Y no solo eso, sino que los tripulantes de los ovnis están detrás del comienzo de las religiones, y su influencia puede trascender incluso más allá de los límites de la fe. ¿Puede ser la inteligencia que hay detrás del fenómeno ovni la responsable de la complicada situación política y económica actual del planeta? Y si es así, ¿qué oscuros intereses se ocultan en su manera de actuar? ¿Son estos seres los instigadores del mal en el mundo?
TEOVNILOGIA
Y no solo eso, sino que los tripulantes de los ovnis están detrás del comienzo de las religiones, y su influencia puede trascender incluso más allá de los límites de la fe. ¿Puede ser la inteligencia que hay detrás del fenómeno ovni la responsable de la complicada situación política y económica actual del planeta? Y si es así, ¿qué oscuros intereses se ocultan en su manera de actuar? ¿Son estos seres los instigadores del mal en el mundo?
EL LADO OSCURO DE LO SOBRENATURAL
En cuanto a ideas, estas tienen gran potencial para contar historias. Pero, ¿acaso son reales? Y de ser así, ¿qué significa eso para mí? El lado oscuro de lo sobrenatural le mostrará la verdad subyacente tras lo sobrenatural.
Es un manual que separa la verdad de la ficción, a la vez que examina cada tema a la luz de la Biblia. Bill Myers ha dedicado años a la investigación de fenómenos sobrenaturales e incluso ha hecho películas sobre el tema. En este libro comunicará su investigación junto con entrevistas y experiencias de la vida real de síquicos, satanistas, personas que han sido poseídas e incluso raptadas por extraterrestres. Las historias que cuenta pueden dar la impresión de ser películas de Hollywood, pero se basan en acontecimientos reales.
Sus encuentros con una variedad de temas sobrenaturales le abrirán los ojos a lo que es verdadero y lo que es fantasía.
DETRÁS DE?
Teodora
Teodora, Emperatriz de Bizancio (502-548) estuvo casada con Justiniano, quién gobernó de 527 a 565; pero fue su esposa, una ex actriz, quien vio la importancia de que cierta legislación fuera aprobada y demostró iniciativa para salvar el gobierno de su marido resistiéndose a una revuelta en 532. Justiniano estaba listo para huir cuando Teodora lo persuadió de defender la capital. Al fin él ganó poder por treinta años más, tiempo durante el cual el nombre de Teodora apareció en casi todas las leyes importantes, incluyendo las prohibiciones contra la esclavitud blanca y la alteración de las leyes del divorcio para hacerlas más humanas para las mujeres.
Cuando vino a la religión, ella apoyó fuertemente expresiones de la fe cristiana que sostenían la divinidad de Cristo. Después de su muerte en 548, su esposo prácticamente no aprobó ninguna legislación importante.
Ellos dicen que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Me asombra:
¿Cuántos hombres han obtenido el crédito por los logros de las grandes mujeres que están de pie detrás de ellos? ¿Cuántos grandes inventores y creadores fueron mujeres obligadas a poner sus patentes e ideas bajo los nombres de sus maridos?
La historia no ha sido justa con las mujeres. Si lo hubiera sido, veríamos en nuestra historia páginas llenas con informes sobre grandes mujeres que han hecho cosas notables.
Harriet Beecher Stowe
Harriet Beecher Stowe (1811-1896) escribió lo que probablemente es la novela
americana best seller del siglo diecinueve, un trabajo verdaderamente cristiano
bajo el título de La cabaña del tío Tom. Hija del famoso predicador Lyman
Beecher, ella se interesó tempranamente por la teología y trabajos para la mejora social. El gran clan de los Beecher se mudó a Cincinnati donde Lyman se hizo cargo del Seminario Teológico Lane. Allí, Harriet Beecher entró en contacto con esclavos fugitivos y aprendió de los amigos y de visitas personales cómo era la vida de un negro en el Sur. Cuando su esposo Calvin Stowe fue nombrado profesor en la Universidad de Bowdoin en Maine, una cuñada la animó a que escribiera un libro sobre los males de la esclavitud. El clásico resultante vendió más de 300,000 copias en un año, un número de ventas completamente inusual en ese momento. El libro se convirtió después en una obra de teatro por G. L. Aiken e hizo un largo camino a través del país, tanto antes como después de la guerra.
