USAR LA ARMADURA DE DIOS

La Palabra de Dios dice claramente que no podemos permanecer ignorantes en cuanto a las artimañas de Satanás. 
A pesar de eso, muchos lo están, permitiéndole continuamente al e nemigo que destruya sus hogares, los despoje de sus posesiones y arruine su salud, mientras ellos se preguntan impotentes cuál fue su error. Esto ocurre porque muchos cristianos no saben que han recibido autoridad sobre los poderes del enemigo para prevenir esos ataques. Otros, al enterarse de que poseen esta autoridad, fallan en ponerla en práctica. 
 Hemos de asumir el hecho de que tenemos que prepararnos y estar listos para enfrentar los muchos desafíos demoníacos que se nos presentan constantemente. Debemos recordar algo: Satanás tiene más de seis mil años de experiencia persiguiendo y atormentando a los cristianos. Si usted asume la tarea de resistir a Satanás sin colocarse toda la armadura de Dios, estará vencido desde antes de comenzar. Esto es lo que ha venido ocurriendo con muchos cristianos que emprenden la batalla contra las fuerzas de las tinieblas sin la protección de su armadura espiritual. No es muy cómodo llevar la armadura puesta, pero es indispensable si desea ser efectivo. Este no es un llamado a la guerra, sino la declaración de una vida en victoria. Las instrucciones de Pablo para la iglesia de Éfeso y para nosotros en relación a la armadura, son claras y poderosas: 

