"Tomó Rizpa cilicio y lo tendió sobre una peña, desde el principio de la siega hasta que llovió del cielo."
Eso fueron meses.
Meses.
Ella permaneció allí, espantando las aves de día y las fieras de noche.
Una madre sola.
Sin aplausos.
Sin relevos.
Sin respuestas.
Solo amor.
Porque el amor verdadero no siempre puede cambiar la situación, pero nunca abandona la escena.
Rizpa no pudo devolverles la vida a sus hijos.
Pero se negó a permitir que fueran tratados como si nunca hubieran importado.
Y eso sigue ocurriendo hoy.
Hay batallas que no puedes ganar.
Enfermedades que no puedes curar.
Decisiones de tus hijos que no puedes controlar.
Heridas que no puedes borrar.
Pero todavía puedes quedarte.
Todavía puedes amar.
Todavía puedes velar.
Ese es el tipo de amor que sostiene al mundo.
Vivimos en una época donde muchos se van cuando las cosas se complican.
Se van del matrimonio.
Se van de la iglesia.
Se van de las amistades.
Se van cuando el diagnóstico llega.
Se van cuando el dinero falta.
Se van cuando la persona deja de ser conveniente.
Pero Rizpa se quedó.
Y quedarse, a veces, es la forma más alta del amor.
Hay padres que siguen esperando a hijos que se alejaron.
Madres que oran por hijos atrapados en adicciones.
Esposas que acompañan a un marido enfermo.
Hijos que cuidan a padres que ya no los reconocen.
Personas que siguen presentes aunque nadie les agradezca.
Ese es el espíritu de Rizpa.
El mundo admira a quienes comienzan.
Dios honra a quienes permanecen.
Y aquí está lo extraordinario.
La perseverancia silenciosa de una mujer conmovió a un rey.
Cuando David oyó lo que Rizpa había hecho, actuó. Dio sepultura honorable a los cuerpos.
Una madre logró con su fidelidad lo que la política no había hecho.
Nunca subestimes el poder de la constancia.
Tu dolor soportado con dignidad puede mover corazones que tus palabras jamás tocarían.
Quizá hoy estás en tu propia colina.
Cuidando un matrimonio agotado.
Velando por un hijo rebelde.
Luchando contra una enfermedad.
Sosteniendo una familia mientras nadie parece notarlo.
Y te preguntas si vale la pena.
Rizpa te responde desde las páginas de la Biblia:
Sí.
Vale la pena.
Porque Dios ve las vigilias que nadie aplaude.
Las lágrimas que nadie seca.
Las noches que nadie comparte.
La fidelidad que nadie recompensa.
Y finalmente, después de meses, cayó la lluvia.
La lluvia en la Biblia siempre simboliza intervención divina.
No llegó cuando Rizpa quería.
Llegó cuando Dios decidió.
Pero llegó.
Y eso es esperanza.
Puede que tu lluvia tarde.
Puede que el cielo parezca cerrado.
Pero la fidelidad nunca pasa inadvertida ante Dios.
Así que aquí queda la pregunta:
Cuando la vida te lleve a una colina que nunca elegiste...
¿huirás al primer cansancio... o amarás con la perseverancia de Rizpa hasta que finalmente llegue la lluvia?







