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NO TODO PROCESO TERAPÉUTICO TE LLEVA A CRISTO








 


EL CODIGO DE BETESDA

¿SABÍAS QUE JESÚS ENTRÓ AL LUGAR MÁS DEMONÍACO Y SUCIO DE LA CIUDAD PARA SANAR A UN SOLO HOMBRE? EL MISTERIO DEL DIOS ASCLEPIO....


En Juan 5, leemos la famosa historia del paralítico de Betesda. Nos cuentan que había un estanque con cinco pórticos donde una multitud de enfermos esperaba que "un ángel moviera el agua", porque el primero que se metía, quedaba sano. Jesús va, encuentra a un hombre que lleva 38 años paralítico y lo sana con una sola palabra.


Siempre hemos pensado que Betesda era un lugar santo, un estanque de milagros aprobado por Dios. Pero la arqueología y la historia nos muestran un escenario aterrador y oscuro.


EL CÓDIGO: EL ASCLEPEION (Ἀσκληπιεῖον)


Las excavaciones arqueológicas en Jerusalén revelaron que Betesda no era un sitio judío de adoración. ¡Era un Asclepeion! Un templo pagano y hospital dedicado a Asclepio, el dios griego y romano de la medicina (cuyo símbolo era una serpiente).

El lugar estaba lleno de estatuas de dioses falsos. La creencia de que "un ángel" movía el agua era una superstición pagana; los sacerdotes romanos a veces soltaban serpientes en el agua, o abrían válvulas subterráneas para que el agua burbujeara, engañando a los enfermos desesperados.


El hombre paralítico llevaba 38 años metido en un culto falso, rodeado de idolatría, esperando un milagro de un dios de piedra que nunca le respondió. Era un lugar impuro donde ningún rabino judío decente pondría un pie. ¡Y ahí es exactamente a donde fue Jesús!


ÉL NO ESPERA A QUE ESTÉS EN LA IGLESIA PARA BUSCARTE


Jesús no se quedó en la sinagoga esperando a que el paralítico fuera a buscarlo.


APLICACIÓN


A veces la religión nos enseña que Dios solo se mueve en lugares "santos", con luces perfectas y música de adoración. Y pensamos que las personas que están metidas en adicciones, en brujería, en lugares oscuros o en la desesperación del mundo, están demasiado lejos para que Dios las alcance.


¡El código de Betesda destruye esa mentira! El Rey del universo no le tiene asco a tu oscuridad. Él cruzó la puerta de un templo pagano, pisó el suelo sucio de la superstición, y caminó entre la multitud engañada solo para encontrarte a ti. Si hoy estás en tu punto más bajo, esperando milagros falsos de lugares equivocados (dinero, relaciones tóxicas, vicios), no tienes que "limpiarte" primero para que Dios te ame. ¡Cristo entra hoy a tu propio infierno para decirte: "Levántate, toma tu lecho y anda"!


HERIDAS DE LA INFANCIA











 

SÁLGASE DE ESE POZO

Beth Moore quiere que los lectores sepan que si Dios pudo sacarla a ella del pozo, Él puede sacar ¡a CUALQUIERA. Ella admite que no era sólo una visitante. 

Esta ex moradora del pozo tuvo que ser liberada de un sinfín de impurezas acumuladas por la vida, oscuridad aterradora, ira sofocante, desesperación dolorosa y confusión ensordecedora del intelecto. 


Las lecciones permanentes que aprendió durante su desesperación y que ahora comparte en este libro son lecciones de esperanza para todas nosotras. 

Aunque entiende profundamente el cómo y el porqué de la vida en el "pozo", ella continuamente dirige a sus lectoras a la liberación que les aguarda. La liberación es para todos dice ella. 

No importa cómo caíste allí, no importa el tiempo que hayas estado allí, si creas que lo merezcas o no. Y con su estilo franco, directo y amoroso a la vez, ella les recuerda a sus lectoras que la liberación puede comenzar hoy mismo.

DIOSES EN GUERRA

En Dioses en guerra, Kyle Idleman, autor del libro best seller No soy fan, ayuda a todos los creyentes a reconocer que hay falsos dioses que luchan dentro de cada uno de nosotros, y se disputan el lugar de la gloria y el control en nuestra vida. Lo que nos impide seguir verdaderamente a Jesús es que nuestro corazón anda tras algo o alguien distinto. Aunque tal vez eso que buscamos no sea como las “imágenes talladas” del pasado, en realidad son los ídolos de la vida moderna. 

Detrás del pecado con el que estás luchando, el desaliento al que te enfrentas y la falta de propósito con la que estás viviendo, hay un dios falso que está ganando la guerra por el control de tu corazón.Según Idleman, la idolatría no es un problema; es el problema. A base de hacer unas profundas preguntas, Idleman revela cuáles dioses falsos está permitiendo cada uno de nosotros que ocupen el trono de nuestra vida. 

¿Para qué te sacrificas? ¿Qué te hace enojar? ¿Qué te causa preocupación? ¿De quién anhelas recibir el aplauso? Todos estamos programados para la adoración, pero con frecuencia terminamos valorando y honrando a los ídolos del dinero, el sexo, la comida, el romance, el éxito y muchos otros, que nos alejan de la relación íntima con Dios que queremos tener.

Dioses en guerra, utilizando los testimonios reales, poderosos y sinceros de aquellos que han tenido que luchar en cada uno de estos aspectos, ilustra un claro camino para alejarnos del quebrantamiento de corazón de nuestra idolatría del siglo 21, para volver al corazón de Dios, capacitándonos para ser realmente unos seguidores de Jesús totalmente consagrados.

UNA REVELACIÓN DIVINA DE LA LIBERACIÓN

Muchos cristianos se preguntan por qué no han podido vencer al pecado, a las tentaciones, y por qué están sufriendo con problemas recurrentes, en su salud, sus finanzas, y en sus relaciones. Una Revelación Divina de la Liberación expone todas estas tácticas de satanás.

