DISCIPLINA ESPIRITUAL


No hay necesidad de un general si no hay ejército. No hay disciplina en las filas, sino no hay disciplina en sus comandantes. Mientras que los generales deben finalmente aprender a comandar grandes ejércitos, a menudo comienzan como soldados de a pie, primero aprendiendo las disciplinas y métodos de mandarse a sí mismos. Por eso es que del fruto del Espíritu en Gálatas 5:22–23: “Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”, la templanza o dominio propio es el último de la lista, y por lo tanto el primero que debe ser dominado.

Cualquier soldado asignado a un batallón o unidad militar primero es disciplinado en entrenamiento. Del entrenamiento básico en adelante, cada avance en
rango y habilidad requiere el continuo crecimiento de las estrategias y maniobras tácticas, así como familiaridad con los sistemas de armamento y la manera de interpretar informes de inteligencia. La disciplina ordenada de un guerrero de oración posiciona al recluta para resistir y perseverar incluso en las circunstancias más difíciles. Los obstáculos en el Espíritu que retienen las bendiciones de Dios hacia la tierra solamente pueden ser destruidas por medio de oración persistente y disciplinada. Es la afirmación regular de la oración que destruye las torres y sistemas de defensa del enemigo.

Jesús nos llamó a estar creciendo constantemente en tales tácticas y disciplinas. Aunque espera que vayamos a Él como sus hijos y que jamás perdamos la confianza en Él semejante a la de un niño, también espera que crezcamos y que nos convirtamos en embajadores capaces ministrándole a otros como Él lo haría en la tierra. Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.—Efesios 4:14–15

Al embarcarnos en toda una vida de seguir a Jesús, debemos crecer y madurar en nuestra fe si es que vamos a marcar una diferencia para el Reino de Dios. Al crecer en Cristo, aprendemos nuevas habilidades y desarrollamos hábitos divinos. Nuestro nivel de destreza aumenta en nuestras habilidades y talentos. Nos distinguimos por la excelencia alcanzada y la aparente facilidad con la que seguimos a Jesús. El dominio de las habilidades y las técnicas en cualquier actividad lo hace destacar como alguien que no es superficial en su búsqueda. Lo mismo sucede con los que buscan a Dios a través de la oración.

Cuando llega a orar con excelencia, aprende a llevar registro de sus oraciones, a programar tiempos de oración disciplinada, a ayunar y a perseverar en el Espíritu hasta que las circunstancias por las que está orando se inclinen a la voluntad de Dios. Cualquiera puede aprender a dominar la oración, aunque ese dominio vendrá de diferentes formas con juegos de habilidades variad
as según el individuo.

A medida que crezca en competencia de oración, el Espíritu Santo ayuda a aprovisionar una disciplina de entrenamiento creada de manera única para su misión en la tierra No hay dos vidas de oración que sean iguales, ni tendrán el mismo énfasis o enfoque. Sin embargo, puestas una al lado de la otra no es difícil ver como una complementa a la otra. Uno no solamente puede aprender de orar con otros, sino que orar juntos también tiene un efecto compuesto en los cielos.

Cuanto más ore y más experiencia acumule en oración, más emergerán sus deseos y diseños únicos, ordenados por Dios. Usted no puede descuidarlos o comprometerlos; de otra manera fallará en la parte específica del plan general al que Dios lo ha llamado.

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