IRÁN: NUEVA CREYENTE ES REVESTIDA POR EL ESPÍRITU SANTO

Barbara * es una nueva convertida iraní que comenzó a leer el Nuevo Testamento. "Al comienzo de la lectura pude sentir un gran poder que fluía de las palabras de la Biblia; no lo podría explicar, pero fue algo que vino a mi corazón de manera sobrenatural y fui revestida con el poder del Espíritu Santo de Dios", explica.
"Hoy, puedo decir que no soy la misma persona, es como si hubiera nacido de nuevo, la sensación es única y me gustaría que todos los nuevos conversos lo sintiesen", dice ella. Barbara también ha tenido algunos sueños diferentes en la noche: "Soñé que Jesús me hablaba desde el cielo, y cuando se volvía hacia mí, me dijo que debía leer la Palabra de Dios para fortalecer mi fe y así compartir la salvación con mis amigos ".
En una entrevista con CBN, Barbara explica cómo se siente después de haber tenido experiencias sobrenaturales, un fenómeno que ha ocurrido con varios cristianos en Irán. "Ustedes saben que este país es un lugar muy peligroso para los cristianos, ¿no? Pero yo no tengo miedo de seguir adelante y no pienso en huir, me quedaré aquí y evangelizaré al mayor número de personas. La muerte es algo que escapa de mi control, Dios sabe cuándo y cómo voy a morir, pero mientras tenga vida, voy a hablar del reino de Dios a estas personas ", concluye Bárbara.
* Nombre cambiado por razones de seguridad.

Fuente: https://www.puertasabiertas.org/noticias/iran20160105

CRISTIANA RELATA SUS DÍAS EN CAUTIVERIO

"Puedo decir que vi el cumplimiento de muchas cosas que leí en la Biblia"
Mercy* es una mujer de 22 años, del estado de Borno, en el noreste de Nigeria, y que fue secuestrada en junio del 2014, cuando Boko Haram invadió la pequeña ciudad de Gwoza donde ella vivía. Esta es la primera vez que ella habla sobre las cinco semanas que permaneció en cautiverio, donde fue forzada a casarse, y donde fue obligada a asistir a varios asesinatos y sometida a las exigencias de sus captores para seguir el islam.
"Todo el mundo en la ciudad corrió para salvarse. Mi papá y yo fuimos separados. Yo no sé que sucedió con él. Yo creo que el murió de la misma manera que muchos otros murieron, porque ellos se rehusaron a negar a Cristo. Yo y otras cuatro mujeres fuimos llevadas bajo amenazas de golpes, si no obedecíamos las ordenes", relata Mercy.
"Mi primer día fue un infierno, yo lloraba mucho, pero también oraba pidiendo a Dios que me diera valentía. Fuimos interrogadas, ellos nos invitaron a volvernos musulmanas. Las mujeres aceptaron inmediatamente y se casaron con miembros de Boko Haram. Yo imploré diciendo ser cristiana, entonces me golpearon mucho y me forzaron a casarme con uno de ellos. Participé de enseñanzas islámicas y oraciones. También fui torturada. Vi muchos cristianos siendo muertos, pero no negaron su fe. Puedo decir que vi el cumplimiento de muchas cosas que leí en la Biblia. Gracias a Dios fui rescatada después de una campaña del gobierno y aún viviendo entre ruinas ahora, estoy agradecida con Jesús por estar viva y libre", concluyó la cristiana.
*Nombre alterado por motivos de seguridad.

Fuente: https://www.puertasabiertas.org/noticias/nigeria20160102

QUE DIJO DIOS DE TI?

