SIEMPRE HAY UNA SALIDA


Cuatro claves bíblicas para derrotar la tentación

“Huye de las cosas que suelen provocar malos pensamientos (…) y apégate a lo que provoque en ti
el deseo de hacer el bien” (2 Timoteo 2:22, BAD)

A veces puedes sentir que una tentación es demasiado insoportable, pero eso es mentira de Satanás. Dios ha prometido que nunca permitirá que haya más sobre ti que lo que te pone dentro para vencerla. Él no te permitirá ninguna tentación que no puedas superar.
Sin embargo, también debes hacer tu parte practicando cuatro claves bíblicas para derrotar la tentación.


Vuelve a concentrar tu atención en algo diferente
Te sorprenderá saber que en ninguna parte de la Biblia se nos dice que debemos “resistir la tentación”. Se nos dice que “resistamos al diablo”, pero eso es muy distinto, como explicaré más adelante.
En cambio, se nos aconseja que volvamos a enfocar nuestra atención, porque resistir un pensamiento no resulta. Solo intensifica nuestro enfoque en lo malo y fortalece su fascinación. Permíteme explicarte.
Cada vez que intentas bloquear un pensamiento en tu mente, lo grabas más profundo en tu memoria. Cuando lo resistes, en realidad lo refu
erzas.
Esto resulta especialmente cierto en el caso de la tentación. No la derrotas si luchas contra los sentimientos que te produce. Cuanto más luchas contra un sentimiento, tanto más este te consume y controla. Realmente lo fortaleces cada vez que piensas en él.
Dado que la tentación siempre empieza con un pensamiento, la manera más rápida para neutralizar su fascinación es concentrarte en otra cosa.
No luches contra ese pensamiento, simplemente cambia el cauce de tu mente y procura interesarte en otra idea. Este es el primer paso para derrotar la tentación.
La batalla contra el pecado se gana o se pierde en la mente. Cualquier cosa que atrape tu atención te atrapará a ti. Por eso Job dijo: “Hice un pacto
con mis ojos para no mirar con lujuria a ninguna mujer joven” (Job 31:1, BAD). Y el salmista oró: “Guárdame de prestar atención a lo que no tiene valor” (Salmos 119:3a, PAR).

¿Alguna vez viste un anuncio comercial en la televisión que promocionaba una comida y de repente sentiste hambre? ¿Has oído toser a una persona alguna vez e inmediatamente sientes la necesidad de aclarar tu garganta? ¿Alguna vez viste a una persona que abre la boca en un gran bostezo, y enseguida sentiste ganas de bostezar también? (¡Es posible que estés bostezando ahora mismo mientras estás leyendo esto!) Ese es el poder de la sugestión. En forma natural nos acercamos a cualquier cosa en la que nos concentremos. Cuanto más pienses en algo, tanto más fuerte te retendrá.
La tentación empieza por captar tu atención. Lo que capta tu atención estimula tu deseo. Después tus deseos activan tu conducta, y actúas con base en lo que sentiste. Cuanto más te concentres en “No quiero hacer esto”, tanto más fuerte te atraerá hacia su red.
Hacer caso omiso de una tentación es más eficaz que luchar contra ella. En cuanto tu mente está en otra cosa, la tentación pierde su poder. Así que, cuando la tentación te llame por teléfono, no discutas con ella, ¡simplemente cuelga!

A veces esto significa dejar físicamente una situación tentadora. Hay ocasiones en que lo correcto es huir. Levántate y apaga la televisión. Aléjate de un grupo que cuenta chismes. Abandona el cine en medio de la película. Para que las abejas no te piquen, quédate lejos del enjambre. Haz lo que sea necesario para concentrarte en otra cosa.
Desde el punto de vista espiritual, nuestra mente es el órgano más vulnerable. Para reducir la tentación mantén tu mente ocupada con la Palabra de Dios y otros pensamientos buenos. Los pensamientos malos se derrotan al pensar en algo mejor. Este es el principio del reemplazo. Vence el mal con el bien. Satanás no puede llamarnos la atención cuando nuestra mente está preocupada con otra cosa.
Por eso la Biblia nos aconseja repetidas veces que mantengamos nuestras mentes enfocadas: “Consideren a Jesús” (Hebreos 3:1). “Siempre piensen en Jesucristo” (2 Timoteo 2:8 – PAR). “Llenen sus mentes de las cosas que son buenas y que merecen alabanza: cosas que son verdaderas, nobles, correctas, puras, encantadoras y honorables” (Filipenses 4:8 – PAR).
Si realmente quieres derrotar la tentación, debes organizar tu mente y monitorear tu consumo de los medios de información. No permitas que la basura entre a tu mente indiscriminadamente. Sé selectivo. Escoge con cuidado en qué cosas vas a pensar. Esto requiere una vida de práctica, pero con la ayuda del Espíritu Santo puedes reprogramar tu manera de pensar.

