lunes, 2 de agosto de 2010

ALIMENTOS EN LA BIBLIA

En el término general de alimentos están incluidos todos los productos animales y vegetales utilizados para mantener la vida física del cuerpo. En el principio, todas las plantas, incluyendo los árboles frutales, sirvieron de alimento a los hombres y las hortalizas a los animales. La Biblia comienza diciendo: “Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer” (Gn. 1:29, 30).

La caída del hombre trajo como consecuencia la necesidad de que los hombres tuvieran que trabajar duramente para hacer que la tierra produjera. Evidentemente en los alimentos que Noé llevó consigo en el arca estaban representados todos los productos que se consumían en esa época, pero la Biblia no da detalles. Después del diluvio, Dios hizo esta promesa: “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, y el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche... Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis” (Gn. 22; 9:3, 4).

Según la Biblia, la tierra prometida fluía con leche y miel, pero la tierra prometida era más que eso; era una cornucopia que se desbordaba con toda clase de frutos y cereales saludables, comidas para la sanidad: “Tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel” (Dt. 8:8).

Casi cada uno de los libros en la Biblia contiene referencias a los alimentos de ese tiempo, junto con las reglas que gobernaban su cultivo, preparación y consumo. Por siglos los eruditos de la Palabra de Dios han estudiado los alimentos que se consumían en los tiempos bíblicos, pero sólo recientemente los nutricionistas modernos han reconocido que lo que fue bueno para las personas hace miles de años, es bueno y tal vez mejor para todos hoy. Es indudable que la cocina bíblica es saludable. Pocos o tal vez ninguno de los nutricionistas modernos ha podido encontrar fallas en ella. Todos los alimentos que se mencionan en la Biblia ayudan a mantener una buena salud y muchos de ellos, de hecho contienen sustancias que contribuyen a combatir las enfermedades. Los científicos han identificado docenas de productos alimenticios que pueden ayudar a prevenir el cáncer, las enfermedades del corazón y otras dolencias.

El pueblo de Israel también tenía leyes dietéticas dadas en el Talmud, el cuerpo de leyes civiles y religiosas de los judíos que incluye comentarios sobre la Tora o Pentateuco. Estas leyes les decían cómo debían preparar ciertos alimentos y cuales debían evitar por completo. Eran buenas reglas para conservar la salud. Según el libro Magia y Medicina de las Plantas, publicado por Reader’s Digest: «Los judíos del período del Antiguo Testamento son recordados por los altos estándares de salud pública e higiene... El uso de las plantas para propósitos medicinales era una costumbre aceptada. El libro de Eclesiastés en un sentido autoriza y anima esta práctica. Dios creó medicinas de la tierra y un hombre sensible no debe despreciarlas... En los tiempos del Antiguo Testamento docenas de plantas se usaban medicinalmente».

En lugar de procesar el azúcar, las personas de los tiempos bíblicos usaban miel natural para endulzar, o la pulpa azucarada de las frutas frescas. Comían una amplia variedad de frutas, de cereales, granos y fabricaban gran variedad de panes. Todo esto junto con la leche, la mantequilla, los quesos, el agua y el jugo de la uva constituían el alimento básico a principios del siglo II A.C. Es indudable que los patriarcas seminómadas se alimentaban principalmente de productos lácteos derivados de sus ganados, rebaños y también de pan. Incluso a veces cultivaban cereales, tal como hizo Isaac: “Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová” (Gn. 26:12).

La sopa de lentejas, el “guiso rojo” probablemente era un plato común en la época en que Esaú vendió su derecho de primogenitura por un plato de potaje: “Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura” (Gn. 25:34). Las lentejas indudablemente siguieron siendo un plato preferido, tal como dice 2 Samuel 17:28, 29a: “Trajeron a David y al pueblo que estaba con él, camas, tazas, vasijas de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, garbanzos tostados, miel manteca, ovejas, y quesos de vaca, para que comiesen...”

El Diccionario Bíblico enumera así la lista de los principales productos que consumía el pueblo de Israel en los tiempos bíblicos de acuerdo con sus categorías

Cereales:

Granos, escanda, trigo, trigo para pan, cebada, malta, millo.

Legumbres:

Arroz, lentejas, habas, garbanzos, arvejas, berros, algarrobas, puerro, ajos, cebollas, pepinos.

Frutas:

Higos, dátiles, manzanas, albaricoques, peras, membrillo, níspola, duraznos, granadas, uvas, melones.

En las legumbres estaban incluidas las diversas variedades de frijoles o judías. En las hierbas: el eneldo, comino, cilantro, menta, azafrán, canela, mostaza, ruda, albahaca y una hierba que tal vez era una variedad de la achicoria silvestre. El pan y los platos hechos de granos en el menú los hacían de grano entero, como parte de una dieta rica en fibra que ahora es tan crítica para la buena salud. La cebada, el trigo, el millo, las semillas de ajonjolí, los melones y los vegetales crudos eran fuente común de fibra en los tiempos bíblicos. El pescado y las aves de corral se servían más a menudo que la carne, la cual se reservaba generalmente para la clase alta o para ocasiones especiales, tal como en Génesis 18:6-8, cuando Abraham le ofreció carne de becerro, mantequilla, leche y pan a los tres ángeles que se le aparecieron en el encinar de Mamre.

Las frutas y la diversa variedad de nueces y almendras, eran abundantes y se usaban a menudo como ingredientes en los postres. Tal como ahora sabemos, las nueces son buenas para regular el azúcar de la sangre y para reducir el colesterol. El vino, el jugo de la vid, era la bebida preferida. Hoy las investigaciones médicas han descubierto que un poco de vino tomado en forma moderada, puede ayudar a prevenir las enfermedades del corazón. La cocina bíblica incluía una amplia variedad de quesos, los cuales son excelentes y constituyen una fuente de proteína barata que sirve como sustituto de la carne.

En la Biblia, de hecho, hay cientos de referencias a las plantas, tantas que no podemos cubrirlas todas en este artículo. Sólo vamos a referirnos a los alimentos principales que comían las personas en los tiempos bíblicos para mantener una buena salud y combatir las enfermedades, al igual que para su mantenimiento diario, y todos estos alimentos usted puede encontrarlos en el supermercado: “Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto...” (Ez. 47:12a).

La Manzana

Ningún alimento bíblico es más famoso, ni ninguno tiene tan mala fama como la manzana, a pesar del hecho que Adán y Eva probablemente ni conocieron las manzanas, mucho menos las comieron. La Biblia no dice en ningún momento qué clase de fruta usó la serpiente para tentar a Eva en el huerto del Edén. La tradición sostiene que fue una manzana, pero muchos eruditos que han estudiado la botánica de la Biblia piensan que más probablemente se trataba de un albaricoque, quizá una fruta cítrica, un naranja o un membrillo, una fruta de Asia Central que asemeja una manzana amarilla.

En la Biblia se alaba la manzana por considerarla una fruta sana y que ayuda a curar, tal como la ciencia moderna lo confirma. Es así como alaba el escritor del libro de los Cantares al árbol de manzano: “Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los jóvenes... Confortadme con manzanas; porque estoy enferma de amor” (Cnt. 2:3, 5).

Los griegos que vivieron durante los tiempos bíblicos creían que la manzana curaba todas las dolencias. Un autor árabe de la misma era, escribió: «Su esencia alegra mi alma, renueva mis fuerzas y restaura mi aliento». A principios de este siglo, un artículo en la revista American Medicine alaba las manzanas con estas palabras: «...terapéuticamente efectiva en todas las condiciones de acidosis, gota, reumatismo, ictericia, todos los problemas del hígado y la vesícula biliar, nerviosismo y enfermedades de la piel causadas por hígado perezoso, hiperacidez y estados de autointoxicación».