A través de las escrituras, visiones de la guerra espiritual, y encuentros personales con las fuerzas espirituales del mal, Mary K. Baxter descubrió verdades poderosísimas que pueden ayudarte a:

Vencer el temor que tienes del enemigo
Reconocer y conquistar las trampas satánicas 
Obtener la victoria sobre los pecados y los fracasos
Ser libre de ataques inexplicados
Interceder por la liberación de otros

Ésta es una guerra que debe ser peleada con el poder y las armas sobrenaturales de Dios.

LA SANGRE EN LOS POSTES DE LA PUERTA

¡Experimente el Poder Liberador de Jesucristo!

La salvación en Cristo debería traer libertad al pueblo de Dios. Sin embargo, muchos sufren innecesariamente por no entender lo que enseña la Biblia sobre cómo lograr una vida victoriosa. En este curso avanzado de guerra espiritual, aprenderá cómo ayudar a otros a superar:
  • Malas relaciones
  • Ira y resentimiento
  • Miedo
  • Negativa a perdonar
  • Culpa
  • Depresión
  • Sectas
  • Drogadicción
  • Conexiones con el ocultismo y la brujería
Bill Schnoebelen han brindado consejería a cientos de cristianos guiándolos a la victoria — cristianos que, a pesar de las mejores intenciones de ministros y amigos, no habían obtenido la libertad que tan desesperadamente necesitaban. 

Pastores, matrimonios, personas solteras y adolescentes han hallado el poder liberador de Jesucristo después de años de sufrimiento y dolor... ¡y usted puede encontrarlo también!

Capítulo 1 - "Los Gritos Más Tiernos" 
Capítulo 2 - "¡Si No Se Van, Llamaré a la Policía!" 
Capítulo 3 - En el Sofá con el Dr. Frankenstein 
Capítulo 4 - Aprendiendo a Desatar las Ataduras 
Capítulo 5 - "Legión me llamo, porque somos muchos" 
Capítulo 6 - Puñaladas en la Oscuridad 
Capítulo 7 - El Sueño de la Serpiente 
Capítulo 8 - La Maldición de Moloc 
Capítulo 9 - Meditaciones Antes de la Batalla 
Capítulo 10 - El Caso de la Aguja en el Pajar 
Capítulo 11 - "Higiene Espiritual" 
Capítulo 12 - El Manual de Armas del Cristiano 
Capítulo 13 - ¿Le Falta Parte de su Armadura? 
Capítulo 14 - Drogas y Entradas 
Capítulo 15 - "Como Uno que Tiene Autoridad" 
Capítulo 16 - Poniéndole Dientes a la Iglesia Otra Vez
Capítulo 17 - Maldito Sea el Lazo que Ata 
Capítulo 18 - Entrando en el Proceso de Liberación 
Capítulo 19 - ¡Destruyendo las Fortalezas de Satanás!
Capítulo 20 - El Seguimiento 
Capítulo 21 - Problemas de la Iglesia en General
Apéndice 1 
Apéndice 2 
Apéndice 3 
Apéndice 4 
Apéndice 5 
Apéndice 6 
Notas Bibliográficas 


CIRUGÍA DE LA MENTE

Resultado de imagen para CIRUGÍA DE LA MENTEEn mi caminar con el Señor he descubierto que uno de los mayores obstáculos para mantener un estilo de vida puro, es mi propia mente. Si dejo de pensar en cosas que me acercan a Dios y persisto en tener una mentalidad negativa, fácilmente puedo sentir una lejanía en mi comunión con el Espíritu Santo. Hay un pasaje en Romanos 12:2 que he aprendido a atesorar en mi corazón y dice: «Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto» (RVC). Cuando mi proceso de pensamiento se aleja de la voluntad de Dios, también lo hago yo. Como dice en Proverbios 23:7, versión Reina Valera Revisada de 1960: «Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él». Curiosamente, la versión Reina Valera Actualizada de 2015 dice: «Porque cual es su pensamiento en su mente, tal es él».

Una de mis expertas favoritas en este tema es la Dra. Caroline Leaf, una neurocientífica quien ha dedicado su vida al estudio e investigación del cerebro humano, y cuyos hallazgos brindan evidencia de cómo la ciencia valida la Palabra de Dios. En su libro Switch on Your Brain [Prende tu cerebro] da explicaciones detalladas del proceso de pensamiento y sus efectos en nuestro cuerpo, alma y espíritu. Se ha hallado evidencia de que los pensamientos literalmente forman materia física en el cuerpo. También explica cómo el tener pensamientos positivos dirigidos, ayuda a construir un cuerpo mejor y más saludable, mientras que tener pensamientos negativos recurrentes causan un declive en nuestra salud.

La Dra. Leaf dice que nuestra mente es la que controla nuestro cuerpo, y no vice versa. En sus palabras: «La materia no nos controla; nosotros controlamos la materia mediante lo que pensamos y escogemos. No podemos controlar los eventos y las circunstancias de la vida, pero sí podemos controlar nuestras reacciones». Ella también establece que cuando se trata de sanar patrones de pensamiento para vivir un estilo de vida saludable, nosotros juntamente con Dios, somos creadores de nuestro destino y «Dios guía, pero nosotros debemos escoger permitir que Dios dirija». Al hacer esto, adoptar buenos patrones de pensamiento y enfocarnos en cosas buenas, verdaderas, honestas u honorables, justas, puras, amables, de buen nombre, virtuosas, y dignas de alabanza» (Filipenses 4:8), en esencia nos convertimos en nuestros propios «microcirujanos» cambiando los circuitos de nuestro cerebro a través del pensamiento. Aquí hay una cita maravillosa la cual ciertamente cambió mi manera de pensar al respecto:

«Nuestras elecciones, las consecuencias naturales de nuestros pensamientos e imaginación, se meten “bajo la piel” de nuestro ADN y pueden prender o apagar ciertos genes cambiando la estructura de las neuronas en nuestro cerebro. Así que nuestros pensamientos, imaginación, y elecciones pueden cambiar la estructura de nuestros cerebros en todos los niveles: moleculares, genéticos, epigéneticos, celulares, estructurales, neuroquímicos, electromagnéticos, y hasta subatómicos. A través de nuestros pensamientos, nosotros podemos ser nuestros propios neurocirujanos y tomar decisiones que cambian los circuitos de nuestros cerebros. Estamos diseñados para hacer nuestra propia cirugía cerebral». 

