¿AMORES QUE CIEGAN?

El sol se estaba ocultando lentamente sobre el horizonte de la tierra de Sorec. Las nubes estaban pintadas como si un pincel de un artista lo hubiera hecho con todos los tonos del rojo, violáceos y anaranjados. Sansón ha llegado a la hermosa y amplia casa de Dalila. 

El “Juez” es un hombre de unos cuarenta años, más bien alto y de una musculatura que nos hace acordar de las películas de Tarzán. No tiene otros caracteres a destacar. Aparte de su constitución física su aspecto es de un israelita común. La dueña de casa ha dado orden a los sirvientes que lo hagan pasar. Este entra en una espaciosa habitación y se acuesta sobre unas hermosas alfombras que cubren el piso. 

Pesadas cortinas cuelgan de varios lugares. El Juez está impaciente esperando la llegada de la anfitriona. No es la primera vez que ha estado en ese lugar en compañía de Dalila. En su vida ha conocido Íntimamente a varias mujeres pero ninguna se puede comparar a ésta. Por fin la puerta se abre y Dalila entra en la habitación; al hacerlo, un perfume exquisito y seductor impregna el ambiente. La dama camina con elegancia y está vestida con un atuendo que resalta su inusual hermosura. Es alta, delgada, de cutis moreno. 

Sus ojos son negros, grandes y penetrantes. Su nariz es perfecta. Sus labios asoman una sonrisa que tiene una combinación de burla y triunfo. Sus brazos son perfectos como los de una escultura de Miguel Ángel. Al hablar mueve sus manos con una delicadeza y gracia admirable. Hoy podría ser una finalista en un concurso internacional de belleza. Viene acompañada por varias criadas que traen bandejas conteniendo copas de jugos y platillos con distintos frutos. 

- Amado mío, ¡qué alegría me da el verte! No te esperaba tan pronto de vuelta… 

- Es que no puedo vivir sin ti; tú lo sabes. Una sirvienta acerca una copa a Sansón quien agradece con un gesto. Dalila continúa: 

- Amor mío, tú sabes muy bien que yo tampoco puedo vivir sin ti. Lamento que tus funciones y tu trabajo te mantengan tan ocupado… La dueña de la casa hace un gesto y las criadas se retiran. Ella entonces se reclina al lado de Sansón y le dice: -Tú sabes cuánto te quiero. Nunca amé ni amaré a nadie tanto como a ti. 

Una sonrisa se dibuja en el rostro de Sansón. Que alguien con la belleza y la fama de ella le dijera estas palabras lo halagaba en gran manera. Dalila se acerca más a Sansón y le acaricia el rostro. Al hacerlo este percibe más intensamente las fragancias profundas y misteriosas. De pronto se siente transportado como si estuviera en un jardín repleto de exóticas plantas aromáticas. 

-Por favor, Sansón, cuéntame otra vez la historia de cuando cargaste al hombro las enormes puertas de Gaza y luego subiste el empinado monte y las colocaste en la cumbre. ¿Cómo pudiste hacer eso? 

 -Para mí eso no fue nada - responde el Juez - Esas puertas eran como si no pesaran. La única vez que me cansé un poco fue cuando con la quijada de un asno luché contra mil hombres y los vencí. 

-¡No lo puedo creer! -responde ella- ¿Tú solo peleaste contra mil hombres y los mataste a todos? 

-Sí, tengo que confesar que al final estaba un poco cansado… pero no mucho. 

Dalila se acerca más a Sansón y le susurra: -Tú sabes que yo te quiero con todo mi corazón y que te he dado todo mi ser. Sin embargo, siento que hay una barrera entre tú y yo. 

-Ninguna pared se interpone -responde Sansón de inmediato

- ¿Por qué levantar un muro? Cuando estoy contigo me siento el más feliz de los hombres. Dalila con voz fingida y lloriqueando dice: 

-Sí, hay un obstáculo como una muralla, porque yo te he abierto completamente a ti mi corazón y tú no lo has hecho. 

- No es verdad -responde Sansón- Yo también te he revelado mi corazón. Dalila ahora se le acerca más. Sansón siente ese aroma embriagador que emana del cuerpo de la hermosa mujer como si fuera una fuente. 

