APOCALIPSIS, INTERPRETACIÓN EFICAZ HOY

¿Un libro más sobre el Apocalipsis? ¡NO! Un enfoque diferente e innovador; un libro magistral de gran calidad teológica, con un enfoque y valor homilético y pastoral. 

El Apocalipsis es el tema favorito de aquellos que se regocijan en describir plagas y calamidades futuras, identificar símbolos y descifrar códigos. Pero Samuel Pagán toma otro rumbo: el de la esperanza como mensaje fundamental. Afirma que Juan escribió las revelaciones para edificar y consolar, no para confundir o atribular a los cristianos. Hace una contextualización de la revelación apocalíptica, de la crisis vivida por la naciente iglesia cristiana (a quién iba dirigida) a la crisis que azota nuestro mundo actual aportando respuestas a las necesidades de los creyentes en medio de las realidades sociales, económicas, políticas y espirituales de nuestra sociedad. Cabe decir que este libro aporta una nueva visión de la visión. 

Presenta el Apocalipsis como una epístola de consolación y afirmación en los momentos de dificultad, la clave para trocar la imperante sociología de la desesperanza, en teología de la esperanza. 

«Conjuga las investigaciones eruditas del Nuevo Testamento con las inquietudes cotidianas del pueblo de fe. Vincula el lenguaje preciso de un profesor de teología, con la palabra edificadora del pastor a quien le interesa la salud espiritual de los creyentes». 

NUESTRAS ARMAS NO SON CARNALES

El cristiano no puede tener una vida espiritual pasiva. Por el contrario, esta debe ser bien ofensiva. Desde que nos convertimos en hijos de Dios, simultáneamente nos convertimos en mega enemigos de Satanás. Desde ese momento en que asumimos la posición de hijos de Dios, recibiendo a Jesús como Señor y Salvador, somos transferidos de un reino a otro reino: del reino de las tinieblas al Reino de la luz. Esos dos reinos están en constante guerra y nosotros no podemos vivir como simples hijos de Dios. Su Palabra, en Apocalipsis 1:6, declara que los creyentes somos reyes y sacerdotes. Somos reyes porque pertenecemos a un reino para gobernar y para avanzar hacia delante en la conquista de las almas; y sacerdotes para ministrar a Dios.

Si el reino de las tinieblas se opone al Reino de la luz, nosotros como hijos de Dios, somos integrantes de su ejército y por consiguiente, debemos prepararnos para la guerra. No tenemos excusa diciendo que estamos en la retaguardia, en la parte de atrás del ejército y viviendo livianamente sin hacer nada, porque principalmente esta es una guerra por nuestras propias vidas. Aunque queramos ignorar a Satanás y decidir "no meternos" con él, estamos en su mira y él va a atacarnos al menor descuido.

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).

La Palabra nos advierte que tenemos una constante lucha y esta no es contra carne ni sangre. Debemos entender y ser conscientes de que nuestros verdaderos enemigos son el diablo y sus demonios. ¿Qué, pues, debemos hacer? Equiparnos apropiadamente de acuerdo a las instrucciones que dice la Biblia y tomar las armas que el Señor nos confiere.

“Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas" (2 Corintios 10:4).

¿Cómo se aplica esta porción de la Palabra? Por ejemplo: si en un matrimonio existe un problema, el arma carnal de la esposa puede ser no hablarle al marido ni dejar que él la toque. Entonces el marido también usa el arma carnal y decide no darle dinero.

 ¡No! En este conflicto, las armas carnales no funcionan. Esta es una guerra espiritual y nuestras armas son espirituales. En 1 Corintios 13:13 nos dice: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”.

Tres cosas son poderosas: la fe, la esperanza y el amor. Si existe un problema entre los cónyuges, la única solución es el amor y el perdón. Nuestras armas no son carnales. La razón nos va a guiar a que sigamos el mismo modelo que siguieron nuestros antepasados (la mentira, la violencia, el maltrato), pero las armas carnales no tienen poder. ¿Cómo dice la Biblia que se vence el mal? Con el bien. “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12:21).

