EL VERDADERO DESCANSO

¿Cuándo fue la última vez que descansó? No me refiero a la última vez que logró irse a la cama antes de la medianoche. Me refiero al descanso verdadero.

Vivimos en una cultura que no favorece el descanso. Incluso en la iglesia, podemos comprometernos a hacer más cosas de las que podemos manejar, porque aceptamos hacer demasiadas cosas. Después de todo, es más fácil decirle que no a una fiesta del vecindario que a un estudio bíblico. Si algo suena espiritual, es fácil pensar que debemos hacer fila detrás de todos los demás y tomar un boleto. Pero ocuparse en las cosas de Dios y conocer a Dios son dos cosas muy diferentes. Y con frecuencia no están en armonía.

Un día Jesús le habló directamente al cansancio extremo de una multitud: “Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso” (Mt.11:28). Él no hablaba de la clase de cansancio que tanto usted como yo sentimos al final de un buen día de trabajo, cuando lo único que queremos es hundirnos en una silla y no movernos hasta Navidad. No, Jesús les hablaba a aquellos que estaban desgastados tratando de actuar bien para complacer a Dios y ganarse la salvación. Recuerde que esto fue antes de la crucifixión y la resurrección, así que si usted era un judío temeroso de Dios, todavía se levantaba en las mañanas con la carga de 613 leyes sobre sus hombros. Nosotros conocemos los “10 grandes”, los mandamientos que Dios le dio a Moisés en el Monte Sinaí; pero los judíos debían seguir 603 leyes adicionales. Súmele además la realidad de que los líderes religiosos de aquellos días no aliviaban la carga de la gente. Jesús habló directamente de eso: “Los maestros de la ley religiosa y los fariseos son los intérpretes oficiales de la ley de Moisés. Por lo tanto, practiquen y obedezcan todo lo que les digan, pero no sigan su ejemplo. Pues ellos no hacen lo que enseñan. Aplastan a la gente bajo el peso de exigencias religiosas insoportables y jamás mueven un dedo para aligerar la carga” (Mt. 23:2-4).

Jesús le ama, y eso resume todo. No hay un si condicional al final de ella. Es tan simple como eso. Jesús nos ama tal y como somos ahora. A pesar de las incontables sombras de luz y oscuridad que habitan en nuestro interior, Dios nos ama por completo. Es difícil de creer, ¿verdad? Pero ese tipo de amor solo existe en Dios, y es difícil de entender cuando estamos corriendo de una actividad a la otra.

Ese tipo de amor nos llama a descansar —descansar de verdad— en la presencia del Único que nos creó, que nos conoce y que nos ama.

El descanso verdadero proviene de conocer la gracia de nuestra salvación en Jesús. No tenemos que hacer nada para ganárnosla.

Tome unos minutos para meditar en estas Escrituras:

“Luego dijo Jesús: ‘Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso.  Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma.  Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana’” (Mateo 11:28-30).

“Que mi alma descanse nuevamente,  porque el Señor  ha sido bueno conmigo.
Me rescató de la muerte,  quitó las lágrimas de mis ojos,  y libró a mis pies de tropezar” (Salmo 116:7-8).

“El Señor es mi pastor; tengo todo lo que necesito. En verdes prados me deja descansar;  me conduce junto a arroyos tranquilos. Él renueva mis fuerzas. Me guía por sendas correctas, y así da honra a su nombre” (Salmo 23:1-3).

PRINCIPIOS DE LA LEY DE LA SIEMBRA Y LA COSECHA

Existen tres principios básicos que gobiernan la ley de la siembra y la cosecha:

1. El resultado de la ley es multiplicativo. Aunque parezca lógico, no deseo asumir que todos tenemos claridad respecto a este punto. El resultado multiplicativo de esta ley está demarcado en el hecho de que una persona siembra una semilla, pero como cosecha no se obtiene otra semilla, sino que el resultado de dicha siembra será un árbol, una planta o un arbusto que tiene muchos frutos y muchas semillas dentro de esos frutos. La Biblia dice:

“Porque siembran viento, y recogerán tempestades...” (Oseas 8:7).

