INFLUYE BENDICIÓN

En Mateo 5, Jesús comienza hablándole a sus discípulos, diciéndoles cuan bienaventurados o bendecidos eran, a pesar de todas las dificultades y problemas que pudieran tener, porque tenían una posición envidiable. En los versículos siguientes continúa diciéndoles:
Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5:14-16
En estos versículos, Jesús combina 2 expresiones, ideas o imágenes, comparando a quienes le siguen, a una luz y a una ciudad asentada. Si se intenta resumir estos versos en una palabra, la palabra sería influencia. Dios ha llamado a sus hijos a ser gente de influencia, gente que influencie a este mundo, que marque a este mundo.
Hoy día, la iglesia tradicional evangélica –y aun parte de la contemporánea moderna– ha adaptado cosas del pasado, como el concepto de guerra espiritual, por ejemplo. En la vida, existen cosas con las que se tiene que batallar, pero no podemos vivir tan enfocados en la batalla, que se llegue al extremo en que ya no se puede ver la verdadera identidad del creyente, menospreciándose. Piensa en esto: Jesús dijo que sus discípulos son la luz del mundo, pero ¿la luz pelea con las tinieblas? Cuando la luz se hace presente, se va la oscuridad y todo queda en orden.
Si observas a un grupo de hermanos solos en una habitación, tal vez en algún momento comiencen a portarse mal entre ellos mismos, pero al momento en que aparece el padre o la madre, se callan y se enderezan. Si esto no sucede, ese padre o madre ha perdido toda influencia sobre sus hijos. Esto demuestra que a sus hijos no les importa nada de lo que sus padres dicen. Cuando un padre entra a una habitación, donde hay desorden y conflicto, debe haber una reacción.
De la misma manera debe ser en el mundo espiritual, que cuando un cristiano entre a algún lugar que se encuentra en desorden las cosas caigan en su lugar. Cuando un cristiano llegue a una compañía, la compañía debe mejorar; cuando llegue a una casa, la casa debe ser feliz; cuando llegue a un lugar, las cosas deben cambiar, deben mejorar. Así debe ser la influencia del cristiano en esta vida. La presencia del cristiano debe cargar tanta autoridad que influencie a aquellos que están a su alrededor.
El problema de muchos es que son tan débiles, que permiten ser influenciados por todo. Todo los daña, no tienen ningún tipo de fortaleza. Se pasan la vida diciendo, echándole la culpa o lo que otro hizo, a lo que otro dijo. Si tú eres uno de estos, tiene que haber un momento donde digas: Se acabó, voy a vivir bajo lo que Dios hizo en mí, voy a cambiar mi vida y voy a ser de influencia para otro; cuando yo llegue a un lugar las cosas tienen que cambiar.
A muchos les cuesta creer que, como cristianos, tienen la capacidad de ser influencia y provocar cambios positivos; no entienden cómo esto puede ser posible para ellos. Pero cree que Dios te hizo a ti para que tú seas un factor, un agente de cambios en todo lo que está a tu alrededor. 