“Por lo tanto, pónganse todas las piezas de la armadura de Dios para poder resistir al enemigo en el tiempo del mal. Así, después de la batalla, todavía seguirán de pie, firmes. Defiendan su posición, poniéndose el cinturón de la verdad y la coraza de la justicia de Dios. Pónganse como calzado la paz que proviene de la Buena Noticia a fin de estar completamente preparados. Además de todo eso, levanten el escudo de la fe para detener las flechas encendidas del diablo. Pónganse la salvación como casco y tomen la espada del Espíritu, la cual es la palabra de Dios. Oren en el Espíritu en todo momento y en toda ocasión. Manténganse alerta y sean persistentes en sus oraciones por todos los creyentes en todas partes” (Efesios 6:13–18, NTV)
. 
El cinturón de la verdad “Defiendan su posición, poniéndose el cinturón de la verdad” (v. 14, NTV). En los tiempos de Pablo, los soldados romanos llevaban puesta una faja de cuero alrededor de la cintura que les protegía el lomo y les permitía llevar armas, como la espada. Los policías modernos también llevan pistolas o esposas en sus cinturones. El cinturón mantiene las armas en un lugar cercano al cuerpo. El cinturón puede ser asociado a la integridad, la honestidad y la verdad. Proclamar la verdad es proclamar la Palabra de Dios. Cuando usted declara y confiesa la Palabra, se está poniendo el cinturón de la verdad. 
La coraza de justicia Colocarnos la coraza de justicia es muy importante, ya que Satanás busca siempre atacar el corazón y la mente de los individuos. La justicia de Cristo en usted derrotará a Satanás vez tras vez. Este es uno de los atributos divinos que nos fue otorgado con la salvación. Su indignidad es cambiada por justicia. La coraza le da confianza y seguridad al proceso de santificación. 
El calzado de la paz “Pónganse como calzado la paz que proviene de la Buena Noticia a fin de estar completamente preparados” (v. 15, NTV). La paz de Dios nos provee de un piso sólido. Muchos cristianos carecen de paz, y piensan que eso forma parte de la cruz que deben cargar en la vida. Nadie es inmune a las pruebas y las tribulaciones. La oscuridad y el miedo nos atacan a todos por igual. Pero debemos ser cautelosos de no confesar o expresar todos nuestros miedos. El enemigo está pendiente de su confesión para poder tener así el derecho de atacarlo. Más bien, confiese la Palabra de Dios y no permita que la paz lo abandone. Esta es una parte necesaria de la armadura. Tener paz mental en medio de los problemas es una de las mayores armas en la guerra espiritual. Es la actitud que usted debe tener. Dios ha prometido que jamás nos abandonará. Cristo nos ha dado su paz. 
El escudo de la fe “Levanten el escudo de la fe para detener las flechas encendidas del diablo” (v. 14, NTV). Su fe es el escudo protector de los intensos dardos y asaltos del enemigo. El escudo de la fe es la omnipresencia soberana de Dios en su vida. Dios ha prometido: “Yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande” (Génesis 15:1). Dios requiere que tengamos una comunión diaria con Él y con su Espíritu, y que dependamos de Él. Al igual que el alimento, Dios debe convertirse en su sustento diario y su misma vida. Levante el escudo de la fe cada día, y confiese y declare su unión con Cristo. Él es su protección. 
El casco de la salvación “Pónganse la salvación como casco” (Efesios. 6:17, NTV). El casco sirve para proteger la cabeza. En este versículo, el propósito del casco como parte de la armadura es proteger su mente de las mentiras del enemigo. Estamos en una guerra espiritual. Dios sabe que sin una protección constante de nuestros pensamientos podríamos terminar teniendo lealtades divididas, y sabemos cuán aborrecible es eso para Él. La mente que está controlada por el Espíritu de Dios produce vida y paz (Romanos 8:6–7). Mantenga lejos de su mente los pensamientos del diablo poniéndose en la mente de Cristo. Esto se logra mediante el estudio y meditación en la Palabra de Dios. Cristo es su salvación. ¡Este elemento de la armadura, el casco de la salvación, también es Cristo en usted! 
La espada del Espíritu “Y tomen la espada del Espíritu, la cual es la palabra de Dios” (Efesios 6:17, NTV). Tomar la Palabra de Dios es tomar el alimento espiritual. Sin ella estaríamos anémicos, débiles, y sin fuerzas para levantar la espada del Espíritu y enfrentar al invasor. Sin espada no hay poder. Cuanto más reciba de la Palabra, más confianza y fuego tendrán sus huesos. La Palabra viva es un arma ofensiva. En el momento en que usted eleva la espada del Espíritu y pronuncia un texto de las Escrituras ante una situación adversa, el enemigo tiene que sacar sus manos de donde las tiene metidas. Esta convicción requiere de valor y de práctica. 
Háblele a su montaña. Declárele la Palabra a su enfermedad. Use cada día su espada, pero asegúrese de tener puestas todas las demás partes de la armadura. Su ser espiritual debe tener todo en orden y listo para la batalla. 
Es más fácil de lo que a usted le parece. Lo único que se necesita es la voluntad de entregarse completamente al Maestro. Vivir por fe y creer en Dios debe convertirse en su estilo de vida. Solo así usted disfrutará de paz y obtendrá la victoria en la vida. La Palabra de Dios sana y restaura a medida que va penetrando, eliminando todas las impurezas ocasionadas por las experiencias pasadas y las falsas doctrinas. Es el Espíritu Santo el que hace uso de la espada. Sin el Espíritu Santo, la espada no será efectiva. 
Debemos ser controlados por el Espíritu para ser efectivos en la batalla. Cuando usted usa correctamente la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, lo único que le queda a Satanás es retirarse. Orar en el Espíritu “Oren en el Espíritu en todo momento y en toda ocasión. Manténganse alerta y sean persistentes en sus oraciones por todos los creyentes en todas partes” (v. 18, NTV). 
La oración es lo que mantiene a la armadura en su lugar. Si no oramos y nos comunicamos con Dios terminaremos solitarios, separados de Dios y de su amor. Mientras mantengamos una relación con Cristo, en conexión con el Espíritu Santo, vestidos con la armadura de Dios y comprometidos a llevar una vida de oración, seremos invencibles ante la vista del enemigo. Ninguna fuerza maligna podrá permanecer en nuestra misma atmósfera. 
La perseverancia en la oración lo ayudará a obtener la victoria sobre sus deseos carnales. Sin oraciones fervientes y constantes, usted no será capaz de ganar sus batallas. Las oraciones de una mujer o de un hombre justo son poderosas y efectivas (Santiago 5:16). 
La oración poderosa hará que Dios cumpla su Palabra en su vida. Dicho de una manera sencilla, la armadura descrita en Efesios 6 es Jesucristo en nosotros.

LEVANTATE!

