IDENTIDAD EN DIOS

Muchas veces, la gente no le da valor a la identidad que Dios les ha dado. Esto lo que provoca es que otros comiencen a beneficiarse de la inestabilidad de sus pensamientos, porque las crisis y las dificultades les han hecho cuestionar quiénes son.  Se preguntan si estarán en el lugar correcto, qué será de sus vidas, por qué les pasa lo que les pasa.
Hace un tiempo atrás, se dio un caso de un hombre que falleció y su viuda lo puso en un congelador por dos años, para continuar cobrando su cheque del seguro social. Por supuesto que no estuvo bien lo que hizo; pero, si analizamos, ella vio un valor –en este caso, monetario– en la identidad del que era su esposo, y buscó sacarle provecho. Al igual que esta señora, hay quienes reconocen el valor de tu identidad y tratan de sacar beneficio de quien tú eres. Con tu identidad, podrían comprar una nueva casa, un carro, mudarse a un nuevo lugar y  tener una nueva vida falsa. Pero, aun así, la iglesia y la gente no entienden lo importante y el valor que tiene la identidad que Dios les ha dado.
Quizás te encuentras en aprietos, piensas que no puedes hacer nada con lo que tienes, miras tus circunstancias y dices: ¿Quién soy yo para hacer algo?, ya se acabaron mis opciones. En el momento en que piensas que tu vida ya no vale nada, dale tu número de seguro social a un ladrón y él sacará provecho a tu identidad; aquí en la tierra, va a sacar lo que tú no estás dispuesto a sacar. 
Para evitar que otros roben tu identidad e intenten sacar provecho de la persona en la que Dios te ha convertido, debes pararte firme y saber quién eres. Vive consiente de quién eres en Dios porque, sin darte cuenta, los efectos de no saber quién eres pueden ser devastadores.
En la Biblia, puedes encontrar momentos donde algunas personas intentaron, y muchos lograron, robar la identidad de otro. Génesis 25:27-34 nos cuenta cómo uno de los hijos de Isaac menospreció el valor de su identidad. Esaú y Jacob eran gemelos, pero Esaú era el primogénito de Isaac, por haber salido primero del vientre de su madre, Rebeca. Este, en un momento de cansancio y hambre, menospreció el valor de su identidad, el privilegio de ser primogénito, y vendió a Jacob su primogenitura por un guisado de lentejas; le dijo a Jacob: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? (v.32) Luego, en Génesis 27, vemos el provecho que le saca Jacob a la primogenitura que su hermano Esaú menospreció. Isaac no sabía de este trato y, como no podía ver, en el momento que fue a bendecir a su primogénito Jacob, fácilmente le engañó disfrazándose de Esaú.
Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido;  Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren. Génesis 27:27-29
Entonces, cuando Esaú fue a donde Isaac a reclamar su bendición de primogénito, este le dice: ¿No has guardado bendición para mí? Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío?  Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró. Génesis 27:26-38
¿Alguna vez has sentido que dieron a otra persona lo que te correspondía? En ese momento, Esaú lloró amargamente porque lo que le correspondía a él se lo llevó otro y ahora parecía que no había ninguna otra oportunidad.
Tu identidad es intangible, por lo que, muchas veces, se te puede dificultar ver su valor, lo que te puede llevar a menospreciar tu identidad, hasta el momento que se refleja en el mundo natural. Esaú no supo el valor de lo que tenía, hasta que llegó el momento de la manifestación de la bendición de su primogenitura antes de su padre morir. Pero, para cuando se dio cuenta del valor de lo que tenía, ya había sido muy tarde porque en algún momento pensó que no le serviría de nada y la vendió a alguien que sí vio su valor.
La vida que hoy tú menosprecias, otro la desea. A lo mejor lo que tienes no es lo que quieres, pero otros quieren lo que tú tienes porque ven su valor. Es triste que no aceptes la bendición de Dios para tu vida, y más triste es ver cómo otros reciben la bendición que te correspondía.  Mientras más rápido aceptes esa identidad y aprendas la idea de Dios para ti, entonces podrás recuperarte y vivir toda la bendición que Dios tiene para tu vida.
Si hoy has perdido tu identidad por alguna circunstancia como divorcio, quiebra, problemas con tus hijos, o algo te ha hecho cuestionar quién tú eres, o porque en algún momento no apreciaste lo que tenías, ya basta de llorar porque, lo que Dios tiene preparado y planificado para ti, no se ha perdido porque alguien haya tomado tu lugar por un momento; es más, es todo lo contrario. En el mundo natural, otro toma tu identidad sólo para sacarte dinero, pero en el mundo espiritual, ya alguien tomó tu identidad para rescatarte, restaurarte y salvarte, ese es Jesucristo.  Cuando no valías un centavo, Él se identificó contigo, para que luego te identifiques con él.  Reconoce que tu verdadera identidad viene del Dios Todopoderoso, y que, aunque ahora no vez, el valor de lo que tienes muy pronto se te será revelado. 