LEVÁNTATE Y RESPLANDECE

El momento de oscuridad es el momento que te prepara para enfrentar al mundo cuando Dios te reconozca. Si David no hubiese estado detrás de las ovejas, no hubiese podido matar a Goliat con una piedra. Si lo que sabes es tirar piedras, hazlo para la gloria de Dios, aunque hoy estés en lo oculto. Son esos momentos donde tú tienes que permitir que sea Dios quien trabaje contigo, y que él señale en tu vida el momento de tu salida de ese lugar.
No fuimos hechos para estar escondidos. Lo que pasa es que hemos querido escondernos, por no causar problemas. La iglesia toma uno de dos extremos: El de acusar –haciendo el ridículo – o el de escondernos y no querer meternos, para no ofender a nadie. Ni uno ni el otro. La obra que Dios está haciendo en tu vida es para que el mundo la vea y le dé la gloria a él.
En Isaías 60:1, en adelante, Dios le habla a la iglesia: 60  Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.3 Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.4 Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos.5 Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti.
De esta escritura se desprende que Dios sabe que hay momentos de oscuridad, él reconoce eso; pero hay un día donde nace en nosotros la gloria de Jehová. Viene el día de tu alumbramiento y, cuando eso pase, todo va a cambiar. El hecho de que tú despiertes, te levantes y resplandezcas, no evita que las tinieblas cubran la tierra; pero hace que la gente no se deje llevar por las tinieblas, sino por la luz que ha nacido sobre tu vida.
Somos nosotros los que tenemos la posibilidad, porque en nosotros ha nacido la luz de Cristo. La oportunidad de tu país y de nuestras naciones no viene por el gobierno. Civilizaciones han venido y han desaparecido; ciudades han sido establecidas, y han desaparecido; naciones han desaparecido, animales se han extinguido, gobiernos han caído, corporaciones se han formado, y ya no existen; pero hay algo que nunca va a desaparecer, porque la Biblia dice que las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia. Dios siempre ha levantado a un pueblo poderoso, en medio de la oscuridad. Tú perteneces al grupo más poderoso, al grupo que te da seguridad, al grupo que permanece por la eternidad. La iglesia nunca va a desaparecer, porque en nosotros ha nacido la luz de Cristo. Todo lo que hace falta es que despiertes a esa realidad; a la realidad de que, porque en ti ha nacido la luz de Cristo, tus hijos regresarán, tus hijas serán llevadas en brazos, las riquezas llegarán a ti, las naciones vendrán a ti, la gente verá tu luz, y Dios hará contigo lo que el mundo no puede hacer.
La única posibilidad que tú tienes de despertar, y de salir de lo oculto, y de experimentar ese momento divino donde Dios te saque y te señale, es permitiendo que sea la luz de la palabra la que ilumine tu corazón; no las experiencias de otro, las vivencias de otro, las aspiraciones de lo que otro tiene, lo que otro ha pasado. Aspira a tus propias experiencias personales con Dios. Deja que la palabra te hable, deja que sea Dios quien dirija tu vida.
En Juan 8:12, Jesús dice a sus discípulos: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. ¡Qué grande poder caminar con la luz de la vida! Los problemas, las circunstancias, no tienen que cambiar –aunque van a cambiar – si tú caminas en esta vida, con la luz de la vida. Si en esta vida tú puedes ver luz, tienes posibilidad de caminar en este mundo, sabiendo para dónde vas.
Más adelante, en Juan 12:35, Jesús dijo a sus discípulos: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va. Gloria a Dios que nosotros sabemos para dónde vamos. Antes, cuando no le servías a Cristo, no sabías para dónde ibas; pero, desde el día que nació en ti la luz de la vida, sabes para dónde vas. A veces, las tinieblas nos sorprenden, nos llegan momentos difíciles, momentos en los que no sabemos para dónde vamos o qué va a pasar; un divorcio, una mala noticia que, de repente, te mostró un futuro totalmente destruido, y pensaste que estabas acabado; pero qué poderoso y qué grande es saber para dónde vamos. Nosotros sabemos que, aun cuando las tinieblas nos sorprenden, en nosotros se despierta la luz del mundo, y podemos caminar hacia esa luz.
Y continuó diciendo Jesús: 36 Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. La clave es muy sencilla: Tener la luz, que es Cristo; y creer en esa luz. Cuando tienes la luz, y crees en ella, las tinieblas no te van a aturdir.
Camina como un hijo de Dios en esta tierra. No tienes que estar buscando ser descubierto; confía en que, un día, Dios te descubrirá delante del mundo y, cuando él lo haga, no te podrás esconder, porque será para su gloria. 