Revela tu lucha a un amigo consagrado o a un grupo de apoyo
No tienes que hacer pública tu tentación al mundo entero, pero necesitas contar con por lo menos una persona a quien expresarle con sinceridad tus luchas. La Biblia dice: “Es mejor que tengas un amigo, a que estés completamente solo (…) Si caes, tu amigo puede ayudarte. Pero si caes sin tener un amigo cercano, estás realmente en problemas” (Eclesiastés 4:9ó10 – PAR).
Aclaremos esto: Si estás perdiendo la batalla contra un persistente y mal hábito, una adicción o una tentación, y estás atrapado en un círculo vicioso de buenas intenciones, fracaso y culpa, ¡no te mejorarás por ti mismo! Necesitas ayuda de otras personas. Algunas tentaciones solo se superan con la ayuda de un compañero que ora por ti, te anima y te ayuda a asumir tu responsabilidad.
El plan de Dios para tu crecimiento y libertad incluye a otros cristianos. La comunión auténtica y sincera es el antídoto en la lucha solitaria contra los pecados difíciles de abandonar. Dios dice que esta es la única manera para lograr liberarse: “Confiésense unos a otros sus pecados y oren unos por otros, para que sean sanados” (Santiago 5:16).
¿Realmente quieres ser sanado de esa tentación que sigue derrotándote de continuo? La solución de Dios es muy clara: ¡No la reprimas, confiésala! ¡No la ocultes, manifiéstala! La revelación de tu sentimiento es el principio de la sanidad.

Resiste al diablo
Después de humillarnos y de ponernos en manos de Dios, debemos desafiar al diablo. El resto de Santiago 4:7 dice: “Resistid al diablo y huirá de vosotros”. No renunciamos pasivamente a sus ataques. Debemos enfrentarlo y luchar.
El Nuevo Testamento describe a menudo la vida cristiana como una batalla espiritual contra las fuerzas malignas, y usa términos de guerra como pelear, conquistar, luchar y vencer. A menudo los cristianos somos comparados con soldados que ocupan territorio enemigo.
¿Cómo podemos resistir al diablo? Pablo nos dice: “Que la salvación sea el casco que proteja su cabeza, y que la palabra de Dios sea la espada que les da el Espíritu Santo” (Efesios 6:17, Dhh). El primer paso es recibir la salvación de Dios. No serás capaz de decirle nada al diablo a menos que le hayas dicho que sí a Cristo.
Sin Cristo estamos indefensos contra el diablo, pero Dios protege nuestras mentes con “el casco de la salvación”. Recuerda esto: si eres creyente Satanás no puede obligarte a hacer nada; solo puede darte sugerencias.

Segundo, debes usar la Palabra de Dios como tu arma contra Satanás. Jesús nos dejó su ejemplo: el diablo lo tentó en el desierto. Cada vez que Satanás sugería una tentación, Jesús se oponía citando las Escrituras. Él no discutió con Satanás. No dijo: “Yo no tengo hambre”, cuando el diablo lo tentó para que usara su poder para satisfacer una necesidad personal. Simplemente citó las Escrituras de memoria. Nosotros debemos hacer lo mismo. Hay poder en la Palabra de Dios, y Satanás le tiene miedo.
Nunca trates de discutir con el diablo. Él discute mejor que tú, porque ha tenido miles de años para practicar. No puedes engañar a Satanás con la lógica o con tu opinión, pero sí puedes usar el arma que lo hace temblar: la verdad de Dios. Por eso la memorización de las Escrituras es absolutamente esencial para derrotar la tentación. Tienes acceso rápido a ella en cuanto eres tentado. Al igual que Jesús, tienes la verdad guardada en tu corazón, pronta para ser recordada.
¡Si no has memorizado ningún versículo de la Biblia, tu arma está descargada! Así que te desafío a memorizar un versículo por semana de ahora en adelante. Imagínate cuánto más fuerte llegarás a ser.

Percátate de tu vulnerabilidad
Dios nos advierte: Nunca debemos ser arrogantes ni confiados en exceso; esto es la receta para el desastre. Jeremías dijo: “Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio” (Jeremías 17:9). Eso significa que somos buenos para engañarnos a nosotros mismos. Dadas las circunstancias correctas, cualquiera es capaz de cometer pecado. Nunca debemos bajar la guardia ni pensar que la tentación no puede alcanzarnos.
No te coloques descuidadamente en situaciones tentadoras. Evítalas. Recuerda que es más fácil huir de la tentación que salir de ella.
La Biblia dice: “No sean tan ingenuos ni tengan tanta confianza en sí mismos. Ustedes no están eximidos. Podrían tropezar y caer de plano tan fácilmente como cualquier otra persona. Olvídense de la confianza en sí mismos; es inútil. Cultiven la confianza en Dios” (1 Corintios 10:12 – PAR).

