EL MEJOR MOMENTO PARA ADORAR

 María, Marta y Lázaro. Aparentemente, Jesús tenía una relación de estrecha amistad con estos tres hermanos, era de visitarlos, en Lucas 10: 38 al 42, tenemos el episodio cuando María deja sus quehaceres para escuchar las palabras de Jesús. Al mismo tiempo, vemos como Marta reclama acerca del comportamiento de su hermana.
         En el capítulo 11 de Juan, se produce la resurrección de Lázaro, la cual se produjo tres días después de su muerte.
         La Biblia nos relata el encuentro de Jesús con ambas hermanas, en plena muerte de Lázaro: Encuentro con Marta: Juan 11: 20, con María Juan 11: 32. Al enterarse que Jesús venía, ambas salieron a su encuentro, e hicieron el mismo reclamo, ahora bien, la conducta o la posición de ambas fueron diferentes:
         Mientras que Marta dio muestras en su relato de su sabiduría y conocimiento acerca del propósito de Jesús y de tener claro el Plan de Salvación, María “simplemente” se postró a sus pies y le dijo, “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”…
         Fue tal su dolor y su congoja, que no puede ni debe tomarse siquiera como un reclamo al Maestro, fue más bien, un acto de adoración pura y el mismo, llegó al corazón de Jesús; quién, a pesar de saber lo que vendría se conmovió ante tal actitud. ¡Qué maravilla llegar al corazón mismo de Dios con tan profundidad y a través de algo tan sublime como la adoración! Fue allí cuando “Jesús lloró”.
         En el capítulo 12, regresa Jesús a Betania, 6 días antes de la Pascua, y los tres hermanos disponen una cena para jesús, Juan 12: 1 y 2. Lázaro estaba sentado a la mesa y Marta servía. ¿Dónde estaba María? Juan 12: 3. Jesús había venido a ellos, había venido a ella, y nuevamente, María dio muestras de saber elegir, elegir lo verdaderamente bueno.
         Luego del reclamo de Judas Iscariote, Jesús dice: “Déjala, para el día de mi sepultura ha guardado esto.” Es decir, que entonces María, al igual que Marta, tenía pleno conocimiento de lo que vendría, sabía que Jesús iba a morir y se estaba preparando para ese momento. Pero, ante la posibilidad de ver antes a Jesús, lo que guardaba para cuando Él estuviese muerto, lo usó con Jesús en vida, seguramente, si lo hubiese dejado para el día de la sepultura de Jesús, su perfume hubiese sido uno mas de los que ése día habrían estado. Pero al usarlo en ese momento, su perfume era el único y tenía toda la atención de Jesús. Lo que queda claro es que ante CADA oportunidad que ella tenía de rendirse y adorar a Jesús, ella la aprovechaba, no la dejaba pasar, siempre elegía lo mejor. Y siempre se rendía ante Jesús.
El perfume de María era carísimo, como un tesoro, su tesoro…
¿Cuál es tu tesoro? ¿Acaso estás guardando algo para “después”?
¿Por qué no aprovechar este tiempo y rendirse en adoración ante Jesús?
         Si María no hubiese ungido a Jesús en ese momento, no lo hubiera hecho después, porque cuando Jesús murió, al tratarse de la Pascua judía, le tocó el día de reposo, y Jesús no pudo ser ungido, de tal manera que vemos mas adelante, que cuando al primer día de la semana las mujeres fueron a ungirle, Él ya había resucitado, es decir, que María, se habría quedado con su frasco de perfume, sin usar…Juan 19: 40 al 42.
Qué terrible habría sido para ella ¿verdad?
Pero no pasó así, porque María supo ser oportuna… Seamos oportunos nosotros también. Es momento de sacar nuestro perfume, rendirnos al Señor, ofrecer nuestra adoración, nuestro tiempo, nuestro don, nuestro compromiso, ahora, no sea que después sea tarde…
¿Sabías que así como Jesús visitó la casa de estos tres hermanos hoy está llamando a tu puerta?
Apocalipsis 3: 20: “Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos.”
¡Escucha su llamado, abre tu puerta, déjalo entrar y unge sus pies!

COMPRENDIENDO LA PERSONALIDAD DE SU HIJO

En este librito el doctor Dobson expone las seis maneras más comunes de los niños y adultos de hacer frente a su desconfianza en si mismos y sus insuficiencias personales.

