PALABRA QUE CARGA VIDA

En Santiago 3, dice la palabra del Señor, que todos ofendemos muchas veces y que, si alguno no lo hiciera, sería perfecto.
Si fuéramos perfectos, quizás, si hubiésemos sido uno de los que encontró a aquella mujer en el mismo acto del adulterio, hubiéramos permanecido ahí, con la piedra en la mano. Pero, mientras Jesús escribía en el suelo, la conciencia de cada uno de aquellos hombres le comenzó a decir que quizás no estaban aptos para hacer lo que estaban a punto de hacer y, la Biblia dice que, uno por uno pusieron las piedras en el piso y se retiraron.
La escritura en Santiago 3 continúa diciendo que, si alguno no ofendiera, sería perfecto, capaz de refrenar todo su cuerpo. Y es que, el que tiene control de sus palabras, tiene control de todo su cuerpo. El que tiene control de lo que dice, el que tiene la revelación de que lo que dice tiene espíritu y tiene vida, ese tiene el control de todo su cuerpo y de todo lo que hace.
Este es un pasaje que hemos escuchado en muchas ocasiones, pero tiene tres ilustraciones bien específicas que representan el poder que tiene aquello que sale de nuestra boca, el poder de las palabras que hablamos.
Lo primero que lo representa es el freno que se encuentra en la boca de los caballos. Lo quiere decir esta ilustración es que, con tan solo un pequeño movimiento en la boca, el hombre puede cambiar su dirección completamente.
Con tan solo declarar que estamos sanos, nuestra salud toma un giro completamente diferente. Con tan solo decir: Yo y mi casa serviremos a Jehová; el destino de tu casa ha tomado un giro completamente diferente, porque, de la misma manera que, con tan solo ese pequeño freno en la boca de un caballo, cambiamos la dirección, le hacemos detenerse o acelerar, con tan solo tú poner freno a aquello que tú estás diciendo, y tener la conciencia de que, lo que sale de tu boca tiene espíritu y tiene vida, puede cambiar tu vida completamente.
Lo segundo con lo que se compara el poder que tiene lo que declaramos es con el timón de un barco. El barco representa las circunstancias a nuestro alrededor. Cuando tiramos del freno de un caballo, automáticamente el caballo se mueve o se detiene. Pero, cuando tomamos el timón de un barco, se está moviendo, aunque no sintamos la diferencia. En un momento, llegaremos a ver el barco en una dirección completamente diferente, pero no es algo que surge al instante.
Cuando hablas la palabra, cuando empiezas a confesar acerca de las cosas que están a tu alrededor, aunque tú no lo puedas ver inmediatamente, existe un cambio que comienza a suceder y, sin darte cuenta, varios días o meses más tarde, cuando vienes a ver, puedes notar que las circunstancias, la situación, aquello que te rodeaba, está completamente diferente, porque las palabras, aquello que decimos, aquello que sale de nuestra boca, carga vida, carga espíritu, y carga poder.
Lo tercero con lo que esta escritura compara el poder de lo que sale de tu boca es con un pequeño fuego. Un fuego puede comenzar bien pequeño, pero se puede convertir en algo bien grande.
Muchas veces fallamos, porque no le damos importancia a todo lo que sale de nuestra boca, porque pensamos que es un fuego pequeño, porque pensamos que es algo que no tiene valor. Podemos pedir disculpas, y Dios puede restaurar cualquier situación, porque Dios da nuevas oportunidades, pero tenemos que entender que lo que sale de nuestra boca, puede comenzar como un fuego pequeño, pero se convierte en algo más grande.
Fuimos creados a la imagen de Dios, y Dios todo lo creó, a través de la palabra. Cuando estudiamos Génesis 1, vemos que, para Dios crear el mundo, él no reunió materiales para crear los cielos y la tierra, no reunió materiales para crear los animales, no reunió todo lo verde que encontrara en aquella tierra desordenada para crear las plantas, porque para la creación del mundo Dios no necesitó materia, sino que todo lo que necesitó fue verbo, fue palabra. Todo lo que Dios necesitó fue que saliera una palabra de su boca.
Cuando Dios habla, las cosas suceden, y tú fuiste hecho a la imagen de Dios. Cuando tú hablas las cosas suceden, y tú no necesitas materia para confesar la palabra de Dios. Tú lo que necesitas es tener una palabra en tu boca que vaya de acuerdo a la palabra que Dios ha revelado en tu corazón porque, cuando tú dices esa palabra, aunque no haya materia, están la vida y el espíritu que carga esa palabra y, aunque sea moviendo el barco poco a poco, tu barco va a tomar un rumbo diferente. Tu barco va a llegar al puerto que tú estás esperando, porque Dios ha puesto dentro de ti el espíritu y la vida, que te van a llevar a producir los resultados que tú estás esperando. 

