DIOS PUEDE, Y LO VA A HACER

Abraham, en su caminar hacia el destino de Dios para su vida, tuvo que tomar decisiones que lo identificaran con Dios.  Tuvo que tomar decisiones que establecieran y que le permitieran al mundo ver a quién él le servía, pues venía de una cultura de muchos dioses. Fue un gran esfuerzo el que Abraham tuvo que hacer para salir de su tierra.  Ahora, él tiene que tomar decisiones que marquen su vida una y otra vez, y que marquen la nueva generación que Dios quería levantar a través de él.
En Génesis 17:1-14, Dios establece un pacto con Abraham diciéndole que será padre de naciones, y en señal del pacto que hace con él, le pide que todo hombre bajo su casa debe ser circuncidado.  El pacto de Dios con Abraham llegó en un momento crucial, a sus 99 años, cuando ya para la naturaleza y para lo terrenal no era posible que se cumpliera aquel pacto.  A los 99 años, cumplir con aquella señal de circuncisión era una tarea difícil y era imposible que Abraham pudiera engendrar hijos.
Desde que Abraham salió de la tierra de sus padres, tuvo muchas experiencias con Dios y no fue hasta este momento, después de haber tenido a Ismael y haber pasado por Egipto, que Dios le pide una señal a Abraham que marcara el pacto que acababa de hacer con él.  Es interesante porque por lo general la gente es quien le pide señales a Dios, pero en esta ocasión es Dios quien le pide una señal para a Abraham.
Pero ¿Por qué a los 99 años?  Dios no le pide a Abraham que se circuncidara desde el momento que le dice que salga de la tierra de su padre. Nunca tuvo un contacto personal, aunque sí, Dios le dio instrucciones, visiones e ideas.  Anterior a Génesis 17, no le había pedido a Abraham señal alguna. ¿Por qué Dios le pide señal a Abraham en este momento y no en otro? Dios le pide esta señal a Abraham en el borde crucial de su vida, en el momento donde realmente tiene que entregarse a lo que es el destino de Dios para su vida.  Hasta ese momento, Abraham le sirvió a Dios por una promesa, pero ahora se tendría que rendir a Dios para ver el cumplimiento de esa promesa.
Abraham salió de la casa de sus padres a servir a Dios, siguiendo una promesa, una promesa de bendición.  Pero, durante todo el camino de la vida de Abraham hasta Génesis 17, lo vemos pensando que él lo puede completar, que él lo puede hacer, que él lo va a lograr por sus propios métodos.  Pero, en este punto, a los 99 años de Abraham, las cosas son diferentes.  Si Abraham iba a tener un hijo ahora, solo Dios lo podía hacer.
A los 99 años, Abraham ya no tenía fuerzas para tener hijos.  Esto lo lleva a rendirse ante Dios, y se circuncida como señal de pacto. 
Así como Abraham, tiene que llegar un momento en tu vida donde experimentes la señal del pacto con Dios, pero esta señal no será la circuncisión física, sino la circuncisión del corazón, donde tus fuerzas físicas, mentales y emocionales se rindan única y exclusivamente delante del Dios Todopoderoso, y la marca que haya en tu vida sea una marca que te identifique con Dios y que le deje saber al mundo y te recuerde que, de ahora en adelante, todo lo que va a pasar realmente tiene que pasar porque Dios es el único que lo puede y lo va a hacer en tu vida.
Cuando se hayan agotado tus conexiones, y tus talentos ya no tengan los mismos resultados, en ese momento lo único que te toca hacer es rendirte a la voluntad de Dios, como Abraham.  Y, lo único que Dios te va a decir es: No importa que estés viejo y ya tu cuerpo no tenga la capacidad de engendrar hijos, la obra en tu vida la voy a hacer yo, te lo prometo en el día de hoy. 