-¿Me tienes confianza? -pregunta Dalila. 

-¡Claro que sí! -responde el Juez- Creo en tu completa lealtad. 

 -Dime entonces... ¿en qué radica el secreto de tu fortaleza? Sansón siente un estremecimiento. El sabe que si le dice que ha tomado el voto del nazareo ella no lo va a entender. Es posible que lo rechace. Ella no tiene la misma fe que él en el SEÑOR Dios de Israel. 

Sansón piensa rápidamente como salir de la situación y pregunta: 

-¿Estamos completamente solos? 

 - Sí, nadie nos está escuchando. Pero Sansón ignoraba que había como un “circuito cerrado de televisión”. Detrás de esas oscuras cortinas varios espías filisteos están escuchando atentamente la conversación. 

-Querido, dime, ¿dónde está el poder de tu fuerza? 

- ¿Para qué quieres saber? 

Ella con voz de telenovela romántica responde: 

-Tanto te quiero que deseo saber todo acerca de ti.

 -¿Quieres saber cómo podría yo ser atado? ¿Me quieres atar sueltamente o bien apretado? 

Dalila contesta afectando infantil ingenuidad:

-Querido, te quiero atar tan fuerte que si yo te quisiera lastimar y atormentar no te me puedas escapar. Sansón frunciendo el entrecejo contesta: 

-Pero mujer, ¿quieres tú hacerme daño? ¿Quieres tú atormentarme? -Muy amado ¡por supuesto que no! ¿Cómo te puedes imaginar que te quiero hacer daño si te amo con todas mis fuerzas? Tus palabras me entristecen. Unas lágrimas teatrales aparecen en los ojos de Dalila que su amante rápidamente seca. Sansón se tranquiliza y piensa rápidamente una solución. Sabe que cuando a Dalila se le ocurre algo es imposible convencerla de lo contrario. 

Cree que ella no es tonta pero “por supuesto” él se considera mucho más avispado que ella. Por fin responde: 

-“Si me atan con siete cuerdas de arcos frescas que aún no estén secas, entonces me debilitaré y seré como un hombre cualquiera”. Unos días después Sansón está nuevamente con su amada. 

Ella le canta suavemente una canción monótona de amor mientras que él descansa su cabeza en sus rodillas. Sansón queda profundamente dormido. Rápidamente Dalila toma las cuerdas de arco frescas y ata los pies y las manos de su amado. Entonces, con voz fuerte, fingiendo pánico grita: 

-¡Sansón, los filisteos sobre ti! ¡Sálvate, huye! En la habitación adyacente escondidos entre las cortinas, los espías filisteos ven como Sansón salta y con un violento tirón rompe las ataduras como si fueran nada. 

-¿Por qué me asustaste? -pregunta Sansón. 

Dalila, con una sonrisa mezcla de rabia y fracaso responde: 

-No te enojes, fue una broma. Solamente quería saber si era verdad lo que me dijiste. 

Dalila comienza a sollozar como un “llorón de velorio”. Mientras se seca las lágrimas repite una y otra vez: 

-¿Por qué te has burlado de mí? ¿Por qué me has dicho mentiras? 

Varias semanas después la escena se repite en todos sus detalles. Se reiteran las mismas palabras de amor y fidelidad. Dalila una y otra vez repite su tema de la barrera, la muralla y la trinchera de separación. Por fin, usando su voz seductora y suave dice: 

-“He aquí que te has burlando de mi… Ahora dime, por favor, ¿con qué podrías ser atado?” 

Nuevamente Sansón se pregunta cuál será la razón que su amada quiera saber esto. Decide entonces que va a seguir inventando cosas hasta que ella se aburra. Entonces le dice: 

-“Si me atan fuertemente con sogas nuevas que no hayan sido usadas, entonces me debilitaré y seré como un hombre cualquiera.” Unos días después Sansón nuevamente está dormido y tras seguir sus instrucciones, ella grita con toda su energía: 

-¡Sansón, los filisteos sobre ti! 

