ALIMENTOS EN LA BIBLIA III

Hierbas

“Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios” (He. 6:7). Como todas las personas de su tiempo, los hebreos primitivos estaban muy familiarizados con las plantas que crecían en sus alrededores, especialmente las hierbas que se usaban como medicina y alimento. Las personas de los tiempos bíblicos cultivaban una variedad de hierbas por sus poderes curativos al igual que por el sabor que le añadían a los alimentos. Las hierbas y las especias eran ingredientes necesarios en casi cada receta, desafortunadamente sólo se mencionan unas pocas específicamente en la Escritura.

Cilantro

Cuando el pueblo de Israel vagaba en el desierto y recibió maná por alimento, lo describieron como semilla de culantro: “Y era el maná como semilla de culantro, y su color como color de bedelio. El pueblo se esparcía y lo recogía, y lo molía en molinos o lo majaba en morteros, y lo cocía en caldera o hacía de él tortas; su sabor era como sabor de aceite nuevo. Y cuando descendía el rocío sobre el campamento de noche, el maná descendía sobre él” (Nm. 11:7-9).

Desde entonces, el culantro, también conocido como «cilantro», ha sido llamado «el curandero del cielo». El cilantro es una planta anual de la familia de la zanahoria o del perejil y tiene pequeñas flores blancas o rosadas en ramos. El fruto consiste de semillas entre grisáceas y blancuzcas. Crecía silvestre a través del territorio de Egipto, Palestina antigua y otros países en la región. Las semillas tienen un aroma agradable. Son usadas como especias para pasteles, carnes, dulces, ensaladas, sopas y vinos.

Es muy probable que esa gente de los primeros tiempos no sufriera de indigestión porque por siglos usó el cilantro como tratamiento para enfermedades menores del estómago. A diferencia de la mayoría de las medicinas para los problemas digestivos, el cilantro tiene buen sabor y olor. Se recomienda para la indigestión, flatulencia y diarrea. Externamente se usa para suavizar los músculos y para el dolor en las articulaciones. Recientemente los científicos comenzaron a examinar el cilantro como un tratamiento antiinflamatorio para la artritis. Otras investigaciones han demostrado que reduce los niveles de azúcar en la sangre lo cual puede ser de ayuda para los diabéticos.

Hisopo

Comenzando con la celebración del Cordero Pascual en Egipto, el hisopo es mencionado a menudo en el Antiguo Testamento en conexión con los ritos de la purificación. David por ejemplo oró para que Dios lo purificara con hisopo: “Purifícame con hisopo, y seré limpio...” (Sal. 51:7). Algunos eruditos modernos dicen que el hisopo mencionado en las escrituras hebreas debe ser un tipo de mejorana. Esta planta es de la familia de la menta y es común en Palestina.

Una variedad del hisopo que crecía abundantemente en Israel y Sinaí en los días bíblicos todavía la usan allí extensamente muchas personas hoy para darle sabor a la cocina y como té medicinal. Los romanos llevaron el hisopo de Medio Oriente a Europa en donde el té de hisopo es una bebida común como remedio casero para aliviar el reumatismo y los problemas respiratorios.

Las vellosidades en el tallo de la planta se usan a menudo para prevenir la coagulación de la sangre, lo cual explica muy bien por qué Dios les dijo a los judíos en Egipto que lo usaran en el tiempo de la Pascua: “Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana” (Ex. 12:22). “Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu” (Jn. 19:29, 30).

El vinagre mencionado en este último pasaje, no es el vinagre que conocemos hoy, sino una forma barata de vino. Dicen los eruditos bíblicos que la mezcla de vinagre con hisopo se ofrecía compasivamente, especialmente en el caso que el hisopo fuera del mismo tipo de la planta de mejorana, la cual da una esencia fuerte y refrescante. En los experimentos modernos, el hisopo ha detenido el crecimiento del virus del herpes simple, el cual causa úlceras dolorosas y herpes genital. Y para apoyar su antigua reputación como descongestionante y un remedio para aliviar los síntomas del resfriado y la influenza, los científicos han descubierto que la hierba contiene varias sustancias tranquilizantes como el alcanfor las cuales ayudan a aflojar la flema para así expulsarla más fácilmente. Cuando se hace té de hisopo, las semillas de anís le añaden un sabor placentero de regaliz que contrarresta el sabor picante del hisopo sin disminuir su efecto.

