PROMESAS DE DIOS

Lamentablemente, en nuestra vida como cristianos, muchas veces, le servimos a Dios únicamente por nuestras necesidades. Curiosamente, cuando Jesús llamó a cada discípulo, ninguno de ellos estaba en necesidad. Hubo quienes se acercaron al Maestro necesitando algo; pero, ninguno de aquellos que recibió un milagro, le siguió. Pedro, por ejemplo, sí recibió un milagro, y le siguió; pero Pedro no pidió aquel milagro. No es que esté mal acercarse pidiendo un milagro, pero veamos la diferencia de conciencia. Para aquellos que fueron buscando un milagro, buscando que el Señor supliera una necesidad, Jesús se convirtió en Aquel que suple esa necesidad, y se identificaron con él en esa necesidad, y eso fue todo. Pero, desde el primer día que Jesús habló a cada discípulo, no le habló de su necesidad, de su problema, sino del plan que él tenía para cada uno de ellos.
Cuando Jesús llega donde Pedro, le llena las barcas. Aquello sí fue un milagro. Pedro estaba frustrado porque, en toda la noche, no había pescado nada; pero él sabía que había días buenos y días malos; él, simplemente, saldría a pescar nuevamente al día siguiente. Cuando llega Jesús, pidió las barcas prestadas para predicar la palabra y, cuando se baja, le dice que lance la red. ¿En qué momento Pedro pidió el milagro? En ningún momento. Lo que pasa es que Jesús no iba a tomar algo de Pedro, para devolvérselo de la misma manera. Jesús nunca llega a un lugar y lo deja de la misma forma.
Cuando Pedro recibe la pesca milagrosa, deja allí las barcas y se tira de rodillas delante de Cristo, quien no hizo referencia al milagro, ni le dijo: Yo te puedo suplir por el resto de tus días; sígueme, porque siempre tendrás las barcas llenas. Cristo le dijo: Sígueme, y te voy a hacer pescador de hombres. Así que, desde el primer día que Pedro siguió a Cristo, no le siguió por un milagro; los milagros le siguieron a él, por seguir a Cristo, pero él no siguió un milagro, sino que él buscaba lo que Jesús le prometió que iba a hacer con él, y no por él.
Tú no puedes servirle a Dios, meramente, por lo que él puede hacer por ti. Sí, Dios te va a suplir, él te quiere sanar, te quiere prosperar; pero él quiere hacer contigo algo más poderoso de lo que tú jamás has pensado. El problema es que se nos hace difícil ver a Dios más allá de nuestra primera experiencia con él. Si tú te identificas con él por un milagro, por una necesidad, Dios será entonces el Dios de tus necesidades. Y Dios sí suple tus necesidades, pero él quiere ser más que el Dios que suple tus necesidades; él quiere ser el que transforme tu vida, y te lleve a ser todo lo que él te ha prometido que vas a ser. Cuando él te llama, lo hace, no de acuerdo a tu necesidad, sino de acuerdo a su plan para tu vida.
Los grandes hombres de Dios lo que siguieron fue el plan de Dios para sus vidas. El problema de muchos es que tratan de meter a Dios en sus planes, en vez de ellos meterse en el plan de Dios. Hay quienes diezman, por ejemplo, para que Dios bendiga sus planes, pero el diezmo va más allá de que Dios bendiga tus planes; diezmar se trata de estar dentro del plan de Dios.
Hebreos 7 nos habla acerca del encuentro de Abraham con Melquisedec, rey de Salem. Luego de derrotar a cinco reyes, rescatando así a su sobrino, Lot, Abraham entrega los diezmos del botín a Melquisedec. Y, dice el verso 6, que el rey tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. Abraham diezmó porque tenía grandes promesas. Sale de casa de su padre porque tenía una grande promesa; él sabía que Dios haría con él algo más grande y poderoso. Cuando entiende eso, al encontrarse con alguien que podía desatar aquella promesa, su reacción fue diezmar, no porque fuera un necesitado o un mendigo, sino porque tenía promesas para su vida.
Tú no eres un necesitado o un mendigo; eres persona de esfuerzo. Si no pescaste hoy, lavas las redes, y mañana vuelves a pescar. Le crees a Dios, y sales a trabajar y haces lo que tienes que hacer. No buscamos ser mendigos de Dios, no buscamos de él meramente para que resuelva nuestros problemas, sino que le buscamos para entrar dentro de su plan para nuestras vidas y, cuando le servimos, cuando diezmamos y ofrendamos, lo hacemos porque sabemos que cargamos con promesas más grandes que nuestra situación presente. Lo que haces cuando diezmas es reaccionar a la palabra que está activando lo que está dentro de ti.
Tienes promesas. Cuando decides salir de casa de tu padre y de tu parentela, lo haces porque tú sabes que Dios te dijo que lo hicieras. Dios te ha dicho que tiene algo más grande para tu vida, un llamado más grande. Los que creemos, no podemos caminar en esta vida faltos de identidad, pensando que somos mendigos. Tú fuiste llamado, y hay una grande promesa en tu vida. Tú cargas algo dentro de ti, que nadie más puede cargar, y que solo Dios puede desatar en tu vida.
Tú no necesitas estar enfermo para orar, no necesitas estar en una situación difícil para ir a la casa de Dios, sino que vas a la casa de Dios, porque sabes que es el lugar donde va la gente que tiene promesa. Tengas o te falte, vas a la casa de Dios, porque tú sabes que hay promesas que solamente se desatan, cuando estás delante de él. 

