NO OLVIDES QUE FUE DIOS


Cuando viniste a los caminos del Señor, te conectaste a la casa de Dios, al cuerpo de Dios, y tu vida, tus pensamientos, comenzaron a cambiar.  Con el tiempo, nos olvidamos de la verdadera fuente.   Nos olvidamos que los resultados que hemos recibido provienen de la fe que hemos ejercitado.  Entonces, cometemos el error de depender de nuestras propias fuerzas, creando un monstruo en nuestro interior que tenemos que mantener solos.
Todo lo que tenemos se lo debemos a Dios.  Si te desconectas de la verdadera fuente, entonces lo que has recibido lo tienes que sostener sólo.  Al mantenerlo sólo, entonces te sientes agotado, cansado, cargado, porque no has sido humilde para reconocer que, si no fuera por la gracia de Dios, no estuvieras en este lugar, no tuvieras lo que tienes, no estuvieras en pie.
Nos hemos dado cuenta, a través de todas las crisis que han llegado, que todo aquello en lo cual el hombre había confiado no es suficiente para mantenerse en pie.  Ni los estudios, ni el dinero; solamente la fe.  Hay que entender que lo único que nos mantiene en pie es seguir teniendo fe en aquel que nos ha llamado.
El problema es la autosuficiencia, la dejadez.  Antes orabas, leías la biblia, te conectabas con el Señor y buscabas Su presencia, pero lo has olvidado.  Aun muchos vienen a la casa de Dios y tienen relación con la institución, con el pastor, pero olvidan la verdadera conexión.  Cuando escuchan la palabra de Dios, ya no reaccionan igual, por esto, menos milagros ven en sus vidas y pierden hasta la felicidad.  Han perdido la esencia de que es la fe la que nos sostiene y que debemos estar conectados con Aquel que nos dio la vida.  Nos convertimos en cristianos mecánicos y nos vamos desconectando poco a poco.  Nos olvidamos del lugar de nuestro primer encuentro con él.
Hay dos grandes errores que demuestran un corazón orgulloso.  En 1 Samuel 15, Dios le da instrucciones al rey Saúl, pero no obedece.  El profeta Samuel lo confronta y le dice: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di.   Esto es una contestación sin reacción, de menosprecio.
Este es el primer error de muchos, que después de tantas veces Dios hablarles, cuando vienen a la casa de Dios, escuchan el mensaje y no reaccionan a él.  Cuídate de no temblar ante la palabra de Dios. 
Continúa el profeta diciendo: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?   Segundo error: Olvidar que fue Dios el que nos escogió y nos posicionó por encima de lo que pensábamos de nosotros mismos. 
En nuestras vidas, un día, al escuchar la palabra de Dios, se abrieron los ojos de nuestro entendimiento.  Fue la palabra de Dios la que te hizo ver que debías vivir de la manera en que estabas viviendo.  Tus ojos comenzaron abrirse y realizaste que podías vivir por encima de la depresión, del divorcio, de la tristeza y que todavía había visiones, sueños, por cumplirse. Realizaste que aún Dios tiene planes contigo para hacer cosas más grandes en tu vida.   
El problema es que, cuando Dios nos  abre los ojos del entendimiento, luego pensamos que toda la vida estuvimos así, olvidando que fue Él quien nos abrió los ojos a posibilidades.  Nunca debes olvidar que, cuando muchos te dijeron que no ibas a poder, que no  tenías posibilidades, aun cuando tú mismo no creías que lo podías hacer, y estabas huyendo por las dificultades, por los problemas, fue Dios quien te escogió y te ha puesto en una gran posición siendo su hijo.

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