DEJA IR TODO LO MALO QUE PASÒ

Una razón práctica de por qué los pensamientos son tan decisivos es porque toda emoción es precedida por un pensamiento. Como piensas, así te sientes. Tu conversación interna condicionará tu estado anímico. Tus pensamientos son algo muy, pero que muy poderoso. Las investigaciones revelan que en un día común las personas tienen pensamientos negativos en un ochenta por ciento. ¡Imagínate en un día malo!

Los pensamientos suelen transformarse en palabras. Las palabras que utilizamos tienen un tremendo impacto. De hecho, la Biblia nos habla del poder que hay en nuestra lengua y de lo que sale por nuestra boca (Proverbios 18:21). Tenemos impacto sobre los demás, pero el impacto mayor es sobre nosotros mismos.

Te invito a que cada día repitas estas palabras. No te canses de hablarlas hasta que sientas que dejas ir eventos dolorosos, en el poderoso nombre de Jesús.



Yo soy libre de todo dolor, iras y temores, 
en el nombre poderoso de Jesús.

Decido que reacciono como si hubiera encontrado un tesoro 
porque perdono.

Dejar ir me hace sentir feliz y sin cargas.

Decido no sufrir más por cosas que ya no tienen importancia.

Decido no sufrir más por cosas que ya no puedo cambiar.

Dejo ir, sin resentimiento.

¡Vivo libre, vivo feliz!

ESCUCHE LAS VOCES CORRRECTAS

¿Qué es lo que parece estar creciendo en el jardín de su mente en este momento? ¿Acaso no sería maravilloso si los pensamientos en nuestras mentes se asemejaran a un jardín encantador y bien cuidado, lleno de pensamientos refrescantes y de esperanza, pensamientos que siempre vieran lo mejor en otros, en nuestras circunstancias y en nosotros mismos? El jardín secreto de nuestra mente puede florecer con colores vibrantes y enriquecedores, pero muy a menudo las monótonas y apagadas hierbas del desaliento, la desesperación y la duda de nuestras propias capacidades parecen asfixiar nuestros pensamientos buenos y veraces.

Si no tenemos cuidado, las malas hierbas pueden adueñarse de los jardines de nuestra mente y podemos convertirnos en personas amargadas, negativas y sin gozo. Afortunadamente, podemos aprender a estar atentos a nuestros pensamientos y las cosas a las que nuestras mentes suelen prestar atención. Es posible desarraigar los pensamientos negativos y alimentar, en lugar de ellos, las verdades que producen vida.

Cada día en nuestra mente se plantan vástagos de pensamientos, algunos buenos y otros no tan buenos. Un pariente criticón, un compañero de trabajo hiriente, un error del pasado, una decepción frustrante, pueden empezar a dominar nuestras mentes y llegar a desanimarnos completamente si se lo permitimos. Es fácil estandarizar lo negativo. Esto se da con mucha naturalidad, así como las malas hierbas. Es por eso que tenemos que ser cuidadoras diligentes de nuestras mentes, plantar semillas buenas y saludables y no permitir que las hierbas de la negatividad y la duda pueblen nuestros cerebros. A.W. Tozer dijo: “Aquello en lo que pensamos cuando somos libres de pensar acerca de lo que queramos, eso es lo que somos o en lo que muy pronto nos convertiremos”. En otras palabras, nuestros pensamientos pronto se convierten en nuestras acciones. La mente es una herramienta poderosa y podemos transformarnos cuando la renovamos.

¿Qué voces está escuchando? ¿Qué voces dirigen su vida? ¿Introducen esas voces la verdad o insinúan el temor, el desaliento y la duda? Tal vez recuerda esta antigua canción de cuna:

María, María la arpía

¿Cómo crece tu jardín?

Con campanas de plata y conchas de hojalata

Y chicas bonitas todas juntitas.

Existen numerosas teorías sobre el asunto al que esta pintoresca rima se estaba refiriendo, pero podemos usarla como un recordatorio del hecho de que debemos cuidar el jardín de nuestra mente con mucho esmero para fomentar lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable y admirable. Aunque María se describe como una arpía, como un personaje antagónico y desagradable, nosotras no tenemos por qué ser así. El jardín de nuestra mente puede ser diferente dependiendo de lo que plantemos en él. Así que tenemos que preguntarnos, ¿cómo crece nuestro jardín? ¿Estamos plantando semillas de verdad o estamos cultivando un jardín basado en suposiciones y preocupaciones?

