EL AVARO ES UN IDÓLATRA


Juliette Binoche es una de las actrices francesas más conocidas en la actualidad. Participó en películas realmente deliciosas como “Chocolat” y ganó el Oscar a la mejor actriz de reparto por su papel en “El paciente inglés”. En una reciente entrevista confesaba: “Mi ambición es conocer a personas maravillosas, no amasar dinero”. Sabia decisión. 

Déjame comenzar con una lección muy simple: cuando llega el final de sus días, muchos se encuentran en una situación trágicamente irreversible, porque después de haber conseguido casi todo lo que se proponían, se den cuenta de que la verdadera felicidad consistía en tener justo lo que han perdido: los amigos, la paz, la tranquilidad, la esperanza, la gratitud, el disfrutar de las cosas sencillas de cada día... Todo lo que ahora no tienen cuando creían poseerlo casi todo… y se quedan sin nada. 

Pero mientras vivimos, parece imposible llegar a comprenderlo: siempre queremos más, y esa ambición termina por matarnos, porque ese "más" nunca es suficiente. No somos capaces de reconocer que el dinero es lo más falso que existe: si confiamos en él, toda nuestra vida estará llena de problemas y viviremos siempre con la incertidumbre de lo que vamos a ganar o perder ¡Te aseguro que acabamos perdiendo más de lo que ganamos! Además, el dinero nos hace falsos a nosotros mismos, porque cuando hay dinero por en medio, ni siquiera sabemos quienes somos, y solemos tener reacciones que jamás habríamos llegado a imaginar. 

Por si fuera poco, perdemos nuestra identidad, porque los demás no nos ven de la misma manera cuando tenemos muchas posesiones ¡Ni tampoco nosotros somos capaces de ver igual a los demás! No creas que estoy exagerando: Si te presentan a alguien con mucho poder y/o dinero, ¿no pasarías de buena gana una hora hablando con el/ella? Pero… ¿Y si alguien que no tiene nada necesitara tu ayuda durante una hora? 

¿Estarías dispuesto/a de la misma manera? Lo mismo sucede en la vida espiritual, cuando tenemos dinero ya no oramos ni descansamos en Dios ¡Nosotros mismos tomamos las decisiones que queremos! En las iglesias pasamos la ofrenda en todas las reuniones, pero no hablamos siempre de la evangelización, la familia, la oración, la lectura de la Biblia, etc. ¡NO! Nos enfadamos cuando alguien dice algo diferente a lo que pensamos (quizás alguno de vosotros ya no querrá seguir leyendo…) porque el dinero termina siendo nuestro ídolo, sin haber aprendido que Dios no depende de nuestras posesiones para llevar a cabo su obra ¡si lo decimos o lo pensamos, es porque no creemos en Él! Si el dinero es la fuente de nuestra seguridad, somos idólatras. Y esa idolatría se introduce dentro de nosotros con una apariencia espiritual casi imposible de desmontar. 

“La avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5) Perdemos la guerra espiritual cuando permitimos que el dios Mamón dirija nuestras palabras, nuestras actividades y nuestras vidas. 

El llamado “evangelio de la prosperidad” ha caído en esa idolatría y desgraciadamente, muchos están a punto de hacerlo también.

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