PREPÁRATE Y ENTRA

La diligencia y la responsabilidad son principios importantes que necesitas para transformar las crisis, las adversidades, en bendición.
Rut dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo a recoger espigas. Estaban en necesidad, y Rut no tenía trabajo, título; pero, comoquiera, dijo: No me puedo quedar aquí, hay que hacer algo. Y se fue al campo a recoger espigas.
La responsabilidad y la diligencia tienen una gran bendición de Dios. Dice la palabra que el perezoso no atrapa la presa, pero el diligente ya posee una gran riqueza. El perezoso ambiciona, y nada consigue; el diligente ve cumplidos sus deseos. Dice, además, la palabra: ¿Has visto a alguien diligente en su trabajo? Se va a codear con reyes, y nunca será un don nadie.
Sin ninguna posición, Rut se fue a trabajar, se metió en el terreno. Lo más difícil, aun dentro de la iglesia, es conseguir gente que trabaje sin título. Esta mujer se metió en el campo y empezó a trabajar, y Booz –el dueño del campo – la vio, y le preguntó a sus siervos: ¿Quién es esta joven? Le explicaron que era una joven que había venido con Noemí, y se había metido allí a trabajar, sin descanso. Entonces, Booz le mandó a decir que siguiera yendo allí, que no fuera a ningún otro campo. Booz la llamó y le dio de comer y de beber, y dijo a sus empleados: Cuando ustedes vayan recogiendo, suelten espigas para que ella tenga algo que recoger. Y eso es lo que hace el Señor contigo: Cuando tú empiezas a hacer algo, el favor de Dios se activa sobre tu vida. El Señor te ve que estás trabajando, y dice: ¿Quién es este que está trabajando? Y le dicen: No sé quién es, pero llegó esta mañana y se puso a trabajar; no tiene título, pero está trabajando. Y el Señor dice: Vamos a bendecirlo.
Tu bendición está atada a la diligencia y a la responsabilidad. En medio de tu crisis, hay algo que tienes que hacer; y, tan pronto te actives, el favor de Dios se va a derramar sobre tu vida.
Otro principio que necesitas para transformar las crisis, las adversidades en bendición es ser humilde y sumiso. Noemí le dice a Rut: Esto es lo que vas a hacer: Te vas a bañar, te vas a vestir, y te vas a perfumar. Rut pudo haber cuestionado las instrucciones de Noemí. Pero aquella mujer era humilde y sumisa, y le dijo a su suegra: Yo voy a hacer todo lo que tú me mandes. Hay un gran secreto en este acto y es que, cuando tú estás dispuesto a aceptar el plan de Dios, él te va a usar para transformar las adversidades en plenitud.
No es tu plan, no es tu idea, no es tu concepto el que va a transformar la situación. Hay gente que se creen tan seguros por lo que saben, que nunca puede escuchar lo que Dios está diciendo. Si el rey David tuvo éxito en su vida, es porque era un hombre humilde y sumiso para aceptar el plan de Dios. Él sabía que su éxito dependía de que él fuera humilde y pudiera aceptar lo que Dios le estaba diciendo que hiciera. Por eso, cuando robaron sus mujeres, sabiendo pelear, no teniendo que preguntarse si perseguirlos o no, fue y buscó la dirección de Dios. Él sabía que, si era humilde y obediente, y se sometía al plan de Dios, era ese plan el que traería el éxito. David preguntó: ¿Los persigo? Dios pudo haber dicho que no, y David no los hubiese perseguido, pero no porque Dios no se los fuera a entregar, sino confiando en que Dios entonces los traería.
Sé obediente, sé humilde. El plan de Dios es el que te va a traer el éxito. No es tu conocimiento, lo que tú sabes, lo que has aprendido. Puede ser que Dios te haya usado de una manera hoy, pero mañana puede usarte de otra. Por eso, es importante el plan de Dios.
En medio de la crisis que tú estás viviendo hoy, Dios tiene el plan perfecto para transformarlo de la crisis, de la adversidad, a la bendición.
Además, necesitas valentía para ser usado por Dios para transformar la adversidad en plenitud. Noemí le dijo a Rut que se preparara para entrar a la tienda de Booz y acostarse a sus pies. Esto era algo que hacían los sirvientes; se acostaban a los pies de sus amos, por cualquier cosa que se les ofreciera. Rut pudo pensar que la sacarían de allí, si hacía esto; pero hizo lo que Noemí le indicó.
El problema con muchos que no pueden ser líderes transformadores es que les falta valentía, determinación, para hacer lo que Dios les está mandando a hacer. Pero son los valientes los que pueden transformar las circunstancias difíciles en bendición; aquellos que se atreven a entrar donde Dios les está diciendo.
Y hoy Dios te dice: Prepárate, para que entres a lo que tengo para ti, a aquello que va a transformar tu crisis en plenitud. 