SÉ TODO LO QUE DIOS QUIERE QUE SEAS

En Génesis 12, cuando vemos que Dios le da la promesa a Abraham, Dios dice que en él serían benditas todas las familias de la tierra. Cuando Dios llama a Abraham, no lo llama meramente por él, sino por lo que haría a través de él.
Dios no llama a Abraham porque Abraham estuviera en pobreza o en crisis. Abraham no sigue a Dios porque estuviera en un momento difícil de su vida. No que haya nada de malo con eso. Definitivamente, el que esté en problemas, debe buscar a Dios. El problema es que, si buscamos a Dios tan solo cuando hay problemas, entonces, siempre tenemos que tener problemas, para buscar a Dios. Abraham sale porque tenía una promesa grande, que iba más allá de lo que haría Dios por él; se trataba de lo que Dios haría, a través de él.
O creces, prosperas y progresas para que el mundo se identifique contigo y otros sean benditos viéndote a ti, o siempre dejaremos que la gente siga a otros. Y ese es el problema, que los cristianos no hemos permitido que Dios haga todo lo que él quiere hacer a través de nosotros, y la gente entonces no quiere identificarse con nosotros. Dios dijo: Te bendeciré, y tú serás bendición. Dijo: El que te bendiga, lo voy a bendecir; y el que te maldiga, lo maldeciré. Y añadió: Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.
Es importante que tú te identifiques con Dios, que aprendas a diezmar, a ofrendar, que prosperes. Debes llevar una vida que otros quieran imitar. El mundo está identificándose con la gente en la calle, con los del mundo. Pero tú, vive las promesas de Dios, porque el destino de otros está detenido porque no han encontrado un bendecido con el que se puedan identificar. La iglesia necesita entender lo importante de que Dios haga contigo todo lo que quiere hacer, porque es a través de ti que otros van a ver la bendición de Dios, y podrán entonces identificarse contigo y ser bendecidos. A través de ti, muchas familias serán bendecidas.
Olvídate del que te maldiga, del que hable mal de ti; ya Dios dijo que él se encargaría de ellos. No trates de defenderte. Sé todo lo que Dios quiere que tú seas. Honra a Dios. Él te va a bendecir, y tú podrás hacer más; podrás bendecir más gente, tocar más vidas. Cuando Dios te llamó y te sacó del lugar donde tú estabas, más que para suplirte una necesidad inmediata, te llamó porque, a través de ti, es que él puede cumplir el plan en la vida de otra persona. Hasta que tú no seas todo lo que Dios quiere que tú seas, el destino de alguien está detenido, atado.
La gente debe querer imitarte a ti. La gente debería querer lo que tú tienes. Tú deberías poder decir: Dios lo ha hecho conmigo, y te puedo mostrar cómo hacerlo. Dios quiere que, a través de ti, se desate la bendición, y que otros se puedan identificar contigo. Dios le dice a Abraham que, el que no se identificara con él, el que le maldijera, él lo maldeciría. A sus discípulos, les dijo que, si alguno no les recibiera, sacudieran el polvo de sus pies, y se fueran de allí. No quedaría la paz de Dios en aquel lugar.
Entiende que el plan de Dios va más allá. Tú necesitas salir de tu depresión, de tu tristeza, porque hay alguien que necesita ver de dónde Dios te ha sacado, porque su destino está detenido, porque está identificándose con la persona incorrecta. Necesitas levantar tu empresa, prosperar, crecer, porque hay alguien que está en un trabajo mediocre, simplemente, porque todavía tú no has hecho todo lo que tienes que hacer. Cuando tú aceptes el llamado de Dios para tu vida, habrá gente que podrá testificar que, desde que se conectaron contigo, sus vidas cambiaron para siempre.
Sé todo lo que Dios quiere que tú seas, porque el destino de alguien está ligado a que tú llegues a alcanzar todo lo que tú tienes que alcanzar. No te quedes estancado; sigue creciendo, porque hay alguien que está esperando por ti, alguien que necesita ver un ejemplo, que necesita escucharte, que necesita ver lo que Dios está haciendo contigo, para que se desate en ellos la misma bendición que hay dentro de ti.
Sé todo lo que Dios quiere que tú seas. La vida de alguien va a ser cambiada, cuando vea lo que Dios está haciendo a través de ti. 