Todo agricultor conoce este principio. Es más, vive por la operación de este principio. Es de allí de donde proviene su utilidad.

2. El proceso tiene un orden lógico. Es muy simple, nadie puede pretender obtener una cosecha sin haber sembrado antes. Si volvemos al caso del agricultor, es imposible que él pretenda recoger una cosecha si algún tiempo atrás no sembró su campo. Esto parece muy lógico y claro, pero usted se asombraría de la cantidad de gente que he encontrado que espera obtener cosechas sin haber sembrado. Más adelante lo explicaré en detalle.

3. El tipo o género de la cosecha está determinado por el tipo o género de semilla. Es factible que a usted le parezca muy elemental lo que le estoy compartiendo en este capítulo, pero se sorprendería al saber la cantidad de personas que no tienen claro este principio y su operación.

En el ámbito natural, es muy lógico llegar a la conclusión de que si se siembra una semilla de naranja, se va a tener como cosecha un árbol que va a producir muchas naranjas y dentro de cada naranja tendremos muchas semillas de naranja. Sin embargo, muchas personas se olvidan de que en lo espiritual sucede exactamente lo mismo; por ejemplo, hay personas que siembran semillas de chisme y creen que no van a tener como cosecha mucho chisme (subrayo la palabra “mucho” porque recuerde que el resultado de la ley de la siembra y la cosecha es multiplicativo). Entendemos, pues, que en el ámbito espiritual va a suceder lo mismo que en el ámbito natural: de cualquier tipo de semilla que usted siembre, recogerá una cosecha multiplicada del mismo género. Veamos lo que dice la Biblia respecto a este principio:

“Y dijo Dios: ‘Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semilla, y árboles frutales que den fruto sobre la tierra según su género, con su semilla en él’. Y fue así. Y produjo la tierra vegetación: hierbas que dan semilla según su género, y árboles que dan fruto con su semilla en él, según su género. Y vio Dios que era bueno” (Génesis 1:11-12).

Sobre la ley de la siembra y la cosecha, debo informarle que hay elementos que deben estar presentes para la actividad normal de esta ley. Veamos:

El sembrador. Se requiere de una persona que inicie el proceso, alguien que esté dispuesto a dar algo que posee y sembrarlo con el propósito de obtener fruto a cambio de su siembra.

El terreno. Este es el lugar en el cual vamos a depositar la semilla. Para obtener una buena cosecha necesitamos escoger un lugar adecuado para sembrar nuestra semilla pues nadie siembra en el desierto esperando tener una gran cosecha a cambio.

Abono. Son los nutrientes que le voy a echar a la tierra para enriquecerla, para que, así, produzca una mejor cosecha.
Estación o el clima. Debo sembrar en el tiempo correcto del año para que la semilla germine. Si siembro en el invierno, posiblemente la semilla se va a quemar y no dará fruto.

Semilla. Es aquello que voy a sembrar. En este punto hay que tener en cuenta que la calidad de la semilla determina la calidad de la cosecha, lo que quiere decir que usted puede sembrar buenas o malas semillas y eso determinará la calidad de la cosecha.

Para este momento, algunas personas podrán preguntarse: “¿No es este un libro sobre finanzas? ¿Por qué toda esa explicación sobre la agricultura?” Recuerde: la ley de la siembra y la cosecha es una ley espiritual, así que está presente en todo lo que usted hace. Es más, quiero dejarle saber que por eso llamo a esta “la ley más poderosa del universo”, pues TODO lo que usted hace, dice y piensa es una semilla, así que usted obtendrá una cosecha multiplicada del mismo género. Si tenemos claro lo expuesto anteriormente, entonces sabremos que esta ley también está activa sobre el área financiera. El problema es que muchas personas no lo sabían. Déjeme explicarle cómo opera esta ley en sus finanzas.