LA GRAN RECOMPENSA DE LA PUREZA

La cosa más difícil de hacer en la vida de un soltero cristiano es mantenerse puro hasta el matrimonio. Seguro que ya te hayas dado cuenta de esto, por lo menos a nivel intelectual. 

Es por eso probablemente que estás buscando este libro. Sabes que tienes un gran desafío delante de ti y necesitas ánimo. Has venido al lugar indicado.

CIELO NUEVO Y TIERRA NUEVA

Cuando estudiamos la promesa para el pueblo de Israel, en Isaías 65, es algo más que la promesa de la eternidad, sino también una promesa aquí en la tierra, en el presente.  El pueblo de Israel caminaba con la conciencia de que los cielos estaban abiertos para sus vidas y la tierra tenía que responder a lo que el cielo decía.
Esta promesa para el pueblo de Israel se transfiere a nosotros con el nuevo pacto y sus nuevas promesas.  Cielo nuevo y tierra nueva es para nosotros caminar con esa conciencia y nuestra tierra sea productiva y nuestro mundo se vaya transformando.
En Isaías 65:25, Dios dice: Antes que clamen, yo responderé; mientras aún estén hablando, yo habré oído.  Imagina que aún no hayas dicho tu necesidad y el cielo ya haya enviado la contestación.  Ese es el favor, la gracia de Dios y tener cielos abiertos.  Lamentablemente, no sucede porque no lo crees, pues se vive con la creencia que hay que orar y decir demasiadas letanías para que esto ocurra.  Pero es tiempo que se levante un pueblo que entienda que Cristo vino, murió por nosotros y resucitó.  Que desde entonces el Espíritu Santo está entre nosotros  para que tengamos cielo nuevo y tierra nueva, no solamente en la eternidad, sino también aquí y ahora.
Si esto fuera únicamente un aspecto literal, entonces significaría que el cielo está mal, pero el cielo nunca se ha dañado.  El principio de la Biblia dice: Dios creó los cielos y la tierra, pero lo que se desordenó fue la tierra.  El cielo, donde Dios vive, nunca ha estado en desorden.  La tierra del hombre es la que ha estado en desorden en su relación con Dios.  Por esto, el hombre no ha podido entender que hay cielos abiertos sobre su vida.
Cuando un hombre o una mujer esta triste y deprimido lo que hace es caminar mirando hacia la tierra, cabizbajo.  Esa es la condición natural del hombre, recordar de dónde salimos y para dónde vamos naturalmente.  Pero, el pueblo de Israel caminaba mirando hacia los cielos, reconociendo lo que Dios le prometió, en Deuteronomio 11:11, que la tierra donde los llevaba era una tierra diferente a la que tenían en Egipto.  Es una tierra que va a producir en abundancia como nunca has visto, porque bebe la lluvia del cielo.
El mundo en que vivimos es un mundo donde se cree que lo único que podemos hacer es caminar mirando hacia la tierra por dolor, amargura y tristezas.  Es un mundo que quiere que mires solamente hacia la tierra con las malas noticias.  Pero ya es tiempo que creas que hay cielo nuevo, tierra nueva y mires hacia el cielo y comiences a orar y creer.  Orar, no con oraciones complicadas, sino como la oración del Padre nuestro, -sea hecha tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo.
Cielo nuevo y tierra nueva es tener la posibilidad que el cielo influencie la tierra y todo lo que hagamos.  Donde nuestros hijos son benditos por Jehová, nuestro trabajo no sea en vano y nuestra oración sea contestada aun antes de terminar de orar.   Si caminaras con esta fe, cambiaría tu manera de pensar y de vivir.

¿AMORES QUE CIEGAN?

El sol se estaba ocultando lentamente sobre el horizonte de la tierra de Sorec. Las nubes estaban pintadas como si un pincel de un artista lo hubiera hecho con todos los tonos del rojo, violáceos y anaranjados. Sansón ha llegado a la hermosa y amplia casa de Dalila. 