EL NUEVO PACTO

Los cristianos debemos vivir de manera diferente, pero este no siempre es el caso. A través de la historia, hemos sido incapaces de cumplir nuestro compromiso con Dios. Hablamos de vivir esta vida pura para Dios, pero la verdad es que nuestra carne es débil, y fallamos. Entonces, la culpa y la condenación nos llevan a pensar que Dios no quiere nada con nosotros.
La gente no se acerca a Dios, porque el sentido de culpa los separa de él. Por esto, muchos dicen que irán a la iglesia, cuando estén haciendo las cosas bien. Lo que ellos no saben es que, aun los que estamos dentro de la iglesia, no necesariamente estamos haciendo bien las cosas. Todos estamos mal. El hombre nace siendo pecador; la diferencia es que unos luchan con unas cosas, y otros luchan con otras. Todos luchamos contra la naturaleza humana, camino a la perfección, cada cual luchando con alguna cosa.
El problema es que la culpa y la condenación nos separan de Dios. Por eso, algunos prefieren ni intentar vivir la vida divina, vivir como la sal de la tierra, porque saben que, en algún momento dado, van a fracasar.
Todos, en algún momento dado, hemos sentido que le hemos fallado a Dios. Y, cuando vemos la Biblia, desde el Antiguo Testamento, si hay algo que hay que admirar de Dios, es que nunca se ha rendido con el hombre. En la primera experiencia en que vemos a Dios con el hombre, le vemos cogiendo lodo del piso para formar a Adán; porque a Dios nunca le ha importado meter su mano en la tierra, en el polvo, en el fango de tu vida, con tal de formarte, de moldearte a su imagen. A Dios nunca le ha importado meterse en la vida del hombre, aun en medio de los peores problemas. ¿Adán falló? No hay problema, levantó a Set; después levantó Noé, quien también falló; levantó a Abraham; después, a Moisés. Dios nunca ha tenido problema en meterse con el hombre, en cambiar al hombre, en transformar al hombre. Dios no se ha rendido contigo. Otra gente se rindió hace tiempo, te dio por perdido, pensando que tú jamás vas a cambiar; pero el Dios Todopoderoso, a cada rato, mete la mano en tu reguero para tratar de sacarte y dejarte saber que él tiene un plan más grande para tu vida y que tú puedes vivir haciendo la diferencia.
Dios sabe que, naturalmente, la ley no la podíamos cumplir. En Jeremías 31:29-30, dice: 29 En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera,30 sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera. Estos versos pueden parecer de maldición, pero lo que Dios está diciendo es que llegaría el día en que los hijos ya no tendrían que pagar las consecuencias por los pecados de sus padres. Dios dice que llega el momento donde tú no vas a tener que pagar las consecuencias de los errores del pasado, de los errores de tus padres. ¿Qué es lo que pasa en los gobiernos? Que se nos dice que, por las decisiones erróneas de otros en el pasado, ahora tenemos que seguir pagando las consecuencias. Pero, en el mundo espiritual, hay un día donde tú puedes declarar que eres libre.
Tú no tienes que seguir viviendo bajo las consecuencias de las cosas que hicieron tus padres. Tú eres una persona libre. Ahora, la pregunta es, si tus padres fallaron, ¿cómo tú no vas a fallar? Si tus padres no pudieron cumplir con el pacto, ¿qué te asegura que tú lo vayas a poder cumplir? Y es entonces que Dios dice:
31 He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. Jeremías 31:31-34
Dios dice que un día va a bautizarte de manera tal que pondrá sus leyes en tu mente y en tu corazón, de manera que no tengas que andar preguntando si estás haciéndolo bien o no. Dios va a tratar contigo de manera tan personal, que va a poner sus leyes en tu mente y corazón, y no se va a acordar de tus pecados.
El día más glorioso de una persona es cuando su mente y su corazón están llenos de Dios, y se da cuenta que Dios no se acuerda de su pasado. Cuando Dios te mira a ti, no mira quien tú eres, ni quien eras; mira a Cristo. Y, después de Cristo, no puede mirar más nada, porque la memoria de Dios llegó hasta ahí. 

