Yo soy segundo - Bailee Madison (Subtítulos en español)

Yo Soy Segundo® - Fernando Arau

Yo Soy Segundo® - Los Robertsons (subtitulado)

Yo Soy Segundo® - Myrka Dellanos

Yo Soy Segundo® - Kaká

PERDON, REVELACION Y LIBERACION

Cuando aceptamos a Cristo como Salvador, algo dentro de nosotros dijo: Voy a hacer de ti algo nuevo.  En nuestro interior, vimos el potencial de ser diferentes y completar el destino de Dios en nuestras vidas.  Se fue la tristeza y la frustración.  No sabías lo que ibas a hacer en el camino, ni sabias a quiénes ibas a conocer, ni sabías quiénes te iban a fallar, y que ibas a tener problemas.  Pero saliste con la expectativa y la visión de que Dios haría de ti una nueva criatura, cambiaría tu carácter y haría por ti lo que tú mismo no has podido hacer.
En ocasiones, no nos damos cuenta que, en el proceso en la vida, mientras crecemos, nos dormimos a todo lo que Dios está haciendo.  Entonces, perdemos de vista la primera razón por la cual decidimos salir del lugar donde nos encontrábamos y seguir a Cristo”: Que él iba a hacer por nosotros lo que nosotros no podíamos hacer por nosotros mismos.  Vemos, cómo Pedro sigue a Cristo, no porque le ofreciera un trono, sino porque iba a ser una mejor persona, pescador de hombre.
Pedro tuvo varias experiencias muy poderosas con el Señor.  En una ocasión, le confesó su gran amor a Cristo –dondequiera que vayas, voy contigo, hasta lo último.  Jesús le dijo: Pedro, llegará el momento que me negarás.  Y, en el momento crucial de Cristo, Pedro le negó.  Luego, Pedro entra en una gran tristeza que inunda su vida.
¿Cuántos hay como Pedro?  Nadie puede juzgar tu amor por Dios, ni juzgar tu salvación, pero, cuando hablas y ven dónde estás, dices que estás durmiendo.  Una persona está dormida, cuando vuelve al mismo lugar y a la misma rutina de donde Dios lo sacó.
Luego, de esta experiencia, Pedro tuvo tres eventos más con el Maestro, que lo llevaron a alcanzar un mayor nivel.   El primer evento fue cuando Cristo lo ve solo, en el mar, y le dice: Pedro, tira la red; y tiene la gran pesca milagrosa.  Cuando llega a la orilla, se encuentra que Cristo le tenía un pescado preparado para comer.  Tienen una conversación, donde vemos que Cristo le dice: Pedro, ¿me amas? Apacienta mis ovejas.  Podemos ver como Cristo comienza a sanar y a despertar nuevamente el corazón de Pedro.
En el segundo evento, Pedro, junto a los discípulos, estaba encerrado donde nadie lo podía ver, cuando se le presenta el Maestro, diciendo: Paz a vosotros; y les enseña las marcas.  La tercera experiencia la tiene con el Espíritu Santo, y nuevamente están encerrados en un aposento alto.
Tres veces Dios tuvo que buscarlos en lugares que estaban aparte, encerrados.  Cuando Dios les llamó, no les llamó para dejarlos encerrados en cuatro paredes en sus fracasos.  La primera experiencia fue, la del perdón.   La segunda experiencia, de la enseñanza del reino; y la tercera experiencia, la del Espíritu Santo que hizo que Pedro y los demás discípulos salieran de aquel lugar y se atrevieran a retar el viejo sistema que los había limitado.
Lo que Cristo ha hecho por nosotros no es para dejarnos encerrados, sino para traer perdón a tu vida, mostrarte el reino, y liberarte, para que ya no vivas más bajo el sistema limitado del mundo.

RECONOCE A DIOS EN TU DESIERTO

En Salmo 78:40-41, dice: ¡Cuántas veces en el desierto se rebelaron contra él, y lo enojaron en el yermo! Y volvían, y tentaban a Dios, y provocaban al Santo de Israel. Cuando estudiamos este verso en el original podemos ver que, una mejor traducción para la palabra “provocaban” es “limitaron”.
El desierto no es el lugar donde Dios prueba al hombre, sino el lugar donde el hombre prueba a Dios.  Todo lo que el pueblo pedía, Dios se lo concedía.  En el desierto, Dios estaba cuidando, protegiendo al pueblo y preparándolo para entrar a la tierra prometida.  Aquello era como una historia de amor y protección: El pueblo tenía sed, y Dios les daba agua; tenía hambre, le daba de comer; la nube de día para protección, y la columna de fuego de noche.
El pueblo tentó y limitó a Dios.  No limitó su poder, sino la fe de lo que él podía hacer.  En un momento de sed, el pueblo de Israel cuestionó: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros o no? Y, dice la biblia, que llamaron a aquel lugar “Masah” y “Meriba”, que significan “tentar” y “pelear”.  ¿Ha llegado algún momento en tu vida donde, a pesar de lo que ya Dios ha hecho contigo, pones en duda si Dios está contigo y si puede obrar nuevamente a tu favor, y comienzas a pelear?
No era la primera vez que el pueblo de Israel se quejaba y tentaba a Dios.  Frente al Mar Rojo, el pueblo se quejó, y Dios le abrió el mar y los libró.  Luego que cruzaron al otro lado, se quejaron por las aguas amargas, y Dios las cambio en aguas dulces.  En otra ocasión, se quejaron por el maná y Dios les da codornices.
Es entendible que la mente humana ceda fácilmente ante una dificultad y haya un cuestionamiento, pero, si alguien tiene paciencia, es nuestro Dios.  A pesar de tus quejas, él continúa trabajando en tu vida, porque quiere culminar la obra que ha comenzado en ti.  Quien lo limitas, eres tú.
Desde el momento en que el pueblo se quejó, Dios dice: Estos no entrarán a la tierra prometida.  Imagínate llevar a un pueblo a la tierra prometida y que aun allí no vieran a Dios.  Si no ves a Dios en tu desierto, menos lo verás en la bendición y abundancia.   El deseo de Dios es que, cuando estés en la tierra prometida, sepas quién te llevó y quién está contigo.
En esta historia, podemos ver que los milagros no necesariamente provocan fe, ni acercan más a una persona a Dios.  Para un corazón malagradecido, nunca es suficiente lo que Dios ha hecho.  Muchos no necesitan un milagro más, lo que necesitan es reconocer la presencia de Dios, y milagros llegarán a sus vidas.
No limites a Dios. Vive una vida ilimitada.