El “Juez” es un hombre de unos cuarenta años, más bien alto y de una musculatura que nos hace acordar de las películas de Tarzán. No tiene otros caracteres a destacar. Aparte de su constitución física su aspecto es de un israelita común. La dueña de casa ha dado orden a los sirvientes que lo hagan pasar. Este entra en una espaciosa habitación y se acuesta sobre unas hermosas alfombras que cubren el piso. 

Pesadas cortinas cuelgan de varios lugares. El Juez está impaciente esperando la llegada de la anfitriona. No es la primera vez que ha estado en ese lugar en compañía de Dalila. En su vida ha conocido Íntimamente a varias mujeres pero ninguna se puede comparar a ésta. Por fin la puerta se abre y Dalila entra en la habitación; al hacerlo, un perfume exquisito y seductor impregna el ambiente. La dama camina con elegancia y está vestida con un atuendo que resalta su inusual hermosura. Es alta, delgada, de cutis moreno. 

Sus ojos son negros, grandes y penetrantes. Su nariz es perfecta. Sus labios asoman una sonrisa que tiene una combinación de burla y triunfo. Sus brazos son perfectos como los de una escultura de Miguel Ángel. Al hablar mueve sus manos con una delicadeza y gracia admirable. Hoy podría ser una finalista en un concurso internacional de belleza. Viene acompañada por varias criadas que traen bandejas conteniendo copas de jugos y platillos con distintos frutos. 

- Amado mío, ¡qué alegría me da el verte! No te esperaba tan pronto de vuelta… 

- Es que no puedo vivir sin ti; tú lo sabes. Una sirvienta acerca una copa a Sansón quien agradece con un gesto. Dalila continúa: 

- Amor mío, tú sabes muy bien que yo tampoco puedo vivir sin ti. Lamento que tus funciones y tu trabajo te mantengan tan ocupado… La dueña de la casa hace un gesto y las criadas se retiran. Ella entonces se reclina al lado de Sansón y le dice: -Tú sabes cuánto te quiero. Nunca amé ni amaré a nadie tanto como a ti. 

Una sonrisa se dibuja en el rostro de Sansón. Que alguien con la belleza y la fama de ella le dijera estas palabras lo halagaba en gran manera. Dalila se acerca más a Sansón y le acaricia el rostro. Al hacerlo este percibe más intensamente las fragancias profundas y misteriosas. De pronto se siente transportado como si estuviera en un jardín repleto de exóticas plantas aromáticas. 

-Por favor, Sansón, cuéntame otra vez la historia de cuando cargaste al hombro las enormes puertas de Gaza y luego subiste el empinado monte y las colocaste en la cumbre. ¿Cómo pudiste hacer eso? 

 -Para mí eso no fue nada - responde el Juez - Esas puertas eran como si no pesaran. La única vez que me cansé un poco fue cuando con la quijada de un asno luché contra mil hombres y los vencí. 

-¡No lo puedo creer! -responde ella- ¿Tú solo peleaste contra mil hombres y los mataste a todos? 

-Sí, tengo que confesar que al final estaba un poco cansado… pero no mucho. 

Dalila se acerca más a Sansón y le susurra: -Tú sabes que yo te quiero con todo mi corazón y que te he dado todo mi ser. Sin embargo, siento que hay una barrera entre tú y yo. 

-Ninguna pared se interpone -responde Sansón de inmediato

- ¿Por qué levantar un muro? Cuando estoy contigo me siento el más feliz de los hombres. Dalila con voz fingida y lloriqueando dice: 

-Sí, hay un obstáculo como una muralla, porque yo te he abierto completamente a ti mi corazón y tú no lo has hecho. 

- No es verdad -responde Sansón- Yo también te he revelado mi corazón. Dalila ahora se le acerca más. Sansón siente ese aroma embriagador que emana del cuerpo de la hermosa mujer como si fuera una fuente. 

-¿Me tienes confianza? -pregunta Dalila. 

-¡Claro que sí! -responde el Juez- Creo en tu completa lealtad. 