Los investigadores modernos de la Universidad Estatal de Michigan le llaman a la manzana: «El alimento medicinal de todas partes». He aquí algunos de los poderes curativos de la manzana:

• Reduce tanto el colesterol malo como la presión sanguínea.

• Los jugos de manzana son altamente efectivos para combatir los virus.

• Ayuda a estabilizar el azúcar de la sangre, un factor importante para controlar la diabetes.

• Suprime el apetito sin robarle al cuerpo los nutrientes necesarios, por eso es tan buena para quienes hacen dieta.

• Dependiendo de la necesidad, previene el estreñimiento o ayuda a tratar la diarrea.

• Ayuda a mantener dientes sanos.

• Contiene químicos que los científicos creen que son vitales para detener el cáncer.

Los nutricionistas sugieren que comer dos o tres manzanas al día puede aumentar la protección del cuerpo en contra de las enfermedades del corazón, gracias a la increíble habilidad de esta fruta para reducir la presión arterial y el colesterol malo, tan peligroso para la salud. De hecho, ellos dicen que entre más alto esté el colesterol, mayores son los beneficios si se aumenta el consumo de manzanas.

La habilidad de las manzanas para mantener nuestros corazones saludables y bombeando ha sido confirmada por investigadores de Estados Unidos, Francia e Italia, entre otros. Un estudio con animales en el Instituto de Fisiología en Francia, llegó a esta increíble conclusión, de que una dieta fuerte en manzanas, disminuye los niveles de colesterol entre 28 a 52 puntos. Además, cuando un grupo de 30 hombres de edad media le añadieron tres manzanas a su dieta, sin cambiar nada más, 80% de ellos mostraron una reducción considerable en los niveles del colesterol del 10 al 30%.

Incluso, mucho más sorprendente fue el hecho que las manzanas aumentaron el colesterol bueno en la sangre, mientras que redujeron el colesterol malo, que es el responsable de formar coágulos en las arterias, una condición que puede conllevar a ataques fatales del corazón o de apoplejía. Una razón de esto podría ser la pectina en la manzana, esa fibra soluble que usualmente se extrae para hacer jalea. Los investigadores franceses también descubrieron que la pectina, en conjunción con la vitamina C y otros químicos naturales en la manzana, forman una especie de fortaleza que sirve como escudo alrededor del corazón para prevenir las enfermedades cardiovasculares. Por alguna razón misteriosa, una dieta rica en manzanas disminuye el colesterol más eficientemente en las mujeres que en los hombres. Las manzanas son una fruta excelente para los diabéticos y otros que necesitan controlar los niveles de azúcar en la sangre. Se encuentran entre los mejores alimentos para controlar el azúcar de la sangre.

A pesar de que la manzana es una rica fuente de azúcar natural, algo en su contenido no causa un rápido y a menudo peligroso aumento en el azúcar de la sangre. También impide que el cuerpo bombee mucha insulina, la cual, a cambio, ayuda a reducir el colesterol y la presión sanguínea. Algunas personas incluso sólo tienen que oler las manzanas para recibir el beneficio. Científicos del Centro de Psicofisiología de la prestigiosa Universidad Yale, descubrieron que la esencia de aroma de manzana produce un efecto calmante, el cual ayuda a reducir la presión.

Las manzanas enteras, en oposición al jugo, son buenas para quienes están haciendo dieta. El aumento en los niveles de glucosa en la sangre que ocurre cuando usted come una manzana lo hace sentirse lleno. El jugo de manzana también le ayuda a mantenerse saludable durante el proceso de sanación, especialmente si sufre de resfriado o virus. Las personas que comen manzanas regularmente sufren de menos resfriados y problemas respiratorios.

En un estudio que se realizara en el estado de Michigan con 1.300 estudiantes, esos que comieron regularmente manzanas por más de un período de tres años hicieron un tercio menos de visitas a los médicos que quienes no comieron manzanas. Los investigadores notaron que los comedores de manzana sufren de menos enfermedades relacionadas con la tensión.

Hay también indicación de que las manzanas pueden ayudar a combatir ciertos tipos de cáncer. La razón parece ser que las manzanas contienen gran cantidad de ácidos naturales que han bloqueado exitosamente la formación de cáncer en estudios de laboratorio. Recuerde que para obtener los mejores beneficios de salud, usted tiene que comer la manzana entera, con cáscara y todo. La cáscara contiene un alto nivel de fibra de pectina, la cual parece ser la base para el asombroso poder de la fruta para reducir el colesterol o la presión sanguínea, balancear el contenido de azúcar en la sangre y combatir el cáncer.

La manzana puede ser también el único alimento curativo capaz de ayudar en dos problemas opuestos al mismo tiempo: el estreñimiento y la diarrea. Primero, la manzana o la compota de manzana han sido usadas por siglos, para ayudar a las personas a retornar a una dieta regular después de haber sufrido ataques de diarrea. La pectina en la fibra de la manzana aparente es el factor curativo, lo cual explica por qué se encuentra como componente básico de muchos remedios contra la diarrea. Ésta también es la misma fibra que los nutricionistas han estado diciendo por décadas que es absolutamente necesaria para mantener normales las funciones intestinales, libres de estreñimiento. Finalmente, las manzanas no son sólo un alimento excelente, sino también una especie de cepillo de dientes natural, ya que pueden ayudar a prevenir las caries dentales. Las personas de los tiempos bíblicos probablemente lo aprendieron a través de la experimentación y el error, pero los investigadores modernos han confirmado este hecho en el laboratorio.

Un grupo de científicos de Noruega descubrieron que las manzanas de hecho ayudaron a mantener limpios los dientes de un grupo de niños y que, por consiguiente, reducían considerablemente el riesgo de las caries dentales. El sabio rey Salomón sabía de qué estaba hablando cuando dijo: «Confortadme con manzanas; porque estoy enferm(o)...»

Cebada

Leemos en la Escritura: “Tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel” (Dt. 8:8). “Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?... Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido” (Jn. 6:9, 13).

La Biblia está colmada con referencias a la cebada, la cual se encuentra entre los granos más conocidos en la antigüedad y más nutritivos jamás cultivados. De hecho, algunos eruditos dicen, que la Fiesta de los Panes sin Levadura era la festividad antigua de la siega de la cebada que se convirtió en la celebración de la Pascua: “Estas son las fiestas solemnes de Jehová, las convocaciones santas, a las cuales convocaréis en sus tiempos... Y a los quince días de este mes es la fiesta solemne de los panes sin levadura a Jehová...” (Lv. 23:4, 6).

Expertos en historia bíblica dicen que la cebada no es tan valiosa como el trigo. Pero era el alimento básico de las multitudes y como tal un rasgo prominente de estos primeros hebreos. Por consiguiente, el hecho que la cebada se mencione tan a menudo demuestra que el pueblo del período bíblico consumía grandes cantidades de este grano, el cual desempeñaba un papel vital en su salud y sanidad, fuera que lo supieran o no.

Por miles de años la cebada ha disfrutado de gran reputación como alimento que mejora la potencia, el vigor y la fortaleza. A los gladiadores romanos a menudo se les llamaba «hordearil» que significaba «comedores de cebada», porque este grano se le añadía a su dieta para aumentarles la energía antes de sus enfrentamientos. Hoy sabemos por estudios, que la cebada es uno de los tres almidones balanceados, y que el arroz y la papa son los otros dos. Son ricos en complejos carbohidratos que alimentan el cuerpo con una corriente constante de energía.

Incluso hoy, la cebada todavía es un alimento importante a través de todo el Medio Oriente, lo cual tal vez es la causa para la tasa generalmente baja de enfermedades del corazón en esa parte del mundo. En algunos lugares la cebada se recomienda como “medicina para el corazón”. Los nutricionistas dicen que contiene un tipo de fibra que puede aminorar el riesgo de las enfermedades del corazón al reducir los niveles de coágulos en las arterias. En estudios médicos se ha comprobado que una dieta que incluya cebada abundante, tres veces al día, ha reducido el nivel del colesterol en un 15%.

