FIN DE AÑO

El último mes del año trae consigo la paradójica necesidad de reflexionar en medio del caos de las actividades que finalizan, el apuro por terminar lo que queda pendiente, las reuniones, los festejos, etc. La mirada retrospectiva nos muestra cuán distantes o cercanos hemos quedado de lo que habíamos pensado o planificado para este año. 
 Vemos lo que hemos transitado: lo difícil de algunas situaciones nos asombra y visto más tarde nos parece increíble… También los momentos de felicidad y plenitud, algunos acontecimientos especiales nos llenan el pecho de calidez y la sonrisa se dibuja automática en nuestro rostro… Las pruebas y las bendiciones, todo sale de la mano de nuestro Dios y nada escapa a Él. Aquello que nos da forma y transforma y aquello que por gracia nos es dado. 
Y la huella de nuestro Señor se hace patente al lado de nuestros pasos dados… Su mano sosteniendo nuestro cuerpo cansado; sus caricias que llenaron de paz nuestra mente cuando la lógica y los porqués sin respuesta inundaban el pensamiento; sus palabras que dieron sentido a nuestra vida. “Nuestra alma espera en Jehová; nuestra ayuda y nuestro escudo es él. Por lo tanto, en él se alegrará nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado. ¡Sea tu misericordia, Jehová, sobre nosotros, según esperamos en ti! “. (Salmo 33:20) ¡Llenemos de gozo de saber a Dios en nuestra vida! ¡Llenemos de gozo y alegrémonos al contemplar la misericordia de nuestro Padre! 
¿Sabemos de Dios en nuestras vidas o hemos olvidado que caminamos su camino?, ¿acaso hemos trazado un camino paralelo al que nos ha preparado según lo que nosotros esperamos de nosotros mismos? Miremos otra vez lo transitado. Reconozcamos Su Presencia a pesar nuestro y alegrémonos de su misericordia. Y en este nuevo año, caminemos por las huellas que Jesús ya trazó. Esperemos en Dios con la convicción de que Él hará.

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