En un momento de la historia de nuestro país en que la política y el cambio cultural eran todavía sobre todo un mundo de hombres, Harriet hizo su propio marca como uno de los escritores más conocidos de los siglos diecinueve y veinte. Ella hizo frente a las equivocadas y malinformadas nociones culturales y raciales del día y trabajó duro para asegurar que las personas pudieran experimentar libertad en todas partes, sin tener en cuenta el color de su piel. A ella también se le deben acreditar cosas aún más grandes. El Presidente Abraham Lincoln, al encontrársela en 1862 durante la Guerra civil, le dijo, según se reporta: “¡Así que usted es la pequeña mujer que escribió el libro que empezó esta gran guerra!
Libro: Mujer segura de sí misma
Autor: Joyce Meyer
LA HISTORIA NO HA SIDO JUSTA
Posiblemente nadie querría desestimar la influencia de las mujeres en guardar la casa y criar a los hijos. Donde la historia no ha sido “justa” es no registrando los excelentes logros de las mujeres en áreas que generalmente se piensa son dominadas por los hombres: el gobierno, la política, los negocios, la religión y la ciencia.
Los hombres ha recibido crédito en estos campos pero no han informado sobre las mujeres que tuvieron éxito en ellos. Parecen horrorizados de que una mujer pueda lograr algo fuera de la casa. Todo esto es parte de un historial que debe ser rectificado. A lo largo de la historia, las mujeres han logrado grandes cosas.
Echemos una mirada a diez mujeres que demostraron este error. Algunas de ellas son muy conocidas y algunas no lo son, pero todas hicieron contribuciones increíbles al mundo que las rodeaba.
Isabel I
Género erróneo, gran gobernante: eso sintetiza la vida de la reina Isabel I den Iglaterra. Su notorio padre, el rey Enrique Octavo, uno de los grandes sinvergüenzas de la historia, casado ocho veces para engendrar un varón, y accidentalmente engendró a una grande que nunca fue parte de sus planes. Isabel vino al poder cuando su hermana la reina María, conocida como “María Sangrienta” (“Bloody Mary”) por su persecución de los protestantes, murió en 1558. Isabel gobernó lo que llegó a ser conocido como la “Edad de Oro” de la historia hasta 1603.
Isabel mantuvo su gobierno aparentando estar interesada en pretendientes católicos para que el rey de España no invadiera Inglaterra. En 1588, el rey Felipe II finalmente comprendió que estaba tratando con una protestante y envió a la gran Armada Española a conquistar Inglaterra de una vez por todas. Justo antes de esta gran liberación para Inglaterra y cuando la Armada se estaba acercando, Isabel dijo a sus tropas en Tillbury: “Sé que tengo el cuerpo de una mujer frágil y débil, pero tengo el corazón y el estómago de un rey, y de un rey de Inglaterra además; y pienso que es un gran desprecio que Parma o España, o cualquier príncipe de Europa se atreva a invadir las fronteras de mi reino”. Al final de su reinado, ella dijo a su pueblo: “Aunque Dios me ha levantado alto, esto sigo contando como la gloria de mi corona: que he reinado con el amor de ustedes”.
Yo amo el hecho de que la reina Isabel no mirara su cuerpo que ella dijo que era frágil y débil, sino que mirara su corazón. Ella siguió su corazón e ignoró sus déficits. Dios siempre fortalecerá a quienes están deseosos de mirar sus debilidades a la cara y decirles: “Ustedes no pueden detenerme”.
