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FE Y ACCION

¿Por qué nadie en el ejército de Israel se atrevió a enfrentar a Goliat durante cuarenta días, y un adolescente lo hizo en su primer día?

La respuesta que todos conocen es la fe. Pero la historia completa es más perturbadora y más humana que eso.

Durante cuarenta días, mañana y tarde, Goliat salía a desafiar al ejército de Israel. Primero Samuel 17 describe su tamaño con precisión casi clínica: más de dos metros y medio de altura. Su armadura de bronce pesaba cincuenta y siete kilogramos. La punta de su lanza pesaba siete kilogramos de hierro. Tenía además un escudero que caminaba delante de él. Era, en todos los sentidos militares de la época, imbatible.


Y el rey Saúl, que era el hombre más alto de Israel, el hombre que el pueblo había elegido específicamente para que los guiara en batalla, no salió. Ninguno de sus capitanes salió. Cuarenta días de vergüenza nacional acumulada, cuarenta días de un gigante burlándose de un Dios que nadie se animaba a defender.


David llegó al campamento por encargo de su padre. No venía a pelear. Venía a llevarle comida a sus hermanos y a traer de vuelta noticias. Era un mandado. Cuando oyó a Goliat, hizo lo que cualquier joven curioso haría: preguntó de qué se trataba. Y cuando sus hermanos lo reprendieron por preguntar, él simplemente siguió preguntando.


Lo que llamó la atención de David no fue el tamaño del gigante. Fue que nadie estaba haciendo nada. Que el ejército del Dios vivo estaba parado mirando mientras un hombre sin circuncidar insultaba a su Dios cada mañana y cada tarde, dos veces por día durante cuarenta días.


Cuando lo llevaron ante Saúl, David dijo algo que reveló de dónde venía su confianza: contó que siendo pastor había matado un oso y un león con sus manos cuando atacaron sus ovejas. No era fanfarronería. Era razonamiento teológico: el mismo Dios que lo libró del oso y del león lo libraría del filisteo. La batalla no era suya. Era de Dios.


Saúl le ofreció su armadura. David se la puso, dio unos pasos, y la quitó. No porque fuera cobarde, sino porque nunca había peleado con armadura. No tenía práctica con eso. Fue al arroyo, eligió cinco piedras lisas, y salió con su honda.


Goliat se ofendió cuando vio llegar a un muchacho. Lo maldijo por sus dioses. Dijo que le daría su carne a las aves y a las fieras.


David respondió con una declaración que los ejércitos de ambos lados escucharon claramente: "Yo vengo a ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Esta batalla es del Señor, y Él os entregará en nuestras manos."


No esperó la respuesta. Metió la mano en su bolsa, tomó una piedra, la lanzó con la honda, y golpeó al gigante en la frente. Goliat cayó de bruces.


David no tenía espada. Tomó la del propio gigante y le cortó la cabeza con ella.


La lección más incómoda de esta historia no es que los pequeños pueden vencer a los grandes. Es que cuarenta días de inacción de los profesionales fueron borrados en treinta segundos por alguien que no era soldado. La preparación técnica sin fe produce parálisis. La fe sin preparación técnica produce imposibles.


David tenía ambas. Años de práctica con la honda en los campos. Y un Dios en quien había aprendido a confiar cuando nadie lo miraba.

ADAN Y EL EDEN


ADÁN NO MURIÓ HASTA QUE SU DESCENDIENTE LAMEC, EL PADRE DE NOÉ, YA TENÍA 56 AÑOS, LO QUE SIGNIFICA QUE LA HISTORIA DEL EDÉN NO FUE UN MITO TRANSMITIDO POR SIGLOS SINO UNA CONVERSACIÓN DIRECTA

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GÉNESIS 5 no es solo una lista de nombres aburrida. Es una cronología que cuando se calcula revela algo que cambia completamente cómo entendemos la transmisión del conocimiento en el mundo antiguo.


ADÁN vivió NOVECIENTOS TREINTA años según GÉNESIS 5:5. SET, su hijo, nació cuando ADÁN tenía 130 años y vivió 912. ENÓS nació cuando SET tenía 105. CAINÁN cuando ENÓS tenía 90. MAHALALEEL cuando CAINÁN tenía 70. JARED cuando MAHALALEEL tenía 65. ENOC cuando JARED tenía 162. MATUSALÉN cuando ENOC tenía 65. Y LAMEC, padre de NOÉ, nació cuando MATUSALÉN tenía 187 años. Cuando se suman esas fechas, ADÁN seguía vivo cuando LAMEC tenía 56 años. No son generaciones separadas por siglos de distancia. Son personas que se sentaron en la misma habitación.