Sansón se despierta y rompe las cuerdas como si fueran de hilo. Ningún hombre común podría haberlo hecho. Eran cuerdas gruesas y muy fuertes. Se podrían usar para atar un caballo o un toro, y Sansón las rompe como si fueran los hilos de zurcir de un sastre. De nuevo Dalila llora y se queja de que le está mintiendo, mofándose de ella. Detrás del cortinaje los filisteos escondidos observan lo que sucede. Sansón está turbado. Ante tanta insistencia esta vez responde: 

-“Si tejes los sietes mechones de mi cabellera entre la urdimbre y los aseguras con la clavija del telar contra la pared, me debilitaré y seré como un hombre cualquiera” (v. 13). Dalila se le aparece más hermosa y provocativa que nunca. Otra vez él inhala ese perfume incitante y embriagador. 

Dalila cierra cuidadosamente las cortinas. Los espías pueden escuchar, pero no pueden ver. Una vez más Dalila lo arrulla con una hermosa y monótona canción que habla de las ligaduras eternas del amor. Sansón queda dormido. Ella hace exactamente lo que su amado le dijo y entonces una vez más exclama: 

-“Sansón, los filisteos sobre ti”. El “juez” se despierta y otra vez se libera. Ahora el llanto de Dalila es desmedido, casi brutal. 

-¡Me has engañado, te burlas de mi, no me quieres nada! ¡Vete, no te quiero ver nunca más! Dalila, enojada, luce aún más atractiva y seductora que nunca. Pasan los días y prosigue con sus quejas. Más que diarias, son continuas. Sansón se da cuenta que ella no es la misma de antes. “No está tan romántica” como antes. 

Dalila rehúsa su compañía. Ese día se repite “la escena”. Sansón que quiere volver a la “relación” anterior y ella lo rechaza. Con toda su sutileza, Dalila va a jugar su última carta; si pierde, se queda sin la tentadora recompensa. El sol se está poniendo en el horizonte. Los espías están escondidos. Dalila aparece nuevamente con un atavío que resalta su hermosura. 

-Sansón -dice ella-, no podemos seguir así. Tú no me tienes confianza y te burlas de mí. Lo mira con una mirada dulce y provocadora. Sansón no sabe qué hacer. Por su cabeza corren los pensamientos rápidamente. Se acuerda de aquel momento en que se consagró al SEÑOR. Dalila lo acaricia, se le acerca y le dice: 

-Amor mío, ¿me dirás de una buena vez el secreto de tu fuerza? Sansón no aguanta más. Con su cara reflejando el semblante de un boxeador vencido habla lentamente y con la intensidad de un murmullo. Quizás piensa "Si hablo bien bajito el SEÑOR no me va a escuchar". 

-“Nunca pasó una navaja sobre mi cabeza, porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si soy rapado entonces mi fuerza se apartará de mí, me debilitaré y seré como un hombre cualquiera” (v.17). 

Dalila lo abraza intensamente y lo besa. Al día siguiente ella envía un mensajero al jefe de los filisteos. Aprovechando la ocasión que Sansón ha salido de la ciudad vienen los jefes de los filisteos. Cada uno de ellos tiene una bolsa pesada conteniendo la plata. Cinco mil quinientas piezas en total. Con todo esto Dalila no necesitaba “trabajar” el resto de su vida. Dalila recibe a los jefes con respeto. Quizás ha conocido a algunos de ellos de una manera muy peculiar. El más anciano le alcanza la primera bolsa. Con avidez Dalila acaricia las piezas. Sus ojos adquieren un brillo especial; sus labios muestran una sonrisa macabra. Una a una sopesa las bolsas de plata. Esa tarde vuelve Sansón contento como siempre. Dalila lo está esperando. Otra vez con esas ropas provocativas y ese perfume intoxicante. Las mismas palabras de amor y fidelidad se cruzan. Dalila le canta nuevamente esa canción triste y monótona del enamorado que se fue lejos en un barco y nunca más volvió. Dalila juega con los cabellos de su amado. Con sus hermosos dedos cuenta uno, dos… siete mechones. Sansón se queda dormido mirando el rostro hermoso y apasionado de Dalila. Es una de las últimas imágenes que sus retinas van a recibir. 

