PACIFICADORES



Jesús llama Bienaventurados a aquellos que buscan la paz. En este importante libro el autor nos dice que el papel de los Pastores y Cristianos en general no es el de crear conflictos sino el de desarmarlos. Los pacificadores son personas que respiran gracia. 

Toman constantemente de la bondad y el poder de Jesucristo, y luego traen su amor, misericordia, perdón, fortaleza y sabiduría a los conflictos de la vida diaria. 

Dios disfruta de transmitir su gracia a través de pacificadores y usarlos para disipar el enojo, mejorar el entendimiento, promover la justicia y alentar el arrepentimiento y la reconciliación.

LA VOLUNTAD DE DIOS



¡Prepárese para una sorpresa! Usted podría desear saltar y gritar cuando lea el sexto principio para saber cuándo ha comprobado la voluntad de Dios.

El sexto principio es ¡Haga lo que quiera!, siempre y cuando los primeros cinco principios estén funcionando en su vida. 

Lea acerca de todos los seis principios para entender mejor lo que quiso decir el salmista cuando exhortó: Deléitate en el Señor, y él te concederá los anhelos de tu corazón Salmo 37:1

Aprenda el principio de la efervescencia, la prioridad de la pureza, haga callar a los críticos, enfrente a la crítica, entre otros temas. 

PARA QUE TU MUNDO REACCIONE

En Éxodo 34, Jehová dijo a Moisés que escribiera las palabras del pacto: Los diez mandamientos. Al descender del monte, el rostro de Moisés resplandecía.
Cuando hablamos con alguien, su rostro nos dice más que lo que nos habla la persona. Cuando Dios hace que el rostro de Moisés brille, es por una razón.
Dice la palabra que el pueblo tuvo miedo de acercarse a Moisés. Hubo una reacción del pueblo. Moisés los llamó y les habló, mandando todo lo que dijo Jehová en el monte Sinaí. Cuando hubo terminado de hablar, puso un velo sobre su rostro, y solo se lo quitaba para ir ante Dios y para hablarle al pueblo lo que Dios le había dicho, y luego se volvía a cubrir.
Pero esta no era la primera ocasión en que Moisés les pronunciaba aquellas palabras.
En una ocasión, como Moisés tardaba en bajar del monte, el pueblo hizo un becerro de oro. Moisés, entonces, comienza a hablarle al pueblo, y el pueblo no tuvo reacción alguna ante sus palabras. ¿Has tenido tú la experiencia de hablarle a alguien y que tus palabras no causen ningún efecto en su vida? Puedes estar diciendo lo que Dios quiere que tú digas, pero la gente no reacciona. Es frustrante tener las palabras que alinearían el corazón de aquellos a tu alrededor, pero darte cuenta que tus palabras no tienen efecto ni en su conducta ni en su relación con Dios.
Todos queremos que el mundo a nuestro alrededor reaccione ante nuestras palabras. Es parte de tu naturaleza divina. Dios creó el mundo, a través de la palabra. Todo debe reaccionar a la palabra. Y la frustración viene, cuando nuestras palabras no provocan ninguna reacción.
Moisés siente esa frustración, porque el pueblo siguió bailando con el becerro, mientras que Aarón lo que hizo fue justificar al pueblo porque Moisés se tardó en bajar. La reacción de Moisés fue romper las tablas que Dios, con su dedo, había escrito.
Fue entonces que Moisés tuvo que volver al monte a buscar revelación. Lo curioso es que, cuando lo hizo, Dios le dijo lo mismo que le había dicho la primera vez.
Hay veces que oramos por segunda vez, esperando que Dios nos diga algo diferente a lo que nos dijo la primera vez. Y, si frustrante es que no haya reacción ante nuestras palabras, frustrante es también volver a donde Dios y oír lo mismo. Moisés quería algo diferente. Pidió a Dios ver su gloria, y Dios le mostró sus espaldas; pero le volvió a decir las mismas palabras, con la diferencia de que, esta vez, Moisés tendría que escribir las tablas.
Aquellos eran los mismos diez mandamientos que Dios le dio en la primera ocasión. Cuando Moisés bajó del monte, dijo lo mismo que había dicho la primera vez. La primera vez no hubo reacción del pueblo. La segunda vez, el pueblo entendió. Y la única diferencia no fueron las palabras, no fue el monte, fue que el rostro de Moisés brillaba.
Cada vez que Moisés quería decirle al pueblo lo que Dios había dicho, mostraba el rostro para que el pueblo recibiera las palabras, porque era entonces que el pueblo reaccionaba a las palabras. El pueblo no reaccionaba al rostro de Moisés, sino al rostro de Dios en Moisés.
Tu mundo no va a reaccionar a tu rostro, a tu semblante. Tu mundo va a reaccionar, cuando la gente pueda ver la imagen y la gloria de Dios en tu rostro. Tus palabras toman relevancia, cuando son dichas con un rostro que resplandece, porque nadie se puede escapar de reaccionar a la presencia de Dios.
Tu rostro no brilla por tu talento, por tus habilidades, por tus logros, por tu potencial, sino que brilla si has estado en la presencia de Dios, y todo el mundo tiene que reaccionar a esa presencia.

