LAS BUENAS INFLUENCIAS

Estos días pensaba en la importancia de dejar huellas positivas en nuestra generación. Cuando hablo acerca de dejar huella, no pretendo idealizar nuestra influencia cristiana en los diferentes ámbitos de la vida social e incluso política. Pero sí me refiero a tomar todos y cada uno de nosotros, totalmente en serio, la decisión de ejercer nuestra mejor influencia personal en nuestro medio, en donde nos desenvolvemos habitualmente; ya sea en el vecindario, en la escuela o la universidad, en nuestro trabajo o en nuestras relaciones sociales en general. 

Quizás tengamos que preguntarnos: ¿Qué es ejercer influencia? Para ejercer una influencia positiva, debo caracterizarme por tener convicciones sanas y valores definidos. Recordaba el encuentro de Jetro con Moisés (Éxodo 18). Veamos por un momento esta interesante historia: Jetro vino a visitar a su yerno Moisés después de una larga temporada sin verle. Llegó acompañado de la esposa del patriarca, Séfora, y sus dos hijos, para reencontrarse con un Moisés entregado a una misión impresionante, la de liberar de la esclavitud de Egipto a casi dos millones de personas y conducirlos hacia la Tierra Prometida. Jetro era el hombre que había acogido a Moisés cuando huía de Faraón como un fugitivo y permaneció con él apacentando y cuidando sus rebaños de ovejas muchos años. También contrajo matrimonio con su hija Séfora. Este Jetro, aun y no siendo creyente, fue un hombre de bien y un varón providencial para Moisés. 

En Éxodo 18:1-12, vemos al patriarca contándole a su suegro todas las maravillas que Dios había hecho por Israel, librándolos de la mano de Faraón; y Jetro, oyendo este informe, bendijo y adoró al Dios Vivo y Verdadero ofreciéndole sacrificios de gratitud vv 9-12. Aquí vemos la influencia tan benigna de Moisés sobre Jetro después de cuarenta años. El poderoso testimonio de Dios en la vida de Moisés impactó definitivamente a este buen hombre. Durante los días que Jetro estuvo visitándole, observaba las agotadoras jornadas de Moisés aconsejando a los cientos y cientos del pueblo que venían a consultarle sobre todo tipo de cuestiones y conflictos. Ahí vemos, otra vez, a un hombre realmente sabio e influyente (vv 19-24). Jetro era un desconocido y, en el mejor de los casos, era un recién convertido, pero Dios aprovechó su experiencia y sabiduría para ayudar a Moisés con un consejo tan inteligente y oportuno que salvaguardó su salud. Dios está buscando “Jetros” contemporáneos que influyan en otros positivamente. Este sabio consejo cambió la vida y la organización del pueblo, y descargó a Moisés de una gran sobrecarga hasta la extenuación. 

Necesitamos consejeros/as sabios/as de verdad, gente positivamente influyente. Nuestro vivir diario debe influir provechosamente en nuestros vecinos, amigos y familiares quienes quizás, después de muchos años, algunos de ellos podrían llegar a conocer a Dios a través de nuestra fe y lealtad al Señor. Como vengo diciendo, esta influencia se traduce en actitudes y comportamientos saludables y beneficiosos para nuestra comunidad más inmediata. De ahí que surja una generación de hombres y mujeres entusiasmados y valientes que se comprometan con su Dios hasta sus últimas consecuencias. 

Estos pueden ser periodistas, sicólogos, profesores, políticos, escritores, empresarios o trabajadores; en definitiva, todo tipo de profesionales que aman a Dios y al prójimo y que, respaldados por estos valores espirituales, ejercen su mejor influencia sobre quienes están a su alrededor con toda naturalidad, pero con una clara intencionalidad de bendecir a la gente con la que convivimos a diario. 

Escribamos cada día nuevas páginas de bendición a través de nuestra influencia personal, familiar y, si es posible también, comunitaria (y me estoy refiriendo a las iglesias o comunidades cristianas en cualquier parte del mundo). Finalmente, te recuerdo que por la gracia de Dios somos la sal de la tierra y la luz del mundo… esto es realmente emocionante siempre.

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