Ella más allá expone que esta creación de material genético que se forma con nuestros pensamientos es pasada a través de nuestro ADN, ¡impactando las próximas cuatro generaciones! De esta manera afectamos a nuestro linaje, y a su vez también somos directamente afectados por los procesos de pensamiento repetitivo, y la acciones que estos causaron, que adoptaron nuestros antepasados, ¡desde nuestros tatarabuelos! Esto es un hecho ciertamente muy sorprendente y revelador.

Al saber esto, podemos ver que hay un mayor nivel de responsabilidad sobre cada uno de nosotros, de acercarnos más a Dios mediante la renovación de nuestra mente, y enfocarnos en Dios, su Palabra y su voluntad para nuestra vida, no sólo por nosotros mismos, sino por aquellos que vendrán más adelante en nuestro linaje.

Tal vez te estarás preguntando, ¿cómo entonces puedo arreglar mis pensamientos? Bueno, la respuesta es simple. Se logra al enfocar nuestros pensamientos en Jesucristo, orar, reflexionar, y sostenernos de la Palabra de Dios. Cada vez que sentimos que un pensamiento contrario o malo llega a nuestra mente, debemos entonces llevar «cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Corintios 10:5) y orar, pidiendo a Dios que llene nuestra mente con su presencia. Adicional a eso, la mejor manera de tener una abundancia de pensamientos buenos y puros es leer y estudiar la Biblia regularmente.

Créeme, puedo decirte por experiencia que cuando mi mente lucha para mantenerse en el camino correcto, el Espíritu Santo siempre trae a mi memoria una Palabra de la Biblia en el momento justo y perfecto para ayudarme a enfocarme en lo correcto. Al atrapar nuestros pensamientos y someterlos a Jesucristo, podemos traer paz a nuestros espíritus y así poder sintonizarnos con la voz de Dios.

Por último, mantente lejos de las cosas que alimenten los malos pensamientos, y por ende malos comportamientos. Si estás pasando por un proceso de restauración, mantente alejado de gente, relaciones, objetos, hábitos, y lugares que te hagan propenso a caer de nuevo. Por ejemplo, alguien que se encuentre en el proceso de ser restaurado de una adicción a la pornografía no debe frecuentar sitios de internet o canales de televisión que presenten ese tipo de contenido; de hecho, lo mejor sería bloquearlos del todo. Si por ejemplo, alguien está en proceso de restauración de la adicción a las drogas o al alcoholismo, no debe frecuentar lugares ni personas que lo habiliten para hacerlo; más bien, debe enfocarse en tomar tiempo buscando a Dios, orando, y leyendo su Palabra para fortalecerse contra la tentación.

No hay mejor lugar para estar que la presencia de Dios. Cuando nos acercamos a Dios, Él se acerca a nosotros (Santiago 4:8). La clave para la restauración y la sanidad interior es mantenerse cerca de Dios, reconociendo que somos débiles y Él es fuerte. Sólo Él nos puede hacer de nuevo si se lo permitimos.