INFLUYE BENDICIÓN

En Mateo 5, Jesús comienza hablándole a sus discípulos, diciéndoles cuan bienaventurados o bendecidos eran, a pesar de todas las dificultades y problemas que pudieran tener, porque tenían una posición envidiable. En los versículos siguientes continúa diciéndoles:
Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5:14-16
En estos versículos, Jesús combina 2 expresiones, ideas o imágenes, comparando a quienes le siguen, a una luz y a una ciudad asentada. Si se intenta resumir estos versos en una palabra, la palabra sería influencia. Dios ha llamado a sus hijos a ser gente de influencia, gente que influencie a este mundo, que marque a este mundo.
Hoy día, la iglesia tradicional evangélica –y aun parte de la contemporánea moderna– ha adaptado cosas del pasado, como el concepto de guerra espiritual, por ejemplo. En la vida, existen cosas con las que se tiene que batallar, pero no podemos vivir tan enfocados en la batalla, que se llegue al extremo en que ya no se puede ver la verdadera identidad del creyente, menospreciándose. Piensa en esto: Jesús dijo que sus discípulos son la luz del mundo, pero ¿la luz pelea con las tinieblas? Cuando la luz se hace presente, se va la oscuridad y todo queda en orden.
Si observas a un grupo de hermanos solos en una habitación, tal vez en algún momento comiencen a portarse mal entre ellos mismos, pero al momento en que aparece el padre o la madre, se callan y se enderezan. Si esto no sucede, ese padre o madre ha perdido toda influencia sobre sus hijos. Esto demuestra que a sus hijos no les importa nada de lo que sus padres dicen. Cuando un padre entra a una habitación, donde hay desorden y conflicto, debe haber una reacción.
De la misma manera debe ser en el mundo espiritual, que cuando un cristiano entre a algún lugar que se encuentra en desorden las cosas caigan en su lugar. Cuando un cristiano llegue a una compañía, la compañía debe mejorar; cuando llegue a una casa, la casa debe ser feliz; cuando llegue a un lugar, las cosas deben cambiar, deben mejorar. Así debe ser la influencia del cristiano en esta vida. La presencia del cristiano debe cargar tanta autoridad que influencie a aquellos que están a su alrededor.
El problema de muchos es que son tan débiles, que permiten ser influenciados por todo. Todo los daña, no tienen ningún tipo de fortaleza. Se pasan la vida diciendo, echándole la culpa o lo que otro hizo, a lo que otro dijo. Si tú eres uno de estos, tiene que haber un momento donde digas: Se acabó, voy a vivir bajo lo que Dios hizo en mí, voy a cambiar mi vida y voy a ser de influencia para otro; cuando yo llegue a un lugar las cosas tienen que cambiar.
A muchos les cuesta creer que, como cristianos, tienen la capacidad de ser influencia y provocar cambios positivos; no entienden cómo esto puede ser posible para ellos. Pero cree que Dios te hizo a ti para que tú seas un factor, un agente de cambios en todo lo que está a tu alrededor. 