16 VERSÍCULOS PARA CUANDO ESTÁS AGOTADA

No sé si a ti te sucede, pero yo me encuentro de vez en cuando en épocas de mi vida en las que no doy más. Mi cuerpo está agotado, mi cerebro lucha por permanecer encendido y mi alma necesita volver a llenarse…pero el mismo cansancio me impide pensar en algún versículo que me devuelva el ánimo o abrir la Biblia para buscarlos.

Para que eso no me suceda de nuevo,  ahora que estoy fresca…y antes de volver a agotarme, he anotado 16 versículos de ánimo ante el cansancio. Te los comparto para que puedas echar mano de ellos en esas ocasiones en las que ya no das más.


Salmo 62:1 “En Dios solamente está acallada mi alma; De él viene mi salvación.”


Éxodo 33:14  “Y él dijo: Mi presencia irá contigo,  y te daré descanso.”


Salmo 46:1-2 “Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto,  no temeremos,  aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar;”


1 Reyes 8:56 “Bendito sea Jehová,  que ha dado paz a su pueblo Israel,  conforme a todo lo que él había dicho;  ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado.”


Mateo 11:28, 29 “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados,  y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros,  y aprended de mí,  que soy manso y humilde de corazón;  y hallaréis descanso para vuestras almas”


Salmo 4:8 “En paz me acostaré,  y asimismo dormiré; Porque solo tú,  Jehová,  me haces vivir confiado.”


Salmo 127:2 “Por demás es que os levantéis de madrugada,  y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño.”


Jeremías 31:25 “Porque satisfaré al alma cansada,  y saciaré a toda alma entristecida.”


Salmo 73:26 “Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre”


Isaías 40:28-31 “¿No has sabido,  no has oído que el Dios eterno es Jehová,  el cual creó los confines de la tierra?  No desfallece,  ni se fatiga con cansancio,  y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado,  y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan,  los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas;  levantarán alas como las águilas;  correrán,  y no se cansarán; caminarán,  y no se fatigarán.”


Salmo 68:35 “Temible eres,  oh Dios,  desde tus santuarios; El Dios de Israel,  él da fuerza y vigor a su pueblo. Bendito sea Dios.”


Romanos 8:26-28 “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad;  pues qué hemos de pedir como conviene,  no lo sabemos,  pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos que a los que aman a Dios,  todas las cosas les ayudan a bien,  esto es,  a los que conforme a su propósito son llamados.”


Gálatas 6:9 “No nos cansemos,  pues,  de hacer bien;  porque a su tiempo segaremos,  si no desmayamos.”