SI NO ES DE DIOS, DÉJALO IR

En Mateo 6, Jesús está hablando a la multitud, y le decía que los tesoros de la tierra son atacados por varios elementos: La polilla, el orín – o el moho – y los ladrones. El problema en Mateo capítulo 6 es que lo terrenal no perdura; su problema era de durabilidad.
Cuando vamos al Génesis, vemos que Dios resuelve los problemas de la tierra, y los resuelve con cosas materiales, pero con una diferencia: Esas cosas materiales que Dios creó sí tienen durabilidad. Todavía hoy hay peces, existen los mares, existe la tierra, existen los animales, existe el hombre, hay semillas, hay plantas.
En Génesis, Dios resolvió los problemas de la tierra con elementos materiales, pero con durabilidad. Pero el capítulo 6 del libro de Mateo se ha utilizado para exaltar la pobreza, para glorificar la falta de recursos, se ha utilizado como excusa para que no haya acumulación, para que no haya prosperidad en nuestra vida, para que no pidamos cosas materiales al Señor.
El mensaje del Señor va en contra de esos principios que han sido dañados, que han sido adulterados, y que han sido la razón por la cual hay tanta gente en las iglesias con mentalidad de pobreza. Una tercera parte de la Biblia está dedicada a hablar de las riquezas, está dedicada a hablar de las cosas que la gente define como terrenales, como que no sirven, como que no deben tener valor en nuestra vida. Una tercera parte de la Biblia habla acerca de tu dinero, de la prosperidad material.
Mateo no dice: Una casa es un tesoro terrenal, y un hogar es un tesoro en el cielo. La diferencia que nos hace la escritura entre un tesoro y el otro es acerca de la durabilidad. Y hay tesoros que tenemos en nuestra vida que, para determinar si son de Dios o no, la diferencia es su durabilidad. No lo que es, sino cuánto dura.
Mateo capítulo 6 nos está hablando de tesoros en la tierra, pero con características de cielo.
Independientemente de que hablemos de casa, carro, negocios, dinero; las cosas que tenemos en la tierra, sí, por definición, son materiales, porque ocupan espacio, pero lo importante es que tus tesoros no tengan características de tierra, sino que tengan características de cielo.
En la tierra, podemos tener tesoros, con características de cielo.
Y, ¿cuáles son esos tesoros? Esos tesoros son aquellos que tienen durabilidad, y que son creados como fue creado todo lo material que se creó en Génesis capítulo 1. Todo lo que se creó en Génesis 1 fue material, fue creado para la tierra, y tiene durabilidad, y esa durabilidad se debe a que no fue creado con instrumentos de hombre, sino que fue creado con la palabra de Dios.
Una cosas es tener una casa, y otra cosa es tener la casa que Dios te dio. Una cosa es tener un negocio, y otra cosa es tener el negocio que Dios te dio. Porque un negocio puede ser un tesoro en la tierra, como puede ser un tesoro en el cielo. Cuando es creado con la palabra de Dios, va a tener la durabilidad que te va a decir que ese negocio es un tesoro para el cielo, porque ese negocio es de Dios.
Ha llegado el tiempo en que la iglesia, la gente de Dios, pueda acumular riquezas, sin sentirse culpable. De seguro, por tus manos han pasado riquezas, y muchas no han perdurado porque no eran tesoros para el cielo, pero Dios te ha estado preparando para entregarte tesoros que van a tener durabilidad.
Deja de llorar aquello que ya no está en tu vida. La casa que perdiste, deja de llorarla; si no la tienes hoy, es porque no era de Dios, no tuvo durabilidad. El carro que el banco vino a quitarte, deja de llorarlo; trabajaste y lo compraste, lo alcanzaste, lo conseguiste como cualquier persona consigue en el mundo, pero tú tienes que aprender a asegurarte de que las cosas materiales, naturales, que recibas en este mundo, no vengan con características de tierra porque, cuando vienen con características de tierra, tienen fecha de expiración, no tienen durabilidad. Quizás te da mucho trabajo comprar una casa, y después no la tienes ni un mes, o un año, porque no viene con características de cielo. Cuando viene con características de cielo, viene con durabilidad, y viene apoyado por la palabra del Señor.
Lo que tú sostienes con la palabra del Señor tiene durabilidad.
Hay relaciones en tu vida que se han perdido, y ha sido porque no eran de Dios. De lo contrario, todavía estarían en tu vida, la polilla no se los hubiese comido, el moho no se los hubiese comido, y el ladrón no se los hubiese llevado. Si la polilla se lo comió, si el moho se lo comió, si el ladrón se lo llevó, no era de Dios, no tuvo durabilidad, no está apoyado por la palabra del Señor; déjalo ir. 