Ese mismo alto contenido de fibra mantiene normales las funciones intestinales, alivia el estreñimiento y protege contra una amplia variedad de problemas digestivos. También puede ayudar a bloquear el cáncer. Como cualquiera que ha hecho un estudio de la Biblia sabe, el pan hecho con cebada u otras harinas de grano entero, era considerado tan vital para la buena salud y una vida larga, que se le llamaba «el báculo de la vida». No sorprende que los expertos en medicina moderna, estén haciendo investigaciones respecto a sus beneficios.

Se ha descubierto que la cebada es efectiva para acabar con la producción del colesterol malo que hace tanto daño a nuestras arterias, tanto que puede provocar ataques de apoplejía y al corazón. En un interesante estudio sobre animales, los investigadores del Departamento de Agricultura de Estados Unidos descubrieron que la producción del colesterol malo se redujo en un increíble 18% cuando se le añadió a su dieta grandes cantidades de cebada.

En estudios continuados, científicos de la Universidad Estatal de Montana descubrieron que una dieta alta en cebada tenía exactamente el mismo efecto en las personas. En ese estudio un grupo de hombres comió gran cantidad de cereal, pan, bizcochos y molletes hechos de harina de cebada. Después de seis semanas y de comer cebada tres veces al día, los niveles de colesterol descendieron un promedio de 15%. Esos cuyos niveles de colesterol eran los más altos al comienzo, fueron los que mostraron la mejoría más significativa. Otro grupo consumió el mismo producto hecho de harina de trigo o de salvado, pero su conteo de colesterol no disminuyó, llevando a los investigadores a concluir que la respuesta tenía que encontrarse en la fibra que contiene la cebada.

Otro estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Winsconsin encontró que los pacientes a quienes se les practicó cirugía de corazón abierto, los niveles de colesterol descendieron de un 9 a 18% si su dieta postoperatoria incluía cápsulas de cebada. El aceite claramente tiene el mismo efecto como el grano en la producción de colesterol del hígado. Los investigadores ahora dicen que el siguiente paso, es descubrir cuál de los diferentes tipos de cebada contiene los ingredientes más poderosos para combatir el colesterol.

Esos mismos investigadores también están examinando la cebada y sus ingredientes para saber si puede usarse en la lucha contra el cáncer. La mayoría de las semillas, incluyendo la cebada, contienen químicos naturales llamados inhibidores de la proteasa. Significativamente, estas poderosas fuentes de energía van en contra de los agentes que causan el cáncer en nuestros cuerpos y ayudan a derrotarlos por completo antes que comiencen a formarse. Investigadores en Israel recientemente sustituyeron la harina de trigo usada para hacer pan y bizcochos por harina de cebada y se la dieron a pacientes que sufrían de estreñimiento crónico, quienes se habían convertido en dependientes peligrosos de los laxantes.

Un increíble 79% de esos pacientes, quienes consumían a diario tres o cuatro productos hechos a base de cebada, se curaron sin ningún tratamiento médico adicional. Para asegurarse por completo de los resultados, los médicos entonces le suspendieron la cebada a los pacientes. A no dudar, casi todos en el grupo de estudio volvieron una vez más a tener problemas de estreñimiento y al cabo de un mes volvieron a necesitar atención médica. Algunas variedades de cebada contienen más fibra que otras. Por eso cuando vaya al supermercado o a las tiendas de remedios naturales, busque por el término en inglés unpearled. Esto quiere decir que la cebada no ha sido procesada y que por lo tanto contiene más fibra lo cual ayuda a disminuir la presión sanguínea.

Cebada hervida

• 1 taza de cebada

• 3 tazas de agua

• 1 pizca de sal

Lave la cebada y colóquela en una cacerola con agua y sal. Permita que hierva y cocínela a fuego lento por una hora. La cebada se expandirá tres veces en su volumen. Sírvala con mantequilla o salsa en lugar del arroz.

Agua de cebada

El agua de cebada es un remedio antiguo que presuntamente ayuda a aclarar la piel y detiene la formación de arrugas.

• ½ Taza de miel o más si gusta.

• 8 tazas de agua

• 1 taza de cebada

• 1 pizca de sal

Lave la cebada, luego combínela con agua y sal en una tetera grande. Permita que hierva y cocínela a fuego lento por lo menos por dos horas o hasta 24 horas. Entre mayor sea el período de cocción, más espesa será el agua de cebada. Añada agua conforme estime necesario para mantener su nivel a unas cinco tazas. Cuele el agua, añádale sabor con la miel y sírvala después de enfriarse.

Habas o Legumbres

Dice la Escritura: “Y tú toma para ti trigo, cebada, habas, lentejas, millo y avena, y ponlos en una vasija, y hazte pan de ellos...” (Ez. 4:9a). Esta receta es para confeccionar lo que eruditos bíblicos llaman «el pan de Ezequiel», el cual preparó el profeta durante el sitio de Jerusalén. Esta es una de las pocas recetas específicas que encontramos en la Biblia.

Ni Ezequiel, ni las personas que hacían y comían el pan lo sabían, pero ellos estaban practicando una poderosa técnica de sanación que los nutricionistas de hoy llaman «acrecentamiento». Esto simplemente significa que una variedad de granos usados juntos forman un alimento más potente y con más alta cantidad de proteínas que los panes hechos de

un solo grano. Tal como dice en el segundo libro de Samuel, las habas o legumbres se encontraban entre los alimentos más nutritivos que le enviaran al ejército hambriento del rey David para restaurarles las fuerzas: “Trajeron a David y al pueblo que estaba con él, camas, tazas, vasijas de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, garbanzos tostados, miel manteca, ovejas, y quesos de vaca, para que comiesen...” (2 S. 17:28, 29a).

Vale la pena hacer notar que las legumbres en general están mencionadas prominentemente en el pasaje anterior. Sabemos que contienen fibra soluble que ayuda a reducir el colesterol malo y reduce la presión. Esta misma fibra también ayuda a mantener estables los nive

les de azúcar, quita el hambre, lo cual es una bendición para cualquiera que está en dieta, y se ha demostrado incluso que reduce los requerimientos de insulina para personas que sufren de diabetes.

Con todo lo importante que son las legumbres para nosotros hoy, lo fueron más como un alimento básico en los tiempos bíblicos. Las habas son una fuente maravillosa de proteínas, algo que escaseaba en las sociedades primitivas, al igual que contiene vitamina C en abundancia, hierro y fibra para la dieta. En el occidente, la mayoría de nosotros obtenemos esto por otros alimentos o suplementos.

Los agricultores primitivos podían también cultivar las legumbres con facilidad y las hacían en puré y potaje, o en tipo de pan granulado cuando las mezclaban con millo. Otra ventaja era que como las otras leguminosas, las arvejas y lentejas, se podían poner a secar con facilidad y alma

cenarlas por largos períodos para los tiempos difíciles. Los eruditos bíblicos dicen que las habas mencionadas en la Biblia eran habas grandes porque esa clase se cultivaba extensamente a través de todos los países del oriente del Mediterráneo durante ese período. También se sabe que era un alimento popular en Egipto.

A diferencia de nuestros antecesores bíblicos, hoy contamos con un amplio rango de legumbres para escoger, rojas, blancas, negras, frijol de carita, garbanzos, frijoles, lentejas, frijol de media luna, arvejas, frijol moteado, frijol blanco y habichuelas verdes. Todas ellas ofrecen la misma clase de beneficios maravillosos para la salud. Por ejemplo, las legumbres en general ayudan a reducir la presión y el colesterol malo que los investigadores modernos aseguran que causa problemas devastadores para el corazón, un riesgo de la salud que era raro para esos que vivieron hace siglos.