DE VÍCTIMA A DUEÑO DE TU VIDA

Dentro de la experiencia psicológica, Jesús conocía y estaba muy claro de cuán complejo puede ser asumir control sobre nuestras emociones. Pero a la vez, dominarlas es totalmente posible. A lo largo de mi vida, me he dado cuenta que las personas se sienten muy frustradas con la falsa idea de que las emociones les dominan y que no tienen ningún control sobre éstas.
Todos pasamos por situaciones en la vida que nos conducen a estar bajo los mantos de la tristeza y la inseguridad. No existe la persona que cuando llegan las experiencias de dolor, traición y pérdidas, no sienta desolación y angustia. Jesús, en su experiencia humana, también lo vivió.
Hay quienes, mostrando dificultad para excavar en lo interior, ponen barreras y encierran los asuntos emocionales en un baúl. Esos asuntos quedan encerrados, pero no resueltos. Existen las personas que lloran hacia adentro y no hacia afuera. Y mientras no se resuelvan para darle una conclusión saludable a las experiencias de dolor, quedarán ahí y saldrán de alguna manera. Lo complejo de esto es que pueden salir con una depresión, dado a que muchas depresiones son resultado de tristezas acumuladas que fueron reprimidas.
Las personas que logran superar las limitaciones psicológicas son más saludables, lindas, emprendedoras, inteligentes y, sobre todo, felices. Quien se aferra a la filosofía de que la vida es bella y que, por encima de las dificultades que se presenten, vale la pena vivirla, se convierten en agentes transformadores de su realidad y viven de manera plena.
Nuestro amado Señor Jesús, sin lugar a dudas, fue un luchador y combatiente de la tristeza. Psicológicamente hablando, todos los días se le presentaban situaciones complejas que eran para que viviera en una depresión constante. Era perseguido, criticado, tentado, traicionado y probado. Sin embargo, se proyectó en control de sus emociones y con una personalidad balanceada. Y no solo para Él, sino que también lo promovía en los demás.
Esto lo vemos claramente en el momento en que Jesús estaba próximo a morir y los discípulos estaban a punto de tener la gran pérdida de su Maestro. Jesús debió haber estado sufriendo dentro de sus procesos emocionales, porque iba a partir y sabía que se enfrentaría a un martirio físico y psicológico. Sin embargo, buscó producir alegría en un momento de tristeza. En medio de su oración, habla de felicidad. Él dijo: “…para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos” (Juan 17:13). ¿Cómo puede alguien hablar de alegría cuando está tan cerca de tal ejecución? ¿Cómo puede alguien hablar de placer emocional cuando se ha conspirado tan injustamente en su contra? Lo hizo así porque esta gran lección no solo era para los discípulos, sino también para ti y para mí. Por encima de cualquier situación, podemos abrazarnos esencialmente a la actitud de hablar de gozo.
Jesús sabía que después del proceso tan doloroso que estaba próximo a vivir, vendría una victoria que no tendría final. Él sabía lo que el Padre haría. Por eso, querido lector, si en estos momentos estás pasando una prueba y estás sufriendo, evalúa dentro de la tristeza, ¿qué es lo que no estás creyendo que Dios pueda hacer? Recuerda que nada es difícil para Dios y que no existe, ni existirá la montaña que no pueda ser movida con su poder.
Hay personas que utilizan la postura de “víctimas”. Cuando hacen esto están perpetuando la tristeza. La “postura de víctima” es una postura mental en la que la persona está teniendo un modo subjetivo de interpretar los sucesos insatisfactorios de su vida, de modo tal que siempre ella termina siendo la damnificada y los demás terminan siendo siempre los culpables que le han hecho daño.
Desde la perspectiva psiquiátrica, Jesús tenía todos los elementos para sentirse víctima. Sin embargo, nunca se reflejó a sí mismo como tal. El hombre que cargó sobre sí mismo el peso de las faltas de todo el mundo, se mostraba en control de sus emociones. De hecho, fue una persona bien valiente y esforzada, que es lo contrario a ser víctima. Personalmente, Jesús tenía convicciones e ideas muy distintas a las de la sociedad que le rodeaba. Él rompía los paradigmas de esa cultura y de ese momento histórico, y hablaba de lo que creía con mucha tenacidad.
También demostró que impulsaba a sus seguidores a no ser víctimas tampoco. Los que estaban en posiciones de poder le temían al mayor pacificador de todos los tiempos, precisamente porque impulsaba a la gente a transformarse en personas activas y siempre provocaba que la gente hablara de sus pensamientos. Queda claro, en todos los Evangelios, que Jesús enseñaba preguntando. Él estimulaba el autocontrol y la inteligencia para que pudieran liberarse. A quienes, precisamente, eran considerados como marginados, despreciados y víctimas de la sociedad, fue precisamente a quienes el Señor revolucionó más.
Jesús levantó a los caídos. Por eso, te invitamos a que si has estado asumiendo un rol de víctima, hoy decidas soltarlo. Nunca vemos al Maestro refiriéndose a las personas como: “víctima”, “pobrecito”, “qué mal te tratan”, “no te mereces esto”, ni ningún otro adjetivo como estos. Si hubiera sido así, solo hubiera logrado que se instalaran en posturas de resignación e indefensión. Jesús de Nazaret les decía: “Levántate”; “camina”; “sal adelante”; “¿qué tú quieres?”.
Jesús sabía que las personas que han adoptado el rol de víctimas, se han transformado en espectadores de su propia vida, en vez de ser los protagonistas. El Señor hizo a las personas protagonistas estelares de sus transformaciones. A tal grado, que a esas personas que empoderó las hizo famosas hasta el día de hoy, y son utilizadas en sermones, conferencias, congresos, películas y libros a través del mundo entero.
A este punto podemos preguntarnos: ¿qué es lo que lleva a una persona a querer asumir el rol de víctima? Hay muchas situaciones que pueden inducir a una persona a adoptar este patrón de comportamiento. Algunas son:
  • Criarse en un ambiente de constante compasión de forma excesiva.
  • Ser sobreprotegido durante sus primeros años de vida.
  • Aprender el papel de víctima de uno de sus padres.
  • No superar emocionalmente la etapa de niño.
  • No tener control sobre lo que le sucede.
Muchos de los que asumen el papel de víctima en forma constante, son aquellos que efectivamente fueron víctimas de algún tipo de abuso en algún momento de su existencia, siendo casi siempre en la niñez, y ese abuso fue emocional, físico o sexual. Aunque el tiempo haya transcurrido, ellos no saben cómo desempeñar otro rol, no han podido superar el pasado y han quedado atrapados en ese papel.
Por lo general, estas personas dan vueltas y vueltas en su mente y así alimentan más y más el pensamiento de que aquello que les está sucediendo es una injusticia o una tragedia. Muchas veces, esta batalla mental logra exteriorizarse, y así encontramos gente que gusta de pasar gran parte del día relatando sus penas y dramas personales.
El perfil psicológico de la persona que se arraiga al rol de víctima incluye sensaciones de pérdida de control, pasividad, impotencia, desconfianza, pesimismo, autoreproches, altos grados de culpabilidad y vergüenza, hasta llegar incluso a estados depresivos que la mantienen aún más aislada del mundo. Esas personas buscan, todo el tiempo, compasión y lástima de otros. Tratan de conseguir que otros validen sus sentimientos y que le reafirmen que este “victimario” sí es una persona realmente muy mala. Luego, suelen manipular a otros, sobre todo a sus hijos. Todo esto las lleva a la soledad, porque las personas que están a su lado tienden a alejarse.
Quien se haya prolongado a sí mismo a ser una víctima psicológica es un profesional del sufrimiento, toma una actitud pasiva ante la vida y le cuesta adaptarse a las distintas circunstancias. Sigue un ciclo: sentirse herido, mortificarse, generar compasión y manipular a otros para que actúen en su defensa. El problema es que nunca llega a la raíz del conflicto para así poder eliminar aquello que le causa dolor o para ser capaz de cambiar su modo de reaccionar a lo que le sucede.
La buena noticia es que siempre se puede cambiar. Puede ser que, cuando niño, hayas sufrido por algún evento que estaba fuera de tu control, pero hoy en día, ya como adulto, no eres impotente. Toma consciencia de que eres protagonista de tu propia vida. Incluso puedes decidir cómo sentirte. Nadie más tiene el control sobre tu estado interno, tus pensamientos y sentimientos. Tú eres quien tiene el control. Esta fue la forma en que Jesús intervino con las personas. El Señor enalteció las capacidades del ser humano y promovió el derecho de que tomaran decisiones.
Las palabras que el Maestro pronunció en su transitar por la tierra tienen que ver con no dejarse abatir por el pesimismo y la desesperación. Él dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”(Juan 8:12); “…todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:8 );“…no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes” (Mateo 6:34, NVI); “Estas cosas les he hablado para que en mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33, RVC);“…ustedes llorarán y se lamentarán por lo que va a sucederme, pero el mundo se alegrará. Ustedes se lamentarán, pero su dolor se convertirá de pronto en una alegría maravillosa” (Juan 16:20, NTV).
Utiliza tu fe y tu voluntad para crear una nueva realidad para ti, una realidad llena de maravillas para disfrutar y por las cuales agradecer cada día. Jesús, teniendo constantemente enemigos al acecho, hablaba del poder de cambiar las circunstancias en su nombre. ¡Usa tú ese control que el Señor ha puesto en tus manos, para cambiar tus estados anímicos y ser feliz! Es una decisión. 