CUANDO RINDAS TU CORAZÓN

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.  Mateo 23:23  
Nada de lo que hagas externamente funciona, hasta que tu corazón no sea circuncidado, hasta que tengas un corazón humilde que vive agradecido, reconociendo que todo lo que alcanzas es por la gracia de Dios. 
Dios le dice al pueblo que tienen que circuncidarse el corazón.  Esto se lo dice a un pueblo que ya estaba circuncidado físicamente.  A través de los profetas, Dios le está diciendo: Tu circuncisión física no sirve, si la circuncisión del corazón no está en el lugar correcto, como tampoco sirven los diezmos, si no tienes misericordia.
Cristo les dijo: Siguen la ley, y no lo están haciendo mal, pero les falta lo más importante: La justicia, la misericordia y la fe.  Te falta el cuidar de tu hermano, te falta el resto de las cosas.  El problema es que, si dependes de la circuncisión física, de lo que naturalmente hablando da frutos, puedes llegar a confundir lo que logras por cuenta propia, con las bendiciones que solo Dios te puede dar; pensaras qué has alcanzado algo porque Dios te lo ha permitido, cuando no es así. 
Hay cosas que con esfuerzo propio puedes alcanzar.  Abraham tuvo un hijo con Agar, Ismael, pero este hijo no era el que Dios le había prometido que tendría, sino que Abraham obtuvo este hijo por sus propias fuerzas.  No es hasta que en su corazón Abraham logra entender, que lo que Dios le había prometido solo Dios lo podía cumplir, que Abraham pudo entonces caminar hacia todo lo que Dios tenía para su vida.
De las misma manera, puedes bajar de peso con una disciplina de buena alimentación y ejercicio, sin la necesidad de un milagro creativo que en un abrir y cerrar de ojos haga que se te caigan los pantalones.  Así mismo, muchos, aun sin servirle a Dios, prosperan en la vida porque trabajan de sol a sol, ahorran, se preparan, son sabios, son inteligentes.  El que se esfuerza en este mundo tiene derecho a prosperar.  Esto no es malo; pero, aunque vivan una buena vida, aun les falta una cosa.  Los que prosperan basados en el orden de Dios, no tan solo cargan el favor y la gracia de Dios sobre sus vidas y las puertas se abren, sino que también son llenos de paz, un gozo y un descanso que solo Dios les puede dar.
Nada de lo que hagas externamente va funcionar, hasta que tu corazón esté circuncidado.  Nada funcionará, hasta que realmente seas alguien humilde y sencillo delante de Dios, hasta que llegue ese punto en tu vida donde te des cuenta que lo que vas a hacer, lo que vas a alcanzar, solo la gracia de Dios te lo puede dar, solo la gracia de Dios lo puede hacer contigo.  Hasta que no llegues a ese punto donde tu corazón quede rendido a los pies del Señor, donde entiendas y tengas que comprender que, si algo va a pasar, va a pasar porque Dios lo va a hacer en tu vida, entonces podrás comenzar a ver los milagros más grandes que Dios tiene para ti.
Hay gente que comienza como Abraham, con cielos abiertos y una grande promesa de Dios; y, mientras más rápido tu corazón se rinda a él, más rápido podrás llegar al lugar de tu destino.  Hay mucha gente que le ha rendido a Dios sus problemas, sus sueños, sus metas y Dios les ha prosperado en su camino; pero, cuando le rindas el corazón, lograrás alcanzar todo lo que él tiene para tu vida. Esa es la verdadera circuncisión del corazón. 