Dalila hace una seña y un corpulento filisteo entra en la habitación deslizándose suavemente como una cobra que va a atacar a la víctima indefensa. Velozmente corta los siete mechones de cabellos Al grito familiar de "¡Los filisteos sobre ti!” Sansón se trata de levantar del lecho pero le cuesta. Se ve rodeado de hombres fornidos armados con espadas, lanzas y hachas. Un escalofrío cubre su cuerpo. Dalila se sonríe con una mueca perversa. Sansón, mira con horror a esas fieras que se arrojan contra él. Como alguien con la arteria femoral perforada por una lanza o como si mil sedientas sanguijuelas lo atacaran, siente que en pocos segundos ha perdido sus fuerzas. 

Todos hemos tenido algún Sansón en nuestra familia o amigos cercanos. Hemos orado y llorado por ese Sansón. Alguien por quien sus padres oraron intensamente. Una persona que tenía dones especiales. Quizás en la predicación, en la enseñanza, en la música, o en el canto. Alguien quien se perfilaba que iba a hacer algo muy grande para el Señor. Y lo peor del caso es que esa persona encontró una Dalila; o en el caso de una señorita se encontró con un “Dalilo”. La causa del fracaso de Sansón no es exclusivamente culpa de “Dalila”. Sansón en forma progresiva se había apartado de los mandamientos de Dios y el encuentro con la “Filistea” no hace más que precipitar la caída de uno que estaba al borde de un precipicio mortal. Sansón luchando contra mil filisteos está en una situación menos peligrosa que cuando está durmiendo sobre las rodillas de Dalila. No es simplemente la historia de un hombre engañado por una mujer. No es un relato escrito contra el sexo femenino. 

Los principios básicos de esta narración tienen que ver con fortaleza física, pasión, traición, dinero y fidelidad al Señor. Sansón está jugando a la “ruleta rusa” y equivocadamente cree que es más inteligente que Dalila y que puede ganar. Su caída no sucede cuando se duerme y le cortan el cabello. Su caída final principia cuando mira a Dalila y decide entrar en su casa (Prov.7:8/22). Dios lo había bendecido grandemente. Había nacido como resultado de una promesa divina. Había sido consagrado al Señor aún antes de nacer. Era un hombre que no conocía la palabra miedo. Sabía que el SEÑOR lo había llamado para combatir a los filisteos y ayudar al pueblo de Israel. El Señor le había provisto de una fortaleza física extraordinaria que le permitía hacer obras increíbles. Mentalmente tenía una habilidad especial para crear adivinanzas. Si bien poseía una fortaleza física enorme también tenía una debilidad moral de la misma dimensión. El placer carnal lo dominaba. Mucho antes que lo aten con cuerdas, Dalila lo tiene atado y dominado por lo sensual. Los móviles que hacen que Dalila actúe de la manera que lo hace son complejos. Sansón es un hombre joven, musculoso, quizás atrayente pero sobre todo es una persona que tiene fama en todo el territorio. Quizás algo similar a un famoso futbolista o boxeador. Algunas mujeres tienen una “debilidad” especial por esas personas. 

Dalila es “una mujer de la vida” o una “dama cortesana” que actúa en la alta sociedad. Los jefes de los filisteos la tratan con respeto y aún le tienen confianza y le entregan las piezas de plata por adelantado; le ofrecen una buena suma de dinero porque saben que ella no es “barata”. Es probable que los filisteos le han prometido que no lo van a matar; que todo lo que desean es controlar su fuerza brutal. Dalila utiliza su cuerpo para conseguir placer y dinero “cueste lo que cueste”. Para manipular ella usa las técnicas del reproche, llanto y confesiones de que su amor es fiel. El la “amaba” por el deleite pecaminoso que podía obtener de ella. Ella lo “amaba” porque el tenia un cargo muy importante, era famoso y por encima de todo podría enriquecerla. Es posible que al principio de la “relación” ella tuvo sentimientos afectuosos hacia Sansón pero la oportunidad de enriquecerse rápidamente hizo cambiar esas emociones. ¡Para Sansón ella era una mina de placer; para Dalila él era una mina de plata! Sansón, como muchos, creía que se puede jugar con fuego sin quemarse. 

