ENTENDAMOS LA PALABRA

En Romanos 8:28, dice que, a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien; esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Nunca podrás entrar en el llamado de Dios para tu vida, sino hasta que estés claro, consciente de que no importa las circunstancias que lleguen, todo va a obrar para bien.
Hasta que no tengas la confianza de que todo va a obrar para bien, no trates de hacer nada en tu vida; ministerios, matrimonio, negocio, etc.  Tienes que tener la seguridad de que no importa la dificultad que encuentres en el camino, puedes estar tranquilo, porque todo va a obrar para bien.
Seguramente, has tenido la experiencia de que algo parece bueno, y lo has aceptado como bendición, pero luego resulta ser la peor pesadilla.  De la misma manera, todos hemos tenido la experiencia de que, cosas que no parecían tan buenas, de repente se ponen muy bien.  Por un momento, reusaste aceptar esas cosas, pero era lo que Dios quería para ti.
El problema es que el ser humano se deja llevar por lo que percibe; pero los cristianos no debemos dejarnos llevar por lo que percibimos naturalmente, sino por nuestra fe en el Señor; por lo que creemos: Que todo va a obrar para bien.
No hemos sido llamados para aceptar los problemas como nuestro final.  No fuimos llamados para anestesiarnos y que no experimentemos lo que Dios tiene para nosotros.  No fuimos llamados para ser irresponsables.  Fuimos llamados para vivir con fe y con expectativas de que, de una forma u otra, todo será para gloria y honra de nuestro Dios; expectativas de que, cuando termine la carrera, podamos decir: Dios usó todo en mi vida para darme victoria y él llevarse la gloria.
El problema está en que, sin darnos cuenta, queremos tomar la posición de Dios.  Vemos a José, que pasó por momentos difíciles, pero cumplió todo el propósito de Dios.  En Génesis 50, cuando muere Jacob, padre de José, sus hermanos tuvieron temor de que él tomara venganza, pero este estaba tan claro de que Dios había hecho que sus circunstancias le ayudaran a bien, que les contesta: ¿Acaso estoy yo en el lugar de Dios?  Ustedes pensaron mal de mí, pero Dios lo encaminó a bien, para preservar a mucho pueblo.
Cuando el hombre no toma la actitud correcta ante las circunstancias adversas de la vida, trata de controlar todas las cosas, trata de tomar la posición de Dios, trata de controlar el destino de los que le rodean, trata de manipular la situación.
En Romanos 8:28, no dice que todo lo que pasa lo trajo Dios a tu vida y que por esto lo aceptes.  Dios no es la causa de todas las cosas que pasan.  El no causó que tomaras malas decisiones y entraras en ciertos problemas.  Él no causó que envidia entrara a cierta gente y te hiciera daño.  Es un error decir que Dios tiene el control de todo; pero todo lo que pasa, él lo está mirando, y está esperando que alguien se pare y diga: Señor, yo sé que tú puedes ayudarme a cambiar todas las cosas a mi favor.
La palabra de Dios es clara, y dice que todo obra para bien para aquellos que están en Cristo Jesús.  No importa lo que esté sucediendo o haya sucedido, el llamado de Dios para tu vida es seguro, si crees en la providencia del Dios Todopoderoso.
¿Ha sido lo suficientemente clara la palabra de Dios en tu vida, como para que tengas la misma certeza que José tenía, de que Dios lo había encaminado todo a bien?

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