Tomado del libro: “Una vida con propósito”, de Rick Warren, Editorial Vida.

CUANDO DIOS SE TOMA SU TIEMPO


Vale la pena esperar la llegada del milagro. Estamos acostumbrados a obtener las cosas con la mayor rapidez posible. Pero, ¿qué pasa cuando Dios nos hace esperar?

La presencia manifiesta de Dios sana lo que su Espíritu revela, pero esto rara vez sucede en cinco minutos. Es común que las personas, cuando presencian reuniones gloriosas, se sientan tan tocadas por la presencia de Dios que lloren o se arrepientan ante el altar. Es parte del proceso de sanidad de Dios, mientras el Espíritu libera con toda suavidad años de culpa, dolor y opresión que se han acumulado en el interior.

Sin embargo, ¡el proceso no debe detenerse allí! Debemos continuar nuestro movimiento hacia la sanación y la restauración total, en un área donde está prohibido estacionarse. Lo peor que podemos hacer es acortar a la fuerza el proceso de sanación en presencia de Dios, en nombre de algún compromiso.

¿Qué pensaría usted de un cirujano que abriera una herida o un bulto inusual, solo para volver a coserlo y decir: “Volveré a verlo en seis meses”? No lo ha curado. Solo lo expuso a la luz, y luego apresuradamente volvió a cubrirlo. Pero para Dios no hay nada difícil de limpiar, sanar o restaurar, si le damos el suficiente tiempo y la suficiente libertad para hacerlo.

Cuando Dios sujetó a Pablo a la polvorienta mesa de operaciones, conocida como “el camino a Damasco”, trasformó el corazón del fariseo y cegó sus ojos en un proceso de apenas décimas de segundo. Pero el proceso de conversión y transformación solo había comenzado.
Dios continuó con la tarea gradual de transformación espiritual después de que Saulo llegara a la casa de Ananías. Si Saulo hubiera acortado el proceso de Dios, la historia habría sido distinta.

¿Qué tiene que ver esto con el hecho de esperar y servir a Dios?
Primero, Dios confrontó a Saulo, y luego el fariseo se humilló a sí mismo y se arrepintió. Dios arrestó a Saulo y detuvo su empeñada búsqueda de compromisos religiosos, lo cegó físicamente para que iniciara su camino sobre la senda correcta de la visión espiritual verdadera.
Saulo fue conducido de la mano –aun estaba ciego– hasta la casa de alguien a quien no conocía, y allí debió esperar durante tres días (Hechos 9:8–9). Cuando finalmente recobró la vista y fue bautizado, comenzó a predicar la verdad acerca de Jesús el Mesías.

Dios salva por la fe en Cristo, pero nos sana y transforma a lo largo de un proceso que lleva su tiempo.
He observado a Dios comenzar un proceso en personas que asisten a las reuniones de avivamiento en Brownsville, pero luego he visto que esas personas se alejan antes de que la mayor parte del proceso de sanación de Dios se haya concentrado en ellos. Abrieron sus corazones para comenzar a liberar su dolor, su ira o su vergüenza; pero luego se alejaron cargando aún con ese peso. Dios deseaba que esperasen lo suficiente como para poder irse a casa sin llevar consigo esa carga.

Es difícil desarrollar sensibilidad hacia el Señor. Hay momentos en que hay que salir adelante, y otros en que hay que esperarlo. He notado que Dios visita más a menudo a quienes lo esperan con mayor paciencia. Es en ese tiempo de espera, en ese período de calma, después de que se han ido casi todos, que vemos más milagros, liberaciones y transformaciones sobrenaturales.

Dios quiere que esperemos por Él. Los que esperan son los que obtienen, en la casa de Dios. Si esperamos por el Señor y buscamos su presencia manifiesta, Él vendrá.
Fue casi como si Jesús estuviera advirtiendo: “Oigan, no se apuren por salir de aquí. No se impacienten porque yo no llego el primer día. Estén dispuestos a esperar hasta recibir el poder”.

Este concepto de la espera es totalmente desconocido para muchas personas. Hablando en términos generales, no me gusta esperar por nada y, sin embargo, hay algunas cosas –y una persona, Dios– por las que vale la pena esperar. Suceden cosas maravillosas cuando las personas comienzan a esperar por Dios, aunque sea una vez a la semana.
Estoy convencido de que se sorprenderá si usted y su grupo de amigos hambrientos de Dios comienzan a esperar por Él. Aun si comienzan siendo solo dos o tres personas, es posible que Dios los sorprenda y se presente de maneras milagrosas. Allí es cuando “la multitud hambrienta” comienza a crecer en número.