Las legumbres también contienen químicos que inhiben el crecimiento del cáncer y ayudan a controlar la insulina y los niveles de azúcar en la sangre tan vitales para la buena salud de los diabéticos. En un nivel más rutinario, las judías ayudan a prevenir y a curar el estreñimiento. Pueden detener las hemorroides, impedir que se desarrollen otros problemas relacionados con los intestinos y ayudan a curarlos si ya se sufre de estos padecimientos. En esos tiempos antiguos, las habas o judías y los ajos eran a menudo hervidos juntos, produciendo con esto una versión primitiva de medicina para acabar con los resfriados más persistentes.

Usted no tiene que comer las legumbres mañana, tarde y noche para recibir los beneficios. Una taza al día de judías cocidas puede ser todo lo que se necesita, especialmente si su dieta incluye ya alimentos similares, productos que mencionemos en este artículo, los que también sirvan para combatir el colesterol, cáncer y la presión alta. Incluso, ni siquiera las legumbres enlatadas pierden todo su valor terapéutico como resultado de su procesamiento. Se ha demostrado que una lata de frijoles con cerdo disminuye el nivel del colesterol en un 12%. Es necesario advertir que algunas investigaciones indican que los frijoles enlatados pueden aumentar el nivel del azúcar en personas diabéticas. Se recomienda que quienes sufren de este padecimiento consulten primero a su médico por su opinión profesional.

También se debe recordar que la mayoría de los productos enlatados contienen mucha sal, de tal manera que si necesita una dieta baja o libre de sodio, revise la etiqueta. Si necesariamente tiene que usar los frijoles enlatados, enjuáguelos con agua para quitarles la sal. Aquí tenemos un informe detallado del poder de las legumbres:

• Contienen en forma natural altos niveles de proteínas vegetales. Por ejemplo, 17,9 gramos por taza.

• Esta misma taza contiene 6 a 7 gramos de fibra valiosa.

• Son bajos en grasa y no contienen colesterol.

• Son altos en potasio, hierro y tiamina y bajos en sodio.

Justo una taza provee cerca de 12 gramos de complejos carbohidratos o almidones. Eso las convierte en una fuente excelente de energía, lo cual es tal vez la razón de por qué lo necesitaba tanto el ejército hambriento del rey David. Los científicos dicen que durante el proceso digestivo se liberan ciertos químicos naturales que contienen los frijoles, judías y otras legumbres. Ellos, en efecto, retrasan la producción del colesterol malo. Por consiguiente, esos mismos químicos que circulan a través de nuestro sistema cardiovascular, ayudan a limpiar el colesterol malo que de otra forma podría obstruir las arterias.

El doctor James Anderson, un notable investigador de la Universidad de Kentucky, está tan convencido del poder de las legumbres que recomienda un mínimo de una taza de judías cocidas una vez al día para ayudar a prevenir las enfermedades del corazón. Dice que incluso entre los hombres de edad madura, el grupo de más riesgo del colesterol peligroso, una dieta que incluya legumbres reduce dramáticamente los niveles de colesterol hasta en un 19%.

El mismo proceso digestivo que libera los químicos en las legumbres que combaten el colesterol, también produce las importantes proteasas inhibidoras, las cuales son componentes básicos de las legumbres. Las proteasas inhibidoras parecen ser extremadamente efectivas para bloquear la formación de ciertos cánceres incluyendo cáncer del colon y del seno, dos de los cánceres más comunes y mortales que enfrentamos hoy.

Las legumbres también se encuentran en la lista de otros reguladores naturales. No son una cura rápida y efectiva para el estreñimiento, sino para mantener las funciones intestinales corrientes, a un ritmo saludable. Aparentemente reducen el riesgo de cáncer rectal o del colon, desórdenes intestinales y hemorroides. Son importantes para los diabéticos debido a su habilidad para regular la producción de insulina. Los diabéticos del grupo uno, esos que requieren una inyección diaria de insulina reducen su necesidad de insulina hasta en un 38% con una dieta rica en legumbres. Mientras tanto, en el mismo estudio, la mayoría de los diabéticos del segundo grupo, los adultos que sufren de ataques de diabetes, pudieron suspender por completo las inyecciones de insulina.

Receta de la versión modernadel«Pan de Ezequiel»

• 4 paquetes de levadura

• 1 taza de agua tibia

• 8 tazas de harina de trigo

• 4 tazas de harina de cebada

• 2 tazas de harina de soya

• 1/2 Taza de harina de millo

• 1/4 Taza de harina de centeno

• 1 taza de lentejas, cocidas y reducidas a puré

• 4-5 Cucharadas de aceite de oliva

• 1/2 - 3/4 Taza de miel

• 4 tazas de agua

• 1 cucharada de sal

Disuelva la levadura en una taza de agua tibia y una cucharada de miel. Déjela reposar por diez minutos. Combine los siguientes cinco ingredientes. Mezcle las lentejas, el aceite, la miel y un poco de agua en una licuadora. Colóquelo en un tazón grande de mezclar con el resto del agua. Añada y revuelva dos tazas de harina mezclada. Añada la mezcla de la levadura. Agregue y mezcle la sal y la harina restante. Tome una tabla de amasar y cúbrala con harina y amase allí la masa hasta que esté suave. Póngala en un tazón previamente aceitado. Deje reposar la masa hasta que aumente el doble de su tamaño. Vuelva a amasarla otra vez, córtela y moldéela en la figura de cuatro hogazas. Colóquelas en un sartén engrasado y déjelas que crezcan.

Póngalas a hornear a una temperatura de unos 375 grados Fahrenheit durante 45 minutos a una hora. Esa es una versión moderna del pan de Ezequiel.

Higo

Leemos en Cantares 2:11-13: “Porque he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. La higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dieron olor; levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven”.

Comenzando con el huerto del Edén, el higo, con sus maravillosos poderes de sanidad se encuentra mencionado más de 50 veces en la Biblia. De hecho, el árbol de higuera es el primero que se menciona específicamente por nombre en la Biblia. Leemos en Génesis 3:7: “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higueras y se hicieron delantales”.

La higuera tiene gran importancia como una de las siete especies, con las que Dios bendijo la tierra santa. En términos bíblicos, la higuera es un símbolo de paz, prosperidad y gran gozo. Y si los hombres que redactaron la Biblia hubieran conocido las enfermedades modernas en su día, le habrían añadido a las virtudes d


e la fruta, su tremendo poder anticancerígeno. Los higos, ya sean frescos o secos, han sido muy apreciados desde los tiempos antiguos por su dulzura y valor nutritivo. Los atletas griegos y romanos comían higos para aumentar su vigor y mejorar su ejecución.

La Biblia nos dice que “En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás y no vivirás... Y había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla en la llaga y sanará” (Is. 38:1, 21). Algunos eruditos bíblicos creen que esta “llaga” a que se refiere la Biblia es una forma de cáncer. Según la historia, el tratamiento con higos fue tan efectivo que Ezequías vivió y gobernó por otros quince años.

Una vez, después de una batalla, los hombres de David encontraron un guerrero egipcio que había estado sin comer ni beber por tres días y tres noches: “Y hallaron en el campo a un hombre egipcio, el cual trajeron a David, y le dieron pan, y comió, y le dieron a beber agua. Le dieron también un pedazo de masa de higos secos y dos racimos de pasas. Y luego que comió, volvió en él su espíritu; porque no había comido pan ni bebido agua en tres días y tres noches” (1 S. 30:11, 12).