Algunas personas dicen que el tema de la administración del dinero es muy espiritual. Yo también lo creo, pero más que espiritual, considero que el dinero solo muestra la condición del corazón de la persona que lo administra. Esto quiere decir que el dinero es como los explosivos: usted los puede utilizar para construir represas, excavar minas, en el proceso de construcción de carreteras o también los puede utilizar en las guerras o en el terrorismo para asesinar personas.

De la misma manera, puede usar el dinero para alimentar niños, educarlos, ayudar a los necesitados, construir hospitales, apoyar iglesias, pero a la vez ese mismo dinero se podría utilizar para financiar guerras, producir narcóticos, para el pago de adicciones o cualquier cosa incorrecta. El dinero no es bueno, ni malo en sí mismo; solo muestra lo que hay en el corazón de la persona que lo posee. La Biblia nunca dice que el dinero sea malo, sino que nos habla de lo que causa en el hombre que lo ama y lo busca con codicia:

“Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores” (1 Timoteo 6:10).

Jesús también dijo:

“Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mateo 6:21).

De nuevo, el tema no es el dinero, sino la posición que le podemos dar en nuestra vida. Jesús dijo que en el lugar en el que nosotros tengamos nuestro tesoro, es decir, nuestros intereses, sueños y anhelos, allí también pondremos nuestro corazón, es decir, nuestro esfuerzo, trabajo y pensamientos.

¿CÓMO PUEDES TENER LA PRESENCIA DE DIOS?

Este es el orden: Primero Dios. El centro de toda actividad del creyente debe ser Dios y nada debiera distraerle. Lo importante no es lo que dices ni cómo manejas tu apariencia piadosa, es lo que hay en tu corazón. Él debe ser el primero y el único. Cuando adoras, no lo haces para que te vean en la iglesia ni para mostrar la forma en que Él te cambió. ¡No! Lo adoras por lo que Él es.

Cuida la unción al precio que sea. Tengo total respeto por el Espíritu Santo y no quiero hacer nada que lo contriste como te dije anteriormente. Muchos me dicen que recoja la ofrenda antes del mensaje y otros me dicen que lea los anuncios en la mitad de la reunión, pero no lo hago así. ¿Sabes por qué? Porque cuando estamos en la presencia de Dios no detengo la reunión. Hay tiempo para los testimonios, hay tiempo para los anuncios, hay tiempo para las ofrendas y todo tiene su tiempo, pero cuando el Espíritu Santo está presente, sólo me importa Él. Durante la predicación nos concentramos en la Palabra de Dios, la cual adquiere un especial poder porque el Espíritu Santo la vivifica en medio de la congregación.

Hay también algo clave que debes conocer al ministrar. Pablo fue claro al escribir a los corintios acerca del Espíritu Santo y del poder de Dios que fluía a través de Él. Nuestra fe no debe estar fundada en la sabiduría de los hombres sino en el poder de Dios. Nuestro Evangelio no es sólo una teología, por tanto, no temas ministrar esta verdad que salva y cambia vidas. El Dios que predicas y lo que predicas de Él, es muy real. Es lo más real que cualquier persona pueda conocer.

Hago un llamado sobre lo que predico y ministro pues allí ves al Espíritu Santo como el paracleto ayudando a su pueblo a obedecer, a amar, a perdonar, a seguir a Jesús y a tomar la gran decisión de su vida. Según el mensaje que el Espíritu Santo te guíe a predicar, así mismo debes ministrar.

Debes tener total respeto por la majestad de Dios y entender que tu servicio (tu ministerio) no gira a tu alrededor sino alrededor de Él. Debes dejarlo fluir. Tú eres las olas que te suben al nivel de la comunión a donde Él quiere llevarte. Deja que Él te guíe. El Espíritu Santo te guiará como quiere. Sé totalmente sensible y dependiente de Él.

No sé porque algunos detienen su comunión con el Espíritu Santo. ¡No lo hagas! Si el presidente de tu país te estuviera hablando y te retiraras por un instante, perderías el privilegio de su presencia. Mucho más grande que el presidente es el Espíritu Santo.