¿Le suena tentador? Únase a los que esperan con hambre de Dios, con los pacientes desesperados por Él. Si lo busca, lo encontrará. Si lo espera, Él vendrá a reunirse con usted.

EL PRIMER PASO HACIA EL PERDON



¿Cómo debemos entonces responder a quienes han pecado en contra nuestra? Primero, aunque en las Escrituras no lo dice específicamente, creo que un punto de partida acertado es el identificar a aquellos que nos han ofendido. Le animo a que tome una hoja en blanco y dibuje dos líneas verticales de manera que queden tres columnas: derecha, centro e izquierda. En la columna de la izquierda, escriba los nombres de las personas que han pecado en contra suya y cuyas ofensas usted aún guarda en su corazón. Luego, en la columna del centro escriba cómo lo ofendió esa persona. ¿Cuál fue esa ofensa?

Usted puede estar pensando así: “Creí que debía enterrar lo sucedido”. El perdón no significa tratar de enterrar el dolor o pretender que jamás hubo algo mal hecho. Dios quiere encontrarse con usted justo en medio de su dolor. Quiere que lo enfrente cara a cara y que a través de la esclavitud de esas ofensas encuentre paz y libertad. No estoy sugiriendo que saque a relucir cosas de las cuales y

a ni se acuerda. Creo que esa es una tontería de la psicoterapia moderna. Dios es capaz, a través de su poder divino, de eliminar de su memoria cosas que Él no quiere que usted recuerde, así que sea agradecido y no luche contra Dios si hay cosas que Él ya retiró de su memoria. Me refiero a heridas y dolores de su pasado o su presente que usted ya olvidó.

Después de haber identificado a aquellos que le han ofendido, asegúrese de que su conciencia esté limpia con respecto a dichos individuos. Cuando piense en cada uno de ellos pregúntese a sí mismo: “¿Cómo les he respondido?”. Escriba su respuesta en la tercera columna. ¿Los ha bendecido, amado, perdonado y orado por ellos? O por el contrario, ¿los ha despreciado y sentido resentimiento hacia ellos? ¿Ha calumniado a su antigua pareja ante sus hijos, se ha vengado de ella

o ha sentido odio y rabia en su contra? Usted no puede avanzar en el proceso del perdón hasta que su conciencia no esté limpia con respecto a aquellas personas que le han ofendido.

Dios le pide que tome responsabilidad no por las ofensas de ellos, sino por las suyas. Si sus respuestas no han sido malas entonces no se invente algo de lo cual deba pedir perdón. Usted no es responsable de lo que le han hecho (columna del medio), sino de su respuesta a aquellos que le han ofendido (columna de la derecha). Puede que piense lo siguiente: “¡Me equivoqué tan solo en un cinco por ciento, él tuvo la culpa en un noventa y cinco por ciento!”. Me pregunto si la otra persona contestaría de la misma manera si le pidiéramos que dijese lo mismo. Dios le pide que se haga cien por cien respons

able de su cinco, diez o cincuenta por ciento. Las Escrituras dicen que cada hombre es bueno según su propio criterio, pero el Señor juzga y valora el espíritu.

Nuestro orgullo nos hace pensar inmediatamente que nosotros somos los ofendidos, que somos las víctimas, y en muchos casos es cierto. Sin embargo, es muy difícil ser humildes y reconocer que hemos hecho mal a otros o que hemos contribuido a aumentar la contienda en una relación. Dios nos pide que asumamos la responsabilidad que nos corresponde y que busquemos el perdón de los pecados que hemos cometido en contra de esos individuos. Pero, cuando busque ser perdonado no se dirija a su antigua pareja diciéndole: “¡Siento mucho no haber sido la esposa que he debido ser, pero creo que hubiera sido una mejor esposa si tu no hubieras sido tan mal marido!”. Necesit

amos asumir la responsabilidad por las ofensas que hemos cometido en contra de otros y buscar su perdón.

Por último, busque perdonar por completo a cada persona que haya pecado en contra suya. Escucho a muchas mujeres decir: “Soy consciente de que necesito perdonar a mi madre o a mi suegra, a mi hijo o a mi hija, a mi pareja o a mi amiga”. Esto no es suficiente. El Enemigo lo único que desea es que usted jamás llegue verdaderamente a perdonar. He oído a personas orar “Señor, por favor, ayúdame a perdonar a tal persona”. Eso está bien, pero no es suficiente. Debe llegar al punto en el cual diga: “Decido perdonar a esta persona por lo que me ha hecho. Limpio todas sus ofensas y oprimo la tecla de borrar”. Podemos dar el perdón. No es natural, es sobrena

tural. Solo por la gracia de Dios y por el poder de su Espíritu podemos verdaderamente perdonar. Perdonamos mediante la fe, como un acto de voluntad y de obediencia a Dios.