El valor del higo fue reconocido también en muchos otros lugares del mundo. Por siglos, otras naciones y culturas lo han considerado como un remedio poderoso para una increíble variedad de dolencias, incluyendo cáncer, estreñimiento, escorbuto, hemorroides, gangrena, problemas en el hígado y llagas. Mucho del valor medicinal del higo se debe a sus altos niveles de fibra, magnesio, potasio, vitamina C y otros nutrientes. Un estudio descubrió que la fibra en los higos está asociada con la reducción de la presión sistólica de la sangre. Los higos también contienen vitamina B6, la cual se ha descubierto que ayuda a las mujeres a hacerle frente a la tensión premenstrual.

Los científicos japoneses dicen que han aislado el componente anticancerígeno del higo, un químico llamado benzaldehido. Después de una prueba exitosa con animales, los investigadores japoneses comenzaron a tratar a pacientes con cáncer con derivados del higo. Aseguran que los resultados son dramáticos. De los 55 pacientes en el grupo de prueba, siete estaban en completa remisión y 29 en remisión parcial. Los investigadores añadieron que las sustancias en el higo, «...demostraron ser más efectivas en tumores malignos en los seres humanos que en tumores en ratones experimentales».

Usted puede comprar higos frescos, secos o enlatados. Los higos frescos varían de amarillo dorado a morados oscuros. Deben ser fragantes y firmes. Evite esos con áreas blandas o manchas marrones, porque eso quiere decir que los higos son viejos. Secos o frescos, se mantienen mejor en el refrigerador. Si compra higos secos, observe qué les han añadido. Algunas personas son alérgicas a los sulfitos usados a menudo para preservar los higos secos y otras frutas secas.

Incluso hoy en el Medio Oriente, la compota de frutas secas es un postre popular. Los higos secos, los albaricoques, y las uvas se ponen a remojar durante la noche, luego se ponen a hervir a fuego lento con una raja de canela y se sirven fríos con una pizca de jugo de limón o de naranja.

Pescado

Dice la Escritura: “Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos”. (Lc. 24:42, 43). “Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar. Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió” (Jn. 21:9-11).

La pesca en el mar de Galilea y en el río Jordán era una industria gigantesca. Durante su exilio en Egipto, los israelitas aprendieron a valorar el pescado del mar Rojo. Para el pueblo del Antiguo Testamento había leyes dietéticas precisas para el pescado. Como dice Levítico 11:9-12: “Esto comeréis de todos los animales que viven en las aguas: todos los que tienen aletas y escamas en las aguas del mar, y en los ríos, estos comeréis. Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en el mar y en los ríos, así de todo lo que se mueve como de toda cosa viviente que está en las aguas, los tendréis en abominación. Os serán, pues, abominación; de su carne no comeréis, y abominaréis sus cuerpos muertos”.

Hoy sabemos que el pescado es bajo en colesterol y contiene grasas saludables polisaturadas. Ya que en los tiempos bíblicos sólo se podía preservar el pescado salándolo, la mayoría de las personas lo comían fresco, lo que constituía una fuente maravillosa, rica en proteínas, potasio, vitaminas y minerales con sólo una cantidad moderada de sodio. Ahora sabemos también que el pescado:

• Adelgaza la sangre

• Protege a las arterias de daños

• Inhibe los coágulos en la sangre

• Disminuye los triglicéridos en la sangre

• Reduce el mal colesterol

• Disminuye la presión arterial

• Reduce el riesgo de ataques al corazón y ataques de apoplejía

• Alivia los síntomas de la artritis reumatoidea

• Reduce el riesgo del lupus

• Alivia la migraña y los dolores de cabeza

• Combate la inflamación

• Ayuda a regular el sistema inmunológico

• Inhibe el cáncer en animales y posiblemente en humanos

• Alivia el asma bronquial

• Combate las enfermedades del riñón en su etapa inicial

El libro apócrifo de Tobías en el Antiguo Testamento testifica de los beneficios del pescado. Dice: «Díjole el ángel: ‘Descuartiza el pez y separa el corazón, el hígado con la hiel, y ponlos aparte’. Hizo el muchacho lo que el ángel le decía... (y siguió diciendo el ángel) (En). Cuanto a la hiel, sirve para ungir a quien tuviese cataratas, pues con ella quedará curado» (Tob. 6:4, 8 Biblia católica Nácar Colunga).

La clave de los poderes curativos del pescado se encuentra en los ácidos grasos del omega tres. Estos se encuentran particularmente concentrados en los peces de agua fría tal como las anchoas, el pez plateado, arenque, trucha, caballa, pez espada, esturión blanco, atún, salmón y sardinas. Por más de 200 años se ha prescrito el aceite de bacalao para un buen número de dolencias, incluyendo reumatismo y artritis, porque se creía que el aceite lubricaba las articulaciones. Pero no fue hasta 1985 que los doctores que escriben la publicación New England Journal of Medicine, recomendaron que quienes padecen de artritis pueden beneficiarse comiendo pescado una o dos veces por semana.

En el caso de la artritis, por ejemplo, los aceites omega tres «sí lubrican» las articulaciones reduciendo la dolorosa inflamación. El Instituto Nacional de Artritis y de las Enfermedades de la Piel, Músculo y Esqueleto, dicen que «los aceites incuestionablemente son agentes antiinflamatorios». La investigación llevada a cabo a través del Instituto demostró que estos aceites bloqueaban la formación de algo llamado «leucotrieno B4», el cual desencadena la inflamación. El Instituto reportó que se descubrió después de prescribir aceites, que existe «...una correlación significativa entre el descenso del leucotrieno B4 y la disminución en el número de articulaciones sensibles».

El lupus eritematoso sistémico, otra enfermedad inflamatoria que ataca la piel, también reaccionó positivamente al tratamiento experimental con aceite de pescado, conllevando a un investigador de la Universidad de Harvard a proclamarlo como «el efecto protector más impactante jamás visto». El aceite de pescado fue una vez motivo de risa entre muchos nutricionistas. Nadie se ríe hoy respecto al poder curativo del pescado. La alimentación a base de pescados o mariscos parece incluso ofrecer protección en contra de asesinos como las enfermedades del corazón y el cáncer. La razón es que los aceites naturales que se encuentran en el pescado parecen reducir la producción excesiva en el cuerpo de un par de sustancias hormonales llamadas prostaglandinas y leucotrienos.

Las prostaglandinas y los leucotrienos demasiado activos pueden causar coágulos en la sangre, inflamación y serios malfuncionamientos en el sistema inmunológico. Los aceites de omega tres detienen estas reacciones destructivas antes de que queden fuera de control, algo que es crítico en la prevención de enfermedades del corazón, el asesino número uno de la actualidad. Hay tres villanos al acecho en lo profundo de nuestros cuerpos que pueden causar ataques al corazón y de apoplejía. Ellos son la placa que puede obstruir las arterias y restringir peligrosamente el flujo de la sangre; la acumulación de plaquetas, de residuos pegajosos de glóbulos rojos, que se agrupan y forman coágulos; y los súbitos e inexplicables espasmos de los vasos sanguíneos que pueden hacer que el corazón no funcione bien o que se le suspenda el flujo de sangre al cerebro, causando ataques.

Estudios con el aceite de pescado demuestran que hace maravillas al reducir o eliminar estos tres riesgos. Las personas que comen grandes cantidades de pescado parecen tener la sangre más delgada, la cual es menos propensa a coagularse. El aceite de omega tres también reduce los triglicéridos y el colesterol peligroso, y eso, dicen los expertos, puede ser porque el pescado es un aliado poderoso en la batalla contra las enfermedades del corazón.

Como un dato curioso, los esquimales comen diariamente cerca de trece onzas de pescado y mariscos ricos en omega tres y raras veces sufren de ataques al corazón. Lo mismo es cierto de los pescadores japoneses y sus familias quienes consumen un promedio de por lo menos siete onzas de pescado al día. Los científicos noruegos descubrieron recientemente que una dieta de tres onzas de caballa al día, adelgaza la sangre en unas seis semanas, reduciendo significativamente el riesgo de coágulos en las arterias, ataques al corazón y de apoplejía.

