LA MUJER TIENE DERECHOS DESDE LA ANTIGÜEDAD

El orden divino existía antes de la creación del ser humano. La rebelión contra Dios originó el egoísmo humano y el caos global. Aún así Dios tenía prevista la solución para el pecado.


No podemos negar que la vida nos da reveladoras y suficientes evidencias que señalan nuestra indolencia al tener que enfrentar situaciones que requieren ‘un extra’ de nuestra parte. Coincidiremos que eso ocurre cuando tenemos más poder para ‘dar la talla’. Como esa tendencia no es nada nueva bajo el sol, ahora veremos el ejemplo que nos deja el pueblo antiguo de Israel con su trato hacia la mujer. Cada vez que eran bendecidos por Dios los israelitas volvían a rebelarse contra Él. Lo hicieron así a lo largo de su historia. Por esa razón las Escrituras los exhibe como a contumaces.  


La Ley de Dios dada a Israel por medio de Moisés había llegado para mostrar hasta dónde puede llegar la maldad del ser humano caído en pecado. Bajo la ley divina la mujer israelita era protegida de las vejaciones que eran muy comunes en los países vecinos. De hecho, la mujer hebrea gozaba del respeto de sus contemporáneos que destacaban a la mujer virtuosa. 

Aun teniendo una ley perfecta y sanciones justas para quienes la transgrediesen, el pueblo se inclinaba a la idolatría y a excesos de todo tipo. Sabiendo perfectamente que Dios detesta todo tipo de explotación y abuso, condena la violación y la prostitución y castiga el adulterio con la muerte para ambos adúlteros, igualmente desafiaron a Dios pervirtiendo la ley. Por esa costumbre tan arraigada, el profeta Isaías les hace llegar una clara advertencia: “¡Ay de los que dictan leyes injustas y prescriben tiranía, para apartar del juicio a los pobres y para privar de su derecho a los afligidos de mi pueblo; para despojar a las viudas y robar a los huérfanos! ¿Y qué haréis en el día del castigo? ¿A quién os acogeréis para que os ayude cuando llegue de lejos el desastre?” 

Queda pues evidenciado, que las discriminaciones sufridas por la mujer no eran causadas por un dios cruel o por normas sociales injustas, sino por gente pervertida. Dios no distingue entre hombre pecador y mujer pecadora; esta es una verdad bíblica que nadie puede negar: “porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”. 

Para Dios no hay ningún ‘problema de género’, ya que ambos - varón y mujer - sin excepción ni categorías pecan por igual. También es innegable que todo cambia con el paso del tiempo. No siendo inmunes a él los humanos mutamos nuestras culturas. Pero esos cambios no provienen del Dios creador y sustentador de la vida, que es inmutables sino de agentes terrenales en el poder temporal. Ellos trastornan la verdad con mentiras impuestas y pregonadas cual logros de ‘igualdad y progreso’. La Ley de Dios para la nación de Israel tenía multitud de beneficios espirituales, morales y físicos; tantos que si todo el pueblo, hombres y mujeres por igual, las ponían en práctica hubiesen estado liderando a otras naciones de la tierra: “Acontecerá que si oyes atentamente la voz de Jehová, tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová, tu Dios, te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas bendiciones, si escuchas la voz de Jehová, tu Dios.” 

Sería injusto que Dios exigiese a sus criaturas tener una conducta imposible de ejercer. Por eso escuchar la voz de Jehová, oír la voz de Dios, no era un imposible para los israelitas. Entre las instrucciones dadas por Dios a su pueblo estaban estos derechos de la mujer: 

1. Libertad individual. La esposa, con la plena confianza del esposo y cabeza de la familia, era un individuo con derechos propios; no un apéndice del hombre. Si lo deseaba, podía llevar a cabo tareas como inspeccionar un terreno, comprarlo o plantar en él una viña; montar su propio negocio textil si era buena hilando y tejiendo. Las israelitas disponían de amplia libertad en comparación con las mujeres de otras naciones. Algunos ejemplos: Ana cultivaba una relación personal con Dios; oró a Dios y le hizo un voto en secreto si recibía respuesta a su pedido.  Cierta mujer de la ciudad de Sunem iba a menudo a consultar al profeta Eliseo. Débora y Hulda aconsejaban a hombres y mujeres de parte de Dios; incluso iban sacerdotes y hombres prominentes a consultarlas.  

2. Educación. Al ser parte del Pacto legitimado las mujeres podían estar presentes durante la lectura de las leyes; esto les daba muchas oportunidades de aprender. Se preparaban para la adoración pública, el “servicio organizado” en el tabernáculo y en coros mixtos. Los hijos varones eran educados por su madre hasta que eran adultos.  

3. Comercio. No eran pocas las mujeres que llevaban sus propios negocios.  

4. Respeto. El primero de los ‘Diez Mandamientos’ que contiene una promesa gratificadora es: “Honra a tu padre y a tu madre”, así, a los dos por igual. Y el sabio rey Salomón dijo en uno de sus proverbios: “Escucha, hijo mío, la disciplina de tu padre, y no abandones la ley de tu madre”. En la Ley se destaca el trato a dar a las personas del sexo opuesto, i.e. el respeto que el esposo debía tener respecto de los límites físicos y biológicos de su esposa. 

5. Protección. Jehová se describe a sí mismo como “padre de huérfanos de padre y juez de viudas”, haciéndose responsable de proteger a quienes carecían de un padre o un esposo. El milagro con la viuda de un sacerdote lo revela: la liberó de la opresión de un acreedor injusto, para que sobreviviese conservando su dignidad. Otro ejemplo: las cinco hijas de Zelofehad, jefe de familia que murió sin dejar un descendiente varón. Ellas solicitaron “una posesión” en la Tierra Prometida. Jehová les concedió más de lo que habían pedido. Ordenó a Moisés: “Debes darles la posesión de una herencia en medio de los hermanos de su padre, y tienes que hacer que la herencia de su padre pase a ellas”. De allí en más, las mujeres israelitas pudieron recibir una herencia de sus padres y dejársela a sus descendientes. 

Los justos reclamos de las mujeres y los desvalidos de la tierra, lejos de generar rechazo de parte de Dios, nos permite ver su misericordia en acción. Él se pone de parte de todas y de todos los discriminados que reclaman justicia, y los trata como bienaventurados. Les asegura ser parte de Su reino, consolarlos, saciarlos y tener una gran recompensa en el cielo. 

En días en que la mujer es utilizada con fines económicos y políticos, y es apoyada usando medios vergonzosos que humillan su dignidad, seguiremos con este tema en la que es central con sus justos reclamos, siempre a la luz de la Biblia. Hasta entonces, si el Señor lo permite.

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