NO MENOSPRECIES LA BENDICION DE DIOS

La conciencia de ser bendecido es vital para que tu vida sea transformada y todo lo que hagas, lo hagas desde la posición espiritual correcta.  
Génesis 14:17 nos relata cuando Abraham se encuentra con el rey Melquisedec, que representa a la persona de Cristo, y le entrega los diezmos.   En este capítulo es que vemos por primera vez la palabra diezmos en la biblia.  Abraham no entrega los diezmos para manipular a Dios y ser bendecido.  Abraham entrega los diezmos por la bendición recibida.  No diezma para ser bendecido, ya era bendecido. 
Dios no necesita tu dinero, pero tú necesitas a Dios en tu dinero.  Dios no necesita de tu negocio, pero tú necesitas a Dios en tu negocio.  Tú necesitas a Dios en tu empresa, en tu negocio, en tu trabajo para ver resultados que otros no están teniendo.  Necesitas a Dios para que te dé sabiduría, favor y gracia en todo lo que emprendas.  Necesitas que envíe a sus ángeles para protegerte y cuidarte de no firmar contratos que no convienen. 
Este acto de generosidad, el diezmar, no lo hacemos porque Dios lo necesite. Esto debe ser una reacción a la bendición de Dios en nuestra vida. 
Con su dádiva, Abraham estaba reconociendo quién era su Señor.  Cuando, por ejemplo, separamos tiempo para ir a la casa de Dios, estamos reconociendo cuál es la prioridad en nuestra vida y estamos reconociendo quién es nuestro Dios, nuestro Señor y Salvador. 
Con tus actos de fe, reconoces a quién tú le sirves. 
Abraham sabía que Dios lo había ayudado.  Hay personas hoy en día que no diezman porque entienden que lo que tienen no proviene de Dios, sino que es producto de su trabajo y esfuerzo, no reconociendo que, en este tiempo en que se está viviendo, el tener trabajo es una bendición que proviene de Dios. 
Mucha gente no diezma, porque este acto es una reacción voluntaria que proviene de un corazón que reconoce que lo que obtiene proviene de Dios.  Hay quienes tratan de obligar a diezmar, haciendo sentir culpables a la gente.  Entonces, vemos personas que diezman para no sentirse culpables, pero no acceden el poder de la bendición como aquellos que diezman correctamente. 
En Génesis 27, la palabra nos relata cuando Jacob recibe la bendición de Isaac, quien engañó a su padre para recibir esta bendición.  Esaú, quien era el que debía recibir la bendición, pero la intercambia con Jacob por un plato de lentejas, se da cuenta, va al padre y le pregunta si había guardado bendición para él también, y llora amargamente.  La palabra de bendición sobre una persona es importante porque ofrece identidad, afirmación y desata el destino.  Hoy día hay generaciones completas pidiendo, preguntando si hay bendición para ellos también. 
Vemos cómo Isaac le dice a Esaú las consecuencias de haber menospreciado la bendición: Tendría que vivir a espada; cargaría un yugo por lo que había hecho, y el día que se fortaleciera, se sanaría en su interior y se libraría de las consecuencias de haber menospreciado la bendición de Jehová.  Ese es el peligro de no tener la bendición de Dios, se vive con espada y se carga un yugo que solamente se puede quitar cuando te fortaleces.
Por causa de haber menospreciado la bendición, Esaú tuvo un gran peso en su vida.  Cuando un hombre no recibe ni acepta la bendición de Dios, queda atado con una marca en su corazón y en su espíritu que solo Dios puede librarlo.
¿Cómo reaccionas tú ante la bendición de Dios?  ¿Con un acto de fe, como el de Abraham? ¿O con menosprecio, como Esaú?
No menosprecies las bendiciones de Dios para tu vida.  Levántate, cobra fuerzas, y posiciónate en el lugar correcto para recibir de parte de Dios.

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