LAMPARA


Mujer, tu lámpara puede verse hermosa por fuera… pero lo que realmente la mantiene encendida es el aceite que llevas dentro.

En la parábola de las diez vírgenes, todas parecían preparadas. Todas tenían lámpara. Todas estaban esperando. Pero solo cinco tenían reserva. Solo cinco pensaron más allá del momento. Solo cinco cuidaron su provisión interior.


Así también en la vida:

No basta con decir que creemos.

No basta con asistir, servir o aparentar fortaleza.

Lo que sostiene tu luz es tu relación real con Dios.


Habrá temporadas donde el “esposo tarda”.

Oraciones que parecen demorarse.

Promesas que aún no se cumplen.

Y en esa espera, muchas se cansan… muchas descuidan el aceite.


Pero mujer sabia es la que, aun en silencio, sigue llenando su vasija.

Ora cuando nadie la ve.

Confía cuando no entiende.

Permanece cuando otras se distraen.


Porque llegará el momento en que se escuche el llamado.

Y no se trata de correr a buscar lo que no cultivaste.

Se trata de estar lista.


Que tu fe sea cultivada.

Que tu paz no dependa de otros.

Que tu lámpara no dependa de la emoción del momento.


Cuida tu aceite.

Protege tu intimidad con Dios.

Mantente preparada.


Mateo 25:1–13