LO QUE SALE DE TU BOCA

Debemos tener cuidado de las palabras que escogemos al hablar. En la connotación negativa, la boca puede ser utilizada para los chismes, destrucción; puede provocar heridas y otras maldades.
En el libro de 1 Corintios, el apóstol Pablo dice que hablaba como niño, pensaba como niño y juzgaba como tal, pero una vez fue hombre, dejó lo de niño. Los niños primeramente hablan, luego piensan, y juzgan por último. Un adulto maduro primero piensa, luego juzga y habla por último. Cuando hablamos de juzgar, nos referimos a que buscamos la prudencia; analizamos la situación, las emociones y toda la circunstancia. El adulto aprende a controlar las emociones, y no permite que estas le controlen; luego, piensa la forma en que va a contestar, y busca las palabras correctas para hacerlo. Después de todo ese proceso, entonces, habla.
Hablar es algo que constantemente hacemos. Esa continuidad nos lleva a no darle la importancia que merece. Debemos usar el poder de las palabras para construir y levantar, en vez de permitirle a las emociones que tomen control del momento y de la boca.
En el libro de Mateo, capítulo 15, Jesús y sus discípulos son acusados por los escribas, de romper la tradición de lavarse las manos antes de comer; pero, cuando él mira quiénes les acusan, les responde citándoles otro mandamiento que ellos no cumplían: Honra a tu padre y a tu madre. Más adelante, los versos 7-9 dicen: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.
Jesús no acusaba a los pecadores, mas a aquellos que enseñaban mal los mandamientos, y actuaban contrario a los estándares que ponían, los reprendía en público. Los fariseos buscaban que Jesús dijera lo incorrecto y así tener oportunidad de acusarlo frente a la multitud; pero él se aseguraba de hablarles a los fariseos, y que la multitud entendiera el mensaje.
En los versos 10-20, vemos que Jesús se voltea a la multitud y les explica que lo que sale de boca del hombre es lo que realmente lo contamina, y no lo que entra. Esto no es excusa para comer cualquier cosa, pero el punto que establece Jesús esque, de la boca sale un listado de atentados contra otros hombres, porque la boca habla lo que hay en el corazón. La comida puede durar dentro del cuerpo unas cuantas horas, y luego es depositado en la letrina, pero una mala declaración puede durar toda una vida.
El poder de las palabras no es temporero. Ellas tienen poder en la eternidad. Lo que declares hoy tiene poder en lo que vas a vivir en los próximos años.  Por eso, es mejor no decir nada y tener autoridad sobre tu coraje, antes que tener que vivir con las consecuencias de lo que dijiste.
Tú puedes decidir no dejarte llevar por las emociones, no solo por las consecuencias que estas traen, sino también por las personas que puedan estar escuchando. Ciertamente, nuestras palabras son capaces de transformar nuestra vida o de detenernos. Es importante que estés consiente de ese poder, para que no lo uses en contra de ti mismo y de los demás, sino que lo uses para bendición y transformación. 

ANTIGUO TESTAMENTO INTERLINEAL TOMO III

Presentamos el tercer volumen de una obra que contiene todo el texto del Antiguo Testamento en caracteres hebreos según los originales del manuscrito de Leningrado, el más completo y más antiguo de los que se conocen hasta el día de hoy. 