LA MUJER CANANEA

"Y he aquí que una mujer cananea, que había salido de aquellos confines, gritaba diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio" (Mateo 15:22).
LEASE MATEO 15:21-28; MARCOS 7:24-30
Por el relato no podemos decir si esta mujer se convirtió. Sólo que Jesús alabó su fe y por ella consiguió que su hija fuera librada del demonio, pero no sabemos si su fe era verdadera fe para la salvación. Se nos dice que la mujer insistió, a pesar de ser rechazada su petición repetidamente y que finalmente Jesús accedió a concederle lo que le pedía.
No se nos habla pues de gracia espiritual. Vemos que la comparación que hace Jesús de esta mujer, "hechar pan a los perrillos" la clasifica como extraña al pueblo de Israel , no perteneciente al pacto. La mujer era cananea, descendiente del antiguo pueblo que ocupaba Canaán antes de la llegada de los Israelitas. Habitaba cerca de Tiro y Sidón, ciudades de pésima reputación.
La mujer tenía fe en que Jesús podía curar a su hija. Fe en un milagro. Podemos suponer que esta fe no era el producto de una tendencia natural, sino el resultado de la gracia común de Dios, que permitió el encuentro de esta mujer con su amado Hijo. Como resultado de esta entrevista y del milagro, el pueblo de Israel fue abochornado por su incredulidad. Esta mujer extranjera se adhería al Mesías, aunque esta adhesión fuera externa. Era una protesta contra la orgullosa creencia de los israelitas de que ellos habían de ser para siempre la única nación favorecida.
Dios tiene compasión y libra a los hombres de la miseria humana, sin necesidad de tratarse de la gracia que genera fe salvadora. La mujer nos enseña que en toda situación aflictiva hemos de orar. La mujer cananea oró de modo inteligente: sabía que Jesús podía salvar a su hija. Perseveró y venció.
Es verdad que no pedía una bendición espiritual, ni para ella ni para su hija. A pesar de ello, nos enseña algo sobre el misterio de la oración. Hay que orar sin la menor insinuación de duda. Hay que rendirse a la suprema soberanía de Dios. Cuanto más era reprendida con más intensidad pedía. Ya nos dice Santiago que el que ora dudando es como una "ola del mar echada de acá para allá por los vientos". Esta mujer era lo opuesto. La fe es posible en el no creyente, aunque en este caso no se trata de la fe genuina, verdadera, que obra para salvación.

SALOMÉ, ESPOSA DE ZEBEDEO


"Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo, con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo" (Mateo 20:20) Lease Lucas 20:20-28; Marcos 15:40, 41.

Salomé era la esposa de Zebedeo, y la madre de Juan y Jacobo. Lo notamos al comparar Marcos 15:40 con Mateo 27:56. Marcos nos da el nombre de Salomé como una de las mujeres que estuvieron presentes en el entierro de Jesús. En Mateo no se menciona su nombre pero se la designa como la madre de los hijos de Zebedeo. Salomé podía considerarse como muy bendecida entre las mujeres, puesto que era la madre de dos de los discípulos más queridos por Jesús. Es indudable que los tres apóstoles en quienes Jesús tenía más confianza eran Pedro, Juan y Jacobo. Más adelante apareció Pablo, pero este no formaba parte de los doce. Jacobo y Juan, junto con Pedro, siempre son nombrados en ocasiones aparte. Jacobo murió como mártir según vemos en Hechos 12:2, por lo que su entrada en el cielo precedió a la de los otros apóstoles. De los once que habían presenciado la ascensión de Jesús en el monte de los Olivos, Jacobo fue el primero llamado a la comunión con el Señor.

La vida de Salomé, pues, dio mucho fruto. Sus dos hijos retuvieron su posición clave entre los apóstoles. Juan murió mucho más tarde. Fue el último de los apóstoles que murió, después de la revelación de Patmos.

Salomé era la mujer de un pescador. Vivían en la cosata del Lago de Genezaret. Era de esperar que sus hijos Juan y Jacobo seguirían moviéndose entre barcas y redes, continuando la ocupación de su padre. Pero, el curso de la familia fue cambiando súbitamente cuando Jesús los llamó a formar parte de su grupo. Su posición como apóstoles de un Rey con poder en el cielo y en la tierra cambió las ambiciones de Salomé para ellos, como veremos a continuación.

Hay multitud de leyendas con respecto a Salomé. Por ejemplo: que nació de un primer matrimonio de José, y por ello estaba emparentada con la familia de María. Otra, que era hija de Zacarías. El sentido de ellas es establecer el hecho que Jacobo y Juan probablemente habrían ya oído hablar de Jesús, cuando éste los llamó. Más probable es que la familia había oído hablar de Jesús a través de Juan el Bautista, cuando este predicaba junto al Jordán. Esto significa que la familia ya estaba preparada para recibir el mensaje, pues no se nos dice que Zebedeo hiciera el menor esfuerzo para retenerlos; en cuanto a María sabemos que fue luego ella misma a escuchar a Jesús y que siguió a las mujeres. Ya vimos que fue una de las mujeres que preparó los lienzos y especias para el entierro de Jesús.

