El milagro de Lázaro es el clímax del poder de Yeshúa sobre la muerte. El Maestro grita: "¡Lázaro, ven fuera!", y el hombre que llevaba cuatro días muerto sale de la tumba.
Pero el texto de Juan 11:44 registra un detalle extraño y visualmente impactante: "Y el que había muerto salió, atado las manos y los pies con vendas, y su rostro envuelto en un sudario".
Imagina la escena: Lázaro está vivo, pero no puede caminar bien, no puede usar sus manos y no puede ver. Está atrapado en la ropa de su propia muerte.
EL TRASFONDO: LOS TACHRICHIM
En la tradición judía, el cuerpo no se colocaba en un ataúd, sino que se envolvía en vendas de lino llamadas:
תַּכְרִיכִים – Tachrichím
Estas vendas se apretaban fuertemente alrededor del cuerpo, y un sudario (Sudarion) cubría el rostro. El propósito de los Tachrichim era envolver la corrupción y el final de la historia de un hombre. Eran el símbolo físico de que el mundo ya no esperaba nada de esa persona.
LA VIDA ES DE DIOS, LA LIBERTAD ES DE LA COMUNIDAD
Aquí es donde ocurre el momento más profundo del relato. Yeshúa ya había hecho lo más difícil: devolver la vida a las células muertas y hacer latir un corazón detenido. Sin embargo, no usa Su poder para hacer que las vendas se desvanezcan milagrosamente.
En lugar de eso, da una orden a los que estaban allí parados:
"Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir".
Esto revela un principio espiritual poderoso: Dios hace la resurrección, pero la comunidad hace la liberación.
EL PELIGRO DE SER UN "RESUCITADO ATADO"
Hay miles de personas hoy que han experimentado el milagro de la vida nueva. Han escuchado la voz de Yeshúa y han salido de su "tumba" (adicciones, depresión, vacío espiritual). Están vivas, pero siguen caminando como Lázaro:
Pies atados: Tienen vida, pero su pasado no les deja avanzar.
Manos atadas: Tienen vida, pero no saben cómo servir o actuar en su nueva realidad.
Rostro envuelto: Tienen vida, pero su visión de Dios y de sí mismos sigue nublada por el sudario de la culpa.
¿POR QUÉ YESHÚA NO LO DESATÓ ÉL MISMO?
Yeshúa quería que la misma comunidad que lloró su muerte fuera la que trabajara en su libertad.
Validación: Al desatarlo, ellos tocaron su piel tibia; confirmaron que no era un fantasma, sino un hermano restaurado.
Responsabilidad: El milagro nos pertenece a todos. Dios te saca de la tumba, pero tus hermanos en la fe son quienes te ayudan a quitarte las "vendas" de los viejos hábitos.
En hebreo, el verbo para desatar es הִתִּיר (Hitir), que también significa "permitir" o "soltar lo prohibido".
UN LLAMADO A QUITAR VENDAS
Este texto nos interpela en dos direcciones:
Si eres como Lázaro: No pretendas caminar solo. Aunque estés vivo, necesitas que otros te ayuden a quitarte los restos de tu "sepultura". No te avergüences de tus vendas; son la prueba de que estuviste muerto y ahora vives.
Si eres de los que miran: Tu trabajo no es solo celebrar el milagro, es acercarte al que acaba de salir de la tumba y ayudarle a quitarse el sudario. No juzgues sus vendas; ayúdale a soltarlas.
La resurrección te pone en pie, pero la comunidad te pone a caminar.
Dios no quiere "resucitados encarcelados" en su pasado. Él quiere personas libres. Pero esa libertad a menudo se encuentra en las manos de un hermano que está dispuesto a ensuciarse desenredando el lino de tu antigua vida.


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