Algunos se refugian en una coraza de silencio y soledad,mientras que otros se convierten en peleones,payasos o conformistas.

Afirma el doctor Dobson que la mejor manera en que la gente puede ocuparse de su falta de seguridad es compesarla de algún modo.

El autor también ofrece consejos para que los padres puedan ayudar a sus hijos a buscar compensación.

VIVIR EN EL PODER DEL EVANGELIO

Si tú estás hambriento por experimentar más transformación en tu vida querealmente glorifique a Dios, y estás cansado de la falta de amor en la iglesia,entonces este libro es para ti. 
Otros que también han descubierto el secreto transformador de cómo vivir en elpoder del evangelio y han hecho importantes contribuciones a este libro son: TimKeller, Jerry Bridges, John Piper y Steve Childers. Todos ellos, hombres que en sus vidas personales reflejan la gloria del Señor “llenos de gracia y verdad”.

NECESIDAD DE DIOS

Hoy en día la mayoría de los cristianos son cristianos teológicos. Saben que son salvos; alguien les ha dado un Nuevo Testamento marcado; y es adecuado que lo hagamos hasta que ellos capten correctamente su teología. Pero están tratando de ser felices sin sentir la Presencia. El sentido de la Presencia está ausente y esa ansia que usted ve es un deseo de estar más cerca de Dios. Usted hallará esa ansia en dos lugares: oraciones e himnos. Si cree que solo estoy inventando cosas, vaya a la próxima reunión de oración y arrodíllese con los hermanos y escúchelos orar. Todos oran de manera semejante. “Oh Señor, ven; oh Señor, acércate; oh Señor, muéstrate; acércate a mí, Señor”. Si eso no es suficiente, escúchenos cantar “Ven, Fuente de toda bendición”, o “Acércame más y más y más, bendito Señor”. 
El ansia de estar cerca de Dios y de que Dios se acerque a nosotros es universal entre los cristianos nacidos de nuevo. Y hasta pensamos que Dios viene hacia nosotros desde la distancia, cuando la Biblia y la teología cristiana, remontándose hasta David, declaran que Dios ya está aquí, ahora. Dios no mora en el espacio, y por tanto, Dios no tiene que venir como un rayo de luz desde algún lugar remoto. No hay lugares remotos en Dios; Él contiene toda la lejanía y todas las distancias en su propio gran corazón. ¿Por qué entonces lo sentimos distante? Es la disimilitud de nuestra naturaleza; es la desemejanza. Tenemos suficiente semejanza para que Dios pueda tener comunión con nosotros y llamarnos sus hijos, y que podamos decirle: “Abba, Padre”. Pero en la práctica, percibimos nuestra disimilitud, y por esa razón Dios parece remoto. Lo que estoy tratando de explicar es sencillamente esto: la cercanía a Dios no es una cuestión geográfica o astronómica. No es algo espacial. Es algo espiritual, que tiene que ver con la naturaleza. 
Y entonces cuando oramos: “Dios, acércame”, o “Dios, acércate”, no estamos orando (si somos buenos teólogos) que Dios descienda desde alguna distancia remota. Sabemos que Dios está aquí ahora. Jesús dijo: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:20). El Señor está aquí. Jacob dijo: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía” (Génesis 28:16). No dijo: “Dios vino a este lugar”; dijo: “Dios está en este lugar”. ¿Para qué estamos orando entonces? Oramos por una manifestación de la presencia de Dios. No por la presencia, sino por la manifestación de la presencia. ¿Por qué no tenemos la manifestación? Porque permitimos la disimilitud. Permitimos la disimilitud moral. Esa “sensación” de ausencia es el resultado de la disimilitud que queda dentro de nosotros. Este deseo, esta ansia de estar cerca de Dios es, en realidad, un anhelo de ser semejante a Él. 
Es el anhelo del corazón rescatado de ser como Dios para que pueda haber perfecta comunión, para que el corazón y Dios puedan unirse en una comunión que es divina. Hay una similitud que hace que sea compatible y apropiado que Dios tenga comunión con sus hijos, hasta el más pobre y más débil de sus hijos. Pero también hay disimilitudes, tales que no existe el grado de comunión que debería haber. No existe esa perfección del sentido de la presencia de Dios que queremos y anhelamos, por la cual oramos, y de la cual cantamos. ¿Cómo vamos a saber como es Dios para poder saber si somos como Dios? 
La respuesta es: Dios es como Cristo, porque Cristo es Dios manifestado a la humanidad. Mirando a nuestro Señor Jesús sabremos cómo es Dios y sabremos cómo tenemos que ser para experimentar la ininterrumpida y continua presencia de Dios. La presencia está aquí, pero el sentido de la presencia está ausente. Sabemos que el sol está allí, aunque las nubes pendan tan bajas que podamos estirarnos y tocarlas. Aunque sabemos que el sol está allí en medio del cielo, tenemos que encender las luces del automóvil por seguridad. 
Como hay nubes en el camino, no sentimos ni vemos el sol, pero sabemos que está allí. Y nosotros los cristianos sabemos que Dios está aquí, pero tenemos la sensación de que está ausente. Un hombre siente que el sol se fue para no volver; él sabe más, pero no puede estar contento porque no puede ver el sol. Sentimos que Dios esta lejos aunque sabemos que está presente, y que no puede manifestarse como desea por ciertas razones.