Podemos convertirnos en mujeres extraordinarias simplemente pensando más allá de nuestras circunstancias diarias. Cuando llenamos nuestras mentes con las verdades de que Dios es fiel y está interesado en cada detalle de nuestra vida, comenzamos a ver la vida desde una perspectiva diferente. Podemos tener paz en medio de la tormenta mientras mantenemos el amor eterno de Dios en la vanguardia de nuestros pensamientos. Tozer también dijo: “Lo que nos viene a la mente cuando pensamos en Dios es lo más importante acerca de nosotros”. Si sabemos y creemos que Dios es verdaderamente bueno, entonces reconocemos que incluso los retos que se presentan en nuestro camino o las oraciones sin contestar que tenemos en nuestras vidas tienen un propósito mayor que lo que somos capaces de ver en el momento presente.

En los últimos años los patrones del clima en América del Norte han estado haciendo algunas cosas locas. Enormes tornados asesinos en los estados del sur y del centro de los Estados  Unidos, una y otra vez. Una pareja de ancianos en Alabama salió en las noticias. La casa en la que se habían casado y donde había vivido toda su vida adulta y tenían todos los recuerdos de su familia había sido totalmente demolida por una de estas tormentas devastadoras. Finalmente habían podido construirla otra vez y estaban a punto de establecerse de nuevo en lo que se asemejaba bastante a la vida que habían tenido, cuando otra gigantesca tormenta pasó ¡y otra vez arrasó con su casa completamente! Cuando los entrevistaron en las noticias, la esposa expresó gentilmente su frustración ante aquella circunstancia (y tenía todo el motivo), pero luego añadió: “Pero sé que Dios tiene un plan más grande y estamos confiando en Él a través de todo esto”.

¡Solo una mente que florece con una visión generosa de la bondad y la fidelidad de Dios puede responder de una manera tan positiva! La fe y la esperanza son flores fuertes y robustas en el jardín de la mente y del corazón de esta mujer. Yo quiero responder de esa manera a los retos de la vida, ¿usted no? Ya sea una pequeña herida que produzcan las palabras hirientes de alguien o un gran desastre que cambie la vida, yo quiero responder con un dolor genuino así como con una gracia y una fortaleza que nazcan de la confianza, en vez de con incertidumbre y desesperación. Todo comienza en la mente cuando consideramos quién es Dios y cómo interactúa con nosotros.

6 EXCUSAS PARA PONER FIN A SU MATRIMONIO

Ben y Marie (no son sus nombres reales) han estado casados por 12 años y tienen tres hijos. Su matrimonio nunca fue perfecto y las discusiones entre sí nunca cesaron, mayormente por no tener suficiente dinero para pagar sus cuentas. Al final Marie decidió terminar su matrimonio simplemente porque alegó que Dios “le dijo” que se divorciara. Unos meses después Dios “le dijo” que se fuera a vivir con otro hombre.

Hoy en día la iglesia está llena de historias como esta.  Mientras sí existen ciertas razones bíblicas y justificables para dar fin a un matrimonio, demasiados creyentes están tomando el camino fácil para divorciarse, allanando así el camino para los demás con sus malos ejemplos.  Esto se ha convertido en un problema especialmente en ciertos círculos carismáticos porque creemos en escuchar la voz del Espíritu Santo. Hoy día es conveniente culpar al Espíritu Santo por nuestras malas decisiones diciendo “Dios me dijo que lo hiciera”.

Aquí están seis de las excusas más malas y comunes que he escuchado recientemente de personas que escogieron el camino fácil del divorcio en vez del camino estrecho de la sanidad:

1. “En primer lugar, nunca nos debimos haber casado”. Las parejas enamoradas pueden tomar decisiones tontas, de seguro. Algunas van y se casan rápido sin tan siquiera tomar clases prematrimoniales, mientras que otras no están financieramente preparadas; muchos matrimonios se convierten en una pesadilla de estrés y facturas pendientes de pago.

2. “Nuestras familias no se llevan”.  Recientemente me enteré de un joven que llevaba dos años de casado—su esposa estaba embarazada—y decidió terminar con su matrimonio porque sus padres nunca aprobaron a su esposa. Eso es ridículo. El matrimonio no es entre familias, es una relación única entre un hombre y una mujer. Génesis 2:24 dice “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Los matrimonios que permiten que sus padres los controlen van de camino al desastre.