Debajo de cada palabra hebrea viene la traducción literal. Se ha seguido un criterio literalista, de modo que aunque muchas expresiones y giros idiomáticos no tienen un sentido claro al verterse literalmente al castellano, sa ha preferido seguir este criterio a fin de acercar más al lector el texto original. 

Este tercer volumen contiene la segunda parte de los Libros Históricos y todos los Libros Poéticos.

¿QUÉ ESTÁS MIRANDO?

27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.Mateo 5:27-29
Podríamos ver este verso únicamente en el contexto de la vida eterna, pero esto es más allá que eso. Mirar lo incorrecto te puede hacer vivir el infierno más difícil de tu vida. También, este verso va más allá del contexto del adulterio físico. Esta escritura compara la codicia con el adulterio. En el Antiguo Testamento, dice: No cometerás adulterio; pero dice el Nuevo Testamento que, si con tu ojo lo codicias, es como si hubieras adulterado. Tu ojo te puede llevar a codiciar algo que provoque un infierno en tu interior. Enfocarte en aquello que otro tiene y que tú no tienes, y codiciarlo, causa un infierno en tu vida.
Los diez mandamientos exigían cierta conducta física; pero, en el Nuevo Testamento, la exigencia es aún mayor, porque se nos requiere una vida interior pura. El reto hoy no es tan solo ser limpio en nuestras acciones, sino en nuestros pensamientos. Y ese es un nuevo nivel, una nueva dimensión, un grado más poderoso. Aquel que logra controlar sus pensamientos, su vida interior, tiene poder para tomar autoridad sobre cualquier cosa.
Mira lo que es recto, mira lo que Dios tiene delante de ti. Procura que tu corazón y tus ojos estén limpios delante de los ojos de Dios; que el estándar por el que vivas, sea más grande que el que otros viven. Otros se preocupan de lo que hacen; preocúpate tú hasta de lo que piensas porque, si haces lo correcto, pero con el corazón incorrecto, delante de los ojos de Dios, dañaste todo lo que hiciste.
Varias puertas que abren el camino a nuestro corazón. Cada una de estas puertas –la del ojo, la del oído y la de la boca– operan con diferente intensidad en cada uno de nosotros. A algunos, les afecta más lo que oyen que lo que ven; y viceversa. Otros son afectados más por sus propias palabras. Todos tenemos que cuidar estas tres áreas, pero debes identificar cuál es aquella que más a ti te afecta, y tomar dominio sobre esa puerta. Eva oyó al enemigo por un momento, pero la Biblia dice que ella vio que el fruto era codiciable. Lo que afectó a Eva no fue lo que oyó ni lo que habló, sino lo que vio y codició. Eva comenzó a vivir un infierno interno por haber cuestionado a Dios y su relación con él. Cuando tú empiezas a cuestionar las intenciones de Dios para tu vida, vives en un gran infierno.
En Josué, la Biblia nos cuenta que, luego de una victoria en batalla, el pueblo se mueve a pelear contra otra ciudad. Al ser derrotados, se preguntaban por qué, y Dios dice que alguien tomó del anatema, de aquello que no podían tomar. Cuando encuentran a Acán, quien había tomado del anatema, este dice: Vi entre los despojos… y codicié y tomé. Todo lo que requirió fue que Acán viera algo que Dios había dicho que no se podía tocar, para codiciarlo.
La codicia no viene de querer tener algo que Dios quiere que tú tengas, sino de querer algo que Dios dijo que no puedes tener. Hay cosas que Dios te dio a ti, y que no le va a dar a otro; y hay cosas que les da a otros, que no te va a dar a ti. Mientras tú quieras todo lo que Dios quiere para ti, eso es fe; ahora, el día que quieres lo que él no te ha dado, eso es codicia. José le dijo a la esposa de Potifar: Tu marido me ha puesto sobre toda su casa, me ha dado todo, menos a ti. Él tenía claro lo que le habían dado, y lo que no. Nos pasa con el diezmo. Cuando miramos lo que podríamos hacer con el diezmo –que no nos corresponde– codiciamos algo que Dios no nos dio, algo que Dios dice que separemos para él.
No podemos permitir que lo que veamos nos afecte, al punto que dañe nuestro corazón. No se trata de negar la realidad. Tratar de vivir sin considerar la realidad es una locura. Tenemos que asegurarnos de ver lo recto, lo que tenemos delante. Pero, si lo que estás mirando y deseando y aspirando, te está afectando, entonces no estás mirando lo de Dios para tu vida; sácalo de tu corazón, no lo mires más.
La Biblia nos narra el momento en que Pedro caminó sobre las aguas. Uno de los evangelios nos dice que los discípulos vieron a Jesús acercarse, y pensaron que era un fantasma. Al escucharle, entonces, comienzan a calmarse. Es entonces que Pedro dice: Si eres tú, di que yo vaya. Todavía Pedro no podía verle, reconocerle. Para Pedro, el oído era más importante. Él reconocía al Maestro, por como el Maestro le hablaba. Pedro le estaba diciendo: Yo sé que eres tú, si me das una orden que me rete. Jesús le dijo: Ven; y Pedro comenzó a caminar, no por lo que veía, sino por lo que había oído. Pero, en el momento que abrió la puerta del ojo, dañó lo que había oído. Comenzó a ver la tormenta, las dificultades, las probabilidades, y comenzó a hundirse.
No es la tormenta la que te está hundiendo, no es la crisis, sino tu ojo. ¿Qué estás mirando? ¿A qué le has prestado atención? No se trata de negar la realidad de lo que ves, sino de que decidas que lo que veas no acapare tu atención y no dañe tu corazón. 