En Bretaña, un estudio que involucró a cientos de participantes reveló que esos con una dieta fuerte en pescado desarrollan altas concentraciones de buen colesterol, más incluso que las dietas vegetarianas. Lo mejor de todo es que tal vez no se necesite tanto pescado para combatir las enfermedades del corazón. Investigadores de la Universidad de Leiden en Holanda, estuvieron monitoreando a los residentes de un pequeño poblado que comían sólo una onza de pescado a la semana. Los resultados fueron asombrosos. El riesgo de enfermedades del corazón en el grupo de estudio fue 50% menos que entre esos que no comieron pescado para nada.

Expertos advierten que la hipertensión o presión alta, es la luz roja que nos advierte que nuestra vida se encamina hacia un ataque al corazón como un tren desbocado. Ellos dicen que para hacerle un alto, ¡es necesario controlar la presión sanguínea! El Instituto Central para Investigación Cardiovascular en Berlín, llevó a cabo un estudio con 24 hombres que tenían la presión ligeramente alta. Por dos semanas, la mitad del grupo se comió diariamente dos latas de siete onzas de caballa, que en Estados Unidos se conoce como mackerel, y siguieron con tres latas por semana por los ocho meses siguientes. Se escogió este pescado por su alto contenido en aceite de omega tres.

¿Y cuál fue el resultado? Entre más altos eran los niveles de los ácidos grasos en la sangre, más descendió la presión sanguínea. La conclusión: Que un mínimo de sólo tres onzas de mackerel a la semana disminuyen la presión en un 7% y eliminan la necesidad de medicamento. Los aceites de pescado parecen ser muy importantes en la lucha contra el cáncer. El doctor Rashida Karmali de la Universidad Rutgers dice que las prostaglandinas demasiado activas que pueden causar problemas del corazón, también están presentes en la mayoría de los cánceres.

Estudios estimulantes realizados en Rutgers y en otros lugares indican que los aceites de pescado son altamente efectivos para reducir esa producción excesiva. Y una vez se reduce la alta concentración de estas molestas prostaglandinas, también disminuye el riesgo de cáncer en el seno, la próstata, pulmones y colon. Las mujeres esquimales y japonesas, por ejemplo, comen grandes cantidades de pescado y raras veces sufren de cáncer en el seno.

Según un grupo de investigadores de la Universidad de Cincinnati, los que padecen de jaqueca, también pueden encontrar alivio en los aceites de omega tres. De esos que tomaron parte en ese estudio, 60% informó que sus jaquecas crónicas fueron menos severas y que en seis semanas su frecuencia se redujo a la mitad cuando tomaron cápsulas de aceite. El número promedio de ataques descendió a dos en una semana y luego a dos cada dos semanas. Por alguna razón, los hombres parecieron beneficiarse más al añadirle aceites de pescado a la dieta que las mujeres.

Un cambio en la dieta en la cual el omega tres reemplazó a las grasas animales, también disminuyó dramáticamente la tasa de deterioramiento en personas que sufrían de enfermedades del riñón en su etapa inicial. El aceite de pescado además puede ayudar a las mujeres que sufren de cólicos premenstruales. Estos se desencadenan aparentemente por las mismas prostaglandinas demasiado activas que son la causa de tantos otros problemas.

El asma parece ser otra de esas enfermedades inflamatorias en las cuales los leucotrienos quedan fuera de control y causan constricción bronquial. El añadirle aceites de pescado a la dieta ha proporcionado un alivio asombroso en muchos casos, una vez más por extinguir la producción de los leucotrienos.

En otro estudio, la condición de dos tercios de pacientes con soriasis mejoró después de comenzar a tomar aceite de omega tres. Los aceites parecen moverse rápidamente en la sangre y hacia la superficie de la piel. Entre más aceite llega a la epidermis, mayor es la mejoría. ¿Se acuerda del viejo dicho de que «el pescado le hace más inteligente?» Aunque los expertos dicen que no es cierto, la realidad es que los ingredientes en el pescado y en los aceites de pescado le ayudan a aumentar su potencial, especialmente cuando está fatigado y sus energías mentales han descendido. El secreto en esta ocasión, no es tanto el aceite en el omega tres, sino un químico natural en el pescado llamado tirosina.

La doctora Judith Wurtman, jefe del grupo de investigación en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, descubrió que el pescado y los mariscos contienen un alto potencial de aminoácidos. Aparentemente estimula el cerebro para que produzca norepirefrina y dopamina. Estos son los neurotransmisores que necesita el cerebro para mantenerse funcionando al máximo de su eficiencia. Y eso nos hace sentirnos más alertas.

Ajo

El ajo es una de las comidas curativas más antiguas del mundo. Por siglos, incluso antes que Moisés guiara al pueblo de Israel fuera de Egipto hacia el desierto, fue usado como alimento favorito y como medicina. Durante los 40 años que los israelitas estuvieron errando en el desierto, se lamentaban diciendo: “Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos” (Nm. 11:5).

El libro Magia y medicina de las plantas declara que el ajo «...es un buen amigo de la humanidad. Además de añadirle sabor a la comida, le dio fortaleza a los constructores de las pirámides, valor a las legiones romanas y un espíritu combativo a los gallos de pelea ingleses... Los usos medicinales del ajo han sido documentados por siglos. Siempre fue un remedio popular para resfriados, dolores de garganta y tos, ya sea crudo o ingerido como jarabe, el cual se hace hirviendo dientes de ajo en agua por medio día. Los médicos y los expertos en hierbas prescribían el ajo como un diurético y para desórdenes intestinales y reumatismo...

Los colonizadores que llegaron a América descubrieron que los indígenas conocían los poderes curativos del ajo y confiaban en la planta para tratar una variedad de problemas médicos, desde mordeduras de culebra hasta lombrices intestinales. El ajo puede ayudar a curar muchas enfermedades porque es un antiséptico potente. Fue usado en ambas guerras mundiales».

El ajo y su prima la cebolla, eran considerados buenos, tanto para la salud como por sus cualidades curativas en las culturas antiguas. El ajo era uno de los primeros alimentos que se cultivó deliberadamente, aunque las variedades silvestres crecían en abundancia. La evidencia de sus poderes curativos se encuentra detallada en 4.000 años de registros antiguos desde el antiguo reino de Sumeria. Se han descubierto descripciones sobre los bulbos de ajo en las paredes de las tumbas egipcias que datan del año 3200 A.C., siglos antes que José y sus hermanos se establecieran en Egipto. Durante ese mismo período, los registros antiguos revelan que el ajo era el ingrediente principal en muchos remedios que los curanderos egipcios prescribían como cura para los dolores de cabeza, dolores de garganta y otras molestias.

Para el tiempo de Moisés ya se estaba usando el ajo como un anticoagulante, antiséptico, antiinflamatorio y agente en contra de los tumores, como un alivio para la flatulencia, diurético, sedante, cataplasma y como una cura para los parásitos. Se han identificado por lo menos 67 variedades diferentes de ajos y cebollas que crecen en la Tierra Santa, por lo tanto no asombra que los israelitas de la antigüedad tuvieran una inclinación por él desde hace siglos. Puede ser por razones de salud que el Talmud, el cuerpo de ley civil y religiosa judía, especifique que varias comidas diferentes sean sazonadas regularmente con ajos.