CREE LO QUE DIOS HA DICHO

En la Biblia, podrás encontrar muchos hombres de Dios que pasaron por una crisis de identidad.  Estas crisis se pueden ver en Adán, Caín, Abel, Abraham y en varios de los grandes hombres de Dios a través de toda la historia. Sus crisis de identidad se ven claramente en el momento en que son llamados por Dios. La baja autoestima y el poco valor que sentían de sí mismos, se ven cuando comparan el llamado de Dios para sus vidas, con las circunstancias que están viviendo en el momento se su llamado. Cuestionan cómo pueden llegar a ser lo que Dios dice que serán. Lo que están diciendo es: ¿Cómo tú dices que yo soy algo, si mis circunstancias dicen lo contrario?
Por ejemplo, Dios se presenta frente a Gedeón, y le dice: Hombre esforzado y valiente, gran guerrero, gran hombre de Dios; y este le contesta: ¿Por qué tú dices eso? Yo soy el más pequeño de la tribu, mira las dificultades que tengo, mira las circunstancias que estoy viviendo. Lo mismo con Moisés; cuando Dios lo llama por primera vez, Moisés le dice a Dios: ¿Quién soy yo para ir? ¿Quién soy yo para libertar al pueblo? ¿Quién soy yo para hacer este trabajo que me estás pidiendo? Le pasó a Abraham; Dios le dice: Te voy a bendecir, serás padre de mucha gente; a lo que Abraham responde: Señor, pero ¿cómo va a ser, si no tengo ni un hijo? Dios no estaba sujetando el llamado y el propósito de estos hombres a su situación natural, actual, sino que les estaba diciendo lo que harían y quiénes eran para Él, Dios les estaba mostrando lo que Él veía en ellos.
Cuando se recibe el llamado de Dios, ocurre una crisis de identidad. Lo primero que se cuestiona es: ¿Cómo podré lograr ser lo que Dios dice que soy? Tu identidad es enfrentada, cuando vez la grandeza del propósito de lo que Dios dice que eres, en contraste con la manera en que te vez en ese momento. Ahí es que te das cuenta si verdaderamente crees que eres lo que Dios dice que eres.
Mucha gente va a la iglesia porque necesitan y esperan que se cubra una necesidad. Quieren que Dios les sane, les restaure, les prospere; y no hay nada malo en eso; esa es una de las formas que muchos comienzan a relacionarse con Dios. Hay otros que no creen en eso; simplemente, viven su vida creyendo que la voluntad de Dios para sus vidas es el estado en que se encuentran. Pero existe un nivel más grande, que es cuando se va a la casa de Dios, no para que las necesidades sean cubiertas y las circunstancias cambiadas, sino para entender lo que Dios quiere que seas. Cuando logras entender lo que Dios quiere que seas y te atreves creer en eso, a pesar de la circunstancias, entonces tu vida cambia para siempre. Pero, para eso, tienes que estar seguro y segura de quién eres, en Cristo Jesús.
Juan 1:29 dice,  El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Esta es la primera descripción que hace Juan acerca de Cristo. Cuando lo ve, lo primero que le dice es: Esto es lo que tú vienes a hacer; vienes a quitar el pecado del mundo. Más adelante, cuando Juan bautiza al Maestro, se abre el cielo y se oye una gran voz que dice: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia (Mt. 3:17). Dios le dice a Jesús: Sin hacer nada, yo te amo; sin hacer nada, tú me traes placer; sin que tú hayas hecho nada, esto es lo que pienso de ti. El Dios Padre lo identifica, no por lo que va hacer, sino por quien es él.
Después de ser bautizado y recibir la aprobación del Padre, Jesús es llevado al monte por el Espíritu, y es tentado por Satanás.
Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Mateo 4:3-4  
Jesús, en otras palabras, le contesta a Satanás, diciendo: No tengo que cambiar las piedras en pan para mostrarte quien soy. Le dice: Te voy a vencer, no por lo que puedo hacer, sino por quién soy. Yo sé que soy Hijo de Dios, y eso es suficiente.
El enemigo está derrotado, cuando encuentra un creyente firme en quién es, en Cristo Jesús. Cuando encuentra a un creyente que no se encuentra en una crisis de identidad, porque ha creído en lo que Dios ha dicho que va a hacer. Así que, a pesar de lo que el enemigo robe o quiera destruir, sigue creyendo en quien Dios dice que eres.
Hoy Dios te dice: Tu situación actual no define quien eres para mí. Lo que hiciste, lo que haces o lo que harás no define quien eres para mí. Yo sé quién eres, y lo que me trae placer es la conciencia de quién eres. Cree lo que te digo. 

