LA MUJER DEL FLUJO DE SANGRE


¿SABÍAS QUE LA MUJER DEL FLUJO DE SANGRE NO TOCÓ EL MANTO DE YESHÚA POR CASUALIDAD? EL SECRETO PROFÉTICO DE LAS "ALAS" QUE ACTIVÓ SU SANIDAD....


El relato es uno de los más conmovedores del Evangelio: una mujer que ha sufrido durante doce años, marginada y en la quiebra, se abre paso entre la multitud para tocar apenas el "borde" del vestido de Yeshúa.

Solemos pensar que fue un acto de desesperación ciega, como quien intenta rozar a una celebridad. Pero para una mujer judía del siglo I, tocar ese "borde" no fue un gesto al azar; fue un acto de fe teológica de una precisión quirúrgica.


EL MANTO QUE HABLA: EL TALIT

Yeshúa, como judío observante de la Torá, vestía un Talit (manto de oración). Según el mandamiento de Números 15:38, este manto debía tener en sus cuatro esquinas unos flecos o borlas especiales llamados:

צִיצִית – Tzitzít


Estos flecos no eran decorativos. Cada nudo y cada hilo representaba los 613 mandamientos de la Torá. Poseer los Tzitzit era portar la autoridad de la Palabra de Dios sobre los hombros.


EL CÓDIGO OCULTO: LAS "ALAS" DEL MESÍAS

Aquí es donde la historia se vuelve asombrosa. En el hebreo bíblico, la palabra para "borde", "punta" o "esquina" del manto es:


כָּנָף – Kanáph


Pero Kanáph tiene un doble significado: significa "borde del vestido" y también significa "ala".


La mujer conocía perfectamente la profecía del profeta Malaquías sobre la llegada del Mesías:


"Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas (kanaph) traerá salvación (sanidad)" (Malaquías 4:2).


Cuando ella dijo: "Si tan solo tocare su manto, seré salva", no estaba buscando tela. Ella estaba diciendo: "Si Él es el Mesías, debe tener sanidad en sus Kanaph (en los flecos de su manto)".


EL MOMENTO DEL "PODER" (DUNAMIS)

Cuando la mujer tocó el Tzitzit, Yeshúa se detuvo y preguntó: "¿Quién me ha tocado?". No porque no lo supiera, sino porque ella había activado un código profético.


Ella no tocó Su espalda, ni Su brazo, ni Su túnica común. Tocó el punto exacto donde la profecía decía que residía la sanidad del Mesías. Al tocar el fleco, ella estaba declarando: "Yo reconozco que Tú eres el cumplimiento de la Palabra".


En hebreo, la sanidad que ella buscaba no era solo física, era:

מַרְפֵּא – Marpé (Restauración total, salud y medicina).


UN MENSAJE PARA TU FE

A menudo nos acercamos a Dios de forma genérica, esperando que "algo pase". Pero esta mujer nos enseña que la fe más poderosa es la que se aferra a las especificaciones de la Palabra.

No es por contacto, es por contrato: Ella no fue sana solo por tocar a Yeshúa, sino por reclamar lo que Dios ya había prometido en la Escritura siglos atrás.

La autoridad está en los bordes: Dios puso Su poder al alcance de la mano de los humildes. No necesitas subir al cielo para encontrar Su gloria; Su sanidad está en los flecos de Su presencia, allí donde Su Palabra toca nuestra realidad terrenal.


El Mesías no solo tiene poder; Él es el cumplimiento de cada hilo de la promesa.


Si te sientes marginado, desgastado o sin recursos, haz como ella: deja de mirar a la multitud y enfócate en las "alas" del Maestro. No necesitas que Él te dé un discurso largo; solo necesitas tocar la autoridad de Su Palabra. Porque cuando la fe toca la Verdad, la virtud sale de Dios y la historia de doce años de dolor se termina en un segundo.


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