La comunicación con Él se establece individualmente a través de la oración. Tú te rindes al Espíritu Santo y Él toma tu espíritu por medio de la oración. Él te ayudará a orar como conviene. También puedes ayudarte con la adoración y la alabanza que te acercan a Dios. No comiences diciendo: «Dame, quiero esto, ayúdame…». Puedes abrir ese momento glorioso con un «Te amo, te adoro y te anhelo». No necesitas ni siquiera seleccionar las palabras. Es sólo una expresión de gozo y gratitud que exaltan sus atributos, su misericordia y su gran amor.

Disfruta de la unción que Dios te manifiesta en la oración, la adoración y la predicación porque su presencia es real. Aún después del mensaje, puedes continuar adorando según el Espíritu Santo te lo indique. Este es el tiempo en el cual puedes disfrutar viendo sus maravillas, porque Él está presente. Desde mi interior quisiera gritar: «Él está aquí. Él habita en medio de su pueblo». ¡Esto es glorioso!

Quiero compartir contigo lo que aprendí acerca de la presencia de Dios y el peligro de perderla. La presencia de Dios es como un manto sobre tu vida. Hay muchos que han perdido ese vestido y con solo mirarles, es evidente que algo muy importante falta en sus vidas. Miremos a Adán, quien perdió la presencia de Dios. ¿Recuerdas cuando pecó? Al desobedecer, lo primero que descubrió es que estaba desnudo. Ese vestido de la gloria de Dios se había ido y no sólo lo notó él, la Biblia dice que ambos conocieron que estaban desnudos. Es decir, Eva también vio que Adán estaba desnudo. No sólo tú lo puedes ver. Otros también lo ven. Cuando tú estás desnudo, o cuando la gloria de su presencia está en ti.

Ahora, mira lo que hizo Adán al perder ese vestido de gloria: se cosió un vestido de hojas de higuera. ¡Qué tremendo! Muchos hombres, al perder la presencia de Dios, han hecho lo mismo: se han vestido de hojas de higuera tales como el legalismo, la religiosidad, la apariencia externa o cosas similares a estas que cubren su desnudez espiritual. Por ejemplo, en algunos casos, el gobierno en la iglesia gira alrededor de la apariencia externa o de «grandes cabezas». Es decir, de teólogos o doctores de la ley, pero en la iglesia primitiva, el requisito más importante era que fueran hombres llenos del Espíritu Santo (Hechos 6:1-7). En otras palabras, ellos poseían un vestido que la iglesia notaba: eran llenos del Espíritu Santo. Es decir, la presencia de Dios estaba sobre ellos y era más evidente que los mismos títulos religiosos.

Ese es el vestido con el que Dios quiere que te vistas, un vestido de bendición, no como las vestiduras viles de Josué: «Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala» (Zacarías 3:3-4).

Es tiempo de quitarte esas vestiduras viles y vestirte de su presencia. Sacúdete en el nombre de Jesús de toda vestidura vil sobre tu vida, y pide que su gloria fluya sobre ti.

EL PERDÓN ES UNA LLAVE

El Padre celestial decidió que la llave para librar esta catástrofe sería un sacrificio perfecto y luego el perdón. Antes del fundamento del mundo el perdón era parte del paquete de redención. Ahora, no se equivoque; no hay perdón ni remisión de pecados fuera de la sangre de Jesús. La salvación es y siempre será un regalo de la gracia de Dios. Pero este regalo que se nos ha dado es que Él nos ha perdonado.

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe (Efesios 2:8-9).

Recordemos que la fe mueve a Dios, pero el perdón desata su poder. No hay poder en el perdón. Hay poder en la sangre. Hay poder en su Palabra. Hay verdadero poder en su nombre.