LEVÁNTATE Y RESPLANDECE

El momento de oscuridad es el momento que te prepara para enfrentar al mundo cuando Dios te reconozca. Si David no hubiese estado detrás de las ovejas, no hubiese podido matar a Goliat con una piedra. Si lo que sabes es tirar piedras, hazlo para la gloria de Dios, aunque hoy estés en lo oculto. Son esos momentos donde tú tienes que permitir que sea Dios quien trabaje contigo, y que él señale en tu vida el momento de tu salida de ese lugar.
No fuimos hechos para estar escondidos. Lo que pasa es que hemos querido escondernos, por no causar problemas. La iglesia toma uno de dos extremos: El de acusar –haciendo el ridículo – o el de escondernos y no querer meternos, para no ofender a nadie. Ni uno ni el otro. La obra que Dios está haciendo en tu vida es para que el mundo la vea y le dé la gloria a él.
En Isaías 60:1, en adelante, Dios le habla a la iglesia: 60  Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.3 Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.4 Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos.5 Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti.
De esta escritura se desprende que Dios sabe que hay momentos de oscuridad, él reconoce eso; pero hay un día donde nace en nosotros la gloria de Jehová. Viene el día de tu alumbramiento y, cuando eso pase, todo va a cambiar. El hecho de que tú despiertes, te levantes y resplandezcas, no evita que las tinieblas cubran la tierra; pero hace que la gente no se deje llevar por las tinieblas, sino por la luz que ha nacido sobre tu vida.
Somos nosotros los que tenemos la posibilidad, porque en nosotros ha nacido la luz de Cristo. La oportunidad de tu país y de nuestras naciones no viene por el gobierno. Civilizaciones han venido y han desaparecido; ciudades han sido establecidas, y han desaparecido; naciones han desaparecido, animales se han extinguido, gobiernos han caído, corporaciones se han formado, y ya no existen; pero hay algo que nunca va a desaparecer, porque la Biblia dice que las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia. Dios siempre ha levantado a un pueblo poderoso, en medio de la oscuridad. Tú perteneces al grupo más poderoso, al grupo que te da seguridad, al grupo que permanece por la eternidad. La iglesia nunca va a desaparecer, porque en nosotros ha nacido la luz de Cristo. Todo lo que hace falta es que despiertes a esa realidad; a la realidad de que, porque en ti ha nacido la luz de Cristo, tus hijos regresarán, tus hijas serán llevadas en brazos, las riquezas llegarán a ti, las naciones vendrán a ti, la gente verá tu luz, y Dios hará contigo lo que el mundo no puede hacer.
La única posibilidad que tú tienes de despertar, y de salir de lo oculto, y de experimentar ese momento divino donde Dios te saque y te señale, es permitiendo que sea la luz de la palabra la que ilumine tu corazón; no las experiencias de otro, las vivencias de otro, las aspiraciones de lo que otro tiene, lo que otro ha pasado. Aspira a tus propias experiencias personales con Dios. Deja que la palabra te hable, deja que sea Dios quien dirija tu vida.
En Juan 8:12, Jesús dice a sus discípulos: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. ¡Qué grande poder caminar con la luz de la vida! Los problemas, las circunstancias, no tienen que cambiar –aunque van a cambiar – si tú caminas en esta vida, con la luz de la vida. Si en esta vida tú puedes ver luz, tienes posibilidad de caminar en este mundo, sabiendo para dónde vas.
Más adelante, en Juan 12:35, Jesús dijo a sus discípulos: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va. Gloria a Dios que nosotros sabemos para dónde vamos. Antes, cuando no le servías a Cristo, no sabías para dónde ibas; pero, desde el día que nació en ti la luz de la vida, sabes para dónde vas. A veces, las tinieblas nos sorprenden, nos llegan momentos difíciles, momentos en los que no sabemos para dónde vamos o qué va a pasar; un divorcio, una mala noticia que, de repente, te mostró un futuro totalmente destruido, y pensaste que estabas acabado; pero qué poderoso y qué grande es saber para dónde vamos. Nosotros sabemos que, aun cuando las tinieblas nos sorprenden, en nosotros se despierta la luz del mundo, y podemos caminar hacia esa luz.
Y continuó diciendo Jesús: 36 Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. La clave es muy sencilla: Tener la luz, que es Cristo; y creer en esa luz. Cuando tienes la luz, y crees en ella, las tinieblas no te van a aturdir.
Camina como un hijo de Dios en esta tierra. No tienes que estar buscando ser descubierto; confía en que, un día, Dios te descubrirá delante del mundo y, cuando él lo haga, no te podrás esconder, porque será para su gloria. 