Les narro algunos testimonios que me enviaron unas mujeres que tomaron la decisión de perdonar. Una de ellas dijo: “Decidí perdonar a mi marido por la relación sexual que tuvo con su novia anterior antes de que nos conociéramos. He guardado este dolor en mi corazón durante cuatro años. Me ilusiona abrazarlo y decirle que lo he liberado”. Otra mujer dijo: “Dios me ha hecho caer en cuenta de la semilla de amargura que tenía en mi corazón hacia mi marido porque no cumplía con mis expectativas. ¡Finalmente he podido liberarlo de esa prisión!”.

Otra me escribió: “En mis peticiones de oración había pedido que oraran por mi problema de espalda. Después de haber tomado la decisión de perdonar a mi madre y a mi hermana, noté que el dolor de espalda desaparecía. Había padecido este dolor durante varios meses. Creo que mi corazón así como mi cuerpo sanaron después de haberme decidido a dar el paso hacia el perdón”.

No le prometo que sus dolores desaparezcan cuando usted tome la decisión de perdonar. Sin embargo, creo que nos ahorraríamos mucho dinero en médicos, consejeros, terapeutas y libros de autoayuda si nos decidiéramos a perdonar.

–Extracto tomado del libro La gratitud / El perdón de Nancy Leigh DeMoss

ORACION POR TU SIMIENTE


Ore con ellos antes de que se acuesten por la noche y antes de que salgan de la casa. Enséñeles a ponerse toda la armadura de Dios y a que no ignoren las artimañas del enemigo. Lo suelto para ir y quebrar los poderes del enemigo para declarar el destino de sus hijos, en el nombre de Jesús.

Padre Dios, en el nombre de Jesús, te agradezco por la salvación, sanidad, liberación y prosperidad de mis hijos.
Me arrepiento de los pecados y maldades de mi pasado o presente que puedan obrar sobre las vidas de mis hijos en un modo negativo. Llamo a mis hijos por sus nombres (nombrar a cada hijo).
¡Cada enemigo oculto y secreto que opera entre bastidores en sus vidas está bajo el reflector del Espíritu Santo, descubierto para siempre! Mando que cada pecado generacional de mi vida y de las vidas de mis antepasados sea desconectado de su herencia ahora, en el nombre de Jesús.
Clamo la sangre de Jesús sobre el ombligo de mi hijo. Las bendiciones, no las maldiciones, fluirán sobre mis hijos. Cada cordón umbilical demoníaco es cortado. Todas las herencias que circulan con rebeldía a través de mi línea de sangre son cortadas de ellos para siempre. Todo espíritu devorador de destino es reemplazado por el ángel del destino del Señor.
Camino en la autoridad que Jesús me ha dado sobre mi simiente.
Quiebro los poderes de la presión de grupo y de asociaciones impías. Mis hijos irán delante y no atrás. Ellos no están atados e influenciados por el "espíritu del mundo". Cada círculo vicioso que está gobernando sobre la cabeza de mis hijos mediante asociación, encantamiento o influencia generacional es destruido por
el torbellino del Señor. Las maldiciones autoinfligidas mediante la confesión negativa son quebradas. Todas las palabras negativas habladas sobre mis hijos por ignorancia o con intención son borradas. Hago que las puertas que, legal o ilegalmente, han abierto un camino para que la actividad demoníaca opere en
las vidas de mis hijos estén cerradas para siempre. Toda semilla negativa que ha sido sembrada en las vidas de mis hijos mientras estaban dormidos son desarraigadas. Las tierras en barbecho son quebrantadas, y las semillas del Señor las desplazan. Cada punto de entrada por una pesadilla o visión oscura a través de la actividad astral está continuamente cerrado.
Aplico la sangre de Jesús sobre mis hijos cuando duermen por la noche. Mando un dulce sueño y el reposo divino sobre ellos. ¡Íncubos y súcubos y toda otra forma de perversión, son atados en el nombre de Jesús! Tomo autoridad sobre los terrores que vienen de noche y declaro que cuando el sol se levante brillarásobre mi simiente. La voluntad de Dios ha capturado el día de mis hijos. ¡Cumplirán el llamado del Señor y serán llamados benditos!
Principados, poderes y huestes espirituales de maldad en lugares altos no tienen dominio sobre mis hijos. Las rutas aéreas espirituales son prósperas sobre las cabezas de mis hijos, y vivirán vidas plenas. Las estadísticas de los hijos del mundo no los superarán, porque son hijos de la luz. Los semblantes de mis hijos brillarán sobre los hijos del mundo. No comerán de la porción del rey, sino que serán continuamente transformados a la imagen de Cristo.
Mis hijos están en el mundo entero, pero no son del mundo.
Las riquezas del impío van en camino de ser de ellos. Los paganos serán su herencia. Poseerán las puertas de sus enemigos y los desplazarán. El dios del cosmos es atado y no puede prosperar contra ellos.
Mis hijos pueden discernir la diferencia entre lo que es santo y lo que es común. No serán emboscados o engañados por fetiches encubiertos (personas, lugares o cosas con demonios
adjuntos). Las fronteras están siendo extendidas para mis hijos; ¡ellos se levantarán y exigirán espacio para vivir! La rebelión, la desobediencia y la incredulidad no tienen ningún dominio sobre mi simiente. Circuncido a mis hijos con un cuchillo afilado (la Palabra del Señor) y los arrebato fuera de los caminos del incircunciso.
Mis hijos son acaudalados, sabios y están en posición de recibir de Dios. Hablarán sobre su simiente las palabras que hablo sobre ellos. Mis hijos no serán sacados prematuramente de este mundo por la enfermedad, los accidentes, los incidenteso las preocupaciones. Vivirán vidas largas, prósperas y servirán a Dios eternamente. Esta es la herencia de mi simiente durante mil generaciones. Permite que estas palabras sean programadas para siempre en los cielos.