En la parábola del hijo pródigo, podemos ver cómo un pensamiento incorrecto lo llevó a tomar decisiones incorrectas y tener resultados incorrectos.  Pero también podemos ver que la misma persona tuvo un pensamiento correcto, tomó decisiones correctas y tuvo resultados correctos.             
En ocasiones, hay situaciones que no se resuelven por una guerra espiritual, porque son situaciones que llegaron a tu vida por darle lugar a pensamientos incorrectos. 
La biblia dice, en Romanos 12:1-2: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Tu mente necesita ser transformada con los pensamientos correctos de Cristo porque, de la renovación de tu mente, dependerá tu experiencia con Dios.  Tendrás laexperiencia que tu mente pueda concebir. 
El hijo pródigo comenzó a cambiar, cuando analizó y pensó: No puedo seguir viviendo de esta manera.  Entonces, volvió en sí.  No fue sino hasta que se encontró entre los cerdos que esto pasó.  En ese momento, pudo haber pensado: Hasta aquí llegué; ni modo, aquí me quedaré;  estoy como Dios quiere.  Pero no fue así, sino que tuvo un pensamiento que le abrió sus ojos.  Pensó: Este no es mi lugar; yo tengo un padre en cuya casa aun el más pequeño come mejor que lo que estoy comiendo.  Este pensamiento lo ubicó en el lugar que Dios tenía para él.
No se trata de negar una situación existente, con pensamientos positivos.  Algunos, estando enfermos, dicen: No estoy enfermo; cuando el pensamiento correcto es: Esta enfermedad no es de Dios y la rechazo.  Otros, si están en escasez, creen que el pensamiento correcto es: No estoy en escasez; cuando lo correcto es decir: La escasez no es de Dios, porque él quiere abundancia para mi vida.  Lo que hizo que el hijo pródigo volviera en sí, fue reconocer que estaba peor fuera de la casa del padre.  
Cuando tenemos el pensamiento correcto de Dios en nuestras vidas, lo que sigue es tomar la acción correcta.  El hijo pródigo se levantó y fue a la casa del padre. 
La biblia nos habla de dos situaciones ante las que tenemos que levantarnos.  Cuando las cosas están sucediendo mal a nuestro alrededor, y no nos damos cuenta, esto es estar dormido.  La biblia dice: Levántate tú que duermes y te alumbrará Cristo. También, la biblia nos dice que hay que levantarse cuando hemos caído. 
Si, en algún momento, has caído y te has equivocado por darle lugar a los pensamientos incorrectos, hoy es el día para que pongas los pensamientos correctos de Dios en tu vida, declarando y creyendo lo que dice la biblia en Miqueas 7:8: Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque aunque caí, me levantaré.

ARROGANCIA Y ORGULLO

En el libro “Cartas del diablo a su sobrino” de C. S. Lewis, un demonio más experimentado insta a su pupilo a desviar los pensamientos de un creyente, que están enfocados en Dios, y hacer que se centre en las fallas de las personas que lo rodean en la iglesia.

Un domingo, durante una reunión, me distraje y en cierto modo me enojé con una persona que cantaba fuerte y desafinado, y que iba desfasada en las lecturas al unísono.
Pero:
Cuando inclinamos la cabeza para orar en silencio, me sacudió pensar que al Señor probablemente le complaciera más el corazón de esa persona que los sentimientos condenatorios que veía en el mío.

Pocos días después, estaba leyendo Proverbios 8, y el versículo 13 me sacudió:
«…la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco».
En todo el capítulo, la sabiduría nos llama a tener cordura (vers.5), y a hallar la vida y el favor de Dios (vers.35).
La otra opción es ir por la vida con una actitud de superioridad mientras vamos muriéndonos interiormente (vers.36).

El ORGULLO es una espada que hiere a la persona que la usa y a aquellos contra quienes se emplea.
La SOBERBIA nos roba todo lo que el Señor desea darnos; sin embargo:
«Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor del Señor» - Proverbios 22:4.

La soberbia trae vergüenza
La humildad, sabiduría.

