DEFINIR LA FEMINIDAD

Hay ataques provenientes de todos lados hacia nuestra feminidad. A la vez, estamos viviendo en días en que no hay patrones fijos que seguir. Hemos alcanzado la mayoría de edad en tiempos revolucionarios en que las mujeres están tomando más decisiones que nunca antes. A diferencia de nuestra madre y abuelas, estamos comprando casas propias, dirigiéndonos a corporaciones y trabajando en curas para el cáncer. Estamos preparando la cena, calmando al bebé que llora y teniendo una teleconferencia con una junta directiva a la vez. Estamos llevando cascos y guantes de trabajo tan a menudo que las empresas de herramientas están diseñando herramientas específicamente para mujeres. En muchas maneras, este es un tiempo fabuloso para ser mujer. Pero también es un tiempo complicado. De hecho, sin la dirección de Dios, puede volverse completamente confuso. 

Hace años me lo recordaron cuando leí el libro Love Has a Price Tag [El amor tiene precio], de Elisabeth Elliot. En él, ella compartió que una vez les dio a sus alumnos de universidad la inusual tarea de definir feminidad en tan pocas palabras como fuera posible. Su descripción de cómo lucharon los hombres y las mujeres con el desafío me intrigó tanto que lo tomé para mí. Luego de buscar y buscar en mi corazón y en mi mente una definición apropiada, finalmente obtuve una respuesta. ¿Está lista? Redoble de tambores, por favor: Debido a que como mujeres somos hechas asombrosa y únicamente por Dios, ¡la feminidad es vivir en todo el esplendor para el que Dios nos creó! Lo cual nos lleva de vuelta a Eva. Como la primera dama original y nuestra primera mentora bíblica, Eva, nos mostró que como mujeres estamos sobre todo creadas para ser generadoras de vida: concebir, llevar, producir y alimentar aquello que avivará al mundo. Dios ha entretejido en nuestro ADN la capacidad de dar a luz y de ser madres, no solo física sino también espiritualmente. Como lo he descubierto tanto en la Biblia como a partir de la experiencia, es una capacidad que nunca perdemos. 

Pero, como ya lo he dicho, no es fácil. El proceso entre la concepción y el nacimiento puede ser incómodo. A menudo toma más tiempo y es mucho más difícil de lo que esperamos. Algunas veces en medio de él podemos sentirnos muy solas. Es por ello que estoy escribiendo esto. Porque aunque podamos sentirnos muy solas en el camino hacia nuestra sala de partos metafórica, llevando en nuestro interior las esperanzas y los sueños, y las visiones que hemos sido llamadas a traer a la vida, nunca estamos solas de verdad. 

Dios está ahí para apoyarnos tan verdaderamente como estuvo para apoyar a Eva. Él siempre aparece para apoyar a sus hijas cuando más lo necesitan. Nos ama en una manera únicamente dulce, y sabe como nadie más cómo ayudarnos a dar vida, y a darla con gracia. Como si no fuera suficiente, también nos ha dado algo más: nos ha dado a las demás. Nos ha unido como creyentes en el Señor Jesús y nos hizo parte de la misma familia espiritual. Nos ha unificado en el Cuerpo de Cristo y nos ha dado la oportunidad como hijas de Dios para caminar y crecer junto a las demás, para ser las hermanas, ayudadoras y amigas espirituales que la primera dama del Huerto del Edén nunca tuvo. 

Espero que su vida ya esté llena de tales mujeres. Oro por que usted ya esté rodeada de mentoras de la vida real que se vean con usted para tomar café, tener tiempos de caminata que le cambien la vida, o la llamen por teléfono. Pero si usted no las tiene, no necesita desanimarse. Como lo supe hace muchos años, Dios ha provisto. Él nos ha dado al más grande mentor en el Espíritu Santo y ha llenado las páginas de su Palabra con mujeres que pueden enseñarnos lecciones de gracia toda la vida. Ahora, mirando hacia atrás, puedo ver cuán lejos han llegado esas lecciones para mí. Ellas me han introducido a una vida que jamás habría soñado posible. Todavía tengo que avanzar más, pero a medida de que continúo mi viaje, yo sé que esas asombrosas mujeres de la Biblia siempre estarán ahí para ayudarme. 

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