Amén

ORACION DE GUERRA PARA LAS AMAS DE CASA


Gracias porque toda mi familia es salva y está cubierta con la sangre de Jesús. Como sierva del Señor, te presento mi cuerpo como sacrificio vivo, santo y aceptable, que es mi culto racional a ti.
Gracias porque la unción de Jael es fuerte
sobre mi vida. La misma unción que estuvo sobre Rut como mujer virtuosa de Dios está sobre mi vida.
Me baso en el legado espiritual
de la mujer de Proverbios 31. Este legado dice que soy una mujer de guerra. Soy una mujer acaudalada, de fortuna y riquezas, y una fuerza para ser tenida en cuenta, porque mi fortaleza está en mi Dios. No tendré miedo de los enemigos que cruzan el umbral de mi casa. Doy la bienvenida a cada desafío que se ha manifestado en mi familia para que pueda ser convenientemente tratado.
Los
espíritus ya no se quedarán alrededor de mi casa o sobre mi cabeza. ¡Mi familia es efectivamente libre! No tengo temor de enfrentar los secretos ocultos y enemigos que me asechan. Poseo una estaca y un martillo en el espíritu, y el enemigo será muertoen mi casa. No hay posibilidad de transigir entre mis enemigos y yo. Expulsé de mi casa al espíritu acomodaticio. Cuando el enemigo entra en mi casa, lo cubro con el manto de la sangre de Jesús para prepararlo para la destrucción. Cada enemigo de mi familia será juzgado y destruido. El espíritu de Débora en mi vida ya lo ha declarado. Los ángeles están alineados sobre mi situación, y ya tengo la victoria. Cuando el enemigo me pida agua, le daré leche. Cuando el enemigo me pida que dé falso testimonio, hablaré la verdad. Estoy ungida para matar a mi enemigo sin hacer ruido.
Como manda 2 Corintios 10, estoy
lista para castigar cada espíritu insubordinado que quiera exaltarse por sobre el conocimiento de mi Dios. Estoy firme ante mi Dios con un clavo en una mano y un martillo en la otra. Estoy firme bajo la autoridad apostólica de mi liderazgo espiritual y mi esposo. (Damas solas, Jesús es su esposo.) Ato el poder de cada Sísara que trate de esconderse en mi casa. Mi confesión es que cada intruso está sujeto a la autoridad que Jesús me ha dado sobre su cabeza. Renuncio a cada espíritu que está asignado territorialmente a mí como mujer.
Del espíritu
de Atalía al espíritu de Vasti, renuncio a su misma presencia. Renuncio al residuo del cráneo, las manos y los pies de Jezabel, y digo que todas las puertas para la manipulación y el control están cerradas en mi vida. Tengo autoridad en mis manos (yawd) para aplastar al enemigo y su simiente (zera). Me baso en la unción de la enemistad que Dios ha puesto en mí. Soy una mujer de Dios lista para el combate, y mi espíritu está en alerta contra las artimañas del diablo. Cada flecha de díay terror nocturno debe someterse a la autoridad de Jesucristo. Soy llamada a hablar en nuevas lenguas, echar fuera demonios, colocar mis manos sobre los enfermos y tomar en mis manos serpientes y pisoteadas. Pisotear serpientes abre un sendero para que los dones del Espíritu fluyan libremente en la tierra para que el reino de Dios pueda venir. Padre, ¡declaro que ese reino ha venido y que tu voluntad será hecha!
En cuanto a mí y mi
casa, serviremos al Señor. Gracias por enseñarme que mis manos hacen guerra.
Amén.