 -Dime entonces... ¿en qué radica el secreto de tu fortaleza? Sansón siente un estremecimiento. El sabe que si le dice que ha tomado el voto del nazareo ella no lo va a entender. Es posible que lo rechace. Ella no tiene la misma fe que él en el SEÑOR Dios de Israel. 

Sansón piensa rápidamente como salir de la situación y pregunta: 

-¿Estamos completamente solos? 

 - Sí, nadie nos está escuchando. Pero Sansón ignoraba que había como un “circuito cerrado de televisión”. Detrás de esas oscuras cortinas varios espías filisteos están escuchando atentamente la conversación. 

-Querido, dime, ¿dónde está el poder de tu fuerza? 

- ¿Para qué quieres saber? 

Ella con voz de telenovela romántica responde: 

-Tanto te quiero que deseo saber todo acerca de ti.

 -¿Quieres saber cómo podría yo ser atado? ¿Me quieres atar sueltamente o bien apretado? 

Dalila contesta afectando infantil ingenuidad:

-Querido, te quiero atar tan fuerte que si yo te quisiera lastimar y atormentar no te me puedas escapar. Sansón frunciendo el entrecejo contesta: 

-Pero mujer, ¿quieres tú hacerme daño? ¿Quieres tú atormentarme? -Muy amado ¡por supuesto que no! ¿Cómo te puedes imaginar que te quiero hacer daño si te amo con todas mis fuerzas? Tus palabras me entristecen. Unas lágrimas teatrales aparecen en los ojos de Dalila que su amante rápidamente seca. Sansón se tranquiliza y piensa rápidamente una solución. Sabe que cuando a Dalila se le ocurre algo es imposible convencerla de lo contrario. 

Cree que ella no es tonta pero “por supuesto” él se considera mucho más avispado que ella. Por fin responde: 

-“Si me atan con siete cuerdas de arcos frescas que aún no estén secas, entonces me debilitaré y seré como un hombre cualquiera”. Unos días después Sansón está nuevamente con su amada. 

Ella le canta suavemente una canción monótona de amor mientras que él descansa su cabeza en sus rodillas. Sansón queda profundamente dormido. Rápidamente Dalila toma las cuerdas de arco frescas y ata los pies y las manos de su amado. Entonces, con voz fuerte, fingiendo pánico grita: 

-¡Sansón, los filisteos sobre ti! ¡Sálvate, huye! En la habitación adyacente escondidos entre las cortinas, los espías filisteos ven como Sansón salta y con un violento tirón rompe las ataduras como si fueran nada. 

-¿Por qué me asustaste? -pregunta Sansón. 

Dalila, con una sonrisa mezcla de rabia y fracaso responde: 

-No te enojes, fue una broma. Solamente quería saber si era verdad lo que me dijiste. 

Dalila comienza a sollozar como un “llorón de velorio”. Mientras se seca las lágrimas repite una y otra vez: 

-¿Por qué te has burlado de mí? ¿Por qué me has dicho mentiras? 

Varias semanas después la escena se repite en todos sus detalles. Se reiteran las mismas palabras de amor y fidelidad. Dalila una y otra vez repite su tema de la barrera, la muralla y la trinchera de separación. Por fin, usando su voz seductora y suave dice: 

-“He aquí que te has burlando de mi… Ahora dime, por favor, ¿con qué podrías ser atado?” 

Nuevamente Sansón se pregunta cuál será la razón que su amada quiera saber esto. Decide entonces que va a seguir inventando cosas hasta que ella se aburra. Entonces le dice: 

-“Si me atan fuertemente con sogas nuevas que no hayan sido usadas, entonces me debilitaré y seré como un hombre cualquiera.” Unos días después Sansón nuevamente está dormido y tras seguir sus instrucciones, ella grita con toda su energía: 

-¡Sansón, los filisteos sobre ti! 