3. “Con el tiempo nos distanciamos”. Este es el clásico comentario, pero lo que en realidad quiere decir es: “Me voy a escabullir”. También es un indicativo que la conexión con la esposa se basa más en un suave sentimiento romántico que en un sólido pacto. A Satanás le encanta dividir; usa la sospecha, la desconfianza, el coraje, la amargura, y las palabras abusivas para crear un ambiente tóxico en el hogar. No le dé al enemigo esa oportunidad (lea Efesios 4:27) al escuchar sus mentiras. Jesús puede reconectar lo que usted ha permitido que se separe.

4. “Discutimos mucho”. Esa es una excusa barata. Muchas parejas en la Biblia tuvieron frecuentes desacuerdos, incluyendo Abraham y Sara, el padre y la madre de nuestra fe. Discutir en realidad es más saludable que enterrar las emociones, siempre y cuando sepan resolver el conflicto y liberen el coraje rápidamente. Si usted y su cónyuge discuten constantemente, puede ser una señal de que no manejan bien el estrés o que uno o ambos necesitan nuevas destrezas de comunicación. Encontrar un nuevo cónyuge no va a solucionar el problema ¡si el problema es usted!

5. “La consejería no ayudó”. Creo mucho en la consejería matrimonial y las parejas en problemas siempre deben tratar de buscar consejería antes de ponerle fin a la relación.  Mas si su matrimonio ha estado en problema por años, tres sesiones de una hora de consejería con un pastor no van a solucionar el problema de la noche a la mañana. Los consejeros no son magos. Sea paciente. Si su matrimonio está en caos tomará tiempo repararlo. Puede que tome meses solo sacar los escombros antes de que pueda  reconstruir. 

6. “Dios me dijo que me casara con otra persona”. Esta es la excusa más absurda e irrisoria que he escuchado, pero hasta pastores la han usado. Un ministro de California se divorció de su esposa y se casó con otra mujer la semana siguiente porque “Dios se lo dijo”. Es triste que le echen la culpa a Dios de semejante insensatez. Si alguna vez cree que Dios le está diciendo que haga algo que claramente contradice la Biblia, está bajo la influencia de un espíritu de engaño. Por favor humildemente sométase y busque ayuda inmediatamente.

Si está teniendo problemas matrimoniales y está pensando que el divorcio es la única solución, detenga todo lo que esté haciendo y respire profundo. Vaya despacio. Antes de precipitarse a abrir la puerta de escape, pídale a Dios que le dirija y busque ayuda de amigos.

Aunque puede que haya ciertas situaciones en las que el divorcio es inevitable, no asuma que esta es su única opción. El amor y la misericordia del Padre pueden sorprenderle.

PABLO, EL ESPÍRITU Y EL PUEBLO DE DIOS

En Pablo, el Espirítu y el pueblo de Dios este erudito pentecostal ha redefinido los términos de la discusión sobre el Espíritu Santo de una manera que trasciende los paradigmas de hoy sobre la orientación carismática o no carismática. 

Sus palabras son un fuerte recordatorio de lo que Dios, a través de su Espíritu Santo, pretende que la iglesia sea... 

Su trabajo es un intento de dirigirnos de nuevo a la Biblia y revigorizar nuestra propia visión de como el Espíritu moviliza a la comunidad de creyentes en la iglesia local."