Lo anterior significa que ADÁN pudo haberle contado a SET, ENÓS, CAINÁN, MAHALALEEL, JARED, ENOC, MATUSALÉN y LAMEC exactamente lo que ocurrió en el EDÉN. No como una historia heredada de alguien que la escuchó de alguien que la escuchó de otro. Como un testigo ocular describiendo el peor día de su vida a personas que lo conocían en persona. El olor del jardín, la voz del CREADOR caminando entre los árboles, el momento exacto en que todo cambió. GÉNESIS 3:8 dice que DIOS "se paseaba en el huerto al aire del día", una imagen tan específica y sensorial que suena exactamente como el recuerdo de alguien que estuvo ahí y nunca lo olvidó en 930 años.


El detalle que más impacta cuando se calcula la cronología completa es MATUSALÉN. Vivió 969 años, el hombre más longevo registrado en la Biblia, y murió el mismo año del diluvio según GÉNESIS 5:25-29 comparado con GÉNESIS 7:6. MATUSALÉN conoció a ADÁN directamente durante 243 años de vida compartida. Y MATUSALÉN conoció a NOÉ durante 600 años. Eso significa que NOÉ recibió la historia del EDÉN de alguien que la escuchó directamente de ADÁN. No hay teléfono descompuesto. No hay distorsión de siglos. Es una cadena de DOS personas entre el jardín perdido y el hombre que construyó el arca.


Lo que esta cronología destruye completamente es la idea de que las historias del GÉNESIS son mitos que se fueron distorsionando con el tiempo como cualquier tradición oral. LUCAS 3:23-38 traza la genealogía de JESÚS directamente hasta ADÁN, y JUDAS 1:14 cita a ENOC, séptimo desde ADÁN, como profeta histórico real. La historia del EDÉN llegó a NOÉ con la misma fidelidad con que un abuelo le cuenta a su nieto algo que vivió. Y de NOÉ llegó a ABRAHAM, y de ABRAHAM a MOISÉS, quien finalmente lo escribió. PABLO lo resume en ROMANOS 5:14 cuando habla de "la transgresión de ADÁN" como un evento histórico con consecuencias reales y medibles para cada ser humano que vino después. La caída no es una metáfora antigua. Es el testimonio de un hombre que vivió 930 años y tuvo tiempo suficiente para asegurarse de que nadie lo olvidara.



CUANDO EL HOMBRE DEJA DE SER PROVEEDOR



















 

PASCUA


¿SABÍAS QUE EN LA NOCHE DE LA PASCUA EN EGIPTO, DIOS NO "PASÓ DE LARGO" POR LAS CASAS DE LOS ISRAELITAS? EL ERROR DE TRADUCCIÓN QUE CAMBIA TU NIVEL DE PROTECCIÓN. 


Todos conocemos la historia de Éxodo 12: Los israelitas pintan los marcos de sus puertas con la sangre del cordero. Nos han enseñado que cuando el "Ángel de la Muerte" venía por las calles, al ver la sangre, simplemente "pasaba de largo" o "saltaba" esa casa y se iba a la siguiente.

Incluso la palabra en inglés para Pascua es Passover (pasar por encima/saltar).


Pero el idioma hebreo nos revela una imagen de protección militar y paternal muchísimo más intensa.


EL CÓDIGO: EL VERBO PASAJ (פָּסַח)


La palabra original para Pascua es Pasaj.

Si buscamos cómo se usa esta palabra en otros libros de la Biblia, descubrimos su verdadero significado. En Isaías 31:5 dice: "Como las aves que vuelan, así amparará Jehová de los ejércitos a Jerusalén... pasando (pasaj) la salvará".


Pasaj no significa "ignorar" o "saltar de largo". Significa FLOTAR SOBRE ALGO, CUBRIR O HACER ESCUDO, exactamente como un ave madre abre sus alas gigantes para cubrir su nido cuando viene un depredador.


ÉL SE PARÓ EN TU PUERTA


En la noche de Egipto, Dios no le dijo al destructor: "Sáltate esta casa".

Cuando Dios vio la sangre en el marco de la puerta, Él mismo bajó, se paró en el umbral de la casa, abrió sus alas (Pasaj) e hizo un escudo humanoide con Su propia presencia. Cuando el destructor intentó entrar, se encontró de frente con el Creador del Universo bloqueando la entrada. El destructor no saltó la casa; rebotó contra el escudo de Dios.

A veces sientes que las plagas de este mundo (la crisis económica, la enfermedad, la ansiedad) están caminando por tu calle y tocando a tu puerta. Tienes miedo de que el mal entre a tu casa.