Como cristianos, no podemos vivir tratando de llenar las expectativas del mundo o de los religiosos; no podemos vivir según lo que ellos creen que debemos hacer, o dejar que la perspectiva de otro establezca cuál es nuestra misión. Una de las expectativas que tiene la sociedad hacia la iglesia son las obras caritativas. Y la iglesia lo hace, pero esa no es nuestra única misión, sino que es una de las cosas que hacemos, porque estamos alcanzando nuestra primera misión, que es predicar la palabra del Señor.
En épocas críticas, Dios siempre levanta un grupo de creyentes. Sacó a Abraham, por ejemplo, de Ur de los caldeos, y levantó una familia, en medio de un tiempo crítico. La familia de Noé es otro ejemplo de esto. En medio de Egipto, Dios levanta a José, a Moisés; en Babilonia, a Daniel. En medio de la esclavitud, en Egipto, separó un lugar llamado Gosén, y allí puso un grupo de personas. Dios no tenía que eliminar al resto del mundo para hacer algo especial con su pueblo; pero su pueblo tenía que vivir de una manera en particular. Esa manera de vivir era lo que les aseguraba el éxito, la salvación, la comunión con Dios, en medio de tiempos de crisis.
A veces, pensamos que lo que necesitamos es tener políticos cristianos; pero, cuando Dios quiso moverse a favor de su pueblo, usó a Ciro, un rey pagano, y le llamó su ungido, y le ordenó ayudar a su pueblo para que saliera del lugar donde se encontraba. Ciro financió la salida del pueblo de Israel. No tenemos que poner un gobernador cristiano, un senador cristiano, para que nuestra nación cambie; cuando Dios da la orden, levanta al Ciro que sea, para que se mueva a favor de lo que él quiere hacer por su pueblo.
Dios puede levantar gobernantes cristianos; lo hizo con José, quien fue segundo en mando. Pero tampoco es necesario que sea un alto funcionario; Nehemías era un copero, y Dios lo levantó, y el sistema natural le dio los recursos para restaurar la casa de Dios, porque aun el sistema del mundo tiene que someterse a la autoridad del Dios Todopoderoso. Mientras haya un Nehemías, Dios va a hacer lo que él quiere hacer para este tiempo, sin tener que cambiar al rey, sin tener que cambiar el sistema del mundo. No tienes que esperar que el sistema cambie, para que Dios haga contigo lo que él quiere hacer. Párate firme en el lugar en que estás, y deja que Dios haga la obra a través de ti.
No está mal que queramos tener líderes creyentes, pero ese no puede ser nuestro enfoque, porque no es la única manera en que Dios puede obrar; esto no es lo que haría la diferencia. De la misma manera, no podemos pensar que el cambio que tanto necesita nuestra sociedad va a venir porque ayudemos a los más necesitados. Está comprobado que, por más ayuda que se dé, eso no saca a nadie de la pobreza. La iglesia da de comer a los pobres, por supuesto; pero no podemos pensar que eso es lo único que tenemos que hacer, no podemos apartarnos de lo que Dios quiere que hagamos.
Mateo 5 comienza con las bienaventuranzas. Más adelante, esta misma escritura dice que somos la sal de la tierra, una ciudad asentada, y la luz del mundo. Hay múltiples interpretaciones de lo que todo esto significa, de lo que nosotros debemos estar haciendo, basado en esto.
La sal se usa para preservar, por lo que tradicionalmente se dice que estamos aquí para preservar la tierra. La pregunta es ¿para qué queremos preservar la tierra, si está mal? Hay interpretaciones que lo que hacen es sacarnos del lugar que Dios quiere que tengamos; y es que no podemos leer la Biblia fuera de contexto. Cristo dijo estas palabras, luego de las bienaventuranzas. Cuando dice que los pobres de espíritu son bienaventurados, y más abajo dice que somos una ciudad asentada; una cosa tiene que guardar relación con la otra. El mensaje de las bienaventuranzas es para provocar que tú seas sal, para que seas una ciudad asentada, y que seas la luz del mundo.
En Lucas 4, estando en la sinagoga, Jesús lee el libro de Isaías, donde estaba escrito: 18 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; 19 A predicar el año agradable del Señor. Con esta lectura, Jesús declara su propósito. Y las bienaventuranzas, no son otra cosa que parte del cumplimiento de su propósito. En ambas escrituras, la primera declaración es dirigida a los pobres; de la misma manera, cada declaración de estas dos escrituras guarda relación entre sí. En las bienaventuranzas, hay ocho declaraciones. En Isaías 61, donde se encuentran los versos que Jesús leyó en la sinagoga, también hay ocho declaraciones. En otras palabras, en las bienaventuranzas, Jesús predicó el mensaje de Isaías; el mensaje de las bienaventuranzas no sale de que Jesús quisiera predicar algo bonito, sino de él cumplir su misión profética aquí en la tierra. Con esto, Jesús demostró, entre otras cosas, que la unción que había sido depositada en su vida, se iba a desatar a través de la predicación de la palabra.
Jesús lo que hizo fue parafrasear el mensaje de un profeta.El mismo mensaje que Dios le dio al profeta Isaías para aquel tiempo, seguía vigente para el tiempo de Cristo, y sigue vigente para nosotros hoy. Jesús se encontró en aquel libro. Aquello era lo que él había venido a hacer. Si tú quieres alcanzar algo grande en tu vida, lo primero que tienes que hacer es encontrarte en la Palabra de Dios. Encuentra qué dice Dios de ti en su libro. Olvídate de lo que dice el mundo; busca lo que dice Dios de ti, y vive por esa palabra, camina en ella.