Menta

El sabor refrescante de la menta debido a la presencia de aceites esenciales característicos, es bien conocido por todos nosotros hoy, tal como fuera para los hebreos, griegos y romanos de los tiempos bíblicos quienes usaban la menta como medicina, al igual que para el sabor. Algunos expertos en la Biblia dicen que la menta se encontraba entre las “hierbas amargas” mencionadas en Éxodo 12:8 y Números 9:11, junto con las hojas de escarola, achicoria, lechuga, berro, acedera y diente de león que se comía como una ensalada. La menta es una de las “hierbas amargas” de la fiesta de Pascua de hoy.

Los médicos griegos y romanos usaban la menta. Recomendaban que se le añadiera a la leche para prevenir que se dañara y la servían después de las comidas como una ayuda para la digestión. También sugerían que se colgara un ramo en las habitaciones de los enfermos para acelerar la curación. A través del territorio de la Tierra Santa crecían varias especies de menta silvestre. Hoy conocemos principalmente a la menta como hierbabuena.

Los expertos modernos en hierbas recomiendan que se tome directamente la hierbabuena o se le añada a las comidas como un tratamiento para los cólicos menstruales, mareos matutinos, resfriados, influenza, dolores de cabeza, indigestión, fiebre e insomnio. Los expertos en medicina también saben que las diversas variedades de la menta son maravillosas para tratar docenas de problemas. Es por esta razón que la menta, con su contenido en mentol, se encuentra en muchos remedios que se venden sin receta para la indigestión, dolores menores y congestión.

La menta también es antiespasmódica. Alivia los músculos del tracto digestivo y del útero. Pero mientras la hierbabuena puede ser buena para las náuseas, también puede estimular la menstruación. De tal manera que los doctores les advierten a las mujeres embarazadas que eviten la hierbabuena como un tratamiento para las náuseas matutinas.

Perejil

Leemos en Cantares 5:13: “Sus mejillas, como una era de especias aromáticas, como fragantes flores...” Aunque el perejil no está mencionado específicamente en la Biblia, era muy común en esos días, de tal manera que lo usaban en gran manera. Por miles de años se ha incluido como parte de la comida de Pascua, como símbolo de un nuevo principio porque es una de las primeras hierbas que aparecen en primavera.

Los romanos también usaban perejil. Tradicionalmente se colocaba en los banquetes para refrescar el aliento. Incluso hoy, muchos restaurantes adornan sus platos principales con una ramita de perejil, aunque los comensales piensan que se trata simplemente de una decoración y la colocan a un lado. El perejil es una rica fuente de vitaminas A y C. También contiene dos químicos: apiol y miristicina, que actúan como un laxante suave y como un fuerte diurético.

La publicación The Journal of Allergy and Clinical Inmunology informa que el perejil bloquea la formación de histamina, el químico que desencadena los ataques alérgicos. La conclusión: El perejil puede ayudar a las personas que sufren de fiebre del heno y de brotes de urticaria.

Otros ingredientes en el perejil han demostrado ser efectivos para combatir los linfomas cutáneos, una forma de cáncer de la piel. Un estudio publicado en el American Journal of Chinese Medicine dice que la acción diurética del perejil puede ayudar a controlar la presión alta en la sangre. En Alemania, se prescribe a menudo el té de la semilla de perejil por la misma razón. Vale la pena hacer notar que el perejil tiende a disminuir el suministro de potasio del cuerpo, un nutriente esencial. Si usa el perejil como un diurético, asegúrese de comer alimentos ricos en potasio, tales como vegetales frescos y bananos.

Miel

“Pero Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su mano, y la mojó en un panal de miel, y llevó su mano a la boca; y fueron aclarados sus ojos” (1 S. 14:27). Por muchas razones, pero especialmente porque sabe tan bien, la miel era uno de los alimentos más populares entre las personas de los tiempos bíblicos. Se convirtió en un símbolo de abundancia y de las bendiciones de Dios, de la “...tierra que fluye leche y miel” (Jos. 5:6).