Salmos 119:114 “Mi escondedero y mi escudo eres tú; En tu palabra he esperado. ” 


Hebreos 4:16 “Acerquémonos,  pues,  confiadamente al trono de la gracia,  para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”


Salmo 23:2  “En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará.”

DEJA ATRÁS LOS ESTORBOS

Cuando estudiamos la Biblia, vemos que Abraham, en su camino a la tierra que Dios le mostraría,  pasó por Egipto. Dicen los teólogos que, cuando Abraham salió de Egipto, llevó consigo también a Agar. Un poco más adelante, en Génesis 15 y 16, vemos la queja de Abraham con Dios de que le había prometido tantas cosas grandes, tantas bendiciones, pero no tenía todavía un hijo. Entonces, Dios le dice que le daría un hijo, que le prosperaría y le bendeciría. Pero, en un momento de crisis, de dificultad, Abraham toma el camino fácil. Sarah le dice: Toma a mi sirvienta. Y Abraham tiene, con Agar, a Ismael. Por trece años, Abraham piensa que Ismael es el hijo de la promesa. Por trece años más, detiene el plan de Dios para su vida.
Una de las peores cosas que podemos llevar con nosotros al salir de Egipto son las ilusiones de cosas que hemos traído del mundo y que pensamos que son de Dios, simplemente, por un momento de flaqueza en nuestra identidad. Abraham no tenía que pasar por Egipto; fue a Egipto porque no le creyó a Dios, en el momento de crisis.
En Génesis 12, dice que Abraham salió a tierra de Canaán, y llegó a su destino; pero un momento de crisis le hizo descender a Egipto. Sin darnos cuenta, muchas veces, en los momentos difíciles, comenzamos a comprometer quiénes somos y cómo nos vemos delante de Dios, comenzamos a cargar con Agar, con cosas que pensamos que fue Dios, pero que en realidad no ha sido él. Comenzamos a cargar con relaciones de las que después tenemos que despojarnos; comenzamos a caminar con oportunidades que parecían divinas, pero que no eran de Dios. Y, sin darnos cuenta, estas cosas nos atan, y mantienen atado a Dios de hacer lo que él quiere hacer con nosotros.
Abraham tuvo que tomar una difícil decisión, cuando su esposa Sara le dice: Agar tiene que irse junto a Ismael, pues este molesta a nuestro hijo Isaac. La Biblia relata que Abraham despide a Agar y a su hijo Ismael.
Hay momentos difíciles, en los que te tienes que despegar de algo de lo que te enamoraste porque te ilusionaste, pero no es lo que Dios tiene para ti; y tienes que reconocer que fue un momento de baja autoestima, de poca identidad. Hay cosas en nuestra vida que, hasta que no seamos capaces de despegarnos de ellas, no nos podremos mover hacia lo que es el plan de Dios para nuestra vida. Aquello que pensamos que fue de Dios, pero no fue, molestará a aquello que realmente Dios nos ha querido entregar.
Créele a Dios. Deja atrás aquellas cosas que fueron tu ilusión, aquellas cosas que has pensado que eran de Dios, pero no lo son. Es vital que cada paso que vayas a dar hacia lo que Dios tiene para ti, sea porque realmente sepas que es eso lo que Dios quiere para tu vida. Permita Dios, y te dé la sabiduría de que, en tu caminar hacia el destino que él tiene para ti, tú puedas vivir sin ilusionarte con cosas que Dios no te entregó, para que puedas obtener aquellas que él sí tiene para ti, y aquellas con las que te ilusionaste, nunca más perturben a las que Dios tiene para tu vida.
Hay cosas que llegó el momento de dejarlas ir, porque estorban el plan de Dios para tu vida. Lo que no dejas ir, es porque, por mucho tiempo, esas cosas te han identificado. Pero esas cosas son cargas, y Dios no las va a remover, hasta que tú no las quites. Deja atrás aquello que estorba tu camino hacia el destino de Dios para tu vida. 

UN PACTO DE PROTECCIÓN

En Génesis 12-14, vemos que Abraham acepta el llamado de Dios en su vida y toma la crucial decisión de salir de casa de su padre y de su parentela, si saber a dónde.  Y el primer lugar por el que pasa es Egipto. 