Eleanor Roosevelt
Nacida en una familia activa en política pero no siempre progresista cuando vinieron las mujeres, Eleanor Roosevelt (1884-1962) recibió una educación exclusiva en un internado antes de casarse con su distante primo Franklin
Roosevelt en 1905. Durante los siguientes años, con pocos antecedentes más que
su familia, llegó a ser la dirigente política de su época. Tenía un innegable
talento ejecutivo. Con Franklin, tuvieron cinco hijos e inmediatamente se volvió
activa en política cuando Roosevelt fue elegido por la Asamblea de Nueva York.
Trabajó por la Liga de Mujeres Votantes del Estado de Nueva York y la Liga de
Sindicatos de Mujeres para que se aprobaran las leyes del salario mínimo.
Cuando su marido enfermó de polio en 1921, ella organizó a las mujeres
demócratas para ayudar a Franklin a ser elegido gobernador en 1928 y luego
presidente seis años después. Tras la muerte de su esposo en 1945, el Presidente
Truman la designó como una delegada ante las Naciones Unidas donde en buena
parte dio forma a la Declaración Universal de Derechos Humanos. Eleanor
Roosevelt dijo: “Usted gana fuerza, valor y confianza con cada experiencia en la
que realmente se detiene a mirar al miedo a la cara. Usted puede decirse a sí
misma: ‘Si viví a través de este horror, yo puedo tomar la próxima cosa que
venga…’ ‘Usted debe hacer las cosas que piensa que no puede hacer’.” Ella
aprendió eso de que “Nadie puede hacerla sentirse inferior sin su consentimiento”.
Eleanor Roosevelt definitivamente supo que tenía que actuar aunque sintiera miedo. Necesitamos “conocer el miedo”, no buscar el “no miedo”. Así muchas
veces queremos despedir el miedo y mantenerlo lejos, pero el miedo no puede
detener a la fe y la determinación. Cuando el miedo venga a golpear a su puerta,
deje que le responda la fe y quizás algún día usted esté en los libros de historia.
Libro: Mujer segura de sí misma.
Autor: Joyce Meyer
COMO VÉ DIOS A LAS MUJERES
Dios creó a las mujeres, y dijo que todo lo que había creado era muy bueno.
Aprenda a creer respecto a sí misma lo que Dios dice sobre usted, no lo que otras personas han dicho. Dios la creó, y mirándola proclamó: “¡Es muy buena!”.
Usted es una de las obra de arte de Dios, y el Salmo 139 declara que todas sus obras son maravillosas. ¡Por consiguiente, usted debe ser maravillosa!
Porque Eva desobedeció a Dios inicialmente y tentó a Adán, las mujeres han recibido una mala crítica desde entonces. Yo creo que Adán debería haber tomado la autoridad y rehusarse hacer lo que Eva lo estaba tentando a hacer, en vez de hacerlo y culparla desde entonces del enredo en que se metieron. Después de
todo, Dios creó a Adán primero, y era a Adán a quien le dio la orden de no comer de la fruta del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Yo estoy segura de que Adán le habló a Eva sobre la orden de Dios, pero ciertamente no fue falta de ella que él no usara la disciplina cuando vino la tentación. Realmente, la Biblia establece que el pecado entró en el mundo a través de un hombre, Adán (Romanos 5:12; 1 Corintios 15:21-22).
No estoy excusando a Eva. Ella hizo una mala elección y debió hacerse responsable por su parte, pero no fue la única causa de un gran pecado. Fue un esfuerzo en equipo. Usted conoce la historia: Satanás tentó a Eva inicialmente y luego la usó para tentar a Adán. Cada uno de ellos es responsable. Desgraciadamente, hombres y mujeres nos hemos culpado unos a otros de crear problemas desde el Huerto del Edén. Es tiempo de hacer un cambio.
¿Se ha preguntado alguna vez por qué Satanás se acercó a Eva con sus mentiras, en lugar de Adán? Puede haber sido porque pensó que podría jugar con sus emociones más fácilmente que con las de Adán. Aunque no siempre es el caso, normalmente las mujeres se manejan más emocionalmente, mientras que los hombres son más lógicos.