VE AL PADRE

Cuando un hijo sale de la casa, hay desesperación y ansiedad en la vida de un padre, pero la actitud del padre del hijo pródigo fue una actitud muy interesante, ya que no salió a buscarlo.
Podemos ver que el padre le entrega muchas cosas al hijo, cuando este último sale de la casa, pero hubo un anillo, un vestido y un calzado que no le entregó.  Luego, comienza a engordar a un becerro, para cuando el hijo regresara.  No se engorda un becerro de un día para otro.  Esto nos muestra la fe que tenía el padre de que su hijo iba a regresar.  El padre debe haber ordenado a los siervos: Alimenten bien y cuiden bien a ese becerro, porque mi hijo va a regresar.
Muy probablemente has desperdiciado todo, pero en la casa del padre están guardados un anillo, un calzado y una vestimenta que solo él te puede poner.  Siempre ha habido expectativa del Padre de que regreses; ha estado alimentando al becerro para celebrar tu regreso. 
Puede que no estés perdido en el mundo, pero quizás hay tanta confusión en tu mente que hayas deseado comer algarrobas.  La biblia dice que el hijo pródigo deseaba comer de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba de comer.  El sistema del mundo es que, en tu necesidad, en lugar de levantarte, te aplasta.  Cuando el mundo te ve mal, te deja mal y te señala.  
El mundo nunca satisface los deseos de tu corazón. 
Nunca olvides que, en la casa del Padre, hay un vestido que te va a devolver el honor, la autoestima; una vestimenta que indica que has sido restaurado.  Hay un anillo guardado para ti, que significa tu posición de hijo con autoridad.  Hay unas sandalias que te pondrán, porque los siervos caminaban descalzos, pero un hijo tenía calzado.  Son las sandalias de la salvación que indican que no eres esclavo, sino hijo. 
Regresa a casa y entiende que el Padre te espera.  Hoy puede haber fiesta por tu regreso.  Ciertamente el padre no salió a buscarlo, porque no puede abandonar su posición, pero estaba esperándole, y hace una gran fiesta para que todos sepan que ha regresado y se gocen con él.
El hijo prodigo cayó en sí, y dijo: Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.   Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.  Y levantándose, vino a su padre.  Esto nos enseña que nadie te tiene que levantar y nadie te tiene que llevar al padre.  El tomó la decisión, se levanta y va al padre.  Toma acción, levántate y ve al Padre.

Vemos que, cuando llega al padre y se abrazan, solamente el hijo alcanza a decirle: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.   Ya no soy digno de ser llamado tu hijo.  Pero el padre lo interrumpe, y no permite que el hijo termine decir, que le hiciera como un jornalero.   Y es que Dios no nos va a recibir por menos de lo que ya somos.  No va a dejar que vivas por debajo de la posición que él siempre ha tenido para ti.

Deja de pensar y decir lo que no eres.  Hoy Dios te dice: No digas lo que no eres; no vivas por debajo de tu posición de hijo. 

No pierdas un momento más.  Eres hijo del Padre Celestial.  Vuelve a la casa.  Serás bienvenido.  El becerro está engordado para la gran fiesta.  Él te quiere vestir, ponerte calzado y anillo; te quiere vestir de honra y va a mostrarte ante todos que eres su hijo amado.

FE Y ORACION

Hebreos 11:6 Reina-Valera 1960 (RVR1960) 
Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. 