Pero si la sangre del Cordero (Yeshúa) está sobre tu vida, Dios no te está mirando de lejos. Él está parado en la puerta de tu hogar, de tu mente y de tu negocio. Él está haciendo Pasaj (escudo) sobre tu familia. ¡Ninguna crisis puede entrar a destruir tu casa si primero no logra derribar al Creador que vigila tu puerta!

TODO ESTA BIEN

Ella no tenía nombre en la Biblia.

Pero su historia merece ser contada.


Era una mujer rica, de un pueblo llamado Sunem.

Cada vez que el profeta Eliseo pasaba por allí, ella le ofrecía comida.

Hasta que un día, le propuso a su esposo:

"Hagamos un pequeño cuarto para él, con cama, mesa, silla y candelero".


No buscaba nada a cambio.

Solo quería honrar al hombre de Dios.


Pero Eliseo notó su generosidad y quiso recompensarla.

Su criado Giezi dijo:

"Ella no tiene hijo, y su marido es viejo".


Entonces Eliseo la llamó y le dijo:

📖 "El año que viene, abrazarás un hijo."


Ella no pidió el milagro.

Pero el milagro llegó.


Al año siguiente, dio a luz un varón.

Todo era perfecto.


Hasta que un día, el niño salió al campo con su padre, sintió dolor en la cabeza, y murió en el regazo de su madre.


Cualquiera se hubiera derrumbado.

Cualquiera habría maldecido el día en que recibió la promesa.


Pero ella no.


Lo llevó al cuarto del profeta, lo puso sobre la cama, cerró la puerta y dijo:

📖 "Todo está bien."


Llamó a su esposo, pidió un asno y un criado, y dijo:

"Necesito ir al profeta. Volveré pronto".


Su esposo preguntó: "¿Por qué vas hoy? No es luna nueva ni sábado".

Ella respondió: "Todo está bien".


Cabalgó sin descanso hasta el monte Carmelo.

Cuando Eliseo la vio, envió a Giezi a preguntar: "¿Estás bien? ¿Tu esposo? ¿Tu hijo?"


Ella respondió siempre lo mismo:

"Todo está bien".


Pero al llegar ante Eliseo, se postró y lo abrazó.

Y dijo:

📖 "¿Pedí yo un hijo a mi señor? ¿No dije: No te burles de mí?"


Su dolor era inmenso.

Pero su fe era más grande.


Eliseo entendió.

Dios no podía dejar ese final así.

Fue a la casa, entró al cuarto, oró, se tendió sobre el niño, y el pequeño volvió a la vida.


Cuando Eliseo llamó a la mujer, ella entró, se postró a sus pies, tomó a su hijo… y salió.


Ella sabía algo que muchos olvidan:

Cuando recibes una promesa de Dios, ni la muerte puede detenerla.


No se rindió.

No se desesperó.

No se hundió en el lamento.

Corrió al que le había dado la palabra.


Porque el mismo que da la promesa…

es el único que puede restaurarla.


Hoy, si algo que Dios te prometió parece muerto,

no lo entierres.

Llévalo al lugar donde nació.

Y di, como ella:

"Todo está bien".


Porque para Dios, nada ha terminado.🔥

TRADWIFE














 

ELIZABETH ELLIOT


Elisabeth Elliot (1926–2015) fue una de las misioneras y escritoras cristianas más influyentes del siglo XX, reconocida mundialmente por su extraordinario testimonio de perdón y obediencia. Nacida en Bélgica de padres misioneros, estudió griego clásico en el Wheaton College con el fin de traducir la Biblia a lenguas no escritas. 

Su vida dio un giro trágico en 1956 cuando su esposo, Jim Elliot, y otros cuatro misioneros fueron asesinados por la tribu Huaorani (entonces conocidos como "Aucas") mientras intentaban establecer un contacto pacífico en la selva de Ecuador.


En lugar de regresar a Estados Unidos tras quedar viuda con una hija de diez meses, Elisabeth demostró una valentía inquebrantable al permanecer en la región. A través de una providencial amistad con dos mujeres de la misma tribu que había matado a su marido, logró aprender su lengua y, eventualmente, se mudó a vivir con ellos durante dos años para compartir el mensaje del Evangelio. 

Su labor no solo resultó en la conversión de muchos miembros de la tribu, sino que también transformó la narrativa de las misiones modernas. Al regresar a EE. UU. en 1963, se convirtió en una prolífica autora de más de 20 libros —incluyendo el clásico A través de las puertas del esplendor— y en una conferencista que enfatizaba la soberanía de Dios, la disciplina espiritual y la aceptación del sufrimiento como parte del plan divino.