PROMESAS DE DIOS

Lamentablemente, en nuestra vida como cristianos, muchas veces, le servimos a Dios únicamente por nuestras necesidades. Curiosamente, cuando Jesús llamó a cada discípulo, ninguno de ellos estaba en necesidad. Hubo quienes se acercaron al Maestro necesitando algo; pero, ninguno de aquellos que recibió un milagro, le siguió. Pedro, por ejemplo, sí recibió un milagro, y le siguió; pero Pedro no pidió aquel milagro. No es que esté mal acercarse pidiendo un milagro, pero veamos la diferencia de conciencia. Para aquellos que fueron buscando un milagro, buscando que el Señor supliera una necesidad, Jesús se convirtió en Aquel que suple esa necesidad, y se identificaron con él en esa necesidad, y eso fue todo. Pero, desde el primer día que Jesús habló a cada discípulo, no le habló de su necesidad, de su problema, sino del plan que él tenía para cada uno de ellos.
Cuando Jesús llega donde Pedro, le llena las barcas. Aquello sí fue un milagro. Pedro estaba frustrado porque, en toda la noche, no había pescado nada; pero él sabía que había días buenos y días malos; él, simplemente, saldría a pescar nuevamente al día siguiente. Cuando llega Jesús, pidió las barcas prestadas para predicar la palabra y, cuando se baja, le dice que lance la red. ¿En qué momento Pedro pidió el milagro? En ningún momento. Lo que pasa es que Jesús no iba a tomar algo de Pedro, para devolvérselo de la misma manera. Jesús nunca llega a un lugar y lo deja de la misma forma.
Cuando Pedro recibe la pesca milagrosa, deja allí las barcas y se tira de rodillas delante de Cristo, quien no hizo referencia al milagro, ni le dijo: Yo te puedo suplir por el resto de tus días; sígueme, porque siempre tendrás las barcas llenas. Cristo le dijo: Sígueme, y te voy a hacer pescador de hombres. Así que, desde el primer día que Pedro siguió a Cristo, no le siguió por un milagro; los milagros le siguieron a él, por seguir a Cristo, pero él no siguió un milagro, sino que él buscaba lo que Jesús le prometió que iba a hacer con él, y no por él.
Tú no puedes servirle a Dios, meramente, por lo que él puede hacer por ti. Sí, Dios te va a suplir, él te quiere sanar, te quiere prosperar; pero él quiere hacer contigo algo más poderoso de lo que tú jamás has pensado. El problema es que se nos hace difícil ver a Dios más allá de nuestra primera experiencia con él. Si tú te identificas con él por un milagro, por una necesidad, Dios será entonces el Dios de tus necesidades. Y Dios sí suple tus necesidades, pero él quiere ser más que el Dios que suple tus necesidades; él quiere ser el que transforme tu vida, y te lleve a ser todo lo que él te ha prometido que vas a ser. Cuando él te llama, lo hace, no de acuerdo a tu necesidad, sino de acuerdo a su plan para tu vida.
Los grandes hombres de Dios lo que siguieron fue el plan de Dios para sus vidas. El problema de muchos es que tratan de meter a Dios en sus planes, en vez de ellos meterse en el plan de Dios. Hay quienes diezman, por ejemplo, para que Dios bendiga sus planes, pero el diezmo va más allá de que Dios bendiga tus planes; diezmar se trata de estar dentro del plan de Dios.
Hebreos 7 nos habla acerca del encuentro de Abraham con Melquisedec, rey de Salem. Luego de derrotar a cinco reyes, rescatando así a su sobrino, Lot, Abraham entrega los diezmos del botín a Melquisedec. Y, dice el verso 6, que el rey tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. Abraham diezmó porque tenía grandes promesas. Sale de casa de su padre porque tenía una grande promesa; él sabía que Dios haría con él algo más grande y poderoso. Cuando entiende eso, al encontrarse con alguien que podía desatar aquella promesa, su reacción fue diezmar, no porque fuera un necesitado o un mendigo, sino porque tenía promesas para su vida.
Tú no eres un necesitado o un mendigo; eres persona de esfuerzo. Si no pescaste hoy, lavas las redes, y mañana vuelves a pescar. Le crees a Dios, y sales a trabajar y haces lo que tienes que hacer. No buscamos ser mendigos de Dios, no buscamos de él meramente para que resuelva nuestros problemas, sino que le buscamos para entrar dentro de su plan para nuestras vidas y, cuando le servimos, cuando diezmamos y ofrendamos, lo hacemos porque sabemos que cargamos con promesas más grandes que nuestra situación presente. Lo que haces cuando diezmas es reaccionar a la palabra que está activando lo que está dentro de ti.
Tienes promesas. Cuando decides salir de casa de tu padre y de tu parentela, lo haces porque tú sabes que Dios te dijo que lo hicieras. Dios te ha dicho que tiene algo más grande para tu vida, un llamado más grande. Los que creemos, no podemos caminar en esta vida faltos de identidad, pensando que somos mendigos. Tú fuiste llamado, y hay una grande promesa en tu vida. Tú cargas algo dentro de ti, que nadie más puede cargar, y que solo Dios puede desatar en tu vida.
Tú no necesitas estar enfermo para orar, no necesitas estar en una situación difícil para ir a la casa de Dios, sino que vas a la casa de Dios, porque sabes que es el lugar donde va la gente que tiene promesa. Tengas o te falte, vas a la casa de Dios, porque tú sabes que hay promesas que solamente se desatan, cuando estás delante de él. 