El orar es un tema que nos ocupa todo el tiempo, es algo que siempre nos cuestionamos si hacemos bien y que no nos gusta discutir con otros por miedo a descubrir que lo hacemos mal o que nuestra oración no tuviera efecto. Se dice que para orar hay que tener fe, y ahí es donde se pone buena la cosa, pues hay quienes entienden que el tener fe es creer, y cada quien cree en lo que quiere, en lo que le enseñaron o en lo que le dijeron, pero nadie tiene la certeza de que cree en lo correcto. 
El tener fe no significa que podamos pedir a Dios cualquier cosa y por el simple hecho de creerlo lo hará, de hecho, y siendo honestos, todo el tiempo no creemos y nos cuesta trabajo hacerlo, por eso es que oramos tantas veces y tan repetitivamente, se ha puesto a pensar en ello? A veces tenemos la idea de que cerrando los ojos y apretando el estómago lograremos creer y con ello agradar a Dios o cuando menos el torcerle la mano para que nos conceda aquello que anhelamos y que hemos decidido "creer", pero sabe, desafortunadamente no es así, creer tiene que ver con tener la certeza de algo, la pregunta siempre es "que es ese algo?". 
Para no darle muchas vueltas al asunto, lo único que podemos creer y en lo que podemos tener fe es en la palabra de Dios, aunque muchos crean que es un libro limitado y manipulado por los hombres, la Biblia no es otra cosa que la palabra que salió de la boca de Dios puesta en papel y está ahí para que creamos en ella, es dinámica, no importa la situación por la que pasemos, siempre habrá una parte de ella que nos traerá crecimiento, consuelo o ánimo para hacer lo correcto y vivir adecuadamente. 
Por tanto para tener fe, hay que conocer la palabra, ya que si no la conocemos, pasaremos nuestro tiempo de "oración" recitando buenas intenciones y engañándonos a nosotros mismos. Sé que esto puede contrariarle un poco, pues no es lo que le enseñaron, pero piense en todas las oraciones no contestadas que ha hecho con "mucha fe", es tiempo de que decida si quiere seguir orando a ver que le contesta Dios o si quiere empezar a hacer oraciones efectivas. Hebreos 11:1 nos enseña que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, y eso que esperamos y eso que no vemos, no es aquello que necesitamos o que anhelamos, sino es todo aquello que está escrito y esperamos que se cumpla en nosotros, de esa manera nuestra fe tiene un fundamento y una dirección, así hace mas sentido, no lo cree? 
 Adicional a eso, la palabra de Dios nos confirma por medio de la cita de hoy, que sin fe, es imposible agradar a Dios, ya que si no creemos en la palabra, andaremos distraídos en nuestras necesidades y nuestros anhelos y no en la voluntad de Dios, además nos dice que hay un galardón para aquel que creen en lo que Dios nos dice y no en lo que nosotros pensamos u opinamos. 
 Por tanto, lo mejor que podemos hacer para empezar a tener fe, es el tomar nuestra Biblia y el comenzar a creer y cuestionar en nuestro tiempo de oración cada cosa que leemos, hasta que estemos convencidos, no solo de que Dios nos escucha, sino de que Él se agrada de nosotros y es nuestro galardonador.

ALIENTO EN TIEMPOS DIFICILES

“Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré.”
(Salmo 91:2)
Todos alguna vez hemos pasado por alguna crisis, o varias, incluso es posible que hoy estemos en medio de ella, y si no ha ocurrido así aun ,sin duda que vendrá , más temprano que tarde. Entre las alternativas recomendables ante la crisis, tener en cuenta;
a) reconocer la crisis y enfrentarla sin temor; 
b) preguntarse ¿donde
volverse y buscar ayuda? ; 
c) convencido que inevitablemente no podrá eludir el escenario adverso, entrar en la crisis con la firme convicción que saldrá de ella, no siendo la misma persona como entró, sino que el dolor y la aflicción del momento de prueba, entregará su buen fruto a su tiempo y por ello es un motivo para salir fortalecido.
Cuando el cielo es de bronce sobre nosotros, cobra mucha importancia escoger bien donde buscar auxilio “Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo;”( Joel 2:32)
El autor del Salmo 91, en el verso 2, hace una triple invocación a Dios. Son tres “míos”; “ mi Dios”, “ castillo mío” “ esperanza mía” .
Revela intimidad, plena fe, aferrándose a la promesa que en Dios y solo Dios puede confiar. “ Diré yo;” no es solamente un pensamiento intelectual, ni siquiera un sobresalto en el viaje, sino una declaración fuerte y audible, un clamor alto, que confiesa fe y esperanza total en Dios. “vuestra fe y esperanza sean en Dios” ( 1 Pedro 1:21); “Mi esperanza está en ti.” (Salmo 39:7) ; Pues es esperanza al menesteroso..”; “es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.”(Hebreos 6:18).
La condición actual del mundo nos está llevando a una espiral de injusticia que hace estallar las pasiones humanas en un clamor rabiosoe irracional de querer echarlo todo abajo, y cambiarlo todo según sea la manera de pensar de cada uno. Es fácil confundirse con tanta presión y comunicación cruzada y unirse a las voces de murmuración y quejas, reclamando respuestas inmediatas a lo largo y ancho de la
tierra. Como hijos de Dios nuestro clamor deber ser hacia arriba “Él está sentado sobre el circulo de la tierra”( Isaías 40:20).
Por medio de la fe en la palabra y la oración voluntariosa, somos invitados a confiar en Dios, hasta tener una experiencia salvífica de “..Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,” (Colosenses 1:28). La crisis tiene solución, no será para siempre,” así como llega, así también pasará”, lo importante es no renunciar nunca al foco de nuestra fe.
Para describir nuestra relación con quienes nos rodean decimos naturalmente;”Mi padre”, “Mi madre”, “Mi esposa, esposo”, “Mi hijo, hija”, “Mi pastor”, “Mi perro, gato”, y así sucesivamente. Eso está bien, indica pertenencia de mucho valor para nosotros. ¿Porque no decir también nosotros esta vez; “ Mi Dios”, “Mi Señor “ ,” Mi rey” ,”Mi Salvador”, “Mi Padre que está en los cielos…”?
Por eso elevemos nuevamente nuestra voz junto al salmista : “..oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.” (Salmo 18:2).
Los “míos “y las “mías” de mi Dios son para mí y para ti, para los míos y para los tuyos, por la fe en Jesucristo , la Esperanza de los siglos.