En varias ocasiones se ha recomendado como cura contra una amplia variedad de dolencias: arteriosclerosis, artritis, asma, pie de atleta, calvicie, bronquitis, cáncer, catarro, varicela, cólera, resfriado común, estreñimiento, caspa, diabetes, mordeduras de perro, hidropesía, disentería, dispepsia, epilepsia, convulsiones, gangrenas, hipertensión, influenza, gases intestinales, ictericia, laringitis, envenenamiento con plomo, lepra, desórdenes en los labios y la boca, malaria, rubéola, meningitis, hemorroides, reumatismo, tiña, picaduras de escorpión, escorbuto, envenenamiento ponzoñoso, viruela, mordeduras de culebra, tuberculosis y tifoidea.

La mayoría de estos reclamos eran en su mayoría exagerados, pero los científicos están descubriendo continuamente que la mayoría de ellos contenían por lo menos una porción de verdad. Por ejemplo, los investigadores sugieren que el ajo puede servir como protección contra las enfermedades y ataques del corazón al bajar la presión sanguínea. Contiene sustancias químicas que neutralizan los carcinógenos. De hecho, se ha asociado el ajo con las tasas bajas de cáncer en el estómago. El boletín Enviromental Nutrition publicó evidencia de cinco ensayos llevados a cabo en clínicas que muestran que la mitad de un diente de ajo por día reduce los niveles de colesterol en la sangre a un promedio de 9% en personas cuyo colesterol alto está en la línea fronteriza.

Los científicos interesados en los poderes curativos del ajo han aumentado tanto en las últimas décadas, que la Biblioteca Nacional de Ciencia ahora tiene en la lista cerca de 150 documentos publicados sobre la habilidad del ajo para mantener la buena salud. En varios estudios, el polvo de ajo, extracto de ajo y ajo fresco, todos han mostrado efectos positivos para prevenir el cáncer en animales; mejorar la diabetes; aliviar el citomegalovirus, que se manifiesta a menudo en personas que sufren de sida; prevenir la fatiga y aliviar la tensión más efectivamente que los tranquilizantes adictivos, tal como el Valium. Una de las cosas que todavía no se sabe por seguro es cuánto ajo se necesita para que sirva como agente curativo. El rango estimado es de un diente de ajo al día hasta más de diez, lo cual podría curarlo, pero en el proceso dejarlo sin amigos, por eso se aconseja que después de comer ajo fresco, mastique una o dos ramas de perejil. Su clorofila reduce el olor del ajo.

El ingrediente que le da al ajo su fuerte aroma es un químico llamado «alicina», el cual es un antibiótico potente. En cientos de experimentos el extracto de alicina del ajo crudo ha destruido los gérmenes que propagan enfermedades tales como botulismo, tuberculosis, diarrea, disentería y tifoidea. Un científico informa: «El ajo tiene el más amplio espectro de sustancias antimicrobiales conocidas. Es antibacterial, antifungal, antiparasitario, antiprotozoario y antiviral». Algunos investigadores dicen que un diente mediano de ajo tiene tanto poder antibacterial como 100.000 unidades de penicilina.

Los científicos japoneses han destilado un medicamento antibiótico llamado kyolic del ajo crudo. Debido a que fue usado comúnmente como un antibiótico por los médicos rusos durante la II Guerra Mundial, llegó a ser conocido a través de toda Europa como la “penicilina rusa”. Unas increíbles 500 toneladas de ajo fueron enviadas a Moscú para combatir una epidemia de influenza en la década de 1950. Los doctores europeos todavía prescriben ajo para prevenir los resfriados, la neumonía, tos convulsiva y una amplia variedad de desórdenes intestinales.

Como ya citara, un ingrediente natural en el ajo se transforma en una sustancia antibiótica en la alicina, cuando se mastica o se exprime el ajo. Los expertos médicos del occidente están ahora estudiando informes de que los chinos usaban altas dosis de ajo para curar la meningitis, una enfermedad que es a menudo fatal. Los doctores chinos dicen que trabaja aumentando el sistema inmunológico natural del cuerpo. En Estados Unidos varios investigadores están estudiando exactamente el efecto que tiene el ajo en el sistema inmunológico. En un estudio con pacientes de sida que comían por lo menos un diente de ajo diario durante tres meses, mejoraron significativamente sus funciones inmunológicas, las cuales daña severamente la enfermedad. En algunos pacientes, las heridas crónicas del herpes fueron erradicadas completamente y en otros fueron destruidas las células del cáncer.

Pruebas realizadas con animales en Japón indicaron que el ajo fresco puede ser un arma efectiva contra una forma de cáncer del seno. Otro descubrimiento del mismo estudio sugirió que el ajo era probablemente un mejor antioxidante que la vitamina E, uno de los principales antioxidantes conocidos para retrasar el proceso de envejecimiento.

En el Hospital M.D. Anderson e Instituto de Tumores en Houston, Texas, investigadores han examinado los compuestos de sulfuro tanto del ajo como de la cebolla y concluyeron que sus ingredientes bloquearon la formación de carcinógenos que causan cáncer del colon. Mientras tanto, el Instituto Nacional de Cáncer ha anunciado que el sulfuro en el ajo está entre los primeros en su lista de químicos preventivos naturales. Un estudio en el Centro de Investigación del Hospital de Bombay, India, descubrió que esos que comieron varios dientes de ajo diariamente, dependiendo del volumen y peso del cuerpo de la persona, redujeron significativamente el riesgo potencial de mortales coágulos en la sangre, incluso en pacientes que ya sufrían de enfermedades coronarias.

Incluso en dosis pequeñas, el ajo redujo drásticamente los niveles de colesterol, en un promedio de 305 a 218 en un período de 60 días. Investigadores en la Universidad Loma Linda de California también obtuvieron resultados igualmente dramáticos cuando probaron el extracto kyolic japonés. Una onza al día, aproximadamente ocho a nueve dientes, redujo el colesterol malo de 10 a 50% y aumentó la producción de colesterol bueno, el cual necesita el cuerpo para la buena salud.

La hipertensión es una enfermedad moderna que probablemente no padecían las personas de los tiempos bíblicos. Pero podríamos preguntarnos: «¿No tendría también esto algo que ver con el aprecio de los antiguos por el ajo?» Hoy contamos con pruebas amplias de que el ajo tiene una habilidad milagrosa para reducir la presión arterial. El diario británico de medicina Lancet, informó que estudios conducidos en laboratorios de Europa Oriental mostraron que el ajo produce un descenso en la presión sanguínea sistólica de 20 a 30%, y un descenso de 10 a 20 puntos en la presión diastólica. Eso es más que suficiente para mejorar incluso la más severa hipertensión a niveles posibles de manejar sin el uso de drogas.

El doctor Eric Block, jefe del departamento de química en la Universidad Estatal de Nueva York en Albany, recientemente extrajo un compuesto del ajo al cual llamó «ajoene». Encontró que el ajoene previene que se formen los coágulos en la sangre, como un agente en contra de la trombosis, es por lo menos tan potente como la aspirina. Por años los expertos médicos han prescrito dosis limitadas de aspirina para impedir o disolver coágulos peligrosos en la sangre. Pruebas recientes también indican que el ajoene casi no tiene los efectos secundarios de las drogas anticoagulantes. Muchos doctores están ahora estudiando los remedios que se usaban en la antigüedad, entre ellos el ajo que era empleado como descongestionante y expectorante en los tratamientos del resfriado común y bronquitis crónica.

Mientras la cocción puede destruir o reducir la alicina y debilitar el potencial del ajo, la mayoría de sus efectos terapéuticos permanecen. El ajo cocido todavía reduce el colesterol en la sangre y trabaja como un descongestionante y medicina para la tos. Ya sea cocido, crudo o en extracto, el ajo puede ser uno de los más potentes alimentos curativos de que disponemos. Los pueblos antiguos de la Biblia sabían ese hecho básico de la vida. Algunos de nuestros científicos están justamente redescubriéndolo. Antes del nacimiento de Cristo, los israelitas ya usaban el ajo como uno de los ingredientes principales en la preparación de sus alimentos, al igual que como medicina. De hecho, eran tan aficionados al ajo y consumían tanto que en el Misná, una codificación de la ley oral del Antiguo Testamento y de las leyes políticas y civiles de los judíos, a ellos orgullosamente se les llama «comedores de ajo».