Sansón se despierta y rompe las cuerdas como si fueran de hilo. Ningún hombre común podría haberlo hecho. Eran cuerdas gruesas y muy fuertes. Se podrían usar para atar un caballo o un toro, y Sansón las rompe como si fueran los hilos de zurcir de un sastre. De nuevo Dalila llora y se queja de que le está mintiendo, mofándose de ella. Detrás del cortinaje los filisteos escondidos observan lo que sucede. Sansón está turbado. Ante tanta insistencia esta vez responde: 

-“Si tejes los sietes mechones de mi cabellera entre la urdimbre y los aseguras con la clavija del telar contra la pared, me debilitaré y seré como un hombre cualquiera” (v. 13). Dalila se le aparece más hermosa y provocativa que nunca. Otra vez él inhala ese perfume incitante y embriagador. 

Dalila cierra cuidadosamente las cortinas. Los espías pueden escuchar, pero no pueden ver. Una vez más Dalila lo arrulla con una hermosa y monótona canción que habla de las ligaduras eternas del amor. Sansón queda dormido. Ella hace exactamente lo que su amado le dijo y entonces una vez más exclama: 

-“Sansón, los filisteos sobre ti”. El “juez” se despierta y otra vez se libera. Ahora el llanto de Dalila es desmedido, casi brutal. 

-¡Me has engañado, te burlas de mi, no me quieres nada! ¡Vete, no te quiero ver nunca más! Dalila, enojada, luce aún más atractiva y seductora que nunca. Pasan los días y prosigue con sus quejas. Más que diarias, son continuas. Sansón se da cuenta que ella no es la misma de antes. “No está tan romántica” como antes. 

Dalila rehúsa su compañía. Ese día se repite “la escena”. Sansón que quiere volver a la “relación” anterior y ella lo rechaza. Con toda su sutileza, Dalila va a jugar su última carta; si pierde, se queda sin la tentadora recompensa. El sol se está poniendo en el horizonte. Los espías están escondidos. Dalila aparece nuevamente con un atavío que resalta su hermosura. 

-Sansón -dice ella-, no podemos seguir así. Tú no me tienes confianza y te burlas de mí. Lo mira con una mirada dulce y provocadora. Sansón no sabe qué hacer. Por su cabeza corren los pensamientos rápidamente. Se acuerda de aquel momento en que se consagró al SEÑOR. Dalila lo acaricia, se le acerca y le dice: 

-Amor mío, ¿me dirás de una buena vez el secreto de tu fuerza? Sansón no aguanta más. Con su cara reflejando el semblante de un boxeador vencido habla lentamente y con la intensidad de un murmullo. Quizás piensa "Si hablo bien bajito el SEÑOR no me va a escuchar". 

-“Nunca pasó una navaja sobre mi cabeza, porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si soy rapado entonces mi fuerza se apartará de mí, me debilitaré y seré como un hombre cualquiera” (v.17). 

Dalila lo abraza intensamente y lo besa. Al día siguiente ella envía un mensajero al jefe de los filisteos. Aprovechando la ocasión que Sansón ha salido de la ciudad vienen los jefes de los filisteos. Cada uno de ellos tiene una bolsa pesada conteniendo la plata. Cinco mil quinientas piezas en total. Con todo esto Dalila no necesitaba “trabajar” el resto de su vida. Dalila recibe a los jefes con respeto. Quizás ha conocido a algunos de ellos de una manera muy peculiar. El más anciano le alcanza la primera bolsa. Con avidez Dalila acaricia las piezas. Sus ojos adquieren un brillo especial; sus labios muestran una sonrisa macabra. Una a una sopesa las bolsas de plata. Esa tarde vuelve Sansón contento como siempre. Dalila lo está esperando. Otra vez con esas ropas provocativas y ese perfume intoxicante. Las mismas palabras de amor y fidelidad se cruzan. Dalila le canta nuevamente esa canción triste y monótona del enamorado que se fue lejos en un barco y nunca más volvió. Dalila juega con los cabellos de su amado. Con sus hermosos dedos cuenta uno, dos… siete mechones. Sansón se queda dormido mirando el rostro hermoso y apasionado de Dalila. Es una de las últimas imágenes que sus retinas van a recibir. 