CÓMO TRANSFORMAR EL HOMBRE INTERIOR

¡La vida para la cual fue creado está al alcance de su mano! Si siente que algo lo retiene de ser la persona que Dios lo llamó a ser… Si siente que está luchando contra los mismos pecados una y otra vez… John y Paula Sandford quieren que sepa que la transformación-la transformación total- es posible. 

Cómo transformar el hombre interior presenta un bosquejo de los pasos a tomar para que efectúe un cambio verdadero y perdurable en su vida, al llegar a las profundidades de su corazón con el poder de la cruz y la resurrección. Usted descubrirá: 

– Por qué la transformación en cada creyente es crucial para alcanzar la madurez en Cristo 
– Por qué el perdón es tan importante para el bienestar – Cómo eliminar malos hábitos de su vida 
– Cómo puede experimentar paz y crecimiento espiritual a pesar de los pecados que se dan a su alrededor 

El ministerio al hombre interior no es meramente una herramienta para sanar unos cuantos individuos con problemas, ¡es la clave para la transformación del corazón de cada cristiano! Cómo transformar el hombre interior es su mapa hacia el crecimiento espiritual y la salud emocional.

EL CICLO DE LA MENTIRA

¿Está atrapado en el pasado? Pase de la derrota a la victoria.

Es difícil creer que alguien pueda vivir toda su vida sin pasar por crisis, desilusiones, maltratos o abusos. 

Nadie está solo cuando se trata de luchas y problemas. Pero esta no es una estación para vivir, Dios ha previsto una salida, hay una puerta que Dios ofrece llamada: Libertad.

A través de la lectura de este libro descubra:

– Cómo actúa el ciclo de mentira diabólico
– Las respuestas que debe dar a los abusos
– Cómo restaurar la imagen dañada
– Transformar las cenizas en belleza
– Vivir en la plenitud que Dios ha preparado

Usted puede tener un nuevo comienzo

¿DE QUÉ TENEMOS QUE SER SANADOS?

La desobediencia del hombre causó una enfermedad llamada pecado que continúa arrasando con la humanidad; una división que nos aleja del amor de Dios. Esta enfermedad llamada pecado no solo se limita a una conducta impropia e inadecuada por nuestro mal proceder, sino además de ser una transgresión, es actuar independiente de Dios. Debido a esto comienzan a manifestarse emociones antes no conocidas por el hombre y la mujer, como la vergüenza, el miedo y la culpa.
Observemos la vida de Adán y Eva en Génesis 3:8-13:
Y oyeron la voz del Señor Dios que se paseaba en el huerto al aire del día; y se escondió el hombre y su mujer de delante del Señor Dios entre los árboles del huerto, Y llamé el Señor Dios al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? Has comido del árbol del que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste, ella me dio del árbol, y comí”. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.
La respuesta del hombre y su mujer al desobedecer a Dios fue esconderse por miedo a ser descubiertos. Al descubrir su desnudez, sintieron vergüenza porque estaban descubiertos de Dios. La palabra “vergüenza” significa un sentimiento de inutilidad e inferioridad; es además un sentimiento de temor que impide que una persona lleve algo a cabo. La vergüenza es una turbación producida por una falta cometida. Vivir alejados del amor del Padre producirá en nosotros vergüenza.
Muchas personas no estarán conscientes de esta verdad porque sus mentes se encuentran cauterizadas por la mentira del enemigo, manifestando una conducta sin vergüenza. En otros casos son personas que fueron abusadas por un pariente y aun de adultos se encierran en la vergüenza de que alguien conozca su secreto, produciendo sentimientos de coraje, frustración y aislamiento. Para otros, la vergüenza es consecuencia del abandono de un ser querido como es el caso de un matrimonio disuelto porque su pareja ya no la (o) ama y se fue con otra (o). La lista continúa, pero estos son algunos ejemplos. La Biblia dice en Salmo 34:5: Los que miraron a él fueron iluminados, y sus rostros nunca serán avergonzados.
Cuando ponemos nuestra mirada en Jesús, nuestra vergüenza desaparece porque Él ya murió en la cruz por nosotros.
La segunda emoción manifestada por el ser humano después del pecado fue el miedo, provocando una huida por no enfrentar su problema. El miedo es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento desagradable debido a una percepción de un peligro real o imaginario, presente o futuro. Observa que el miedo aquí es acompañado por vergüenza: “Tuve miedo porque estaba desnudo”. El miedo es ausencia de Dios porque en Él no hay temor. La Palabra dice en 1 Juan 4:18: En el amor no hay temor, antes bien, el perfecto amor echa fuera el temor, pues el temor lleva en sí mismo castigo, de donde el que teme no ha sido perfeccionado en el amor.
El amor de Dios echa fuera todo temor. El miedo no proviene de Él. Este es resultado de la desconfianza y la ausencia de fe. Dios desea que podamos venir ante Él por medio de su hijo Jesús y hallar descanso. Recuerdo que cuando tenía unos 9 años nos pidieron a un grupo de juveniles y a mí tener una participación en la iglesia donde asistía. Todo estuvo bien hasta que me dieron el micrófono para que hablara. Comencé a temblar de pies a cabeza, no me salían las palabras y para colmo, la audiencia comenzó a reírse. Imagínate cómo me sentí. Me dije a mí mismo: “Jamás volveré a hablar en público”. Sin embargo, años después el Señor me halló y libertó de todo pasado y hoy en día tengo otro problema cuando me dan un micrófono: no me callo.
Muchas personas sufren de ansiedad y depresión, dos de los mayores problemas de salud mental en el mundo. Pero existe una buena noticia: Jesús vino a traer libertad del miedo por medio de su redención.
La tercera emoción luego del pecado fue la culpa. Adán culpó a Dios por darle una mujer y la hizo responsable de su desobediencia. La mujer culpó a la serpiente, por tentarla. La palabra “culpa” es algo que se mantiene dentro de sí, pero también conlleva ser expuesto, hallarse en peligro de sufrir los efectos de una mala acción y la negligencia de una desobediencia que no mide consecuencias. Existen la culpa real, que es por causa de una mala acción, y la culpa irreal, cuando después de haber sido perdonados, cargamos con acusaciones que provienen de nuestra mente.
Hay hijos que se culpan por el divorcio de sus padres. Otros culpan a las personas por sus infortunios, siendo esclavos del alma. En una ocasión conocí a una mujer que se culpaba por un aborto que se había practicado antes de conocer a Jesús y con lágrimas me contaba su sentimiento de angustia causado por la culpabilidad. Solo le hice una pregunta: “¿Estás arrepentida?”. Me contestó que sí y le respondí: “Entonces entrega esa culpa a Dios”. Desde ese momento fue libre. Una cosa es responsabilizarnos de nuestra culpa real y otra es vivir bajo las mentiras de Satanás, quien nos induce a crearnos una culpa irreal cuando ya Jesús nos perdonó. Salmos 32:1-2 (LBLA) dice:
¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión ha sido quitada, y cubierto su pecado! ¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien Jehová no le imputa (culpa) iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño!