Uvas

“Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual trajeron dos en un palo...” (Nm. 13:23a). ¡Se trataba de un racimo gigante de uvas! Pero tal abundancia no era cosa rara en los viñedos siendo los mismos tan importantes a las personas de los tiempos bíblicos. Lo primero que Noé planto después del diluvio fueron uvas. Las uvas se comían frescas o secas, como pasas, tal como hacemos hoy. La mayoría de las cosechas de los viñedos las transformaban en jugo, vino y vinagre, aunque también se hacían tortas de uvas. Una razón de por qué esta fruta deliciosa fue tan importante en la dieta de hace miles de años, era debido a su alto contenido en boro, un mineral que ahora sabemos ayuda a prevenir la osteoporosis. El boro se vende ahora como suplemento dietético en las tiendas de productos naturales. La gente del tiempo bíblico tenía que obtenerlo a través de las frutas y alimentos que consumían.

Una taza de uvas crudas, por ejemplo, contiene sólo 58 calorías; unos minúsculos 0,3 gramos de grasa; cero colesterol y vitaminas A, B y C. Las uvas, además del boro, tienen minerales como calcio, potasio y zinc. Ayudan a combatir las caries dentales, a detener los virus y son ricas en otros ingredientes que muchos investigadores creen que ayudan a detener el cáncer.

Los científicos hoy al examinar las uvas han descubierto que contienen unas sustancias llamadas polifenol y tanina, las cuales son prometedoras como agentes en contra de virus y tumores. Recientemente un grupo de científicos canadienses informó que en pruebas de laboratorio realizadas en probeta, se descubrió que las uvas destruyeron virus causantes de enfermedades. Para probar su potencial, examinaron uvas, jugo de uvas, uvas pasas y los vinos blanco y rosado. Le añadieron ciertos virus a un extracto de la uva hecho de pulpa y cáscara; otros virus al jugo de la uva y mezcla de uvas pasas; y un tercer grupo de virus a los vinos. Las tres sustancias aparentemente combatieron en forma efectiva los virus. Las uvas fueron especialmente potentes en contra de los virus que causan la polio y el herpes simple.

Los expertos creen que esto se debe a que las uvas contienen tanina, un agente en contra de los virus que es absorbido directamente por el tracto intestinal en donde provee el mayor beneficio. La tanina de las uvas puede sobrevivir a la digestión y circular rápidamente a través del torrente sanguíneo, tal vez atacando los virus. El jugo de uvas también mata las bacterias y restringe dramáticamente las caries dentales. Las uvas contienen niveles extraordinariamente altos de ácido cafeico, el cual ha demostrado ser una sustancia fuerte en contra del cáncer. Las pasas, que son uvas secas, fueron asociadas definitivamente con la reducción en la tasa de muerte por cáncer, entre un grupo de ancianos.

En los tiempos bíblicos, las uvas proveían todos estos beneficios para la salud, aunque las personas no lo sabían, lo único que comprendieron fue que eran deliciosas y buenas para comer frescas, secas, en jugos, fermentadas convertidas en vinos o hervidas con miel y transformadas en jalea. Durante esos primeros tiempos, los antiguos hebreos hacían melaza de uva, muy similar a nuestras jaleas, pero sin los preservativos artificiales ni los azúcares procesados que encontramos en muchos de los productos actuales.

El vino hecho de uvas es uno de los artes más antiguos y ciertamente parece que el vino era la bebida favorita en los tiempos bíblicos. Según el libro de Génesis, una de las primeras cosas que hizo Noé después del diluvio fue sembrar uvas para poder hacer vino: “Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña” (Gn. 9:20). Noé, sin embargo, ingirió mucho de esta bebida fermentada y se embriagó. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamentos, nos dan advertencias en contra del exceso de consumo de vino. Los investigadores ahora han redescubierto lo que los médicos de los tiempos bíblicos sabían desde hace siglos: que el jugo de uvas tiene un impacto profundo en nuestra salud.

Pablo ofrece una de esas primeras recomendaciones:

“Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino (de jugo de uvas) por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades” (1 Ti. 5:23).

• También dice en otra Escritura: “Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto (de zumo exprimido de uvas) (Gn. 27:28).

“Y saliendo al campo, vendimiaron sus viñedos, y pisaron la uva e hicieron fiesta...” (Jue. 9:27a).

“Y el vino que alegra el corazón del hombre...” (Sal. 104:15a).

En la Tierra Santa el vino se usaba más que sólo para celebrar. Cuando se mezclaba con mirra, era una forma primitiva de anestesia que se empleaba en los campos de batalla para operaciones quirúrgicas y durante los alumbramientos. Los griegos y los romanos de ese tiempo usaban vino «...para regular la orina, purgar, matar las tenias, aliviar el insomnio y todas las enfermedades asociadas con el resfriado».

Además de todo eso había unos beneficios aparentemente terapéuticos que se entienden mejor hoy. El vino destruye rápida y eficientemente los virus y bacterias, y esteriliza el agua; ayuda a prevenir las enfermedades del corazón al elevar el buen colesterol y contiene otros ingredientes que sabemos que ayudan a combatir el cáncer. Usted no tiene que beber mucho jugo de uvas para recibir los beneficios. Muchos investigadores dicen que un solo vaso de jugo o una porción de vino al día, es suficiente para elevar el buen colesterol hasta en un 7%, además de ayudar al cuerpo a poner una barrera significativa en contra del cáncer.

Hace un siglo, los doctores en Francia notaron que durante una epidemia de cólera, las personas que bebían jugo puro de uvas o vino, parecían menos propensas a contagiarse de la enfermedad que quienes no lo hacían. Para hacer una prueba en contra del cólera y la tifoidea se le añadieron gérmenes de estas dos enfermedades a recipientes con agua, vino tinto o blanco y a una mezcla de vino con agua. De manera increíble, mientras los gérmenes en el agua, no sufrieron alteración alguna, los que estaban en el vino o en el vino diluido fueron exterminados en quince minutos. Los gérmenes de tifoidea en el vino duraron 24 horas antes de morir.

Desde entonces, se han llevado a cabo pruebas similares con los mismos resultados asombrosos, los gérmenes de cólera se destruyeron en 30 segundos a diez minutos. La bacteria E-Coli en 24 a 60 minutos y la E-Tifi en cinco minutos a cuatro horas. Para sorpresa de todos, el alcohol no fue un ingrediente efectivo como se sospechó en un principio. Resultó que el proceso de fermentación liberó polifenoles, componentes químicos que atacan la bacteria en la misma forma como lo hace la penicilina. Los investigadores dijeron que vino rojo diluido en una tasa de uno a cuatro con agua, tiene la misma potencia después de cinco minutos como cinco unidades de penicilina por milímetro.

El jugo de uvas puede también ayudar en los problemas del corazón. Un estudio de la Universidad de Otawa en Canadá concluyó que existe un vínculo claro entre el consumo de jugo de uvas y las tasas bajas en enfermedades del corazón. Personas que consumen altas cantidades de jugo de uvas casi no padecen de enfermedades del corazón.

Vale la pena hacer notar que el consumo de vino, de jugo fermentado, puede convertirse en una espada de dos filos. Para las personas mayores que tienen problemas al comer los alimentos debidos y así mantener la buena salud, una copa de vino puede estimularles el apetito, sin embargo, hace lo mismo para personas que están a dieta, así que si quiere perder peso, no tome vino. Las investigaciones actuales indican que beneficia la salud ingerir un poco de vino diario, pero todavía se aplica el consejo dado en la Biblia en Efesios 5:18: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”.

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