Cuando Abraham llega a Egipto con su esposa Sarah, quien era muy bonita, le preguntan quién era, y le da miedo a Abraham y miente diciendo que es su hermana.  Abraham, por miedo, claudica al pacto que tenía con su esposa, negándola y entregándola.  Es Dios quien tiene que intervenir y detener a Faraón, haciéndole saber la verdad, para que no se quede con Sarah.  Es Dios quien tiene que ratificar, confirmar y mantener el pacto de Abraham y Sarah, para mantenerlos juntos; porque el momento de crisis, el momento de presión económica, lleva a Abraham a tomar una mala decisión con una relación de pacto.
Cuando salimos hacia lo que Dios tiene para nosotros, es un camino incierto.  Sabemos que vamos para un lugar, pero no sabemos para dónde vamos.  Sabemos que vamos para un sitio, porque Dios nos lo ha prometido.  No hubiéramos salido, de no haber tenido la certeza de que Dios nos va a llevar a un nuevo lugar; pero la primera tentación que llega a tu vida es la de romper con todas tus relaciones de pacto. 
No podemos vivir en tiempo de crisis, sin saber quiénes somos.  Si no estamos claros en quiénes somos, cedemos ante cualquier tentación, ante cualquier oferta.  
Cada vez que Dios te promete un nuevo negocio, una nueva oportunidad, y tú comienzas a caminar hacia esa nueva oportunidad, tentaciones comienzan a llegar, en medio de tu camino, para que tú rompas las relaciones de pacto que ya tú tienes en este momento.  Es por esta razón que, mientras más caminamos al destino de Dios para nuestras vidas, más firmes tenemos que tener a nuestra familia, a nuestro cónyuge, a nuestros hijos, a aquellos con los cuales tenemos una relación de pacto porque, en cualquier momento, se nos pondrá la presión para que cedamos a entregar a aquellos con los cuales nosotros tenemos pacto.  Y es triste que, en medio de las crisis económicas, le hagamos pasar a nuestra familia por ciertas cosas, simplemente por pensar que ellos tienen que soportarnos comoquiera.
Es triste que demos por sentado a nuestra pareja, a nuestros familiares.  Es triste porque pensamos que ellos tienen que entendernos, que tienen que entender lo que estamos pasando, lo que está ocurriendo en nuestras vidas; y esto es algo que puede destruir la vida de una persona para siempre. Cuando tú comienzas a caminar hacia el destino de Dios para tu vida, de nada te sirve salir con tu cónyuge y con tus hijos, y llegar sin ellos.
Cuando Lot se separó de Abraham, se metió en Sodoma y, al salir de allí, salió sin su esposa; porque es imposible acercarte al pecado, y que las relaciones permanezcan intactas.  Cuando Lot salió de Sodoma, sus hijas estaban pervertidas, y su esposa se convierte en una estatua de sal.  Lot expuso a su familia a algo a lo que no debió haberla expuesto.  Prefirió los campos lindos, verdes, cerca de Sodoma, antes que cuidar y proteger a su familia.
No tomes decisiones sin cuidar de tus hijos, sin cuidar quién va a influenciar a tus hijos o a tu pareja.  No aceptes trabajos, compromisos, sin tener en cuenta que pudieras estar poniendo en peligro a aquellos que realmente Dios mandó que sacaras contigo.  Dios no mandó a Lot a salir con Abraham, pero sí mandó a Sarah a salir con Abraham.  El problema es que, cuando estamos en esa transición, tendemos a entregar a aquellos con los cuales debemos tener compromiso.  Pero lo grande es que, como Dios tenía una grande promesa para Abraham, protegió a Sara, haciéndola estéril, porque Dios no iba a permitir que la mujer de la promesa se embarazara de Faraón y tuviera un hijo de él.  La mujer de la promesa no cargaría un hijo de Egipto, y Abraham no tendría que mantener un hijo de Egipto, de Faraón. 
Declara la palabra sobre tu familia, en estos tiempos de crisis. Declara que Dios protege los tuyos, que Dios le va a decir a la gente en la calle, como le dijo a Faraón: No los toques, porque tienen un pacto conmigo.
A pesar de tus errores, el Dios Todopoderoso tiene la autoridad para cuidar de los tuyos, para guardarles dondequiera que se encuentren.  Hoy Dios comienza a proteger a tu familia, a cuidar de los tuyos y pronto verás que te serán devueltos, sanos y salvos, en el nombre de Jesús.