Dalila hace una seña y un corpulento filisteo entra en la habitación deslizándose suavemente como una cobra que va a atacar a la víctima indefensa. Velozmente corta los siete mechones de cabellos Al grito familiar de "¡Los filisteos sobre ti!” Sansón se trata de levantar del lecho pero le cuesta. Se ve rodeado de hombres fornidos armados con espadas, lanzas y hachas. Un escalofrío cubre su cuerpo. Dalila se sonríe con una mueca perversa. Sansón, mira con horror a esas fieras que se arrojan contra él. Como alguien con la arteria femoral perforada por una lanza o como si mil sedientas sanguijuelas lo atacaran, siente que en pocos segundos ha perdido sus fuerzas. 

Todos hemos tenido algún Sansón en nuestra familia o amigos cercanos. Hemos orado y llorado por ese Sansón. Alguien por quien sus padres oraron intensamente. Una persona que tenía dones especiales. Quizás en la predicación, en la enseñanza, en la música, o en el canto. Alguien quien se perfilaba que iba a hacer algo muy grande para el Señor. Y lo peor del caso es que esa persona encontró una Dalila; o en el caso de una señorita se encontró con un “Dalilo”. La causa del fracaso de Sansón no es exclusivamente culpa de “Dalila”. Sansón en forma progresiva se había apartado de los mandamientos de Dios y el encuentro con la “Filistea” no hace más que precipitar la caída de uno que estaba al borde de un precipicio mortal. Sansón luchando contra mil filisteos está en una situación menos peligrosa que cuando está durmiendo sobre las rodillas de Dalila. No es simplemente la historia de un hombre engañado por una mujer. No es un relato escrito contra el sexo femenino. 

Los principios básicos de esta narración tienen que ver con fortaleza física, pasión, traición, dinero y fidelidad al Señor. Sansón está jugando a la “ruleta rusa” y equivocadamente cree que es más inteligente que Dalila y que puede ganar. Su caída no sucede cuando se duerme y le cortan el cabello. Su caída final principia cuando mira a Dalila y decide entrar en su casa (Prov.7:8/22). Dios lo había bendecido grandemente. Había nacido como resultado de una promesa divina. Había sido consagrado al Señor aún antes de nacer. Era un hombre que no conocía la palabra miedo. Sabía que el SEÑOR lo había llamado para combatir a los filisteos y ayudar al pueblo de Israel. El Señor le había provisto de una fortaleza física extraordinaria que le permitía hacer obras increíbles. Mentalmente tenía una habilidad especial para crear adivinanzas. Si bien poseía una fortaleza física enorme también tenía una debilidad moral de la misma dimensión. El placer carnal lo dominaba. Mucho antes que lo aten con cuerdas, Dalila lo tiene atado y dominado por lo sensual. Los móviles que hacen que Dalila actúe de la manera que lo hace son complejos. Sansón es un hombre joven, musculoso, quizás atrayente pero sobre todo es una persona que tiene fama en todo el territorio. Quizás algo similar a un famoso futbolista o boxeador. Algunas mujeres tienen una “debilidad” especial por esas personas. 

Dalila es “una mujer de la vida” o una “dama cortesana” que actúa en la alta sociedad. Los jefes de los filisteos la tratan con respeto y aún le tienen confianza y le entregan las piezas de plata por adelantado; le ofrecen una buena suma de dinero porque saben que ella no es “barata”. Es probable que los filisteos le han prometido que no lo van a matar; que todo lo que desean es controlar su fuerza brutal. Dalila utiliza su cuerpo para conseguir placer y dinero “cueste lo que cueste”. Para manipular ella usa las técnicas del reproche, llanto y confesiones de que su amor es fiel. El la “amaba” por el deleite pecaminoso que podía obtener de ella. Ella lo “amaba” porque el tenia un cargo muy importante, era famoso y por encima de todo podría enriquecerla. Es posible que al principio de la “relación” ella tuvo sentimientos afectuosos hacia Sansón pero la oportunidad de enriquecerse rápidamente hizo cambiar esas emociones. ¡Para Sansón ella era una mina de placer; para Dalila él era una mina de plata! Sansón, como muchos, creía que se puede jugar con fuego sin quemarse. 