Cuando lo vemos durmiendo pesadamente con su cabeza sobre las rodillas de Dalila nos damos cuenta ¡qué tragedia representó para su familia! Aquel que sus padres han dedicado a Dios y que ha sido bendecido para casi ser un héroe nacional, ahora está descansando su cabeza sobre las rodillas de su enemigo. La advertencia de las Escrituras “el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Cor. 10:12) se nos presenta de una manera muy real. Dalila grita cuatro veces “¡Los filisteos sobre ti!”. En cada respuesta que él da en relación a la causa de su fortaleza, se va acercando cada vez más a la zona de alto riesgo. Comienza con cuerdas de arcos frescas o juncos frescos. Por último tenemos el tejido de los mechones de su cabello. Ahora estaba muy peligrosamente cerca de la verdad. Ese continuo dilema entre lo que él sabe que es la voluntad de Dios y esa mujer cuya pasión lo domina, crea en él un severo conflicto interno que explica que "su alma fue reducida a mortal angustia” (v.16). 

Es interesante que Dalila nunca quiso matarlo. Le hubiera sido fácil cuando estaba dormido en sus rodillas en vez de cortar el cabello clavar la navaja en el cuello, pero no lo hace. 

Cuatro veces él dice que “sería como un hombre cualquiera” (vs. 7,11,13,17). En realidad él era un hombre cualquiera a quien el Señor había en su gracia dado una fortaleza extraordinaria. A veces los creyentes tenemos esa actitud de superioridad u “orgullo espiritual” que nos hace pensar que somos mejores. El Apóstol que vivió tan cerca del Señor tuvo que confesar que “yo sé que en mi, a saber, en mi carne, no mora el bien” (Rom.7:18). El mismo expresa este concepto al decir “Mas bien, pongo mi cuerpo bajo disciplina y lo hago obedecer; no sea que después de haber predicado a otros, yo mismo venga a ser descalificado” (1Cor.9:26). Nosotros no tenemos una habilidad o poder extraordinario como Sansón pero Dios nos ha dado dones por el Espíritu Santo para servirle. El en su soberanía a veces decide hacer cosas extraordinarias por medio de sus siervos. Las Escrituras nos enseñan claramente que nuestro cuerpo no es para la fornicación sino para el Señor y que es templo del Espíritu Santo. 
Sansón, drenado de su fuerza sobrenatural nos hace acordar de las palabras “Los extraños han devorado sus fuerzas, pero él no se da cuenta” (Ose.7:9). Si estuviéramos hablando de un partido de fútbol diríamos que el primer tiempo termina ganando Dalila o los filisteos uno a cero. En el segundo tiempo con Sansón en la cárcel termina dos a cero. Pero en “el alargue” Sansón gana con un margen de 3000 a dos. 

NOTAS AL MARGEN La Escritura no determina si Dalila era filistea. El historiador Josefo escribe que sí lo era. Mathew Henry con su habilidad natural dice: “si no lo era de raza, ciertamente era una filistea de corazón” Si Dalila era filistea, tiene sentido desde el punto de vista patriótico el poder controlar a un enemigo. Había cinco príncipes de los filisteos (Juec.3:3); cada uno dio 1100 piezas de plata equivalente a 70 kilos de plata (muy próximo al “peso de un hombre adulto en ese metal”). Suponemos que Sansón tiene a lo menos unos cuarenta años de edad dado que juzgó a Israel por veinte años (Juec.15:20). 

Las estipulaciones del voto del nazareo están escritas en el libro de Números (cap.6). El voto podía ser hecho por hombre o mujer 
(v.1). Durante el período de la promesa es obligatorio abstenerse de alcohol, licor, vinagre, vino y aún uvas frescas o secas. 
2) No pasaría navaja sobre su cabeza. 
3) No podría tocar una persona muerta aunque fuera un familiar (v.6). 

Estas restricciones se aplicaban durante el tiempo del voto del nazareato. En la mayoría de los casos la promesa era por un tiempo limitado pero podía ser también por toda la vida. 

