3 MIRADAS, UN MISMO CAMINO

Texto base: Juan 20:1–10


Idea central:

La resurrección de Cristo es confirmada progresivamente a través de tres testigos que observan el sepulcro desde perspectivas distintas, pero que convergen en una misma verdad transformadora: Jesús vive.


Introducción

La mañana de la resurrección no comienza con cánticos, sino con preguntas, confusión y pasos apresurados. Juan 20:1–10 no describe aún al Cristo resucitado visible, sino el impacto de una tumba vacía observada por tres testigos: María Magdalena, Pedro y Juan. Cada uno mira, corre y reacciona de forma distinta, pero todos son guiados hacia un mismo camino: la fe en la victoria de Cristo sobre la muerte. El texto nos enseña que Dios usa miradas distintas para conducirnos a una misma verdad eterna.


Ilustración

En una investigación forense moderna, varios testigos pueden describir una misma escena desde ángulos diferentes. Las versiones varían en detalles, pero cuando coinciden en el hecho central, la verdad se fortalece. De manera similar, Juan presenta tres miradas distintas ante el sepulcro vacío, que lejos de contradecirse, se complementan y confirman la realidad de la resurrección.


Desarrollo expositivo

I. María Magdalena: la mirada del amor que busca (vv. 1–2)

María llega “cuando aún estaba oscuro”. Su mirada está marcada por el dolor, la pérdida y la devoción. Ella ve la piedra quitada y concluye rápidamente que el cuerpo ha sido movido. No interpreta aún la resurrección, pero su amor la mueve a buscar y a comunicar.


Cita de apoyo:

Cantares 3:1–2; Salmo 63:1


Verdad teológica:

El amor sincero puede iniciar el camino, aunque todavía no comprenda toda la verdad.


Transición:

El amor que corre a buscar, pronto da paso a la urgencia de verificar.


II. Pedro: la mirada del discípulo restaurado que examina (vv. 3–7)

Pedro entra al sepulcro y observa cuidadosamente los lienzos puestos en orden. Su mirada es más analítica. El texto enfatiza el detalle: el sudario doblado aparte. No es una escena de robo, sino de autoridad y victoria. Pedro aún no declara fe plena, pero su observación es clave.


Cita de apoyo:

Lucas 24:12; 1 Corintios 15:5


Verdad teológica:

Dios permite que la razón y la evidencia sostengan el proceso de la fe.


Transición:

Donde uno examina, otro finalmente cree.


III. Juan: la mirada del discípulo amado que cree (vv. 8–10)

Juan entra, ve y cree. El texto es contundente. Aunque aún no comprendían plenamente la Escritura, Juan responde con fe ante la evidencia. Su mirada integra amor, observación y confianza.


Cita de apoyo:

Juan 13:23; Juan 21:7


Verdad teológica:

La fe madura cuando la evidencia se encuentra con un corazón dispuesto.


Aplicación al día de hoy

Hoy también existen tres tipos de miradas en la iglesia y en la sociedad. Algunos buscan a Jesús con dolor y preguntas; otros analizan con cautela y necesitan evidencias; otros creen y avanzan con convicción. El texto enseña que no todos llegan de la misma manera, pero todos están llamados a caminar hacia la misma verdad: Cristo ha resucitado. La iglesia debe acompañar cada proceso con gracia, verdad y paciencia.


Estadísticamente, estudios del Pew Research Center indican que más del 70% de las personas que se identifican como cristianas afirman que su fe creció a través de procesos graduales y no de experiencias instantáneas. Juan 20 valida este proceso pedagógico de Dios.


Conclusión

Tres testigos. Tres miradas. Un mismo sepulcro vacío. Un mismo Cristo victorioso. Juan 20:1–10 nos recuerda que la fe cristiana no nace de la fantasía, sino de una tumba vacía observada, examinada y finalmente creída. El camino puede iniciar en la oscuridad, pasar por la duda, pero siempre debe conducir a la certeza gloriosa: “No está aquí, ha resucitado”.


Cita final de apoyo:

Romanos 10:9; 1 Pedro 1:3



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