FE Y OBEDIENCIA

Dios le dijo a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela. Abraham se llevó a Lot con él y, más adelante, tuvieron problemas. Tuvieron problemas porque Lot no pudo aguantar la bendición que cargaba Abraham. Tuvieron, entonces, que separarse; pero, a través de aquella separación, permitió Dios que Abraham pudiera recibir mayor bendición.
Abraham tuvo que ir a pelear por Lot, para rescatarlo. Y tú tienes que entender que, cuando tú verdaderamente entiendes la identidad, el valor, el llamado que Dios ha puesto sobre ti, Dios te va a usar para bendecir aun a aquellos que no han entendido el don de Dios en tu vida.
Para llegar a la tierra que Dios le mostraría, Abraham tuvo que pasar por otros lugares. Abraham salió sin dirección, sin un lugar específico hacia donde llegar. Hay un nivel de fe cuando podemos seguir una instrucción de Dios, aun sin entenderla, aun sin tener todos los detalles. Dios no tiene que darte detalles, él no tiene que darte explicaciones.
Cuando Abraham se fue de la casa de su parentela, lo hizo para que Dios trajera una definición firme en su vida y, a través de esa experiencia, él pudo entender que su camino a la tierra prometida iba a traer otras experiencias donde lo único que Dios iba a hacer era fortalecer la identidad que había puesto en él.
Cuando vamos en pos de nuestro llamado, de lo que Dios tiene para nuestra vida, una de las cosas que tenemos que entender es que el camino no va a ser fácil; pero, mientras tú mantengas tus pensamientos en el lugar correcto, cada experiencia va a definir tu vida más firme que nunca antes en el Señor.
Quizás todavía no has entendido por qué pasaste por ciertas experiencias, por qué Dios abrió o cerró una puerta en tu vida; hoy Dios te dice: Porque he puesto una identidad en ti, y todo lo que voy a hacer contigo va a sobrepasar todas las experiencias negativas del pasado. Todo lo que el enemigo te ha querido robar, todas las palabras negativas que se han hablado sobre ti, todas las veces que han querido detener tu potencial, todo eso va a caer al piso, cuando tú entiendas el valor que Dios ha puesto en ti, la verdadera identidad, el propósito de Dios en ti. Pero tienes que ubicarte en el lugar correcto.
En Génesis 14, vemos que, cuando Abraham supo que su pariente, Lot, estaba prisionero, armó a sus criados. No dice que armó guerreros. Cuando estás en el lugar correcto, y entiendes la definición que Dios ha puesto en ti, tú haces lo que tienes que hacer con lo que tengas, aunque tú entiendas que eso que tú tienes no tiene las capacidades, aunque no tengas la educación, aunque no tengas las finanzas; pero, cuando Dios te manda a hacer algo, Dios te respalda; aunque tú vayas a enfrentar un ejército con criados, Dios respalda a aquellos hijos que siguen su voz.
16 Y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus bienes, y a las mujeres y demás gente.Génesis 14:16
Quizás el enemigo te ha querido quitar algo, pero hoy Dios te dice que tú vas a recuperar todo lo que el enemigo te ha querido quitar. Cuando tú mires hacia atrás, dirás: Misericordioso ha sido Dios conmigo; en los momentos en que no entendí lo que estaba pasando, hoy puedo dar fe que Dios no quitó. Dios lo único que hace es añadir a tu vida y, aun lo que el enemigo te ha querido quitar, Dios te lo va a dar multiplicado, cuando tú entiendas que, con lo que tú tienes tu puedes hacerle frente a cualquier situación que venga delante de ti. 