EN TU MENTE Y EN TU CORAZÓN

En Jeremías 31:27, en adelante, Dios dice que establecerá un nuevo pacto con Israel; que daría su ley en sus mentes, y la escribiría en sus corazones.
Cuando se habla de un pacto en la biblia, es algo muy serio. Cuando Dios hizo promesa a Abraham, un Abraham ya entrado en años, Dios le pidió que se circuncidara. ¿Por qué? Porque es una marca que no se puede reversar.
Tiene que llegar un momento en que tú estés tan consciente de tu pacto con Dios, del pacto de Dios para contigo, que tú no puedas volver para atrás; porque Dios no va a volver para atrás contigo, no va a volver para atrás en su amor por ti, no va a volver para atrás en lo que él quiere hacer contigo, no va a volver para atrás en la palabra que ha declarado sobre tu vida; pero, a veces, nosotros no hemos llegado a un punto en nuestra relación con Dios, donde digamos: Yo no regreso atrás.
Aquella era, además, una marca privada. Era una marca que el hombre vería en sus momentos más íntimos. Y, cuando viera aquella marca, se acordaría del Dios al que le servía.
El problema de muchos, es que la marca que tienen de su pacto con Dios es externa: como se viste, como hablan; pero, por dentro, no hay nada que regule sus vidas. Lo más importante no debe ser cómo los demás te ven, sino cómo tú te ves delante de Dios, y qué marca hay en tu vida que, cuando no haya nadie más, Dios todavía tenga algo tan dentro de ti, que haga que tú te comportes como un cristiano, aunque no haya nadie viéndote.
Cuando esa marca no está, entonces, invalidamos su pacto. Dios no cambia; tú puedes rectificar. ¿Tendrás tú esa marca en tu interior?
Todas las marcas y señales en el antiguo pacto eran externas, y todo lo externo puede causar rebeldía, porque es impuesto de afuera hacia adentro. Esto es lo que quieren hacer algunos cristianos, queriendo imponer la biblia a todo el mundo. Pero, en el nuevo pacto, tenemos al Espíritu Santo, que es quien convence de pecado, de justicia y de juicio.
Puedes estar compartiendo con una persona, de la manera más normal, y el Espíritu estar convenciendo a esa persona de pecado, de justicia y de juicio.
No hay que llevar una marca externa para que el mundo sepa, pero la interna la tenemos que llevar. Porque la interna es la que da testimonio delante del mundo y delante de ti, cuando no hay nadie, esa marca es la que te cuida de que tú no tomes las decisiones incorrectas en tu vida, de que no te separes del Dios Todopoderoso.
Antes, los diez mandamientos eran externas, en dos tablas. Pero, ¿de qué sirve que andes con la biblia bajo el brazo, si no la tienes en tu corazón? La biblia no es un amuleto. Solo con una relación con Dios, él puede poner adentro su palabra. Tú puedes ponerla en tu mente, pero es él quien, con su dedo, las escribe en tu corazón. Y, una vez en tu corazón, no hay quien la saque de allí. Pueden venir problemas, dificultades, crisis y, como Job, te mantendrías firme en que sabes que tu Redentor vive y, de esta, te levanta.

TODO LO QUE TE PREGUNTABAS SOBRE LA BIBLIA (Y ALGUNAS COSAS QUE PREFERIRÍAS NO SABER)

¿Todo lo que te preguntabas? 

¿Algunas cosas que preferirías no saber? 

Naturalmente, este autor no sabe qué piensa cada lector. Sin embargo, tal vez el título de este libro no resulte del todo fraudulento. 

Se encontrará aquí mucha información de gran utilidad, tanto para los que tienen el hábito de leer la Biblia, como para los que todavía no hayan adquirido ese hábito. Información a veces incómoda. 

 Con el paso de los siglos el mundo de la Biblia, de sus autores y sus primeros lectores, se nos queda cada vez más distante. 

Una de las aventuras más emocionantes del saber humano es descubrir sus secretos y procurar desentrañar cuál pueda ser su mensaje para el siglo XXI.

LA AUTORIDAD DE LA PALABRA EN LA IGLESIA

En las diferentes tradiciones protestantes o evangélicas, la máxima autoridad para sus doctrinas y su práctica está en la Biblia. 

Pero ¿cómo funciona esa autoridad? ¿Cómo es que una colección de textos de hace miles de años pueda, en efecto, ejercer autoridad hoy? La Biblia solamente se entiende, bien o mal, según la van interpretando sus lectores. 

El autor propone que si bien la Biblia hace de fundamento y control para el pensamiento cristiano, ella misma está sometida, a su vez, al fundamento y control que ejerce la persona de Jesús. Su vida y obras, muerte y resurrección. Y su enseñanza: las palabras que pronunció y que se le recuerdan.