Si está teniendo un mal día y nada pareciera salirle bien, deténgase y pregúntese, “¿Soy salvo?”. Si su respuesta es sí, entonces regocíjese y grite: “¡No me estoy yendo al infierno!”. Eso debería cambiar completamente su perspectiva de la vida. No debemos olvidarnos de lo que el Señor hizo por nosotros, ni olvidarnos dónde estábamos y hacia dónde vamos y cómo fuimos librados. Recibimos el perdón. Es como una semilla que fue plantada en nuestros corazones. Debemos ser buenos mayordomos del perdón que Él nos ha dado. Usted lo recibió, ahora delo. No me haga oír que no tiene nada de perdón para dar. En referencia al perdón, Mateo dice:

Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia (Mateo 10:7-8).

El Antiguo Pacto enseñaba: “Amen a sus prójimos y odien a sus enemigos”. Jesús introdujo una nueva enseñanza acerca de amar a todos sin importar raza, religión, nivel social, etcétera.

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos... Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto (Mateo 5:44-45, 48).

En contexto, “ser perfectos” significa simplemente amar y perdonar y hacer el bien a todos. Sea perfecto en el amor y el perdón.

En el versículo 44 vemos que si uno logra esto entonces una puerta se abre ampliamente para que se le llame uno de los hijos de su Padre en los cielos. El perdón protege de muchas maneras:

Protege de enfermedades y dolencias
Protege de tormentos, locuras y fobias
Repele al infierno, a la segunda muerte
Nunca olvidaré veintiséis años atrás cuando el Señor me perdonó y las ataduras del pecado y de la muerte que me tenían cautivo fueron soltadas por la llave de su perdón que desata su poder. El temor, el alcoholismo y las adicciones a los cigarrillos, al sexo y a las drogas fueron quitados de mí y esas puertas fueron cerradas. ¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios!

Desde entonces he visto a miles de personas liberadas del pecado, de la depresión y la demencia, de adicciones y de ataduras de todo tipo.

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos (Mateo 16:19).

Cuando Jesús le dijo a Pedro que le entregaba las llaves del Reino vemos que Jesús les dice a sus discípulos que una de las llaves del Reino de los cielos era la revelación de que Él era el Cristo.

Otra llave se encuentra en Juan 20:23: “A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos”. Creer en la revelación del sacrificio perfecto y en el Único que puede perdonar y luego recibir el poder para perdonar a la gente son las llaves que abren los cielos y cierran el infierno. El perdón comienza a desatar el poder sobrenatural del cielo por medio de nosotros cuando invocamos su nombre. Este poder se revela de muchas maneras, pero Él escoge cómo. Tal vez se presente como salvación para nuestros pecados. Puede venir como sanidad para nuestras emociones heridas o nuestro cuerpo quebrantado. Puede traer paz a una mente atormentada. 

Sin embargo, su poder se desata de los cielos cuando Él o nosotros decidimos perdonar. Una verdadera manifestación del carácter de Dios es desatada en nosotros cuando damos y cuando perdonamos. Esta no es la naturaleza del hombre caído. Nosotros queremos vengarnos, queremos desquitarnos. Queremos faltarle el respeto a aquellos que nos lo faltaron a nosotros.

El amor humano es condicional. Haz lo que queremos y entonces te amaremos y tendremos comunión contigo. El amor de Dios es sobrenatural; Su amor es incondicional. Él nos ama a pesar de todo. Hay condiciones y principios en este Reino, pero su amor es incondicional. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Él nos amó y estuvo dispuesto a perdonarnos aun cuando estábamos en la maldad. Leer u oír esto es una cosa. Pero comenzar a caminar en esto es verdaderamente tomar su cruz y seguirle. 

Así es, esto significa un sacrificio diario y llevar nuestros pensamientos cautivos, dependiendo de qué tan fuerte nuestro hábito de falta de perdón haya crecido. ¿Qué tanto y por cuánto tiempo se ha ido fuera de control en su vida? Solo Dios y usted conocen la respuesta. Su voluntad es que usted sea librado de esta atadura. Pídale su ayuda, arrepiéntase y vea cómo su poder se desata en su vida.