SANIDAD A TRAVÉS DE LAS LÁGRIMAS

Cuando permites que tus emociones fluyan en la forma de lágrimas, en muchas ocasiones, ellas sirven como esa corriente de agua que llega para desembotar, lavar, refrescar y sanar. Por supuesto que es necesario que el flujo se contenga o controle eventualmente, de no ser así, se podrá provocar más daño que beneficio. Sin embargo, permitir que esas emociones corrieran por mi cara fue como lavar mi interior de todos los rezagos dejados por tanta emoción tan fuerte que tenía años almacenada en mí.
Las lágrimas produjeron mucha sanidad y aprendí que sí se vale llorar. Si estás pasando por un proceso de pérdida, no estás solo o sola. Lo que estás sintiendo es normal. Algunos llegarán y te dirán que tu duelo o proceso tendrá que cumplir esta u otra condición, pero todos vivimos el duelo de distintas formas. Así como todos experimentamos la vida de diferentes maneras, lloraremos de diversos modos.
Si estás pasando por una de pérdida, es muy probable que hayas sentido una o todas las siguientes emociones:
  • La negación: es negarse a sí mismo o a los demás que ha ocurrido una pérdida. Es una etapa de choque o incredulidad. Después de una pérdida, puede ser difícil aceptar lo que ha sucedido. Es posible que te sientas entumecido, que tengas dificultad en creer que la pérdida realmente pasó o hasta negar su veracidad. Si se trata de un ser querido que ha fallecido, posiblemente sigas esperando que aparezca o llame a tu puerta, aunque sepas que ya no está.
  • La tristeza: es una sensación profunda de desconsuelo, abatimiento, desolación y ahogo, que probablemente es el síntoma más universal del dolor o la aflicción. Puedes experimentar una sensación de desesperación, de añoro, de vacío o de soledad. Quizá también llores mucho o te sientas emocionalmente inestable. Los episodios profundos de tristeza deberían ceder con el tiempo.
  • El enojo o la ira: es un descontento generalizado por no haber podido evitar la pérdida. Aunque la pérdida no hubiera sido culpa de nadie, es posible que sientas enojo y resentimiento. Si perdiste a un ser querido, puedes sentirte enojado contigo mismo, con Dios, con los doctores o hasta con la persona que murió por haberte abandonado. Es posible que sientas la necesidad de culpar a alguien por la injusticia que se te hizo.
  • La culpa: es donde se buscan razones, causalidad y culpabilidad. Es posible que sientas culpa o remordimiento por cosas que hayas o no hayas dicho o hecho. Es posible que sientas culpa por ciertas emociones (por ejemplo, sentir cierto alivio cuando ese ser amado murió después de una enfermedad larga y difícil). Incluso, quizá te sientas mal por no haber previsto o prevenido las circunstancias que acontecieron, aun si no hubo nada que hacer.
  • El temor: es una inquietud que raya en la preocupación, la inseguridad y la impotencia. Hasta puedes sufrir ataques de pánico. La muerte de un ser amado puede desatar temores respecto a tu propia muerte, o tendrás mucho temor al tener que enfrentar la vida sin esa persona y de las responsabilidades que ahora tendrás en solitario.
  • Síntomas físicos: muchas veces, pensamos que el duelo es un proceso estrictamente emocional, pero también incluye síntomas físicos, como fatiga, náusea, una inmunidad menor, bajar o subir de peso, dolores e insomnio.
Un proceso de duelo saludable llega todavía a dos últimas etapas, que son la fase de negociación, que es buscar un equilibrio de vida ante la pérdida, y la fase de aceptación, que es cuando se asume la pérdida como algo que fue inevitable.Quiero que encuentres esperanza y propósito. Y por más difícil que sea imaginar esto, te quiero llevar a que encuentres esos tesoros invaluables en medio de esos momentos tan dolorosos.
Durante mi jornada a través del valle que viví, el Señor me ayudó de muchas maneras, pero una de las más importantes fue llevarme al libro de Job. Pasé bastante tiempo leyendo y estudiando este libro y todo lo que Job pasó en su vida. Es impresionante la fe y perseverancia de este hombre, y aprendí mucho de él y la forma en la que trató su sufrimiento.
Cuando de verdad llegan el sufrimiento, el dolor y la tristeza a nuestras vidas, el vivirlas, el experimentarlas, el llorarlas, no es un acto de rebelión ni será algo mal visto por Dios. Quizá lo será para otros, desafortunadamente, pero nuestro Señor conoce muy bien estas emociones, así que sabe muy bien cómo reaccionamos ante ellas.