ALGUNOS HÁBITOS PARA MAMÁS

Un hábito es una costumbre, algo que hacemos sin pensar mucho en ello, algo para lo que hemos entrenado y que no nos cuesta trabajo llevar a cabo. Es algo intencional, que supone un esfuerzo mientras lo adquirimos, pero que nos aporta beneficios a largo plazo.

En nuestra vida como mamás, hay algunas cosas que podemos hace y que, si podemos convertir en hábitos, harán mucho más fáciles nuestros días. Si bien llegar a que estas cosas (o algunas de ellas según tu necesidad específica) se conviertan en algo habitual toma esfuerzo, trabajo y tiempo, una vez que las logremos, nos ayudarán enormemente.

1. Levántate antes que tus hijos.

Especialmente si son pequeños y muy especialmente si les gusta levantarse temprano.  Estas vacaciones han sido un desaaaaaatre para mí en cuanto a eso. Generalmente me acuesto sobre las 9 y me levanto sobre las 4:30-5. Pero últimamente paso despierta casi toda la noche y después, paso el día cansada y atrasada con todo. Mis hijos están llenos de energía y yo… no hay café que arregle cómo me siento yo.
Necesito volver a la rutina de acostarme temprano y levantarme temprano, eso me ayuda a que mi día vaya mejor porque me da tiempo a prepararme antes de que mi familia se despierte.
Haz de levantarte antes que los demás y de dormir bien un hábito y verás cómo tu día, automáticamente, mejora.

2. Ora y pasa tiempo con Dios

Otro desastre en este tiempo para mí…consecuencia directa del número 1. Cuando me levanto temprano y antes que el resto de la familia, tengo espacio para ese tiempo personal con Dios, para hacer mi devocional, para leer, para orar. Y, si no lo hago así, paso el día tratando de encontrar el momento…que, reconozco, a veces no llega.  
Sea cuando decidas tener tiempo personal con Dios, hazlo todos los días. No importa el momento, no importa la longitud, no importa el lugar. Lo que importa es que crees el hábito de pasar tiempo a solas con Dios todos los días. Piensa cuál es el momento del día que se ajusta mejor a tus necesidades y comprométete a reservar ese espacio para el Señor. Este será el hábito más importante de tu vida.


3. Planifica tu día y tu semana

Las planificaciones pueden ser tan detalladas o tan poco específicas como quieras. ¿Cómo funcionas mejor? ¿Con un horario exhaustivo que te marca hora a hora lo que necesitas hacer? ¿O con dos o tres ideas anotadas de cosas que debes lograr en el día? Sea como sea, acostúmbrate a hacer un plan para tu día o, mejor, para tu semana. Anota las cosas que sí o sí debes hacer y ponte de lleno a hacerlas. Anota ideas para tus menús, haz listas de compra, proyectos que necesites hacer en casa, reparaciones, reuniones, comidas especiales, celebraciones… ¡lo que esté en tu agenda!
Yo soy de las que funciona mejor con horarios detallados, pero, en estos días, me conformo con hacer una lista de cosas que tengo que hacer e ir tachando a medida que las hago. Y la sensación de tachar o poner una marquita al lado de lo que voy haciendo… ah, qué buena es.