En todo caso, Satanás tuvo éxito en lograr que Eva hiciera lo que ella no había imaginado hacer. Él la atrajo al pecado con engaños, y hoy le sigue haciendo lo mismo a cualquiera que lo escucha.
Cuando Dios trató con lo que Adán y Eva habían hecho, no sólo trató con ellos sino también con Satanás. Dios dijo a Satanás: “Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón” (Génesis 3:15, NVI).
Loren Cunningham y David Joel Hamilton hacen una interesante observación en su libro Why Not Women? (¿Por qué no mujeres?: “Desde que en el Huerto del Edén Dios le dijo a Satanás que la Semilla de la mujer pisotearía su cabeza, el diablo ha estado atacando ferozmente a las mujeres en todo el mundo”.
Génesis 3 deja en claro que Satanás y la mujer están en desacuerdo el uno con el otro. ¿Por qué? Satanás ha odiado a las mujeres casi desde el principio, porque sería una mujer quien finalmente daría a luz a Jesucristo, el que derrotaría a Satanás y todas sus malas obras. Como dijo Dios, su descendencia pisoteó su cabeza (su autoridad).
Libro: Mujer segura de sí misma
Autor: Joyce Meyer
CASTELLIO VS CALVINO
Son admirables la inteligencia y determinación de Calvino a la hora de hacerse con el poder en Ginebra. Genial manipulador y estratega, sabe cómo contaminar la autoridad civil con la religiosa para hacerse dueño de ambas. Su raíz puritana pronto se deja sentir en todos los aspectos de la vida cotidiana: se prohíben las conversaciones ligeras, los libros que no sean obras piadosas (y, dentro de estas, solo las autorizadas por Calvino), los peinados demasiado largos, las ropas vistosas, los bailes, las fiestas, los juegos… Todo signo de alegría y de vida es suprimido. El control de los ciudadanos —¿mejor decir fieles?— alcanza niveles de virtuosismo gracias a una amplia red de delatores y espías que informan puntualmente de cualquier desviación de la doctrina. La diplomacia ginebrina da fiel noticia al maestro Calvino de las convulsiones en el extranjero.
A este espíritu fanático e intransigente se opuso, obligado por las circunstancias y por la firmeza de sus creencias, otro espíritu simétricamente opuesto. Sebastian Castellio era un erudito al que apasionó la polémica que levantó Lutero en toda Europa acerca de la libre interpretación de la Escritura. La inteligencia abierta y tolerante de Castellio enseguida fue ganada para la causa protestante, dedicandose nada menos que a una nueva traducción de la Biblia al francés y al latín. Buscando un lugar donde imprimir la primera parte de su trabajo, se alejó del ambiente francés, hostil a los protestantes, y fue a dar en ese bastión del reformismo llamado Ginebra. Por si fuera poco, Castellio y Calvino habían coincidido brevemente de estudiantes, cuando este último era un ferviente partidario de la libertad de conciencia, por lo que el humanista confiaba en disponer con presteza del imprimátur. Cuál no sería su sorpresa cuando Calvino contestó a sus requerimientos pretendiendo introducir cambios en su traducción de la Biblia. Y es que la traducción de Castellio reconocía su ignorancia en algunos puntos oscuros del texto sagrado, puntos que Calvino ya había zanjado conforme a su propia doctrina. Se inició así un cruce de escritos polémicos entre ambos (mejor dicho: entre Castellio y los subordinados de Calvino, pues este prefería delegar estas escaramuzas) que concluyeron en la pérdida del trabajo de Castellio y en su expulsión de Ginebra.