EL BUEN TRATO Y LOS DESACUERDOS

 Los matrimonios tienen desacuerdos porque son dos personas diferentes en su formación, su genética, han vivido distintas situaciones y a menudo han tenido que superar situaciones dolorosas dolor durante su infancia y juventud.  Precisamente de la madurez del carácter depende la habilidad de resolver las desavenencias conversando sensatamente sin iniciar un ciclo de agresión, que usualmente empieza con la manera de hablar y el lenguaje corporal.
Las parejas se acaloran conversando porque utilizan las palabras incorrectas y se acercan al cónyuge con el lenguaje corporal y las actitudes incorrectas. De hecho, la conversación no empieza con las palabras, sino con la forma en que nos acercamos a la pareja para hablarles de un tema. Los esposos, ya con vernos caminar hacia ellos, se están preparando para defenderse porque saben a lo que vamos, a menos que nos aproximemos de una manera agradable. Luego, de acuerdo a cómo le hables a tu pareja, el receptor te escuchará o no te podrá escuchar si identifica falta de respeto en tus gestos o palabras.
Con frecuencia no queremos admitirlo, pero creemos que la intimidad y la confianza nos dan el derecho de hablarle a la pareja como nos da la gana, sin escucharle ni tener en cuenta sus sentimientos. Es un hábito negativo que tenemos que dejar atrás por el bien del matrimonio.
La Palabra de Dios nos dice en 1 Pedro 3:9 (NTV):
“No paguen mal por mal. No respondan con insultos cuando la gente los insulte. Por el contrario, contesten con una bendición. A esto los ha llamado Dios, y él los bendecirá por hacerlo”.
¡Qué fácil es perdonar al de la oficina o a las personas que no conocemos! Pero ¿es igual en la casa? No, no lo es; la confianza y la intimidad rompen con el respeto. No debe ser así. Hablamos o respondemos a la ligera sin pensar en lo mal que se siente la persona que amamos y lastimamos sus sentimientos sin misericordia. Debemos tratar bien al de afuera, pero también al que vive contigo, al que duerme en tu cama.
Tu cónyuge merece un buen trato y en la Palabra dice claramente que Dios nos bendecirá por bendecir a otro, sea con nuestras acciones o con nuestras palabras. Hagamos un esfuerzo y seamos más tolerantes, pensemos bien lo que vamos a decir, de la misma manera que lo pensamos en el trabajo para no herir a un compañero de oficina. Actuemos de acuerdo a la Palabra, teniendo la palabra amable en nuestra boca, en todo momento. Ciertamente el ambiente en el hogar se sentirá liviano y se reflejará una paz que solo se puede encontrar cuando Dios es el centro de un hogar.