Amar y perdonar son manifestaciones del Espíritu de Cristo. Odiar y guardar rencor son manifestaciones del espíritu del anticristo. Hay un Espíritu de verdad y un espíritu del mundo que guiarán su vida. Escoja hoy mismo a cuál servirá. No podemos obtener solamente el perdón de pecados. También necesitamos recibir las enseñanzas e instrucciones de Cristo.

TOMA LA INICIATIVA

Dios quiere que te atrevas a emprender cosas grandes en su nombre. Su respaldo es maravilloso y especial. Me gusta el pasaje de Isaías 45:2: «Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos». Si Dios tomó la iniciativa de bendecir de antemano a un rey persa llamado Ciro y darle una palabra profética, imagínate lo que hará contigo.

La Biblia registra una de las más arriesgadas iniciativas que tuvo Pedro, el discípulo. Ya había visto casi todo. Nada lo sorprendía. Su maestro había abierto los ojos de los ciegos, sanado leprosos, había hecho caminar a los paralíticos y sanado a los cojos. Había visto con sus propios ojos cómo tomó cinco panecillos y dos peces y el resultado fue un multitudinario almuerzo para más de cinco mil seguidores. Lo que le faltaba ver no era lo que su maestro podía hacer, sino más bien, lo que él podía hacer junto con su maestro. Pedro había seguido de cerca a Jesús, lo había visto hacer maravillas sobre la naturaleza y el ser humano. Al verlo caminar sobre el mar de Galilea, tuvo la  iniciativa de provocar su propio milagro. «Si eres Jesús,  llámame y caminaré contigo aún sobre este mar tempestuoso» (Mateo 14:28). El Señor aceptó su solicitud y lo llamó.

En esta ocasión Pedro aprendió varios principios importantes que podemos aplicar a nuestra propia vida. La iniciativa es una acción que se adelanta a la petición. Dios está buscando voluntarios que quieran servirle, personas que se atrevan a orar por los enfermos, que hagan detener el sol. Personas que den para su obra sin que nadie tenga que pedirles, que tomen la iniciativa de dar para la casa de Dios.

Otra lección que aprendió es que si vamos a hacer algo fuera de serie, mantengamos la vista puesta en Jesús de Nazaret. No importa cuán fuerte ruja el viento a mi alrededor, sí Jesús nos ha llamado podemos tener la seguridad que jamás dejará que el mar nos trague. El viento puede ponernos nerviosos, pero si decidimos ignorarlo y escuchar la voz del Señor, no nos hundiremos.

El miedo hace que muchos comiencen a hundirse, como le pasó a Pedro. El miedo ata. Ignóralo y sigue avanzando, da un paso a la vez. Se hunden solo aquellos que se dejan influenciar por las tormentas. Podemos darnos cuenta quiénes son las personas que se dejan influenciar por aquellos que están a su alrededor con tan solo oírlos hablar cuando llega la tormenta.

Pedro aprendió su lección, caminar sobre las aguas es posible si no quitas la mirada de aquel que tiene todo bajo control. Las tormentas siempre son egoístas, quieren llamar la atención, hacen mucho ruido, sacuden con ímpetu, están destinadas a hundir a quien les haga caso.

¿Qué clase de personas eres? Si te has atrevido a bajarte de la barca, ese ya es un gran paso. Quizás los demás solo están dentro de la barca, seguros a medias, pero viendo desde lejos. La mayoría piensan que por quedarse dentro del barco nada les sucederá, pero la tormenta no respeta sino que sacude tanto a los que están tratando de caminar sobre el mar como también inunda a los que se han quedado dentro de la barca.

Pero nosotros somos de los que nos atrevemos. Somos de los que creemos que Dios es grande. De los que confiamos al pie de la letra. De los que ponemos nuestros ojos en Jesús.

Iniciativa, valentía y rapidez son factores importantes para aprovechar las oportunidades que aparecen en medio del camino. Tiene que ver con un espíritu emprendedor.

¿Crees en Dios? Entonces creerás que él todo lo puede, todo lo conoce. ¿Crees en ti? Quizás creas que no eres bueno para nada, pero realmente eres bueno. Sólo descubre tu don en aquellas cosas que más te gustan.