16 VERSÍCULOS PARA CUANDO ESTÁS AGOTADA

No sé si a ti te sucede, pero yo me encuentro de vez en cuando en épocas de mi vida en las que no doy más. Mi cuerpo está agotado, mi cerebro lucha por permanecer encendido y mi alma necesita volver a llenarse…pero el mismo cansancio me impide pensar en algún versículo que me devuelva el ánimo o abrir la Biblia para buscarlos.

Para que eso no me suceda de nuevo,  ahora que estoy fresca…y antes de volver a agotarme, he anotado 16 versículos de ánimo ante el cansancio. Te los comparto para que puedas echar mano de ellos en esas ocasiones en las que ya no das más.


Salmo 62:1 “En Dios solamente está acallada mi alma; De él viene mi salvación.”


Éxodo 33:14  “Y él dijo: Mi presencia irá contigo,  y te daré descanso.”


Salmo 46:1-2 “Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto,  no temeremos,  aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar;”


1 Reyes 8:56 “Bendito sea Jehová,  que ha dado paz a su pueblo Israel,  conforme a todo lo que él había dicho;  ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado.”


Mateo 11:28, 29 “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados,  y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros,  y aprended de mí,  que soy manso y humilde de corazón;  y hallaréis descanso para vuestras almas”


Salmo 4:8 “En paz me acostaré,  y asimismo dormiré; Porque solo tú,  Jehová,  me haces vivir confiado.”


Salmo 127:2 “Por demás es que os levantéis de madrugada,  y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño.”


Jeremías 31:25 “Porque satisfaré al alma cansada,  y saciaré a toda alma entristecida.”


Salmo 73:26 “Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre”


Isaías 40:28-31 “¿No has sabido,  no has oído que el Dios eterno es Jehová,  el cual creó los confines de la tierra?  No desfallece,  ni se fatiga con cansancio,  y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado,  y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan,  los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas;  levantarán alas como las águilas;  correrán,  y no se cansarán; caminarán,  y no se fatigarán.”


Salmo 68:35 “Temible eres,  oh Dios,  desde tus santuarios; El Dios de Israel,  él da fuerza y vigor a su pueblo. Bendito sea Dios.”


Romanos 8:26-28 “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad;  pues qué hemos de pedir como conviene,  no lo sabemos,  pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos que a los que aman a Dios,  todas las cosas les ayudan a bien,  esto es,  a los que conforme a su propósito son llamados.”