JUAN Y SU VISIÓN DE CRISTO

Cuando Juan giró sobre sí para ver quién le estaba hablando (Apocalipsis 1:12), vio siete candelabros de oro y una persona en medio de ellos, de quien enumera diez detalles muy descriptivos. A continuación enumeramos cada una de las características de la visión de Juan junto con su significado bíblico:
  1. “Uno semejante al Hijo del Hombre” indica que esta persona no era una grotesca criatura sobrenatural sino que tenía apariencia humana. La expresión “Hijo del Hombre”, que Jesús utilizó frecuentemente para referirse a sí mismo, se usa para mencionar al Mesías en los cuatro Evangelios y en Daniel 7:13.
  2. “Vestido de una ropa que llegaba hasta los pies”. Era muy común entre sacerdotes el vestir túnicas largas para ministrar en el lugar santo del templo. Jesús es nuestro gran sumo sacerdote en nuestra relación con Dios  (Hebreos 2;17; 3:1).
  3. “Ceñido por el pecho con un cinto de oro” se refiere a un antiguo símbolo mundial de fuerza y autoridad. El trabajador común vestía una túnica corta y holgada. Solo las personas con autoridad usaban un cinto (ver Mateo 28;18).
  4. “Su cabeza y sus cabellos eran blancos con blanca lana, como nieve”transmite una idea de antigüedad y nos recuerda  la visión de Daniel 7:9-13, donde se llama a Cristo el “Anciano de días”. La blancura también alude a la justicia de Dios.
  5. “Sus ojos como llama de fuego”. La construcción en griego significa literalmente “sus ojos lanzaron fuego”, lo que indica que Cristo estaba indignado por la indiferencia, en algunos casos, de las iglesias apóstatas. Cuando la Iglesia de Jesucristo no es lo que debería ser, se enciende la indignación de Cristo.
  6. “Sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como un horno”. El simbolismo del bronce  nos habla de juicio y nos recuerda el altar de bronce del tabernáculo donde se juzgaba el pecado.
  7. “Su voz como estruendo de muchas aguas”. Quien  se encuentre al borde o en la rompiente de una gran catarata, se verá aturdido y completamente abstraído por el ruido ensordecedor de las aguas agitadas. Esta imagen parece indicar la actitud del Hijo de Dios cuando venga a juzgar en el día del Señor. En aquel día, todas las otras voces se acallarán ante la resonante y abrumadora voz del Hijo de Dios.
  8. “Tenía en su diestra siete estrellas”. El Señor mismo interpreta esto en el v. 20: “las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias”. La palabra griega que se traduce por “ángeles” significa literalmente “mensajeros”. Algunos creen que aquí  “ángeles” se refiere a los mensajeros (pastores)  escogidos  por Dios para dirigir las iglesias locales. Otra interpretación es que cada mensajero es un ángel real asignado especialmente a dicha iglesia. Esto podría significar que todas las iglesias tienen ángeles de la guarda, de la misma manera que Cristo dijo que los niños pequeños los tienen (Mateo 18:10). 
  9. “De su boca salía una espada aguda de dos filos” Hebreos 4:12 nos dice que la Palabra de Dios es “más cortante que toda espada de dos filos”. Es evidente que la palabra hablada de Cristo arrollará como una espada afilada contra la que no habrá defensa en el día del juicio.
  10. “Su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza” nos habla de la naturaleza divina de Cristo y nos recuerda la descripción de Cristo en el monte de la transfiguración (Mateo 17:2).

ORACIONES POR LA SANIDAD

Mi Hijo sanó toda enfermedad; sin excepciones. No había nada demasiado difícil para Él. No permitas que el enemigo o tu médico te digan que no puedes ser curado. Podría ser incurable para un médico, pero no es incurable mediante el poder y la autoridad de mi Hijo. Mi Hijo sanó a todos los que estaban enfermos, echó a los espíritus con una palabra, y liberó a muchos que estaban poseídos por demonios. Cuando Él envió a sus siervos, les dio poder sobre espíritus inmundos, para expulsarlos y sanar todo tipo de enfermedad y de mal. Él les dijo que dieran gratuitamente, porque mi Hijo les dio gratuitamente. Extiende tu mano para sanar a otros, como yo te he sanado. Muestra a mi pueblo las señales y maravillas que pueden ser hechas en el nombre de mi Hijo Jesús.