La tradición dice que cuando el rey David hizo su entrada triunfante en Jerusalén con el arca, uno de los regalos que trajo consigo eran tortas de miel: “Y repartió a todo el pueblo, y a toda la multitud de Israel, así a hombres como a mujeres, a cada uno un pan, y un pedazo de carne y una torta de pasas [con miel en el texto hebreo original]...” (2 S. 6:19). El pueblo de la tierra prometida consumía miel como un alimento y la usaba, además, para endulzarlo todo. Dios asimismo le dio este consejo al pueblo de Israel: “Come, hijo mío, de la miel, porque es buena, y el panal es dulce a tu paladar” (Pr. 24:13).

El propio Hipócrates recomendaba una mezcla de miel, agua y ciertas hierbas para bajar la fiebre. La miel, ciertamente, no es sólo buena para comer, sino que es uno de los alimentos más poderosos para curar que tenemos a nuestra disposición. Una sola porción de miel, aproximadamente una cucharada, contiene 64 calorías y 17 gramos de carbohidratos. E incluso hasta una porción mínima contiene el impacto de una pequeña farmacia. La miel que ahora conocemos puede matar las bacterias, desinfectar heridas y aliviar inflamaciones. Viajeros incontables han descubierto que la miel funciona cuando nada más lo hace. Generaciones de abuelas han recomendado la miel a sus nietos para las gargantas doloridas.

La miel parece calmar los nervios, y como la vida está colmada de tensiones nos ayuda a dormir mejor. Los asmáticos en todas partes aseguran que la miel los ayuda a respirar mejor, lo cual tal vez se deba a que el polen en la miel desensibiliza y contraataca las alergias. Un antiguo rollo egipcio desenterrado por los arqueólogos enumeraba cientos de remedios para enfermedades y heridas. De los 900 tratamientos aproximados, más de 500 tienen la miel como un ingrediente principal.

Los egipcios, griegos y romanos, todos descubrieron que el frotar miel en las heridas es una cura rápida y efectiva. En la década de 1970, se hicieron pruebas científicas en Gran Bretaña de la miel como remedio. Pero... ¿Cuál fue el resultado? Las heridas quirúrgicas se sanaron más rápido y con menos infecciones secundarias cuando fueron tratadas con miel, que esas que fueron tratadas con antibióticos.

La miel mata bacterias peligrosas tanto en el interior del cuerpo como en la parte externa. En el tracto intestinal ataca y acaba las bacterias, especialmente esas que causan diarrea. En África del Sur los investigadores descubrieron que la miel hizo un trabajo maravilloso al eliminar enfermedades mortales con síntomas relacionados a la diarrea, tal como la salmonella, la shigella, e-coli y cólera. El estudio involucraba a dos grupos de niños que eran tratados para gastroenteritis aguda. Todos sufrieron terriblemente con la diarrea debido a infección intestinal. A un grupo se le administró líquidos mezclados con miel; a un segundo grupo, líquidos mezclados con azúcar. Los niños que recibieron el tratamiento con miel se recuperaron un 40% más rápido que esos a quienes se les dio azúcar.

Para la garganta dolorida se recomiendan las gárgaras de miel mezclada con jugo de limón o vinagre. Esto recubre y lubrica los tejidos irritados de la garganta, aliviando las molestias para tragar. En un nivel más científico, los ingredientes que hacen que sepa dulce van directo al cerebro y le indican a la glándula pituitaria que empiece a bombear endorfinas tranquilizantes.

La endorfina tiene una influencia poderosa en nuestro humor, memoria, habilidad para aprender y percepción del dolor. La endorfina afecta el cerebro en una forma muy parecida a la morfina y estos calmantes naturales no son adictivos. De tal manera que la miel para la garganta atenúa el dolor. La ciencia moderna también ha descubierto por qué la miel ayuda a quienes sufren de asma. Por largo tiempo nadie sabía exactamente cómo funcionaba. Algunos expertos contendían que el polen que le transferían las abejas a la miel desensibiliza a las personas alérgicas en la misma forma que hacen las inyecciones.