LA TRAMPA DE SATANÁS


Muchas personas no logran cumplir en forma efectiva su llamado debido a las heridas y los dolores que las ofensas han causado en sus vidas. 

Ese obstáculo los incapacita para funcionar en la plenitud de su potencial. La mayoría de las veces es otro creyente quien los ha ofendido, y esto hace que la persona que sufre la ofensa la viva como una traición. 

En el Salmo 55:12-14, David se lamenta:"Porque no me afrentó un enemigo, lo cual habría soportado; ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera ocultado de él; sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar; que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, y andábamos en amistad en la casa de Dios".

Estas son las personas con las que nos sentamos y con quienes cantamos, o quizá sea el que está predicando desde el púlpito. Pasamos nuestras vacaciones juntos, asistimos a las mismas reuniones sociales, y compartimos la misma oficina. O quizá sea algo aún más cercano. Crecemos con ellos, les confiamos nuestros secretos, dormimos con ellos. Cuanto más estrecha es la relación, más grave será la ofensa. El odio más intenso se encuentra entre las personas que alguna vez estuvieron unidas.

Los abogados pueden hablar de los peores casos que han manejado, y en su mayoría son los juicios de divorcio. Los medios nos informan continuamente sobre asesinatos cometidos por personas de una misma familia que han llegado a la desesperación. El hogar, que supuestamente debe ser un refugio para protección, provisión y crecimiento, donde aprendamos a dar y recibir amor, muchas veces es la raíz misma de nuestro dolor. La historia nos demuestra que las guerras más sangrientas son las guerras civiles. Hermano contra hermano. Hijo contra padre. Padre contra hijo.

Las posibilidades de ofensas son tan infinitas como la lista de relaciones existente, sean éstas sencillas o complejas. Esta antigua verdad aún es válida: sólo las personas a quienes amamos pueden herirnos. Siempre esperamos más de ellos, más grandes son las expectativas, más profunda es la caída.

En nuestra sociedad reina el egoísmo. Hombres y mujeres buscan hoy sólo lo que ellos desean, desatendiendo e hiriendo así a quienes los rodean. Esto no debe sorprendernos. La Biblia dice claramente que en los últimos días los hombres serán "amadores de sí mismos" (2 Timoteo 3:2). Es de esperar que así sean los no creyentes, pero Pablo aquí no está refiriéndose a quienes están fuera de la iglesia sino a quienes forman parte de ella. Muchos están heridos, lastimados, amargados. ¡Están ofendidos! Pero no comprenden que han caído en la trampa de Satanás.

¿Es nuestra la culpa? Jesús dijo muy claramente que es imposible vivir en este mundo sin que exista la posibilidad de ser ofendidos. Pero la mayoría de los creyentes se sienten conmocionados, asombrados y atónitos cuando esto sucede. Creemos que somos los únicos a quienes les ha sucedido. Esta actitud nos hace vulnerables a que crezca en nosotros una raíz de amargura. Por lo tanto, debemos estar preparados y armados para enfrentar las ofensas, porque la forma en que respondamos a ellas determinará cómo será nuestro futuro.

 La trampa del engaño

La palabra griega que se utiliza en el texto de Lucas 7:1 para aludir al tropiezo (ofensa) se deriva de la palabra skandalizo. Esta palabra se refería, originalmente, a la parte de la trampa en la que se colocaba la carnada. De allí que la palabra signifique algo así como colocar una trampa en el camino de una persona. En el Nuevo Testamento muchas veces se la utiliza para referirse a una trampa colocada por el enemigo. La ofensa es una herramienta del diablo para llevar cautivas a las personas. Pablo instruía al joven Timoteo, diciéndole: Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a la voluntad de él (2 Timoteo 2:24-26, itálicas agregadas).

Aquellos que luchan o se oponen caen en una trampa y son hechos prisioneros de la voluntad del diablo. Lo más alarmante es que no son conscientes de su estado. Como el hijo pródigo, deben volver en sí mismos y despertar para poder comprender cuál es su verdadera situación. No comprenden que están vertiendo agua amarga en un lugar de agua pura. Cuando una persona es engañada, cree que tiene la razón, aunque no sea así.