Cuando vayas a conversar o a discutir un asunto con tu pareja, especialmente si sabes que es un tema que trae discordia, haz lo siguiente:
  • Espera a que baje el coraje: el tuyo, el de él o el de ambos y los ánimos estén receptivos para conversar.
  • Acércate a tu pareja con amor, una palabra amable, una sonrisa o un gesto de proximidad.
  • Habla sobre el tema o conducta que interesas resolver en el presente y en términos de cómo te afecta. Conversa sin entrar en personalismos, sin insultar, menospreciar, culpar, señalar, sin traer a colación asuntos pasados y sin decir frases hirientes. Enfócate en el tema presente.
  • Sé directa(o) y clara(o), pero respetuosa (o). Evita los sarcasmos o las palabras de doble intención.
  • Bendice en vez de maldecir.
Para reducir y evitar los desacuerdos dañinos, esfuérzate a diario en crear un fundamento fuerte: un ambiente de paz y mutua comunicación.
  • Ten presente el poder del acuerdo ante Dios. Busca lograr un acuerdo y más allá, persigue vivir en acuerdo en las áreas más importantes de la vida: la pareja, la crianza de los hijos, el tiempo de Dios, las finanzas y otros temas que les afecten.
“Además les digo que si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre que está en el cielo” (Mateo 18:19).
  • No asumas ni permitas que tu pareja asuma la actitud de “me toleras así porque me conociste así, ese soy yo y no voy a cambiar”. Esa es solo una manera de perpetuar una conducta inaceptable y justificarla. Busca ayuda profesional o pastoral para manejar este tipo de actitud.
  • Dedíquense tiempo el uno al otro.
  • Es muy importante que mantengan  una  comunicación saludable.
  • Cuida cómo llegas a tu hogar a diario y cómo hablas. Da lo mejor de ti a tu pareja y a tu familia.
  • Deja tras la puerta de tu casa cualquier momento negativo que te ocurrió afuera. Si lo quieres compartir con tu cónyuge, primero entra, saluda, besa, abraza y cena. Entonces, con calma, comparte lo que te pasó y escucha sugerencias o consejos. Dos en acuerdo con Cristo piensan mejor que uno.
  • Procura esmerarte en tu relación matrimonial y atender a tu pareja.
  • No permitas que te cargue la vida cotidiana.
  • Trabajen en ustedes mismos  como individuos y como pareja para mejorarse continuamente.
  • Más allá de oír, aprende a escuchar a tu pareja cuando te habla.
  • Lo que hace extraordinario un matrimonio es que la pareja haga cosas extras para mantener y fortalecer la relación. No esperes a un retiro matrimonial o una cena en la iglesia, un cumpleaños o un evento familiar para tener detalles el uno con el otro, ni para acordar citas románticas.
  • Si estás en pecado, arrepiéntete con honestidad, deja entrar a Cristo en tu corazón y busca ayuda para cambiar tu manera de vivir y salvar tu matrimonio.
  • Si eres cristiano, no permitas en tu hogar el maltrato institucional que denigra la posición de la mujer en el nombre de Dios. No te sientes en tu casa a esperar a que te sirvan defendiendo un enfoque esclavista a nombre de la fe. El mutuo servicio y atención en la pareja no puede ser esclavitud, sino recíproco y basado en el amor. Pónganse de acuerdo en cuanto a todo lo que necesita hacerse diariamente en el hogar y la familia, y ayúdense el uno al otro para que ninguno de los dos se recargue y se resienta. El beneficio es, además de un matrimonio balanceado, una pareja con más tiempo y energía para dedicarse el uno al otro.
Toda restauración de un matrimonio empieza con Cristo como su centro. Y Dios en su perfección, hizo un matrimonio perfecto en seres imperfectos para que necesitáramos de Él, lo buscáramos y entendiéramos que solo en Él podemos alcanzar un matrimonio extraordinario. Sin Él nada podemos hacer.