Los oponentes se mofaban de esto diciendo que era imposible que hubiera tanto polen en la miel que pudiera ir a nuestro sistema para hacer una diferencia. Sin embargo, recientemente los investigadores en la Clínica de Niños de la Universidad de Heidelberg en Alemania emprendieron un estudio para ponerle fin al debate. Setenta niños que sufrían de problemas alérgicos, tales como fiebre del heno y asma participaron en la investigación. Durante la temporada más intensa de alergias, se les suministró cada día soluciones que contenían polen y se les dijo que continuaran con ese tratamiento tres veces por semana durante la estación de alergias.

Un increíble 84% de los niños sufrió de menos ataques alérgicos. La conjuntivitis y los síntomas comunes disminuyeron en un 70%. Al igual que se redujo a la mitad el número de pacientes con secreción nasal y narices irritadas. En 1958, el doctor D. C. Jarvis incluyó diversos usos para la miel en su libro publicado en inglés Folk Medicine (Medicina popular). Además de recomendar la miel en tratamientos para malestares tales como resfriados, cólicos, quemaduras y nariz tupida, Jarvis también sugirió que se tomara «...una cucharada de miel con la cena...» como una forma de evitar el insomnio.
La miel puede ayudarlo a dormir debido al azúcar natural que contiene. Los científicos ahora saben que mientras nuestros cuerpos queman azúcar, el cerebro produce una sustancia química llamada serotonina. El propósito de la serotonina es relajarnos, aquietar todo el parloteo del cerebro y gradualmente hacernos dormir.

En los tiempos bíblicos se servía miel para honrar a los visitantes, pero como se servía después de la comida principal al final del día, también tenía un efecto calmante y tranquilizador que estimulaba el sueño. Vale la pena hacer notar que el Centro para Control de las Enfermedades dice que no debe dársele miel a niños menores de un año. La razón es que las esporas de las bacterias del botulismo se adhieren a la miel. En los adultos, el sistema inmunológico es maduro y lo suficientemente fuerte para resistir tales ataques, mientras que en los niños no está tan desarrollado para hacerle frente a un adversario tan poderoso.

Melón y Pepino

Y dice la Escritura: “Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos” (Nm. 11:5, 6). Los antiguos israelitas probablemente adquirieron su afición por el melón y los pepinos durante el tiempo en que estuvieron esclavizados en Egipto. Los eruditos especulan, basados en la clase de sembrados que se cultivaban en Egipto durante este período, que el pueblo de Moisés probablemente recordaba el melón de Castilla, una planta tropical originaria de África Oriental, similar al pepino moderno. De hecho, el melón de Castilla se cultivaba y se cultiva ampliamente en Egipto. Un autor le llamó al melón de Castilla «el rey de los pepinos». Por consiguiente, los melones y los pepinos eran considerados tan valiosos en la dieta de los pueblos de los tiempos bíblicos que a menudo se construían cabañas en los melonares para vigilar a los ladrones: “Y queda la hija de Sion como enramada en viña, y como cabaña en melonar...” (Is. 1:8).

El melón es rico en beta carotina, fibra, folate, potasio y vitaminas B6 y C. El efecto anticancerígeno de la carotina puede proteger en contra del cáncer en la boca, al igual que contra el cáncer en la cerviz, estómago y útero. Los milagrosos ingredientes del melón actúan como anticoagulantes, como adelgazadores de la sangre que pueden ayudar a prevenir enfermedades cardiovasculares.

Mientras los seguidores de Moisés ensalzaban los melones y los pepinos, otros pueblos del mundo los apreciaban por razones medicinales. Algunos remedios caseros se han conservado hasta nuestro día. En China se usaba una variedad del melón para tratar la hepatitis; en India se empleaba como diurético; en Filipinas los curanderos recomendaban los melones como tratamiento para el cáncer, mientras que en América Central se comían las semillas para librarse de las lombrices intestinales.