4. Aprende a decir no.

Esta es una de las más difíciles para mí. Adoro los nuevos proyectos, las cosas interesantes, los retos… Me gusta hacer muchas cosas y hacerlas bien. Y eso demanda tiempo. Pero si algo he aprendido de la manera difícil, es que no lo puedo hacer todo. En estas vacaciones decidí no escribir en el blog, algo que me costó ¡y mucho! Pero decir que sí al blog implicaba decir que no a mi familia y estrechaba demasiado mi margen de maniobras. Así que, lo mejor, fue decir no.
¿Hay cosas en tu día a día –actividades, compromisos, proyectos…- que te roban demasiado tiempo y te hacen correr durante tu jornada? Entonces entrénate a decir que no e invierte tu tiempo de otra forma.


5. Encuentra tiempo para ti

Aunque sea por cinco minutos cada día, forma el hábito de hacer algo que disfrutes tú sola. Lee un libro, sal a caminar, pinta, borda, escucha música, haz manualidades… no sé cuáles son tus hobbies y aficiones. No las abandones, haz eso que tanto te gusta y te llena sin sentirte culpable por hacerlo sola… o por intentarlo, si tienes hijos pequeños ¡sabes a lo que me refiero!



6. Encuentra tiempo para tu vida en pareja.

Si tu día está tan lleno que no tienes tiempo para hablar con tu esposo o para pasar un tiempo a solas compartiendo con él… entonces algo va mal. La relación con tu esposo es la relación más importante después de tu relación con Dios. Haz el hábito de hacer cosas con tu esposo todos los días, de tener un tiempo especial de comunicación, de cariñitos, de compartir. Es necesario para el buen funcionamiento de tu familia.


7. Recuerda que no eres perfecta

Algo que también se me da mal J Oh esto debería venir de serie, pero no, es algo en lo que debemos trabajar. No somos súper woman, no somos perfectas, no lo tenemos todo bajo control.
Crea el hábito de pedir perdón y perdonar, de extender gracia a otros y a ti misma, de recordad que no, no eres perfecta y te equivocas. 