LOS NOMBRES DE PACTO DE DIOS

Israel disfrutó los beneficios de Dios a lo largo de su historia gracias al pacto. Dios se revela a través de sus nombres de pacto. Hay ocho nombres de pacto por los cuales Dios se reveló a sí mismo y su propósito para Israel. 
Estos nombres abarcan los beneficios que Dios puso a disposición de Israel a través de su pacto. Quien sabía esos nombres y clamaba a Dios con base en los nombres que representaban tenía la promesa de Dios de que se comportaría con él en el modo exigido por cada uno de sus títulos. 
Su familia puede comenzar a incorporar estos nombres cuando clame al Señor en oración. Estos son los nombres en el orden de la relación histórica entre Dios e Israel: 

1. Yahweh-Jireh, el Señor nuestro Proveedor (Génesis 22:8, 14) 
2. Yahweh-Rapha, el Señor nuestro Sanador (Éxodo 15:26) 
3. Yahweh-Nissi, el Señor nuestro Estandarte (Éxodo 17:15) 
4. Yahweh-Qadesh, el Señor nuestro Santificador (Levítico 20:8; Ezequiel 20:12) 
5. Yahweh-Shalom, el Señor nuestra Paz (Jueces 6:24) 
6. Yahweh-Raah, el Señor nuestro Pastor (Salmos 23:1) 
7. Yahweh-Tsidkenu, el Señor nuestra Justicia (Jeremías 23:6) 
8. Yahweh-Shammah, el Señor Siempre Presente (Ezequiel 48:35) 

Todos estos nombres son cumplidos en Jesús. Jesús es nuestro sanador, proveedor, estandarte, santificador, paz, pastor, justicia y el que está siempre presente. En otras palabras toda la plenitud de Dios se manifiesta a través del nombre de Jesús. 