Cuando lo vemos durmiendo pesadamente con su cabeza sobre las rodillas de Dalila nos damos cuenta ¡qué tragedia representó para su familia! Aquel que sus padres han dedicado a Dios y que ha sido bendecido para casi ser un héroe nacional, ahora está descansando su cabeza sobre las rodillas de su enemigo. La advertencia de las Escrituras “el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Cor. 10:12) se nos presenta de una manera muy real. Dalila grita cuatro veces “¡Los filisteos sobre ti!”. En cada respuesta que él da en relación a la causa de su fortaleza, se va acercando cada vez más a la zona de alto riesgo. Comienza con cuerdas de arcos frescas o juncos frescos. Por último tenemos el tejido de los mechones de su cabello. Ahora estaba muy peligrosamente cerca de la verdad. Ese continuo dilema entre lo que él sabe que es la voluntad de Dios y esa mujer cuya pasión lo domina, crea en él un severo conflicto interno que explica que "su alma fue reducida a mortal angustia” (v.16). 

Es interesante que Dalila nunca quiso matarlo. Le hubiera sido fácil cuando estaba dormido en sus rodillas en vez de cortar el cabello clavar la navaja en el cuello, pero no lo hace. 

Cuatro veces él dice que “sería como un hombre cualquiera” (vs. 7,11,13,17). En realidad él era un hombre cualquiera a quien el Señor había en su gracia dado una fortaleza extraordinaria. A veces los creyentes tenemos esa actitud de superioridad u “orgullo espiritual” que nos hace pensar que somos mejores. El Apóstol que vivió tan cerca del Señor tuvo que confesar que “yo sé que en mi, a saber, en mi carne, no mora el bien” (Rom.7:18). El mismo expresa este concepto al decir “Mas bien, pongo mi cuerpo bajo disciplina y lo hago obedecer; no sea que después de haber predicado a otros, yo mismo venga a ser descalificado” (1Cor.9:26). Nosotros no tenemos una habilidad o poder extraordinario como Sansón pero Dios nos ha dado dones por el Espíritu Santo para servirle. El en su soberanía a veces decide hacer cosas extraordinarias por medio de sus siervos. Las Escrituras nos enseñan claramente que nuestro cuerpo no es para la fornicación sino para el Señor y que es templo del Espíritu Santo. 
Sansón, drenado de su fuerza sobrenatural nos hace acordar de las palabras “Los extraños han devorado sus fuerzas, pero él no se da cuenta” (Ose.7:9). Si estuviéramos hablando de un partido de fútbol diríamos que el primer tiempo termina ganando Dalila o los filisteos uno a cero. En el segundo tiempo con Sansón en la cárcel termina dos a cero. Pero en “el alargue” Sansón gana con un margen de 3000 a dos. 

NOTAS AL MARGEN La Escritura no determina si Dalila era filistea. El historiador Josefo escribe que sí lo era. Mathew Henry con su habilidad natural dice: “si no lo era de raza, ciertamente era una filistea de corazón” Si Dalila era filistea, tiene sentido desde el punto de vista patriótico el poder controlar a un enemigo. Había cinco príncipes de los filisteos (Juec.3:3); cada uno dio 1100 piezas de plata equivalente a 70 kilos de plata (muy próximo al “peso de un hombre adulto en ese metal”). Suponemos que Sansón tiene a lo menos unos cuarenta años de edad dado que juzgó a Israel por veinte años (Juec.15:20). 

Las estipulaciones del voto del nazareo están escritas en el libro de Números (cap.6). El voto podía ser hecho por hombre o mujer 
(v.1). Durante el período de la promesa es obligatorio abstenerse de alcohol, licor, vinagre, vino y aún uvas frescas o secas. 
2) No pasaría navaja sobre su cabeza. 
3) No podría tocar una persona muerta aunque fuera un familiar (v.6). 

Estas restricciones se aplicaban durante el tiempo del voto del nazareato. En la mayoría de los casos la promesa era por un tiempo limitado pero podía ser también por toda la vida. 

