En Juan 5, leemos la famosa historia del paralítico de Betesda. Nos cuentan que había un estanque con cinco pórticos donde una multitud de enfermos esperaba que "un ángel moviera el agua", porque el primero que se metía, quedaba sano. Jesús va, encuentra a un hombre que lleva 38 años paralítico y lo sana con una sola palabra.
Siempre hemos pensado que Betesda era un lugar santo, un estanque de milagros aprobado por Dios. Pero la arqueología y la historia nos muestran un escenario aterrador y oscuro.
EL CÓDIGO: EL ASCLEPEION (Ἀσκληπιεῖον)
Las excavaciones arqueológicas en Jerusalén revelaron que Betesda no era un sitio judío de adoración. ¡Era un Asclepeion! Un templo pagano y hospital dedicado a Asclepio, el dios griego y romano de la medicina (cuyo símbolo era una serpiente).
El lugar estaba lleno de estatuas de dioses falsos. La creencia de que "un ángel" movía el agua era una superstición pagana; los sacerdotes romanos a veces soltaban serpientes en el agua, o abrían válvulas subterráneas para que el agua burbujeara, engañando a los enfermos desesperados.
El hombre paralítico llevaba 38 años metido en un culto falso, rodeado de idolatría, esperando un milagro de un dios de piedra que nunca le respondió. Era un lugar impuro donde ningún rabino judío decente pondría un pie. ¡Y ahí es exactamente a donde fue Jesús!
ÉL NO ESPERA A QUE ESTÉS EN LA IGLESIA PARA BUSCARTE
Jesús no se quedó en la sinagoga esperando a que el paralítico fuera a buscarlo.
APLICACIÓN
A veces la religión nos enseña que Dios solo se mueve en lugares "santos", con luces perfectas y música de adoración. Y pensamos que las personas que están metidas en adicciones, en brujería, en lugares oscuros o en la desesperación del mundo, están demasiado lejos para que Dios las alcance.
¡El código de Betesda destruye esa mentira! El Rey del universo no le tiene asco a tu oscuridad. Él cruzó la puerta de un templo pagano, pisó el suelo sucio de la superstición, y caminó entre la multitud engañada solo para encontrarte a ti. Si hoy estás en tu punto más bajo, esperando milagros falsos de lugares equivocados (dinero, relaciones tóxicas, vicios), no tienes que "limpiarte" primero para que Dios te ame. ¡Cristo entra hoy a tu propio infierno para decirte: "Levántate, toma tu lecho y anda"!


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