia Judas no fue juicio.
Fue amor.
Y tal vez hoy Dios nos est谩 diciendo lo mismo, no con reproche, sino con ternura:
"No te vayas.
No cargues esto solo.
No creas que tu error te define.
Vuelve."
Porque la traici贸n m谩s peligrosa no es fallarle a Dios...
es creer que ya no podemos volver a 脡l.
Y quiza hoy, con el coraz贸n quebrado, con l谩grimas contenidas, solo necesitamos hacer una cosa:
Soltar las monedas.
Levantar la mirada. y creer, aunque cueste,
que todav铆a hay lugar en la mesa.
Porque Jes煤s no perdi贸 a Judas por la traici贸n.
Lo perdi贸 por la desesperanza.
Y Dios no quiere perderte a ti.
No por lo que hiciste.
Sino porque dejaste de creer que a煤n eras amado.❤️


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