Los pepinos se usaban como tratamiento curativo tanto para el interior como para el exterior del cuerpo. Eran muy apreciados por sus cualidades refrescantes y limpiadoras cuando se aplicaban en las quemaduras del sol, inflamación, ojos adoloridos, furúnculos y barros. Este mismo efecto medicinal también se lograba supuestamente cuando se añadían pepinos a una sopa espesa de cordero.

Varios estudios científicos están ahora tratando de descubrir si algunos ingredientes en otras especies de las familias de los melones podrían usarse en la guerra contra el cáncer. Los resultados preliminares indicaron que pueden ser tan efectivos como las naranjas y los vegetales verdes, los que son ahora ampliamente aceptados como remedios efectivos en contra del cáncer.

La leche

Dice en Éxodo 3:8a: “Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel...” También en Isaías 7:22: “Y a causa de la abundancia de leche que darán, comerá mantequilla; ciertamente mantequilla y miel comerá el que quede en medio de la tierra”.

La leche alimentaba el espíritu al igual que los cuerpos de las personas en los tiempos bíblicos. La miel y la leche juntas simbolizaban buena salud, prosperidad y bendiciones de Dios. La leche y sus derivados eran una parte importante de la dieta diaria en los tiempos bíblicos. Pero era difícil, sino imposible, conservar la leche fresca en esos días. La solución era usar el mismo proceso de fermentación con la leche que el que se usaba para hacer vino o pan con levadura.

El resultado fue lo que hoy llamamos yogurt, cuajada, queso blando, queso duro o mantequilla. La mantequilla se usaba muy raras veces para cocinar, en lugar de eso se empleaba el aceite de oliva. El pueblo escogido confiaba grandemente en la leche, la consideraba necesaria para la supervivencia, tal vez por miles de años. Ha sido llamada «la comida perfecta», porque provee los nutrientes que todos necesitamos para crecer, para combatir todas las enfermedades y mantenernos sanos.

Por ejemplo, una taza del alimento perfecto contiene:
Calorías 157
Carbohidratos 11,9 mg
Calcio 250 mg
Proteínas 8,4 mg
Potasio 406 mg
Vitamina A 15% MD*
Vitamina D 12% MD*
Sodio 26 mg
(*Mínimo diariamente)

Todo esto hace de la leche un elixir de salud increíble, poderoso y versátil, algo que las personas en los tiempos bíblicos parecían saber instintivamente: “Miel, manteca, ovejas, y quesos de vaca, para que comiesen; porque decían: El pueblo está hambriento y cansado y sediento en el desierto” (2 S. 17:29).

Permítame citarle estos descubrimientos recientes respecto a los beneficios que aportan a la salud la leche y los productos lácteos derivados: • La leche ayuda a fortalecer los huesos en los niños e influye en la prevención del desarrollo de la osteoporosis en las mujeres mayores.

  • Los ingredientes en la leche disminuyen la presión alta y el colesterol, ambos factores importantes en las enfermedades del corazón.
  • La leche ataca las infecciones bacterianas, especialmente esas que causan la diarrea. Alivia los tejidos del estómago irritados por drogas o alimentos difíciles de digerir. No obstante, los descubrimientos recientes indican que si padece de úlceras debe evitar la leche porque estimula los ácidos estomacales que causan las úlceras.
  • La leche previene las caries dentales y la bronquitis crónica.
  • Los investigadores dicen ahora que mientras la leche detiene el desarrollo de algunos tipos de cáncer, también aumenta la energía y la agudeza mental.

Con todo esto, no maravilla que este alimento perfecto fuera tan importante en la vida de los pueblos bíblicos que tenían que depender de los productos naturales como medicina. En la guerra contra el cáncer, por ejemplo, se está acumulando evidencia de que la leche es especialmente efectiva en prevenir el cáncer del colon. En 1985, los científicos de la Universidad de California, en San Diego, publicaron los resultados de un estudio de 20 años sobre la leche y el cáncer del colon, involucrando a 2.000 hombres.

Los resultados fueron increíbles. Los hombres que ingerían dos vasos y medio de leche diariamente, eran menos propensos a padecer de cáncer del colon. De hecho, el riesgo de ellos de contraer la enfermedad se redujo en un tercio.