Lee Mateo 8:16; Hechos 4:30

 Declaración en oración:

 Padre, alabo tu nombre porque tú no quieres que tus hijos estén enfermos o tengan dolor. Gracias por llenar mi vida de bendiciones y vida abundante. No es tu voluntad que nadie tenga enfermedad y dolor, y confiaré en ti para mi sanidad, y para la sanidad de aquellos a quienes tú me envíes con el mensaje de tu Reino.

Mi Hijo fue despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores y experimentado en tristezas. Él fue despreciado, y el mundo no le estimó. Él llevó tus dolores y tus tristezas. Él fue golpeado y afligido. Él fue herido por tus transgresiones y tus iniquidades. El castigo de tu paz fue sobre Él, y por sus llagas eres sanado. Pero Él resucitó victorioso sobre la enfermedad, el mal y el sepulcro, y mediante su muerte y resurrección, Él ha comprado tu salvación y tu sanidad.

Lee Isaías 53:3-5

 Declaración en oración:

 Padre, por las llagas de Jesús soy sanado. Él tomó mis enfermedades; Él llevó mi dolor. Creo que es la voluntad de Dios para mí que sea sanado. Cuando los enfermos acudían a tu Hijo Jesús en la tierra, Él expulsaba los espíritus con una palabra, y sanaba a todos los enfermos. Debido a tu gran fidelidad a tus hijos, pongo mi confianza en ti y en que si ellos fueron sanados entonces, también tú nos sanarás en el presente.

Cuando las multitudes que tenían enfermedades y dolores acudían a mi Hijo, Él imponía las manos a cada uno de ellos y los sanaba. Cuando la mujer que tenía un espíritu de enfermedad durante dieciocho años llegó a Él, incapaz de incorporarse, Él la llamó a acercarse, le impuso sus manos, e inmediatamente ella se puso derecha. Cuando mi siervo Pablo vio que el padre de uno de sus seguidores estaba enfermo, oró, le impuso sus manos y lo sanó. Mi poder de sanidad está a disposición de mi pueblo mediante la imposición de manos. Confía en mi capacidad de sanar a mi pueblo mediante la imposición de manos.

Lee Mateo 19:15; Lucas 13:11-13; Hechos 28:8

 Declaración en oración:

 Padre, permite que tu poder sanador fluya a mí y por medio de mí mediante la imposición de manos. Dame fe para creer en tu poder, y muéstrame quiénes son tus humildes siervos que pueden ayudarme a encontrar mi sanidad imponiéndome las manos. Equípame con tu poder y autoridad para que pueda yo satisfacer las necesidades de quienes acudan a mí y me pidan que ore por su sanidad.

MÁS TESOROS EXTREMOS


Tayikistán: La congregación de Gracia Sonmin.


Era Domingo y la congregación de la iglesia de Gracia Sonmin en Dushanbe, Tayikistán, se habían reunido para su servicio de adoración semanal. 

Aunque su país estaba ahora libre del gobierno opresivo comunista, los musulmanes radicales aún se oponían abiertamente a la iglesia. La opresión solo había cambiado de manos de una autoridad terrorista a otra.

En el momento que el pastor visitante terminaba su sermón, una fuerte explosión al fondo de la iglesia estremeció el edificio. Una bomba. En un momento, los creyentes fueron de adorar a Dios a correr sin parar a fin de salvar sus vidas. Trataron de escapar al pasillo, pero otra bomba explotó en su ruta de escape. Había cuerpos y sangre por todas partes en la iglesia que una vez fue llamada un "Santuario".

Una anciana yacía en el suelo, sin poder moverse. La Biblia que había estado estudiando momentos antes en un culto de adoración cayó junto a ella, manchada por su sangre. Estaba abierta en una página donde había marcado tres versículos algún tiempo antes del ataque a su iglesia. 

"Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros. Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos, perplejos, pero no desesperados, perseguidos, pero no abandonados, derribados, pero no destruidos". (2 Corintios 4:7-9)

EN LAS MANOS DE DIOS

Si hay un momento especial en la vida de un hombre, es cuando su mente y su corazón están llenos de Dios; en ese momento, ya no necesita que alguien lo esté viendo para no hacer lo correcto, ni tiene quien le acuse o le condene; ya no importa lo que el mundo piense o hable; hay libertad porque hay una relación tan poderosa que le hace vivir, no con miedo, sino eternamente agradecido de servirle a un Dios que no le hace pagar las consecuencias de su pasado, ni se acuerda de lo que hizo, sino que su vida está llena totalmente de él, de cómo agradarle a él.
Llega un momento, en la vida de todo creyente, donde lo único que busca es agradar a Dios. Llega un punto en la vida de una persona que ama a Dios, donde Dios pone su Espíritu en su corazón, y lo único que piensa es: ¿Cómo yo puedo agradarle? Ya no pensamos cómo le desagradaríamos, sino en cómo agradarle, que no es lo mismo; porque la religión lo que te dice es lo que no debes hacer, lo que no agrada a Dios; y, mientras más te lo dicen, más lo haces. Porque, por más que se te diga lo que no debes hacer, tu mente trabaja a base de imágenes y, cuando la religión y el mundo te ponen la imagen incorrecta de Dios, eso es lo que gobierna tu vida. Cuando el énfasis es lo que no puedes hacer, y no lo que tienes que hacer, la imagen es la incorrecta, y tu corazón, entonces, se inclina a lo incorrecto.
Pero, cuando Dios se mete dentro de ti, comienza a decirte aquellas cosas que le agradan, y te pone en el lugar correcto, te enfoca hacia lo correcto. Esto es un trabajo del Espíritu Santo; no es tú trabajo. Tú puedes ser la sal de la tierra, aunque tú no seas perfecto. Tú puedes ser la sal de la tierra, aunque, en ciertos momentos, tomes algunas decisiones que sean erróneas; porque lo que hace falta es un corazón dispuesto, una mente abierta, un lugar donde el Espíritu Santo pueda comenzar a trabajar y comenzar a moldearte. Va a llegar el momento que todo lo que tú vas a pensar, todo lo que vas a respirar, lo que vas a hablar, lo que vas a mirar, es lo que Dios quiere que tú mires.
Deja la culpabilidad, deja la condenación, deja de tratar de vivir bajo los estándares del mundo, bajo los estándares de los religiosos. Es importante que tú vivas en la libertad para la cual Dios te ha llamado, y que tú entiendas que él no se acuerda de ninguno de tus errores del pasado. Tu vieja vida quedó atrás; lo que hiciste ayer, lo que hicieron tus padres, quedó atrás; tú no tienes que seguir viviendo las consecuencias de tu pasado.
Dios te ha hecho libre y, hoy, eso es lo que va a hacer la diferencia en tu vida, y va a provocar que otros sean diferentes. Para ser la sal de la tierra, Dios no te requiere que seas perfecto en tu cuerpo, en tus acciones; todos vamos a fallar, a cometer ciertos errores; lo importante es que sepamos quién es el dueño de nuestro corazón, de nuestros pensamientos, que sepamos a dónde volver, a dónde mirar; y, mientras tu corazón esté en esa condición, tu vida podrá hacer la diferencia.
Mucha gente no es la sal de la tierra, porque se sienten culpables porque no pueden cumplir con los estándares que el mundo ha puesto para ellos ser lo que ellos piensan que es ser un hijo de Dios. Entonces, no quieren verse hipócritas, fallarle a Dios; prefieren irse al mundo, por no fallarle, sin darse cuenta que, si hay alguien que conoce todas tus fallas, es Dios; y, cuando las haces, y te arrepientes, se olvida de ellas.
La sal de la tierra son aquellos que le permiten al Espíritu Santo que llene su corazón y su mente para cumplir con el pacto de Dios. Mientras tú tratas de hacerlo por tus propias fuerzas, nada va a pasar, siempre vas a fracasar, siempre vas a fallar; pero, cuando le permites a Dios que sea él quien trabaje contigo, tu vida cambia para siempre.
David no fue un hombre perfecto, cometió grandes errores; entre ellos, el día donde vemos a Dios molesto con David, fue el día en que David comenzó a contar los soldados que tenía. En aquel día, Dios le preguntó para qué contaba a los soldados, porqué los estaba contando. Dios se molestó con David porque David, que nunca pudo contar con nadie, solamente con Dios, ahora su enfoque dejó de ser Dios, para ver con cuántos contaba. A Dios le desagrada cuando un hombre que nunca había podido contar con nadie, solo con Dios, ahora pone su mirada a ver con quién cuenta, en vez de seguir contando con Dios.
En casa de su padre, David no podía contar con sus hermanos, ni con su papá; cuando fue a trabajar para Saúl, no podía contar con Saúl; cuando se casó, no podía contar con Mical; tenía cuatrocientos soldados al lado de él y, cuando cometió un error, los cuatrocientos lo querían matar, no podía contar con ellos. A pesar de nunca tener con quién contar, David siempre contó con Dios, y de todas Dios lo libró. Pero creció, y ahora estaba buscando con cuántos contaba. Y Dios lo enfrentó y le dio a escoger la consecuencia. Entonces, David dijo: Mejor me pongo en las manos de Dios, y no en las manos de los hombres.
Y Dios restauró a David, porque no se trata de que seas perfecto, sino de que te pongas siempre en las manos de Dios, y permitas que sea él quien dirija tu mente y tu corazón, para que nadie pueda señalarte y condenarte, y tú puedas vivir en esta tierra haciendo la diferencia, no siendo igual que el montón, sino viviendo para Dios como él quiere que tú lo hagas. 