UNA NUEVA MENTALIDAD

Lo más triste que puede suceder en un ser humano es estar confundido.  El pueblo de Israel estuvo cautivo en Babilonia, y Dios no los libró.  De Egipto, Dios te libra; pero, de Babilonia, no libra a nadie, pues sales tú mismo, cuando reconoces en la condición en que te encuentras y realizas que Dios quiere hacer algo nuevo.
Hay muchos que no se encuentran esclavos en Egipto, sino cautivos en Babilonia.  En Babilonia se levantan los Esdras, los Nehemías, los Daniel, que realizaron en la condición en que se encontraban, y dijeron: Tenemos que reconstruir, prosperar; y se activaron.
El peligro de estar en Babilonia es que te acostumbras al sistema y te acomodas.  Terminas diciéndole a lo malo, bueno y a lo bueno, malo.  En Babilonia hay libertad de culto; no cierran las iglesias, pero no se evangeliza.  Tenemos que despertar y ver lo nuevo que Dios quiere hacer en nuestras vidas.  Cosas nuevas Dios quiere hacer y va a empezar por su iglesia.  Algo nuevo, que no se parezca al pasado, al ayer.
Si lo único que recuerdas es lo que Dios ya hizo contigo, estás creyendo en un Dios limitado al ayer.  El Dios Todopoderoso quiere hacer todo nuevo.  Llevarte a una nueva dimensión, a un nuevo lugar, nuevas experiencias, pero tienes que desearlo en tu corazón y realizar en la condición espiritual en que te encuentras.  Hay quienes desean todo lo que le dieron en el pasado, pero hay que levantarse, creer y luchar para lograr lo nuevo.
Dios te salvó del pecado, te sacó de Egipto, pero necesitas redención en tu mente y en tu corazón.
Babilonia representa confusión, mediocridad.  Es vivir en un estado de no saber si hacer o no hacer, pues nadie te obliga ni te dice qué hacer o no.  Pero, en Babilonia, vives esperando que Dios te saque.  De Egipto, solo Dios te puede salvar, pero de Babilonia te sales tú mismo, cuando realizas lo nuevo que Dios tiene para tu vida.
Toda la biblia es basada en lo nuevo de Dios.  Nuevo pacto, nuevo nombre, cielo nuevo y tierra nueva, nuevas moradas, nuevas vestiduras, hacerte nueva criatura.  ¡Todo nuevo!
En Isaías 43:19, vemos 4 cosas que Dios hace cuando te atreves a creer y moverte a lo nuevo:
  • He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz – Hay que estar preparado para los momentos divinos que de repente van a suceder; momentos en que Dios te muestra que está haciendo algo nuevo.  De repente alguien te pide perdón, de repente te dan la beca para estudios, de repente llegan oportunidades y que te llevan a comenzar una nueva etapa.
  • Otra vez abriré camino en el desierto – Dios abrirá camino en esta época, dándote favor y gracia y mostrándote dónde caminar y qué decisiones tomar.
  • Voy a traer ríos – En medio del desierto, Dios hará que agua salga a tu favor.  Vendrán ríos de abundancia de Dios para cambiar el lugar árido en un lugar fértil.
  • Voy a hacer que los chacales se vuelvan mansos – Todo aquello que te ha amenazado en el desierto Dios lo va a disipar.  Dios te va a levantar aun en el ambiente más hostil y te va a prosperar delante de tus enemigos.
Dios hace todo nuevo en tu vida.  Atrévete a creer y moverte a lo nuevo que Dios tiene para ti y los tuyos.  Nuevos comienzos, nuevos negocios, nuevos estudios, nuevos conocimientos, nuevos trabajos, nuevas amistades, nuevas conexiones. Ten una nueva mentalidad para atreverte a vivir lo nuevo de Dios.

DIOS NO ESTÁ MUERTO: LA EVIDENCIA DE UN DIOS EN UNA ÉPOCA DE INCERTIDUMBRE

El objetivo de Dios no está muerto es sencillo: ayudarle a desarrollar "una fe que es real, creíble y lo suficientemente fuerte, a la vez que asiste a otros a encontrar la fe en Dios". 