UNA POSICIÓN DE BENDICIÓN

En Mateo 5, Jesús les enseña a sus discípulos que son bienaventurados. La palabra bienaventurados, en el original, tiene varias connotaciones; entre ellas, la bendición, cosa que es intangible.  La bendición es algo del interior del hombre, una posición espiritual. El ser bienaventurado significa tener una posición envidiable; que cuando otros te miren, deseen tener la vida que tienes.
Lamentablemente, hay muchos cristianos que desean tener la vida que muchos en el mundo tienen, cuando, en realidad, debe ser a la inversa; que el que te mire, desee la vida que tienes, por difícil sean las circunstancias. Cuando tienes conciencia de que eres bendecido, haces la diferencia, y tu manera de vivir hace que los ricos y los pobres se tornen a Dios. Sucede lo mismo que pasó con el joven rico cuando vio la vida de Cristo; aunque tenía dinero, posesiones y posición, le dijo: Yo quiero la clase de vida que tú tienes.
Declara y cree que vas a recibir una conciencia de bendecido, donde tú puedas entender que no importa en dónde estés hoy, te encuentras en una posición envidiable.  Tener conciencia de bendecido, no tiene que ver con dinero. Tener conciencia de bendecido es más bien vivir plenamente en Cristo, provocar que  la gente, cuando te vea, se acerque y te diga: Quiero vivir como tú vives, hablar como tú hablas, caminar como caminas, el matrimonio y la familia que tienes es tan buena, que eso es lo que yo deseo. Cuando te miro, veo la manera que haces tu trabajo con tanta excelencia, eso es lo que yo quiero hacer. Cuando te veo, te veo tan feliz que yo quiero saber cuál es la fuente de esa felicidad, cual es la fuente de esa prosperidad que hay en tu vida. Que cuando la gente te vea diga, yo quiero la clase de vida que tú tienes.
Muchos quieren tener la vida de otros, y otros quieren que tengas la vida que ellos tienen. Por esto es que el mundo siempre expone sus estilos de vida, para que los sigas.  Si te fijas, los cantantes, los artistas famosos, lo que enseñan son sus aviones, sus casas, sus carros, sus prendas, lo hacen para provocar que los envidies y que desees lo que ellos tienen. Muchos cristianos dicen: Ellos no tienen vida, no son felices, algunos se suicidan, por eso no debemos mirar esas cosas. Y es verdad que no se debe seguir ni desear lo que ellos tienen, pero a estos cristianos hay que preguntarles: Lo que tú tienes, tú que eres cristiano, ¿alguien lo quiere?  Su respuesta tal vez sea un no, porque muchas veces, estos cristianos andan por el mundo con cara de amargados, deprimidos, frustrados, lengüilargos y de chismosos.  A la gente no le interesa tener una clase de vida que les haga verse como estos cristianos, andan siempre en el mismo problema en la misma dificultad, en la misma situación, a nadie le va a interesar ese tipo de vida.
Por eso es que hay mucha gente en estado neutral, no quieren la vida del mundo pero tampoco desean la vida de la iglesia.
Dios quiere que entiendas que Él te ha puesto en una posición envidiable para que seas la diferencia, para que vivas diferente. Dios te trajo hasta aquí para despertar ese corazón dentro de ti, no tienes que vivir como vive el mundo, tu familia no se tiene que perder como se pierde la del mundo.
Puedes ser un buen cristiano, un buen creyente, prosperar, vivir sano, ser feliz, disfrutar de las mejores cosas que tiene la vida, gozar, darle gloria a Dios y ganarte a otros para el Señor.  Tú puedes caminar en esta tierra y que, cuando la gente te mire, quieran lo que tú tienes, ya sea por envidia o por un buen deseo de aprender, no importa la razón, solo declara que el mundo va a venir a los pies de Cristo, cuando vea la diferencia que hay en ti.
Créele a Dios que habrá un cambio de mentalidad en ti, un cambio que te provoque vivir como un bienaventurado y cree que ese cambio viene en el nombre poderoso de Jesús