DELANTE DEL SEÑOR

Hubo una mujer que entregó todo lo que tenía. En medio de una reunión de hombres, entró con un frasco de alabastro, a una casa donde se encontraba Jesucristo, quien no había sido recibido como correspondía. Era tradición que se te proveyera, al menos, agua para limpiarte los pies.
Esta mujer había escuchado de la grandeza del Señor, supo que estaba en aquel lugar y, sin que nadie se diera cuenta, tomó los pies del Maestro y comenzó a ungirlos y, dice la biblia que los hombres que estaban en aquel lugar, aquellos que no habían dado nada, que no habían recibido al Maestro propiamente, comenzaron a criticarla.
Los que te critican cuando tú le das algo al Señor, son aquellos que no dan nada; son los Judas que están sacando de la bolsa, y no pueden entender que muchos de nosotros hemos recibido la revelación de que nuestro milagro se encuentra en aquello que tenemos en nuestra mano; que podemos entender que, cuando le damos algo al Señor, Dios siempre nos va a dar mucho más.
Aquella mujer estaba allí, con aquel frasco de alabastro que, dice la biblia que correspondía al salario de todo un año. Lo que tenía en su mano no era poco.
Aquellos hombres que estaban allí, criticando a aquella mujer, no habían entregado nada, pero ella había entregado algo, al punto que Cristo dijo: De esta ofrenda que ha dado esta mujer, se hablará por la eternidad.
Muchas veces, –como a la mujer de flujo de sangre–, es un toque lo que te saca a la luz, lo que hace que seas expuesto. A veces, es una limpieza en tu corazón, el corregir algo incorrecto en nuestro carácter –como pasó con la mujer samaritana–; pero, en otras ocasiones, lo que hace la diferencia es entregar lo que tenemos a nuestro Señor; son nuestras ofrendas las que nos ponen delante de nuestro Señor.

UNA VIDA DE INFLUENCIA

En Isaías 40:3, dice: Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.
Este verso es una profecía que hiciera Isaías, hablando específicamente de alguno que le allanaría el camino a nuestro Señor Jesucristo, que se encargaría de preparar el camino para nuestro Señor; estos versos nos hablan de Juan el bautista. Él preparó el camino para nuestro Señor, conforme a lo que dice también en Mateo 3:3: Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.
En nuestra vida se produce una transformación, cuando entendemos que, igual que todos tenemos un llamado, todos tenemos también una responsabilidad de desatar el destino de otras personas.
No es que tú tengas el destino de otros en tus manos. Dios tiene nuestras vidas en sus manos, pero todos formamos una parte importante, integral, en la vida de otras personas, donde influimos en el destino de esas personas.
Cuando tenemos hijos, por ejemplo, muchos somos transformados, nuestras prioridades cambian. En muchas ocasiones, recibimos una palabra que cambia nuestras vidas. El cambiar la vida de una persona no está reservado para los pastores, para los ministros, sino que está al alcance de todo el que pueda entender que sus acciones, sus decisiones, su vida, tienen significado para otras personas.
Tu vida puede hacer la diferencia en la vida de otra persona. Pero esto ocurre cuando realizamos que el futuro de otro puede ser bendecido o puede ser dañado por nuestras acciones.

HA LLEGADO EL MOMENTO

Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, Moisés envía doce espías que fueran a reconocer la tierra prometida; lo que resultó ser una idea inteligente, pero con resultados no tan inteligentes.
Cuando regresaron, dos de los espías dieron el reporte correcto: Ellos entrarían a aquella tierra y devorarían lo que encontraran de frente. Pero hubo diez espías que dijeron las palabras incorrectas, regresaron con un reporte negativo, con miedo, dándose por vencidos sin ni siquiera haber dado comienzo a la batalla, no tomando en consideración el esfuerzo que aquel pueblo había hecho para salir de Egipto. Sucumbieron ante sus temores, y con ellos sumieron a todo el pueblo en cuarenta años de vagar en un desierto, dando vueltas en el mismo lugar.
Nosotros tenemos la responsabilidad de desatar el destino de los que están a nuestro alrededor y, como cristianos, debemos procurar que, cuando entremos en contacto con alguna persona, su vida sea mejor. Procura que el lugar al que vayas, quede mejor después que tú hayas estado allí. Todo lugar donde trabajes, cuando salgas, ese lugar tiene que quedar mejor que como estaba antes de que tú estuvieras allí. Es una responsabilidad que nos ha sido puesta y que es necesario que acatemos para que haya transformación.
Si hay algo en tu vida que es necesario cambiar para que la vida de tus hijos sea mejor, o para que tu matrimonio sea mejor, entonces, ha llegado el momento de sufrir una transformación, porque es tu responsabilidad.
En ocasiones, sin darnos cuenta, con nuestras palabras y con nuestras acciones, atamos y paralizamos el destino de nuestros hijos, de nuestras familias, de nuestras generaciones. Pero, si tú hoy entiendes que, como cristiano, tienes la responsabilidad de desatar el destino de aquellos que Dios ha asignado a tu vida, seguramente, estarás hoy en la mayor disposición de sufrir el cambio necesario y asumir la responsabilidad que te compete.