Con ese fin, Rice Broocks esboza un mapa que guía a aquellos que buscan respuestas a reconocer las verdades más básicas del cristianismo:

Hay evidencia abrumadora y emocionante sobre la existencia de Dios

El Dios que existe es de hecho el Dios de la Biblia

Dios ha revelado su naturaleza a través de su Hijo, Jesucristo

Argumentos persuasivos trabajados con herramientas tomadas de la lógica, la ciencia y la filosofía, así como de la Escritura, solidifican su fe cristiana y le proporcionan puntos de partida para las discusiones con escépticos. 

Dios no está muerto es la apologética para el siglo XXI, presentada en términos sencillos. Aprenda a hablar de su propia fe con confianza a la vez que guía a otros a una relación personal con Jesús

HACIA DONDE

De las primeras preguntas que se hacen en la biblia, vemos a Dios preguntando: ¿Dónde estás, Adán? Y luego: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? En el Nuevo Testamento, la primera pregunta es: ¿Dónde está el Mesías?
Siempre Dios ha estado buscando dónde está el hombre, y tiene que llegar un momento en que el hombre se encuentre con Dios, que se ubique, que se posicione para experimentar todo lo que Dios tiene para su vida.
Uno de los peores problemas que tiene mucha gente es la falta de ubicación. De tu ubicación depende todo lo que Dios va a hacer contigo. Cuando el hijo pródigo se fue de la casa de su padre, siguió siendo hijo, pero, al estar fuera, lo perdió todo. Cuando regresa, sigue siendo hijo, pero ahora está ubicado. Cuando se desubica, lo pierde todo; cuando se ubica, lo gana todo.
Toda la biblia es ubicación. Jesús fue a buscar a la mujer en el pozo; Jesús se encontró con Zaqueo en el árbol, y entonces le dijo que iría a su casa. Dios ha estado siempre buscando la ubicación del hombre, para darle la experiencia de la nueva vida.
Para poder recibir lo nuevo que Dios tiene, tienes que creer en la posibilidad de que, aun con una vieja historia, Dios puede hacer algo nuevo contigo. Lo único que tienes que hacer es abrir tus ojos a la percepción espiritual, para recibir libertad de tu cautividad.
En Mateo 26:17, en adelante, Jesús está presentando la cena del Señor, la comunión, partiendo el pan y el vino. Los discípulos preguntan a Jesús dónde preparar todo para comer la pascua, pero, dentro del evento de la pascua, Jesús celebró la comunión –no la pascua. La pascua celebraba el día en que Egipto dejó ir al pueblo de Israel. Esa noche, cuando pasó el ángel, tenían que comer el cordero; ahí se instituye la pascua.
Cada cierto tiempo, se celebraba la pascua para recordar la libertad del pueblo de Israel de Egipto. Y Jesús escoge el momento de la pascua para celebrar la comunión. Durante la pascua, se hacía lo mismo que Jesús estaba haciendo: Comer el pan. Pero, Jesús cambió la dirección de aquella celebración, cuando estableció que aquello era su cuerpo. Jesús posicionó aquel mismo evento hacia el futuro, celebrando lo que él haría por nosotros.
Hay que celebrar, pero no la pascua, sino la comunión. Se trata de hacer lo mismo, pero, en vez de recordar que Dios te liberó, recuerda lo que Cristo hizo y lo que va a hacer contigo. Es el mismo evento, en una nueva dirección, que te pone en una proyección de avanzada; porque, si lo único que haces son rituales para recordar lo que Dios hizo, nunca podrás realmente ver lo que Dios va a hacer contigo.
Jesús estaba transicionando a todo el pueblo. Aquel era el mismo acto, solo que, en lugar de realizarlo para recordar el pasado, lo que celebrarían es lo que Cristo haría. Lo que Dios quiere que tengas en tu memoria no es de dónde tú vienes, sino hacia donde tú vas. Él no quiere que recuerdes todos los días de dónde él te sacó, sino para dónde te sacó. Él te sacó de Egipto, pero te sacó para la tierra prometida.
Mientras tú estés recordando que Dios te sacó de Egipto, perderás de vista que te sacó para la tierra prometida. Así que, da gracias a Dios de dónde él te sacó, pero agradece aún más y mantente enfocado en hacia dónde él te lleva.