10 TÁCTICAS DE ORACIÓN

Creo que la oración es una de las contribuciones más poderosas que un cristiano puede hacer para que el mundo sea un lugar mejor. No aprendemos a orar poderosa y eficazmente a través de leer un manual de instrucciones. Aprendemos a orar cuando oramos. Cuando lo haga, descubrirá que no hay continente, nación, organización, ciudad, puesto, situación, circunstancia, condición, gobierno, caso, problema ni batalla que esté fuera del límite de la fuerza de su efecto. No hay persona ni poder político en esta Tierra que pueda mantener la oración callada.
La oración es revolucionaria y marca una diferencia. Sin oración, nuestra vida cristiana solamente está intentando seguir una lista de reglas que alguien más nos da. Con la oración, el cristianismo es vital, relevante, transformador, y lleno de conocimiento y la presencia de Dios.
La oración es un punto de contacto entre el cielo y la Tierra, o quizá sea mejor decir que la persona que ora es ese punto de contacto. Su lugar de oración es su lugar de poder. Es su lugar de control de cambios. Nosotras podemos crear un cambio a través de la fuerza de la voluntad y de la persuasión inteligente, pero no durará. El verdadero cambio irrevocable solamente se da mediante la oración.
Con eso en mente, me gustaría proporcionarle algunas tácticas diferentes a considerar cuando ore:
1)      Ore con fidelidad
Cuando ore, asegúrese de que no vacile en su fe. Aférrese a lo que ha aprendido y a la confianza que ha recibido de su relación con Cristo. Dios puede resucitar una vida muerta, un sueño muerto, todo lo que esté muerto, si tiene fe: “Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4:17).
2)      Ore decididamente
Usted no puede ser fluctuante cuando ora: un día confía y al siguiente no. Un día ora esto, al siguiente día desea lo contrario. Le dice una cosa a Dios en oración, y  luego sale a tomar café con sus amigas y dice que nunca podrá suceder. Usted es de doble ánimo con lo que desea y a donde se dirige. Como dice la Biblia: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (Hebreos 10:23).
3)      Ore contundentemente
¡No sea débil! Mateo 11:12 nos dice: “Desde los días de Juan el bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”. Usted no está rogando, no está gimiendo y no está persuadiendo; usted está viniendo a tomar lo que legalmente le pertenece con respecto a la Palabra de Dios. Debe acercarse confiadamente como una hija a su padre, como un príncipe o una princesa a un rey, como acude a un juzgado un demandante que ha sido ofendido.
4)      Ore con amor
No hemos sido llamadas a vengarnos de ninguna persona o grupo de personas; si la venganza debe llevarse a cabo, será Dios quien lo haga, no nosotras. No hemos sido llamadas a ser jueces de los infractores de cualquier delito, desastre o enfermedad. Hemos sido llamadas a ser liberadoras, rescatistas y sanadoras. Entonces no podemos tener fe por algo si no estamos caminando en amor, porque lo único que prevalece es “la fe que obra por el amor” (Gálatas 5:6).
5)      Ore con sinceridad
Hay ocasiones en las que, honestamente, estamos en negación acerca de la verdad de una situación, o podemos equivocarnos en los hechos o en cómo estamos interpretando las cosas. Pero uno de los nombres del Espíritu Santo es el “Espíritu de verdad”. Si nos abrimos a Él en oración y escuchamos más de lo que hablamos, entonces hay espacio para que el Espíritu Santo ajuste nuestra perspectiva.
6)      Ore firmemente
La oración nunca se desperdicia. La Biblia nos dice que estemos “firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58). Aférrese a las promesas de Dios en oración sin importar cómo luzcan las cosas en lo natural.
7)      Ore con seriedad
La vida nos lanza bolas curvas, y aunque tenemos contextos diferentes e historias personales, todas tenemos emociones, sueños y pasiones. Cuando estamos involucradas emocionalmente en una lucha, tendemos a orar menos en lugar de más. Si deseamos tener una vida vencedora de oración, necesitamos convertir esas emociones  y pasiones en oración (lea Santiago 5:17-18).
8)      Ore conociendo su posición
Necesitamos saber dónde estamos para orar con eficacia. Sabemos que estamos sentadas en lugares celestiales con Cristo Jesús y que Jesús está “viviendo siempre para interceder” (Hebreos 7:25). De ahí que el mejor lugar para que oremos sea desde nuestra posición en Cristo, haciendo la misma intercesión que Él sobre cada situación.
9)      Ore con autoridad
Orar en el nombre de Jesús no es solo una conclusión que se supone que debemos hacer antes de decir amén. Orar en el nombre de Jesús es acercarnos ante Dios como un embajador  que se acerca al trono de un rey extranjero en nombre de su propio rey.
10)  Ore magistralmente
Para ganar magistralmente en algo, debe practicarlo continuamente. Él desea que nos acerquemos a Él para poder conocerle nosotras mismas. Desea participar con nosotras en nuestro viaje y vivir con nosotras día a día. Lo que Dios desea absolutamente es una relación, y la clave de ello es la oración magistral. 