IDENTIDAD CLARA

Teniendo nuestra identidad clara, podemos pararnos firmes en medio de la adversidad. Somos hijos de Dios, tenemos un llamado de parte de Dios, y él nos ha capacitado para cumplir su propósito. Pero, a veces, no nos damos cuenta del valor y la bendición que hay en nuestra identidad.
En la palabra, desde Génesis, lo primero que Dios hizo fue poner, en Adán y en Eva, una identidad. Ante Eva, una de las cosas que Adán dijo fue: Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer. Cuando Adán vio que había algo bueno delante de él, inmediatamente entendió que hay momentos en que nos corresponde dejar cosas atrás, simplemente porque vamos en pos o porque tenemos algo mejor delante de nosotros.
Hay un pensamiento que dice que el enemigo de la excelencia son las cosas buenas. Las cosas buenas pueden llevarnos a dejar de lado que pudiera haber cosas todavía mejor. Hay cosas que, aunque sean buenas, simplemente por ir en pos de aquellas que son mejores, es necesario que las dejemos atrás. Hay que dejar cosas buenas, por tener cosas mejores. Y esa fue una de las cosas que Adán entendió. Hay personas que su identidad se ha visto atentada, no porque Dios no les haya llamado, o porque Dios no les haya capacitado, o porque no puedan entender que son hijos de Dios, sino porque no entienden que hay cosas a su alrededor que hay que dejar atrás, para poder moverse hacia adelante. Hay amistades a tu alrededor que tienes que dejar atrás para poder echar hacia adelante; en ocasiones, hasta la misma familia es la que está deteniéndonos.
En el Edén, Dios explicó que no todo lo había allí les pertenecía, sino que había algo que había que dejar, algo que no se podía tocar: El árbol del bien y el mal. Aquel árbol era lo que decía que aquel huerto le pertenecía a Dios, mientras su fruto no fuera tocado. No solamente hay cosas que tenemos que dejar, sino que hay cosas que no podemos tocar. Hay cosas que han sido limitadas para nosotros, que han sido sacadas de nuestra vida.
También en Génesis, vemos el momento en que Caín y Abel se presentaron delante de Dios con sacrificios, y conocemos el resultado de aquel sacrificio. Abel se presentó con el mejor de los sacrificios, escogió lo mejor de su ganado, lo mejor que él podía ofrecerle a Dios. Caín también se presentó con ofrenda delante del Señor, pero no había presentado lo mejor. ¿Te has preguntado de dónde Caín y Abel supieron que había que ofrendarle a Dios? El tiempo en que Adán y Eva estuvieron en el Edén, Dios tuvo que haberles enseñado cosas acerca de la adoración. Adán y Eva habían entendido lo que la Biblia nos dice en Mateo 6:21, que donde está nuestro tesoro, allí está nuestro corazón. Y ellos enseñaron a sus hijos a presentarse delante de Dios con sacrificio, porque ellos habían aprendido de una manera muy dura y muy amarga, qué era aquello que le pertenecía a Dios.
Una de las cosas que nos ayuda a tener identidad en Dios es nuestro sacrificio, es entender e identificar que no tan solo es necesario que dejemos cosas, sino que es necesario que además nos presentemos delante de Dios con cosas. Jesús no solo tuvo que despojarse de todo lo que tenía, sino que también tuvo que hacerse sacrificio, para pagar el precio por nosotros en la cruz del Calvario. El valor de algo es establecido por lo que alguien está dispuesto a pagar. Y tú tienes que entender que el precio que se pagó por ti supera por mucho el precio de las prendas más preciosas, de los autos más costosos, de las casas más lujosas. El precio que se pagó por ti es el más alto precio que jamás se haya pagado por alguien, es el precio de la sangre de nuestro Señor Jesucristo en la cruz del Calvario.
Así que, cuando hablamos de tu valor, cuando hablamos acerca de tu identidad, basta de pensar que no vales nada, que eres pequeño ante los ojos de Dios porque, al hacer eso, lo que estás haciendo es empequeñecer el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo en la cruz del Calvario por ti.
Adán entendió que había cosas que había dejar, cosas que no podíamos tocar, y cosas que había que presentar; y vemos estos principios extendiéndose a través de la palabra del Señor. En Génesis 12:1-3, Dios le dijo a Abraham que se fuera de su tierra y de su parentela y de la casa de su padre, a la tierra que él le mostraría. Y Abraham se fue de allí, porque él sabía que había cosas que dejar, para encontrar algo mejor. Y Dios siguió diciendo: 2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.
Si parafraseamos lo que Adán entendió y lo que experimentó Abraham al recibir esta palabra de Dios, diríamos: Dios te está diciendo que hay personas que han dicho cosas acerca de ti, que no pueden entender lo que Dios quiere hacer contigo. La promesa de Dios es que él nos va a bendecir, y nosotros seremos bendición. Quizás, ante mensajes como este, piensas que tú no podrías dejar a tu familia, no podrías salir de tu trabajo, del lugar en que estás; pero entiende de una vez que el deseo de Dios, y el precio que él pagó por ti en la cruz del Calvario, fue para bendecirte.
Recibe esta palabra que Dios le dio a Abraham: Te bendeciré, y tú serás bendición. Entiende que esa gente, de la única manera que va a poder ser bendecida es cuando tú te muevas hacia adelante; entiende que tú también estás deteniendo la bendición de esas personas. Tú estás ahí porque tú los amas, pero Dios te dice: Muévete hacia al frente, porque no solamente te voy a bendecir a ti, sino que los voy a bendecir a ellos a través de ti.