EN TU MENTE Y EN TU CORAZÓN

En Jeremías 31:27, en adelante, Dios dice que establecerá un nuevo pacto con Israel; que daría su ley en sus mentes, y la escribiría en sus corazones.
Cuando se habla de un pacto en la biblia, es algo muy serio. Cuando Dios hizo promesa a Abraham, un Abraham ya entrado en años, Dios le pidió que se circuncidara. ¿Por qué? Porque es una marca que no se puede reversar.
Tiene que llegar un momento en que tú estés tan consciente de tu pacto con Dios, del pacto de Dios para contigo, que tú no puedas volver para atrás; porque Dios no va a volver para atrás contigo, no va a volver para atrás en su amor por ti, no va a volver para atrás en lo que él quiere hacer contigo, no va a volver para atrás en la palabra que ha declarado sobre tu vida; pero, a veces, nosotros no hemos llegado a un punto en nuestra relación con Dios, donde digamos: Yo no regreso atrás.
Aquella era, además, una marca privada. Era una marca que el hombre vería en sus momentos más íntimos. Y, cuando viera aquella marca, se acordaría del Dios al que le servía.
El problema de muchos, es que la marca que tienen de su pacto con Dios es externa: como se viste, como hablan; pero, por dentro, no hay nada que regule sus vidas. Lo más importante no debe ser cómo los demás te ven, sino cómo tú te ves delante de Dios, y qué marca hay en tu vida que, cuando no haya nadie más, Dios todavía tenga algo tan dentro de ti, que haga que tú te comportes como un cristiano, aunque no haya nadie viéndote.
Cuando esa marca no está, entonces, invalidamos su pacto. Dios no cambia; tú puedes rectificar. ¿Tendrás tú esa marca en tu interior?
Todas las marcas y señales en el antiguo pacto eran externas, y todo lo externo puede causar rebeldía, porque es impuesto de afuera hacia adentro. Esto es lo que quieren hacer algunos cristianos, queriendo imponer la biblia a todo el mundo. Pero, en el nuevo pacto, tenemos al Espíritu Santo, que es quien convence de pecado, de justicia y de juicio.
Puedes estar compartiendo con una persona, de la manera más normal, y el Espíritu estar convenciendo a esa persona de pecado, de justicia y de juicio.
No hay que llevar una marca externa para que el mundo sepa, pero la interna la tenemos que llevar. Porque la interna es la que da testimonio delante del mundo y delante de ti, cuando no hay nadie, esa marca es la que te cuida de que tú no tomes las decisiones incorrectas en tu vida, de que no te separes del Dios Todopoderoso.
Antes, los diez mandamientos eran externas, en dos tablas. Pero, ¿de qué sirve que andes con la biblia bajo el brazo, si no la tienes en tu corazón? La biblia no es un amuleto. Solo con una relación con Dios, él puede poner adentro su palabra. Tú puedes ponerla en tu mente, pero es él quien, con su dedo, las escribe en tu corazón. Y, una vez en tu corazón, no hay quien la saque de allí. Pueden venir problemas, dificultades, crisis y, como Job, te mantendrías firme en que sabes que tu Redentor vive y, de esta, te levanta.

TODO LO QUE TE PREGUNTABAS SOBRE LA BIBLIA (Y ALGUNAS COSAS QUE PREFERIRÍAS NO SABER)

¿Todo lo que te preguntabas? 

¿Algunas cosas que preferirías no saber? 

Naturalmente, este autor no sabe qué piensa cada lector. Sin embargo, tal vez el título de este libro no resulte del todo fraudulento. 

Se encontrará aquí mucha información de gran utilidad, tanto para los que tienen el hábito de leer la Biblia, como para los que todavía no hayan adquirido ese hábito. Información a veces incómoda. 

 Con el paso de los siglos el mundo de la Biblia, de sus autores y sus primeros lectores, se nos queda cada vez más distante. 

Una de las aventuras más emocionantes del saber humano es descubrir sus secretos y procurar desentrañar cuál pueda ser su mensaje para el siglo XXI.