No importa cuál sea la situación, podemos dividir a todas la personas ofendidas en dos grandes categorías: 1) quienes han sido tratados injustamente, y 2) quienes creen que han sido tratados injustamente. Los que corresponden a esta segunda categoría creen con todo su corazón que han sido tratados en forma injusta. Muchas veces han sacado sus conclusiones basándose en una información inexacta. O su información es exacta, pero la conclusión está distorsionada. Sea cual sea el caso, están heridos, y su entendimiento está oscurecido. Juzgan basándose en presunciones, apariencias, y comentarios de terceros.


El verdadero estado del corazón

Una forma en que el enemigo mantiene a la persona atada a su estado es guardando la ofensa escondida, cubierta por el manto del orgullo. El orgullo impide que uno admita cuál es la verdadera situación.

El orgullo impide que enfrentemos la verdad. Distorsiona nuestra visión. Cuando creemos que todo está bien, no cambiamos nada. El orgullo endurece el corazón y oscurece la visión de nuestro entendimiento. Nos impide ese cambio de corazón, el arrepentimiento, que nos puede hacer libres (ver 2 Timoteo 2:24-26).

El orgullo hace que nos consideremos víctimas. Nuestra actitud, entonces, se expresa así: "He sido maltratado y juzgado injustamente; por lo tanto, mi comportamiento está justificado". Creemos que somos inocentes y hemos sido acusados falsamente, y por consiguiente, no perdonamos. Aunque el verdadero estado de nuestro corazón esté oculto para nosotros, no lo está para Dios. El hecho de que hayamos sido maltratados no nos da permiso para aferrarnos a la ofensa. ¡Dos actitudes equivocadas no son iguales a una correcta!

La cura

En el libro del Apocalipsis, Jesús se dirige a la iglesia de Laodicea diciéndole, en primer lugar, que ella misma se considera rica, poderosa, como si no necesitara nada; pero luego deja al descubierto cuál es su verdadera situación: un pueblo "desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo" (Apocalipsis 3:4-20). Habían confundido su riqueza material con fortaleza espiritual. El orgullo les ocultaba su verdadero estado.

Hoy en día hay muchas personas así. No ven cuál es el verdadero estado de su corazón, de la misma manera que yo no podía ver el resentimiento que sentía hacia esos ministros. Me había convencido a mí mismo de que no estaba herido. Jesús le dijo a los de Laodicea cómo salir de ese engaño: comprar oro de Dios y ver cuál era su verdadera situación.

 Comprar oro de Dios

La primera instrucción que les dio Jesús para ser libres del engaño fue: "...yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego" (Apocalipsis 3:18).

El oro refinado es suave y maleable, está libre de corrosión y de otras sustancias. Cuando el oro está mezclado con otros metales (cobre, hierro, níquel, etc.). se vuelve duro, menos maleable, y más corrosivo. Esta mezcla se llama "aleación". Cuanto mayor es el porcentaje de metales extraños, más duro es el oro. Por el contrario, cuanto menor es el porcentaje de aleación, más suave y maleable es el oro.

Inmediatamente vemos el paralelo: un corazón puro es como el oro puro (suave, maleable, manejable). Hebreos 3:13 dice que los corazones son endurecidos por el engaño del pecado. Si no perdonamos una ofensa, ésta producirá más fruto de pecado, como amargura, ira y resentimiento. Estas sustancias agregadas endurecen nuestros corazones de la misma manera que una aleación endurece el oro. Ello reduce o quita por completo la ternura, produciendo una pérdida de la sensibilidad. Nuestra capacidad de escuchar la voz Dios se ve obstruida. Nuestra agudeza visual espiritual disminuye. Es un escenario perfecto para el engaño.

El primer paso para refinar el oro es molerlo hasta hacerlo polvo y mezclarlo con una sustancia llamada fundente. Luego, la mezcla se coloca en un horno donde se derrite a fuego intenso. Las aleaciones e impurezas son captadas por el fundente y suben a la superficie. El oro, más pesado, permanece en el fondo. Entonces se quitan las impurezas, o escorias (es decir, el cobre, hierro o zinc, combinado con el fundente) con lo cual el metal precioso queda puro. Observemos lo que dice Dios: "He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción" (Isaías 48:10). También dijo: "En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,..." (I Pedro 1:6,7).

Dios nos refina con aflicciones, pruebas y tribulaciones, cuyo calor aparta impurezas tales como la falta de perdón, la contienda, la amargura, el enojo, la envidia, y otras similares, del carácter de Dios en nuestras vidas.

El pecado se esconde fácilmente cuando no está al calor de las pruebas y las aflicciones. En tiempos de prosperidad y éxito, aun un hombre malvado parece amable y generoso. Pero bajo el fuego de las pruebas, las impurezas salen a la superficie.

Hubo un tiempo en mi vida en que pasé por pruebas intensas, como nunca antes había enfrentado. Me volví rudo y cortante con las personas que más cerca de mí estaban. Mi familia y mis amigos comenzaron a evitarme.

Entonces clamé a Dios: "¿De dónde sale toda esta ira? ¡No estaba aquí antes!"

El Señor me respondió: "Hijo, es cuando el oro se derrite que brotan las impurezas". Entonces me formuló una pregunta que cambió mi vida. "¿Puedes ver las impurezas en el oro antes de que sea puesto al fuego?" "No", respondí. "Pero eso no significa que no estén allí", dijo él. "Cuando te tocó el fuego de las pruebas, estas impurezas salieron a la superficie. Aunque estaban ocultas para ti, siempre fueron visibles para mí. Ahora tienes que tomar una decisión que afectará tu futuro. Puedes continuar enfadado, culpando a tu esposa, tus amigos, tu pastor y todas las personas con las que trabajas, o puedes reconocer la escoria de este pecado como lo que es y arrepentirte, recibir el perdón y tomar mi cucharón para quitar todas esas impurezas de tu vida".


Ver cuál es nuestro verdadero estado

Jesús dijo que nuestra capacidad para ver correctamente es otro elemento clave para ser liberados del engaño. Muchas veces, cuando nos ofenden, nos vemos como víctimas y culpamos a los que nos han herido. 