VERDADERO AMOR

 „En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros.” I Juan 3:16a (RV)

La traducción de la versión de la Biblia Reina Valera de este versículo de la primera carta del apóstol Juan es especial en cuanto nos descubre una verdad acerca del amor que muchas veces ignoramos.

“En esto hemos conocido el amor…” apunta a nuestra incapacidad de discernir o conocer el verdadero amor sino es por iniciativa y revelación de Dios mismo. Y el conocimiento del amor como Dios lo conoce nos es manifestado a los hombres en un acto sublime y cargado de significación como ningún otro realizado antes o después en la historia de la humanidad: “en que él (Jesucristo) dio su vida por nosotros.”

El mismo Juan nos sigue diciendo más adelante: “El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo, para que, ofreciéndose en sacrificio, nuestros pecados quedaran perdonados.” I Juan 4:10 (DHH)

Una vez más vemos que el amor como Dios lo conoce no es producto del corazón de ningún hombre, sino que tiene su origen en el seno del propio Dios. Antes del amor de Dios, el ser humano no es capaz de generar ni albergar amor alguno. Juan lo deja bien claro: el amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que él nos amó a nosotros.

Esto evidencia una diferencia insalvable entre el amor que puede profesar el ser humano en contra posición con el amor de Dios. Ninguna expresión de cariño o afecto humano se compara con el entendimiento que Dios tiene de su amor, un amor no teórico sino total y plenamente expresado en la vida y obra del Señor Jesús. Casi que instintivamente nos asalta la pregunta: ¿Puede hacer el hombre ejercicio de algún tipo de amor fuera del amor con el que Dios nos ama?

El autor Jack Scott* es mucho más categórico en su afirmación, declara que el verdadero amor comienza con lo que Dios hizo por nosotros por medio de Jesucristo. Y sabiamente sostiene que el amor que no proviene de la comprensión de que Dios nos amó primero no es un amor según el entendimiento de Dios sino un amor fraudulento.

Fraudulento en menoscabo del hombre mismo, del que lo da y del que lo recibe, aunque pueda resultar duro de digerir es totalmente compatible con el concepto bíblico de amor y con el concepto bíblico de la naturaleza del corazón del hombre. (“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Jeremías 17:9)

Un amor que no proviene de un corazón en paz con Dios dista mucho del amor verdadero. El amor que se declara desinteresado pero tiene raíces netamente egoístas nunca puede ser un amor conforme a la justicia de Dios. Sólo aquel amor puesto en perspectiva de quienes éramos y de quienes hemos sido hechos gracias a la cruz de Cristo aspira con mayores chances a acercarse a la medida del amor de Dios.

Quien se sabe amado por Dios y corresponde a ese amor posee un amor que sabe mirar con misericordia, porque la ha experimentado en carne propia, un amor que se sabe inmerecido y que como tal no se retacea sino que se da con la misma generosidad con la que se lo ha recibido. Dispone de un amor bondadoso, sin lugar para el orgullo porque no es suyo sino dádiva de quien nos amó primero. Un amor sufrido, que todo lo soporta, que todo lo espera y que todo lo cree (I Corintios 13:7).

Amamos porque Dios nos amó primero ¡o no amamos en absoluto!

Y la Palabra de Dios lo confirma sin vacilaciones: “Nosotros amamos, porque él nos amó primero.” I Juan 4:19

Para poder amar verdaderamente debes sentirte primero amado por Dios. Si aún no has experimentado el amor de Dios en tu vida, escríbenos, queremos ayudarte a descubrir ese amor para ti.