CONTRA LA PARED

En 2 Reyes 20, se nos narra el momento en que, en medio de la enfermedad de Ezequías, el profeta Isaías le trae palabra de parte de Dios, diciendo que debía ordenar su casa, porque moriría. Aquellas no eran buenas noticias. A mucha gente, hoy, le fascinan los profetas, pero, si fueras a un servicio profético y la palabra de parte de Dios para tu vida fuera “ordena todas las cosas, porque vas a morir”, ¿creerías que ese es un profeta de Dios? Muchos, no creerían, porque lo que esperan es todo lo contrario.
La mayoría de las profecías del Antiguo Testamento eran profecías de juicio. El profeta llegaba y decía: Las cosas están mal, y hay que arreglarlas. Las profecías eran una radiografía de la condición del pueblo, seguidas de los pasos para cambiarlas. Pero la gente prefiere profecías espectaculares, sin darse cuenta que la palabra profética más certera que hay es la palabra de Dios. Cuando vas a un servicio y escuchas la palabra, el Espíritu Santo comienza a hablar a tu vida y mostrarte cosas que están mal, y te dirige en las acciones que tienes que tomar para arreglar tu vida.
En Malaquías 3, cuando se habla de los diezmos, es después de un capítulo en el que el profeta habla al pueblo acerca de lo mal que estaba; y el profeta dijo que era porque no estaban honrando a Dios, y añadió que, si honraban a Dios, él abriría las ventanas de los cielos sobre sus vidas, y derramaría bendición hasta que sobreabunde. Aquella era una palabra para cambiar una situación. Lo que pasa es que no es lo que la gente quiere oír.
El profeta Isaías, con sus palabras, obligó a Ezequías a hacer una introspección. Ante las mayores oportunidades de nuestra vida, en los momentos difíciles, en vez de examinar nuestro exterior, lo primero que tenemos que hacer es examinar nuestro interior. La palabra de Dios para Ezequías no fue que organizara el reino y las demás cosas, sino su casa. Específicamente, Ezequías debía ver quién sería su sucesor, para que la obra que se comenzó pudiera completarse. David fue uno de los pocos reyes que lograron ordenar su casa. Con todo lo que enfrentó, aun así, preparó a Salomón, le dio los recursos y las instrucciones para lo que debía hacer, tan pronto fuera rey. Y esto solo se logra, haciendo un análisis introspectivo. Mirando hacia adentro, Dios comienza a dirigir los pasos para que alcances lo que él te ha prometido.
Lo interesante es que, cuando Ezequías escucha las palabras del profeta, se torna a la pared. En aquella actitud de Ezequías, podemos ver que él no quería escuchar opinión de más nadie; quería concentrarse, obviar todo lo que otro tuviera que decir; aquello lo iban a hablar él y Dios. Hay cosas en la vida a las que tú tienes que darle la espalda, dejar atrás, olvidarlas y enfocarte en lo que Dios quiere que tú hagas porque, si no, no vas a salir de esa situación.
El problema es que, cuando se encuentran entre la espada y la pared, muchos quieren darle frente a todo, y no están dispuestos a darle la espalda a nada. Hay cosas a las que es mejor que no le prestes atención. Hay momentos en los que tienes que tornarte contra la pared, para ver la oportunidad que Dios tiene para ti, para salir de la situación en la que estés.
No vas a ver las oportunidades que Dios tiene para tu vida, sino hasta que estés dispuesto a darle la espalda a ciertas cosas. Hay cierta gente que tú tienes que dejar de oír, cosas que tienes que dejar atrás, gente que gasta tu energía y que debes dejar atrás. Hay cosas que, mientras estés prestándoles atención, no vas a poder enfocarte en lo que Dios quiere hacer contigo.
Aquella no era una actitud de falta de respeto hacia el profeta. Ya el profeta había hablado. Nadie más tenía que hablarle. La prioridad de las cosas que tenía que hacer tenía que decírselas Dios. Es él quien sabe dónde tú estás, y es él quien tiene que dirigir tus decisiones. Podemos recibir consejos, pero hay momentos en que hay que dejar los consejos, tornarnos a la pared, y ver qué es lo que Dios quiere que hagamos.
Una de las cosas que el mundo trata de hacer es captar tu atención. Hay cientos de cosas tratando de captar tu atención. Tú decides a cuál tú se la prestas. Tienes que darle la espalda a lo demás, para enfocarte y ver lo que Dios quiere que tú hagas en este tiempo.
El problema es que nos desenfocamos por cualquier cosa. ¿Te llegó un momento difícil? Tórnate contra la pared. Enfócate en lo que Dios quiere que tú te enfoques. Deja de estar oyendo opiniones de los demás. Haz los ajustes que tengas que hacer, y entiende que Dios te puede bendecir, puedes seguir hacia adelante. Te va a tomar trabajo, esfuerzo, enfoque, pero Dios pone delante de ti la oportunidad de alcanzar todo lo que él estableció para tu vida.