TU TIEMPO VIENE

Se acabó el escapar y el huir; pero, para que esto suceda, tienes que creer en el poder libertador de Dios, creer que Dios puede sacarte de toda situación difícil en que te encuentras y que llegará el día en que, cuando te miren, dirán: Solamente Dios lo pudo hacer.
Cuando crees que lo que estás oyendo y viendo alrededor, afuera, parece de confusión y de grandes problemas, es la demostración de que Dios está contigo.  Cuando el pueblo de Israel estaba en Gosén y escuchaban los gritos, resultados de todas las plagas de Dios contra Egipto, en ese momento de gritos donde el mundo estaba confundido, el pueblo de Israel mantenía la fe creyendo que llegaba el momento de la liberación.
Cree que, mientras más ruido haya a tu alrededor, más se acerca tu liberación.  El poder de Dios sobre tu vida, en momentos como estos, es la demostración de que nuestro Dios es el Dios verdadero.  Si crees por encima de todo y le sirves, el mundo tendrá que reconocerle y Faraón tendrá que decir: Bendíceme, porque tú le has creído a ese Dios al que yo no había creído. 
Hay varias cosas que la biblia refleja que hizo el pueblo de Dios cuando llegó el momento de la liberación.   Dios le dio varias instrucciones al pueblo, entre ellas: Que mataran un corderito; que pusieran sangre en el dintel de las puertas; que comieran usando vestidos y calzados.  Luego, continúa Dios diciendo: Y cuando lleguen a la tierra prometida, continúen con el rito y, cuando los hijos pregunten sobre el rito, les dirán: Es la víctima de la Pascua, refiriéndose al cordero.
¿Cómo comienza tu liberación?  Reconociendo que tú no eres la víctima.  Hay una víctima en tu lugar. Jesús pagó el precio hace más de 2 mil años.  ¿Que mereces sufrir? Sí, lo mereces. ¿Que mereces el dolor? Sí, lo mereces. Pero hubo uno que se hizo víctima y murió por ti y por mí.  Vivió en esta tierra para darnos el ejemplo de que se puede tener victoria, por encima de las circunstancias difíciles, y se hizo víctima para que no tengas que pagar tú el precio.
También vemos que el pueblo de Israel, antes de ser libre, se inclinó.  Esto nos enseña que Dios no puede liberar a nadie que no sea humilde delante de su presencia.  No tienes que arrodillarte delante del mundo, ni delante de lo que la gente diga.  Al único que te rindes y te arrodillas es al Dios Todopoderoso, que es el que te va a llevar a la tierra prometida. 
Otra acción que hicieron, antes de ser libres, fue adorar.  ¿Cuándo fue la última vez que, en medio de la situación difícil, te inclinaste y adoraste a Dios?   No hay adoración que libere más a un hombre que la adoración por lo que Dios va a hacer.  
¿Estás en deudas?  ¿En problemas?  ¿En dolor?  ¿En amargura?  ¿Te han perseguido?  ¿Te han esclavizado?  Adora a Dios, desde lo profundo de tu corazón.  No escapes más; vas a ser libre.  Levanta tus manos y abre tu boca, como nunca antes lo has hecho.  Adora, como si el matrimonio estuviese ya restaurado.  Adora, como que ya estás sano.  Adora, como que ya eres libre de deudas.  Adora, como que tu familia está restaurada. 
No sabemos si hoy, o dentro de un tiempo más, pero el tiempo de tu liberación viene.

INSTRUCCIONES ESPECIFICAS

Muchas veces pensamos que, porque somos cristianos, vivimos en un mundo impermeable a situaciones difíciles.  Pero, aunque seamos cristianos y amemos a Dios, hay ocasiones que cometemos errores, que nos equivocamos o se abre puertas que traen maldición. 
La mayoría de los problemas del ser humano es por no tener conocimiento y no se recibe más por vivir en ignorancia.   Lo mejor que podemos ensenar a nuestros hijos es el deseo de aprender.  Mientras más conocimiento y más nos esforzamos, más disfrutamos de beneficios.
Como iglesia, tenemos fe, creemos en la manifestación sobrenatural de Dios, creemos que el que tiene una palabra lo tiene todo, pero esto no llega de la nada.  Hay que esforzarse, escudriñar la palabra, venir a la iglesia.  Para tener buenos resultados, hay que trabajar y esforzarse.  
En las bendiciones tenemos responsabilidades.  Tenemos que entender que, para la bendición de Dios, para poder recibir todos los beneficios, tenemos que tener el corazón correcto.  Todas las promesas que están disponibles en Gosén, hoy están disponibles para todo aquel que tiene el corazón correcto. 
Vemos, en Lucas 4, cómo Jesús estaba tratando de que el pueblo lo recibiera como el enviado de Dios, pero muchos no le recibían.  Entonces, Jesús comenta: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses y hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón.
Vemos a la viuda de Serepta que fue obediente con las instrucciones del profeta Elías y por esto recibe las bendiciones.  Los que recibimos las bendiciones de Gosén somos aquellos que tenemos una actitud de obediencia. 
Hay que prestar el oído para escuchar cada detalle de las instrucciones de Dios, porque de esto depende que se manifiesten o no se manifiesten las bendiciones.  La viuda tuvo que escuchar cada detalle de las instrucciones del profeta Elías y por seguir cada detalle de las instrucciones, la biblia dice, que la harina no escaseó en su casa.
Tenemos que entender que en Dios hay instrucciones específicas para nuestra vida.