LUCHANDO POR TUS HIJAS


¿Qué se necesita para convertirse en una guerrera de la oración?

Con esta imagen mental de la mujer y mamá de Proverbios 31, lee las palabras de Efesios 6:12 que aparecen al comienzo de este capítulo. Es importante conocer a tu enemigo ¡y el de tu hija! La oración no es algo bonito que haces solo porque eres mamá. Su propósito no es que te sientas algo cálido y alegre. No, se trata de un enfrentamiento bélico contra los poderes de las tinieblas y del mal. De modo que permíteme preguntarte: ¿Qué harías, o darías o resignarías para convertirte en una guerrera de la oración eficaz para el beneficio de tu hija? Para ser una luchadora valiente por la vida y el alma de tu hija, se requieren, de entrada, dos cosas de ti.

Protege tu caminar con Dios

En primer lugar, es necesario que cuides tu caminar con Dios. Lo que quiero decir con esto es que una mamá conforme al corazón de Dios debe estar dispuesta a dejar atrás todo aquello que no le agrade a Dios, cualquier cosa que esté en contra de su Palabra y su voluntad, cualquier pecado, sea de la clase o de la magnitud que sea. Ya sea minúsculo o gigante en la escala humana, en la economía de Dios, un pecado es un pecado. Punto. Interrumpe tu caminar con Dios, tu comunicación con Él, tu comunión con Él y tu habilidad de orar eficazmente por tu hija. Dios pide que lo amemos y que lo obedezcamos a Él, en primer lugar, y luego que le pidamos en oración lo importante.

Nunca olvidaré el día cuando comprendí que no podía simplemente correr a Dios y entrar bruscamente en su presencia si las cosas no estaban correctas en mi caminar con Él. Quedó absolutamente claro que no podía pedirle nada hasta que le pidiera, en primer lugar, su perdón. Luego, podía elevar mi plegaria con respecto a mis hijas.

De principio a fin, observamos en la Biblia cuán crucial es nuestro caminar con Dios. Él nos dice en Santiago 4:8 que eliminemos el pecado, que limpiemos nuestras manos y nuestras vidas del pecado, y que purifiquemos nuestros corazones. En resumen, Él nos dice que no podemos orar hasta que obedezcamos. El salmista conocía este principio, pues escribió: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Sal. 66:18). Y Salomón lo dijo de la siguiente manera: “El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable” (Pr. 28:9).

A este respecto, un erudito dijo: “Si nos negamos a arrepentirnos, si albergamos ciertos pecados, entonces se crea una pared entre nosotros y Dios… Nuestra actitud hacia la vida debería consistir en confesión y en obediencia”.

Pero, ¡he aquí las buenas noticias! Si el deseo de nuestro corazón consiste en seguir a Dios, al cuidar nuestro caminar con Él, se complace en escuchar nuestras oraciones. El apóstol Pedro nos asegura que “los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones” (1 P. 3:12).

Y aquí hay otra enseñanza que me impactó profundamente (¡estoy agradecida por ello!). Fue algo que uno de mis anteriores pastores recordaba constantemente a la congregación: “Dejen de lado sus pecados favoritos. Están en juego cosas más importantes”. ¡Vaya! Cosas más grandes —¡como la salvación de mis hijas y las decisiones que toman!— dependen de la oración. Cuando nosotras, las mamás, no mantenemos una relación correcta con el Señor, la relación de nuestras hijas con Él puede verse afectada, simplemente porque no podemos orar con eficacia por ellas. Nuestros propios pecados nos descalifican y nos impiden convertirnos en guerreras de la oración eficaces para nuestras hijas. El pecado silencia nuestra voz y anula nuestras peticiones elevadas a Dios en nombre de nuestra hija. Por eso, el mensaje de Dios para nosotras es que cuidemos nuestro caminar con Él: que eliminemos el pecado y que nos pongamos de rodillas. ¡Cosas más importantes están en juego!

Dedica tiempo

En segundo lugar, para ser una luchadora valiente por el bien de tu hija, tendrás que dedicar tiempo. Desde luego es verdad que todo lo importante para nosotros requiere de nuestro tiempo y de nuestra atención. Y orar por tu hija es, sin duda, una prioridad. Ella es tu carne y hueso, más cerca de ser tu clon que cualquier otra cosa o persona. De modo que será necesario que dediques una parte del tiempo que usas para actividades secundarias, a lo que es prioritario, es decir, orar por tu hija. De alguna manera, tienes que encontrar el tiempo. La Biblia se refiere a este cambio de actividades, de menor importancia a mayor, como el acto de aprovechar “bien el tiempo” (Ef. 5:16). En cuanto a ti y tu hija, Dios te ha concedido una “temporada” especial con ella, bajo tu techo y bajo tus alas, ¡y te aseguro que pasará rápido! Por lo tanto, aprovecha al máximo el tiempo que tienes ahora con ella. Y eso incluye reservar tiempo para orar por ella.

Aquí tienes un ejercicio rápido que te ayudará con eso, yo lo hago casi todos los días. Piensa en la cantidad de tiempo que pasas mirando el noticiario, tu programa favorito o el canal del tiempo. ¿Qué me dices del tiempo que dedicas al ejercicio físico, a las compras por Internet, al envío de mensajes por Twitter, a Facebook y a la correspondencia por correo electrónico con tu familia, amigos y conocidos? Cuando sumes todo este gasto de minutos y horas preciados, te darás cuenta de que, definitivamente, tienes tiempo para la oración; en especial, por la vida y el alma de tu hija. Cuando comparas cómo utilizas la mayor parte de tu tiempo con el tiempo que oras por tu hija, el panorama se esclarece sorprendentemente.

Por supuesto, no hay nada necesariamente malo en dedicar tiempo a estas cosas. Estas actividades nos mantienen en contacto con otras personas, nos proporcionan información, nos ayudan a cuidar de otros y de nuestras finanzas; hasta nos educan y nos brindan un momento agradable o un lindo descanso. Pero piensa en sumar una actividad más a tu tiempo; algo mucho más importante.

Considera agregar momentos de oración por ti, tu familia, tus ministerios, tu congregación y, en especial, por tu hija preciada. Y da un paso más y haz que la oración sea lo primero en tu lista de prioridades. Luego, espera y ¡observa cómo Dios derrama sus bendiciones! En primer lugar, tú eres bendecida porque, cuando oras, pones al Señor en primer lugar. Te transformas y creces a medida que hablas con Dios. Y, bendición sobre bendición, cuando oras por tu hija, ella también se beneficia. Ella es bendecida. Adaptemos esta famosa cita para aplicarla a nuestra hija: “No hay nada que nos haga amar más a una hija que orar por ella”.

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