JUAN Y SU VISIÓN DE CRISTO

Cuando Juan giró sobre sí para ver quién le estaba hablando (Apocalipsis 1:12), vio siete candelabros de oro y una persona en medio de ellos, de quien enumera diez detalles muy descriptivos. A continuación enumeramos cada una de las características de la visión de Juan junto con su significado bíblico:
  1. “Uno semejante al Hijo del Hombre” indica que esta persona no era una grotesca criatura sobrenatural sino que tenía apariencia humana. La expresión “Hijo del Hombre”, que Jesús utilizó frecuentemente para referirse a sí mismo, se usa para mencionar al Mesías en los cuatro Evangelios y en Daniel 7:13.
  2. “Vestido de una ropa que llegaba hasta los pies”. Era muy común entre sacerdotes el vestir túnicas largas para ministrar en el lugar santo del templo. Jesús es nuestro gran sumo sacerdote en nuestra relación con Dios  (Hebreos 2;17; 3:1).
  3. “Ceñido por el pecho con un cinto de oro” se refiere a un antiguo símbolo mundial de fuerza y autoridad. El trabajador común vestía una túnica corta y holgada. Solo las personas con autoridad usaban un cinto (ver Mateo 28;18).
  4. “Su cabeza y sus cabellos eran blancos con blanca lana, como nieve”transmite una idea de antigüedad y nos recuerda  la visión de Daniel 7:9-13, donde se llama a Cristo el “Anciano de días”. La blancura también alude a la justicia de Dios.
  5. “Sus ojos como llama de fuego”. La construcción en griego significa literalmente “sus ojos lanzaron fuego”, lo que indica que Cristo estaba indignado por la indiferencia, en algunos casos, de las iglesias apóstatas. Cuando la Iglesia de Jesucristo no es lo que debería ser, se enciende la indignación de Cristo.
  6. “Sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como un horno”. El simbolismo del bronce  nos habla de juicio y nos recuerda el altar de bronce del tabernáculo donde se juzgaba el pecado.
  7. “Su voz como estruendo de muchas aguas”. Quien  se encuentre al borde o en la rompiente de una gran catarata, se verá aturdido y completamente abstraído por el ruido ensordecedor de las aguas agitadas. Esta imagen parece indicar la actitud del Hijo de Dios cuando venga a juzgar en el día del Señor. En aquel día, todas las otras voces se acallarán ante la resonante y abrumadora voz del Hijo de Dios.
  8. “Tenía en su diestra siete estrellas”. El Señor mismo interpreta esto en el v. 20: “las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias”. La palabra griega que se traduce por “ángeles” significa literalmente “mensajeros”. Algunos creen que aquí  “ángeles” se refiere a los mensajeros (pastores)  escogidos  por Dios para dirigir las iglesias locales. Otra interpretación es que cada mensajero es un ángel real asignado especialmente a dicha iglesia. Esto podría significar que todas las iglesias tienen ángeles de la guarda, de la misma manera que Cristo dijo que los niños pequeños los tienen (Mateo 18:10). 
  9. “De su boca salía una espada aguda de dos filos” Hebreos 4:12 nos dice que la Palabra de Dios es “más cortante que toda espada de dos filos”. Es evidente que la palabra hablada de Cristo arrollará como una espada afilada contra la que no habrá defensa en el día del juicio.
  10. “Su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza” nos habla de la naturaleza divina de Cristo y nos recuerda la descripción de Cristo en el monte de la transfiguración (Mateo 17:2).