LOS ATRIBUTOS DE DIOS Y TÚ

Deseo mostrarte algunos atributos de Dios que al tenerlos conscientes cuando llega lo inesperado a nuestra vida nos sirven de referencia para mantener la calma y la confianza.
  1. Dios es siempre fiel
La fidelidad de Dios es muy grande.  Él es leal a lo que ha establecido con tu vida.  Si las promesas provienen de Dios, no debes dudar de que en su tiempo perfecto habrán de cumplirse. A veces confundimos infidelidad de Dios con que no se cumplió en el tiempo que yo tenía establecido según mis criterios.
Otra dimensión de la fidelidad de Dios es que aun cuando nosotros le fallamos, Él está obstinado en NO fallarnos a nosotros. En 2 Timoteo 2:13 dice: “Si fuéramos infieles, Él permanece fiel porque no puede negarse a sí mismo”. ¡Qué gran descanso trae a nuestra alma saber que Dios siempre nos cuida, nos libra del mal y cumple! Él siempre obrará movido por el amor y por su anhelo de darnos la victoria.
  1. Dios ve lo que tú no puedes ver
El Señor es omnisciente, es decir está en todas partes y en todo tiempo.  Él lo conoce todo y lo ve todo. Dios ve más allá. Dios conoce nuestras limitaciones y las de los demás.  Sobre la base de esta cualidad de Dios es que suceden o no suceden muchas cosas. Nuestra vista tiene unas limitaciones tanto físicas como espirituales. Pero al Dios verlo todo obrará a nuestro beneficio por lo que Él ve.
En Isaías 55:8-9 dice: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos, mis caminos, dijo Jehová.  Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos, más que vuestros pensamientos”. Así que aunque lo que suceda en tu vida dentro de tu razonamiento no es lo que se supone que pase, o no pasó lo que se suponía que pasara, puedes mantener la paz de que en el pensamiento de Aquel que todo lo ve fue lo mejor para ti.
  1. Dios está lleno de misericordia
Hay una gran cantidad de personas que tienen coraje con Dios porque sienten que lo que les está pasando es el resultado del juicio de un Dios castigador. Ven a Dios como un ser maquiavélico y sádico. Tal vez alguien, muy equivocadamente, te ha hecho creer esto. El Salmo 86:5 dice: “Porque tú Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan”. Puedes tener la seguridad de que si buscas a Dios con toda tu mente encontrarás su misericordia, bondad y perdón. 
Tener el concepto adecuado y correcto de un Dios lleno de misericordia lo principal que nos proporciona es libertad.  No hay nada más liberador que saber que Dios es movido hacia nuestra vida con un profundo amor sin un látigo para destruirnos. Todo lo contrario, su misericordia nos persigue y se renueva todos los días (Lamentaciones 3:22-23).