¿Crees que puedes triunfar en la vida? ¿Crees que te puede ir mejor? Siento esas palabras de Jesús de Nazaret resonando en mi corazón para decirte: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?».

La fe te distinguirá, la iniciativa siempre será recompensada. Fe e imprudencia no son lo mismo. Te explicaré la diferencia con el caso de Pedro y su caminata sobre el mar. Él le pidió a Jesús que si era él le diera el permiso de caminar sobre el agua. Tan pronto como lo hizo, Jesús dijo: «¡Ven!». Pedro se atrevió a bajarse del barco  luego del permiso de Cristo, no antes. Esa es la diferencia. Tu iniciativa debe ir acompañada por el permiso de Dios. Asegúrate de que todo lo que hagas esté dentro de la perfecta voluntad de Dios. Por algo cuando Jesús le enseñó a sus discípulos la oración modelo, dentro de las primeras líneas dice: «Hágase tu voluntad aquí en la tierra como en los cielos». No hagas nada sin que Dios te dé su aprobación.

Cuando comprendas acerca de la voluntad de Dios te darás cuenta que no todas las oportunidades que se te presentan vienen de Él. Comprenderás que en este camino cristiano no todas las señales que oigas significan que el Señor te las envió. Aprender a diferenciar las señales que Dios nos manda, no es de la noche a la mañana, pero se aprende. Cuando tomes la costumbre de consultar a Dios todo lo que hagas, caminarás seguro de no errar en tus decisiones.

TAMBIÉN LAS MUJERES SEGUÍAN A JESÚS

María de Magdala, Juana, Susana, Salomé, Marta, María... También las mujeres siguieron a Jesús durante toda su vida pública, con los Doce y otros varones, como testimonian los evangelios. 

¿Por qué temer una presencia femenina que el Nuevo Testamento subraya tan a menudo? 

¿Por qué rehusar hoy a las mujeres su plena responsabilidad en la Iglesia, incluida la ordenación? 

¿Por qué impedir que la mitad de la humanidad efectúe su aportación plena al trabajo, que fue la preocupación central de Jesús?

EL JESÚS QUE NUNCA CONOCÍ

¿Qué sucede cuando un prestigioso periodista cristiano decide poner a un lado sus prejuicios para escuadriñar detenidamente al Jesús que se describe en los Evangelios? 

¿Qué parecido tiene el Jesús del Nuevo Testamento con el Jesús "nuevo, redescubierto" o incluso con el Jesús que creemos conocer tan bién?

El autor de éxitos editoriales Philip Yancey dice: "El Jesús que llegué a conocer al escribir este libro es muy diferente del que me enseñaron en la escuela dominical. En algunos aspectos es más reconfortante; en otros, más aterrador. Yancey ofrece una perspectiva nueva y diferente de la vida de Cristo y de su obra —su enseñanza, sus milagros, su muerte y su resurrección— y en última instancia, quién fue y por qué vino. 

Al relacionar los acontecimientos de los Evangelios con el mundo en que vivimos hoy, El Jesús que nunca conocí nos ofrece una descripción conmovedora y reconfortante del personaje principal de la historia. Siempre dispuesto a abordar preguntas difíciles, 

Yancey examina las palabras radicales de este carpintero y se pregunta si lo estamos tomando lo bastante en serio en esta época nuestra. Desde el pesebre de Belén hasta la cruz de Jerusalén, Yancey presenta una personalidad compleja que provoca interrogantes y respuestas. Es un Jesús perturbador y estimulante que quiere transformar radicalmente nuestra vida y ensanchar nuestra fe. 

El Jesús que nunca conocí pone al descubierto a un Jesucristo brillante, creador, desafiante, audaz, compasivo y convincente. Este libro le ayudará a descubrir a un Jesús diferente de la figura tradicional de la Escuela Dominical, del Salvador de dulce sonrisa encasillado en determinados moldes religiosos.