ORACIONES POR LA SANIDAD

Mi Hijo sanó toda enfermedad; sin excepciones. No había nada demasiado difícil para Él. No permitas que el enemigo o tu médico te digan que no puedes ser curado. Podría ser incurable para un médico, pero no es incurable mediante el poder y la autoridad de mi Hijo. Mi Hijo sanó a todos los que estaban enfermos, echó a los espíritus con una palabra, y liberó a muchos que estaban poseídos por demonios. Cuando Él envió a sus siervos, les dio poder sobre espíritus inmundos, para expulsarlos y sanar todo tipo de enfermedad y de mal. Él les dijo que dieran gratuitamente, porque mi Hijo les dio gratuitamente. Extiende tu mano para sanar a otros, como yo te he sanado. Muestra a mi pueblo las señales y maravillas que pueden ser hechas en el nombre de mi Hijo Jesús.

Lee Mateo 8:16; Hechos 4:30

 Declaración en oración:

 Padre, alabo tu nombre porque tú no quieres que tus hijos estén enfermos o tengan dolor. Gracias por llenar mi vida de bendiciones y vida abundante. No es tu voluntad que nadie tenga enfermedad y dolor, y confiaré en ti para mi sanidad, y para la sanidad de aquellos a quienes tú me envíes con el mensaje de tu Reino.

Mi Hijo fue despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores y experimentado en tristezas. Él fue despreciado, y el mundo no le estimó. Él llevó tus dolores y tus tristezas. Él fue golpeado y afligido. Él fue herido por tus transgresiones y tus iniquidades. El castigo de tu paz fue sobre Él, y por sus llagas eres sanado. Pero Él resucitó victorioso sobre la enfermedad, el mal y el sepulcro, y mediante su muerte y resurrección, Él ha comprado tu salvación y tu sanidad.

Lee Isaías 53:3-5

 Declaración en oración:

 Padre, por las llagas de Jesús soy sanado. Él tomó mis enfermedades; Él llevó mi dolor. Creo que es la voluntad de Dios para mí que sea sanado. Cuando los enfermos acudían a tu Hijo Jesús en la tierra, Él expulsaba los espíritus con una palabra, y sanaba a todos los enfermos. Debido a tu gran fidelidad a tus hijos, pongo mi confianza en ti y en que si ellos fueron sanados entonces, también tú nos sanarás en el presente.

Cuando las multitudes que tenían enfermedades y dolores acudían a mi Hijo, Él imponía las manos a cada uno de ellos y los sanaba. Cuando la mujer que tenía un espíritu de enfermedad durante dieciocho años llegó a Él, incapaz de incorporarse, Él la llamó a acercarse, le impuso sus manos, e inmediatamente ella se puso derecha. Cuando mi siervo Pablo vio que el padre de uno de sus seguidores estaba enfermo, oró, le impuso sus manos y lo sanó. Mi poder de sanidad está a disposición de mi pueblo mediante la imposición de manos. Confía en mi capacidad de sanar a mi pueblo mediante la imposición de manos.

Lee Mateo 19:15; Lucas 13:11-13; Hechos 28:8

 Declaración en oración:

 Padre, permite que tu poder sanador fluya a mí y por medio de mí mediante la imposición de manos. Dame fe para creer en tu poder, y muéstrame quiénes son tus humildes siervos que pueden ayudarme a encontrar mi sanidad imponiéndome las manos. Equípame con tu poder y autoridad para que pueda yo satisfacer las necesidades de quienes acudan a mí y me pidan que ore por su sanidad.