Castellio pasó muchas penalidades a partir de entonces. Tuvo que aceptar infinidad de trabajos para mantener a su familia, además de robarle horas al sueño para continuar su traducción de la Biblia y redactar una gran variedad de escritos. Desde su enfrentamiento con Calvino se mantuvo en un prudente segundo plano, trabajando sin llamar la atención. Obtuvo un puesto en la Universidad de Basilea, comunidad donde era querido y considerado. Y así podría haber seguido sine die apaciblemente si un hecho tremendo no lo hubiese obligado a empuñar la pluma de nuevo: la quema en la hoguera de Miguel Servet. Servet, un aragonés inquieto y provocador, cometió el mismo error que Castellio: recurrió a Calvino esperando encontrar un interlocutor para sus ideas teológicas y se topó con un furibundo déspota que no toleraba ni la más mínima discrepancia.
Los capítulos que Zweig consagra a Servet destacan con un relumbre especial debido a, por un lado, la extraña personalidad del aragonés y, por otro, a su espantoso final. Servet es presentado como un personaje de Dostoyevski: brillante y contradictorio, astuto y temerario. El encontronazo con la pétrea autoridad de Calvino lo lleva al suplicio primero y luego a la quema pública, en unas páginas vívidas y conmovedoras que dejan huella en la memoria. Este horror en medio del oasis de libertad que había pretendido ser la Reforma empujó a Castellio a empuñar la pluma en defensa de la libertad de culto, argumentando que las cuestiones de fe corresponde a Dios dirimirlas, no a los hombres. La oposición del humanista enfureció a Calvino, quien puso en marcha toda su máquina propagandística para desacreditar a su enemigo y desautorizarle ante sus paisanos. Las calumnias constantes y la aparición de un libelo infamante hacen que Castellio se lance de nuevo, de mala gana, a la polémica, redactando un elocuente Contra libellum Calvini (el panfleto acusador venía firmado por uno de los secuaces del maestro pero Castellio sabía muy bien quién era el verdadero autor), un monumento de honestidad, rigor y tolerancia, una implacable demolición de las acusaciones y, a la vez, una llamada a la tolerancia. Llamada que Calvino respondió de la única manera que sabía: redoblando sus ataques. Indagó la vida entera de Castellio, sus amigos, su pasado y le saltó delante, como una liebre, un indicio que podía llevar al humanista a ser acusado de herejía: cundió la sospecha de que un discreto y generoso noble muerto hacía un tiempo podía haber sido en realidad David de Joris, un anabaptista fugado de Holanda hacía años. Dicho noble había sido amigo y contertulio de Castellio. Pero cuando la acusación parecía tomar cuerpo, Castellio murió a causa de su debilitado físico a los 48 años.
Sobre el trasfondo siempre apasionante de las controversias religiosas suscitadas por la Reforma, varias aspectos sobresalen en este duelo entre Castellio y Calvino. En primer lugar, llama la atención la pusilanimidad de los ciudadanos suizos, quienes ceden sin demasiada resistencia a las presiones de un carácter autoritario: acatando, los ginebrinos, los puritanos requerimientos de Calvino y, los ciudadanos de Basilea, cediendo a las calumnias contra un profesor de su Universidad cuyo comportamiento no había sido sino ejemplar. Parece que siglos de tradición democrática no proveen en absoluto de coraje y preocupación por el prójimo. Destaca también, como he dicho, la figura de Servet, siempre al borde la perdición, guiado por algún demonio interior que le hacía mirar fijamente a la nada. Repelente y fascinante, con algo más de esto último, se me antoja el retrato de Calvino. A pesar de su fanatismo y de su indiferencia ante el dolor ajeno, uno no puede dejar de admirar su inteligencia fría y precisa, su ambición desmesurada que sale a la luz tal vez por una casualidad (Zweig insiste en las dudas de Calvino antes de ir a Ginebra, solo resueltas por la insistencia de Farel), su logro de esculpir una ciudad entera a su imagen y semejanza. En cuanto al apacible y tenaz Castellio, el biógrafo le dedica las líneas más cálidas del libro para resaltar su inteligencia, su sabiduría y, sobre todo, su respeto a los demás que le llevó a practicar y defender hasta el final la tolerancia hacia las creencias de los demás.