UN PUEBLO SIN MEMORIA, ES UN PUEBLO SIN DESTINO

"Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios". Salmo 103:2.
Un pueblo sin memoria, es un pueblo sin destino. Si tú no sabes de dónde vienes, ¿cómo sabrás a dónde vas? Tú avanzas, pero ¿a dónde? ¿En qué dirección? El ser humano tiene un apego inconsciente al pasado, a pesar de su vertiginosa proyección hacia el futuro. De su historia saca fuerzas para continuar avanzando, a despecho de los obstáculos que aparecen en el camino.
El salmista te invita hoy a “bendecir a Jehová”. En nuestra lengua, la palabra “bendecir” está compuesta de dos conceptos: “decir” y “bien”. El ser humano siempre debe bendecir a Dios, a pesar de que las circunstancias pueden no ser las mejores.
Pero, ¿por qué deberíamos hablar bien de Dios si en el presente todo parece estar cabeza abajo? David nos da la razón: “Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios”. En otras palabras: Repasa tu historia. ¿Recuerdas cómo el Señor te condujo en el pasado? Si tú estás vivo en este momento, si tienes lo que tienes, aunque sea poco, ¿es solo porque tú te esforzaste, o porque Dios bendijo tu esfuerzo?
En el versículo 7 de este salmo, el autor se remonta a la manera maravillosa como Dios condujo a Israel en el pasado, “sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras”. ¿A qué hechos se refiere? Abrió el Mar Rojo, hizo caer el maná de los cielos, sacó agua de la roca, derrotó a los enemigos. ¿Es poco? Si Dios hizo todo eso en el pasado, ¿no será capaz de hacer cosas mayores en el presente?
Por tanto, habla bien de Dios. “Bendice, alma mía, a Jehová”, a pesar de las nubes y del cielo oscuro, a pesar de las lágrimas y del dolor. Dios continúa siendo Dios. No te abandonó. No duerme ni descansa. Está más presente de lo que tú te imaginas.
Este salmo tiene 22 versículos. El mismo número de letras que el alfabeto hebreo. Comienza y termina de la misma manera, diciendo: “Bendice, alma mía, a Jehová. ¿Coincidencia? No. ¿Belleza literaria? Menos aún. Simplemente, confianza de que mañana será otro día y el sol nacerá de nuevo.
Por eso, antes de revisar tu agenda diaria, repítete a ti mismo: “Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios”.