PEDIR Y ORAR

Se ha imaginado alguna vez entrar a una ferretería y pedir un kilo de pescado?, o bien se imagina ir a un restaurante y ordenar al mesero una pantalla plana led de 51 pulgadas?, obviamente esto es ilógico, ya que a la ferretería se va a comprar herramientas y materiales para construcción y al restaurante se va a comer, no a comprar televisiones, pero, que hay de nuestra oración y a nuestra intimidad con Dios? 
Sabe, normalmente nuestra oración consta de cosas físicas o salud, pero ni una ni la otra existen en el Reino de los Cielos,ya que ese lugar está más allá de lo físico y es un lugar donde la enfermedad no tiene cabida, entonces, al orar un Padre nuestro nuestra intención de pedir algo físico o la salud no tiene nade de lógico, ya que pareciera que tiene todo que ver con los ejemplos que le mencionaba hace algunas líneas. 
 Es interesante pensar que el Reino de Dios tiene que ver con lo espiritual y solo con eso, y sé que habrá quienes me cuestionarán y me dirán "qué Dios no es dueño del oro y de la plata según la Biblia?, y qué Dios no nos dio la autoridad para imponer las manos a los enfermos para que sanen?" y tendrán razón al hacer sus cuestionamientos, ya que ambas cosas están declaradas en la Biblia, pero no están ahí para que las oremos, son promesas que se cumplirán una vez que decidamos dejar de estar pidiendo cosas con el pretexto de orar y serán consecuencia de nuestra fe puesta en práctica. Es por eso que citas como la de Pablo a los Romanos me emocionan "porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo"(Romanos 14:17), lo nota?, es el mismo Reino del cual habla el Padre nuestro al decir "venga a nosotros tu Reino", es decir, estamos pidiendo a un Dios que es espíritu que se manifieste como espíritu y establezca lo espiritual en donde estamos y no tiene nada que ver con algo que pidamos o algo que anhelemos, tiene mas bien con el establecer el ambiente en un lugar para que funcionemos de cierta manera. 
De la misma manera pasa con Dios, Él nos da la receta de como hacer que las cosas que son cotidianas en el Reino de los Cielos, sucedan en la tierra, donde la abundancia y la salud no son un objetivo, sino una consecuencia del establecimiento del Reino y de cumplimiento de sus condiciones. El Reino no se puede medir, no es tangible a los ojos de los demás, pero es mas fuerte, mas atractivo y tiene un mejor sabor que las cosas tangibles y físicas de modo que lo físico y lo tangible es atraído al Reino, piense en Jesús, que decidió nacer en un pesebre y no pudo evitar que un grupo de Sabios de oriente viniera a rendirle honra y a traerle regalos que solo se hacen a un Rey y en las cantidades que se le regalan a un Rey, pero su intención solo fue cumplir lo que estaba escrito y nacer en un lugar que Dios ya había anunciado. Y esto no tiene nada que ver con esa falsa humildad que muchos pregonan o bien con el aguantarse de querer o anhelar ciertas cosas, tiene que ver con la congruencia que debe de haber entre nuestras palabras y nuestros hechos, si vamos a pedir que el Reino venga, tenemos que saber que es lo que pedimos y estar dispuesto que lo que pedimos sea y suceda como debe de suceder, de lo contrario, pidamos cosas físicas o salud y no nos engañemos a nosotros mismos pensando que orando un Padre nuestro vamos a poder convencer a Dios de que haga cosas fuera de su orden y fuera de su ambiente espiritual. Pedir es algo que también se vale, pero pedir es pedir y orar es orar, son 2 cosas diferentes, y es por eso que cuando oramos conforme al Padre nuestro, oramos acerca de lo espiritual y de las cosas de Dios y no de nosotros y punto.

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