Gálatas 6:9 “No nos cansemos,  pues,  de hacer bien;  porque a su tiempo segaremos,  si no desmayamos.”


Salmos 119:114 “Mi escondedero y mi escudo eres tú; En tu palabra he esperado. ” 


Hebreos 4:16 “Acerquémonos,  pues,  confiadamente al trono de la gracia,  para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”


Salmo 23:2  “En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará.”

DEJA ATRÁS LOS ESTORBOS

Cuando estudiamos la Biblia, vemos que Abraham, en su camino a la tierra que Dios le mostraría,  pasó por Egipto. Dicen los teólogos que, cuando Abraham salió de Egipto, llevó consigo también a Agar. Un poco más adelante, en Génesis 15 y 16, vemos la queja de Abraham con Dios de que le había prometido tantas cosas grandes, tantas bendiciones, pero no tenía todavía un hijo. Entonces, Dios le dice que le daría un hijo, que le prosperaría y le bendeciría. Pero, en un momento de crisis, de dificultad, Abraham toma el camino fácil. Sarah le dice: Toma a mi sirvienta. Y Abraham tiene, con Agar, a Ismael. Por trece años, Abraham piensa que Ismael es el hijo de la promesa. Por trece años más, detiene el plan de Dios para su vida.
Una de las peores cosas que podemos llevar con nosotros al salir de Egipto son las ilusiones de cosas que hemos traído del mundo y que pensamos que son de Dios, simplemente, por un momento de flaqueza en nuestra identidad. Abraham no tenía que pasar por Egipto; fue a Egipto porque no le creyó a Dios, en el momento de crisis.
En Génesis 12, dice que Abraham salió a tierra de Canaán, y llegó a su destino; pero un momento de crisis le hizo descender a Egipto. Sin darnos cuenta, muchas veces, en los momentos difíciles, comenzamos a comprometer quiénes somos y cómo nos vemos delante de Dios, comenzamos a cargar con Agar, con cosas que pensamos que fue Dios, pero que en realidad no ha sido él. Comenzamos a cargar con relaciones de las que después tenemos que despojarnos; comenzamos a caminar con oportunidades que parecían divinas, pero que no eran de Dios. Y, sin darnos cuenta, estas cosas nos atan, y mantienen atado a Dios de hacer lo que él quiere hacer con nosotros.
Abraham tuvo que tomar una difícil decisión, cuando su esposa Sara le dice: Agar tiene que irse junto a Ismael, pues este molesta a nuestro hijo Isaac. La Biblia relata que Abraham despide a Agar y a su hijo Ismael.
Hay momentos difíciles, en los que te tienes que despegar de algo de lo que te enamoraste porque te ilusionaste, pero no es lo que Dios tiene para ti; y tienes que reconocer que fue un momento de baja autoestima, de poca identidad. Hay cosas en nuestra vida que, hasta que no seamos capaces de despegarnos de ellas, no nos podremos mover hacia lo que es el plan de Dios para nuestra vida. Aquello que pensamos que fue de Dios, pero no fue, molestará a aquello que realmente Dios nos ha querido entregar.
Créele a Dios. Deja atrás aquellas cosas que fueron tu ilusión, aquellas cosas que has pensado que eran de Dios, pero no lo son. Es vital que cada paso que vayas a dar hacia lo que Dios tiene para ti, sea porque realmente sepas que es eso lo que Dios quiere para tu vida. Permita Dios, y te dé la sabiduría de que, en tu caminar hacia el destino que él tiene para ti, tú puedas vivir sin ilusionarte con cosas que Dios no te entregó, para que puedas obtener aquellas que él sí tiene para ti, y aquellas con las que te ilusionaste, nunca más perturben a las que Dios tiene para tu vida.
Hay cosas que llegó el momento de dejarlas ir, porque estorban el plan de Dios para tu vida. Lo que no dejas ir, es porque, por mucho tiempo, esas cosas te han identificado. Pero esas cosas son cargas, y Dios no las va a remover, hasta que tú no las quites. Deja atrás aquello que estorba tu camino hacia el destino de Dios para tu vida.