Justificamos nuestra ira, nuestra falta de perdón, el enojo, la envidia y el resentimiento que surgen. Algunas veces hasta nos resentimos con quienes nos recuerdan a otras personas que nos han herido. Por esta razón, Jesús aconsejó a la iglesia: "unge tus ojos con colirio, para que veas" (Apocalipsis 3:18). ¿Ver qué? ¡Ver cuál es nuestro verdadero estado! Esa es la única forma en que podemos ser celosos y arrepentirnos, como Jesús ordena a continuación. Nos arrepentimos sólo cuando dejamos de culpar a los demás.

Cuando culpamos a los demás defendemos nuestra posición, estamos ciegos. Luchamos por quitar la paja del ojo de nuestro hermano mientras tenemos una viga en nuestro ojo. La revelación de la verdad es la que nos trae libertad. Cuando el Espíritu de Dios nos muestra nuestro pecado, siempre lo hace en una forma que parece separada de nosotros. De esta manera nos trae convicción, no condenación.

Mi oración es que la Palabra de Dios alumbre los ojos de su entendimiento para que pueda ver cuál es su verdadero estado y sea libre de cualquier ofensa que esté guardando en su interior. No deje que el orgullo le impida ver y arrepentirse.

ROMPA LA MALDICIÓN


¡SEA LIBRE Y SIGA LIBRE!


¿Bendiciones o maldiciones? Usted tiene un papel que desempeñar y una decisión que tomar. En este libro, Bob Larson muestra cómo romper toda maldición sobre su vida y transmitir la herencia de bendición para las generaciones futuras.



· ¿Son reales las maldiciones ?

· ¿Pueden los cristianos heredar maldiciones generacionales?

· ¿Existe una relación entre el pecado y la esclavitud?
¡Jesucristo vino a romper el poder del pecado en su vida, ¡esto incluye el poder de las maldiciones!
Rompa la maldición lo capacita para:

· Identificar y romper maldiciones en su vida, su familia, y sobre sus hijos.

· Caminar en constante victoria sobre las estrategias del enemigo.

· Utilizar las armas de las Escrituras y la oración para superar maldiciones que afectan sus emociones, finanzas, salud y relación con Dios.

A través de dinámicas historias personales, enseñanza bíblica sin concesiones, y oraciones poderosas, usted aprenderá la clave para romper maldiciones y caminar en la libertad espiritual.

ELEGIR ESPERANZA Y SANIDAD

La esperanza y la sanidad son elecciones que todos debemos tomar. Como es probable que usted sepa demasiado bien, experimentar la esperanza frustrada no es una elección que tomamos, el dolor y la desilusión son hechos de la vida. La sanidad, sin embargo, sí lo es. Tomar la sencilla, pero poderosa decisión de tener esperanza otra vez es el primer paso hacia la sanidad.

Wilma Rudolph, la triple medallista de oro en los Juegos Olímpicos de 1960 y quien fue conocida en el campo del atletismo como la mujer más rápida del mundo, dijo: “Los médicos me dijeron que nunca caminaría otra vez. Mi madre me dijo que sí lo haría. Yo le creí a mi madre”.

Wilma nació prematuramente en una familia muy pobre y la número veinte de veintidós hijos, y no le permitieron ser atendida en el hospital local de blancos. Durante los años que siguieron su madre la cuidó durante su enfermedad. Cuando Wilma contrajo polio, su madre la llevó una vez por semana durante dos años al centro médico más cercano donde aceptaban recibirla, un viaje de ciento cuarenta y cinco kilómetros ida y vuelta. La vida de Wilma Rudolph es una asombrosa historia de logros contra todos los pronósticos; pero la historia comenzó con las elecciones correctas.

Así como la campeona olímpica y su madre, usted debe escoger el poder de la esperanza. Me puedo dar cuenta de que esto pone sobre usted algo de la responsabilidad por  su sanidad, pero también es una verdad increíblemente liberadora. La sanidad, la liberación de la esperanza frustrada,es una elección que puede hacerse. La Biblia está llena de promesas con respecto a que usted tiene el poder de elegir la vida sobre la muerte. De hecho, el Señor le dijo a los israelitas que “escogieran la vida” (Deuteronomio 30:19). Usted no puede darse el lujo de escoger nunca enfrentar desafíos, pero sí tiene el poder para elegir cómo responder ante ellos. La siguiente historia lo describe muy bien:

William Carey, el “padre de las misiones modernas”, quería traducir la Biblia en tantos dialectos hindúes como fuera posible. A inicios del año 1832, su asociado encontró la imprenta en llamas. Aunque los trabajadores trataron de apagar el fuego, todo se destruyó.

Al siguiente día, otro misionero viajó al lugar donde estaba Carey. “No me es fácil darle esta noticia”, dijo. “La imprenta se quemó por completo anoche”.

Carey se quedó estupefacto. Toda su biblioteca había desaparecido, incluyendo diccionarios, libros de gramática y Biblias, así como impresiones de catorce idiomas. “El trabajo de años se ha esfumado en un momento”,  susurró.

Carey dedicó un poco de tiempo para digerir su dolor. “La pérdida es severa”, escribió, “pero no estamos desanimados. De hecho ya hemos comenzado otra vez el trabajo en todos los idiomas. Estamos derribados, pero no destruidos”.

La noticia del incendio catapultó a Carey instantáneamente a la fama en Inglaterra. Se levantaron fondos y muchos voluntarios se ofrecieron para ayudar. Para finales de ese año, se había impreso pasajes de las Escrituras y hasta Biblias completas en cuarenta y cuatro idiomas y dialectos.

El secreto del éxito de Carey fue su perseverancia. “Estamos enfrentando grandes dificultades por todas partes”, escribió en cierta ocasión, “y muchas más vienen en camino. Pero tenemos que continuar”.

William Carey eligió lo correcto. Enfrentó la adversidad y las penurias abiertamente y declaró: “De noche su cántico estará conmigo”. Usted puede hacer lo mismo. No espere otro momento. ¡Hágalo ahora! No tiene que estar bien para tener esperanza, pero sí debe tener esperanza para estar bien.