Aparentemente el alto contenido de calcio de la leche y la vitamina D que contiene, trabajan unidos para prevenir el cáncer. Dos o tres tazas al día de leche descremada con vitamina D, puede ser todo lo que necesite para resguardarlo contra esta forma devastadora de cáncer. En este y otros estudios, tales como esos conducidos en el Centro para Cáncer en el New York Memorial Sloan Kettering, se determinó que el calcio en la leche neutraliza los ácidos de la bilis e impide el crecimiento de las células propensas al cáncer en el colon.

La lactobacilina, la cual es la leche que ha sido fermentada deliberadamente por varias bacterias, también puede ayudar a combatir la enfermedad al prevenir los cambios abruptos en las células que causan el cáncer del colon. De manera similar, la leche puede actuar como un anticuerpo al parar las infecciones que atacan nuestro sistema gastrointestinal, algo que era un asunto de vida o muerte durante los tiempos bíblicos cuando no se disponía ni de la penicilina ni de las otras drogas milagrosas modernas.

Esos químicos contra las infecciones ayudan a acabar con las diarreas en los niños, las cuales eran especialmente peligrosas en los tiempos antiguos, y las que todavía son a menudo fatales entre los infantes en los países subdesarrollados del tercer mundo. Un estudio de la Escuela Pública de Salud de la Universidad de Michigan, descubrió que los infantes y los niños que recibieron sólo leche de bajas calorías eran cinco veces más propensos a desarrollar enfermedades intestinales agudas que los niños que bebían leche sin descremar.

Por otra parte, si usted es un adulto y está considerado como una persona de alto riesgo para un ataque al corazón, la leche entera no es para usted. Tal vez la leche descremada. Hay buena evidencia de que la leche descremada de hecho puede disminuir el mal colesterol y el conteo en el colesterol de la sangre. El doctor George Mann de la Universidad Vanderbilt ha concluido en su investigación que la leche puede ser un factor en controlar firmemente la producción del mal colesterol en el hígado, el cual si no se controla puede desencadenar toda clase de problemas cardiovasculares.

La leche también tiene un efecto benéfico en esos con presión alta o que sufren de hipertensión moderada. Las razones parecen ser el calcio. Aparentemente las deficiencias de calcio pueden desencadenar un aumento en la presión de la sangre. Una adición de calcio contrarresta el aumento de la presión sanguínea, aunque de forma algo sorprendente, un suplemento de calcio sólo no tiene el mismo efecto. El secreto tal vez sea que usted necesita recibir el calcio de la leche. Un estudio de más importancia entre 8.000 personas de edad madura conducido por el Instituto Nacional de Corazón, Pulmón y Sangre, encontró que las personas que no bebían leche estaban más propensas a sufrir de presión alta que esas que bebían un cuarto de leche diariamente.

La leche y el queso también parecen ayudar a combatir las caries dentales. Los elementos en la leche y los productos derivados de la leche (calcio, fosfato, caseína y otros más) se combinan para impedir que los azúcares penetren en los dientes y causen caries. Expertos de la Universidad de Toronto examinaron este fenómeno y descubrieron que el queso cheddar o su extracto reduce las caries en un 56%. Sin embargo, a pesar de todos sus milagrosos beneficios, la leche no es para todo el mundo. Las personas que sufren de intolerancia a la lactosa tienen que evitarla, pero pueden tomar yogurt sin problemas. La lactosa es el azúcar que se encuentra en la leche y puede producir desórdenes intestinales en personas que no la toleran.

Ahora también se cree que la grasa saturada en la leche contribuye a aumentar el riesgo en las enfermedades del corazón y posiblemente con algunos tipos de cáncer, incluyendo cáncer del seno, intestino, laringe, vejiga y boca. Ya que la leche en los tiempos bíblicos no permanecía fresca por mucho tiempo, las personas que vivían entonces, la convertían en queso o en otros productos derivados que se conservaban por más tiempo. Consecuentemente, los pueblos de los tiempos bíblicos eran expertos en hacer queso. Un galón de leche fresca producía cerca de media libra de queso que podía utilizarse en muchas formas diferentes, mientras que seguía reteniendo los numerosos beneficios originales para la salud.

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