MUJERES EN LA IGLESIA



Se ha faltado mucho a la VERDAD en cuanto al papel de la mujer en la iglesia y su relación con Dios. Hoy día, en pleno siglo XXI, aún continúan realizándose malvadas desviaciones (sean hechas a propósito o no) e interpretaciones (traducciones) desafortunadas que han degradado a la mujer a un segundo plano.
Hoy día muchos hombres y muchas iglesias todavía se mantienen en su postura torcida acerca del trato a la mujer, la hembra. (Muchos lo niegan con la boca pero, inequívocamente, lo apoyan con sus actos).

Cuando una mujer conoce a Dios descubre que es amada sin límites.
Dios la hace saber que para él es importante. Tan importante, que sin ella, su creación jamás sería completa. Su Hijo murió por ella. Dios le dedica su tiempo, tiene planes para ella, habla con ella y también la escucha. La unge con su Espíritu Santo capacitándola para traerle gloria: habla a otros a través de ella, enseña a través de ella… derrama todos sus dones sobre ella. Jesús dio a la mujer la autoridad para obrar en Su Nombre y la incluye en su “real sacerdocio”.
Dios da valor a la mujer.
Sin embargo…

Las iglesias han mantenido durante siglos una serie de mentiras con respecto a la mujer. Entre otras barbaridades, se ha dicho que:
  1. El hombre (macho) fue creado a imagen de Dios, para Dios.
  2. La mujer fue creada a imagen del hombre, para el hombre.
  3. La mujer es inferior al hombre, por eso no puede pastorear, enseñar, dirigir, bautizar, casar etc. Algunos incluso dicen que no tiene autoridad, ni puede usar el “nombre de Jesús”.
Pero todo eso es MENTIRA.
Es importante entender que Dios jamás quiso que las cosas fueran así. Para relacionarse adecuadamente con Dios, la mujer debe saber la VERDAD acerca de sus orígenes y acerca del plan de Dios para su vida. Las mujeres deben ir al origen, al cuándo/cómo/porqué fueron creadas. Cuando la mujer toma conciencia de su verdadero valor, las heridas que la dominación masculina le ha causado serán sanas, y así será libre para ser quien Dios siempre quiso que fuera.
Empecemos por el origen:
LA MUJER, SEGÚN GÉNESIS:
  1. Dios, en primer lugar, creó al ser humano. La criatura humana: ADÁN. Adán no solamente es macho. También es hembra. O mejor dicho, no es ni una cosa ni la otra, aunque es ambas. Hechos a imagen y semejanza de Dios: Varón y Hembra, los creó (contenida en una sola persona, el primer ADÁN).
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    Y creó Dios al humano a su imagen,
    A imagen de Dios lo creó:
    Varón y hembra los creó.

    (Génesis 1:27)
  2. El hombre (macho) no es la imagen completa de Dios.
    La mujer (hembra) no es la imagen completa de Dios.
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    Es la combinación de ambos (macho+hembra) la que se asemeja al Creador.
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    Asumir que Dios es varón es faltar a la verdad. A pesar de que casi siempre nos referimos a un Dios masculino (y claro, Jesús fue varón –y además nos enseñó a tratar a Dios como “padre”), lo cierto es que si queremos ajustarnos a la VERDAD, deberíamos pensar en Dios como el conjunto de una perfecta masculinidad y feminidad, aunque Dios es mucho más. El problema es que para nuestros limitados cerebros esto es difícil de asimilar.
  3. La mujer no fue hecha para el hombre, o después del hombre, o ni siquiera del hombre.
    Dios separa lo masculino de lo femenino cuando ambos eran UNO, y de repente, en lugar de una criatura humana, aparecen dos. Ahora, esos dos tendrán que unirse para volver a ser uno. (Y de ahí lo sagrado de esta unión).
  4. La mujer no fue creada a partir de una intrascendente costilla del hombre (¡como si tan sólo ese ridículo hueso del macho fuera necesario para crear a la hembra!).
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    La Biblia literalmente dice que Dios tomó un costado (una mitad) de la criatura humana. La dividió.
    Separó las dos esencias, y cuando hizo eso Adán se convirtió en Adán-hombre y Adán-mujer.
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    Entonces Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán (la criatura humana), y mientras éste dormía Él tomó uno de sus costados y cerró la carne en su lugar. Y del costado que Dios tomó de Adam, formó una mujer, y la trajo al hombre. (Génesis 2:21).
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    Dios no creó a la mujer en ese preciso momento, pues ella ya había sido creada. Dios simplemente dividió al Adán original (la criatura humana) en dos. Los traductores han empleado la ridícula e insignificante palabreja “costilla” para traducir lo que en realidad se refiere a su costado, su mitad.
  5. La mujer no fue creada para “ayudar” al hombre.
    Esa aseveración da a entender que el hombre tiene derecho a existir por sí mismo, pero que la mujer tiene que justificar su existencia: existe porque el hombre tiene necesidad de ella. .
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    “No es bueno que Adán esté solo. Le haré una ayuda idónea.”
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    Recordemos que cuando aquí dice “Adán” no se está refiriendo al varón. Se refiere a la criatura humana. Es incorrecto pensar que Dios dice: no es bueno que el macho esté solo por tanto inventaré a una hembra. Lo que en realidad dice es: no es bueno que mi “humano” esté solo. Separaré a la hembra del macho.
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    El término “ayuda” da a entender una igualdad, una compatibilidad, pero jamás una subordinación como durante siglos han dado a entender los hombres (como si el macho fuera el protagonista y la mujer sólo existiera para ser su apoyo).
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    De hecho, la misma palabra que se traduce como “ayuda” hace referencia a Dios en muchas otras ocasiones (y nadie puede decir que Dios, por ser nuestro ayudador, sea inferior o un subordinado): Dios, sé tú mi ayudador (salmo 30:10)/He aquí Dios es mi ayudador (Salmo 54:4).
  6. Muchos dicen que el destino de la mujer es permanecer “por debajo” del hombre, pues ese es su castigo por pecar.