El pecado de Salomé era el de los apóstoles. Reconoció que Jesús era el Mesías, pero no podía separar al Mesías de la gloria temporal de Israel. No se dio cuenta que los hijos de Abraham lo eran por la fe, no por sus hijos y por Pedro, y quizá sintiera incluso celos de Pedro y quiso asegurarse de que sus hijos, cuando Jesús viniera en su Reino, tuvieran un lugar de honor en él. Estas razones, comprensibles al considerar el orgullo natural de madre, la inducen a esta petición pecaminosa. No procedía de la fe, sino de lo opuesto a la fe.

¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Dirigiéndose a sus hijos, que estaban con ella, les pregunta si podían beber de la copa que estaba preparada para él. Los hijos respondieron que podían. Jesús les confirmó el hecho que realmente lo harían: profetizando con ello el martirio, del que los dos iban a morir más adelante en distintas circunstancias. ¡Esta fue la corona de Salomé! ¡Una corona de eterno peso de gloria!

NADA MAS QUE LA VERDAD

Ser testigo del evangelio en nuestro tiempo es cada vez más difícil. Mientras el mundo avanza hacia un nuevo milenio, el cristianismo evangélico se encuentra en una encrucijada. Solo podemos cambiar a la sociedad si proclamamos fielmente el evangelio, el cual trasforma la vida desde adentro hacia afuera.
En Nada más que la verdad: Cómo defender el evangelio en un mundo escéptico, John MacArthur expresa la importancia del llamado divino y único de la Iglesia: “llevar a los pecadores a la salvación por medio de Cristo”.
El autor expone que “debemos explicar nuestra fe ‘con mansedumbre y reverencia’, y mantener una actitud compasiva y misericordiosa en nuestra conversación. ‘Mansedumbre’ habla de docilidad o humildad, de controlarse. ‘Reverencia’ se refiere a esa clase de temor que implica una devoción sana a Dios, un aprecio sano por la verdad y un respeto saludable por la persona con la que estamos hablando”.
Una de las formas en las que la Iglesia puede recuperar el celo por la evangelización es aceptando un enfoque serio en cuanto a la verdad del regreso de Cristo, que fomente la esperanza de que en cualquier momento seremos “arrebatado…. en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” como dice 1 Tesalonicenses 4:17.
“La verdad de la venida inminente de nuestro Señor debería motivarnos a ser perseguidores devotos y atentos de la rectitud. Tal deseo de agradarle es la marca de cada creyente genuino. Un incentivo importante para obedecerle es comprender que un día nos presentaremos ante su trono de juicio y rendiremos cuentas de nuestras acciones” sostiene MacArthur.

¿TE SUENA A DIOS?

Lo que encamina tu vida hacia las promesas de Dios y hace que se despierte dentro de ti lo que nunca antes había despertado no es lo que ves, sino lo que oyes. Esto es vital para toda tu vida, para tu trabajo, para tu empresa, para tus relaciones, para todo lo que haces.
En esta vida vas a ser expuesto a muchas cosas.  Hay quienes dicen cosas que se oyen bien, pero suenan mal. Tienes que cuidarte de esas personas, tienes que afinar tu oído para oír verdaderamente la voz de Dios en tu vida.
Dios te puede hablar de muchas maneras, a través de sueños, a través de la biblia, pero, muchas veces, te va a hablar a través de una persona.  Usará la voz de alguien para decirte algo, pero tú no puedes estar pendiente a la voz de esa persona, sino al sonido de sus palabras.  Sus palabras, ¿suenan como Dios?
En Juan 10, Jesús habla de 3 grupos de personas: El ladrón y salteador; los extraños, y los asalariados.  Estos son 3 sonidos que tienes que evitar, para poder identificar la voz de Dios.
Las ovejas siguen la voz del Pastor, así como Dios espera que sigamos su voz.  El sonido de su voz es diferente a la de los religiosos, es diferente a lo que decían los líderes judíos a quienes Jesús se dirigía al hablar estas palabras.
Con esto, les decía que hay mucha gente que habla las palabras que Él habla y que dice muchas cosas que Él dice, pero su sonido es diferente.  Jesús dijo que sus ovejas podrían  identificar a los ladrones y salteadores, los extraños y los asalariados; podrían identificar a aquellos que quisieran desviarles de su camino, hablando cosas semejantes, pero con diferente sonido.
Todavía hoy, hay quienes actúan como ladrones, salteadores, extraños y asalariados; personas que, aunque pueden tener apariencia correcta, su sonido es diferente.
Si quieres ser dirigido por Dios, tienes que aprender a identificar la voz de Dios en tu vida.
El Señor está haciendo la diferencia entre sus ovejas.  Él no está pidiendo que lo entiendas; Él lo que te está pidiendo es que le sigas, porque el sonido de su voz es diferente a lo que tú oyes.