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    “… y Él se enseñoreará sobre ti.”
    Génesis 3:16
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    Pero esto que Dios pronuncia no tiene que ver con Su propósito o voluntad para las mujeres. Queda claro que en el ORIGEN esto NO era así: el hombre y la mujer se relacionaban como iguales-opuestos-complementarios: primero habían sido una misma persona y más tarde fueron separados. Dios no creó a la mujer con la intención de someterla al hombre. No la creó inferior. Les creó UNO, iguales en valor, aunque con diferentes características.
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    El pecado trajo la MALDICIÓN y esta es una de ellas. Desde entonces la mujer ha sido pisoteada por el hombre. En muchas culturas la mujer no es superior a los animales, un mero objeto que pasa de hombre (padre) a hombre (marido). Satanás ha mantenido su zarpa sobre el cuello de la mujer, postrándola en el suelo, desamparada, indefensa, sin esperanza. Violando la voluntad de Dios para con ellas. Mancillando el plan del Creador.
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    Pero Cristo YA vino al mundo y YA rompió la maldición: gracias a su obra redentora en la cruz, los hombres y las mujeres son libres para tratarse como iguales, como opuestos compatibles, como semejantes. Las mujeres y los hombres pueden mirarse a los ojos y descubrir en el otro esa otra mitad que les hace UNO, semejantes (¡o, maravilla!) a su Creador.
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    Algunos hombres se niegan a liberar a sus mujeres de esa maldición, felices de su ventaja, realmente creyéndose superiores. En la iglesia predican que Cristo rompió con la maldición de la muerte y que viviremos para siempre. Que Cristo rompió con la maldición de la enfermedad y ahora somos sanos en Su Nombre. Que Cristo rompió con la maldición de la pobreza y ahora prosperamos en Él. Pero pocos se acuerdan de que Cristo rompió con la maldición del señorío del hombre sobre la mujer y que ahora ambos pueden relacionarse como iguales.
Una iglesia siempre será más bendecida, mejor gobernada, más ungida y tendrá más revelación y sabiduría cuando se valore a sus mujeres como la “otra mitad” que hace que se asemejen al Creador. Cuando las mujeres sabias y conocedoras de Dios puedan sentarse a la misma mesa que los varones y, juntos, puedan buscar la dirección del Espíritu Santo para sus iglesias. Es de lógica pensar que la perfección se hallará en el conjunto hombre-mujer, y que un gobierno exclusivamente masculino tendrá muchas carencias. Es de presuntuosos pensar que es mejor que solamente los varones se encarguen de las cosas “importantes” de la iglesia.

El feminismo está fuera de lugar en un ambiente de respeto y mutua valoración. Cuando la mujer no siente que debe defender su lugar, cuando el varón deja de herirla con su supuesta supremacía, cuando se miran como iguales, la mujer se sentirá libre para ser femenina, madre, esposa* y mujer.


ORACIONES QUE PRODUCEN CAMBIOS


Utilice la autoridad que Dios le ha dado para ascender a otro nivel en su vida de oración, con esta colección de oraciones escritas por Kimberly Daniels.

Más que un sólo libro sobre cómo orar, Oraciones que producen cambios, está lleno de oraciones basadas en principios bíblicos que le ayudarán a vivr victoriosamente en cada situación que afronta.

Incluye oraciones para....

  • Su matrimonio y otras relaciones.
  • La economía y sus finanzas.
  • Un avivamiento en su comunidad.
  • Bendecir sus generaciones.